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Nuestro aliento a los brotes verdes de paz

29.04.2010 (9:20 am)

Bakeaorain
Bakeaorain

A principios del siglo XX, Sir Ernest Shackleton lideró numerosas expediciones al polo sur. Fracasó en todas ellas dirán algunos, los que quizás no saben ver la grandeza del ser humano, pues no alcanzó sus objetivos en ningún caso. No obstante, su optimismo, capacidad de liderazgo y tenacidad le permitieron pasar a la historia como uno de los grandes y mejores exploradores y aventureros. Fue precisamente a bordo de su barco Endurance (perseverancia) cuando Shackleton alcanzó su mayor gloria al regresar con vida, él y todos los tripulantes del barco, polizón incluido, de una aventura en el Polo Sur que bien podría haber acabado en tragedia. El documental “atrapados en el hielo” nos narra esta fabulosa aventura.

Una bonita metáfora que bien podría aplicarse a la situación que atraviesa la izquierda abertzale, atrapada como está en una espiral de acción reacción de la que tienen que salir si quieren sobrevivir. En este caso, la perseverancia también es un valor, al igual que lo fue para Shackleton para salvar las vidas de todas las personas que tenía bajo su mando. Esa motivación también resulta clave para que en este viaje de supervivencia, nadie quede rezagado o abandonado en el camino. Shackleton y sus compañeros de viaje regresaron todos con vida y fueron recibidos como héroes alcanzando la gloria eterna. Si la IA culmina su travesía con éxito, con toda su tripulación, lo que nosotros alcanzaremos es la Paz eterna. Desde aquí nuestro aliento a los “Shackleton” que están liderando este proceso.

50 personalidades apoyan la Declaración de Bruselas

28.04.2010 (12:35 pm)

50 personalidades del mundo de la cultura, la universidad, el deporte y los movimientos sociales han hecho suyo el llamamiento de la Declaración de Bruselas. Todas estas personas, y otras muchas que han apoyado la declaración, muestran su adhesión porque quieren que se concrete la ocasión abierta para lograr la paz y porque no quieren que se frustre una nueva oportunidad. Por eso, han pedido a ETA un alto el fuego permanente que sea respondido debidamente por el Gobierno.

Además, la declaración realizada por Ezker Abertzalea el pásado sábado en Iruñea-Pamplona ha supuesto otro importante paso hacia una solución basada en el final de la violencia, el diálogo, el acuerdo, la inclusión y el respeto a la voluntad popular. Ahora es necesario sumar el respaldo social, de todos y todas, para que estas oportunidades se concreten. Tú también puedes contribuir alcanzar la paz mostrando tu adhesión a la Declaración de Bruselas.

Personalidades que han mostrado su apoyo a la Declaración de Bruselas:

Marta Mendia, deportista / Pello Zabala, fraile de Arantzazu / Manu Arrue, jesuita Mikel Zurbano Irizar, profesor de la UPVJose Ramón Castaños “Troglo”, movimientos socialesJosé Luis Longarte, sindicalista / Natxo Isuzkiza, curaMariano Ferrer, periodista /  Nestor Basterretxea, artistaToti Martinez de Lezea, escritora / Txema Ramírez de La Piscina, profesor / Roldán JimenoJavier Sádaba, filósofo / Perico Ibarra, ex profesor en la UPV / Garbiñe Biurrun, presidenta de la Sala de lo Social del TSJPV / Jordi Armadans, director Fundació per la Pau / Patxi Zabalo, profesor de la UPV / Joseba Santamaria Rekarte, periodista / Juana Aranguren, PlazandreokJosé Mª Lecumberri, exjugador de Osasuna José Angel Esnaola, abogado Unai Elorriaga, escritorJuanjo Alvarez, Catedrático UPV / Josetxu Martinez Montoya, escritorMirentxu Purroy, periodistaJesús Mari Lazkano, doctor en Bellas Artes y pintorJulio Flor, periodistaFrancisco Letamendia, profesor de UPV / Enrike Zelaia, músico / Ramón Zallo, profesor de la UPVVíctor Manuel Maeztu, Doctor en Pedagogía y ConsejeroPere Ortega, Coordinador Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs / José Manuel Castells, Catedrático de Derecho Administrativo en la UPVTxaro Arteagaex directora EmakundeXabier Kintana, Miembro de Euskaltzaindia y profesor de la UPVJoxAnton Artze, poetaAntton Lafont, empresarioAlfons Banda, President de Fundació per la PauSusana Koska, cineastaFernando Armendariz, movimientos socialesJose Ignazio Ansorena “Piter”, Director de la Banda Municipal de Txistularis de Donostia y payasoRosa Rodero, administrativo Cristina Sagarzazu, técnica de turismoJosé Mari Agirre Oraá, Profesor de la Universidad de La Rioja Kepa Gordejuela / Imanol Murua, periodistaMaixux RekaldeElena Herrán, profesora en la UPV Iñaki Lekuona, periodistaAndrés Krakenberger, activista de Derechos HumanosJon Mirena Landa, profesor de derecho penal ‎ /  Xabier Euskitze, periodista y ex-bertsolari /  Pili Kaltzada, periodista / Xabier Oleaga, periodista

