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Encontrar el camino

03.02.2012 (10:35 am)

Ana Elvira, Lokarri
Ana Elvira, Lokarri

No te quedes inmóvil al borde del camino” (Mario Benedetti)

El próximo 11 de febrero, Lokarri celebrará una asamblea para definir las bases de su trabajo en los próximos meses. El balance de lo realizado hasta ahora es muy positivo: especialmente,  guardamos el recuerdo emocionado de la organización de la Conferencia Internacional de Aiete, calificada de oportunidad y privilegio en la ponencia para el debate y muestra del reconocimiento del trabajo de la sociedad civil.

Desde la declaración de cese de la violencia de ETA hemos pedido a las instituciones, partidos políticos y agentes sociales que hagan un esfuerzo de reflexión para adecuar sus estrategias por la paz a la nueva situación. Y ahora es el turno de Lokarri: para ello, tras analizar las oportunidades para avanzar en el proceso de paz, entendemos que el principal riesgo reside en la posibilidad de que el Gobierno no haga ningún movimiento significativo. En ese caso, se puede generar una sensación de bloqueo del proceso de paz.

Y es una prioridad evitarlo. No podemos esperar: debemos encontrar el camino.

Si las instituciones, los partidos políticos, los agentes sociales y el conjunto de la ciudadanía somos capaces de consensuar una hoja de ruta estaremos dando un impulso decisivo en la consolidación de la paz. Y es ahí donde debemos centrar nuestros esfuerzos. En los próximos meses Lokarri presentará propuestas e iniciativas sociales para crear foros de diálogo donde se gestionen los distintos retos que presenta la consolidación de la paz.

Como sociedad, somos protagonistas de este proceso para articular la convivencia y somos responsables de aprovechar las oportunidades. Encontraremos el camino.

Paul Ríos, premio Portapaz

01.02.2012 (10:11 am)

Manuel Dios
Manuel Dios Seminario Galego de Educación para a paz

Ya pasó el Día Escolar por la Paz, el que celebramos cada 30 de Enero, en el aniversario de la muerte violenta de Gandhi, en 1948, el mismo año en el que se aprobaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquella que consagra la dignidad de las personas por encima de todas las cosas, un código de aspiraciones y deseos para la humanidad entera, muy violentados, en muchas partes del mundo, y no tan lejos.

El Seminario Galego de Educación para a Paz viene promoviendo esta efeméride ecopacifista desde 1985, ininterrumpidamente, de manera persistente, en los colegios e institutos de Galicia. Y la fecha, con sus actividades, se ha consolidado. Hoy son excepción los centros educativos gallegos que no desarrollan iniciativas relacionadas con la paz y la convivencia.

En esta ocasión hemos centrado nuestras propuestas en el aprendizaje de la democracia en la escuela junto con una buena guía de recursos didácticos a disposición del profesorado en la web: www.sgep.org. Y una magnífica idea para trabajar con el alumnado, especialmente, en la educación infantil y la primaria, la campaña internacional conocida como Paraguas por la Paz. Ha sido seguida con entusiasmo, en las clases de plástica, para decorar paraguas y luego exponerlos por el colegio o marchar con ellos por el recinto y el patio a modo de petición pacífica.

Dos actos han centrado, a modo de broche final, la campaña. Uno, por la mañana, en la Casa de Rosalía de Castro, en Padrón, en el Museo a la máxima representante de nuestras letras y de nuestra identidad, uniendo su figura a la de Gandhi y los deseos de paz, como lo hemos venido haciendo en los últimos 7 años, con la colaboración de la Fundación Rosalía de Castro y de su presidenta, Helena Villar Janeiro. El alumnado de las escuelas unitarias, de 3 a 5 años, y el del Instituto Camilo José Cela, junto con el IES Xelmírez II de Santiago de Compostela, con la Asociación Ámbar, de Riveira, han llenado de color y alegría el auditorio del Museo, y han paseado por la Huerta de la Paz, con sus paraguas de colores, y sus peticiones, y sus deseos, de paz y de concordia.

Por la tarde, en el Auditorio de la Ciudad de la Cultura de Galicia, en Santiago, se celebró la ceremonia de entrega del Premio Portapaz 2011 a Paul Ríos, portavoz de Lokarri, la red ciudadana vasca por la reconciliación y la paz. Desde media hora antes de iniciarse el acto ya se escuchaba el revuelo de los niños y las niñas de los colegios de Vite II, del López Ferreiro y de Fontiñas. Los paraguas decorados adornaban el hall de entrada al Auditorio, y el escenario, venidos de todos los lugares, desde Xinzo de Limia, en Ourense, por citar un ejemplo.

