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El estado de las cosas y las cosas del Estado

03.10.2011 (10:40 am)

Ion Andoni del Amo
Ion Andoni del Amo

La firma por parte del colectivo de presos políticos vascos (EPPK) del Acuerdo de Gernika casi coincide en el tiempo con la sentencia del caso Bateragune. Un importante paso adelante, reconocido de forma casi unánime, por un lado, junto al bloqueo por otro. Un retrato de la situación.

La afirmación de Cándido Conde-Pumpido sobre el carácter de la sentencia como “jurídica y no política” y que “contribuye al avance hacia la paz” resulta tan cómica como aquello de “profesional y proporcionada” en boca de Ares sobre el desalojo de Kukutza. Y plantea la pregunta: ¿en qué anda el Estado?

¿La superación de la estrategia de la ilegalización?

La noticia de la legalidad de Bildu para las elecciones del 22M, acogida con entusiasmo en una multitudinaria e histórica sentada popular en el Arenal bilbaíno y en Iruñea, parecía marcar un punto de inflexión. Independientemente de que la secuencia pudo ser la prevista, rechazo en el Supremo y aceptación en el TC, el grado de conmoción en la sociedad vasca causado por el rechazo perpretado por el TS desbordó a casi todos. En apenas una semana, se organizaron movilizaciones y se multiplicaron los pronunciamientos a favor de unas elecciones democráticas con participación de Bildu, desde el rectorado de la UPV-EHU a CC.OO de Euskadi, pasando por el PNV o numerosas voces del PSE, Patxi López incluido. Quizás todavía no totalmente amortizada en España, la estrategia de la ilegalización aparecía como de complicada viabilidad en Euskal Herria.

¿Significa esto el fracaso y fin de la estrategia de la ilegalización? Sí y no, probablemente. Quedan cuestiones pendientes, como el caso de ANV o la decisión sobre Sortu. Pero parece que en su caso más extremo, la alteración del mapa electoral, su aplicación en el nuevo escenario abierto en Euskal Herria parece muy complicada social y políticamente. Más aún tras los contundentes resultados de Bildu. Incluso, en una España al borde del colapso económico, su rédito electoral para PP y PSOE parece en vías de amortización.

Ahora bien, la legalización de Bildu parece interpretarse en la sociedad vasca más como una victoria de la movilización popular que como una aportación desde el Estado al proceso de paz. Lectura que parece reforzar el hecho de que desde el Estado no se renuncia a la utilización política de la estrategia de la ilegalización. Aunque el coste social y político de la ilegalización directa parece inviable en Euskal Herria, sigue utilizándose, más allá de las sentencias prefabricadas, para intentar crear contradicciones en el seno de la izquierda soberanista –la incertidumbre sobre Sortu y sobre los miles de candidatos vetados– o para intentar ‘disciplinar’ a Bildu bajo la amenaza de ilegalización.

La acumulación de izquierda soberanista y la disputa del relato

Los resultados electorales del 22M supusieron un auténtico terremoto político. La estrategia de acumulación de fuerzas soberanistas, con el impulso de las movilizaciones por la legalización, batía records históricos para el soberanismo de izquierdas. Una fotografía que dejaba más en evidencia la artificialidad del parlamento de Gasteiz: el acuerdo de gobierno PP-PSOE apenas alcanzaba el 30% en unas elecciones medianamente democráticas.

La incorporación de Aralar, tras los resultados del 22M, al bloque de izquierda soberanista de cara a las elecciones españolas del 20N, además, agudiza dos líneas de disputa política. La primera, respecto a la hegemonía en el mundo abertzale: el PNV apenas resistía a Bildu haciéndose fuerte en el gran Bilbao. El partido jeltzale continúa reivindicándose como el cauce central pero, a diferencia de otros tiempos, ya no aspira a arrastrar por ambos lados, sino a mantener un precario equilibrio sin caer al vacío por ninguno, especialmente por el lado abertzale. A tal objeto se ha visto obligado a sacrificar la Diputación de Gipuzkoa y numerosos ayuntamientos. La suma de Bildu y Aralar, Amaiur, aísla al PNV en el conjunto del abertzalismo y aspira seriamente a convertirse el 20N en la fuerza más votada en Euskal Herria, lo que ha desatado el nerviosismo y las estridencias en el ahora Partido Nacional Vasco.

