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La construcción de la hegemonía

30.05.2011 (9:17 am)

Francisco Letamendia, profesor de la UPV-EHU
Paco Letamendia, profesor de la UPV-EHU

El acceso a la hegemonía de la izquierda abertzale pasada la página de ETA o a punto de pasarla ha dejado de ser una cuestión teórica para plantearse en el terreno práctico.

Conviene pues reflexionar sobre la hegemonía. Esta no consiste en la suma de votos, sino en un cierto liderazgo intelectual y moral. No significa imposición, sino capacidad de persuasión sobre ideas y proyectos en la sociedad en su conjunto, incluyendo a quienes defienden intereses y proyectos contrarios: proceso erizado de dificultades que excluye toda autocomplacencia.

Describiré pues los pasos a dar para construir la hegemonía, con la heterodoxia consciente de quien, aunque simpatiza con los proyectos de Bildu y Sortu, no forma parte de ninguna de sus estructuras orgánicas.

Izquierda abertzale, Aralar, Nafarroa: La fórmula feliz de Bildu amplía en el plano simbólico los dos elementos de la izquierda abertzale: el elemento abertzale a través de Eusko Alkartasuna, el de izquierda con Alternativa. Pero queda por reconstruir el tronco central de la izquierda abertale; lo que exige resolver el tema de Aralar, y finalmente, el de la política vasca en Nafarroa.

Tras los pobres resultados de Aralar en la Comunidad Autónoma hay quien juzgará innecesaria tal operación. Pero la hegemonía no es un tema de suma de votos, sino de convergencia de entidades. La fórmula organizativa que se elija para la reconstrucción es lo de menos; lo que importa es el proceso y la imagen de unidad.

Pero en este tema hay factores que van más allá de lo simbólico y que afectan a temas tan centrales como es la dimensión territorial de la política vasca. El problema de Aralar es el problema navarro. Si no se aborda esta cuestión por sectarismos recíprocos, podemos asistir a la bifurcación de dos abertzalismos, uno vascongado bildutarra y otro navarro aralarizado y nabaitarra. ¿Puede ser oportuna la presencia de dos fuerzas abertzales en el territorio navarro, repartiéndose distintas clientelas y alianzas? Tal vez; siempre que sea de común acuerdo, sin luchas fratricidas y con una estrategia previamente acordada.

Sortu: la izquierda abertzale, y ésta es una cuestión de simple democracia, precisa el pleno acceso a los derechos civiles y políticos de quienes son sus dirigentes ilegalizados. Pero también lo precisan los españoles: aquellos están liderando el movimiento hacia la solución democrática, y como todo el mundo sabe, su presencia es imprescindible para pasar definitivamente la página de ETA. Todos los procesos políticos de calado han tenido por otra parte un interlocutor central; la permanencia en la cárcel Arnaldo Otegi es hoy un escándalo surrealista y sangrante.

PNV: Como la acción armada ha dejado de ser como un elemento de la acumulación de fuerzas (fue siempre así en la práctica, y ahora lo es en el discurso), la acumulación sólo puede extenderse en la dirección del nacionalismo vasco en su conjunto, como un pacto o programa común entre las dos familias, PNV e izquierda abertzale. Es esto lo que ocurrido en procesos de liberación nacional como el de Irlanda del Norte, en forma de acuerdo SDLP-Sinn Fein. Lo que supone finalmente dos procesos de construcción de la hegemonía: el del nacionalismo vasco en su conjunto, y el de cada una de las familias, siendo pues compatible con la competencia entre sí de estas para conseguirla. Leer toda la entrada

Cine-Forum en Bilbao: Barrainkua reflexionando acerca del proceso de la paz y sus facilitadores

24.05.2011 (8:46 am)

Marion Zapata
Marion Zapata

Las calles rebosan de gente paseando, y yo sigo corriendo con mi plano arrugado. Ando con retraso. Hoy proyectan el documental dirigido por Gorka Espiau «Pluja seca  (Lluvia seca), traducido del catalán al castellano. Me meto finalmente en la puerta de la casa de cultura Barrainkua. El aula ya está oscura y llena, el documental acaba de empezar.