El Auditorio no fue capaz de albergar a tanto alumnado y padres y madres. Mucha gente de pié para escuchar al alumnado del IES Antón Fraguas tocar y cantar. Estupenda actuación. Y a los chavales subir al escenario a mostrar sus paraguas, y a leer poemas, y a cantar, y a representar… alegría a manos llenas, y trabajo, mucho trabajo detrás. Cámaras de fotos por todas partes, padres y madres con ojos como platos, como los de sus hijos.

Representación institucional, el concejal de educación Angel Currás, la diputada del BNG, Carme Adán, el diputado del PSOE, Xoaquín Fernández Leiceaga, y profesorado, y voluntariado…

Y llegó el momento de Paúl Ríos. Presentado con mucho cariño por quien esto suscribe, no a la manera tradicional, el currículum al uso, no, sino destacando, sobre todo, sus cualidades humanas, el insistencialismo, la humildad, su modestia, su papel y el de Lokarri en la búsqueda de la paz en Euskadi, no de ahora, de tiempo, en los peores momentos del plomo. En la organización de la Conferencia de Aiete, en San Sebastián, si, la que dio paso al final de las acciones armadas de ETA, probablemente, la mejor noticia del 2011.

Habló de Euskadi, de cómo los mejores sueños se consiguen haciendo, del privilegio de haber contribuído a la paz, al entendimiento, a la concordia, con la fuerza de la palabra, sin protagonismo, facilitando, favoreciendo, animando, con la fuerza de la persuasión de un hombre joven, en apariencia débil.

Y le entregamos en Premio Portapaz, una bellísima paloma de Sargadelos, y nos abrazamos, sentidamente, como corresponde a los buenos amigos, a esos que se hacen, en pié de paz, en son de paz.

Y la música puso el final. Xoan Curiel cantó para Paul y para el público, y hubo aplausos, y coros, parecía como que pronto íbamos a celebrar la paz de todos los días.

Y nos fuimos a cenar, con Paúl Ríos, contento y relajado ya, y pudo contar, con su discreción, algunas cosas que no contara antes, y nos despedimos, con otro gran abrazo, hasta más ver, haciendo caminos de paz, aquí o en cualquier lugar.

Felicidades y mucho ánimo.

Reconstruir el tejido social

15.12.2011 (9:43 am)

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de víctimas y reconstrucción del tejido social

-¿Para qué tocar las heridas?
Alguien le responde:
-Para qué va a ser, para curarlas.
Y la mujer añade:
-¿Pero quién se atreve?
Diálogo, en El Silencio Roto.

Para hablar de la reconstrucción del tejido social, la primera cuestión es tomar en cuenta dos puntos de partida: cuáles han sido esas heridas, y cuáles los mecanismos que las han hecho posibles. Las heridas tienen que ver con el impacto del dolor y el sufrimiento. El dolor no puede repararse pero sí reconocerse. Y para ello hay que superar las fracturas de la sensibilidad, las que han llevado a memorias defensivas que justifican el dolor del otro por el sufrimiento propio o invisibilizan el impacto de ciertas violaciones de derechos humanos. Se necesita cruzar al otro lado, y superar las fronteras de la empatía. Dejar de utilizar el dolor para justificar la violencia por un lado, o para evitar confrontarse con cómo se ha usado la tortura por poner dos ejemplos. En palabras de Ignatieff, sin apología, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Sobre todas estas cosas se tiene que decir la verdad. Para retomar esa vieja esperanza que describe John Berger: quizá si le damos nombre a todo lo intolerable, de esa conciencia surja una acción compartida.

Igualar este reconocimiento moral del sufrimiento, y la crítica a las violaciones de derechos humanos, puede ayudar a generar una conciencia común. Y eso no significa igualar los mecanismos de victimización. Sobre esas cosas llevar todo a las divisiones ideológicas pueden seguir poniéndonos en diferentes lados. Hay que centrarse en el lado humano de la experiencia, individual y colectiva, que es donde podemos reconocernos en los otros como iguales. Para ello hay que superar también otras fronteras, las del lenguaje. Demasiadas veces el lenguaje se ha utilizado como arma arrojadiza para justificar acciones (“por la democracia”, “a consecuencia del conflicto”) en lugar de para llegar a consensos básicos sobre la defensa de la vida.