La otra línea de disputa, más de fondo, se sitúa en ese campo actualmente tan importante, como señalase Christian Salmon, cual es el del relato. Es el relato sobre el proceso de paz el que está en juego. La unilateralidad del proceso, que permite mantener la iniciativa política, y la fuerza electoral de la suma de izquierda soberanista, han encendido para muchos las alarmas y el temor a que sea este bloque el que elabore el relato. Iñigo Urkullu fue explícito, con cierta desesperación y acritud, en el Alderdi Eguna, al señalar que “este país no le debe nada a la izquierda abertzale”. También está muy presente en círculos de la derecha española, bajo la formulación de la ‘derrota política del terrorismo’. Esta disputa, amén de inercias,parece estar también en el fondo de la utilización de la ilegalización o en la sentencia del caso Bateragune; se trataría de que una eventual decisión de Euskadi Ta Askatasuna fuera vista como consecuencia de la presión policial y judicial, y no sea capitalizada por la izquierda soberanista. En otra versión más sutil, la misma disputa impulsa las apelaciones a un ‘relato compartido sobre lo sucedido’ y ‘una lectura crítica del pasado’; porque una cosa es el reconocimiento del dolor y de las víctimas, necesario en un proceso de paz, y otra muy distinta un relato compartido, que requiere tiempos más largos, y que muchas de las veces ni es posible ni necesario. Lo que está en juego en todos los casos es esa disputa política por el relato y, en concreto, una disputa frente a un pujante bloque de izquierda soberanista.

¿Hacia la confrontación democrática?

La existencia de diferentes relatos, que se disputan hegemonías y adhesiones, no resulta –decíamos cuando criticábamos las apelaciones a un relato compartido– necesariamente negativo. Entra dentro de la dinámica social y democrática. Lo que ocurre en este caso es que no todos los recursos empleados son democráticos (la estrategia de la ilegalización y las sentencias políticas) y, además, tratan de bloquear los avances hacia un escenario de paz integral.

En este contexto, la estrategia del bloque de izquierda soberanista parece clara. Por un lado, seguir avanzando con nuevos pasos, que pongan más en evidencia las estrategias de bloqueo. Por otro, una estrategia de estabilización en las instituciones, que le permita ahuyentar el discurso del miedo que ya ensayaran PP, PSOE y PNV (“se paralizará el país”) y seguir acumulando adhesiones hasta disputar y ganar las elecciones autonómicas. La acción más puramente reivindicativa y simbólica, así, podría trasladarse al marco del parlamento español con Amaiur, al tiempo que Bildu se blindaría en trasladar estabilidad y una gestión de izquierdas. A ello habría que sumar una actividad constante de movilización y activación social.

Pero si, transcurrido el periodo de estabilización y disputa de la hegemonía que lleva a las autonómicas, la situación de bloqueo persistiese, además de la movilización popular, probablemente habría que activar las mayorías institucionales conseguidas y confrontarlas democráticamente a esa estrategia de bloqueo. Y ese escenario también habrá de prepararse con antelación, porque la paralización, atrapamiento u homologación de la izquierda soberanista en el entramado institucional es también otra cara de la disputa y de la estrategia del bloqueo.

De la tregua a la paz: el paso definitivo

19.09.2011 (9:09 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Este mes de septiembre se cumple ya un año desde que ETA anunciase su alto el fuego permanente, general y verificable que venía a respaldar la apuesta por la vía democrática de una gran parte de los distintos colectivos que componen lo que se conoce como Izquierda Abertzale. Desde entonces, y a pesar de que Sortu aún continúa ilegalizada, la irrupción de Bildu en las instituciones gracias al amplio apoyo social recabado en las elecciones de Mayo ha cambiado radicalmente el mapa político vasco.

Aun así, no podemos decir que exista realmente un proceso de paz que permita a los vascos cerrar de una vez por todas este triste capítulo de nuestra historia. A pesar de los pasos que ha dado la IA para encauzar su discurso por vías estrictamente políticas, del acuerdo de Gernika, de las múltiples declaraciones expresando que esta vez la tregua es definitiva, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero continua atenazado por el “síndrome de la T4” y condicionado por la presión del Partido Popular y su peligrosa doctrina de la “victoria total” frente al terrorismo.

