¿Memoria compartida?
Víctimas: una de las realidades que con más fuerza ha traspasado éticas, sentimientos, debates, alineamientos y actuaciones políticas y sociales: “mis” víctimas…, “las otras” víctimas, “las” víctimas piensan que…; son víctimas de un conflicto político, son víctimas de una banda de delincuentes asesinos; víctimas hay en todos los lados, no compares unas y otras, víctimas somos todos; víctimas olvidadas y luego homenajeadas, víctimas ignoradas y que así siguen estando; víctimas de primera, víctimas de segunda, las que ni siquiera se las considera como víctimas, las que no se consideran a sí mismas víctimas; víctimas utilizadas políticamente, políticas distintas para el mismo tipo de víctimas…
El nuevo decreto que regula la Educación Primaria y Secundaria, en el que se establece el currículum respecto a las víctimas, tiene como objetivo “garantizar una enseñanza despejada de carga ideológica identitaria”, en palabras de la consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celaá (30 de marzo). Un mes antes, el 21 de febrero, Carlos Urquijo, en nombre del PP, solicitaba que la reciente publicación “Vidas Rotas” (Espasa, 2010) fuera incorporada como material didáctico escolar en centros y bibliotecas. En el preámbulo de este libro, Fernando García de Cortázar escribe que “defender a las víctimas del terrorismo es, en España, defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación” (p. XX).
No todos los sufrimientos son iguales. Ni sus causas. Vale. Pero hay muchos tipos de sufrimientos y muchas víctimas, incluso dentro de cada uno de los lados. Negarlo y no reconocer a los demás no significa que no existan: “Nuestras víctimas tenían nuestras convicciones” (p. XIX) o “(…) la calidad verdadera de nuestras víctimas es haber querido ser españoles” (p. XVII). ¿Se las despeja así de carga ideológica identitaria?
Hagamos memoria, aunque nos duela: en estos momentos hay seis personas desaparecidas: Fernando Quiroga, Jorge García, Jon Humberto Fouz, Eduardo Moreno, Joxe Miguel Etxeberria y Jean Louis Larre. Ninguna de ellas había cumplido los 30 años cuando desaparecieron. Sus familias no saben nada de ellos. Sí aparecieron los cadáveres de José Luis Martínez, Jesús González, José Ignacio Zabala, José Antonio Lasa o Jon Anza… Tampoco me olvido de todos esos miles de cadáveres que están enterrados en cunetas y fosas sin que, más de 70 años después, sus restos hayan sido recuperados y devueltos a sus familias
Según la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo,[1] las distintas ramas de ETA y CAA han matado a 829 personas: (486 miembros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Policiales y 343 civiles) en alrededor de 3.600 atentados, que han causado también 2.400 personas heridas. Entre los dos informes de la DVAT[2] y de DDHH[3] del Gobierno vasco sobre víctimas de vulneraciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, son 175 las personas muertas por la violencia policial y de los grupos parapoliciales o de extrema derecha. También se recogen en el segundo informe 600 casos de personas heridas y ejemplos representativos de las miles de personas que han denunciado haber sido torturadas. Según fuentes, entre 5.500 y 7.000 casos
Contamos además con personas amenazadas de todo tipo, con más de 2.000 personas con guardaespaldas, cientos de niñas y niños huérfanos, personas destrozadas física y psíquicamente por atentados o situaciones violentas de diverso signo, violaciones sexuales con motivación política, secuestros con derivas diferentes, agresiones de índole distinta, muchos casos de impunidad
¿Se puede seguir patrimonializando a unas u otras víctimas? ¿No deberíamos hacer una verdadera revolución cultural y reconocer el sufrimiento de los demás?, ¿reconocer que ya va siendo hora de recomponer nuestro tejido social?, ¿que no se debe permitir ni una víctima más, de ningún tipo, empezando por el derecho a la vida? ¿No debería el Estado reconocer su papel en muchas de las violaciones de derechos humanos y actuar en consecuencia? ¿No ha llegado el momento de recuperar y reformular de nuevo la política pública de víctimas desde una visión integrada en la amplia normativa de derechos humanos existente a nivel internacional y que no sea partidista? ¿No ayuda a la convivencia y a consolidar un proceso de paz una visión integral e inclusiva respecto a todas las víctimas?
