bannerbanner



Un futuro compartido a través del caleidoscopio ciudadano

19.12.2011 (2:03 pm)

Aitziber Blanco, Lokarri
Aitziber Blanco, Lokarri

Ignorando completamente el desapacible y lluvioso temporal del exterior, el Auditorio del BEC de Barakaldo rezuma un cálido clima para el diálogo. Calurosos y efusivos saludos entre personas que se conocen y que parece que comparten un trocito, unos más y otros menos, de la historia de sus vidas. Guiños más comedidos entre quienes van a comunicarse y a tratarse por primera vez, pero con el mismo semblante de anhelo que los primeros. De anhelo y satisfacción. Satisfacción porque ha llegado el “por fin”. El “por fin nos podemos sentar a dialogar”. El “por fin podemos acercarnos desenfundados de la venda del recelo y la desconfianza. Sin la obcecación de que nuestros diferentes atuendos ideológicos son el veto que marca la prohibida frontera para el entendimiento. Por fin vamos a poder conocernos, escucharnos, saber qué quiere cada uno de nosotros, qué desea, sueña y opina. Qué sospecha, qué teme, sufre y adolece. Y cuál es nuestra historia, la historia de cada uno y cada una, para poder construir una historia común, compartida”.

¿Qué es y qué hay que hacer para conseguir la reconciliación social? A partir de este interrogante empieza a desplegarse todo el caudal de ideas que se esconde tras el anhelo de cada uno de los más de 200 ciudadanos y ciudadanas que nos hemos acercado a este encuentro organizado por Lokarri. Con una agenda de temas a tratar, 13 círculos de personas dialogantes dibujamos un colorido caleidoscopio humano en el Auditorio. Un surtido abanico de cuestiones se deja asomar a través de la ventana del caleidoscopio. “Sin reconocimiento del daño causado, no es posible una convivencia sana y respetuosa” sugiere un participante de uno de los círculos. “Es indispensable garantizar los derechos políticos si queremos ahondar en una reconciliación social efectiva y real” afirma convencida una señora de otro grupo de debate. Desde un tercero se puede escuchar cómo un joven reivindica una política penitenciaria más justa, que garantice la reinserción y el acercamiento de los presos. “El perdón, el perdón por ambas partes, y aprender a respetarnos” son los ingredientes que aporta una chica de otro grupo para la receta de la reconciliación social.

Y más y más ideas y temas tratándose, como la revisión del pasado, la elaboración de un relato de lo ocurrido, la disolución de ETA, la responsabilidad de los gobiernos o el papel de los medios de comunicación, se pueden escuchar en los círculos de debate a los que uno puede acercarse a participar cuando quiere. Y es que la posibilidad participar en cuantos grupos de debate se desee, transitar libremente de uno a otro, y aportar en todos ellos o simplemente escuchar es una de las características del Open Space o espacio abierto, metodología en la que se ha basado Lokarri para desarrollar este encuentro.

Tras los interesantes debates, y ya cerca de las 14.00 h, llega el momento de evaluar: cada participante escribe en un post it qué se lleva de esta intensa mañana de diálogos y lo coloca en el papelógrafo que preside la plenaria. El contenido de los debates recogido en actas será enviado por mail a todas las personas participantes.

Tras la palabras de agradecimiento del Coordinador de Lokarri, Paul Ríos, por la asistencia al acto a todos los participantes y el anuncio de que con los resultados de los diálogos la Red ciudadana propondrá a la sociedad unas ideas concretas para poder caminar hacia la reconciliación social y la convivencia inclusiva, se cierra la ventana del caleidoscopio y la gente se entretiene en los pasillos comentando lo acontecido en la jornada, compartiendo diferentes impresiones.

Algunas de esas impresiones son recogidas y dadas a conocer poco después en Berria TB. Txaro Arteaga, ex-directora de Emakunde, comenta que “es difícil saber cuál es el camino que debemos seguir, pero este tipo de foros son muy importantes para que entre todos aportemos ideas para ir abriendo el camino de la reconciliación social. Hemos trabajado aspectos muy concretos y mi valoración de la jornada es muy positiva. A través de las conversaciones generadas, hemos confirmado una vez más que somos una sociedad muy plural y que el camino no será sencillo, pero hemos percibido mucha ilusión, esperanza confianza en que se consiga” . La periodista Mirentxu Purroy alude a la violencia del Franquismo y a la de ETA al hacer su valoración: “El Franquismo puso muchos muertos y luego vino ETA y puso más. No se ha hecho justicia ni por unos ni por otros. Hay que levantar el silencio, hacer la luz y abrir caminos de esperanza. No podemos esperar a que los partidos tomen decisiones. Los ciudadanos y ciudadanas somos capaces de abrir el camino del entendimiento. Y éste ha sido un encuentro que ha propiciado tender puentes para el entendimiento”.

