El árbol en la semilla

- Gorka Ruiz, director de Bakeola

Decía Gandhi que “el fin está en los medios, como el árbol en la semilla”.
Estos días estamos asistiendo a un intenso debate en los medios de comunicación en torno a la reformulación del Plan Vasco de Educación para la Paz y los Derechos Humanos.
Hablando de Educación para la Paz debemos garantizar una coherencia entre el medio para lograrla y la finalidad que se persigue. De no ser así, podemos caer en una contradicción difícil de sostener y que estaría apoyada sobre pies de barro, pues aquello que se defiende es obviado en sus medios.
Me animo a lanzar algunas propuestas para construir juntos el camino que tenemos por delante…
…definamos un proceso de trabajo cuidado para elaborar el Plan.
…en el que se aborden las cuestiones políticas y pedagógicas de manera complementaria y equilibrada.
…que cuente con una amplia participación de las instituciones, el sistema educativo, las organizaciones sociales y los partidos en las diferentes fases del proceso.
…con los medios de comunicación en un segundo plano (al menos en un inicio).
…que valore el trabajo ya realizado …un proceso que cuide la dignidad de las personas y colectivos antes, durante y después del Plan.
…un proceso sereno, sin prisas y tejido con responsabilidad.
La tarea de construir juntos, las políticas de educación para la paz y los derechos humanos, lo requiere.
Hago mía la petición en la que los colectivos de victimas del terrorismo instan al conjunto de los partidos políticos a consensuar el texto del Plan con el mismo espíritu que presidió el debate de la Ley de Reconocimiento y Reparación.
Las victimas, las organizaciones sociales, la comunidad educativa, y el conjunto de la sociedad lo agradeceremos.
Mientras tanto seguimos plantando semillas en un bosque complejo, sin perder la esperanza de que educar para la paz en nuestra tierra es posible.













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Y a mi estas ideas me parecen encomiables, pero a la vista está que hoy por hoy irrealizables. Porque los que tienen la batuta se niegan a reconocer a un colectivo que también cuenta con muchas víctimas.
En cuanto a hablar de partidos políticos, se corre el peligro de excluir a una parte de la ciudadanía por considerárseles “ilegales”.
Vamos que yo creo que se está poniendo el tejado antes que los cimientos y que sin que haya una situación clara del conflicto, ni siquiera a la hora de reconocerlo cómo tal por algún sector, se pretende trasladarlo a las aulas.
Sinceramente creo que esta iniciativa y tal y cómo está encaminada sólo sirver para generar más odio.
03.05.2010(17:13)Quizás es que se trata de torpeza mía, pero me gustaría que alguien me iluminara.
Yo entiendo perfectamente “Proceso de paz”. Sin embargo tengo dificultades para entender “Educación para la paz”. No llego a imaginar cómo se educa para la paz. Solamente me cabe una respuesta, la del pacifismo a ultranza. Aquello de poner la otra mejilla cuando te dan una bofetada. Ahora bien, si nadie que yo conozca pone la otra mejilla cuando le dan una bofetada, entonces también me falla el supuesto porque ¿quién va a educar en lo de la mejilla si nadie la pone?.
Quizás la confusión provenga de la categoría que se le da al concepto paz.
Para unos es una premisa y para otros una consecuencia.
Sería como un silogismo. Eduquemos en el pacifismo para hacer hombres pacíficos y así tendremos paz.
Es decir, el objetivo, el fin, es la paz. El resto es secundario. Aunque formemos seres pacíficos y borregos al mismo tiempo.
Sospecho que el espíritu, la filosofía, de un plan para educar para la paz consiste en esencia en educar en el pacifismo ante la injusticia. En educar en el valor de que ante la injusticia, p.e. falta de libertad, la respuesta ante la violencia injusta no debe ser violenta.
Porque si no fuera así la educación para la paz se basaría en la lucha contra la injusticia. Es decir, la justicia sería el fin que nos llevaría seguro a la paz.
