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¿Paz cercana?

22.06.2010 (1:40 pm)

Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre
Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre

El reciente acuerdo entre EA y la Izquierda Abertzale, junto a otras declaraciones públicas y la aceptación de los principios Mitchel, muestran una cierta voluntad por parte de la IA de avanzar hacia posiciones de “exclusividad de las vías pacíficas y democráticas”.

Sin embargo, es preciso señalar que en estos mismos términos se expresaba Euskal Herritarrok en la tregua del 98, la cual posteriormente se reconoció como tregua táctica, o tregua trampa, según los diferentes analistas y agentes. Hoy como entonces, el principal problema al que hacer frente es el mismo. ¿Está dispuesta ETA a dejar las armas sin un precio político?

En las últimas décadas, el desprestigio social de la violencia ha crecido de manera incontestable tanto en la sociedad vasca como en la española, y una minoría totalmente insuficiente estaría por un final de ETA a cambio de una negociación política.

También ha salido tocada la opción de las dos mesas, ETA-Gobierno por un lado y partidos políticos por otro, pues si se pretende, como lo hizo ETA en la última tregua, que estas tengan vasos comunicantes, se queda en una separación formalista inasumible para la sociedad democrática, que no puede tolerar que se negocie la paz a cambio de concesiones políticas a una organización terrorista.

Por ello, desde mi perspectiva caben pocas opciones. O ETA está dispuesta a dejar las armas a cambio de una salida no revanchista, donde se pueda hablar de que pasa con los presos, las víctimas, etc., y se tiende a un acuerdo “humano” de cierre de heridas, o difícilmente se acabará con la violencia. Ni el Gobierno ni el PP (y tienen que estar de acuerdo pues de lo contrario le podría costar las elecciones generales al PSOE), se van a meter en una aventura de negociación política ni siquiera entre partidos, si persiste la espada de Damocles de “si no hay acuerdo, volvemos a las armas”. Tengo la sensación, pues lo repiten constantemente en sus términos, que Zapatero y Rubalcaba han aprendido esta lección de la última tregua.

Y desde luego, me cuesta ver que relato haría ETA y la IA de 40 años de violencia, con cerca de mil muertos provocados por ETA, y decenas de muertos entre sus filas, las víctimas del GAL, etc., si no pueden vender que su “lucha”, otros diríamos su violencia terrorista, no ha servido para nada político, lo que no quiere decir que no haya influido y mucho en la política vasco-navarra y española de las últimas décadas.

Está por ver que haría, como consecuencia de la negativa de PSOE y PP a una salida negociada, la IA tras su último acuerdo con EA (nosotros ya lo ensayamos y salimos escaldados de Euskal Herritarrok), si ETA vuelve a atentar. La novedad sería si estuviera dispuesta a condenar la violencia y se desmarcara en su mayoría de ETA (cosa que hasta el momento se niega a realizar), lo que podría hacerles volver a las instituciones y aislar de manera muy fuerte a una ETA, que quedaría muy debilitada en sus apoyos sociales y posibilidades de continuidad.

No se si cabe una salida intermedia. Una idea que resulta de interés es la posibilidad de una moratoria durante uno años en algunas de las reivindicaciones políticas legítimas del nacionalismo vasco (derecho de salida, fundamentalmente), en tanto se resuelve el drama humano provocado por 40 años de violencia, de tal manera que se pueda hablar de todo, incluido el derecho de salida, una vez superada dicha violencia, y cerradas sus principales heridas mediante la reparación a las víctimas de todo tipo, reinserción de presos, etc. Sería la única manera de poder hablar de una reivindicación justa, como es la posibilidad de que se respeten las opciones independentistas si un día son mayoritarias en la sociedad vasca, sin que sea consecuencia del chantaje de ETA.

Proceso de paz

31.03.2010 (3:38 pm)
Pedro Casas, miembro de Lokarri
Pedro Casas, colaborador de Lokarri

Dice el refrán que “dos no riñen si uno no quiere”. Podríamos aplicar esta filosofía popular a la situación, que ya se prolonga demasiado tiempo, de que “dos no acuerdan si uno no quiere”. Realmente esto ha sido así en las ocasiones anteriores, y no está muy claro que la situación esté cambiando hacia un proceso de paz duradero.

