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Capitalizar la Paz

11.04.2011 (8:44 am)

 

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

 

Las amplias y justificadas expectativas de Paz en nuestro país se encuentran actualmente en en una zona de convergencia con el inminente proceso electoral de mayo.

En la medida en que la existencia de expresiones de lucha armada y el desarrollo de limitaciones severas en los derechos de participación política han obstaculizado el establecimiento de condiciones estandarizadas de democracia formal en la CAV y Nafarroa, no debería llamarnos la atención que la pacificación forme parte de la agenda política: La Paz, no nos olvidemos, es una decisión colectiva, una voluntad puesta en práctica, es sin género de dudas, un hecho político.

Raramente las opciones político-electorales tienden a defender un estado permanente de violencia y a favor de la violencia. En todo caso, suelen admitir ciertas dinámicas que incluyen la coacción física, siempre en nombre de un orden determinado de las cosas, bien de uno existente bien de otro que se aspira a construir.

El origen del Estado moderno se sitúa en torno a la formulación weberiana de “aquella comunidad humana que detenta el monopolio de la violencia legítima y la aplica con éxito en un determinado territorio”. Esto es, violencia para la Paz. Ese es el pilar fundamental del actual Estado español y lo será, con toda probabilidad, del futuro Estado vasco, si lo hubiere.

Por lo tanto, toda justificación eventual de la violencia se realiza sobre la base una forma específica de entender la Paz, a sabiendas de que dicho orden pacífico, de ser mantenido o logrado, será defendido violentamente si es necesario. Así, las distintas concepciones al respecto luchan por lograr la hegemonía discursiva en la sociedad.

Admitiendo, en consecuencia, la entidad múltiple de la noción de Paz, las ciudadanas y ciudadanos vascos tiene el derecho a incluir en sus criterios políticos y sus posteriores consecuencias electorales su valoración sobre este trascendental asunto: quién ha hecho qué y en qué dirección, con qué intensidad, con qué intencionalidad, con qué eficiencia y con qué efectividad.

Más allá de la crisis económica y de los temas sectoriales, las elecciones forales y municipales tendrán mucho que ver con el devenir de un necesario proceso de disolución unilateral de ETA y del reestablecimiento de todos los derechos humanos, civiles y políticos. Habrá, por tanto quienes, en mayor medida capitalicen las distintas nociones de Paz, quienes lo consigan en menor medida, y quienes fracasen en su legítimo empeño.

Las y los que logren el liderazgo y el refrendo de las urnas no podrán obviar el compromiso que les obligará inexorablemente a lograr un marco de convivencia y a garantizar el cumplimiento de los pasos concretos que avancen en la irreversibilidad del proceso, siendo capaces de lograr puntos comunes inclusivos que constituyan la auténtica Paz Vasca.

Esta, y no otra, ha de ser la prioridad: una vez haya hablado, la sociedad no admitirá menos.

25 consideraciones sobre convivencia

14.02.2011 (9:03 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

¿Reconciliación?

1. Cuando se habla de reconciliación no se plantea que las víctimas tengan que reconciliarse con los perpetradores de su dolor. Aquí, como en el resto de las experiencias habidas en el mundo, lo que se persigue fundamentalmente es una reconciliación dirigida al tejido social, a la sociedad que queremos compartir.

2. Se trata de intentar cerrar las heridas y cortocircuitos que se han generado; de encontrar lo que hay de humano en el otro, de respetarnos, no de ser amigos a la fuerza. Por eso no puede haber una reconciliación forzada.

3. No tiene que haber ni olvido ni perdón obligado. El perdón significa cosas distintas para cada cual. En cambio, sí debe fomentarse la cultura del perdón. Pedir perdón y dar el perdón tienen que partir de cada persona. Me quedo con el deseo de Montse Lezaun, madre del guardia civil Diego Salvá, muerto en atentado por ETA en Mallorca, en 2009: “Desde el primer momento, la decisión de perdonar me ha hecho mucho bien. No guardo rencor. Pero es una decisión que tengo que renovar cada mañana” (El Correo, 31/07/2010).