Si se educa para eliminar la consecuencia de la injusticia, además de que se colabora activamente por su permanencia, se educa haciendo trampa. Porque se educa sin mencionar las causas de que no exista paz. Y eso no es educar, eso es alienar al personal.
La educación consiste en la trasmisión de los valores de dignidad y respeto a las personas. Si pretendemos llegar a la paz por si misma, omitiendo lo fundamental o siendo parte de esa vulneración de respetos y dignidades, mal favor le estamos haciendo a la paz. Nuestra paz será parecida a la de los 25 años del caudillo. ¡Que para paz aquella!.
03.05.2010(20:09)Nynaeve, no quiero ser ingenuo con las propuestas que lanzo en el post…menos viendo la dinámica de los últimos años… pero creo en ellas, sino no me las creyese no las haría.
Comparto contigo que los muchos conflictos que tenemos en nuestra sociedad requieren del reconocimiento de la existencia del otro y que no deben trasladarse a las aulas sin haberlos abordado satisfactoriamente en el “mundo adulto”
Espero que en no mucho tiempo hayamos avanzado en este sentido.
03.05.2010(23:37)Bidebi, comparto muchos planteamientos de tu comentario
Para mi la educación para la paz es un proceso de enseñanza-aprendizaje centrado en la búsqueda activa de la justicia. Una educación para la paz que parte del análisis de las causas de la injusticia (violencia), los mecanismos que la soportan, y que lucha activamente, profundizando en los cambios estructurales necesarios para eliminar sus causas.
En ningún caso, la educación en la noviolencia (o para la paz) que defiendo, promueve la pasividad; ya que como comentas, sería colaboradora de la injusticia (violencia)
03.05.2010(23:51)@Gorka
No creo que seas ingenuo y entiendo que uno se ha de agarrar a lo positivo para continuar aunque sea contracorriente de la una mayoría, sobre todo de los que tienen en su mano, que la violencia continue, tanto de un lado cómo del otro.
Pero lo que me asombra es que en lugar de enfrentarnos a la “animalada” que supone esa asignatura. Nos pongamos a discutir sobre si es mejor de un modo o de otro. Y lo llamo animalada, por las razones que ya hemos expuesto muchos aquí.
Y eso que ya sé que sí que tiene oposición, pero siquiera el ponerse a debatir sobre lo que se tiene que decir en ella o no (por ejemplo en el parlamento), ya es una concesión.
04.05.2010(0:36)Las palabras de Gorka, opinables, tienen credibilidad porque detrás de ellas hay mucho trabajo y compromiso con el tema. De muchas personas además de él mismo.
Desde que se siembra una semilla, hasta que se recoge un fruto del árbol de ella surgido, pasan al menos diez años y, a veces, veinte.
Jon Sobrino me comentaba que un indígena salvadoreño al que habían asesinado cruelmente a varios miembros de su familia, daba gracias porque le habían enseñado a perdonar y, desde que había aprendido a perdonar se sentía mejor, más humano y en paz.
Por supuesto que la paz se basa en la justicia, o no lo es. Por eso no es posible una paz con vencedores y vencidos como algunos pretenden. Eso es alargar una situación de injusticia indefinidamente, pues no se da el mismo trato a todas las personas, que en eso consiste la justicia.
Como también es un brindis al sol mediático pretender que unas personas adultas crispadas y enfrentadas digan querer educar para la paz en el aula o en cualquier otro sitio.
Vivo en un barrio dormitorio de una localidad bastante grande de Euskalherria. A veces coincido en la panadería o tomando un vino con personas de dos familias. El hijo de una estuvo más de quince años en la cárcel por lanzar un coctel contra la casa del pueblo. Dice que fue maltratado y torturado y un familiar murió en accidente cuando iba a verle en la cárcel,a más de mil kilómetros de distancia.