Plan de Educación para la Paz: educar con el ejemplo.

27.04.2010 (9:26 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

Ante la penúltima polémica provocada por el actual Gobierno Vasco del PSE y sus socios preferentes del PP con las intenciones del Departamento de Educación de implantar en los ciclos de formación escolar de Educación Primaria y Educación Secundaria la asignatura de Educación para la Paz, quisiera dejar aquí algunas consideraciones que como padre siento que son importantes para la formación académica y, sobre todo, moral de mis hijos.

De las cinco definiciones que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua recoge para el vocablo Educar quiero resaltar la segunda, que dice:

Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.

La definición que hace la Real Academia Española de la Lengua no es de mi entero agrado, en el sentido que la educación no debiera ser solo impartida a niños y jóvenes, sino que también en la edad adulta se pueden “desarrollar y perfeccionar facultades intelectuales y morales…”; y que este ejemplo de la persona adulta esforzándose en alcanzar un grado mayor de educación es el mejor legado que puedo transmitir a mis hijos y la mayor lección que creo podré jamás impartirles.

Porque es al andar, como recomiendan los expertos en Pedagogía, que mejor podemos enseñar a recorrer el camino, y somos las personas adultas quienes primero tenemos que educarnos en la Paz para transmitir a las generaciones venideras el valor de la Paz y el respeto a los Derechos Humanos para todos y en todo momento.

Por estas consideraciones se me hace difícil entender que los mismos políticos que no hacen todo lo necesario para que las recomendaciones del Relator Especial de la ONU en España para la Tortura, y las recomendaciones que Amnistía Internacional recoge en su informe Sal en la Herida sean puestas en práctica, pretendan crear un plan de estudios para formar a mis hijos en el respeto, la convivencia y la Paz.

En el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la primera definición que aparece para el vocablo Educar es:

Dirigir, encaminar, doctrinar.

Así, a mis hijos no, gracias.

Un paso necesario

26.04.2010 (9:21 am)

U. Jaureguibeitia

Entra un tipo en una librería y le dice al tendero: Oye, Hijo de Puta. ¿Tienes el libro de cómo hacer amigos? Lo que puede parecer un mal chiste y un pésimo ejemplo para comenzar un post que hable sobre un proceso de paz encierra, a mi modo de ver, una realidad que experimentamos a diario en nuestro país. Llevamos años, décadas, viendo cómo algunos tratan de enfrentarse a un importante problema sin asumir que todos somos parte del mismo. Es decir, sin autocrítica y sin admitir un papel protagonista en el conflicto.

Para mi, es decepcionante ver como la estrategia política y social de algunos agentes de nuestro país se centra en taparse los ojos ante la raíz del problema. Y en esa estrategia siguen, desgraciadamente, algunos. No reconociendo el conflicto y tomando, por ejemplo, la violencia como una lacra aislada de fondo político alguno y siempre infringida de manera unidireccional. Pero no es así. Claro que no. Quien conoce mínimamente nuestro pequeño país sabe que el verdadero problema radica en que la sociedad está dividida en diferentes maneras de entender cuál debería ser nuestro ordenamiento. Por lo que este argumentario debe ser entendido como un pretexto, una excusa para que los ciudadanos no seamos libres para decidir. Postura a la que además han tenido que añadírsele parches que la sostengan: ilegalizaciones de fuerzas políticas, cierres de medios de comunicación, desacreditación ante denuncias de torturas, y suma y sigue.

Pero no podemos, quienes sí asumimos el problema como político, quedarnos inmóviles también. Ante esa situación de bloqueo creo que hay una fácil y necesaria respuesta. Deshacer el argumentario eliminando su base, lo que se traduce en eliminar la expresión violenta que en este momento se está generando por parte de un pequeño grupo. Es decir, solicitándole a ETA que deje las armas. Algo totalmente necesario para crear un proceso con unos cimientos sólidos. Y en esa solicitud ya estamos muchos, espero que pronto se sumen muchos más. Entonces, el proceso de paz será imparable.

