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Reconstruir el tejido social

15.12.2011 (9:43 am)

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de víctimas y reconstrucción del tejido social

-¿Para qué tocar las heridas?
Alguien le responde:
-Para qué va a ser, para curarlas.
Y la mujer añade:
-¿Pero quién se atreve?
Diálogo, en El Silencio Roto.

Para hablar de la reconstrucción del tejido social, la primera cuestión es tomar en cuenta dos puntos de partida: cuáles han sido esas heridas, y cuáles los mecanismos que las han hecho posibles. Las heridas tienen que ver con el impacto del dolor y el sufrimiento. El dolor no puede repararse pero sí reconocerse. Y para ello hay que superar las fracturas de la sensibilidad, las que han llevado a memorias defensivas que justifican el dolor del otro por el sufrimiento propio o invisibilizan el impacto de ciertas violaciones de derechos humanos. Se necesita cruzar al otro lado, y superar las fronteras de la empatía. Dejar de utilizar el dolor para justificar la violencia por un lado, o para evitar confrontarse con cómo se ha usado la tortura por poner dos ejemplos. En palabras de Ignatieff, sin apología, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Sobre todas estas cosas se tiene que decir la verdad. Para retomar esa vieja esperanza que describe John Berger: quizá si le damos nombre a todo lo intolerable, de esa conciencia surja una acción compartida.

Igualar este reconocimiento moral del sufrimiento, y la crítica a las violaciones de derechos humanos, puede ayudar a generar una conciencia común. Y eso no significa igualar los mecanismos de victimización. Sobre esas cosas llevar todo a las divisiones ideológicas pueden seguir poniéndonos en diferentes lados. Hay que centrarse en el lado humano de la experiencia, individual y colectiva, que es donde podemos reconocernos en los otros como iguales. Para ello hay que superar también otras fronteras, las del lenguaje. Demasiadas veces el lenguaje se ha utilizado como arma arrojadiza para justificar acciones (“por la democracia”, “a consecuencia del conflicto”) en lugar de para llegar a consensos básicos sobre la defensa de la vida.

La utilización política o la focalización mediática han estado presentes en este país más que en cualquier otro. En muchas situaciones de violencia la mentira sustituye a la ética. Lo que se considera bueno o malo se juzga en función de quién lo dice o de nuestros objetivos. Por ejemplo, la política que se necesita para con las víctimas es la del reconocimiento y la reparación, no la de la politización de utilizarlas como estandarte. Para ello también hay que dejar atrás el miedo, de lo que no se puede decir o hacer porque nunca es “el momento”. El miedo a expresar la diferencia, la crítica, el desacuerdo. Como Virginia Wolf en sus reflexiones sobre el feminismo contra la guerra, creo que la extrañeza es un valor en estos procesos. No reconocernos en la coacción o la mentira. No dejarnos meter en los tópicos. Atrevernos a salir del marco del grupo de referencia o de lo que se considera políticamente correcto. O de la retórica de la impotencia porque en nuestro país todo parece muy complejo. También aferrarse a las cosas que han dado cohesión a la sociedad vasca, las relaciones familiares y comunitarias aun en un contexto tan politizado. Un recurso positivo puede ser visibilizar las experiencias positivas locales, tanto de convivencia política como social, para evitar la sobrerrepresentación negativa y ejercer un papel pedagógico en la sociedad.

La superación de esas fracturas sociales en lo local no va a llevar al acuerdo directo, ni al olvido o perdón, sino más bien a la aceptación de que se puede coexistir. Una cultura de derechos humanos es el piso común que se necesita. Esta reconstrucción es básica para pasar de un escenario de fin de la violencia, a otro de construcción de la paz, donde son claves las iniciativas de memoria colectiva que genere respeto y aprendizajes, de reconocimiento del dolor producido, medidas de humanización de la situación de los presos de ETA que han estado sometidos a leyes de excepción, y apoyo a los espacios sociales de reconstrucción de la convivencia. La mejora del clima social después del fin de la violencia de ETA ofrece condiciones favorables para hacer un proceso. Pero se necesita sensibilidad, inteligencia y compromiso para hacerlo posible.