Pero además de las valoraciones de de Txaro y Mirentxu, seguramente un considerable número de reflexiones e ideas rondarán este día y los siguientes las mentes de los más de 200 asistentes al “Encuentro por la reconciliación social”. Unas meditaciones que servirán de sólido cimiento para saber cómo mirar al pasado, qué hacer en el presente y cómo construir nuestro futuro.

Reconstruir el tejido social

15.12.2011 (9:43 am)

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de víctimas y reconstrucción del tejido social

-¿Para qué tocar las heridas?
Alguien le responde:
-Para qué va a ser, para curarlas.
Y la mujer añade:
-¿Pero quién se atreve?
Diálogo, en El Silencio Roto.

Para hablar de la reconstrucción del tejido social, la primera cuestión es tomar en cuenta dos puntos de partida: cuáles han sido esas heridas, y cuáles los mecanismos que las han hecho posibles. Las heridas tienen que ver con el impacto del dolor y el sufrimiento. El dolor no puede repararse pero sí reconocerse. Y para ello hay que superar las fracturas de la sensibilidad, las que han llevado a memorias defensivas que justifican el dolor del otro por el sufrimiento propio o invisibilizan el impacto de ciertas violaciones de derechos humanos. Se necesita cruzar al otro lado, y superar las fronteras de la empatía. Dejar de utilizar el dolor para justificar la violencia por un lado, o para evitar confrontarse con cómo se ha usado la tortura por poner dos ejemplos. En palabras de Ignatieff, sin apología, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Sobre todas estas cosas se tiene que decir la verdad. Para retomar esa vieja esperanza que describe John Berger: quizá si le damos nombre a todo lo intolerable, de esa conciencia surja una acción compartida.

Igualar este reconocimiento moral del sufrimiento, y la crítica a las violaciones de derechos humanos, puede ayudar a generar una conciencia común. Y eso no significa igualar los mecanismos de victimización. Sobre esas cosas llevar todo a las divisiones ideológicas pueden seguir poniéndonos en diferentes lados. Hay que centrarse en el lado humano de la experiencia, individual y colectiva, que es donde podemos reconocernos en los otros como iguales. Para ello hay que superar también otras fronteras, las del lenguaje. Demasiadas veces el lenguaje se ha utilizado como arma arrojadiza para justificar acciones (“por la democracia”, “a consecuencia del conflicto”) en lugar de para llegar a consensos básicos sobre la defensa de la vida.

La utilización política o la focalización mediática han estado presentes en este país más que en cualquier otro. En muchas situaciones de violencia la mentira sustituye a la ética. Lo que se considera bueno o malo se juzga en función de quién lo dice o de nuestros objetivos. Por ejemplo, la política que se necesita para con las víctimas es la del reconocimiento y la reparación, no la de la politización de utilizarlas como estandarte. Para ello también hay que dejar atrás el miedo, de lo que no se puede decir o hacer porque nunca es “el momento”. El miedo a expresar la diferencia, la crítica, el desacuerdo. Como Virginia Wolf en sus reflexiones sobre el feminismo contra la guerra, creo que la extrañeza es un valor en estos procesos. No reconocernos en la coacción o la mentira. No dejarnos meter en los tópicos. Atrevernos a salir del marco del grupo de referencia o de lo que se considera políticamente correcto. O de la retórica de la impotencia porque en nuestro país todo parece muy complejo. También aferrarse a las cosas que han dado cohesión a la sociedad vasca, las relaciones familiares y comunitarias aun en un contexto tan politizado. Un recurso positivo puede ser visibilizar las experiencias positivas locales, tanto de convivencia política como social, para evitar la sobrerrepresentación negativa y ejercer un papel pedagógico en la sociedad.

La superación de esas fracturas sociales en lo local no va a llevar al acuerdo directo, ni al olvido o perdón, sino más bien a la aceptación de que se puede coexistir. Una cultura de derechos humanos es el piso común que se necesita. Esta reconstrucción es básica para pasar de un escenario de fin de la violencia, a otro de construcción de la paz, donde son claves las iniciativas de memoria colectiva que genere respeto y aprendizajes, de reconocimiento del dolor producido, medidas de humanización de la situación de los presos de ETA que han estado sometidos a leyes de excepción, y apoyo a los espacios sociales de reconstrucción de la convivencia. La mejora del clima social después del fin de la violencia de ETA ofrece condiciones favorables para hacer un proceso. Pero se necesita sensibilidad, inteligencia y compromiso para hacerlo posible.