[1] http://www.mir.es/DGRIS/Terrorismo_de_ETA/ultimas_victimas/p12b-esp.htm
[2] “Informe sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, de extrema derecha y el GAL” de la Dirección de Víctimas de Atención al Terrorismo (DAVT) del Departamento de Interior del Gobierno Vasco, junio de 2008.
[3] “Informe sobre Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos derivadas de la Violencia de Motivación Política” de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, junio de 2008.













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06.04.2010(13:06)Es que el estado se niega en redondo a admitir que practica el terrorismo.Los datos sobre la tortura,que puede ser física como sicológica,no reflejan la realidad ni mucho menos.Yo he sido objeto de las dos.De la física cuando me apalearon brutalmente.Presenté denuncia sólo porque me lo aconsejo el abogado de oficio.La forense,otra del ¨Entorno de la tortura¨,hizo un parte que no sirve para nada.De la síquica,especialidad de la policía foral,no hago denuncia.¿Para qué?Esa es la pregunta que se hacen los torturados,que somos muchos más de lo que se piensa.
06.04.2010(13:12)¿Qué piensa la família de Joseba Arregi cuando ve que uno de los torturadores de su hijo es ascendido a comisario jefe en Tenerife? ¿Què piensa los familiares de Lasa y Zabala cuando ven a Galindo o Elorriaga en plena calle? ¿Qué pensarán los 16.000 lectores de Egunkaria cuando se decrete -espero- la absolucón de los procesados? ¿Cuántas cámaras de cuántos medios resiguen el juicio que se sigue contra las 15 guardias civiles que torturaron a Portu i Sarasola? En fin, ante tanto reforma penal de cadena perpetua encubierta ¿que piensa Ares o Patxi López o Miguel Sanz respecto los permisos de los que ya gozan los condenados por el asesinato de Angel Berrueta? La culpa de la cara nunca la tiene el espejo. Y las palabras de Cortazar en el prólogo de ‘Vidas Rotas’ rezuman una drástica brutalidad de doble rasero: de lo cuenta y lo que no. Ese vocabulario también és humillación a ’sus victimas’: otorgarles a su muerte el valor de la españolidad. Que miedo… porque al mismo tiempo denosta, banaliza y relativiza las muertes de los otros. Einstein dejó escrito: lo más absurdo de todo és hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. Por eso la apuesta por visualizar todos los sufrimientos sin excepción entra en la categoría de necesariamente imprescindible. Mientras no estén encima del tablero todas las piezas del puzzle, será imposible reconstruirlo. animo con el antídoto de la memoria…
06.04.2010(15:15)A mi me interesaría saber qué hay programado para grupos y personas que habiendo visto durante tantos años cómo se procedía al “castigo de los cuerpos” por la fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado nada han dicho nunca sobre tal circunstancia. Los resultados de la tortura, los cuales han sido retransmitidos por televisión recuerda a la descripción de los suplicios que hace Foucault en su libro “Vigilar y Castigar”. La diferencia está en que para acabar con los suplicios se humanizó previamente la sociedad. ¿qué tipo de programación tiene Lokarri para que estos grupos y personas puedan hacer este recorrido? Me interesa este aspecto, porque parece que en el resto de situaciones que han creado víctimas la “verdad” está más cercana que en este ámbito.
06.04.2010(15:52)Aun estando bastante de acuerdo con el articulo creo que siempre se peca de lo mismo. Nos olvidamos de lo que hemos hecho. De lo que hemos educado y de aquellos barros…
06.04.2010(16:16)Yo he vivido todas esas manifestaciones de “ETA matalos”, “jarraitu borroka armatua”, “ecologia es matar un policia”… por ejemplo.
He vivido cuando se cerraba el bar de la ikastola porque habian matado a un “hijo del pueblo” y se reabria a la hora porque el muerto era un “hijo de puta” (esto lo he vivido en Hernani).
He convivido con el matonismo, con la amenaza social, con el “te vas a enterar”, con la pintada mentirosa, con la calumnia hacia alguien que no ocultaba sino viejas rencillas o envidias. Todas estas cosas pasaban cuando pensabamos que estabamos ganando y que teniamos patente de corso. Y nos callababamos, mirabamos hacia otro lado si no estabamos de acuerdo o aplaudiamos la gracia, la cancion ofensiva (como la de Irene Villa), sancionabamos aquello de “algo habra hecho” o lo otro de total “era un fascista o un poli de mierda”. Incluso nos reiamos con aquello de “accidente de trabajo”.