La utilización política o la focalización mediática han estado presentes en este país más que en cualquier otro. En muchas situaciones de violencia la mentira sustituye a la ética. Lo que se considera bueno o malo se juzga en función de quién lo dice o de nuestros objetivos. Por ejemplo, la política que se necesita para con las víctimas es la del reconocimiento y la reparación, no la de la politización de utilizarlas como estandarte. Para ello también hay que dejar atrás el miedo, de lo que no se puede decir o hacer porque nunca es “el momento”. El miedo a expresar la diferencia, la crítica, el desacuerdo. Como Virginia Wolf en sus reflexiones sobre el feminismo contra la guerra, creo que la extrañeza es un valor en estos procesos. No reconocernos en la coacción o la mentira. No dejarnos meter en los tópicos. Atrevernos a salir del marco del grupo de referencia o de lo que se considera políticamente correcto. O de la retórica de la impotencia porque en nuestro país todo parece muy complejo. También aferrarse a las cosas que han dado cohesión a la sociedad vasca, las relaciones familiares y comunitarias aun en un contexto tan politizado. Un recurso positivo puede ser visibilizar las experiencias positivas locales, tanto de convivencia política como social, para evitar la sobrerrepresentación negativa y ejercer un papel pedagógico en la sociedad.

La superación de esas fracturas sociales en lo local no va a llevar al acuerdo directo, ni al olvido o perdón, sino más bien a la aceptación de que se puede coexistir. Una cultura de derechos humanos es el piso común que se necesita. Esta reconstrucción es básica para pasar de un escenario de fin de la violencia, a otro de construcción de la paz, donde son claves las iniciativas de memoria colectiva que genere respeto y aprendizajes, de reconocimiento del dolor producido, medidas de humanización de la situación de los presos de ETA que han estado sometidos a leyes de excepción, y apoyo a los espacios sociales de reconstrucción de la convivencia. La mejora del clima social después del fin de la violencia de ETA ofrece condiciones favorables para hacer un proceso. Pero se necesita sensibilidad, inteligencia y compromiso para hacerlo posible.

Definir la reconciliación

13.12.2011 (9:30 am)

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

El término reconciliación es un concepto cargado de mucha ambigüedad. Por mi parte, defino la reconciliación como un proceso por el cual una sociedad pasa de un pasado dividido a un futuro compartido. Este proceso consiste en encontrar la forma de vivir al lado de antiguos enemigos, sin necesariamente amarles o perdonarles, ni tampoco olvidar el pasado de ninguna manera. La reconciliación apunta por tanto a la coexistencia pacífica con antiguos enemigos desarrollando con ellos el grado de cooperación necesario.

Tradicionalmente, la reconciliación entre ciudadanos enemigos con vistas a restablecer la paz cívica pasaba por la adopción de medidas de amnistía, término cuyo origen proviene del griego amnistia, que significa “olvido”. La amnistía, es decir, el olvido memorístico y judicial, se presentaba como necesario en el nombre de la unidad de la ciudad o de la nación restaurada.

Tras la guerra fría, el término reconciliación toma una importancia mayor en el léxico político. La cada vez mayor importancia de la retórica de los derechos humanos y del liberalismo político conforma una visión moral de las relaciones internacionales que substituye el enfoque pesimista de la Realpolitik dominante hasta entonces. Este cambio de perspectivas se explica también por el desarrollo de conflictos internos –ex- Yugoslavia, Rwanda, Burundi, Sierra Leona, Chechenia,…- marcados por políticas de limpieza étnica y crímenes de masa. Nuevas instituciones judiciales y extrajudiciales se crean a comienzos de los años 90 con el fin de restablecer la reconciliación nacional: los tribunales penales internacionales y las comisiones verdad y reconciliación.

Estos dos tipos de instituciones de justicia, una penal y la otra restauradora, confluyen en un punto fundamental: ya no es el silencio -vía amnistía- sino la expresión de la verdad sobre los crímenes lo que es percibido en adelante como indispensable para restaurar la reconciliación.

La reconciliación es concebida como un pilar esencial del proceso de paz en la salida de un conflicto. En teoría, la reconciliación va a la par con el regreso de la democracia, el establecimiento de un Estado de Derecho, la organización de elecciones libres y regulares, el desarme, desmovilización y reintegración (DDR) de los combatientes, el reconocimiento de las víctimas y la protección de los derechos humanos.

