E-pístola a los Reyes Magos
29.12.2010 (8:49 pm)
Queridos Reyes Magos,
En los últimos meses han pasado por estas latitudes cosas muy importantes que pueden abrir la puerta a nuevos tiempos de paz: ETA ha declarado una tregua y Otegi dice que ya no ve con buenos ojos el camino de la violencia. La declaración de ETA no me inspira mucha confianza: suena a lo de siempre y en estas fechas me hace recordar de qué manera tan clara “comunicaron” la finalización de la anterior tregua. En cambio, las declaraciones de Otegi, sin ser absolutamente contundentes, suenan a nuevo, y suenan bien: “no existe más camino hacia la independencia que el que se desarrolle por vías pacíficas y democráticas”, ha dicho. Y a mi, la verdad, lo de la independencia me da un poco igual, pero lo de la paz y la democracia me gusta.
De manera que, si las cosas avanzan por el buen camino, hay que tratar de arrancar la última hoja del calendario de una larga y dolorosa etapa para estrenar uno nuevo, diferente y mejor. Y esas cosas solo se consiguen de una manera: hablando. Pero no hablando de cualquier forma, y aquí es donde vienen mis peticiones, amigos Melchor, Gaspar y Baltasar. Ahora veo posible cerrar esa etapa y no os voy a pedir los típicos imposibles (la paz mundial y esas memeces), sino 4 cosas muy concretas que van a hacer falta a las personas que participen en esa conversación:
1.- Sinceridad. Ante todo, necesitarán ser y mostrarse sinceros en cuanto al objetivo que quieren lograr que, por cierto, deberá ser idéntico para todos: lograr una convivencia pacífica y democrática en Euskadi. Luego cada uno irá también con sus “pequeños” (o no tan pequeños) objetivos, que deberán poner desde el principio sobre la mesa, y que las partes deberán escuchar y buscar soluciones satisfactorias.
2.- Transparencia. Esta conversación no es un juego de naipes en el que escondes tus cartas y compartes información solo con tu compañero, o incluso juegas tratando de engañar al adversario. Es más bien un intercambio de cromos en el que se ponen sobre la mesa todos los cromos -bien visibles-, y tras el intercambio todo el mundo ha ganado y sale contento con su objetivo cumplido.
3.- Compromiso. Los acuerdos que no se llevan a la práctica no sirven de nada y generan tal desconfianza en el otro que dificulta ir al siguiente encuentro. De manera que, para no tener que ir a otra nueva conversación, y además en peores condiciones, es necesario cumplir los acuerdos que resulten de esa conversación.
4.- Confianza. Esto es difícil, después de tantos años de enfrentamientos y sufrimiento. ¿Cómo se va a confiar en alguien que ha estado asesinando durante tantos años? ¿cómo hacerlo en alguien que ha llegado a jugar muy sucio? La confianza va unida a la transparencia: en la medida en que uno sea más o menos transparente ayudará a generar en el otro más o menos confianza. De manera que no es el otro quien debe confiar en uno mismo, sino uno mismo quien debe ganarse la confianza del otro. Pero también es necesaria mucha confianza para que toda la sociedad sepamos que si llega el acuerdo, éste habrá sido el mejor posible y lo aplaudamos.
Seguramente me dejo cosas en el teclado (antes se decía tintero y quedaba más romántico, pero el teclado es más práctico y limpio). Y seguro, también, que habrá quien complete esta carta con sus comentarios. Así que estad atentos también a lo que se pueda añadir a esta carta.
Tenía que haber mandado también esta epístola al Olentzero, que es un tipo de la tierra y seguro que conoce más de cerca todo este asunto del que os estoy hablando. Pero se me ha echado el tiempo encima y no pude escribir la carta para el 24 de diciembre. De todas formas, por vuestra tierra tenéis también un lío de narices, así que confío en que seréis comprensivos y generosos.
Atentamente,
Roberto.
P.D.: el lector mínimamente crecidito sabe de sobra cómo funciona este asunto de los reyes magos. El único truco es la generosidad. Y no me refiero solo a la material, sino sobre todo aquel tipo de generosidad por el que podemos llegar a considerar que otra persona es más importante que nosotros mismos y hacemos lo que sea necesario para ayudarle a lograr su felicidad. Si hay generosidad, los Reyes Magos nos traerán lo que les pidamos.