Definir la reconciliación

13.12.2011 (9:30 am)

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

El término reconciliación es un concepto cargado de mucha ambigüedad. Por mi parte, defino la reconciliación como un proceso por el cual una sociedad pasa de un pasado dividido a un futuro compartido. Este proceso consiste en encontrar la forma de vivir al lado de antiguos enemigos, sin necesariamente amarles o perdonarles, ni tampoco olvidar el pasado de ninguna manera. La reconciliación apunta por tanto a la coexistencia pacífica con antiguos enemigos desarrollando con ellos el grado de cooperación necesario.

Tradicionalmente, la reconciliación entre ciudadanos enemigos con vistas a restablecer la paz cívica pasaba por la adopción de medidas de amnistía, término cuyo origen proviene del griego amnistia, que significa “olvido”. La amnistía, es decir, el olvido memorístico y judicial, se presentaba como necesario en el nombre de la unidad de la ciudad o de la nación restaurada.

Tras la guerra fría, el término reconciliación toma una importancia mayor en el léxico político. La cada vez mayor importancia de la retórica de los derechos humanos y del liberalismo político conforma una visión moral de las relaciones internacionales que substituye el enfoque pesimista de la Realpolitik dominante hasta entonces. Este cambio de perspectivas se explica también por el desarrollo de conflictos internos –ex- Yugoslavia, Rwanda, Burundi, Sierra Leona, Chechenia,…- marcados por políticas de limpieza étnica y crímenes de masa. Nuevas instituciones judiciales y extrajudiciales se crean a comienzos de los años 90 con el fin de restablecer la reconciliación nacional: los tribunales penales internacionales y las comisiones verdad y reconciliación.

Estos dos tipos de instituciones de justicia, una penal y la otra restauradora, confluyen en un punto fundamental: ya no es el silencio -vía amnistía- sino la expresión de la verdad sobre los crímenes lo que es percibido en adelante como indispensable para restaurar la reconciliación.

La reconciliación es concebida como un pilar esencial del proceso de paz en la salida de un conflicto. En teoría, la reconciliación va a la par con el regreso de la democracia, el establecimiento de un Estado de Derecho, la organización de elecciones libres y regulares, el desarme, desmovilización y reintegración (DDR) de los combatientes, el reconocimiento de las víctimas y la protección de los derechos humanos.

Estas medidas contribuyen en sí mismas a reforzar una nueva dinámica social. La reconciliación busca proceder a un cambio de creencias, de valores y de actitudes entre las poblaciones afectadas y a redefinir las relaciones entre grupos anteriormente divididos, para rehumanizar los miembros del ex grupo enemigo. El desafío de las políticas de reconciliación es por tanto elaborar las estrategias sociales, políticas y memorísticas que modifiquen las identidades personales y colectivas y, con ellas, las representaciones de uno mismo y del otro. Y ello con el objetivo de pasar de una lógica de exclusión y de violencia a una lógica de integración y de reconocimiento. Este proceso de elaboración progresiva de una nueva identidad colectiva participa en la consolidación de la paz, sabiendo que el proceso de reconciliación tiene que ser adaptado a la especificidad de cada sociedad.

Una propuesta para nuestra reconciliación

12.12.2011 (10:40 am)

Gabriel Otalora
Gabriel Otalora, licenciado en derecho

La perspectiva real de una normalidad en paz bien merece reflexionar sobre cómo hay que gestionar esta nueva realidad que, en el mejor de los casos, debe culminar en un proceso de reconciliación como el restablecimiento de la convivencia desde el corazón (“concordia” viene de “cor, cordis”, que significa corazón). Una reconciliación que no debe quedar postergada hasta el final, aunque su logro no pueda verse en los primeros estadios, más centrados en las víctimas.

Elementos clave:

En primer lugar, es preciso el abandono total de la violencia. No es posible avanzar mientras ETA no se ha disuelto ni desarmado. La amenaza latente existe. En segundo lugar, el reconocimiento de los daños causados por ETA y por el terrorismo paralelo de Estado en forma del GAL, BVE, etc. En tercer lugar, reconocimiento a todas las víctimas, sin distinciones mezquinas, pues todas merecen la misma consideración; y reparar, en lo posible, el daño causado. Por último, el acercamiento de presos y la excarcelación de enfermos graves.