Cultura para la convivencia

22.04.2010 (9:19 am)

Santiago Eraso

Vivimos tiempos de incertidumbre democrática, desprestigio político y descrédito económico. En el subconsciente colectivo se ha instalado la premisa del triunfo absoluto de la democracia parlamentaria, la consagración de la globalización y el asentamiento definitivo del libre mercado, como única herramienta para la gestión de lo social. En este diagnóstico de la realidad, parafraseando a Tony Judt, sobre el olvidado siglo XX y las ideas que conformaron su tiempo, se impone un nuevo paradigma apolítico, basado en el valor incontestable del presente postmoderno e irrefutable. En una cínica resignación ante la seducción de la actualidad, en un ejercicio de cómoda conveniencia, mostramos el convencimiento -en nuestros cálculos económicos, prácticas políticas, estrategias internacionales e incluso en las prioridades culturales y educativas- de que el pasado no tiene nada de interés que enseñarnos. Todo aquello que el siglo pasado instauró queda convertido en reliquia histórica, monumentalizada, desprovista de las herramientas de análisis y transformación del presente que proporciona la memoria.

Hemos olvidado el verdadero sentido de la guerra, porque la política contraterrorista del consenso internacional nos ciega el juicio y nos amordaza la opinión. Tratamos al Estado como una fuente de ineficacia económica e intromisión social, porque el ejercicio prepotente del individualismo nos produce beneficios particulares más inmediatos y menos fiscalizables, es decir, menos sociales. Hemos olvidado cómo pensar políticamente, porque no concebimos la acción pública más allá de un economicismo estrecho. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante cualquier objetivo político que nos haga pensar más allá de nuestros réditos personales. La democracia, como política de lo común, no nos interesa. Nos olvidamos, con facilidad interesada, que es un sistema de organización política, cuya característica principal es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros que constituyen el grupo gobernado; que es un modo de estructurar lo individual y lo colectivo a través de un sistema de representación regulado por elecciones periódicas, pero también una manera integral de comprender y activar las relaciones humanas particulares y universales. En sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, de construcción comunitaria, entre libres e iguales que luchan por seguir siendo sujetos políticos. Nos olvidamos que se construye desde la memoria, que las cosas son porque, mucho antes, tomaron cuerpo a partir de la acción y la responsabilidad de muchas personas. Leer toda la entrada

Contra el paradigma de la falta de convivencia en el País Vasco

21.04.2010 (9:14 am)

Mak Makygregor
Mak Makygregor             makgregory.blogspirit.com blogdeblogs.nireblog.com makgregory.wordpress.com

Estos días vengo adentrándome en la pequeña jungla de papel que es el libro “Memoria de Euskadi”, de María Antonia Iglesias. Aparte de recordar, comprender y enterarme de muchas cosas de la Historia contemporánea de mi entorno sociopolítico, creo haberme dado cuenta de una falacia en la que los políticos de todas las siglas nos quieren hacer creer: que en el País Vasco no podemos convivir con quien piensa diferente y por ello hay que hacer una cosa u otra, según quién hable, para llegar a una “normalización”, de modo que esfuerzos que en otras partes dedicarían simplemente a desarrollarse, aquí la clase política los dedica a los diferentes caminos “normalizadores”.

Pero es una falacia, que uno puede observar en cuanto le quita la épica y la mística al verbo convivir, dejándolo en lo que significa en el resto de España, o sea, compartir un espacio y un tiempo.

Si realmente hubiera un problema de convivencia, nadie que se sintiera x sería proclive a amigarse o relacionarse con nadie “y”, pero precisamente los vascos -la mayoría al menos- descubrimos pronto que hay más etiquetas que x e y, y que son las que nos enganchan a compartir experiencias, a convivir por tanto, con mayor o menor intensidad.

Sólo a un gropúsculo diminuto le molesta tanto que haya quien no sea como ellos como para ir matando. Incluso las decenas de miles que les apoyan no matan ellos mismos y toleran que hayamos quienes no estemos con ellos.

Pensemos en todos los contactos sociales que hacemos con quienes se sienten diferentes de nosotros por alguna etiqueta concreta a pesar de esa etiqueta y en lo que perderíamos sin ellos, y presionemos a los políticos que nos representan para que no vuelvan a tensar en exceso la cuerda que une cada posible par de etiquetas a las que nos adscribimos consciente o inconscientemente.