Mientras ellos, los mas sufrian en silencio.
Ahora buena parte de los herederos del tardofranquismo nos dan clases de democracia y libertad. Estan vengandose, gracias a nuestros errores se han hecho fuertes. La mayoria no entiende como se puede estar perseguido por tener ideas politicas, matar a alguien que no piensa como tu. Al mismo tiempo aplauden leyes represivas, encarcelaciones por ideologia, tortura, maltrato penitenciario, maltrato y castigo a los familiares. Mas de lo mismo.
Sabino yo creo que solo trabajando entre todos, dando un mensaje de reconocimiento de los errores de todos los lados y trabajando pasito a pasito las cosas quizas cambien.
Pero para que sea creible unos deben decir alto y claro ETA gelditu, desagertu y los otros que se puede ser vasco sin ser español y que España no es una unidad de destino en lo universal. Que tambien han sido muy injustos con los vascos.
A pesar de todo animo eta gogor.
Primero, una consideración general. Estoy empezando a leer un libro excepcional: “A Sangre y Fuego. De la guerra civil europea (1914-1945)” de Enzo Traverso. He encontrado él dos ideas que tienen alguna relaciòn con este debate. La primera, cómo “el testigo” (la “víctima”) sustituye al “héroe” en los relatos históricos desde finales del siglo (y “el enfoque exclusivo sobre la memoria de las víctimas corre el riesgo de mutilar la reconstrucción y la lectura de un hecho”; algo parecido puede decirse de las historias construidas sobre héroes). La segunda, cómo hay que considerar en todo conflicto violento una “zona gris” (“aquellos que se retiraron o se ocultaron no para protegerse de una persecución, sino para escapar de un conflicto que desgarraba la sociedad y dividía su comunidad”). Traverso considera que esta “zona gris” es frecuentemente decisiva en el desenlac del conflicto. No trato de hacer analogías; sólo señalar la complejidad valorativa de estos asuntos.
06.04.2010(18:40)En cuanto al tema concreto, la construcción de una imaginario de víctimas propias y excluyentes, a las que se atribuye además la capacidad de juzgar y sentenciar sobre la política concreta, ha sembrado un campo minado que será largo y doloroso desactivar. No creo en la capacidad de los Estados para resolver estos problemas de convivencia profunda con el vecino, el del bar, el que se sienta a tu lado en el cine, en la escuela, o junto a tu cama en el hospital. En el mejor de los casos, los Estados promulgan leyes, y con retraso. El primer nudo de la cuerda tiene que atarse a dos manos, por abajo, en la vida cotidiana, entre gentes que deciden abandonar la identidad de víctimas para asumir conjuntamente con el “otro” un proyecto de convivencia. Si me preguntan de donde debe partir la iniciativa, está claro: de quien tenga más interés en resolver el conflicto
El “proyecto educativo” que mencionas se asemaja demasiado a las penas impuestas a ciertos delitos: visitar obligatoriamente unidades de rehabilitación para los infractores de tráfico, limpiar pintadas para los graffiteros… dado el caso, malicio que se intenta culpabilizar en bloque a toda la sociedad vasca, crear un cargo de conciencia colectivo… ¿recuerdas las imágenes de los ciudadanos alemanes visitando los campos de concentración en junio de 1945?… a mí me suena a lo mismo. No quieren, nunca han querido, la paz… quieren la victoria.
06.04.2010(18:47)Zorionak, Sabino! Siendo tan complejo y resbaladizo el terreno en el que te mueves, creo que lo haces con suma sensibilidad y sensatez, además de hacerlo con mucha y muy buena información.
Creo que hacen falta más voces como la tuya, que, partiendo de una experiencia de represión y vivencia personal, sean capaces de reconocer y valorar el sufrimiento de todas las víctimas, sin utilizaciones partidistas ni visiones unilaterales.
Hace falta esa revolución cultural de la que hablas, revolución de conciencias, para no perder (o recuperar) la capacidad de empatizar con el sufrimiento del “otro”, y darnos cuenta de que ese “otro” también soy yo.
En todo caso, y siendo realista, no creo que esa recomposición del tejido social sea posible hasta que las armas callen y vayamos dejando atrás el espiral de violencia en el que todavía nos encontramos inmersos.
