ETA lleva tardando en desaparecer desde su inicio. Ante esta afirmación (que yo comparto y defiendo desde que tengo conciencia de mi yo más “político”) suele haber distintos argumentos y percepciones; con mayor o menor dolor, la parte más superficial del debate trata de poner una fecha desde la cual la estrategia armada, militar y/o terrorista ya dejo de tener sentido.
Hace unas semanas asistimos a la ultima declaración de tregua. Mismas capuchas, mismos “kaikus”… A mi me fue difícil escuchar lo que decían. Sonaba a cartón piedra. Y no porque lo que dijeran no fuera importante. Seguramente porque una vez creí que “esto” (no, la vulnerabilidad de nuestro idioma, de nuestra cultura. Sí, el miedo y la amenaza como herramienta para extorsionar y doblegar) se había acabado y tuvo que ver con escuchar mensajes que llegaban en un escenario similar.
Hace unos días la izquierda abertzale dice que ya está. Le pueden dar muchas vueltas al texto, pero tiene poco recorrido. Ya está. “Label democrático” 100% para el que lo necesite y rechazo a la violencia (esto, en lo que se refiere a la amenaza de muerte a tantas personas en este país, lo necesitábamos muchísima gente).
Y además de ser una gran noticia, me suena un poco extraña… Como que resulta demasiado fácil decir cosas que hace unos días eran imposibles de pronunciar. Como si supiéramos que es muy poco probable que tenga que darse la situación en la que tuvieran que “condenar” nada. Y es una noticia importantísima y suena hueca. Ya he leído comentarios sobre el logotipo de la nueva organización política y es que hasta éste parece un poco como hecho rápido.
Yo me he explicado esta situación y la comparto en este espacio que me confían los amigos y amigas de Lokarri. Pareciera que esta situación, confiando en que realmente “esto” se acabó, es el resultado de una política dura, de doctrina Parot, ilegalizaciones sucesivas, cierres de periódicos… Quien quiera creérselo que lo haga. A mi me parece tan absurdo como pensar que ha habido un cambio de percepción y reconocimiento en el uso del euskera entre la generación de nuestros abuelos y la nuestra por la existencia de ETA.
Aquella tregua, la primera, era de verdad. Volvía a hablar la gente que nos habíamos encontrado cara contra cara en manifestaciones y contramanifestaciones. Atxaga hablaba de andar un poco sobre el suelo, como si nos hubieran quitado un peso. Ese fue el final de los argumentos que sostenían a ETA.
Sí, “‘esto’ se acaba” tuvo que ver con aquella sensación de levitar, de sentirse más livianos. Y esta sensación era compartida por todas las personas. Y yo recuerdo que de manera importante por las personas simpatizantes de la izquierda abertzale.
No quiero hacer piruetas literarias. Sé que desde aquella tregua a hoy el dolor ha continuado rompiendo vidas. Y esa rabia ha ido creciendo en vez de apagarse.
Para mi es importante recordar que esta situación, o la futura, es más fruto de la desconexión, de la absoluta imbecibilidad cruel de la lucha armada aquí y ahora, la fuerza de la distensión de aquellos meses, que de otras batallas que en algún momento yo he llegado a pensar que eran parte de un ejercicio de echar más leña al fuego.
Yo quiero contribuir, desde mi lugar, a construir un lugar dónde la gente podamos andar, respirar y conversar más liviano. Respetando el dolor, sin saltos imposibles, conscientes de las dificultades… y siempre buscando dejar el peso que nos hunde en un lugar diferente a nuestras espaldas.
Suerte y constancia. Tenemos mucho trabajo por delante.