Esta tardía transición democrática que estamos viviendo en Euskalherria y que muchos esperamos que sea la definitiva no deja de ser un proceso tremendamente complejo y lleno de dificultades. Acabamos de conocer la sentencia de cárcel para Arnaldo Otegi y Rafa Díez Usabiaga en el caso Bateragune, condenados a 10 años en prisión por haber intentado dar un paso más hacia la normalización política en Euskadi. Y a las viejas exigencias de rechazo a la violencia ahora se suman los continuos llamamientos a los cargos electos de Bildu para que condenen el pasado poco menos que hasta los várdulos en tiempos el Imperio Romano. Por otra parte, tampoco desde Bildu se está gestionando correctamente el reconocimiento a las víctimas de ETA desde su nuevo papel en las instituciones guipuzcoanas.

A pesar de todas estas dificultades, no se han vuelto a escuchar disparos ni explosiones en nuestras calles y ninguna familia ha tenido que enterrar a ninguno de sus miembros desde marzo del año pasado. Es cierto que ETA no ha “bajado la persiana” definitivamente, o al menos, no lo ha admitido de forma explícita. Es posible que lo haga o que no lo llegue a hacer nunca, pero da la impresión de que es consciente de que su tiempo ha pasado y que ya hace tiempo que perdió el apoyo social con el que contó en décadas pasadas.

¿Qué nos falta para que la paz se consolide? Además de tiempo, aún parece quedar mucho para que se produzca un verdadero reconocimiento de todas las víctimas por parte de todos, aunque es algo que ya ha calado en una buena parte de la sociedad vasca. Mientras haya sectores que reclamen revancha y políticos que les secunden, las heridas permanecerán abiertas. Reconozco que no es fácil, que es un proceso que requiere mucho tiempo, pero ya va siendo hora de que se vayan dando pasos hacia ese reconocimiento.

Pero para que podamos dar el paso definitivo de la tregua hasta la paz falta algo. Y es un paso que ETA debería tener la valentía de dar: el anuncio del cese definitivo de su actividad. Esta sería el mejor impulso para solucionar definitivamente cuestiones como la situación de los presos y supondría restar argumentos a los sectores sociales y políticos que no acaban de sentirse cómodos en esta nueva situación que vivimos en Euskalherria y renovadas esperanzas a los que apostamos por la paz y la reconciliación como única forma de encarar nuestro futuro como sociedad.

Táctica versus ética

08.09.2011 (2:43 pm)

Ignacio González Orozco, escritor y editor
Ignacio González Orozco, escritor y editor

Hace pocos días, uno de mis contactos en Facebook, simpatizante notorio de la corriente mayoritaria de la izquierda abertzale (en adelante IA, por usar una sigla ya generalizada), me comentaba su rechazo a la violencia de ETA. Recupero sus propias palabras: “Hoy por hoy la lucha armada no sirve para nada”.

Como las interpretaciones son siempre capciosas, intentaré abordar literalmente el anterior aserto. Su análisis semántico alude a un tiempo concreto, el presente, que sugiere una comparación negativa con respecto a un pasado; también acusa de nula utilidad a una actividad determinada, la lucha armada. En sentido estricto, esta oración no incluye ninguna consideración de orden moral sobre dicha actividad. Y añadiría yo, aun entrando en el terreno de la suposición, que la frase se refiere a una conveniencia política e histórica dada. No se cuestiona, colijo, la moralidad de la lucha armada, sino su efectividad en función de resultados. La crítica formulada sólo es de tipo técnico, pues no va más allá –o no parece hacerlo– de un análisis puramente utilitarista.

Aquel breve post de Facebook me llevó de nuevo a meditar sobre el protagonismo que en este proceso de paz está jugando –o no– la reflexión ética y su influencia real, tanto en el caso de los antiguos dirigentes de Batasuna que impulsaron Sortu como de la gran mayoría, identificada con la IA, de los 313.000 votantes que respaldaron a Bildu en las elecciones de mayo de 2011.

En opinión de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE), la estrategia política de Sortu y Bildu obedece a los presupuestos utilitaristas recién sugeridos: una vez derrotada la lucha armada, aseguran, el rechazo a la misma viene obligado por la necesidad de salir de la ilegalidad. A la fuerza ahorcan, dice el refrán, por lo que la corriente mayoritaria de la IA se agarra como puede a su oportunidad de supervivencia, sin abandonar el original respaldo a ETA. Sin embargo, la cuestión parece más compleja a otros espectadores del proceso de paz, quienes sostienen que el viraje político respaldado por la masa social de la IA no carece de planteamientos éticos, dicho sea sin caer en estadísticas ficticias y aun reconociendo que buen número de votantes de este cuerpo electoral sigue anteponiendo las consideraciones coyunturales. Leer toda la entrada

La disolución de ETA

29.08.2011 (12:36 pm)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

Desde el punto de vista “militar” ETA ha sido derrotada por los aparatos de seguridad del Estado y la colaboración internacional. Y desde el punto de vista político ETA ha sido derrotada por Bildu. Y todo esto ha sido posible porque hace tiempo que la sociedad vasca dio la espalda a ETA.