Entre las circunstancias que dificultan el avance hacia un acuerdo podríamos citar:

- El no reconocimiento de la “contra-parte” en el acuerdo.
- La minusvaloración del adversario, o la sobrevaloración propia.
- El peso del sufrimiento pasado, y el temor a defraudar el sacrificio realizado.
- La desmedida ambición que no permite conformarse con los términos de un posible acuerdo.

Para superar estas dificultades, tanto objetivas como subjetivas (en estos procesos a veces las subjetivas tienen más peso que las otras), y que se encuentran presentes en la mesa de negociación, lo aconsejable es mirar adelante y ser capaces de valorar los beneficios futuros que podrán compensar las hipotéticas pérdidas de un posible acuerdo.

El gobierno central parece crecido en su ofensiva, en la que no repara en detalles, ni en consecuencias, ni en los daños colaterales que su proceder pueda tener (o a lo mejor todo esto está bien calculado). Y en estas circunstancias es fácil interpretar esta actuación como provocación, con el riesgo de desencadenar reacciones de imprevisibles consecuencias.

Frente a este escenario delicado, hay que saludar las tentativas por buscar una alternativa política alejada de la violencia y vulneración de los derechos humanos, y que esperemos se abra camino a pesar de las minas que está encontrando a su paso.

No estamos precisamente en el mejor momento para un entendimiento entre las partes, lo que parece abocarnos a un nuevo período de incertidumbre y prolongación del sufrimiento. Por ello hace falta un nuevo protagonismo de otros agentes que puedan contribuir al clima favorable de un necesario proceso de paz, que ayude a superar las desconfianzas y ponga el punto de mira hacia el futuro.

Modos de encuentro

04.03.2010 (11:41 pm)
Javier Sádaba, filósofo

Diálogo, convivencia, reconciliación, etc., son conceptos densos, con una larga tradición. El hecho de que estén muy usados corre el peligro de que o bien se degraden o  formen parte de una manera de hablar sin contenido. De ahí que en determinados momentos sea bueno pararse y pensar si no es mejor dejar descansar los argumentos que utilizamos con frecuencia o las palabras que, repetidas una y otra vez, pueden llegar a saturar los oídos de muchos que esperan algo nuevo, menos manido; y es que  machaconamente repetidas se convierten en palabrería. Porque pierden su contorno, señalan de modo cansado a los hechos y se van vaciando poco a poco de su significado original. No quiere esto decir que haya que encogerse de hombros, escudarse en un mutismo indiferente o renunciar a señalar aquello que nos parece de interés. Se trataría , más bien, de un silencio pleno del que, en su momento, saldrán las palabras adecuadas, de seleccionar éstas de forma que, diciendo lo menos, obtengamos el máximo de comprensión.

El lenguaje, sin embargo, es ciego si no está atado a las actitudes de quienes hablan. En este sentido, y en Euskal Herria, además del silencio aludido o de la frase oportuna, lo que habría que hacer es modificar nuestras actitudes. Sin perder los principios que uno cree justos y apoyándolos una y otra vez en razones, la cuestión es actuar sabiendo que raramente se logrará dar con verdades rotundas, que nos confundimos con frecuencia o que nuestros mejores ideales están teñidos de prejuicios. De ahí la conveniencia de unir, artísticamente, la firmeza en lo que se defienda (en este caso, unos derechos que no se ve por qué haya que renunciar a ellos) con la oposición a cualquier dogmatismo. El dogmatismo, provenga de donde provenga, seca las relaciones humanas. Peor aún, las envenena y rompe todo camino a los acuerdos que, no tenemos más remedio, hemos de lograr los humanos para convivir. <b>Leer toda la entrada</b>

Buenas nuevas para un proceso de paz

16.02.2010 (2:25 pm)

Presidenta de la Sala de lo Social del TSJPV

Me había comprometido a escribir para hoy alguna aportación acerca del proceso de paz en este blog de Lokarri. Conociendo algo el país, acostumbro a posponer el cierre de mis reflexiones hasta el último momento, pues no sería la primera vez que lo escrito carecería de valor y podría resultar, incluso, algo ridículo. La realidad es cambiante, aunque tengo la sensación de vivir una y otra vez la misma película (cortometraje, más bien).

