La participación ciudadana en el proceso de paz

- Paul RÃos Coordinador de Lokarri

Tras el final de la violencia de ETA, y a la espera de que el Tribunal Constitucional decida sobre la legalización de Sortu, ya se dan las condiciones para abordar un proceso de paz resolutivo. Dicho proceso de paz está caracterizado por albergar tres procesos distintos. Cada uno de ellos tiene sus propias caracterÃsticas, objetivos y sujetos.
El proceso de certificación del final definitivo de la violencia tiene como responsables a los Gobiernos español y francés y a ETA. El proceso de diálogo polÃtico tiene como objetivo abordar el inicio de conversaciones para lograr acuerdos que encaucen las profundas diferencias polÃticas existentes. Finalmente, el proceso de reconciliación social busca, en la medida de lo posible, reparar las heridas, humanizar y poner las bases para convivir desde el respeto.
En este último proceso, de reconciliación social, tanto las instituciones, como los partidos y el conjunto de la sociedad tienen mucho que aportar. La ciudadanÃa no puede quedar fuera de este proceso. La reconciliación requiere de un cambio de actitudes profundo y transversal para desarrollar una nueva manera de convivir y gestionar los problemas desde la inclusión y el consenso.
Ahora bien, seguramente el mayor riesgo o tentación de no articular espacios para la participación ciudadana está en el proceso de diálogo polÃtico. Evidentemente las instituciones y los partidos tienen un papel protagonista en su diseño y desarrollo. También la discreción es, en ocasiones, esencial para generar confianza pero ésta no debe entenderse como un cheque en blanco.
El destinatario de un proceso de paz es el conjunto de la ciudadanÃa. Ésta debe ser la guÃa para las propias instituciones. En procesos de paz desarrollados en otros lugares del mundo se pueden observar las negativas consecuencias que acarrea olvidar esta premisa: procesos que no son respaldados por la sociedad en los momentos de crisis; desconexión entre el entendimiento dado en las élites polÃticas y la permanencia de profundas divisiones sociales; dificultades para la implementación de acuerdos; etc.
No le falta a la sociedad vasca experiencia en el impulso y desarrollo de dinámicas participativas. Este conocimiento puede aportar en dos escenarios muy distintos: 1) ante un bloqueo en la consolidación de la paz, o ausencia de diálogo entre los partidos, la participación ciudadana puede alentar el diálogo y, al mismo tiempo, ir generando propuestas de avance, y 2) en un escenario de diálogo impulsado por las instituciones, la ciudadanÃa puede acompañar siendo consultada sobre los consensos que se generen en las conversaciones entre los partidos.
Más allá de este aspecto de contribución al proceso de consolidación de la paz, el fomento de la participación ciudadana también puede ser la herramienta necesaria para crear los espacios de seguridad, confianza y colaboración que permitan generar puentes entre las sensibilidades polÃticas que hasta ahora han permanecido incomunicadas. Es especialmente relevante el trabajo que se pueda hacer a nivel local. Este es el camino para ir generando un tejido de complicidades que permita afrontar el futuro desde el respeto y la capacidad de entender lo que significa la propia pluralidad de la sociedad vasca.
















(All comments are moderated before they appear on the site.)