Y del Estado, ¿qué decir? Quien se atribuye el monopolio de la violencia es, a su vez, el primer responsable de hacer respetar los Derechos Humanos, y como no siempre lo hace, nos queda la denuncia, nos queda la palabra, y seguir trabajando para desenmascarar esas otras violencias “legales”, las de los poderosos, como hace Amnesty International.
Animo!
Joseba
06.04.2010(19:20)Te recomiendosi no lo conoces ya, que mires por internet el nombre de Mariano Sanchez Soler. Ha publicado un libro sobre las víctimas del franquismo hasta la llegada de los GAL. Entiendo que es interesante , y que completaría de alguna manera toda esta exposición que realizas , con la cual me siento bastante identificado
06.04.2010(19:36)Me apunto a la revolución cultural que apuntas, porque es necesario reconocer el sufrimiento ajeno y huir de la crueldad en todos los ámbitos.
07.04.2010(10:54)El pecado del nazismo llevó al pueblo alemán a callar y olvidar los bombardeos de Dresde, Colonia, Hamburgo… en los que murieron miles de civiles inocentes a manos de los aliados. Supuso la destrucción planificada de las ciudades, pero sólo se ha escrito de unas víctimas, los seis millones de judíos gaseados en los campos de exterminio. De las otras víctimas casi nadie se ha acordado.
Nada es blanco ni negro, todo es gris, infinitos matices grises,
Estamos a las puertas del momento de comenzar esa revolución cultural, que tendrá que ser permanente si queremos que sea efectiva.
Compartiendo el puzzle
3. David da en el clavo: “La apuesta por visualizar todos los sufrimientos sin excepción entra en la categoría de necesariamente imprescindible. Mientras no estén encima del tablero todas las piezas del puzzle, será imposible reconstruirlo”. Ahora bien, no es posible rellenar el puzzle de una tacada, habrá que ir paso a paso, haciendo lo que en cada momento es posible rellenar. Lo que no vale es tirar el tablero y volver una y otra vez a empezar. Así no terminamos nunca de completarlo y, además, perdemos memoria.
4. Enrique, entiendo que la pregunta que haces la tiene que contestar Lokarri.
5. Iñaki. Yo soy un pecador, no soy Teresa de Calcuta, pero no creo que “con el artículo siempre se peca de lo mismo”. Cuentas toda una serie de sucesos que te han marcado y que necesitas echarlos encima del puzzle que pretendemos completar. Efectivamente, en el tablero tienen que estar todos los sufrimientos y cada cual los cuenta desde donde le duele. Pero cuando se echan elementos encima de la mesa tienes que ser consciente de que otros ven las cosas de otra forma y tienen otros elementos que arrojar igualmente sobre el tablero. Todos ellos tienen que ser conocidos, “alto y claro”, efectivamente. Para que no se repitan. Pero una vez escuchadas y vistas todas las piezas del puzzle, hay que ordenarlas y clasificarlas. No todas encajan en el mismo lugar. Lo importante es que queramos jugar juntos con el mismo puzzle y en el mismo tablero. Hay que dar ese paso. Algunas personas lo intentamos.
6. Interesante la mención a Traverso que repesca Miguel, especialmente lo relativo a la “zona gris” como decisiva en el desenlace del conflicto. Joserra Bustillo se apunta a ese gris también. Lúcida la propuesta final de Miguel: “El primer nudo de la cuerda tiene que atarse a dos manos, por abajo, en la vida cotidiana, entre gentes que deciden abandonar la identidad de víctimas para asumir conjuntamente con el ‘otro’ un proyecto de convivencia. Si me preguntan de donde debe partir la iniciativa, está claro: de quien tenga más interés en resolver el conflicto”. Ojalá estemos en puertas, como dice Bustillo.
8. Joseba abre un debate que siempre es recurrente. Dice así: “siendo realista, no creo que esa recomposición del tejido social sea posible hasta que las armas callen y vayamos dejando atrás la espiral de violencia en el que todavía nos encontramos inmersos”. ¿Eso es así? ¿Se tiene que esperar a que todo acabe para ir recomponiendo tejido social? ¿Alguien piensa que la paz es algo que de la noche a la mañana diremos: “ya está, ya hemos hecho las paces y todos convivimos felices”? ¿No hay que ir construyendo puentes, empatías, confianzas, educación en el respeto mutuo, información y conocimiento de todos los sufrimientos, memoria colectiva e inclusiva… previamente? ¿Cómo lo hacemos?