Aquella ETA nacida durante la dictadura militar franquista, que era vista con simpatía por gran parte de la sociedad vasca y denominada en muchos medios de comunicación internacionales como “los luchadores vascos por la libertad”, hace tiempo que pasó a la historia.

ETA llega al siglo XXI siendo rechazada por la inmensa mayoría de la sociedad vasca y definida en los medios de comunicación internacionales como organización terrorista.

La sociedad vasca ya solo espera de ETA el anuncio de su disolución.

Luego tendremos que “reconstruirnos” como sociedad. Tendremos que aprender a convivir con el recuerdo de los errores y de los horrores pasados. Para ello tendremos que dar tiempo al tiempo, tendremos que dejar que la nueva realidad vaya asentándose. Solo entonces podremos plantearnos una verdadera reconciliación.

Mientras tanto es necesario seguir tratando de tender puentes. En este terreno es imprescindible la labor de organizaciones como Lokarri.

Reflexiones en torno a Bildu y ETA

24.08.2011 (10:25 am)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

Las reflexiones que siguen fueron escritas después del último comunicado de ETA (principios de julio). Después de escribirlas, tuve la sensación de que quizás lo que se decía no venía a cuento; que parecía que las cosas ya estaban encarriladas.

Pero pasa el tiempo y no da la sensación de que se prevean nuevos movimientos, por lo que sí creo que resulta adecuado lo que en ellas se dice. Básicamente que la IA o Bildu deberían animar públicamente a ETA a que manifieste explícita y claramente que el proceso iniciado tiene –en fases irreversiblemente encadenadas– como final su disolución como organización armada.

Aunque mi texto así lo evidencia, me parece conveniente afirmar que mis reflexiones en modo alguno se enmarcan en la sistemática deslegitimación política y mediática dirigida contra Bildu. Todo lo contrario. Se hace desde la creencia de que la aparición de Bildu en el escenario político es una de la mejores cosas que han ocurrido en este país en los últimos años.

Sobre discursos y perplejidades

1. Los discursos

El discurso de ETA, reflejado sistemáticamente en todos sus comunicados, es el propio de la conocida ley de la creciente autoalabanza provocada por la convergente y también creciente inoperactividad. Muy especialmente en las organizaciones armadas, cuanto más evidente y cercano resulta el desastre, con más entusiasmo se afirma el protagonismo en la victoria total.

Así, dicen que ahora es la lucha política la que debe prevalecer y que, por tanto, gracias a su suspensión de la acción violenta, se produce el éxito electoral de Bildu. Ello les lleva a decir –a insinuar– que deben permanecer dando ideas y ánimos, aunque de momento –parece que de largo momento– no apoyando con su violencia dichas inestimables –para ellos– ayudas. No parece que en su discurso afirmen estar interesados en disolverse, porque así –suponen– persistirá su benéfica influencia en el proceso de liberación del país. Por un lado, reivindican el papel de su anterior lucha armada en la supervivencia de una Euskal Herria unida, combativa e independentista. Y por otro, la decisión, en el mes de enero, de cesar la violencia es una opción dirigida a reforzar la opción estratégica exclusivamente pacífica, y electoralmente victoriosa, de la IA. Sin embargo, en su discurso no se deduce con evidencia que esa alternativa de cese constituya un paso inevitablemente ligado a la estrategia dirigida a acabar con su existencia como organización armada. Entrando en el terreno interpretativo, se podría quizás considerar que su afirmación en el último comunicado de que van a “profundizar en su decisión” –lo que debería implicar un paso más en el proceso de cierre de la organización– está condicionado a la “negociación”. Parecería que a la negociación sobre el tema de los presos. Es una interpretación. Lo único expreso en su actual y anteriores discursos es que su decisión de cese de la violencia aunque incondicional, es temporal.

