La construcción de la hegemonía
30.05.2011 (9:17 am)
El acceso a la hegemonía de la izquierda abertzale pasada la página de ETA o a punto de pasarla ha dejado de ser una cuestión teórica para plantearse en el terreno práctico.
Conviene pues reflexionar sobre la hegemonía. Esta no consiste en la suma de votos, sino en un cierto liderazgo intelectual y moral. No significa imposición, sino capacidad de persuasión sobre ideas y proyectos en la sociedad en su conjunto, incluyendo a quienes defienden intereses y proyectos contrarios: proceso erizado de dificultades que excluye toda autocomplacencia.
Describiré pues los pasos a dar para construir la hegemonía, con la heterodoxia consciente de quien, aunque simpatiza con los proyectos de Bildu y Sortu, no forma parte de ninguna de sus estructuras orgánicas.
Izquierda abertzale, Aralar, Nafarroa: La fórmula feliz de Bildu amplía en el plano simbólico los dos elementos de la izquierda abertzale: el elemento abertzale a través de Eusko Alkartasuna, el de izquierda con Alternativa. Pero queda por reconstruir el tronco central de la izquierda abertale; lo que exige resolver el tema de Aralar, y finalmente, el de la política vasca en Nafarroa.
Tras los pobres resultados de Aralar en la Comunidad Autónoma hay quien juzgará innecesaria tal operación. Pero la hegemonía no es un tema de suma de votos, sino de convergencia de entidades. La fórmula organizativa que se elija para la reconstrucción es lo de menos; lo que importa es el proceso y la imagen de unidad.
Pero en este tema hay factores que van más allá de lo simbólico y que afectan a temas tan centrales como es la dimensión territorial de la política vasca. El problema de Aralar es el problema navarro. Si no se aborda esta cuestión por sectarismos recíprocos, podemos asistir a la bifurcación de dos abertzalismos, uno vascongado bildutarra y otro navarro aralarizado y nabaitarra. ¿Puede ser oportuna la presencia de dos fuerzas abertzales en el territorio navarro, repartiéndose distintas clientelas y alianzas? Tal vez; siempre que sea de común acuerdo, sin luchas fratricidas y con una estrategia previamente acordada.
Sortu: la izquierda abertzale, y ésta es una cuestión de simple democracia, precisa el pleno acceso a los derechos civiles y políticos de quienes son sus dirigentes ilegalizados. Pero también lo precisan los españoles: aquellos están liderando el movimiento hacia la solución democrática, y como todo el mundo sabe, su presencia es imprescindible para pasar definitivamente la página de ETA. Todos los procesos políticos de calado han tenido por otra parte un interlocutor central; la permanencia en la cárcel Arnaldo Otegi es hoy un escándalo surrealista y sangrante.
PNV: Como la acción armada ha dejado de ser como un elemento de la acumulación de fuerzas (fue siempre así en la práctica, y ahora lo es en el discurso), la acumulación sólo puede extenderse en la dirección del nacionalismo vasco en su conjunto, como un pacto o programa común entre las dos familias, PNV e izquierda abertzale. Es esto lo que ocurrido en procesos de liberación nacional como el de Irlanda del Norte, en forma de acuerdo SDLP-Sinn Fein. Lo que supone finalmente dos procesos de construcción de la hegemonía: el del nacionalismo vasco en su conjunto, y el de cada una de las familias, siendo pues compatible con la competencia entre sí de estas para conseguirla. Leer toda la entrada