Estas medidas contribuyen en sí mismas a reforzar una nueva dinámica social. La reconciliación busca proceder a un cambio de creencias, de valores y de actitudes entre las poblaciones afectadas y a redefinir las relaciones entre grupos anteriormente divididos, para rehumanizar los miembros del ex grupo enemigo. El desafío de las políticas de reconciliación es por tanto elaborar las estrategias sociales, políticas y memorísticas que modifiquen las identidades personales y colectivas y, con ellas, las representaciones de uno mismo y del otro. Y ello con el objetivo de pasar de una lógica de exclusión y de violencia a una lógica de integración y de reconocimiento. Este proceso de elaboración progresiva de una nueva identidad colectiva participa en la consolidación de la paz, sabiendo que el proceso de reconciliación tiene que ser adaptado a la especificidad de cada sociedad.

Una propuesta para nuestra reconciliación

12.12.2011 (10:40 am)

Gabriel Otalora
Gabriel Otalora, licenciado en derecho

La perspectiva real de una normalidad en paz bien merece reflexionar sobre cómo hay que gestionar esta nueva realidad que, en el mejor de los casos, debe culminar en un proceso de reconciliación como el restablecimiento de la convivencia desde el corazón (“concordia” viene de “cor, cordis”, que significa corazón). Una reconciliación que no debe quedar postergada hasta el final, aunque su logro no pueda verse en los primeros estadios, más centrados en las víctimas.

Elementos clave:

En primer lugar, es preciso el abandono total de la violencia. No es posible avanzar mientras ETA no se ha disuelto ni desarmado. La amenaza latente existe. En segundo lugar, el reconocimiento de los daños causados por ETA y por el terrorismo paralelo de Estado en forma del GAL, BVE, etc. En tercer lugar, reconocimiento a todas las víctimas, sin distinciones mezquinas, pues todas merecen la misma consideración; y reparar, en lo posible, el daño causado. Por último, el acercamiento de presos y la excarcelación de enfermos graves.

Este sería el primer paquete de medidas básicas que espero se produzca cuanto antes como el estadio más básico de justicia.

Pero “la justicia sin la reconciliación es inhumana” (J. Maritain). Y cualquier proceso de paz que pretende una mínima reconciliación, siempre tendrá al perdón llamando a la puerta. Perdonar y aceptar el perdón del otro (no sé qué resulta más difícil) es un signo necesario de humanidad cuya ausencia dejaría coja nuestra convivencia: “Pedir perdón te reconcilia contigo mismo, te permite aceptarte como eres… Perdonar te libera de las cadenas del rencor y te desbloquea para iniciar un nuevo camino” (Jonan Fernández). Sólo podemos avanzar hacia un nuevo escenario en el que el dolor y el perdón deben ser parte de la nueva realidad, aunque no pueda borrarse el pasado. Perdonar no significa olvidar, sino recordar de otra manera desde un escenario diferente que propicie espacios de paz y reconciliación entre víctimas y victimarios.

Relato común. La reconciliación también debe ahondar en todas las causas, no solo en los efectos. Y Euskadi (Hegoalde) quiere su propio relato compartido y veraz. Es preciso superar la desmemoria histórica empezando con las víctimas y acabando con la asimilación de los hechos, o al menos de una buena parte de los mismos. La reconciliación supone un ejercicio de sinceridad al solicitar el perdón -que es una acción individual, mientras que la reconciliación es cosa de dos- y de trabajo por la justicia: las tres son dimensiones esenciales en el discurso de la reconciliación, que siempre estarán en peligro, ya que resulta más fácil aceptar medias verdades, soluciones de compromiso y encubrir la venganza con una aparente justicia.

Y todo ello adobado con mucho diálogo, más allá de un mero intercambio de posiciones que, al final, no deberá excluir medidas de gracia, sobre todo en forma de indultos. Un camino espinoso que requerirá de tiempo, inteligencia y tacto para generar un nuevo escenario ético de mínimos que nos encarrile a los vascos pensando en las generaciones futuras. Para ello se requiere la involucración de los victimarios y las víctimas, los políticos que representan a la sociedad, pero también de personas de prestigio ético y experiencia en este tipo de procesos, incluida la Iglesia católica, por su vocación exigente en todo lo que huela a consolidar el amor fraterno.

