Ya pasó el Día Escolar por la Paz, el que celebramos cada 30 de Enero, en el aniversario de la muerte violenta de Gandhi, en 1948, el mismo año en el que se aprobaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquella que consagra la dignidad de las personas por encima de todas las cosas, un código de aspiraciones y deseos para la humanidad entera, muy violentados, en muchas partes del mundo, y no tan lejos.
El Seminario Galego de Educación para a Paz viene promoviendo esta efeméride ecopacifista desde 1985, ininterrumpidamente, de manera persistente, en los colegios e institutos de Galicia. Y la fecha, con sus actividades, se ha consolidado. Hoy son excepción los centros educativos gallegos que no desarrollan iniciativas relacionadas con la paz y la convivencia.
En esta ocasión hemos centrado nuestras propuestas en el aprendizaje de la democracia en la escuela junto con una buena guía de recursos didácticos a disposición del profesorado en la web: www.sgep.org. Y una magnífica idea para trabajar con el alumnado, especialmente, en la educación infantil y la primaria, la campaña internacional conocida como Paraguas por la Paz. Ha sido seguida con entusiasmo, en las clases
de plástica, para decorar paraguas y luego exponerlos por el colegio o marchar con ellos por el recinto y el patio a modo de petición pacífica.
Dos actos han centrado, a modo de broche final, la campaña. Uno, por la mañana, en la Casa de Rosalía de Castro, en Padrón, en el Museo a la máxima representante de nuestras letras y de nuestra identidad, uniendo su figura a la de Gandhi y los deseos de paz, como lo hemos venido haciendo en los últimos 7 años, con la colaboración de la Fundación Rosalía de Castro y de su presidenta, Helena Villar Janeiro. El alumnado de las escuelas unitarias, de 3 a 5 años, y el del Instituto Camilo José Cela, junto con el IES Xelmírez II de Santiago de Compostela, con la Asociación Ámbar, de Riveira, han llenado de color y alegría el auditorio del Museo, y han paseado por la Huerta de la Paz, con sus paraguas de colores, y sus peticiones, y sus deseos, de paz y de concordia.
Por la tarde, en el Auditorio de la Ciudad de la Cultura de Galicia, en Santiago, se celebró la ceremonia de entrega del Premio Portapaz 2011 a Paul Ríos, portavoz de Lokarri, la red ciudadana vasca por la reconciliación y la paz. Desde media hora antes de iniciarse el acto ya se escuchaba el revuelo de los niños y las niñas de los colegios de Vite II, del López Ferreiro y de Fontiñas. Los paraguas decorados adornaban el hall de entrada al Auditorio, y el escenario, venidos de todos los lugares, desde Xinzo de Limia, en Ourense, por citar un ejemplo.
El Auditorio no fue capaz de albergar a tanto alumnado y padres y madres. Mucha gente de pié para escuchar al alumnado del IES Antón Fraguas tocar y cantar. Estupenda actuación. Y a los chavales subir al escenario a mostrar sus paraguas, y a leer poemas, y a cantar, y a representar… alegría a manos llenas, y trabajo, mucho trabajo detrás. Cámaras de fotos por todas partes, padres y madres con ojos como platos, como los de sus hijos.
Representación institucional, el concejal de educación Angel Currás, la diputada del BNG, Carme Adán, el diputado del PSOE, Xoaquín Fernández Leiceaga, y profesorado, y voluntariado…
Y llegó el momento de Paúl Ríos. Presentado con mucho cariño por quien esto suscribe, no a la manera tradicional, el currículum al uso, no, sino destacando, sobre todo, sus cualidades humanas, el insistencialismo, la humildad, su modestia, su papel y el de Lokarri en la búsqueda de la paz en Euskadi, no de ahora, de tiempo, en los peores momentos del plomo. En la organización de la Conferencia de Aiete, en San Sebastián, si, la que dio paso al final de las acciones armadas de ETA, probablemente, la mejor noticia del 2011.
Habló de Euskadi, de cómo los mejores sueños se consiguen haciendo, del privilegio de haber contribuído a la paz, al entendimiento, a la concordia, con la fuerza de la palabra, sin protagonismo, facilitando, favoreciendo, animando, con la fuerza de la persuasión de un hombre joven, en apariencia débil.
Y le entregamos en Premio Portapaz, una bellísima paloma de Sargadelos, y nos abrazamos, sentidamente, como corresponde a los buenos amigos, a esos que se hacen, en pié de paz, en son de paz.
Y la música puso el final. Xoan Curiel cantó para Paul y para el público, y hubo aplausos, y coros, parecía como que pronto íbamos a celebrar la paz de todos los días.
Y nos fuimos a cenar, con Paúl Ríos, contento y relajado ya, y pudo contar, con su discreción, algunas cosas que no contara antes, y nos despedimos, con otro gran abrazo, hasta más ver, haciendo caminos de paz, aquí o en cualquier lugar.
Felicidades y mucho ánimo.