4. La paz interior no llegará con más venganza (“que se pudran en la cárcel”, “que les pase lo mismo que me han hecho”, “leyes más duras”…), conviene transformar el dolor interno construyendo fuera -junto a otros- caminos de paz, justicia y convivencia.

5. Sí se debería exigir un reconocimiento del daño y sufrimiento causado. Lo tendríamos que hacer cada cual a nuestra medida.

6. ETA debería pedir perdón por el daño que ha causado: muertos, heridos, extorsiones, 1.500 huérfanos, personas con invalidez permanente… Según mis cálculos, de las 343 víctimas civiles causadas por las diversas ramas de ETA, Iraultza y los CAA, 151 muertos “colaterales” no eran objetivo directo de atentado, tres de las mujeres muertas estaban embarazadas y 16 eran menores de 15 años. Son miles las personas heridas, algunas con lesiones psíquicas y físicas para toda la vida.

También el IRA se dirigió a su comunidad el 16 de julio de 2002 pidiendo perdón por las víctimas de sus atentados.

7. Pero ETA no es un ente abstracto, por sus siglas ha pasado mucha gente a lo largo de su historia, que hoy están o no en otras siglas. La responsabilidad de toda su trayectoria no sólo salpica al nacionalismo, como una y otra vez se repite interesadamente.

8. El Estado, por su parte, debe asumir su responsabilidad respecto a un conjunto de violaciones de derechos humanos que no son hechos aislados. El Estado debe incluir en su responsabilidad un análisis de la dimensión social y colectiva del daño que ha causado directa (víctimas de motivación política, impunidad, no investigación, condecoraciones…) o indirectamente (grupos parapoliciales, cobertura…). Según fuentes, son entre 6.000 y 10.000 las personas que han denunciado haber sido torturadas. Leer toda la entrada

La paz femenina

25.11.2010 (9:41 am)

Maialen Lizarra
Maialen Lizarralde Altuna

En las pasadas Jornadas de Noviolencia Activa de Bidea Helburu pude escuchar un interesante y necesario diálogo sobre si la noviolencia tiene género, si existe el sexismo dentro de los movimientos sociales. La respuesta, si me permitís, evidente, era que sí. Es necesario, como decía Mauge Cañada, que nos pongamos las gafas de género.

El título de ‘pacifistas’ no nos libera de la reproducción del modelo patriarcal que tenemos programado hasta las entrañas. En los movimientos sociales esa reproducción se materializaría con ejemplos como: la presencia pública mayoritariamente masculina, la diferente credibilidad que se le otorga a la palabra de un hombre o la de una mujer (¿cuántas nos preguntamos cómo nos acogerían si tuviéramos barba?), la toma de decisión última que está a cargo de hombres, el uso del espacio físico o del tono de voz, el horario de las reuniones con relación a la conciliación laboral/familiar… Esto, por supuesto, se convierte en carga tanto para las mujeres como para los hombres que no están convencidas/os con la masculinidad o feminidad impuesta.

Personalmente, me preocupa este tema. Y me preocupa específicamente en el trabajo que nos concierne en relación a un proceso de paz irreversible y la construcción de una convivencia inclusiva.

Se ha escrito bastante sobre la participación de las mujeres en los procesos de paz. Incluso hay una resolución de la ONU que la recomienda. En el contexto vasco, ha habido alguna iniciativa o acercamiento teórico, pero hoy por hoy, la toma de decisiones políticas sigue estando exclusivamente a cargo de hombres. Y cuando digo hombres no me refiero al sexo, sino al rol que se le encomienda al hecho de tener uno u otro órgano reproductor. Me refiero a la mentalidad o las ‘formas de hacer’ masculinas y femeninas occidentales, que nos llevaría mucho espacio explicar. Al parecer, a las mujeres nos interesa menos la política. Es interesante la reflexión que hace Barbara Sichtermann en este sentido:

“Lo que causa repulsión a las mujeres dentro de la política es la distancia existente entre el impulso y el hecho, entre el hecho y el resultado, entre el resultado y el plan, que son típicos de la política; es el alejamiento del político de sus propias intenciones, lo formal y abstracto de los anhelos y proyectos; es el difícil conjunto de obligaciones impuestas, de la lentitud de las instituciones y de la competencia subjetiva en todos los casos, lo que en su conjunto actúa para la mente ingenua como la maldición del negocio político. A los hombres les atrae aprender, entender y romper las reglas de este juego, mientras que las mujeres se sienten intimidadas y aburridas y, además, sospechan, y con razón, que por su inclinación a hablar en forma directa no serán comprendidas en este sistema de referencias altamente formalizado que es la política”.

Por muchas leyes de paridad que se hagan, por mucho que nos forcemos a encajar a mujeres en el Parlamento o en las primeras filas de los partidos o movimientos, las ‘formas de hacer’, las estructuras, siguen siendo masculinas, y por tanto, sólo hay dos opciones para estar en las tomas de decisiones: masculinizarse, o movilizarse como tantas mujeres lo han hecho alrededor del mundo.

Por todo ello creo que es vital que exijamos que se abra la política a ‘formas de hacer’ plurales, donde tengan cabida las mentalidades racionales centradas en analizar jugadas de ajedrez y los hombres blancos con corbata, pero también las mentes creativas, empáticas, prácticas, tiernas, hiperactivas, emotivas, espontáneas… ¿No os parece que un proceso de paz tendría más garantías de ser irreversible y duradero si en las mesas de negociación hubiera todo esto? Que, incluso, ¿estaríamos en un proceso de paz duradero desde hace mucho tiempo?

Paz y convivencia

08.06.2010 (8:57 am)

Esteban Umerez Argaia
Esteban Umerez Argaia, abogado

Les voy a pedir que lean con atención la cabecera de esta página procesodepaz.org: “el esfuerzo de la sociedad vasca por la paz y la convivencia”.

Define con precisión el sujeto (la sociedad vasca), el medio (el esfuerzo) y el objeto (la paz y la convivencia). Y si hay un objetivo social y colectivo al que deberíamos dedicar nuestros esfuerzos, éste es sin duda el de mayor importancia, clave para cualquier otro proyecto colectivo, sea del color que sea.

Hace unos años asistí a una conferencia de John Hume en el Paraninfo de la Universidad de Deusto. Era a la sazón líder del SDLP irlandés y, si no recuerdo mal, aún no se habían producido los acuerdos de Viernes Santo, estaban en pleno proceso. Haciendo un relato histórico, se refirió al anhelo irlandés de expulsar a los ingleses. Reproduzco la cita de manera aproximada, claro, reconstruyendo lo que mi frágil memoria pudo registrar entonces: “we once realized that they were as Irish as we were, that we were bound to live together in the island” (y nos dimos cuenta de que eran tan irlandeses como nosotros, que estábamos obligados a vivir juntos en la isla).

John Hume resumía así el principal motor del proceso que les llevaría a la paz: la constatación de la necesidad de convivencia. Y, en nuestro caso, creo que son las mismas palabras las que condensan el esfuerzo en el que nos debemos empeñar: paz y convivencia. Aprehender la noción más íntima de que estamos obligados a vivir juntos.

Creo sinceramente que nuestros representantes políticos nos están llevando por el camino equivocado. El leit motif de la “deslegitimación de la violencia” presenta una formulación que se muestra como incontestable, pero que esconde, en mi opinión, una filosofía perversa de revancha, victoria y sometimiento del vencido. Y estoy profundamente convencido de que se trata del camino erróneo, que no nos acerca a la paz y a la convivencia, sino que, muy al contrario, nos aleja.

La sociedad vasca ha deslegitimado la violencia hace ya muchos años. No se le pueden pedir más pruebas. El “ya, pero” de quienes insisten en el planteamiento esconde un plus de deslegitimación: no sólo se trata de la violencia, se trata de deslegitimar también los planteamientos políticos que pudiera haber detrás de la violencia.