“En Irlanda, se llama lluvia seca a las gotas de agua que se evaporan antes de llegar a calar. Apenas es perceptible. Sientes que te toca y desaparece sin dejar huella. En esto consiste la mediación.” Esta frase de apertura da el tono al resto del documental. El papel de los mediadores y facilitadores resulta tan discreto como imprescindible. Los testimonios de constructores de paz y políticos se enlazan, y reconstituyen el proceso desde su nacimiento en las mentes de los que ya no soportaban la situación en la que se encontraba Euskal Herria. Fijados en la pantalla del retroproyector, hombres y mujeres escuchan con atención, quietos, excepto durante las intervenciones del representante del PP, que provocan algunas risas sarcásticas…

El documental se cierra con una canción vasca, mezcla de melancolía y esperanza. Se encienden las luces, y empieza finalmente el debate con la presencia de Paul Ríos, Coordinador general de Lokarri, e Igor Filibi, profesor de Relaciones Internacionales y de Política Exterior en la UPV /EHU.

Se agradece casi sistemáticamente la organización de tal proyección mientras el público toma la palabra, cuestiona a los intervinientes y comparte sus opiniones. ¿Cómo la intervención de mediadores que actuaron en conflictos tales como el de Sudáfrica o  Irlanda podría ser pertinente en un conflicto tan específico y local como el de Euskal Herria? Paul Ríos insiste en la ayuda crucial de unos facilitadores internacionales para insertar el conflicto en un enfoque más amplio. Subraya que el alto al fuego de ETA se dirigió a la Comunidad Internacional, lo que cambia de manera decisiva la relación de fuerzas. Para Igor Filibi, se trata del mismo sufrimiento social, de la misma fractura, aunque las proporciones, obviamente, no son iguales. ¿El conflicto vasco podría ser un “conflicto de ricos”? No se experimenta un clima de guerra cotidiano, las preocupaciones resultan casi metafísicas. Pero las reivindicaciones políticas se han ido expresando en la violencia.

La ambigüedad del papel del Estado en el proceso de paz en Euskal Herria sigue levantando interrogantes. Paul Ríos destaca la importancia de llegar a un acuerdo fijo antes de un eventual cambio de gobierno, imaginando una probable política más rígida por parte del PP frente al tema del conflicto vasco. “Para mí, el PP, el PSOE… es exactamente igual. Actúan de la misma manera, nos ponen trabas” declara un señor desde la tercera fila. Aún oigo en la fila de delante de mí otro cuchicheándole a su vecino y dejando escapar una risa: “¿Tú te imaginas otros cuatro años con Zapatero?”. Se sigue constatando lasitud e indignación en algunas miradas del público, mientras otros quieren, como Paul e Igor, coger el tren en marcha y creer en la nueva ocasión de una posible resolución del conflicto.

“Gandhi era un pacifista, pero ante todo, era un nacionalista convencido. Y no eligió el pacifismo por pura estrategia, sino porque sabía que solo así podría alcanzar su meta” observa Igor Filibi. Se trata de suprimir la estigmatización que sufre cada “bando” del conflicto para reconstruir una paz sostenible.

El tema de los presos queda más que vigente en las preguntas y observaciones, y sigue provocando sufrimiento. Muy poco exprimido en los medios de comunicación, queda como un espectro ensombreciendo al proceso de paz. Surge también el tema de la reinserción de esos presos, saliendo de la cárcel a menudo treinta o cuarenta años después. ¿Cómo reinsertar a personas que crecieron en la violencia callejera, y con qué dinero? Los intervinientes aluden claramente a la Unión Europea. Las preguntas se multiplican, y la gente va demostrando sus ganas de entender el proceso de paz desde el interior. Un hombre, en el fondo del aula, aún pide con firmeza y emoción la redacción de una nueva constitución elaborada, esta vez, con la participación de todo el pueblo vasco.