Relato: distinguir tres conceptos

17.11.2011 (1:27 pm)

Jonan Fernández, director de Baketik
Jonan Fernández, director de Baketik

El relato sobre el pasado es afrontamiento compart i d o de lo sucedido e implica dos tareas. Primera, desvelar los hechos, lo que conlleva el conocimiento y reconocimiento del daño injusto provocado a todas las víctimas; y segunda, valorar estos hechos; es decir, realizar una revisión crítica, ética y prepolítica de lo sucedido. Todo ello toma forma en los procesos de reconciliación de lo que se conoce como informes de «La verdad» o de «Nunca más». Documentos cuya elaboración debe ser coordinada por una personalidad o institución de consenso y que sirve de base a un proceso de reparación integral. El relato, la reconstrucción de una nueva mirada al pasado es la más delicada porque revive el dolor de las heridas producidas. Conviene hacer, al menos, tres precisiones que establezcan las diferencias que existen entre hechos, diagnósticos y valoración.

· Hechos. Deben integrarse todos los sufrimientos, víctimas y violaciones de derechos humanos. El conocimiento y reconocimiento del daño provocado se refiere a todas las víctimas y no solo a las que sentimos más próximas. En este punto se juega definitivamente la viabilidad o fracaso de un proceso de reconciliación. Es su línea roja. Si se traspasa no solo no es posible la reconciliación sino que mediante la exclusión se crean condiciones objetivas para nuevos conflictos. En este sentido, la revisión crítica del pasado lo es de todo el pasado y no solo del que resulta más conveniente.

En el caso vasco y desde los años 60, ETA y sus distintas ramas han causado el mayor número de víctimas m o rtales. Esto merece una valoración propia y específica destacada. No obstante, no todas las víctimas han sido provocadas por ETA. También estas y su sufrimiento deben ser integrados con pleno derecho en el relato y en el proceso de reconciliación. Necesariamente, junto al de ETA, deben afrontarse otros fenómenos como el terrorismo paraestatal o de extrema derecha, la tortura, las víctimas de excesos policiales y otras vulneraciones de derechos humanos.

· Diagnósticos. Debe aceptarse que habrá difere n t e s formas de interpretar lo sucedido. No es posible un diagnóstico político compartido sobre las causas o la génesis de los hechos que componen nuestra historia reciente. Curiosamente, el diagnóstico más compartido es que no hay un diagnóstico compartido.

· Valoración. No obstante, tenemos la obligación moral de compartir una valoración ética y prepolítica (una ortoversión). Se puede y debe alcanzar un acuerdo sobre lo que no debe volver a repetirse, el «nunca más». Existe un mínimo para un consenso posible: «Lo sucedido ocurrió porque hubo quienes antepusieron el valor de su causa u objetivo al valor de la dignidad humana. Ni una sola causa política o partidaria, ni ninguna razón de estado tienen un valor absoluto que pueda situarse por encima del respeto a la persona y a la vida».

Hoy estrenamos la paz

21.10.2011 (10:49 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Hace poco más de un mes hablaba en este mismo espacio sobre el paso definitivo, el que nos llevaría de la tregua a la paz. Pues bien, ese paso ya se ha dado. ETA anunció ayer el cese definitivo de su actividad armada y su apuesta decidida por las vías democráticas en cuestiones políticas.

Somos muchos los que llevamos toda una vida esperando este momento y la alegría que ha supuesto el anuncio de ETA apenas se puede expresar con palabras. Se cierra un negro capítulo de nuestra historia y comienza un ilusionante camino hacia la reconciliación y la convivencia pacífica, que seguramente no será fácil, pero si todos somos capaces de poner nuestro granito de arena, lograremos culminar el proceso con éxito.

Hoy es también necesario recordar a todas las víctimas que ha dejado esta locura sin sentido. Son momentos duros para ellos, ya que es inevitable que se cuestionen si realmente ha valido la pena el dolor, el sufrimiento o el sacrificio realizado por ellos, sus familiares o amigos. No pueden sentir la misma alegría que sentimos la mayoría de los ciudadanos vascos, pero me gustaría pensar que ellos también se congratulan de que no vaya a haber nuevas víctimas en este periodo de paz recién estrenado.

Las reacciones a esta noticia han sido positivas en general, aunque hemos escuchado muchas que hablan de vencedores y vencidos. En mi opinión, todos hemos perdido, como sucede siempre que se usan las armas para respaldar ideas políticas. Ni el independentismo vasco ha conseguido sus objetivos mediante lo que han definido como lucha armada ni el estado español ha sido capaz de hacer frente a este cruel desafío desde vías estrictamente democráticas.