Otro tema crucial que saca Joseba es el del Estado como detentador del monopolio de la violencia. Desde la noviolencia activa, ¿cómo casa esa “deslegitimación de la violencia” tan demandada con el uso de la violencia por parte del Estado? ¿Cuáles son sus límites? ¿Quién se los pone? ¿Cómo?
Sabino Ormazabal Elola
07.04.2010(11:31)Sabino:
07.04.2010(11:59)Estoy de acuerdo con lo que planteas. Hay víctimas de diverso signo y si se va a incorporar a la Educación el tema de las víctimas ha de ser con una visión integral. Y, como bien dices, para reconocer el sufrimiento de los demás y para que no haya ninguna víctima más. Tu planteamiento me parece impecable. Quizás, esta novedosa experiencia podría ser positiva si sirviese para ayudar a superar el conflicto violento y educar a los jóvenes en el respeto de TODOS los Derechos Humanos para TODAS las personas. Pero me temo que no va a ser eso lo que va a ocurrir. La experiencia nos enseña que una vez más este asunto se va a convertir en un nuevo culebrón en el que la visión del Gobierno, lógicamente, no va a satisfacer a la oposición porque la visión no va a ser integral. ¿A quién beneficia seguir eternamente en la espiral, seguir dando vueltas a la eterna noria sin ser capaces de superar esa dinámica? A los dos extremos que se retroalimentan y nos obligan a la sociedad civil a vivir en su lógica militar. Las víctimas son consecuencia de esa lógica militar, de las estrategias de cuanto peor, mejor; de la acción-reacción-acción. Si toda ETA hubiese desaparecido en 1.982 (todas las opciones políticas eran legales, la ciudadanía vasca había refrendado el Estatuto de Autonomía y estaba negociado el Concierto Económico para 20 años) nuestra situación en relación a las víctimas hubiera sido igual que en Cataluña; nos hubiésemos ahorrado todas las víctimas desde ese momento, porque sin violencia de ETA no habría víctimas; como no las hay en Cataluña. No habría partidos ilegalizados, ni periódicos cerrados, ni … . La IA ilegalizada nos dice ahora que hay que combatir al Estado en el terreno político. Totalmente de acuerdo pero los demás eso ya lo sabíamos hace 28 años.
La sociedad civil- con su lógica civil- ha expresado hasta la saciedad que ETA sobra, estorba, y que en nada beneficia a la causa del Soberanismo; es más, estamos más desunidos que en Cataluña y no nos ponemos de acuerdo ni en el Día de Euskadi (Aberri Eguna o 25-O), ni en el nombre de la inexistente selección de fútbol, ni …
@Joxerra Bustillo:
07.04.2010(12:09)Te dejé mi opinión sobre la violencia de Estado tal y como me solicitabas, el día 26 de marzo en el post de Latxaga, que es en el que escribíamos en ese momento.
un saludo,
Kaixo Sabino y compañía:
Cuando digo “no creo que esa recomposición del tejido social sea posible hasta que las armas callen y vayamos dejando atrás la espiral de violencia en el que todavía nos encontramos inmersos”, no quiero decir que se tiene que esperar a que todo acabe para ir recomponiendo tejido social, ni mucho menos. Creo que hay que ir dando los pasos ya, y no perder esa perspectiva. Tampoco creo que el hecho de que las armas callen sea una panacea.
Lo que quiero decir es que, utilizando el símil de la herida, primero hay que hacer que no siga sangrando (muertos y torturados, represión, ilegalización, etc) y luego hacer la cura, para que no se infecte y vaya cicatrizando. Los procesos de reconstitución social duran décadas y generaciones, y requieren un mínimo de desescalada en la violencia. Bueno, es lo que pienso…
Ondo izan!
Joseba
07.04.2010(22:35)Kaixo Sabino y compaña
08.04.2010(11:57)yo tambien soy pecador y desconfio de las personas inmaculadas pero al final cuando te he escrito no he querido hablar de mis dolores y me fastidia que asi se haya entendido, sino de la necesidad de acercarnos a la realidad de las gentes que no comparten ni nuestras ideas ni nuestros sueños y que han sufrido por culpa de este maldito conflicto,partiendo del conocimiento y la reflexion de nuestras propias miserias. Si queremos acercarnos tendremos que hacer primero una reflexion sobre nuestra trayectoria y conocer nuestras miserias y nuestros aciertos, despojarnos de dogmas que han educado nuestras vidas y mirar con ojos nuevos.