Las preguntas y respuestas de este cine-forum de Bilbao en reacción a la proyección del documental “Pluja Seca” suscitan problemáticas que están presentes en la mente de todos, y va a seguir fomentando el diálogo y la búsqueda de soluciones comunes. La próxima proyección tendrá lugar el jueves 2 de junio en Pamplona, y después llegará a otras localidades como Hernani, Irun y Getxo, donde será tanto o más enriquecedor y necesario que el precedente. Sin duda alguna.

Un nuevo período histórico

16.05.2011 (10:29 am)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

Bueno, pues se acabó. Desde la medianoche del jueves de la semana pasada con la legalización de Bildu por el Tribunal Constitucional, se abre una nueva fase política en nuestro país. Un nuevo período histórico. Ya sé que suena muy contundente, muy tremendo. Pero, sin exagerar, creo que es bastante cierto.

Hagamos un ejercicio de memoria y preguntémonos cómo hemos estado durante al menos los últimos 30 años, representando la política. Permanentemente, a través del marco de la violencia. Lo que percibíamos -o lo que decidieron que debíamos percibir- era que la política en su dimensión más espectacular era, no quizás prioritariamente, pero sí sistemáticamente, lo que ocurría en relación con la violencia. Lo que hacía ETA, lo que hacían lo políticos en relación con ETA. Las decisiones políticas que se proponían o tomaban (algunas especialmente relevantes) estaban marcadas u orientadas por la violencia de ETA. Sin duda, desde el inicio de los 2.000s esa dependencia, objetivamente, desapareció. Pero medios y políticos seguían persistiendo en transmitir esa imagen. La violencia de ETA marcó nuestras vivencias -nuestras opiniones- políticas cotidianas. La existencia de ETA “contaminó” (ahora sí resulta real esa expresión) nuestra visión y nuestras preferencias políticas. Y en muchos casos, sobre todo reactivamente, nuestra acción política.

En los últimos años un nuevo acontecimiento conectado, al menos en origen, a la violencia de ETA refuerza esa dependencia en nuestra mirada y actitud frente a la política. La ilegalizacion de la Izquierda Abertzale introduce, además, la dimensión demócratica en ese escenario marcado por la violencia, reforzando su politización. Ello con la percepción social de que con la ilegalización se estaban vulnerando determinadas pero esenciales exigencias democráticas. En los últimos años la violencia todavía influía en los marcos de comprensión, interpretación y posicionamientos políticos ciudadanos, y al mismo tiempo la exclusión política de una significativa parte de la población generaba desasosiego democrático. Nos representaba el quehacer político -o sin más, la política- como seriamente herida en su flanco democrático.

Bueno, pues todo eso se acabó.

Entramos en una nueva fase donde ETA ha dejado de ser un acontecimiento político. Los partidos e instituciones políticas propondrán y tomarán decisiones políticas, sin conexión ni referencia -ni siquiera retórica- alguna, respecto a la violencia de ETA. Y por supuesto, todos lo partidos y organizaciones políticos entrarán en el juego electoral y la acción política pública. En síntesis, de ahora en adelante cuando se hable de política, solo se hablará y discutirá de cómo gestionar mas adecuadamente, o más útilmente, o también para algunos, más justamente, los intereses colectivos de nuestra comunidad nacional.

Supongo que he exagerado un poco. El corte, la ruptura, no es, por supuesto, ”limpia”. Vamos a seguir viviendo las consecuencias de los sucesos del pasado y el futuro nos plantea retos provenientes de ese mismo pasado.

En primer lugar, queda pendiente el proceso de desaparición de ETA como organización armada y el conectado asunto de la pacífica reincorporación de sus presos y militantes a la sociedad. No parece nada probable que una no solución o mala solución de este asunto provoque una involución, una vuelta al viejo escenario. Pero obvias exigencias de justicia obligan a impulsar la solución del tema.