Por eso hay que agradecer el esfuerzo de organizaciones como Lokarri y otras que han trabajado incansablemente para que en Euskadi puedan imperar valores como el respeto a los derechos humanos, la paz, la negociación, el diálogo y la convivencia pacífica.

Hoy estrenamos una paz largamente esperada. Pero el reto continúa. No podemos dejar que vuelva a suceder algo como lo que nos ha dividido durante estas últimas décadas. No podemos olvidar el dolor y el sufrimiento causados. No podemos dejar que nuestros hijos crezcan en el odio y el resentimiento. No podemos dejar pasar esta oportunidad de recomponer una sociedad que se merece un futuro mejor.

El paso más importante ya se ha dado: ojalá no tengamos que volver a escuchar el sonido de las armas en nuestras calles nunca más.

Foro Cívico contra la Tortura Esteban Muruetagoiena

23.03.2011 (5:27 pm)

Psicólogos, médicos, abogados y expertos de reconocida trayectoria en el ámbito de la prevención de la tortura ofrecerán  este viernes 25 y sábado 26 en Pamplona-Iruñea sus opiniones y puntos de vista dentro del Foro Cívico contra la Tortura Esteban Muruetagoiena. Organizado por Iniciativa contra la Tortura en Navarra, que agrupa a distintos partidos políticos, sindicatos y agentes sociales, entre los cuales se encuentra Lokarri, el foro está dirigido y abierto a toda la ciudadanía.

La primera sesión del Foro arrancará con la periodista Mirentxu Purroy de moderadora, la médico Matti Iturralde y la hija de Esteban Muruetagoiena, que acudirá para proyectar el documental “The doctor”. Coincidiendo con el aniversario de la muerte de Esteban Muruetagoiena (28 de marzo de 1982), Tamara mostrará el documental en el que narra la vida de su padre, fallecido tras ser detenido y torturado.  El segundo debate, “La tortura en el Estado español”, estará dirigido por Joxean Agirre, de la Fundación Euskal Memoria, y contará con Ane Ituiño (TAT), un representante de Amnistía Internacional y la experta catalana Begoña Casado, de la Associació Memòria Contra la Tortura. El sacerdote de Herria 2000 Eliza Félix Placer orquestará la tercera sesión, en la que se abordarán las secuelas psicológicas de la tortura con el psiquiatra Pau Pérez y la psicóloga Ohiana Barrios. La última sesión del viernes, a cargo del editor Mikel Soto, versará sobre la impunidad y dará voz al médico-forense Benito Morentin, a la abogada Amaia Izko y a un miembro de Amnistía Internacional. La sesión del sábado, que estará moderada por el periodista Martxelo Otamendi, tratará sobre cómo combatir la tortura. En ella participarán Jorge del Cura, presidente de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura; Karlos Hernández, miembro de Salhaketa; Iratxe Urizar, del Observatorio de Derechos Humanos de Euskal Herria Behatokia, y diversos movimientos sociales y colectivos que trabajan en el ámbito de la defensa de los derechos humanos y la prevención de la tortura.

Los debates se realizarán en los cines Golem y tendrán un aforo limitado, por lo que los organizadores solicitan confirmar asistencia a través del email forocivicocontralatortura@gmail.com. Los organizadores han invitado a representantes de 47 organizaciones que trabajan en este ámbito. Además, el foro podrá seguirse en directo a través de Internet. El lunes 28 se harán públicas las conclusiones de estos debates.

El programa completo y los horarios del Foro están disponibles aquí

25 consideraciones sobre convivencia

14.02.2011 (9:03 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

¿Reconciliación?

1. Cuando se habla de reconciliación no se plantea que las víctimas tengan que reconciliarse con los perpetradores de su dolor. Aquí, como en el resto de las experiencias habidas en el mundo, lo que se persigue fundamentalmente es una reconciliación dirigida al tejido social, a la sociedad que queremos compartir.

2. Se trata de intentar cerrar las heridas y cortocircuitos que se han generado; de encontrar lo que hay de humano en el otro, de respetarnos, no de ser amigos a la fuerza. Por eso no puede haber una reconciliación forzada.

