De la tregua a la paz: el paso definitivo
19.09.2011 (9:09 am)

- José Luis Salgado, periodista

Este mes de septiembre se cumple ya un año desde que ETA anunciase su alto el fuego permanente, general y verificable que venía a respaldar la apuesta por la vía democrática de una gran parte de los distintos colectivos que componen lo que se conoce como Izquierda Abertzale. Desde entonces, y a pesar de que Sortu aún continúa ilegalizada, la irrupción de Bildu en las instituciones gracias al amplio apoyo social recabado en las elecciones de Mayo ha cambiado radicalmente el mapa político vasco.
Aun así, no podemos decir que exista realmente un proceso de paz que permita a los vascos cerrar de una vez por todas este triste capítulo de nuestra historia. A pesar de los pasos que ha dado la IA para encauzar su discurso por vías estrictamente políticas, del acuerdo de Gernika, de las múltiples declaraciones expresando que esta vez la tregua es definitiva, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero continua atenazado por el “síndrome de la T4” y condicionado por la presión del Partido Popular y su peligrosa doctrina de la “victoria total” frente al terrorismo.
Esta tardía transición democrática que estamos viviendo en Euskalherria y que muchos esperamos que sea la definitiva no deja de ser un proceso tremendamente complejo y lleno de dificultades. Acabamos de conocer la sentencia de cárcel para Arnaldo Otegi y Rafa Díez Usabiaga en el caso Bateragune, condenados a 10 años en prisión por haber intentado dar un paso más hacia la normalización política en Euskadi. Y a las viejas exigencias de rechazo a la violencia ahora se suman los continuos llamamientos a los cargos electos de Bildu para que condenen el pasado poco menos que hasta los várdulos en tiempos el Imperio Romano. Por otra parte, tampoco desde Bildu se está gestionando correctamente el reconocimiento a las víctimas de ETA desde su nuevo papel en las instituciones guipuzcoanas.
A pesar de todas estas dificultades, no se han vuelto a escuchar disparos ni explosiones en nuestras calles y ninguna familia ha tenido que enterrar a ninguno de sus miembros desde marzo del año pasado. Es cierto que ETA no ha “bajado la persiana” definitivamente, o al menos, no lo ha admitido de forma explícita. Es posible que lo haga o que no lo llegue a hacer nunca, pero da la impresión de que es consciente de que su tiempo ha pasado y que ya hace tiempo que perdió el apoyo social con el que contó en décadas pasadas.
¿Qué nos falta para que la paz se consolide? Además de tiempo, aún parece quedar mucho para que se produzca un verdadero reconocimiento de todas las víctimas por parte de todos, aunque es algo que ya ha calado en una buena parte de la sociedad vasca. Mientras haya sectores que reclamen revancha y políticos que les secunden, las heridas permanecerán abiertas. Reconozco que no es fácil, que es un proceso que requiere mucho tiempo, pero ya va siendo hora de que se vayan dando pasos hacia ese reconocimiento.
Pero para que podamos dar el paso definitivo de la tregua hasta la paz falta algo. Y es un paso que ETA debería tener la valentía de dar: el anuncio del cese definitivo de su actividad. Esta sería el mejor impulso para solucionar definitivamente cuestiones como la situación de los presos y supondría restar argumentos a los sectores sociales y políticos que no acaban de sentirse cómodos en esta nueva situación que vivimos en Euskalherria y renovadas esperanzas a los que apostamos por la paz y la reconciliación como única forma de encarar nuestro futuro como sociedad.