El discurso de Bildu sobre ETA no es un discurso valorativo respecto a su protagonismo histórico, pero sí es un discurso comprensivo respecto a los pasos que está dando en relación al cese de la violencia. No afirman que gracias a ETA Bildu está donde está, pero implícitamente sí reconocen que ETA ha dado pasos, de momento suficientes, que han hecho posible tanto una consolidación de la opción independentista como de un escenario de paz. Si ETA dice que tanto gracias a su lucha armada como también al cese temporal de la misma, Euskal Herria sigue viva y la opción abertzale soberanista es fuerte y vencerá, Bildu dice que el cese ha permitido tanto la legalización como el desarrollo de proyecto abertzale de izquierdas. Son supuestos discursivos parecidos pero no idénticos. En el primero la acción, y la deliberada no acción, de ETA se presentan como la causa –no la única pero si la muy principal– del éxito de la IA. En el segundo el cese aparece como la remoción necesaria de un obstáculo para impulsar ese despegue político. Leer toda la entrada

El sacrificio por Euskal Herria, un camino lleno de sillas

20.06.2011 (9:25 am)

Maider Carrere Souto, Secretaria General de Gazte Abertzaleak
Maider Carrere Souto,  Secretaria General de Gazte Abertzaleak

“Siempre vale la agonía de la prisa

aunque se llene de sillas la verdad.”

(Silvio Rodriguez, La canción de las sillas)

Mi amona, recientemente fallecida, siempre me recordaba que el objetivo de cualquier persona era reconocer la importancia de los sacrificios personales por el colectivo, ya que este reconocimiento sería el que ayudaría a poner los soportes de un mundo más justo. Me admitía que buscar el equilibrio no era sencillo, pero el dejar los intereses personales de un lado, y la lucha por todos los derechos para todas las personas, se convirtió en una constante que le llevó a estar en la primera línea del frente desde Venezuela hasta Lemoiz. Una mujer que no tenía límites en la defensa de la justicia, y sobre todo, con una concepción clara de lo que tenía que ser Euskal Herria.

Silvio Rodriguez en “La canción de las sillas” hace alusión a lo débil que puede ser el ser humano en circunstancias adversas, pero lo gratificante que se hace lograr los objetivos marcados a pesar de todas las barreras que se tienen que flanquear. La idea de que en el camino de todas las personas hay sillas que invitan a sentarse, es una idea bastante recurrente en política. Sin embargo, dentro de esta tentadora elección, en Euskal Herria encontramos también a personas atadas a su pasado, a una ideología, a situaciones difíciles vividas durante muchos años. Emociones contrarias y difíciles de controlar; son muchos años en los que esta sociedad ha estado embriagada de dolor, esperanza e ilusiones fallidas. Aunque si hay algo que caracteriza a los habitantes de este pequeño territorio, es el tesón y ánimo con la que cogen la bandera de la democracia y optan por trabajar por lo que verdaderamente creen: en la justicia social y en la implantación de la democracia en paz.

Mujeres y hombres que cada año saltan al panorama político, buscando sumar su granito de arena a lo que creen que es justo. Sin embargo, ya llevamos un par de lustros en que la sociedad de Euskal Herria no ha podido contribuir libremente a la construcción de una democracia, fallida ya desde sus inicios, tras el franquismo. Hoy, aun estando celebrando el triunfo de Bildu, seguimos con organizaciones políticas y sociales ilegalizadas, en un momento donde queda cada vez más lejana la violencia de ETA, y por el contrario, más latente la cerrazón del gobierno español en dar pasos hacia lo que los firmantes de Acuerdo de Gernika consideramos como base para un acuerdo de normalización y cumplimiento de todos los derechos para todas las personas.

Siguiendo lo que Silvio dice al final de esta canción, y ante otro ejemplo de la afirmación que el camino está lleno de sillas, debemos ser capaces de darnos cuenta que la rapiña está esperando a que nos cansemos, a que finalmente ocupemos nuestros sitios y no sigamos en nuestro empeño.

Sin embargo, tengo más claro que nunca que después del camino andado y valorando los grandes hitos que estamos viviendo en las últimas épocas, el que nos rodeen tormentas, el sentimiento de soledad que irrumpe algunas veces o que muchas veces nos inviten a parar, resulta tranquilizador, ya que son indicios indiscutibles que tenemos una buena canción, que estamos rodeados de amigos y amigas, y que vamos en buen sentido.

Hoy BILDU no es simplemente un proyecto a tres, BILDU debe ser considerado un proyecto de más de 300.000 personas que han depositado su confianza. Fuera de cualquier sigla de partido, hay una bolsa de personas que hoy son factores imprescindibles de BILDU, y a ésas es a las que hay que responder directamente, sin más dilación, para que el proyecto se consolide, la madeja siga sumando y sea por fin la que abra, por voluntad de Euskal Herria, las puertas de la normalización y pacificación de este país.