En la otra familia murió la madre cuando salía de la casa del pueblo y fue alcanzada por las llamas de un coctel, lanzado desde un coche por alguien.
Han sufrido mucho y les costó reconecerse solidarios en el dolor compartido. Ahora, de cuando en cuando hablan para que lo suyo no vuelva a suceder.Y despiertan respeto hacia ellos y dejan fuera de juego a los que siguen empecinados en el odio y el rencor. A aquellos es a los que hay que abrirles las puertas de las aulas y de cualquier foro de par en par. Aunque no quieren prodigarse, porque recordar y expresar lo que sufren, todavía les duele.
Estas semillas de paz y reconciliación son las que tenemos que generar, sembrar, cuidar y prodigar. Para que con tiempo y cuidados, vayan abundando más sus frutos en nuestro pueblo, que los que ahora predominan de odio y rencor.
06.05.2010(19:28)Kaixo @Mikel,
Cuando leí tú comentario recordé una noticia que hace ya tiempo puse en el foro de El País bajo el título ¡Estas también son víctimas!, al tener en cuenta que en España, parece que no eres una víctima “de bien” si no sigues los dictados de la AVT & CIA.
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“¿Quién es ése al que matamos?” “Es mi hijo”
NATALIA JUNQUERA – Madrid – 24/01/2008
Se llama Pastora Mira, es colombiana y un día recogió en la calle a un joven de 17 años gravemente herido en una pierna. No le hizo preguntas y se lo llevó a su casa. Le curó, le dejó dormir y le preparó el desayuno. Al abrir los ojos, el joven le preguntó: “¿Qué hacen ahí las fotos de ése que matamos anteayer?”. Pastora contestó: “Ésta es su casa, yo soy su madre y la cama en la que duermes es la suya”. Mira, de 51 años, contó ayer su historia en el IV Congreso Internacional de Víctimas de Terrorismo. Las víctimas extranjeras, sobre todo colombianas, realizaron la mitad de las intervenciones y aportaron estremecedoras historias, seguidas de peticiones de conciliación y unidad.
El encuentro de Mira con el verdugo de su hijo ocurrió en mayo de 2005. Los paramilitares de Colombia ya le habían arrebatado a su padre, asesinado en los años sesenta; a su hija, secuestrada en 2001, y a su hijo, que “comido por la ira” decidió atacar a los grupos que financiaban a los paramilitares hasta que cayó en sus manos.
“Rompió a llorar cuando le dije que el de las fotos era mi hijo”, continúa Mira. “Me contó que le habían torturado durante 15 días antes de matarlo. Yo le di un teléfono y le dije: ‘En algún lugar del mundo tiene que haber una madre preocupada por ti, llámala y dile que estás vivo’. Porque en ese momento me di cuenta de que eran chicos muy jóvenes cargados de dolor y venganza. Estos grupos paramilitares funcionaban de forma jerarquizada y nunca podríamos acceder a la cúpula, pero sí a las bases, para derribar el edificio desde abajo, poco a poco”.
Aquel joven trabaja hoy con Pastora en el Centro de Acercamiento para la Reparación y la Reconciliación, en San Carlos (Colombia). “Nunca volvimos a hablar de mi hijo. Ahora tenemos en el centro a 32 victimarios y 90 víctimas. Nos han ayudado a localizar 15 fosas de desaparecidos”, explica Mira. Ella encontró el cadáver de su hija con datos de unos y otros, tras haberla buscado escarbando ella misma la tierra durante cinco años.
Noticia
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Soy consciente de lo difícil que es llegar hasta aquí, pero creo que son situaciones cómo las que tú has contado, cómo la que nos muestra esta noticia (u otra que busqué hace tiempo pero que no encontré, de la reconciliación entre un miembro del IRA y la viuda de una de sus víctimas), las que pondrán la esperanza de no avivar el odio, que es el resultado que tendrá la dichosa asignatura si siguen por el camino emprendido.
Agur!
08.05.2010(13:08)