El foco y la realidad

09.12.2011 (12:46 pm)

(En los próximos días y peviamente a la celebración del Open Space para la reconciliación  social que tendrá lugar el sábado 17 de diciembre en Barakaldo, Procesodepaz.org publicará varios post sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social de la mano de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan (miembro del Grupo Internacional de Contacto), Carlos Martin Beristain (Especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social, Gabriel Otalora (Licenciado en Derecho) y Mirentxu Purroy (periodista). Esta última abre el turno de publicaciones con el siguiente post:)

Mirentxu Purroy, periodista
Mirentxu Purroy, periodista

Cuando un largo contencioso de una herencia familiar no se resuelve, es porque el foco de la realidad no se pone en el presente. Las transmisiones familiares suelen arrastrar complejos problemas, repletos de historia y emociones, recuerdos y amores, rencores, agravios y desamores. Hermanas y hermanos se enfrentan por entender la propiedad de un mismo bien de manera diametralmente opuesta. Una misma realidad es percibida desde puntos de vista irreconciliables. Los acuerdos se hacen inviables, porque cada cual vive y ha vivido, recuerda y ha recordado, siente y ha sentido que lo que le pertenece, es suyo. Le corresponde.

Pero la realidad es divisible, troceable, parcelable, y se puede administrar con equidad, benevolencia y generosidad. Solo es necesario saber que hay solución, buscarla, poner el foco, iluminar bien y acertar en la diana. De manera que nadie se quedará con todo. Se administrará con justicia el lote a todas las partes.

Aunque el paisaje cotidiano vasco muestra casas solariegas, en pueblos y ciudades, casi en ruinas porque sus herederos no han llegado a un acuerdo para reconstruirlas, la mayoría hace mucho tiempo que no solo reparó los daños, sino que creó nuevos edificios.

Pero el dolor, la intensidad del sufrimiento inflingido, la profundidad de la injusticia, la prolongación del daño y la perpetuación humilladora de la violencia y el terror, tiene millares de herederos con nombres y apellidos. Unas y otros tienen su propia cronología.

Para muchos, librarse de la guerra civil y su dictadura que acumuló montones de muertos, miles, centenares de millares de víctimas aniquiladas por pensar diferente al franquismo, les costó casi toda su vida. Sin mediar justicia, memoria, ni reparación, se superpusieron sobre los montones de las anteriores muertes, las víctimas de ETA. En el horizonte terror y muerte, que junto con métodos igual de expeditivos del estado, dejaron casi sin oxígeno a la población. Ninguna buena herencia a repartir.

En cambio ahora ya se puede poner el punto de luz sobre la realidad que descubre muchos universos. Cada uno tiene su propio lenguaje. Pero un principio general se ha hecho camino: “no hay guerras justas, y si tierra abundante para vivirla en paz”. Es un momento conciliador.

Como todo bien que se desea repartir, resulta clave encomendar su administración a manos expertas en mediación, ajenas totalmente a los habitantes de Euskal Herria, territorio dolorido.

Lisa y llanamente tienen que estar libres de ataduras y prejuicios para escuchar la voz de todos y todas.

Resulta esencial que obtengan versiones personales de los hechos y las narraciones de las propias vidas. Sin interferencias. Así, quedará en manos de expertos la actualización de la justicia, la reparación, el reconocimiento y los derechos de todas las víctimas, sin quedar al albur de jurisdicciones obsoletas.

Así se irá haciendo difícil provocar demoras en las excarcelaciones, ó interceptar las travesías de auto reconocimiento de daños y sufrimientos causados a las víctimas. El reparto de salvoconductos de buena, mala o regular víctima, según el tamiz de los obstructores de libertades ajenas, resultará inviable.

Mientras, las veladuras que han tapado y silenciado muchos contornos y formas de pensamiento vasco, lentamente van emergiendo para ocupar el sitio que les correspondía. Son las víctimas sin dibujo ni retrato. Tampoco estaban en la paleta de los grandes grupos que se reparten los colores y los méritos en la reparación de daños. Son gentes que forman parte del paisaje que siempre han estado ahí. Ahora, ellas y ellos con total sencillez están haciendo natural el encuentro hacia el entendimiento. Con el más común de los sentidos, sin que se note, hacen presente. El gran lugar de acogida para todas las generaciones.

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¿Quieres colaborar en el proceso de reconciliación social?

¿Te interesa la reconciliación social? ¿Tienes ideas que aportar, propuestas o dudas, o deseos de escuchar  la voz de otras personas en relación a este tema? Lokarri te propone dos iniciativas para ello:

  • Espacio abierto para la reconciliación. Barakaldo, sábado 17 de diciembre

Acércate al BEC de Barakaldo el sábado 17 de diciembre, de 10.00h. a 14.00 h., y participa en el encuentro abierto organizado para reflexionar sobre las claves para abordar un proceso de reconciliación. Queremos escuchar y dialogar con tantas personas y sectores sociopolíticos como sea posible. Infórmate e inscríbete

A través del blog de Lokarri tienes la oportunidad de participar en el diálogo que se está generando entre personas interesadas en la reconciliación social debatiendo y aportardo tus ideas, construyendo conocimientos conjuntamente. Entra y participa en la conversación

Diez años

07.12.2011 (8:11 pm)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

En el primer libro que publicó Bidea Helburu hace diez años a raíz de las primeras jornadas de noviolencia activa, escribí una introducción titulada “Abrir caminos”. En ella se dedicaban unas líneas a quienes habían participado en esas jornadas de la siguiente forma: “han hecho historia” o “están ayudando a hacerla”. Además, “en ciertos casos han abierto algunos de esos caminos cerrados que nos rodean”.