Este sería el primer paquete de medidas básicas que espero se produzca cuanto antes como el estadio más básico de justicia.

Pero “la justicia sin la reconciliación es inhumana” (J. Maritain). Y cualquier proceso de paz que pretende una mínima reconciliación, siempre tendrá al perdón llamando a la puerta. Perdonar y aceptar el perdón del otro (no sé qué resulta más difícil) es un signo necesario de humanidad cuya ausencia dejaría coja nuestra convivencia: “Pedir perdón te reconcilia contigo mismo, te permite aceptarte como eres… Perdonar te libera de las cadenas del rencor y te desbloquea para iniciar un nuevo camino” (Jonan Fernández). Sólo podemos avanzar hacia un nuevo escenario en el que el dolor y el perdón deben ser parte de la nueva realidad, aunque no pueda borrarse el pasado. Perdonar no significa olvidar, sino recordar de otra manera desde un escenario diferente que propicie espacios de paz y reconciliación entre víctimas y victimarios.

Relato común. La reconciliación también debe ahondar en todas las causas, no solo en los efectos. Y Euskadi (Hegoalde) quiere su propio relato compartido y veraz. Es preciso superar la desmemoria histórica empezando con las víctimas y acabando con la asimilación de los hechos, o al menos de una buena parte de los mismos. La reconciliación supone un ejercicio de sinceridad al solicitar el perdón -que es una acción individual, mientras que la reconciliación es cosa de dos- y de trabajo por la justicia: las tres son dimensiones esenciales en el discurso de la reconciliación, que siempre estarán en peligro, ya que resulta más fácil aceptar medias verdades, soluciones de compromiso y encubrir la venganza con una aparente justicia.

Y todo ello adobado con mucho diálogo, más allá de un mero intercambio de posiciones que, al final, no deberá excluir medidas de gracia, sobre todo en forma de indultos. Un camino espinoso que requerirá de tiempo, inteligencia y tacto para generar un nuevo escenario ético de mínimos que nos encarrile a los vascos pensando en las generaciones futuras. Para ello se requiere la involucración de los victimarios y las víctimas, los políticos que representan a la sociedad, pero también de personas de prestigio ético y experiencia en este tipo de procesos, incluida la Iglesia católica, por su vocación exigente en todo lo que huela a consolidar el amor fraterno.

El foco y la realidad

09.12.2011 (12:46 pm)

(En los próximos días y peviamente a la celebración del Open Space para la reconciliación  social que tendrá lugar el sábado 17 de diciembre en Barakaldo, Procesodepaz.org publicará varios post sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social de la mano de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan (miembro del Grupo Internacional de Contacto), Carlos Martin Beristain (Especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social, Gabriel Otalora (Licenciado en Derecho) y Mirentxu Purroy (periodista). Esta última abre el turno de publicaciones con el siguiente post:)

Mirentxu Purroy, periodista
Mirentxu Purroy, periodista

Cuando un largo contencioso de una herencia familiar no se resuelve, es porque el foco de la realidad no se pone en el presente. Las transmisiones familiares suelen arrastrar complejos problemas, repletos de historia y emociones, recuerdos y amores, rencores, agravios y desamores. Hermanas y hermanos se enfrentan por entender la propiedad de un mismo bien de manera diametralmente opuesta. Una misma realidad es percibida desde puntos de vista irreconciliables. Los acuerdos se hacen inviables, porque cada cual vive y ha vivido, recuerda y ha recordado, siente y ha sentido que lo que le pertenece, es suyo. Le corresponde.

Pero la realidad es divisible, troceable, parcelable, y se puede administrar con equidad, benevolencia y generosidad. Solo es necesario saber que hay solución, buscarla, poner el foco, iluminar bien y acertar en la diana. De manera que nadie se quedará con todo. Se administrará con justicia el lote a todas las partes.

Aunque el paisaje cotidiano vasco muestra casas solariegas, en pueblos y ciudades, casi en ruinas porque sus herederos no han llegado a un acuerdo para reconstruirlas, la mayoría hace mucho tiempo que no solo reparó los daños, sino que creó nuevos edificios.

Pero el dolor, la intensidad del sufrimiento inflingido, la profundidad de la injusticia, la prolongación del daño y la perpetuación humilladora de la violencia y el terror, tiene millares de herederos con nombres y apellidos. Unas y otros tienen su propia cronología.