Los veinte firmantes de la Declaración de Bruselas

20.04.2010 (4:35 pm)

Todos y todas han protagonizado procesos de resolución de conflictos, y ahora se han unido para hacer otro tanto apoyando a la sociedad vasca a través de la Declaración de Bruselas. ¿Pero quiénes son esos 20 firmantes de una declaración que ha abierto una importante oportunidad para avanzar hacia la paz?

Fundación Nelson Mandela

Desmond Tutu. Premio Nobel de la Paz 1984. Sudáfrica.

Frederik W. De Klerk. Nobel de la Paz. Ex presidente sudafricano.

Mary Robinson. Ex-presidenta de Irlanda.

John Hume. Nobel de la Paz. Participó en los Acuerdos de Viernes Santo de Irlanda.

Albert Reynolds. Ex primer ministro de Irlanda.

Jonathan Powell. Jefe de Gabinete del ex primer ministro británico Tony Blair.

Nuala O’Loan. Primera defensora del Pueblo en materia policial en el norte de Irlanda.

Raymond Kendall. Ex secretario general de Interpol.

Betty Williams. Nobel de la Paz por su labor por superar el conflicto en Irlanda.

Denis Haughey. Asistente de John Hume.

Aldo Civico. Director del Centro de Resolución de Conflictos Internacionales en la Universidad de Columbia.

Sheryl Brown. Directora de Diplomacia Virtual, Instituto para la Paz de EEUU, Washington DC.

Andrea Bartoli. Instituto de Resolución de Conflictos, Universidad George Mason, Washington DC.

Alan Smith. Cátedra Unesco en Educación para la Paz, Universidad del Ulster.

Christopher Mitchell. Investigación de Conflictos. Instituto para el Análisis y Resolución de Conflictos.

John P. Linstroth. International Peace Research Institute, Oslo.

Hurst Hannum. Profesor de Derecho Internacional. Tufts University.

Jhon Etchemendy. Administrador jefe académico en la Universidad de Stanford.

William Kelly. Archive of Humanist Art.

Sí a un proceso de paz

19.04.2010 (10:23 am)

Alto al fuego de ETA

Respuesta apropiada del Gobierno

El 29 de marzo Brian Currin presentó la “Declaración de Bruselas” apoyada por 20 líderes y expertos internacionales en resolución de conflictos:

Damos la bienvenida y elogiamos los pasos propuestos y el nuevo compromiso público de la Izquierda Abertzale con los medios «exclusivamente políticos y democráticos» y una «total ausencia de violencia» para conseguir sus objetivos políticos. Plenamente realizado, este compromiso puede ser un paso fundamental para poner fin al último conflicto en Europa. Tomamos nota de la expectativa de que los próximos meses pueden dar paso a una situación donde el compromiso con los medios pacíficos, democráticos y no violentos se convierta en una realidad irreversible. Para ello, hacemos un llamamiento a ETA para que apoye este compromiso declarando un alto el fuego permanente y completamente verificable. Tal declaración, debidamente respondida por el Gobierno español, permitiría que los nuevos esfuerzos políticos y democráticos avancen, las diferencias sean resueltas y se alcance una paz duradera.

Sumando el apoyo de la sociedad vasca al dado por los líderes internacionales, podemos contribuir a que se den estos pasos imprescindibles. ¿Vamos a permitir que se frustre otra oportunidad?

Tú también puedes decir claramente que ETA declare un alto el fuego permanente y completamente verificable. Tu también puedes pedir al Gobierno que responda adecuadamente.

Apoya la Declaración de Bruselas

Atajos

13.04.2010 (11:10 pm)

Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de  Fundació per la Pau

Tenía previsto enviar un post sobre otra cuestión pero me parece imposible no dedicarlo a la absolución por parte de la Audiencia Nacional de los cinco responsables de Egunkaria. Y no solo por la importancia de la noticia en si misma, sino porque nos permite abordar una cuestión clave: la de los límites en la lucha contra el terrorismo o, más aún, la tensión entre libertad y seguridad.

Después del atentado del 11 S se impuso a nivel global un análisis que alertaba de la debilidad, en términos de defensa, que suponía para las sociedades un amplio abanico de derechos y libertades. Por ello, se concluía, había que redimensionarlos a la baja para fortalecer nuestra seguridad. Los medios de comunicación y la ciudadanía, atemorizada por todo lo que parecía venirse encima, accedieron sumisamente al nuevo planteamiento.