A pesar de que la generación de mi difunta amona va desapareciendo, las siguientes tenemos que ser herederas de su fortaleza y su tesón, y tener presentes que el sacrificio por el colectivo será el que forjará una Euskal Herria libre, unida y más justa. Tan sólo ya por lo que esas personas trabajaron, se merecen que su trabajo tenga una continuación hasta la resolución y reparación para la ciudadanía de este país.

Después de las elecciones, ¿más cerca de la paz?

15.06.2011 (12:43 pm)
Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de Fundació per la Pau

Hace tiempo que parece claro que ETA y su opción por la violencia están caducadas, totalmente fuera de lugar. Es un buen signo de que el proceso de paz, incipiente y precario, avanza. Y de que hay conquistas sociales –el rechazo a la violencia- que parecen definitivamente ganadas.

El resultado de las recientes elecciones consolida más este escenario: de hecho, diría que el protagonismo de ETA ha sido de los más bajos de entre las elecciones habidas hasta ahora. Como debe ser, claro está.

Es más: Bildu ha obtenido un espectacular resultado precisamente cuándo la izquierda abertzale vinculada a ETA ha explicitado de forma clara su rechazo a la violencia. Cuándo, en el fondo, ha aparecido realmente como un actor político autónomo. Es interesante destacarlo: el gran poder que hoy tiene la izquierda abertzale surge directamente del empoderamiento, de la emancipación y de la autodeterminación que finalmente se ha atrevido a ejercer frente al liderazgo de ETA.

¿Son estos resultados un espaldarazo a las opciones de paz en el País Vasco? Sin duda, lo es que se hayan realizado sin la existencia y amenaza de asesinatos o atentados. Lo es, también, que la sensibilidad que representa la izquierda abertzale oficial haya podido estar presente.

En cualquier caso, para Bildu, es un momento clave. Hasta hace cuatro días, peleaban para que la sensibilidad ideológica que representaban tuviera voz y presencia en las instituciones. De la noche a la mañana, se encuentran con que van a gestionar ayuntamientos y deberán estar al servicio de toda la comunidad. Un gran reto. Y una gran responsabilidad.

Es evidente que así como hay vascos y vascas que han vivido con euforia los buenos resultados electorales de Bildu, hay otras vascas y vascos que lo han vivido con estupor y miedo. Y esa es la gran tarea de toda la gente que pase a asumir tareas institucionales con este nuevo proyecto: construir un futuro sobre nuevas bases y no ojear hacia prácticas antiguas execrables. Que los ayuntamientos con Bildu al frente se encuentren entre los más activamente comprometidos con el respeto a los derechos humanos y la cultura de paz y con el rechazo a opciones violentas y amenazadoras constituiría un paso fundamental más hacia la plena pacificación y normalización del País Vasco.

La deslegitimación final de la violencia

06.06.2011 (10:20 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

La irrupción de Bildu en las instituciones de Euskalherria tras los resultados de las elecciones del pasado día 22 de Mayo ha modificado profundamente el panorama político vasco. A falta de estudios sociológicos más sesudos, da la impresión de que esa parte de la ciudadanía que apuesta por la independencia y que no se había sentido representada por ningún partido político desde la ilegalización de Batasuna, ha avalado en las urnas la apuesta de la Izquierda Abertzale por las vías exclusivamente políticas.

Estos resultados electorales suponen el cierre del círculo de la deslegitimación de la violencia en Euskalherria. La mayoría de la sociedad vasca lleva años expresando el rechazo más enérgico al uso de la violencia con fines políticos, pero ha sido en estas elecciones donde la base social que comparte el ideario de la banda armada ha expresado su voluntad de respaldar la aceptación de la Izquierda abertzale de unos principios democráticos básicos para que se pueda lograr la convivencia pacífica y la reconciliación sin tener que renunciar a su ideario político.

Esto no significa que se hayan cumplido los objetivos de paz y reconciliación por los que muchos abogamos desde hace años. Es evidente que aún hay quien continúa viendo en los miembros de ETA a unos gudaris que luchan por la liberación del pueblo vasco. Pero también perciben que, a efectos prácticos, esa vía no conduce a ningún lugar. Tampoco debemos olvidar que en la misma sociedad vasca hay quien continúa justificando la tortura o el terrorismo de Estado, algo que hace que la reconciliación y la normalización sean metas aún lejanas en el tiempo.