Para muchos, librarse de la guerra civil y su dictadura que acumuló montones de muertos, miles, centenares de millares de víctimas aniquiladas por pensar diferente al franquismo, les costó casi toda su vida. Sin mediar justicia, memoria, ni reparación, se superpusieron sobre los montones de las anteriores muertes, las víctimas de ETA. En el horizonte terror y muerte, que junto con métodos igual de expeditivos del estado, dejaron casi sin oxígeno a la población. Ninguna buena herencia a repartir.

En cambio ahora ya se puede poner el punto de luz sobre la realidad que descubre muchos universos. Cada uno tiene su propio lenguaje. Pero un principio general se ha hecho camino: “no hay guerras justas, y si tierra abundante para vivirla en paz”. Es un momento conciliador.

Como todo bien que se desea repartir, resulta clave encomendar su administración a manos expertas en mediación, ajenas totalmente a los habitantes de Euskal Herria, territorio dolorido.

Lisa y llanamente tienen que estar libres de ataduras y prejuicios para escuchar la voz de todos y todas.

Resulta esencial que obtengan versiones personales de los hechos y las narraciones de las propias vidas. Sin interferencias. Así, quedará en manos de expertos la actualización de la justicia, la reparación, el reconocimiento y los derechos de todas las víctimas, sin quedar al albur de jurisdicciones obsoletas.

Así se irá haciendo difícil provocar demoras en las excarcelaciones, ó interceptar las travesías de auto reconocimiento de daños y sufrimientos causados a las víctimas. El reparto de salvoconductos de buena, mala o regular víctima, según el tamiz de los obstructores de libertades ajenas, resultará inviable.

Mientras, las veladuras que han tapado y silenciado muchos contornos y formas de pensamiento vasco, lentamente van emergiendo para ocupar el sitio que les correspondía. Son las víctimas sin dibujo ni retrato. Tampoco estaban en la paleta de los grandes grupos que se reparten los colores y los méritos en la reparación de daños. Son gentes que forman parte del paisaje que siempre han estado ahí. Ahora, ellas y ellos con total sencillez están haciendo natural el encuentro hacia el entendimiento. Con el más común de los sentidos, sin que se note, hacen presente. El gran lugar de acogida para todas las generaciones.

———————————————————————————————————————————-

¿Quieres colaborar en el proceso de reconciliación social?

¿Te interesa la reconciliación social? ¿Tienes ideas que aportar, propuestas o dudas, o deseos de escuchar  la voz de otras personas en relación a este tema? Lokarri te propone dos iniciativas para ello:

  • Espacio abierto para la reconciliación. Barakaldo, sábado 17 de diciembre

Acércate al BEC de Barakaldo el sábado 17 de diciembre, de 10.00h. a 14.00 h., y participa en el encuentro abierto organizado para reflexionar sobre las claves para abordar un proceso de reconciliación. Queremos escuchar y dialogar con tantas personas y sectores sociopolíticos como sea posible. Infórmate e inscríbete

A través del blog de Lokarri tienes la oportunidad de participar en el diálogo que se está generando entre personas interesadas en la reconciliación social debatiendo y aportardo tus ideas, construyendo conocimientos conjuntamente. Entra y participa en la conversación

Diez años

07.12.2011 (8:11 pm)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

En el primer libro que publicó Bidea Helburu hace diez años a raíz de las primeras jornadas de noviolencia activa, escribí una introducción titulada “Abrir caminos”. En ella se dedicaban unas líneas a quienes habían participado en esas jornadas de la siguiente forma: “han hecho historia” o “están ayudando a hacerla”. Además, “en ciertos casos han abierto algunos de esos caminos cerrados que nos rodean”.

Diez años después puedo escribir que el centenar de personas que ha pasado como ponentes por estas jornadas ha ayudado a cambiar nuestra historia reciente con su ejemplo, tenacidad, insistencia y coherencia. Pero junto a ellas, también lo han hecho las que se han sentado al otro lado de la mesa, las denominadas cotidianamente como “público”, porque han compartido y contrastado sus ideas y prácticas llevadas a cabo en la compleja realidad vasca y fuera de ella.

Decía en 2002 que estas personas y grupos no acostumbran a decir “hay que hacer esto o aquello”, sino que lo hacen; que son consecuentes con lo que dicen; que con su práctica diaria personal dan ejemplo de lo que proponen para la sociedad en su conjunto. Y concluía escribiendo que, además, sus metas se vislumbran en el camino que han emprendido, eso tan manido de por sus hechos los conoceréis. Se podrá estar o no de acuerdo con lo que hacen, pero se ganan el respeto por eso que hacen.