Un asunto pendiente de mas envergadura es el que hace referencia a la cuestión de la reconciliación y convivencia. Por el momento quizás se puedan apuntar algunas exigencias mínimas. Mas allá de los procesos de reconciliación locales, aquellos en que específicos grupos de víctimas y victimarios tratan de lograr momentos de reconciliación, la sociedad vasca en su conjunto debería lograr un actitud general en la relación con el otro, basada en el reconocimiento y tolerancia, en la que quedase constitutivamente excluida el uso de la violencia y la amenaza de la misma. Para ello parece necesario que, también de forma generalizada, surgiese un declaración compartida -sobre todo de ETA y quienes en mayor o menor medida la apoyaron, pero también del Estado- en al que se reconozca la injusticia del dolor causado y el compromiso de no volver al andadas.

Desde la perspectiva de lo retos políticos, no hay que dejarse deslumbrar por el asunto de la legalización. Esta, sin duda, supone una recuperación de un importante derecho democrático. Pero con o sin legalización, la democracia en Euskadi sigue teniendo muchas insuficiencias y vulneraciones de derechos humanos, como la tortura por ejemplo. Y sigue sin concederse el ejercicio del derecho democrático a decidir sobre si queremos (o no) un nuevo y sustancialmente no dependiente marco de autogobierno. O sea que, al loro.

Y para acabar sería bueno reflexionar sobre cómo el circo de las sentencias judiciales, jaleado por medios y políticos miserables, ha incrementado -más bien impulsado- en Euskadi la cultura política de lo que podríamos llamar el independentismo republicano. Pero eso es otra historia.

La controversia en torno a Sortu y Bildu

12.05.2011 (9:28 am)

Iñigo Lamarca, Arartekoa/Ararteko
Iñigo Lamarca, Ararteko

La publicación del artículo “Tiempos históricos” en diversos medios escritos (se mandó a todos los que se editan en la CAPV o tienen ediciones específicas para Euskadi), artículo en el que abogábamos, en base a un razonamiento jurídico ligado a la defensa de los derechos fundamentales en juego, por la legalización de Sortu, marcó claramente la posición institucional del Ararteko en una materia controvertida y sensible. Si bien el cometido principal de la oficina que dirijo es atender y analizar las quejas y las consultas que nos plantean los ciudadanos y ciudadanas, ello opera, según reza nuestra ley reguladora, en el amplio marco de la defensa de los derechos reconocidos en el título I de la Constitución en calidad de alto comisionado del Parlamento Vasco, lo cual implica la realización de actuaciones que sirvan a la referida finalidad.

La decisión de una amplia mayoría del sector social identificado con los postulados políticos de Batasuna de generar una nueva dinámica socio-política que fuese incompatible con la violencia de ETA (decisión que se materializó en el documento ‘Zutik Euskal Herria’ que fue aprobado tras un arduo debate) se tradujo en la solemne declaración que los dirigentes de la mencionada formación política Rufi Etxeberria e Iñigo Iruin hicieron en el palacio Euskalduna el pasado 7 de febrero. Posteriormente, se presentó una nueva formación política, Sortu, llamada a sustituir a Batasuna, formación que, tanto en las manifestaciones públicas de sus representantes como en las disposiciones de sus Estatutos, expresaba su rechazo a la violencia de ETA. Este hecho de enorme significado y trascendencia histórica no podía ser obviado por el Ararteko que, en múltiples ocasiones se había manifestado radicalmente en contra de la organización terrorista por razones éticas basadas en el respeto a los derechos humanos. Lo que durante tanto tiempo habíamos anhelado estaba ocurriendo: el sector social que había alimentado la existencia y persistencia de ETA abogada por su desaparición. Es cierto que la citada organización, que tanto horror y vulneración de derechos ha ocasionado, aún no ha desaparecido pero no es menos cierto que sus días muy probablemente están contados en tanto en cuanto su base social la rechace. No me corresponde analizar o especular sobre las razones que han impulsado a la izquierda abertzale tradicional a adoptar tal histórica decisión. Lo importante es que, a tenor de numerosas declaraciones y pronunciamientos, la decisión parece que es definitiva e irreversible, y ello puede contribuir decisivamente a que un nuevo tiempo histórico se abra paso en Euskadi.

