“The whole picture”
En la cadena de televisión Al Jazzira hay un spot repetido que muestra por ejemplo la cara de un bonito niño sonriendo; en una segunda toma más amplia se le ve empuñando un kalasnikov. O bien aparece primero la cara de un anciano apacible y en una segunda toma se le ve rodeado de cadáveres y ruinas, etc. El spot se llama “la imagen entera”.
En realidad la imagen nunca es entera, siempre será a lo sumo un enfoque que tomamos o que aceptamos. También la verdad admite grados, puede ser mucha o poca, compacta o tenue, y encierra el error como una de sus posibilidades propias.
Las “víctimas” son una imagen real, ¿cuál es su imagen entera? Como imagen esgrimida son un modo de seguir la guerra… con imágenes parciales y contenidos implícitos, cuando no ocultos. Incluso hay una “Asociación de víctimas” que da la impresión de un ‘dejà vu’: “los gloriosos Caídos” que me inculcaron en mi infancia como justificación del Régimen frente a sus inexistentes víctimas. ¿No pertenece esto “to the whole picture”?
Las “víctimas” como arma de guerra; pero también como argumento político: Una vanguardia abertzale podrá esgrimir sus víctimas, agravios, sufrimientos e injusticias –porque son muchas, graves y de un modo u otro nos afectan a muchos- ; pero eso no justificará por sí mismo su línea política y, en su caso, militar. Del lado de la fidelidad al Estado español, en cambio, se podrá esgrimir las víctimas, pero tampoco eso vale ni para justificar una política ni para darse buena conciencia. Falta siempre “the whole picture”. Nadie podrá presumir de tener la imagen completa. Pero ¿estamos condenados a que la embestida al trapo sea el símbolo común de la piel de TORO?
Tratar de acercarse a la imagen más grande supone mucha voluntad y alguna inteligencia. Y supone también ciertos acuerdos sociales mínimos; no van en esta dirección los signos que vienen de la parte más poderosa en el conflicto, y la hay; tampoco eso se puede enmascarar bajo las “víctimas”.
Se ha sustituido la política por la ética; y se ha declarado al Estado idéntico con la ética, lo cual no sólo es falso, sino inverosímil y desmentido día a día por los hechos. Es decir, se elimina la disidencia de derecho, no sólo de hecho. Y aquí, tras el telón de las víctimas, empiezo a entrever algo todavía más siniestro. Pues el hecho de que se hable tanto de las víctimas, de que sean una imagen tan potente, me sugiere que estará ocultando tal vez cosas más graves incluso que el conflicto vasco. Por de pronto las “víctimas” no son modelos de consecuencia o de acción, sino que se nos presentan como pasivas, en el comportamiento que se espera de nosotros, con cuya santidad “inocente” debemos identificarnos como una especie de yo ideal. ¿No es así como funciona la formación de opinión mediática? ¿No es necesario que así sea ante la brutalidad de lo que hoy ocurre no sólo en Euskal Herria, sino en el mundo, con nuestra pasividad o nuestra participación?
Porque nada va a salvar ni a Euskal Herria ni a España, ambas condenadas, además de ya asoladas por el cainismo. Porque todos estamos arrojados a no ser más que aquello en que nos está convirtiendo la enorme máquina ciega que desterritorializa y reterritorializa el mundo. Su administrador es el consumo indiscriminado, en el que estamos metidos de hoz y coz, como agentes cada vez más clónicos, más odiosos frente a todo lo que perturbe nuestro letargo político. Nos centramos en la imagen parcialísima de nuestro bienestar privado, protegido con un escudo más bien folklórico-policial, y cerramos la foto sin ni siquiera ser capaces de un signo propio resistente a la imagen vacía en que nos convierten.
Sólo en zonas marginales –geográfica o/y socialmente- veo la posibilidad de que se generen nudos de resistencia activa. España fue uno de esos lugares antes de ser exterminada por quienes han configurado la de ahora; sólo existe ya su simulacro, rabioso cuando se siente llamado por su nombre, pero también rabioso con los muchos brotes en él que ni el fuego consiguió eliminar. Y Euskal Herria me parece ese lugar de resistencia mucho menos de lo que tendemos a creernos los vascos, si se me permite hablar así.
Nos van a ofrecer de nuevo LA democracia, SU democracia, la democracia MUNDIAL, que no podemos aceptar. Hará falta inteligencia para ir encontrando caminos que no podemos prever, pero en los que algunos sabemos lo que no vamos a aceptar nunca y en los que sabemos cada vez con más precisión dónde está el enemigo, sin situarlo cerca en la casa de al lado, sino siempre también más cerca, incluso en la propia.

















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