Capitalizar la Paz
11.04.2011 (8:44 am)
Las amplias y justificadas expectativas de Paz en nuestro país se encuentran actualmente en en una zona de convergencia con el inminente proceso electoral de mayo.
En la medida en que la existencia de expresiones de lucha armada y el desarrollo de limitaciones severas en los derechos de participación política han obstaculizado el establecimiento de condiciones estandarizadas de democracia formal en la CAV y Nafarroa, no debería llamarnos la atención que la pacificación forme parte de la agenda política: La Paz, no nos olvidemos, es una decisión colectiva, una voluntad puesta en práctica, es sin género de dudas, un hecho político.
Raramente las opciones político-electorales tienden a defender un estado permanente de violencia y a favor de la violencia. En todo caso, suelen admitir ciertas dinámicas que incluyen la coacción física, siempre en nombre de un orden determinado de las cosas, bien de uno existente bien de otro que se aspira a construir.
El origen del Estado moderno se sitúa en torno a la formulación weberiana de “aquella comunidad humana que detenta el monopolio de la violencia legítima y la aplica con éxito en un determinado territorio”. Esto es, violencia para la Paz. Ese es el pilar fundamental del actual Estado español y lo será, con toda probabilidad, del futuro Estado vasco, si lo hubiere.
Por lo tanto, toda justificación eventual de la violencia se realiza sobre la base una forma específica de entender la Paz, a sabiendas de que dicho orden pacífico, de ser mantenido o logrado, será defendido violentamente si es necesario. Así, las distintas concepciones al respecto luchan por lograr la hegemonía discursiva en la sociedad.
Admitiendo, en consecuencia, la entidad múltiple de la noción de Paz, las ciudadanas y ciudadanos vascos tiene el derecho a incluir en sus criterios políticos y sus posteriores consecuencias electorales su valoración sobre este trascendental asunto: quién ha hecho qué y en qué dirección, con qué intensidad, con qué intencionalidad, con qué eficiencia y con qué efectividad.
Más allá de la crisis económica y de los temas sectoriales, las elecciones forales y municipales tendrán mucho que ver con el devenir de un necesario proceso de disolución unilateral de ETA y del reestablecimiento de todos los derechos humanos, civiles y políticos. Habrá, por tanto quienes, en mayor medida capitalicen las distintas nociones de Paz, quienes lo consigan en menor medida, y quienes fracasen en su legítimo empeño.
Las y los que logren el liderazgo y el refrendo de las urnas no podrán obviar el compromiso que les obligará inexorablemente a lograr un marco de convivencia y a garantizar el cumplimiento de los pasos concretos que avancen en la irreversibilidad del proceso, siendo capaces de lograr puntos comunes inclusivos que constituyan la auténtica Paz Vasca.
Esta, y no otra, ha de ser la prioridad: una vez haya hablado, la sociedad no admitirá menos.