Diez años después puedo escribir que el centenar de personas que ha pasado como ponentes por estas jornadas ha ayudado a cambiar nuestra historia reciente con su ejemplo, tenacidad, insistencia y coherencia. Pero junto a ellas, también lo han hecho las que se han sentado al otro lado de la mesa, las denominadas cotidianamente como “público”, porque han compartido y contrastado sus ideas y prácticas llevadas a cabo en la compleja realidad vasca y fuera de ella.

Decía en 2002 que estas personas y grupos no acostumbran a decir “hay que hacer esto o aquello”, sino que lo hacen; que son consecuentes con lo que dicen; que con su práctica diaria personal dan ejemplo de lo que proponen para la sociedad en su conjunto. Y concluía escribiendo que, además, sus metas se vislumbran en el camino que han emprendido, eso tan manido de por sus hechos los conoceréis. Se podrá estar o no de acuerdo con lo que hacen, pero se ganan el respeto por eso que hacen.

Podemos escribir ahora, a pocas horas de celebrar las Décimas Jornadas de Noviolencia Activa en la Casa de la Paz y los Derechos Humanos de Aiete, que ese camino en Euskal Herria se ha ensanchado, está más nítido, y es compartido por un mayor número de personas. Podemos decir orgullosos que esta gente ha sumado su granito de arena y ha posibilitado hacer ese montón que avanza por la senda de la noviolencia activa.

Estoy orgulloso de mis compañeras y compañeros porque han posibilitado la realización de estas jornadas y, junto a ellas, la puesta en marcha de otras herramientas como publicaciones, iniciativas y debates. Estoy orgulloso porque de la misma manera que Bidea Helburu se creó a partir de gente que actúa en diversos campos y organismos, al cabo de diez años esa misma gente sigue en activo en todo tipo de iniciativas. Bidea Helburu ha cumplido su función y sus componentes no se van a casa.

Y digo que Bidea Helburu ha cumplido su tarea porque ha ayudado a posibilitar un debate complejo y a transmitir testimonios de prácticas noviolentas realizadas dentro y fuera de Euskal Herria. El libro de 500 ejemplos es una buena aportación, como lo será la web que recoge esas prácticas y el documental que tenemos entre manos. Este camino lo hemos recorrido junto a otra gente y colectivos: ahí están, entre otras, las conversaciones de noviolencia activa y transformación social, así como la iniciativa de “Egin bidea bakeari” y el círculo de sillas en silencio desde mayo de 2007.

En estas últimas jornadas miraremos para atrás lo suficiente como para no quedarnos como dicen que quedó “la mujer de Lot” al volverse hacia Sodoma. Queremos mirar adelante sin olvidar el pasado, para posibilitar que las nuevas generaciones lo tengan presente. No queremos quedarnos como estatuas de sal, sino seguir avanzando por el camino emprendido. Por cierto, no he encontrado en ningún sitio el nombre de “la mujer de Lot”. El Génesis (19.6-9) no lo cita, por lo que ha pasado a la historia de forma subordinada. Que sea igualitaria y transformadora nuestra propia “marcha por la sal” y acierte con el objetivo en el camino. Bidea helburu!

El ocaso armado

05.12.2011 (9:56 am)

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

En un artículo anterior para la iniciativa “Proceso de Paz” de Lokarri, reflexioné sobre las limitadas posibilidades contemporáneas de la estrategia armada en nombre de las aspiraciones populares dado el -en apariencia- irreversible avance del axioma del Estado como ostentador del monopolio de la violencia legítima.

Volviendo al tema, sin menospreciar la acción de otras expresiones de África y Asia, y dejando a un lado los- llamémosles- elementos de guerra internacional del islamismo fundamentalista y/o integrista, en los países de occidente y Latinoamérica (es controvertido tanto incluirla como excluirla de dicho modelo civilizatorio) tres han sido los grupos armados populares de bandera: El IRA y su acción en Irlanda y el Reino Unido, ETA y su acción en Euskal Herria, España, Francia (y otros) y las FARC (y el ELN, etc) y su actividad en Colombia.

