El inicio de una nueva etapa
23.10.2011 (6:03 pm)
Lo primero de todo es expresar una alegría inmensa y profunda. Tras la voladura por parte de ETA del Proceso de Loiola había llegado a compartir el convencimiento y el abatimiento que se extendieron en la sociedad vasca de que no llegaríamos a ver en nuestras vidas el final de ETA. Aunque la organización que ha cercenado durante tantas décadas vidas y derechos fundamentales a tantas miles y miles de personas se hallaba muy debilitada, su mera existencia suponía una amenaza permanente para las libertades y derechos de las personas. El anuncio del jueves pasado marca de manera definitiva e irreversible el inicio del camino -esperemos que corto- que conducirá a la desaparición definitiva de una organización que ha ocasionado muchísima muerte y destrucción, violando las más elementales normas éticas y los derechos más básicos de las personas.
Ehundaka hildako utzi ditu 1959an sortu zen aipatu erakunde terroristak, milaka zauritu, milaka biktima… Egun oraindik milaka asko ziren mehatxupean bizi ziren gizon-emakumeak, estortsionatuta edo hertsatuta zeuden pertsonak, beldurraren preso eta askatasunik gabe bizi ziren pertsonak. Horrenbestez, milaka eta milaka lagunek bizitza eskubidea, askatasuna, integritate fisiko eta moralerako eskubidea…bai eta bizipoza ere bere osotasunean berreskuratzea berri izugarri ona da zalantzarik gabe.
Gertakari historiko baten aurrean gaude, gertakari on baten aurrean, eta horrek morala, animoa eta baikortasuna puztu egin beharko lizkiguke. Konturatzen ez ginen arren, nolabaiteko goibeltasuna eta etsipena oso zabalduta zeuden euskal gizartean ETAren ekintzen ondorioz, eta horrek, eta haren indarkeriak berak, nahiz eta horretaz ez jabetu, ia denetan zuen eragina, bai gizartegintzan, bai politikagintzan, bai eta elkarren arteko harremanetan ere.
Lo segundo que quisiera expresar en este breve texto es la felicitación y la enorme gratitud a todas las personas y organizaciones que han hecho posible que ETA haya decidido lo que ha decidido. Sin entrar en la peligrosa y delicada tarea de poner nombres y rostros a los y las hacedores de la paz, sí quiero subrayar que el trabajo y la contribución de Lokarri han sido, sin lugar a dudas, determinantes y quiero reconocerlo públicamente. También merece un público reconocimiento la ingente tarea que han llevado a cabo durante muchos años Gesto por la Paz y Elkarri, que se han dejado la piel, en circunstancias muy difíciles para muchos de sus miembros, en la construcción de condiciones sociales y de argumentos éticos que dejasen sin oxígeno a ETA.
Une hauetan, ezinbestekoa eta beharrezkoa da gogora ekartzea hildakoak, biktimak eta euren senideak eta lagunak. Hemendik aurrera, justizian eta memorian oinarritutako etorkizuna eraiki behar dugu guztion artean. Eta jarduera inportante horretan biktimen eskubideak erdi-erdian kokatu behar ditugu. Etorkizunean bakea eta giza eskubideekiko errespetua euskal gizartearen zutabe nagusi izatea nahi badugu eskubide horiek gizarte balioen bizkarrezurrean txertatu behar ditugu.
Se abre una nueva etapa en Euskadi, sin duda. Una etapa que, como decía en el párrafo precedente, ha de tener como uno de sus basamentos principales la garantía de los derechos de las víctimas de la violencia terrorista; de las víctimas de ETA y también de las producidas por las demás organizaciones terroristas que han operado en Euskadi. La ley 4/2008 de reconocimiento y reparación a las víctimas del terrorismo, magnífica ley aprobada por EAJ-PNV, PSE-EE, PP, Aralar, EA y EB, constituye una herramienta impresdindible para ello. A él habremos de sumarle las conclusiones de la Ponencia parlamentaria que analiza la realidad y los derechos de otras víctimas habidas en un contexto de motivación política (las víctimas de la tortura, de las actuaciones desproporcionadas de la policía, etc.).
Todos los partidos políticos, poderes públicos, agentes sociales, administraciones públicas etc. pero también el conjunto de la sociedad vasca, es decir cada uno de sus ciudadanos y ciudadanas, tenemos la gran responsabilidad de construir el futuro bajo el imperio de los valores éticos de respeto a los derechos humanos. Una tarea hercúlea pero a la vez necesaria e ilusionante. La superación del horror vivido en términos moralmente aceptables -es decir dando al menos la reparación moral debida a todas las víctimas y restaurando de modo integral y pleno, sin excepciones, la vigencia de los derechos humanos- exige el concurso de todos, para lo cual son muchos los que habrán de hacer un ejercicio autocrítico de sus actitudes y comportamientos que han justificado o tolerado las gravísimas conculcaciones de derechos humanos que se han producido en este país.