Podemos escribir ahora, a pocas horas de celebrar las Décimas Jornadas de Noviolencia Activa en la Casa de la Paz y los Derechos Humanos de Aiete, que ese camino en Euskal Herria se ha ensanchado, está más nítido, y es compartido por un mayor número de personas. Podemos decir orgullosos que esta gente ha sumado su granito de arena y ha posibilitado hacer ese montón que avanza por la senda de la noviolencia activa.

Estoy orgulloso de mis compañeras y compañeros porque han posibilitado la realización de estas jornadas y, junto a ellas, la puesta en marcha de otras herramientas como publicaciones, iniciativas y debates. Estoy orgulloso porque de la misma manera que Bidea Helburu se creó a partir de gente que actúa en diversos campos y organismos, al cabo de diez años esa misma gente sigue en activo en todo tipo de iniciativas. Bidea Helburu ha cumplido su función y sus componentes no se van a casa.

Y digo que Bidea Helburu ha cumplido su tarea porque ha ayudado a posibilitar un debate complejo y a transmitir testimonios de prácticas noviolentas realizadas dentro y fuera de Euskal Herria. El libro de 500 ejemplos es una buena aportación, como lo será la web que recoge esas prácticas y el documental que tenemos entre manos. Este camino lo hemos recorrido junto a otra gente y colectivos: ahí están, entre otras, las conversaciones de noviolencia activa y transformación social, así como la iniciativa de “Egin bidea bakeari” y el círculo de sillas en silencio desde mayo de 2007.

En estas últimas jornadas miraremos para atrás lo suficiente como para no quedarnos como dicen que quedó “la mujer de Lot” al volverse hacia Sodoma. Queremos mirar adelante sin olvidar el pasado, para posibilitar que las nuevas generaciones lo tengan presente. No queremos quedarnos como estatuas de sal, sino seguir avanzando por el camino emprendido. Por cierto, no he encontrado en ningún sitio el nombre de “la mujer de Lot”. El Génesis (19.6-9) no lo cita, por lo que ha pasado a la historia de forma subordinada. Que sea igualitaria y transformadora nuestra propia “marcha por la sal” y acierte con el objetivo en el camino. Bidea helburu!

El ocaso armado

05.12.2011 (9:56 am)

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

En un artículo anterior para la iniciativa “Proceso de Paz” de Lokarri, reflexioné sobre las limitadas posibilidades contemporáneas de la estrategia armada en nombre de las aspiraciones populares dado el -en apariencia- irreversible avance del axioma del Estado como ostentador del monopolio de la violencia legítima.

Volviendo al tema, sin menospreciar la acción de otras expresiones de África y Asia, y dejando a un lado los- llamémosles- elementos de guerra internacional del islamismo fundamentalista y/o integrista, en los países de occidente y Latinoamérica (es controvertido tanto incluirla como excluirla de dicho modelo civilizatorio) tres han sido los grupos armados populares de bandera: El IRA y su acción en Irlanda y el Reino Unido, ETA y su acción en Euskal Herria, España, Francia (y otros) y las FARC (y el ELN, etc) y su actividad en Colombia.

El tiempo ha querido que las condiciones sociopolíticas en las que estas tres expresiones han acabado, están acabando o van a acabar sean parecidas u homologables. En los tres casos se ha percibido una ruptura del apoyo popular a las estrategias político-militares y una apuesta por la exclusividad de las vías políticas, acompañado de una legitimización en el concierto internacional ascendiente y de facto del Estado instituido contra el que se lucha (ya sea el británico, el español/ francés o el colombiano). Todo ello, además, en una suerte de línea temporal compartida en el ideario colectivo en la cual, y esto es demoledor, las armas como lucha política e ideológica quedaban desfasadas, antiguas, obsoletas. Contra ello ninguno de los grupos mencionados supo o pudo revertir el hilo discursivo hegemónico que cada día que pasaba los arrinconaba en los archivos de la Historia. Y, en las condiciones actuales, ningún otro lo conseguirá. Todo un ocaso armado.

El pasado octubre la organización ETA puso fin a cuatro décadas de actividad, hecho que ha sido celebrado principalmente por la sociedad vasca pero que, a su vez, ha tenido una repercusión internacional considerable. Pareciera, no obstante, que el alivio generalizado que supone dicho anuncio se hubiera diluido en parte por las circunstancias de incipiente penuria económica y por los movimientos políticos y electorales previos que ya vaticinaban la feliz noticia y que, al mismo tiempo, le restaban la espectacularidad mediática tan necesaria para que en el siglo XXI una notica sea eso, una noticia.