Todo esto lo planteo porque nuestra sociedad esta bastante llena de personas conversas sin autocritica, sin analisis de trayectoria y dando patentes de libertad, democracia, transversalidad…
Iniciar el camino tiene que llevar parejo un esfuerzo por comprender lo que hemos hecho y lo que ha permitido estar en la situacion en la que vivimos. Las culpas no son siempre de fuera.
Cada uno lo intentamos como podemos para jugar en el puzzle y en el mismo tablero.
Por cierto estoy de acuerdo con Joseba y con algunas de los planteamientos del banderizo
Aupa Iñaki y demás. Siguiendo tu reflexión, retomo un concepto de Imanol Zubero que hace alusión a que tendríamos que ser un poco más contrabandistas en nuestras vidas. Contrabandistas para pasar de un lado a otro, para conocer y aprender a movernos en espacios ajenos, para mojarnos al traspasar nuestras (o las de quien sea) mercancías por lugares inseguros, jugándosela. Cruzar los puentes en ambos sentidos.
Ese ser contrabandistas supone acercarnos a los demás. No hablar sólo en primera persona, aunque perdonad que ahora lo haga. Lo hago para desnudarme en ese repaso que mencionas. Me acuerdo al leerte de un artículo que escribí titulado “No somos como ellos”. Diecinueve años después, lo que intento en este blog es escribir sobre “nosotros, vosotros y ellos”. Pero tampoco ese “nosotros” ha sido únicamente negro.
Mencionabas en tu primera intervención a Irene Villa. Precisamente, yo di el paso de criticar públicamente en el periódico “Egin” aquel atentado de Madrid, harto de esa crueldad a la que, interpreto, se refería tal vez Bustillo. Y lo cuento aquí para que se sepa lo que me motivó. Aquella mañana de octubre de 1991, la televisión había retransmitido las imágenes de una niña de 12 años que quedaba sin sus piernas como consecuencia de la explosión de una bomba-lapa colocada en el vehículo en el que viajaba con su madre, objetivo directo del atentado y que también quedó lisiada. Durante la comida en un comedor público, alguien (no importa aquí quién sino el qué) quiso hacer “su gracia” al estilo que comentabas, Iñaki, proponiendo que se le regalara un balón a esa niña mutilada horriblemente momentos antes. Dejé de comer y me puse a escribir. No era la primera vez que mostraba mis opiniones al respecto, pero lo quería hacer en “Egin”. Su publicación generó un intenso debate.
Cada cual tiene que buscar cómo se acerca para tratar de entender y respetar el sufrimiento ajeno, ese traspasar del contrabandista al otro lado del puente que escribía antes. Pero hay más elementos a resaltar de aquel penoso suceso, y también los quiero escribir porque siempre quedan esperanzas de cambio. Yo escribí el artículo, pero otra gente se “mojó” igualmente. Se implicó quien autorizó su edición al día siguiente, el director; y se publicó en un periódico cuyos directivos y administradores están en la cárcel con la acusación de ser de ETA, precisamente por ostentar esos cargos. Es decir, un periódico de ETA publicaba un artículo contra ETA. ¡Que alguien del tribunal lo explique si es así! Se pringó asimismo quien salió en mi defensa ante las críticas recibidas en el debate posterior, sabiendo a su vez que iba a ser machacado, acostumbrados como estamos a criticar al autor más que a contestar sus ideas.
Yo me quedo con esos gestos de esperanza, Iñaki.
08.04.2010(14:43)Enrique, no sé muy bien si te refieres a qué tiene previsto Lokarri para trabajar el reconocimiento de aquellas víctimas que siguen escondidas o minusvaloradas, especialmente las de motivación política o la de grupos paramilitares. Respecto a esto, tenemos prevista una actividad para este trimestre en la que intentaremos dar a conocer cómo se trabaja en Irlanda para conseguir un reconocimiento y una reparación amplia de todas las víctimas de la violencia. Muy especialmente, también nos interesa saber qué han hecho para conseguir que las víctimas sean agentes activos de paz.