Y esa rueda, una vez que se pone en marcha, puede llevarnos al infinito de la perpetua deslegitimación. Porque también hay una violencia institucional y estructurada en el Estado, con una agenda muy clara, igualmente susceptible de deslegitimación. El mero planteamiento de esta realidad conlleva la acusación inmediata de equidistancia, que a su vez contiene por definición la formulación de la existencia de dos extremos irreconciliables. Y así, seguimos sin arreglar nada hasta el infinito.

Por el contrario, creo que la cabecera de esta página web destaca los dos términos que deben marcar el camino a una verdadera solución. Paz y convivencia. Estamos obligados a vivir juntos.

Y, para eso, debemos mirarnos a los ojos y conocernos los unos a los otros, ver quiénes somos y entender qué vidas tenemos, cómo las percibimos y cómo ponemos todo eso junto.

Quizá me equivoque, porque en realidad lo único que estoy haciendo es proyectar a nivel colectivo mi propia necesidad personal. Pero es que yo necesito entender cómo siente una persona dependiendo constantemente de su escolta, mirando por las mañanas debajo del coche, viendo su nombre en una pintada, temiendo que quizá no le pillen a él o ella, sino a alguien de su familia, cogiendo un autobús para visitar a un familiar preso, recibiendo la noticia de su enfermedad crítica, desnudándose para que un funcionario le registre, sabiendo que su hija lleva cuatro días incomunicada en un calabozo, recibiendo la notificación de que no va a salir de la cárcel el sábado que viene, sino que le han alargado diez años más la condena…

En fin, la casuística de la violencia es interminable. Pero creo que debemos aproximarnos a ella para comprender el sufrimiento, no para desear la venganza. Y por lo que hace a la agenda política que cada uno pueda tener, creo que debemos renunciar a la visión consistente en la existencia de un contrario y su derrota. Debemos “convencer”, no tenemos ninguna necesidad de “vencer”.

Por todo ello, creo que debemos huir del “fin de la violencia”, y marcar el objetivo en “la paz y la convivencia”. Este foro, y muchos otros que la sociedad vasca creará en su esfuerzo, son los lugares a los que debemos acudir para andar ese camino.

Cultura para la convivencia

22.04.2010 (9:19 am)

Santiago Eraso

Vivimos tiempos de incertidumbre democrática, desprestigio político y descrédito económico. En el subconsciente colectivo se ha instalado la premisa del triunfo absoluto de la democracia parlamentaria, la consagración de la globalización y el asentamiento definitivo del libre mercado, como única herramienta para la gestión de lo social. En este diagnóstico de la realidad, parafraseando a Tony Judt, sobre el olvidado siglo XX y las ideas que conformaron su tiempo, se impone un nuevo paradigma apolítico, basado en el valor incontestable del presente postmoderno e irrefutable. En una cínica resignación ante la seducción de la actualidad, en un ejercicio de cómoda conveniencia, mostramos el convencimiento -en nuestros cálculos económicos, prácticas políticas, estrategias internacionales e incluso en las prioridades culturales y educativas- de que el pasado no tiene nada de interés que enseñarnos. Todo aquello que el siglo pasado instauró queda convertido en reliquia histórica, monumentalizada, desprovista de las herramientas de análisis y transformación del presente que proporciona la memoria.

Hemos olvidado el verdadero sentido de la guerra, porque la política contraterrorista del consenso internacional nos ciega el juicio y nos amordaza la opinión. Tratamos al Estado como una fuente de ineficacia económica e intromisión social, porque el ejercicio prepotente del individualismo nos produce beneficios particulares más inmediatos y menos fiscalizables, es decir, menos sociales. Hemos olvidado cómo pensar políticamente, porque no concebimos la acción pública más allá de un economicismo estrecho. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante cualquier objetivo político que nos haga pensar más allá de nuestros réditos personales. La democracia, como política de lo común, no nos interesa. Nos olvidamos, con facilidad interesada, que es un sistema de organización política, cuya característica principal es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros que constituyen el grupo gobernado; que es un modo de estructurar lo individual y lo colectivo a través de un sistema de representación regulado por elecciones periódicas, pero también una manera integral de comprender y activar las relaciones humanas particulares y universales. En sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, de construcción comunitaria, entre libres e iguales que luchan por seguir siendo sujetos políticos. Nos olvidamos que se construye desde la memoria, que las cosas son porque, mucho antes, tomaron cuerpo a partir de la acción y la responsabilidad de muchas personas. Leer toda la entrada