Menos de un mes después, y de una forma bastante más abrupta y americana, el estado colombiano eliminaba físicamente a los principales dirigentes de la dirección de las FARC. Escasos días antes un ex-guerrillero del M-19 se hacía con la alcaldía de Bogotá en las elecciones y se fotografiaba con el Presidente en el cargo a las pocas horas. El Estado colombiano ha enviado, así, un mensaje evidente de lo que está dispuesto a aceptar y lo que no.

Con sus particularidades, Colombia quiere dejar de ser la excepción guerrerista de América del Sur y cuenta para ello con un aliado inmejorable, el mismo que ha acompañado a la desmovilización o disolución de las experiencias armadas europeas: El hartazgo de la gente.

Las mayorías de opinión en Colombia no reparan en exceso si lo suyo se trata de una guerra civil o no, si las injusticias originarias de la expresión armada son razonables o no, en Colombia lo que importa es ponerle fin al asunto para pasar página y acoplarse al tren del nuevo progreso latinoamericano, y la tendencia planetaria dice que quienes paran son los grupos armados, no los Estados. Por si fuera poco el pragmatismo invita a pensar que la garantía de los Derechos Humanos por parte del Estado será mejor cuando no existan elementos armados que alimenten su violación. Demasiados contras para tan pocos pros.

Las FARC, el ELN así como ETA o el IRA han fracasado o están fracasando en su intento por la vía de las armas de superar al Estado constituido para instaurar uno nuevo, su principal motto. Por el contrario, sus referentes sociológicos han logrado un notable desempeño en la acción política, auspiciados desde hace unos años por una nueva democratización de la política a través de la universalización de internet y las redes sociales, donde parece estar uno de los espacios de batalla contemporánea, y no escondiéndose en las montañas o la selva.

Mucho y muy profundamente tendrían que cambiar las cosas para que en los ámbitos geográficos descritos resurgiera el apoyo significativo hacia la lucha armada. Las sociedades modernas, sin entrar a valorar si esto es bueno o malo, suelen estar menos pendientes de lo que les sucedió en el pasado y más de lo que les depara el futuro. Cosas de la mortales.

Juventud y víctimas en Irlanda del Norte

03.12.2011 (6:03 pm)

El segundo día de la visita a Belfast comenzó con una recepción del Alcalde de Belfast. Es un jóven de solo 25 años que destacó que la juventud no tiene que verse como juventud, sino como ciudadanos, siendo su opinión importante. Fue muy clarificador cuando subrayó que la situación ha cambiado mucho para la juventud. Ahora pueden hacer política porque todas las ideas son legítimas y tenidas en cuenta mientras que antes podían terminar en la cárcel o muertos en una esquina.

Después llegó uno de los momentos más emocionantes de la visita. Nos reunimos con Alan, el director de Wave. Su mujer fue asesinada y desde entonces ha hecho su propio camino en relación a la paz. No tenía contacto con la comunidad católica pero puso en marcha Wave como una inciativa capaz de integrar a víctimas de ambas comunidades. Su idea es que las víctimas son víctimas independientemente de quien las haya causado. Para compartir esta iniciativa han decidido “dejar la maleta en la puerta”. Han compartido la sangre y el dolor y ahora quieren compartir el futuro.

Alan se mostró crítico con los Acuerdos de Viernes Santo porque no fueron capaces de abordar el pasado y con la puesta en libertad de los presos pero entendió que era algo necesario para comenzar juntos de nuevo. Sus críticas también llegaron al proceso de desarme aunque lo apoyaron desde la convicción de que “un arma menos, una víctima menos”.

Ahora su asociación está impulsando una campaña para el reconocimiento y reparación a los heridos. Todos firmamos la petición justo antes de que Alan rompiera a llorar al contar que su suegra le crítico cuando decidió entrevistarse con Gerry Adams.

El día terminó con un paseo por algunos de los barrios protestantes y católicos donde aún permanencen los grandes murales que recuerdan a los años del conflito en Irlanda del Norte. Justo antes tuvimos la oportunidad de estar con el director de Relatives for Justice, una organización que atiende a las víctimas de la policia y el ejército. Reivindican su derecho a la verdad, a que se sepa todo lo que sucedió. Considera que la juventud está cambiando porque no ha vivido los años del conflicto. Ahora bien, nos alertó del gran peligro de la paz: “hombres jóvenes desempleados”. Por ello, insistió en lo importante que es implicar a la juventud en el proceso de paz.