El largo proceso hacia la paz está llenos de baches y de trampas, pero los vascos lo vamos recorriendo poco a poco. Pero el paso más importante lo tiene que dar ETA cuanto antes: debe pasar de la tregua al cese definitivo. Debe darse cuenta, ahora más que nunca, que en la sociedad vasca ya no tiene apoyos y que la mejor opción para alcanzar objetivos políticos es precisamente dar el paso de enterrar definitivamente las pistolas.

Entonces es cuando podremos empezar a restañar definitivamente las heridas que nos dividen.

La construcción de la hegemonía

30.05.2011 (9:17 am)

Francisco Letamendia, profesor de la UPV-EHU
Paco Letamendia, profesor de la UPV-EHU

El acceso a la hegemonía de la izquierda abertzale pasada la página de ETA o a punto de pasarla ha dejado de ser una cuestión teórica para plantearse en el terreno práctico.

Conviene pues reflexionar sobre la hegemonía. Esta no consiste en la suma de votos, sino en un cierto liderazgo intelectual y moral. No significa imposición, sino capacidad de persuasión sobre ideas y proyectos en la sociedad en su conjunto, incluyendo a quienes defienden intereses y proyectos contrarios: proceso erizado de dificultades que excluye toda autocomplacencia.

Describiré pues los pasos a dar para construir la hegemonía, con la heterodoxia consciente de quien, aunque simpatiza con los proyectos de Bildu y Sortu, no forma parte de ninguna de sus estructuras orgánicas.

Izquierda abertzale, Aralar, Nafarroa: La fórmula feliz de Bildu amplía en el plano simbólico los dos elementos de la izquierda abertzale: el elemento abertzale a través de Eusko Alkartasuna, el de izquierda con Alternativa. Pero queda por reconstruir el tronco central de la izquierda abertale; lo que exige resolver el tema de Aralar, y finalmente, el de la política vasca en Nafarroa.

Tras los pobres resultados de Aralar en la Comunidad Autónoma hay quien juzgará innecesaria tal operación. Pero la hegemonía no es un tema de suma de votos, sino de convergencia de entidades. La fórmula organizativa que se elija para la reconstrucción es lo de menos; lo que importa es el proceso y la imagen de unidad.

Pero en este tema hay factores que van más allá de lo simbólico y que afectan a temas tan centrales como es la dimensión territorial de la política vasca. El problema de Aralar es el problema navarro. Si no se aborda esta cuestión por sectarismos recíprocos, podemos asistir a la bifurcación de dos abertzalismos, uno vascongado bildutarra y otro navarro aralarizado y nabaitarra. ¿Puede ser oportuna la presencia de dos fuerzas abertzales en el territorio navarro, repartiéndose distintas clientelas y alianzas? Tal vez; siempre que sea de común acuerdo, sin luchas fratricidas y con una estrategia previamente acordada.

Sortu: la izquierda abertzale, y ésta es una cuestión de simple democracia, precisa el pleno acceso a los derechos civiles y políticos de quienes son sus dirigentes ilegalizados. Pero también lo precisan los españoles: aquellos están liderando el movimiento hacia la solución democrática, y como todo el mundo sabe, su presencia es imprescindible para pasar definitivamente la página de ETA. Todos los procesos políticos de calado han tenido por otra parte un interlocutor central; la permanencia en la cárcel Arnaldo Otegi es hoy un escándalo surrealista y sangrante.

PNV: Como la acción armada ha dejado de ser como un elemento de la acumulación de fuerzas (fue siempre así en la práctica, y ahora lo es en el discurso), la acumulación sólo puede extenderse en la dirección del nacionalismo vasco en su conjunto, como un pacto o programa común entre las dos familias, PNV e izquierda abertzale. Es esto lo que ocurrido en procesos de liberación nacional como el de Irlanda del Norte, en forma de acuerdo SDLP-Sinn Fein. Lo que supone finalmente dos procesos de construcción de la hegemonía: el del nacionalismo vasco en su conjunto, y el de cada una de las familias, siendo pues compatible con la competencia entre sí de estas para conseguirla. Leer toda la entrada

Un nuevo período histórico

16.05.2011 (10:29 am)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

Bueno, pues se acabó. Desde la medianoche del jueves de la semana pasada con la legalización de Bildu por el Tribunal Constitucional, se abre una nueva fase política en nuestro país. Un nuevo período histórico. Ya sé que suena muy contundente, muy tremendo. Pero, sin exagerar, creo que es bastante cierto.