Un nuevo tiempo histórico en el que la aplicación de la Ley de Partidos, al albur de las nuevas circunstancias, debería conducir a la legalización de Sortu (como lo sostuvo una minoría muy significativa de la Sala competente del Tribunal Supremo) y a permitir la concurrencia de la coalición Bildu a las elecciones, como al final determinó el Tribunal Constitucional.

En el nuevo escenario que se está gestando a trancas y barrancas hay elementos que pueden contribuir a que avancen decisivamente la paz y el respeto a los valores, principios y derechos democráticos, pero también se avizoran no pocas dificultades y obstáculos. En el nuevo escenario histórico tienen que estar muy presentes los derechos a la verdad, memoria, justicia, reconocimiento y reparación de las víctimas del terrorismo, de ETA y de los demás grupos terroristas que han operado en Euskadi. También los de las otras víctimas de excesos policiales, torturas etc. habidas, según expresión del propio Parlamento Vasco, en un contexto de motivación política. Los grupos que componen el Legislativo de Euskadi han hecho un magnífico trabajo creando, de manera consensuada, disposiciones legales y herramientas de políticas públicas que resultarán tremendamente útiles para avanzar en el nuevo escenario. En todo caso, los valores éticos de respeto a los derechos fundamentales de la persona deberán ser el cemento necesario para construir una nueva Euskadi asentada en los cimientos de la paz, la diversidad, la justicia y la memoria de las terribles vulneraciones de derechos y sus víctimas, donde todas y cada una de las personas que integran la sociedad vasca encuentren un lugar digno y equitativo en la misma.

Curso sobre paz, conflictos y convivencia. Pamplona, 11, 12 y 13 de mayo

05.05.2011 (12:22 pm)

Organizado por la Cátedra UNESCO de “Ciudadanía, Convivencia y Pluralismo” de la Universidad Pública de Navarra, los días 11, 12 y 13 de mayo tendrá lugar en Pamplona, en el Aula Fernando Remacha del Edificio El Sario de la Universidad Pública de Navarra, el curso “Paz, conflictos y convivencia”.

Con un interesante programa de seminarios y conferencias de carácter abierto, a través del curso se busca hacer una reflexión fundamental sobre la Paz, los Conflictos y la Convivencia de la mano de relevantes personalidades e instituciones que trabajan estos temas en un momento esperanzador y, a la vez, de enorme responsabilidad para lograr entre todos y todas una justicia y paz duraderas y una convivencia reconciliada. El objetivo de los organizadores es que “esta reflexión sea operativa y sirva para afrontar los problemas que tenemos actualmente, los de todos y los que derivan de nuestra específica implicación en los efectos de la violencia por motivos políticos”.

El curso se estructurará en tres áreas temáticas:

I. PERSPECTIVA HISTÓRICA Y CONCEPTOS. Imperativos y amenazas de la Paz.

En esta área se desarrollan las claves fundamentales de una cultura de la paz desde perspectivas históricas, filosóficas y socio-políticas.

II. PAZ Y CONFLICTOS. Quiebras de la convivencia y resolución de conflictos.

En ella se contempla cómo abordar los conflictos, especialmente los generados en nuestra sociedad desigual, diversa y plural. Todo ello desde una filosofía, metodología y técnicas para un abordaje positivo, ético y constructivo de los conflictos.

III. MIRADAS DE PAZ. Consecuencias de la violencia en víctimas y victimarios.

El área se centra en las consecuencias de la violencia en las víctimas y victimarios, desde la cultura de la paz. Verdad y memoria, justicia y reparación, normalización y reconciliación vienen a constituir clave y tónica fundamentales de aquellas miradas.

