Cuestión de confianza (e intereses)
Desconfianza. Y uno en estos días de revival ochenteno asocia la palabra directamente a ‘versiones oficiales’. Pues no, no vamos a ir por ahí, porque esa asociación ofrece pocas dudas, en proporción inversa a las que rodean las versiones oficiales, que son muchas y profundas. Pero hablaremos de otra desconfianza, la aludida en algunas de las valoraciones acerca de la nueva situación que puede abrirse tras la apuesta de Ezker Abertzalea por la apertura de un proceso democrático. A ello le suele seguir una enumeración de ‘pruebas del algodón’ y una conclusión de que en tanto no se cumplan, lo más conveniente resulta esperar y no desatar expectativas de paz que pueden resultar frustradas.
La experiencia de procesos pasados, que parecían los definitivos y acabaron frustrados, puede llamar, en efecto, a la prudencia, cuando no desconfianza. Sin embargo, también es igualmente cierto que tales procesos no pasaron en vano y todos hemos sacado (o deberíamos) las lecciones pertinentes. Y por eso mismo, hemos de desconfiar también de algunos de los discursos de la desconfianza: ¿todas las dudas actuales son tales, o algunas esconden detrás determinados intereses?
Resulta innegable que sobre la mesa está también en juego desde hace un tiempo cómo se reconfigura ese escenario de proceso democrático post lucha armada. Si posibilita la articulación de un movimiento independentista potente (estrategia planteada por Zutik Euskal Herria), o bien deviene en una desarticulación del mismo (la estrategia de la ‘deslegitimación de las ideas que lo sustentan’, en la versión fuerte de Mayor Oreja o más suave del actual Gobierno Vasco). Esos intereses políticos – y otros más partidistas – también están en juego, como no podía ser de otra forma en un conflicto de trasfondo político. Por eso no todas las alusiones a la falta de confianza son desinteresadas, y eso hay que tenerlo también en cuenta. En juego está el éxito social del relato, y las organizaciones, sobre los que se asiente la apertura de un nuevo ciclo. En el mismo sentido pudieran situarse las recientes operaciones policiales y el relato de Rubalcaba al respecto: anticipar una eventual decisión de ETA como producto de una derrota policial antes que como fruto de la decisión unilateral de la izquierda abertzale.
La voluntad expresada en ‘Zutik Euskal Herria’ parece sincera y, en cómo se ha producido el debate y su profundidad, diferente de procesos anteriores. Aún respaldada por ETA con una eventual decisión en el mismo sentido, tampoco supondría la paz por sí misma. Pero abriría un camino, un proceso, que podría ser impulsado por la sociedad vasca. ¿Significa esto que todas las desconfianzas son interesadas e infundadas? No, pero sí que las hay. Aún así, ¿resulta más prudente esperar entonces a que todo esté ‘atado’ y claro? Si algo puede afirmarse característico de las acciones humanas son sus consecuencias no esperadas. Nunca vamos a tener una certeza completa de que las cosas van a ir en el sentido que se pretende, aunque éste sea claro y sincero. Pero esto no debe ser un impedimento para la acción, sino todo lo contrario. Porque también es algo determinante el carácter preformativo de las definiciones que los sujetos hacen sobre la realidad: crean al mismo tiempo esa realidad. De ahí que el juego de intereses dispute las lecturas de la realidad y juegue con las desconfianzas. Porque si creemos, aun con cautelas, que hay elementos para abrir una nueva etapa, y actuamos en consecuencia, estaremos al tiempo favoreciendo que se produzca.

















Ion, leyéndote me parecía estar leyendo a Punset: “estando hechos para identificar el cambio somos resistentes a cambiar de opinión”, etc.
Yo sí quiero creer y mis desconfianzas no se dirigen a quienes suscriben Zutik Euskal Herria.
19.03.2010(0:02)