El tiempo ha querido que las condiciones sociopolíticas en las que estas tres expresiones han acabado, están acabando o van a acabar sean parecidas u homologables. En los tres casos se ha percibido una ruptura del apoyo popular a las estrategias político-militares y una apuesta por la exclusividad de las vías políticas, acompañado de una legitimización en el concierto internacional ascendiente y de facto del Estado instituido contra el que se lucha (ya sea el británico, el español/ francés o el colombiano). Todo ello, además, en una suerte de línea temporal compartida en el ideario colectivo en la cual, y esto es demoledor, las armas como lucha política e ideológica quedaban desfasadas, antiguas, obsoletas. Contra ello ninguno de los grupos mencionados supo o pudo revertir el hilo discursivo hegemónico que cada día que pasaba los arrinconaba en los archivos de la Historia. Y, en las condiciones actuales, ningún otro lo conseguirá. Todo un ocaso armado.

El pasado octubre la organización ETA puso fin a cuatro décadas de actividad, hecho que ha sido celebrado principalmente por la sociedad vasca pero que, a su vez, ha tenido una repercusión internacional considerable. Pareciera, no obstante, que el alivio generalizado que supone dicho anuncio se hubiera diluido en parte por las circunstancias de incipiente penuria económica y por los movimientos políticos y electorales previos que ya vaticinaban la feliz noticia y que, al mismo tiempo, le restaban la espectacularidad mediática tan necesaria para que en el siglo XXI una notica sea eso, una noticia.

Menos de un mes después, y de una forma bastante más abrupta y americana, el estado colombiano eliminaba físicamente a los principales dirigentes de la dirección de las FARC. Escasos días antes un ex-guerrillero del M-19 se hacía con la alcaldía de Bogotá en las elecciones y se fotografiaba con el Presidente en el cargo a las pocas horas. El Estado colombiano ha enviado, así, un mensaje evidente de lo que está dispuesto a aceptar y lo que no.

Con sus particularidades, Colombia quiere dejar de ser la excepción guerrerista de América del Sur y cuenta para ello con un aliado inmejorable, el mismo que ha acompañado a la desmovilización o disolución de las experiencias armadas europeas: El hartazgo de la gente.

Las mayorías de opinión en Colombia no reparan en exceso si lo suyo se trata de una guerra civil o no, si las injusticias originarias de la expresión armada son razonables o no, en Colombia lo que importa es ponerle fin al asunto para pasar página y acoplarse al tren del nuevo progreso latinoamericano, y la tendencia planetaria dice que quienes paran son los grupos armados, no los Estados. Por si fuera poco el pragmatismo invita a pensar que la garantía de los Derechos Humanos por parte del Estado será mejor cuando no existan elementos armados que alimenten su violación. Demasiados contras para tan pocos pros.

Las FARC, el ELN así como ETA o el IRA han fracasado o están fracasando en su intento por la vía de las armas de superar al Estado constituido para instaurar uno nuevo, su principal motto. Por el contrario, sus referentes sociológicos han logrado un notable desempeño en la acción política, auspiciados desde hace unos años por una nueva democratización de la política a través de la universalización de internet y las redes sociales, donde parece estar uno de los espacios de batalla contemporánea, y no escondiéndose en las montañas o la selva.

Mucho y muy profundamente tendrían que cambiar las cosas para que en los ámbitos geográficos descritos resurgiera el apoyo significativo hacia la lucha armada. Las sociedades modernas, sin entrar a valorar si esto es bueno o malo, suelen estar menos pendientes de lo que les sucedió en el pasado y más de lo que les depara el futuro. Cosas de la mortales.

Stormont y el pasado

02.12.2011 (12:12 pm)

Maialen Lizarra
Maialen Lizarralde, Lokarri

Ayer comenzó la visita de jóvenes representantes de partidos políticos a Belfast con una visita al Parlamento de Stormont. Tuvimos la oportunidad de escuchar las reflexiones del Speaker del Parlamento (una figura parecida al presidente del parlamento) y de representantes del DUP (el partido mayoritario, unionista), UUP (unionistas moderados), SLDP (nacionalistas) y Sinn Fein (republicanos).

Fue muy llamativo comprobar cómo tienen planteados algunos debates sobre la cuestión de las víctimas parecidos a los que tenemos en la sociedad vasca: ¿quién es víctima?, ¿cómo hay que reconocerlas? Lo importante, y lo que destacaron todos ellos, fue su determinación de compartir el futuro, de trabajar juntos, de cooperar. Pese a todo lo que les ha separado en el pasado, son capaces de estar sentados en la misma mesa, hablar y buscar nuevos acuerdos.