Contra el paradigma de la falta de convivencia en el País Vasco

21.04.2010 (9:14 am)

Mak Makygregor
Mak Makygregor             makgregory.blogspirit.com blogdeblogs.nireblog.com makgregory.wordpress.com

Estos días vengo adentrándome en la pequeña jungla de papel que es el libro “Memoria de Euskadi”, de María Antonia Iglesias. Aparte de recordar, comprender y enterarme de muchas cosas de la Historia contemporánea de mi entorno sociopolítico, creo haberme dado cuenta de una falacia en la que los políticos de todas las siglas nos quieren hacer creer: que en el País Vasco no podemos convivir con quien piensa diferente y por ello hay que hacer una cosa u otra, según quién hable, para llegar a una “normalización”, de modo que esfuerzos que en otras partes dedicarían simplemente a desarrollarse, aquí la clase política los dedica a los diferentes caminos “normalizadores”.

Pero es una falacia, que uno puede observar en cuanto le quita la épica y la mística al verbo convivir, dejándolo en lo que significa en el resto de España, o sea, compartir un espacio y un tiempo.

Si realmente hubiera un problema de convivencia, nadie que se sintiera x sería proclive a amigarse o relacionarse con nadie “y”, pero precisamente los vascos -la mayoría al menos- descubrimos pronto que hay más etiquetas que x e y, y que son las que nos enganchan a compartir experiencias, a convivir por tanto, con mayor o menor intensidad.

Sólo a un gropúsculo diminuto le molesta tanto que haya quien no sea como ellos como para ir matando. Incluso las decenas de miles que les apoyan no matan ellos mismos y toleran que hayamos quienes no estemos con ellos.

Pensemos en todos los contactos sociales que hacemos con quienes se sienten diferentes de nosotros por alguna etiqueta concreta a pesar de esa etiqueta y en lo que perderíamos sin ellos, y presionemos a los políticos que nos representan para que no vuelvan a tensar en exceso la cuerda que une cada posible par de etiquetas a las que nos adscribimos consciente o inconscientemente.

Modos de encuentro

04.03.2010 (11:41 pm)
Javier Sádaba, filósofo

Diálogo, convivencia, reconciliación, etc., son conceptos densos, con una larga tradición. El hecho de que estén muy usados corre el peligro de que o bien se degraden o  formen parte de una manera de hablar sin contenido. De ahí que en determinados momentos sea bueno pararse y pensar si no es mejor dejar descansar los argumentos que utilizamos con frecuencia o las palabras que, repetidas una y otra vez, pueden llegar a saturar los oídos de muchos que esperan algo nuevo, menos manido; y es que  machaconamente repetidas se convierten en palabrería. Porque pierden su contorno, señalan de modo cansado a los hechos y se van vaciando poco a poco de su significado original. No quiere esto decir que haya que encogerse de hombros, escudarse en un mutismo indiferente o renunciar a señalar aquello que nos parece de interés. Se trataría , más bien, de un silencio pleno del que, en su momento, saldrán las palabras adecuadas, de seleccionar éstas de forma que, diciendo lo menos, obtengamos el máximo de comprensión.

