Como el agua y el aceite

- Asier Gallastegi Korapilatzen.com

Vivo junto a una estación de tren de cercanías. Al otro lado de la casa tenemos vistas a una plaza con su iglesia. Antes de ser un espacio peatonalizado y hace ya unos lustros también un lugar dónde llegaban autobuses y camiones cargados de personas y mercancías.
Yo no era muy consciente pero parece que muchas de las personas que llegaban a la capital desde otros pueblos de la provincia y de otros lugares del estado tendían a quedarse en el barrio que les acogía en primer lugar.
Además la historia reciente ha dibujado a esta parte de Bilbao con otras marcas importantes, reaolojos tras las inundaciones, algunas calles con viviendas baratas por destartaladas… El resultado es una comunidad conglomerado.
Imaginaros ahora que ayer se hubiera celebrado en esta parte del mundo algo parecido a su fiesta patronal. En una parte de la plaza un castillo hinchable y algunas mesas con talleres para los más pequeños, en la parte de atrás de la iglesia algunas personas preparando una paella para las personas mayores… La música con todo el hitparade del momento sin ningún tipo de filtro; música para la chavalería. Bajo mi balcón una comida popular convocada en uno de los bares. Txalaparta, alboka, tambor… las personas que se reúnen entorno a la mesa homenajean a un amigo común preso.
Me tocó estar dentro de la organización de esta fiesta durante años. Los cruces, si los había, eran duros y de desencuentro. Como el agua y el aceite. Durante años participé en otras comisiones de fiestas dónde la “tensión política” era una clave fundamental que nos obligaba a posicionarnos.
Es complejo. Entiendo las estrategias políticas que reclaman el espacio, las calles, las plazas y que buscan que las expresiones más populares sirvan de altavoz. (Nunca he aguantado los anagramas de serpientes y hachas y otras expresiones similares).
Sin irme por derroteros que podrían servir para otra decena de posts, quiero llamar la atención sobre algo que me parece clave para el tiempo que nos toca vivir: la construcción de lugares, espacios y actividades que sirva para encontrarnos. La fiesta creo que tiene potencial, y si es en formato reducido y ligado a un territorio de escala humana, más aún.
El dolor esta y tiene un montón de matices, niveles, colores… Nos solemos empeñar en compararlos, medirlos, negarlos… Me gustaría pensar que las pequeñas comunidades y sus celebraciones pudieran ser un lugar donde encontrarnos y tejer primera persona del plural. Comer y beber juntos/as…
Críos de un lado de la plaza vuelven corriendo de la otra con sus caras pintadas. Unos centenares de metros más allá, en otro barrio conglomerado, cientos de personas estaban convocadas a disfrutar de arroces cocinados de mil y un maneras, la lluvia lo impidió esta vez. Confiaremos en que amaine.
















Empezar en la calle: la solución es más lenta, pero más segura y duradera. Estoy de acuerdo.
22.06.2010(19:14)