Pasos
27.01.2011 (8:31 pm)
En el momento de escribir este comentario, apenas han transcurrido 15 días desde el comunicado de ETA en el que anunciaba un alto el fuego general, permanente y verificable. Señalo la fecha, porque da la sensación de que ha transcurrido un mundo desde aquel momento, pero no es así. Es además, una sensación compartida con mucha gente con la que he hablado sobre el tema, y todos lo achacamos a lo mismo, no era el comunicado que esperábamos y eso ha enfriado muchísimo el ánimo de la ciudadanía.
No hay más que hacer un poco de memoria para darnos cuenta que esta tregua no ha generado ni el más mínimo entusiasmo popular, si la comparamos, por ejemplo, con la de la época de Lizarra.
Constatada pues, la ausencia de entusiasmo general, es evidente, que para la ciudadanía vasca, el proceso de paz está en sus más incipientes inicios, por lo que parece imprescindible que se den pasos que lo vayan consolidando, al tiempo que ganando la batalla al escepticismo.
Entre estos pasos, creo que cabe destacar tres que, además, están entrelazados entre sí, es decir, que el uno sin el otro no tendría demasiado recorrido.
La exigencia de la izquierda abertzale a que ETA desaparezca, la inscripción de la izquierda abertzale en el registro de partidos políticos como un partido legal y el inicio de los trabajos de verificación internacional de la tregua.
Aún confiando en la veracidad de la apuesta inequívoca de la izquierda abertzale por las vías exclusivamente políticas, a ese camino emprendido hace meses le falta el último sprint: la exigencia a ETA de su disolución. Más allá de las interpretaciones extensivas de la Izquierda Abertzale con respecto al comunicado de ETA, lo que es innegable, al tiempo que intolerable, es que ETA manifiesta su intención de perdurar en el tiempo.
Si la apuesta es por la política, no cabe permanecer en silencio ante la amenazante existencia de un grupo terrorista.
Ahora bien, si efectivamente, piensan presentar unos estatutos adaptados en su totalidad a la Ley de partidos, no les va a quedar más remedio que exigir esa desaparición.
Y es aquí donde viene el segundo paso para afianzar el proceso de paz y el primero a dar por el Gobierno español, la legalización de la IA.
Guste más o guste menos, se confíe más o se confíe menos, un Estado que se quiera llamar a sí mismo democrático, no puede interpretar las leyes según la conveniencia política de cada momento. Así que con la misma rotundidad con la que se han ilegalizado partidos por no adaptarse, según los tribunales a la Ley, se deben legalizar cuando sí se adaptan. Ni lectura de intenciones, ni cuarentenas, ni elementos extrajurídicos varios.
¿Qué hubiera ocurrido en la transición si a aquellos que venían de apoyar la dictadura se les hubiera aplicado la misma fórmula?
Es difícil adivinarlo, pero desde luego, la transición con sus virtudes y defectos, no hubiera sido como efectivamente fue.
Por último, resuelto el tema de la legalización y el apoyo tácito o explícito de cualquier fuerza política a ETA, resuelta la parte política, por decirlo de alguna manera, queda la parte militar. Como decía antes, tenga ETA más o menos apoyo social, su mera existencia es inaceptable, y es aquí donde entra en juego la verificación de ese alto el fuego, y el segundo paso a dar por el gobierno.
La verificación, debe ser en Euskadi, como lo fue el Irlanda, el primer paso de la desaparición de ETA, y para ello es necesaria la presencia de agentes internacionales, pero también, la implicación del propio gobierno.
Si estos tres procesos empiezan a caminar, creo que entonces sí, sustituiremos el escepticismo por esperanza.