En esta ocasión he acertado al esperar para escribir estas líneas. No tendrían todo su sentido si prescindiera de la declaración “Zutik Euskal Herria” que la Izquierda Abertzale vinculada a Batasuna ha presentado después de un proceso de reflexión interna. Acabo de leer en su integridad la declaración y quisiera destacar algunos aspectos, unos de avance y otros no tanto.

La declaración reconoce que ha sido a través del debate como han descubierto lo que deben hacer, así como sus aciertos y equivocaciones. Es bueno apreciar el valor del contraste de opiniones en libertad.

La declaración manifiesta reafirmarse en el proyecto y en las raíces de la trayectoria de esta Izquierda Abertzale, y dice haber realizado una profunda autocrítica. No es bueno no reflejar sinceramente el resultado de este ejercicio crítico interno. No solamente no es bueno, sino que resta calado a su declaración de intenciones.

La declaración se jacta de que, gracias a la lucha, se ha recorrido el trayecto hasta abrir la opción de la constitución del Estado Vasco y se refiere a avances y victorias parciales y a la respuesta a las embestidas de los Estados. Se refiere al sufrimiento como “la terrible consecuencia de este largo ciclo de conflicto político y confrontación armada”. ¿Es soportable seguir escuchando esta terminología? ¿Es todavía tan difícil identificar a todos los causantes de la injusticia, y no sólo a algunos? ¿Era tan difícil aportar sentimiento a la declaración y plasmar la autocrítica, si es que la ha habido en este terreno?

La declaración apuesta por el cambio, por un proceso democrático, de negociación, acuerdo político y participación popular. Yo me alegro y me sumo a la apuesta.

Y también acudo a algunas de mis raíces, no tan lejanas, en las que, cuando ETA asesinó a dos personas el 30 de diciembre de 2006 y rompió el último proceso de paz, LOKARRI presentó el 28 de marzo de 2007 el Primer Informe de Observatorio Social del Proceso de Paz y Normalización. En aquel Informe se concluía, entre otras afirmaciones, que el proceso de paz tiene prioridad sobre cualquier otra consideración y que ETA debe manifestar con claridad su disposición de poner fin a la violencia para crear las condiciones que hagan posible reconstruir el proceso de paz.

Pues eso, proceso de paz sin violencia, con política y con valentía ante quienes vulneran derechos. La valentía que todavía no permite a esta Izquierda Abertzale levantarse frente a todas las injusticias.

Ah, y prometo, no ponerme, sino mantenerme en pie, zutik, como gran parte de la ciudadanía vasca se ha mantenido gracias a la lucha honesta por los derechos de todas las personas.

El conflicto violento

11.02.2010 (8:40 am)
Pedro Ibarra, Catedrático de la UPV

En ocasiones cuando hablamos de cómo resolver el conflicto violento hacemos apelaciones genéricas a que también hay que exigir el cese de determinadas violencias del Estado porque las mismas pueden suponer una coartada para que ETA siga haciendo uso de la violencia armada.  Con esta argumentación le otorgamos a ETA un papel que YA no tiene. Esotorgarle el papel de alguien que responde a una injusticia; y como la injusticia se ejerce con violencia (vulneración de derechos humanos en general y tortura, por ejemplo, en particular), a ese alguien no le queda más remedio que responder violentamente. Ciertamente no es lo que literalmente se defiende con el argumento dela coartada. Pero también me parece que si decimos que ETA tiene una coartada para actuar violentamente (en sentido inverso, así lo hacemos) estamos diciendo que tiene argumentos, JUSTIFICACIÓN, para hacerlo. Siguiendo con este discurso de la coartada, deberíamos admitir que como el Estado, con su violencia constitutiva, impone un indeseado marco político a Euskadi, ETA estaría justificada para exigir, con violencia, otro marco. Es más, en la medida que su violencia no le excluye del escenario político, dado que su violencia es política por estar justificada, ETA estaría legitimada para dialogar con el Estado sobre cuál debe ser ese otro marco. Tendría, como cualquier otro actor político, todo el derecho a exigir que se le escuche y que con ella se dialogue sobre política. En consecuencia, este argumento de la coartada nos llevaría a un escenario insostenible. Y ello es así porque ETA ha dejado de ser (si es que algún día lo fue) alguien que pueda dialogar y establecer acuerdos políticos con gobiernos y partidos. No es un actor político. El problema de fondo estriba en que seguimos, consciente o inconcientemente, introduciendo a ETA en el escenario político. No acabamos de tener claro que los escenarios / procesos en juego son dos; y con dos dinámicas sustancialmente diferentes:

Uno: un problema -ya no político- que es ETA. La única forma de resolverlo es negociar con ellos su disolución más o menos ordenada (presos, armas, etc. ).

Dos: otro problema. Este sí es político. Tiene a su vez dos frentes:

- El estado vulnera derechos humanos. Y hay exigir el cese inmediato de estas vulneraciones. Y punto.

- El estado mantiene un indeseado marco político para Euskadi. Hay que exigir a las fuerzas políticas (o sea, evidentemente no a ETA) diálogo/acuerdo y también consulta refrendaria sobre un nuevo marco/ pacto (o lo que sea). Y punto.

Dejar paso a los optimistas

05.02.2010 (10:03 am)

David Barbero, escritor y periodista David Barbero, periodista

-Queremos que seas uno de los participantes en el blog de esta organización por el acuerdo político en Euskadi. Deberás enviar un artículo cada …

-Querida amiga, creo que te equivocas. Es mejor que tú no me hagas esa oferta o que yo no la acepte.

-¿Por qué?

-Sería perjudicial.

-Has colaborado con esta organización en muchas ocasiones.

-Iba a decir que las cosas han cambiado. Pero es más exacto decir que he cambiado yo. Desde hace algún tiempo, estoy instalado en el escepticismo sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo político en Euskadi.

-Bueno, pues…

-Ser escéptico es un mal ejemplo para la juventud. Es mejor que deis la oportunidad de escribir en esas páginas a los que mantienen la esperanza. A ver si se contagia.

-Explícame al menos tu escepticismo.

-Es complicado. Las sensaciones y las emociones se explican mal de modo racional. Te diría simplemente que el escepticismo ha llegado hasta mí. No creo que haya actitudes que permitan mantener la esperanza de conseguir un acuerdo político. Tengo la sensación de que cada uno va a lograr su propio beneficio o sus propios objetivos por los medios que sea sin contemplaciones.

-Es una generalización. ¿No?

-Seguramente. Ya te he dicho que es una sensación difícil de explicar y justificar racionalmente.

-¡Alguna razón tendrás!

-No sé. Tengo la sensación de que no se quiere el acuerdo de verdad. En todo caso, se quiere que el acuerdo consista en que el otro se vea obligado a aceptar mis tesis en su totalidad. Al adversario político, ni agua. Hay que desautorizarlo, deslegitimarlo, destruirlo. Es preciso hacer ver que el adversario es el enemigo. ¡El diablo! El único acuerdo que se busca es imponer las tesis propias.

-Quizá no hayas….

-Mira. Si tú y yo queremos llegar a un acuerdo, debemos estar dispuestos los dos a ceder en algo de lo que tenemos, en retroceder de nuestra posición, en aceptar que hemos ido demasiado lejos. ¿Quién acepta eso? Dime un solo nombre.

-Así a bote pronto, no se me ….

-Otro punto. El deporte universal aquí es declararse victima. Todos somos víctimas del vecino. Todos estamos sometidos por el otro. A todos nos impiden conseguir lo que deseamos. Y lo que deseamos es el más absoluto e incuestionable de los derechos. Los demás son los opresores. Nosotros, los oprimidos. ¿Quién está dispuesto aquí a reconocer que, en parte, también es opresor de los derechos del otro?

-Es que te pones …

-Lo único que te quería decir es que es mejor que reserves esa participación para los que mantienen el optimismo. Dan mejor ejemplo. Y dar bien ejemplo es más necesario que nunca. Además, seguramente yo estoy equivocado.

-Tampoco te…

-Difundir el escepticismo y estar equivocado, sería imperdonable.

-De todos modos, …

-De todos modos, y a pesar de mi escepticismo, estaré muy contento de que lo logréis. Sinceramente.