Esa nueva perspectiva, impulsada por Bush y sus jinetes ‘apocalípticos’, conectó fácilmente con muchos otros dirigentes necesitados de una buena coartada para meter en orden sus respectivos flecos de disidencia (sin ir más lejos, fue interesante constatar como Rusia y China, siempre proclives a desmarcarse del liderazgo norte-americano, bendijeron esta vez sin mayores problemas los nuevos rumbos).

Sin duda, uno de estos dirigentes fue Aznar. Después de intentar un proceso de paz, el fracaso de la tregua y el recrudecimiento de la violencia por parte de ETA, le impulsaron hacia una intransigencia total, no ya con el mundo de ETA sino con buena parte del mundo abertzale e, incluso, con todo aquel que simplemente disintiera o se apartara de la línea oficial de la lucha antiterrorista. Con gran irresponsabilidad un amplio sector político, jurídico y ‘mediático’ jalearon esa deriva en vez de contrastarla con una visión más sensata y racional.

En ese contexto, muchos fueron los desmanes. Imposible nombrarlos todos. Pero no puedo dejar de recordar la persecución que sufrió Julio Medem por un documental plural y reflexivo. O la absurda imputación a Sabino Ormazábal y otros miembros de la Fundación Joxemi Zumalabe. Así, el cierre de este caso o el de Egunkaria suponen una cierta enmienda a esa deriva loca.

También es verdad, y aquellos que somos críticos con la estrategia de la ilegalización de partidos no podemos obviarlo, que la izquierda abertzale oficial parece querer darle la razón al modelo ilegalizador: incapaz de autodeterminarse de la tutela armada, sólo parece mover ficha cuándo su proceso de invisibilización política e institucional le ha debilitado profundamente.

En fin, viendo la facilidad con que algunas barbaridades se han podido cometer y la poca crítica que han generado, hay que repetir hasta la saciedad una obviedad: no hay atajos, nunca la ampliación de los espacios de derechos y libertad debilita la democracia, y nunca, ni en el País Vasco ni en ningún otro lugar, la disminución de esos espacios va a acercarnos más a la paz.

La lucha por la paz

13.04.2010 (8:52 am)

Pere Ortega, investigador de Centre d'Estudis per la Pau
Pere Ortega, investigador de Centre d’Estudis per la Pau

Hanna Arendt nos dejó escrito “de las armas podrá salir el poder, pero nunca saldrá la libertad”. Modestamente me atrevo a añadir, tampoco la democracia.

La historia reciente del siglo XX ha sido profusa en ejemplos que ilustran esa realidad. Hay que observar el fracaso de la violencia armada para aportar igualdad y justicia social a aquellos proyectos políticos que pretendían ser portadores de emancipación. Volvamos la vista a los grupos de liberación nacional o que pretendían una revolución social que llegaron al poder en Argelia, Rusia, China, Camboya y tantos otros lugares mediante la violencia armada; o las múltiples guerrillas que en el planeta intentaron implantar sociedades más igualitarias. En ninguna parte vimos como esos proyectos engendraban democracia o libertad. Quizás alcanzaron algo de justicia social que luego desaparecía por culpa de los errores y horrores cometidos mediante la violencia contra los pueblos que pretendían emancipar.

Y es que la violencia hipoteca el futuro de aquellas sociedades que la utilizan y asienta las bases de una violencia cultural. Una solución impuesta con violencia no acostumbra a ser una solución permanente pues aquellos que pierden los privilegios y son expulsados del poder mediante el uso de la violencia, obtendrán argumentos para rearmarse y convertirse a su vez en contra-violencia perpetuando un ciclo irreversible.

Es decir, si el fin justifica los medios, la violencia, en cualquiera de sus formas podrá ser utilizada por cualquiera de las partes en un conflicto para obtener ese fin. Entonces, y concluyo, no podemos tener la menor duda que la injusticia se encuentra tanto en los medios como en los fines si el uno o el otro están del lado de la violencia.

¿Y de qué democracia o paz estoy hablando? Desde luego no de la democracia formal, pues la democracia como sistema político, a pesar del desarrollo alcanzado, continúa albergando en su seno espacios no democráticos. Espacios donde se ejerce violencia cultural, estructural, social o política. Entonces es una tarea ineludible trabajar a favor de una democracia más profunda, más participativa, que abarque todos los ámbitos sociales y económicos. Sólo entonces conseguiremos una sociedad en paz, es decir, sin ninguna clase de violencia.