El lenguaje, sin embargo, es ciego si no está atado a las actitudes de quienes hablan. En este sentido, y en Euskal Herria, además del silencio aludido o de la frase oportuna, lo que habría que hacer es modificar nuestras actitudes. Sin perder los principios que uno cree justos y apoyándolos una y otra vez en razones, la cuestión es actuar sabiendo que raramente se logrará dar con verdades rotundas, que nos confundimos con frecuencia o que nuestros mejores ideales están teñidos de prejuicios. De ahí la conveniencia de unir, artísticamente, la firmeza en lo que se defienda (en este caso, unos derechos que no se ve por qué haya que renunciar a ellos) con la oposición a cualquier dogmatismo. El dogmatismo, provenga de donde provenga, seca las relaciones humanas. Peor aún, las envenena y rompe todo camino a los acuerdos que, no tenemos más remedio, hemos de lograr los humanos para convivir. <b>Leer toda la entrada</b>

De paces

28.02.2010 (10:44 pm)
Joxerra Bustillo Kastexana
Joxerra Bustillo Kastrexana, jbustillo.blogspot.com

La visión de un grabado, en el que aparecía un cementerio con la inscripción “Paz perpetua”, llevó a Inmanuel Kant a escribir todo un tratado filosófico sobre la ausencia de guerras. Relacionar a la paz con la muerte y el silencio es una constante en nuestra cultura y de ahí la expresión “la paz de los cementerios”.

Digo todo esto para referirme al título de esta página, “Proceso de paz”, que no dudo cargado de buenas intenciones. No obstante, mirando a la historia, debemos convenir en que las situaciones de paz vienen a ser un paréntesis entre dos guerras. Un alivio ante la destrucción y el odio, ante la violencia y el abuso. Es por ello que situo el término Paz como una bella utopía a la que debemos aspirar en este pueblo vasco y en todos los demás pueblos del planeta. Entretanto prefiero hablar de paces con minúscula.

Sabido es que nunca conseguiremos alcanzar esa Paz perpetua (tal vez sea lo mejor), pero en el diario ejercicio de intentar conseguirla reside la clave de la convivencia a la que algún día llegaremos.

No voy a entrar en detalles sobre culpables, víctimas y pecados. Habrá tiempo para ello. En esta mi primera intervención en el foro al que he sido invitado, prefiero comenzar con propuestas positivas. Vengo de un espacio ideológico alternativo, tanto en lo social como en lo nacional, y en el soy. Desde que en la noche del 26 al 27 de septiembre de 1975, recién cumplidos los diecisiete, adquirí conciencia nacional y de clase, apenas he variado los fundamentos básicos de mi pensamiento.

Ahora bien, treinta y cinco años dan para mucho. Incluso para pensar en las equivocaciones cometidas colectiva o personalmente, que han sido unas cuantas. Probablemente sea ya tarde para enderezar todos esos yerros, pero aún estamos a tiempo de lograr que no se vuelvan a retorcer. Surgirán otros yerros pero, en todo caso, serán menos pesados de llevar al hombro.

Parece que se acerca el momento de hacer las paces, algo que el DRAE pone en equivalencia con reconciliarse. Si en los cementerios podemos oler los crisantemos, contemplar los ciclámenes y admirar los cipreses, todos ellos organismos vivos, ¿por qué seguir empeñados en releer las lápidas?

Sanar heridas

19.02.2010 (12:19 am)

Mikel Ruiz, director de Cáritas Bizkaia

Para que comiencen a sanar las heridas abiertas en tanta gente de nuestro país, de una vez por todas, es preciso que iniciemos procesos que generen espacios de relación, más temprano que tarde.

En los que antepongamos la humanidad de la persona con la que nos encontramos, a la diferencia ideológica, política, cultural… En los que vivamos el dolor del otro con la misma intensidad que el nuestro.

En los que el objetivo no sea causar más dolor que el nuestro, si no evitarlo a todas las personas. En los que busquemos el con-vencer y el com-padecer.

Cierto que antes es preciso normalizar la situación, pero no es suficiente. Entoces comenzará la reconciliación, tras el perdón que se pide, se da, se recibe y se comparte. Esto es lo necesario.