Stormont y el pasado

02.12.2011 (12:12 pm)

Maialen Lizarra
Maialen Lizarralde, Lokarri

Ayer comenzó la visita de jóvenes representantes de partidos políticos a Belfast con una visita al Parlamento de Stormont. Tuvimos la oportunidad de escuchar las reflexiones del Speaker del Parlamento (una figura parecida al presidente del parlamento) y de representantes del DUP (el partido mayoritario, unionista), UUP (unionistas moderados), SLDP (nacionalistas) y Sinn Fein (republicanos).

Fue muy llamativo comprobar cómo tienen planteados algunos debates sobre la cuestión de las víctimas parecidos a los que tenemos en la sociedad vasca: ¿quién es víctima?, ¿cómo hay que reconocerlas? Lo importante, y lo que destacaron todos ellos, fue su determinación de compartir el futuro, de trabajar juntos, de cooperar. Pese a todo lo que les ha separado en el pasado, son capaces de estar sentados en la misma mesa, hablar y buscar nuevos acuerdos.

La cuestión de cómo afrontar el pasado fue también el tema principal de la reunión que mantuvimos con la organización Healing Throuh Remembering, que ha sido capaz de reunir a personas muy diferentes, como víctimas, policias, expresos, políticos y líderes comunitarios. Desde el año 2000 su objetivo ha sido encarar el pasado con coraje para que en el futuro no se repita.

El nuevo informe del Observatorio Social desvela que se ha reavivado la esperanza y la ilusión en relación al proceso de paz

01.12.2011 (4:12 pm)

Observatorio Social del Proceso de pazAnalizadas las respuestas de las 1.170 personas que han respondido al cuestionario que ha servido como base para la elaboración del nuevo informe del Observatorio Social del Proceso de paz impulsado por Lokarri,  el documento de análisis concluye que la nota media de la situación del proceso hacia la paz en otoño de 2011 es de 7.76. A ello hay que sumar que nueve de cada diez personas valora de forma positiva la situación del proceso de paz y considera que estamos mejor que hace un año.

Tras la sensación de parón vivida tras el verano y reflejada en el informe anterior, la declaración de cese de la actividad armada de ETA ha reavivado la esperanza y la ilusión de las personas que han respondido al cuestionario. Esta declaración unilateral es percibida como definitiva y las garantías de ello residen en tres aspectos: en primer lugar el apoyo internacional a un escenario sin violencia escenificado en la Conferencia Internacional de Aiete, en segundo lugar el rechazo de la sociedad vasca al uso de la violencia y por último la apuesta firme de la izquierda abertzale ilegalizada por las vías exclusivamente pacíficas.

Así pues, tras más de dos años en los que tanto la sociedad como diferentes sectores políticos han contribuido a generar las condiciones necesarias para hacer posible el proceso de paz, este otoño por fin se empiezan a ver los frutos de tanto esfuerzo y compromiso. Y todo ello ha quedado reflejado en las respuestas y el análisis contenido en este informe.

Incluso las personas que se muestran más prudentes reconocen que nos hallamos en el principio del fin, en un momento nunca antes vivido, en un proceso de paz que, aunque complicado, es ya irreversible. Entre los paso que deben darse en el corto plazo se mencionan el diálogo entre ETA y el Gobierno para dirimir las cuestiones relacionadas con los presos y el diálogo político para impulsar acuerdos sobre la convivencia, sobre las heridas causadas y las víctimas.

Entre las recomendaciones que propone Lokarri en el informe para impulsar un proceso de paz, considera que el lehendakari, Patxi López, debe concretar su plan e intentar aunar esfuerzos desde las instituciones para llegar a consensos sobre la convivencia deseada y sobre los pasos que deben darse para alcanzarla, además de ofrecer a los ciudadanos cauces para trabajar la reconciliación y la convivencia a nivel local. También propone al Gobierno Vasco que lidere un proceso de diálogo y acuerdo, en cuyo marco tengan cabida todas las fuerzas políticas y que cuente con la participación activa de la ciudadanía. Además, recomienda tanto a Gobiernos como a partidos políticos que tomen en cuenta la declaración final de la Conferencia Internacional de Aiete, ya que  describe un camino transitable por todos los partidos políticos que siendo atendida podría contribuir al avance del proceso de paz.

Como  requisitos para que la paz sea irreversible deben darse dos condiciones, según destaca el documento: el cese definitivo de la violencia de ETA, que ya se ha producido, y la legalización de Sortu.

Reflexiones con nombre propio

Además, este informe recoge las aportaciones de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan, Carlos Martín Beristain, Gabriel Otalora y Mirentxu Purroy. Mediante sus reflexiones, todos ellos  han contribuido a arrojar algo más de luz sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social.