Además, estamos manteniendo el discurso del reconocimiento amplio y plural, como una tarea en la que debe trabajar el Gobierno Vasco, cosa que no ha hecho hasta ahora.
08.04.2010(18:10)Gracias Sabino
09.04.2010(9:16)Me gusta mucho el concepto contrabandistas. Estoy de acuerdo contigo y se bien que trabajando como lo has hecho en “una parte del mundo” siempre has dicho alto y claro “que existen otros mundos”. Animo
Decía la neuróloga Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina en el año 2005, que Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el intelectual. Manejaron emociones, no razones. Se preguntaba la prestigiosa neuróloga si la ideología es emoción; si es sinrazón. Para finalizar diciendo que discernir entre el bien y el mal es el más alto grado de la evolución darwiniana. Quizás sólo con estas claves se pueda entender cómo cuajan en la ciudadanía las ideologías totalitarias; en qué caldo de cultivo se conforman las actitudes sectarias e intolerantes. Sólo así se puede entender que un alemán bonachón abrazara la ideología nazi y cometiera auténticas barbaridades; o que una persona de “buen corazón” suelte “la gracia” – como habéis comentado- de que hay regalarle un balón a Irene Villa (una niña de 12 años a quien una bomba de ETA le segó las piernas); o que personas “con alma” torturen a una persona durante días; .. y así sucesivamente.
09.04.2010(10:45)Para que estos hechos se produzcan, previamente, se ha absolutizado una idea; se ha construido un enemigo, al que se le despersonalizado, se le ha despojado de su condición humana, y por tanto, de su dignidad, y a partir de ahí todo lo que se le haga está justificado. Se crea un sentimiento de grupo: “los nuestros” y “los otros”. Lo que le hacen a “los nuestros” es totalmente denunciable, mientras que lo que les hacen/hacemos a “los otros” es consecuencia del conflicto. Y a partir de ahí, como bien dice José María Ripalda en el post de ayer, se utiliza a “las víctimas” como arma de guerra Estar instalados en esta dinámica nos lleva irremediablemente a que otra generación más sufra la violencia física. Para superar ese escenario creo que tenemos que gestionar la actividad política en las claves que gestionamos cotidianamente la convivencia ( en el trabajo, en la comunidad de vecinos,…). El día que nos calcemos los zapatos “del otro” como decía Nelson Mandela, habremos comenzado a superar la espiral de violencia, el sectarismo y caminaremos hacia espacios de distensión, y podremos establecer unos acuerdos sociales mínimos para convivir.
Sabino, de acuerdo con la revolución cultural que propones…si es a fondo.
12.04.2010(14:04)Una revolución cultural sobre las víctimas requiere, aparte o antes que medidas concretas, una revisión sobre el concepto y el papel de las víctimas en el mundo contemporáneo.
No tengo, de momento, nada concreto que aportar a lo que dices o se sugiere en algunos de los comentarios en el blog. Prefiero hacer una consideración quizá intempestiva sobre las víctimas. Espero no ofender a nadie, quien no sea cofrade que no tome vela…
Releo en “En defensa de la intolerancia”, aproximaciones críticas de Zizek contra la postpolítica “fundamentalmente interpasiva” que, más allá de cierta verborrea provocativa, tienen su parte de razón. Comenta cómo las reivindicaciones puntuales y desconectadas pueden impedir esa “condensación metafórica de una oposición global contra ellos, los que mandan”. Las demandas particulares de las víctimas sin una perspectiva política crítica general (no es lo mismo que ‘politizadas’), de hecho, en general, salvo excepciones, no contribuyen a resolver los problemas y, en todo caso, sí a asentar los discursos dominantes, acríticos y basados en la violencia.
Nos hemos convertido en una sociedad de víctimas. Es un hecho que todos somos víctimas de alguna injusticia, de la violencia del estado, del capitalismo, de discriminaciones varias, de maltratos de padres o maridos, etc. Y no es una afirmación retórica; las consecuencias a menudo son tan fatales como las del terrorismo, a menudo peores, más continuadas, por poco reconocibles o detectables.