Otra estrategia es posible

17.02.2010 (8:31 am)
Iñaki Arzoz, artista de Artamugarriak

Iñaki Arzoz, artista de Artamugarriak

La sociedad está desorientada” / “No podemos hacer nada” / “La guerra continua…”

Esta es la percepción que tiene la mayoría de la sociedad vasca y que, en gran medida, se ha contagiado a los movimientos sociales por la paz.

Es la lectura inevitable, cuando nuestro foco de atención se halla sobre el teatro de la gran política.

Sin embargo, en nuestra sociedad plural siguen pasando cosas, siguen surgiendo iniciativas como “Nuestra marcha por la sal”, sigue habiendo posibilidades… En ArtamugarriaK, pequeño colectivo de artivistas, a través de la iniciativa BatzArt!, hemos reflexionado al respecto: todo o casi todo es cuestión de estrategia (y de tácticas).

Quizá ahora no sea el momento de los grandes movimientos masivos que florecieron en la época de la tregua, sino de los pequeños movimientos de una guerrilla de paz y diálogo.

Su arma: la imaginación activista.

Su espacio: el laboratorio experimental de la experiencia.

Su estructura: la red amistosa y la blogsfera.

Tenemos que hacer una cura de humildad: no podemos cambiar el conflicto vasco ni tirar de la tozuda reata de los partidos políticos. Pero podemos agitar nuestra pequeña malatxa de la no violencia activa en la sociedad, en el pueblo, en el barrio, entre los amigos, en el trabajo, en la cultura…

No podemos asaltar ningún palacio de invierno, pero podemos construir una cabaña para reflexionar e intercambiar conocimientos y disfrutar de nuestro fracaso… Es la hora de las nuevas visiones y las pequeñas ideas.

Para dejar de soñar con conquistar quimeras (paz, negociación, reconciliación, Euskal Herria, etc.) y para probar a conocer a nuestros vecinos, a nuestros amigos y enemigos, por ejemplo, con el humor, la ficción, el arte y la cultura. En Uharte, el Taller de escucha que organizamos con el Instituto de Psicoanálisis de Pamplona, nos ha llevado, aparte de reveladoras conclusiones, a preparar una obra de teatro-forum, que el grupo de teatro local, KROMLECH, con gran audacia, ha representado…“LA ESCUCHA QUE HABLA. Disputa en la asamblea vecinal”.

Aparte de salir vivos del intento, solo pretendemos empezar nuestro propio work in progress, un diálogo desde la cultura. Pero sabemos que hay más artistas y titiriteros dispuestos a saltar a la arena pública e implicar al público… y no nos sentimos tan solos en esta cuerda locura. Cuando los políticos permanecen mudos o se les llena la boca de elecciones es la hora de sacar la máscara de Arlequín, para que desde la sabia locura del arte, nos diga unas cuantas verdades…

Nosotros estamos probando con el teatro, con el cine y el vídeo, con el arte, con los talleres interdisciplinares, con las acciones públicas, pero hay más vías posibles.

Todos los colectivos e iniciativas, grandes y pequeños, debiéramos darnos un tiempo para reflexionar estratégicamente sobre nuestra deriva estratégica. Necesitamos emprender una suerte de ‘ejercicios espirituales’ (al estilo de Oteiza) para que la guerra, el sufrimiento y la muerte se trasmuten en una nueva perspectiva desde la acción social y la cultura.

Nuestra contribución a ese nuevo enforque es un laboratorio creativo y nómada de la noviolencia activa y artivista, a través de encuentros, talleres, publicaciones y acciones. Laboratorio al que todos los colectivos y ciudadan@s están invitados a participar…

Si asumimos que no vamos a solucionar el conflicto vasco, quizá nos atrevamos a pensar, a experimentar, lo impensable.

Liberarnos de la angustia del fracaso y de la ineficacia (esos sentimientos tan delicadamente capitalistas) y emprender acciones que demuestren y sean, realmente, formas de convivencia, diálogo y vida.

Parafraseando la máxima altermundialista: otra estrategia es posible… aunque nos encaminemos a otro lugar.