La cuestión de cómo afrontar el pasado fue también el tema principal de la reunión que mantuvimos con la organización Healing Throuh Remembering, que ha sido capaz de reunir a personas muy diferentes, como víctimas, policias, expresos, políticos y líderes comunitarios. Desde el año 2000 su objetivo ha sido encarar el pasado con coraje para que en el futuro no se repita.

¿Cómo se contará esta historia?

18.11.2011 (12:25 pm)

Catedrático de Filosofía política y social, investigador “Ikerbasque” en la UPV/EHU y director del Instituto de Gobernanza Democrática)
Daniel Innerarity, Catedrático de Filosofía política y social, investigador “Ikerbasque” en la UPV/EHU y director del Instituto de Gobernanza Democrática)

La relación con el propio pasado es uno de los p roblemas más complejos e inquietantes con el que diversas comunidades políticas han tenido que enfrentarse en la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo se relacionan con su pasado sociedades que acaban de librarse de una extrema re p resión o salen de periodos de violencia? ¿Cómo formulan el cierre de ese pasado para que sea irreversible y, al mismo tiempo, no legitime la violencia? La resolución de los conflictos políticos violentos da lugar a una serie de discusiones acerca de la reconstrucción del pasado que son a veces tan intensas como el conflicto mismo. Parece que una vez resuelto el asunto principal queda todavía por hacer lo más difícil: todo aquello que tiene que ver con la reconstrucción del pasado.

Cuando hablamos del tema de la memoria no p odemos olvidar que existe una libertad para contar, que la memoria es plural. Está libertad se re f i e re tanto al trabajo de los historiadores como al relato común y popular. Las personas y los grupos sociales ord e n a m o s los acontecimientos complejos y que han tenido una gran carga emocional de manera muy diversa, a menudo contradictoria, de modo que en una misma sociedad coexisten interpretaciones dispares de idénticos acontecimientos.

Hay ocasiones en que las políticas de la memoria están hechas como si los pod e res públicos quisieran fijar definitivamente el sentido de los acontecimientos, olvidando que el pasado es siempre contro v e rtido. En una democracia la escritura de la historia sólo puede hacerse en un marco de pluralismo, bajo la mirada vigilante y crítica de diversas memorias paralelas que discuten. No corresponde al legislador fijar de manera autoritaria una regla para la interpretación del pasado.

Nuestra lectura de la historia es un trabajo nunca acabado y siempre problemático. El deber de la memoria ha de acompañarse de una aceptación de la complejidad histórica. No es lo mismo la verdad judicial que la verdad política o la verdad de los historiadores. De entrada, parece conveniente partir de lo que nos enseña la experiencia acerca del modo como los humanos combatimos y dejamos de hacerlo. No es p revisible, ni deseable, que las sociedades que han vivido un conflicto largo y profundo concluyan la paz con un relato común. En el caso del País Vasco, pienso que nadie ha formulado mejor que el llamado “Plan A rdanza” (1998) en qué podría consistir una salida viable y digna. No podemos olvidar que estamos intentando resolver un problema generado por quienes no han sido capaces de aceptar la voluntad mayoritaria de los vascos, desde la legitimidad democrática de las instituciones y sin que nuestras decisiones tuvieran como finalidad corregir una supuesta carencia de legitimidad. Aquel documento lo formulaba así: “no nos p reguntamos qué debe hacer la democracia para corregir sus supuestos déficits, sino qué puede y quiere hacer para superar la falta de integración que de hecho sufre la sociedad vasca. La legitimidad democrática del sistema no está en cuestión”.

Ahora bien, el relato oficial, público y, sobre todo, los principios sobre los que se asiente nuestro marco político y sus procedimientos de modificación no pueden legitimar el recurso a la violencia. El relato justo del pasado, por difícil que sea, nunca es un punto medio entre víctimas y verdugos. No se trata de imponer una “ v e rdad oficial” sino de establecer que la discusión acerca de nuestro pasado se lleve a cabo en el marco de los principios democráticos, de respeto, pluralidad, ilegitimidad de la violencia y reconocimiento de las víctimas. Siempre habrá historiadores que discutan y n a rraciones populares de todo tipo, hasta la extravagancia, pero el relato a partir del que se configuran nuestras instituciones debe recoger los principios éticos y políticos que son imprescindibles para la convivencia democrática.