En mi opinión, por ejemplo, todos somos víctimas del terrorismo: las víctimas directas y toda la sociedad, incluso los propios terroristas. Todos y cada uno somos víctimas de la violencia en algún grado directo o indirecto, no despreciable. No se me ocurre mayor víctima de la violencia que aquel que ha de vivir después de haber asesinado a un ser humano (Viendo la película “Cinco minutos de gloria”, sobre las víctimas de Irlanda del Norte, en la cual se contrasta la rabia de la víctima con la desolación del asesino, confirmo que es posible esa sensación).
La víctima ha pasado de la invisibilidad a la hipervisibilidad, convirtiéndose, más allá de reivindicaciones concretas, en una categoría política sospechosa, deseable por ciertos estamentos, fácilmente manipulable.
Todos queremos nuestro carnet de víctima para plantear una queja a los responsables directos, al estado o al mundo. Pero lo que sucede es que en su mayor parte las víctimas que han metabolizado su condición de víctimas, así como a los políticos que los reconocen interesadamente, no buscan cambiar las cosas, ni la revolución cultural ni rebelión cívica alguna.
La verdadera revolución sería, una vez asumida la universal condición de víctimas, abandonarla. Que las víctimas dejen de interiorizar su condición de víctimas para no sufrir inútilmente ni ser víctimas del victimismo, nauseabunda deriva del problema.
Una víctima con una voluntad y vocación proactiva para salir adelante vitalmente y resolver su conflicto y el conflicto (recuerdo el valioso ejemplo de las víctimas del 11-M en las Solasaldiak), debe dejar de sentirse como víctima, lo cual no significa no recordar, no sufrir y a menudo no sentir rabia e impotencia. Tan solo no dejarse atrapar por la categoría, la función, la justificación, la profesión de víctima. Para no vivir un infierno extra de dolor, desolación y rencor y no ser manipulado por el juego político.
Si queremos una revolución debemos intentar que las víctimas se conviertan (nos convirtamos) en parte de la solución y no del problema. Desactivar a las víctimas en tanto que víctimas y activarlas en tanto que ciudadanos dolorosamente conscientes de la necesidad de cambiar las cosas a fondo, revolucionariamente, acudiendo a las raíces del problema, de la violencia.
Por ello, creo que es legítimo y necesario el máximo reconocimiento a todas las víctimas en lo que se pueda compensar y reparar su sufrimiento y al mismo tiempo negación absoluta del proceso de re-victimización de las víctimas para intereses políticos espurios, partidistas, propagandísticos.
Las víctimas no son santos ni mártires, ni el dolor mejora o da una especial lucidez a las personas. Creo que solo las víctimas que superan su condición de víctimas, pueden aportar algo muy valioso.
Comprendo que todo esto suena demasiado abstracto, un punto insensible y hasta pretencioso respecto al dolor tangible, real de las víctimas, pero es preciso hacer un esfuerzo de interpretación de las víctimas en el contexto actual, ya que lamentablemente ese dolor real no es inducido en gran medida por el hecho en si -la muerte, la tortura, la ofensa, etc.- sino por la categorización insidiosa y manipuladora de ciertos políticos profesionales. Si no hacemos ese esfuerzo, con la ayuda de las víctimas, solo nos queda un abismo de odio y venganza, disfrazado de victimismo político que se expresa en libros de texto, en campañas vergonzosas, en puestos políticos, en justificación para atentados, etc.
¿Y como llevar a cabo semejante revolución cultural?
Primero con una estrategia constructiva, regeneradora respecto a las víctimas y su conceptualización.
El primer objetivo: cambiar el paradigma de víctima y descolonizar el imaginario actual.
En esta tarea justamente la cultura y el arte contemporáneos, de perfil crítico o activista, tiene mucho que aportar.
Pienso, por ejemplo, en las teorías de Oteiza sobre el proceso curativo del arte sobre la muerte. O en los talleres del antropólogo Josep María Fericglá sobre la muerte, para superar el duelo. En el teatro del oprimido. En tantas experiencias y talleres que intentan recrear un laboratorio creativo contra la violencia.
Es preciso generar otra cultura de la muerte, del duelo, del sufrimiento, de la (no)violencia para que las víctimas se liberen (nos liberemos) de los perversos procesos de victimización.
Antes teníamos la religión para darnos consuelo; ahora necesitamos la ayuda de otra espiritualidad, la cultura o las artes activistas y de las teorías política crítica para lograr el empoderamiento político-cívico, radical, de las víctimas, todas las víctimas, incluidos nosotros.