Hagamos un ejercicio de memoria y preguntémonos cómo hemos estado durante al menos los últimos 30 años, representando la política. Permanentemente, a través del marco de la violencia. Lo que percibíamos -o lo que decidieron que debíamos percibir- era que la política en su dimensión más espectacular era, no quizás prioritariamente, pero sí sistemáticamente, lo que ocurría en relación con la violencia. Lo que hacía ETA, lo que hacían lo políticos en relación con ETA. Las decisiones políticas que se proponían o tomaban (algunas especialmente relevantes) estaban marcadas u orientadas por la violencia de ETA. Sin duda, desde el inicio de los 2.000s esa dependencia, objetivamente, desapareció. Pero medios y políticos seguían persistiendo en transmitir esa imagen. La violencia de ETA marcó nuestras vivencias -nuestras opiniones- políticas cotidianas. La existencia de ETA “contaminó” (ahora sí resulta real esa expresión) nuestra visión y nuestras preferencias políticas. Y en muchos casos, sobre todo reactivamente, nuestra acción política.

En los últimos años un nuevo acontecimiento conectado, al menos en origen, a la violencia de ETA refuerza esa dependencia en nuestra mirada y actitud frente a la política. La ilegalizacion de la Izquierda Abertzale introduce, además, la dimensión demócratica en ese escenario marcado por la violencia, reforzando su politización. Ello con la percepción social de que con la ilegalización se estaban vulnerando determinadas pero esenciales exigencias democráticas. En los últimos años la violencia todavía influía en los marcos de comprensión, interpretación y posicionamientos políticos ciudadanos, y al mismo tiempo la exclusión política de una significativa parte de la población generaba desasosiego democrático. Nos representaba el quehacer político -o sin más, la política- como seriamente herida en su flanco democrático.

Bueno, pues todo eso se acabó.

Entramos en una nueva fase donde ETA ha dejado de ser un acontecimiento político. Los partidos e instituciones políticas propondrán y tomarán decisiones políticas, sin conexión ni referencia -ni siquiera retórica- alguna, respecto a la violencia de ETA. Y por supuesto, todos lo partidos y organizaciones políticos entrarán en el juego electoral y la acción política pública. En síntesis, de ahora en adelante cuando se hable de política, solo se hablará y discutirá de cómo gestionar mas adecuadamente, o más útilmente, o también para algunos, más justamente, los intereses colectivos de nuestra comunidad nacional.

Supongo que he exagerado un poco. El corte, la ruptura, no es, por supuesto, ”limpia”. Vamos a seguir viviendo las consecuencias de los sucesos del pasado y el futuro nos plantea retos provenientes de ese mismo pasado.

En primer lugar, queda pendiente el proceso de desaparición de ETA como organización armada y el conectado asunto de la pacífica reincorporación de sus presos y militantes a la sociedad. No parece nada probable que una no solución o mala solución de este asunto provoque una involución, una vuelta al viejo escenario. Pero obvias exigencias de justicia obligan a impulsar la solución del tema.

Un asunto pendiente de mas envergadura es el que hace referencia a la cuestión de la reconciliación y convivencia. Por el momento quizás se puedan apuntar algunas exigencias mínimas. Mas allá de los procesos de reconciliación locales, aquellos en que específicos grupos de víctimas y victimarios tratan de lograr momentos de reconciliación, la sociedad vasca en su conjunto debería lograr un actitud general en la relación con el otro, basada en el reconocimiento y tolerancia, en la que quedase constitutivamente excluida el uso de la violencia y la amenaza de la misma. Para ello parece necesario que, también de forma generalizada, surgiese un declaración compartida -sobre todo de ETA y quienes en mayor o menor medida la apoyaron, pero también del Estado- en al que se reconozca la injusticia del dolor causado y el compromiso de no volver al andadas.

Desde la perspectiva de lo retos políticos, no hay que dejarse deslumbrar por el asunto de la legalización. Esta, sin duda, supone una recuperación de un importante derecho democrático. Pero con o sin legalización, la democracia en Euskadi sigue teniendo muchas insuficiencias y vulneraciones de derechos humanos, como la tortura por ejemplo. Y sigue sin concederse el ejercicio del derecho democrático a decidir sobre si queremos (o no) un nuevo y sustancialmente no dependiente marco de autogobierno. O sea que, al loro.

Y para acabar sería bueno reflexionar sobre cómo el circo de las sentencias judiciales, jaleado por medios y políticos miserables, ha incrementado -más bien impulsado- en Euskadi la cultura política de lo que podríamos llamar el independentismo republicano. Pero eso es otra historia.