Las jornadas se apoyarán en los trabajos que las Cátedras, Escuelas, Seminarios y Fundaciones para la Paz de nuestro entorno realizan y que serán presentados a lo largo los tres días. Entre otros, participarán ponentes como Paul Ríos (Coordinador de Lokarri), Jonan Fernández (Director de Baketik), Javier Alcalde (Gesto por la paz), Iñaki Arzoz (Artamugarriak), Carlos Taibo (Profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid), Josep Ramoneda (Director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), Carles Vidal (Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona en el Programa de Educación de la Escuela de Cultura de Paz), Carmen Magallón (Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz), Vicente Martínez Guzmán (Director Honorífico de la Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz), Manuela Mesa (Directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ) -de la Fundación Cultura de Paz-,  Esther Erice (Presidenta de la Audiencia Provincial de Navarra Medidas penales alternativas y política criminal), Manuel Dios (Director del “Seminario Galego de Educación para a Paz) Kristian Herbolzheimer (Director de los Programas Colombia y Filipinas de Conciliation Resources).

Hagamos presente el futuro

03.05.2011 (1:33 pm)

Bakeaorain
Bakeaorain

Hoy todavía se agolpan sentimientos de rabia e impotencia al ver lo mal que se está gestionando esta oportunidad sin precedentes para lograr una paz duradera en Euskadi. Voy a intentar ordenarlos apoyándome en citas que resumen de alguna manera este sentir. Y es que resuenan palabras y frases de políticos que desgraciadamente distan mucho de los hechos que los acompañan:

La política tiene que ser pedagogía y tiene que ser liderazgo. En parte es hacer presente el futuro, y para eso hay que tener una visión de futuro”, Javier Solana.

La paz no tiene precio político pero la política puede hacer mucho para alcanzar la paz”. Esta es de José Luis Rodríguez Zapatero, ni más ni menos.

Acabo con una cita de Keynes de su obra maestra, las consecuencias económicas de la paz, escrita en 1919 y donde refleja su discrepancia por el Tratado de Versalles que ponía fin a la Primera Guerra Mundial pero que encerraba a su vez el germen de la Segunda, dada la sed de venganza y la humillación a la que se sometió a Alemania. Dice así: “Hay pocos episodios en la Historia, que la posteridad tenga menos motivo para perdonar: una guerra emprendida en defensa de la santidad de los compromisos internacionales, y que acaba con la infracción, por parte de uno de los campeones victoriosos, del más sagrado de esos compromisos”. Basta con cambiar el término “internacionales” por “democráticos” y la cita podría ser tristemente válida para el caso que nos ocupa.

Parece por lo tanto que la paz es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los políticos. Sus cálculos electorales relegan la ética exigible a un segundo plano. La hipocresía y cinismo forman parte de la cultura política. No podemos dejar por lo tanto que esta forma de actuar arruine este momento. Necesitamos pensar la política en mayúsculas, esa que requiere de grandes líderes que hoy brillan por su ausencia. Huérfanos como estamos, no podemos resignarnos a la mediocridad, no nos lo merecemos y en nuestras manos está cambiar las cosas.

No se trata en cualquier caso de caer en la provocación o en el victimismo. Aprendamos a ser prácticos, abramos los ojos, seamos menos dogmáticos y tengamos cintura para driblar al rival. En el rugby, mi deporte, a veces te tienes que sacrificar como jugador, fijar al rival, dar el pase y aguantar el placaje para que el compañero al que le has pasado el balón ensaye. Si el rival quiere atascar el juego porque su delantera es más fuerte, hay que mostrar agilidad para desplegar el juego “hasta el ala”. El 22 de mayo, con los jugadores que el árbitro haya dejado en el terreno de juego, tenemos que ensayar a favor del derecho a decidir, del respeto a todos los derechos fundamentales como clamor para lograr la paz y la normalización política. Simplemente recordemos la frase de Javier Solana de más arriba, “La política tiene que ser pedagogía y tiene que ser liderazgo. En parte es hacer presente el futuro, y para eso hay que tener una visión de futuro”. Y mi visión de futuro es una Euskadi en paz y que decide por sí misma, sin imposiciones ni impedimentos, su papel en esta aldea global. Pues eso, hagamos presente el futuro.