3. No tiene que haber ni olvido ni perdón obligado. El perdón significa cosas distintas para cada cual. En cambio, sí debe fomentarse la cultura del perdón. Pedir perdón y dar el perdón tienen que partir de cada persona. Me quedo con el deseo de Montse Lezaun, madre del guardia civil Diego Salvá, muerto en atentado por ETA en Mallorca, en 2009: “Desde el primer momento, la decisión de perdonar me ha hecho mucho bien. No guardo rencor. Pero es una decisión que tengo que renovar cada mañana” (El Correo, 31/07/2010).

4. La paz interior no llegará con más venganza (“que se pudran en la cárcel”, “que les pase lo mismo que me han hecho”, “leyes más duras”…), conviene transformar el dolor interno construyendo fuera -junto a otros- caminos de paz, justicia y convivencia.

5. Sí se debería exigir un reconocimiento del daño y sufrimiento causado. Lo tendríamos que hacer cada cual a nuestra medida.

6. ETA debería pedir perdón por el daño que ha causado: muertos, heridos, extorsiones, 1.500 huérfanos, personas con invalidez permanente… Según mis cálculos, de las 343 víctimas civiles causadas por las diversas ramas de ETA, Iraultza y los CAA, 151 muertos “colaterales” no eran objetivo directo de atentado, tres de las mujeres muertas estaban embarazadas y 16 eran menores de 15 años. Son miles las personas heridas, algunas con lesiones psíquicas y físicas para toda la vida.

También el IRA se dirigió a su comunidad el 16 de julio de 2002 pidiendo perdón por las víctimas de sus atentados.

7. Pero ETA no es un ente abstracto, por sus siglas ha pasado mucha gente a lo largo de su historia, que hoy están o no en otras siglas. La responsabilidad de toda su trayectoria no sólo salpica al nacionalismo, como una y otra vez se repite interesadamente.

8. El Estado, por su parte, debe asumir su responsabilidad respecto a un conjunto de violaciones de derechos humanos que no son hechos aislados. El Estado debe incluir en su responsabilidad un análisis de la dimensión social y colectiva del daño que ha causado directa (víctimas de motivación política, impunidad, no investigación, condecoraciones…) o indirectamente (grupos parapoliciales, cobertura…). Según fuentes, son entre 6.000 y 10.000 las personas que han denunciado haber sido torturadas. Leer toda la entrada

Detenciones políticas y cultura de emergencia

21.01.2011 (11:29 am)
Fernando Mendiola y Manuel Nogueras miembros de Alternativa Antimilitarista – Iruñeko KEM-MOC
Fernando Mendiola y Manuel Nogueras, miembros de Alternativa Antimilitarista – Iruñeko KEM-MOC y Antimilitaristas.org

Comienza 2011 con mejores perspectivas en el llamado Conflicto Vasco, al menos en su vertiente armada y militar. Da la impresión de que estamos en un momento en el que la actividad política y social se va a situar en el centro del debate y en el que las personas no sean asesinadas en función de su opción política. Perspectivas halagüeñas, en conjunto, y en especial para quienes han sufrido de manera más directa las expresiones más indiscriminadas y descarnadas de la violencia política. Todo lo anterior, sin embargo, viene acompañado de más represión por parte del Estado. Y así, nos encontramos con las detenciones de jóvenes como consecuencia de su pertenencia a la organización Segi, bajo una acusación genérica de terrorismo. O también, la última operación contra el supuesto entramado de ETA (ya todo, ya tantas cosas son ETA…) en la que junto a supuestos militantes de Ekin (que en alguno de los casos se han manifestado, para más lacerante contradicción, abierta, explícita y públicamente a favor de vías exclusivamente políticas…) ha ido a prisión otro grupo de personas por ser los responsables de una página web. Encarcelamientos, en fin, de personas comprometidas en iniciativas sociales, cuya intervención política ha sido pública y civil, y a quienes se les ha aplicado la legislación antiterrorista por hacer política.

No se trata de un caso aislado, es más bien fruto del desarrollo incesante de un marco legislativo de excepción basado en el derecho penal de autor y que conforma un dispositivo jurídico penal sin garantías. Sin habeas corpus, sin derecho a no declarar contra sí mismo, sin derecho a ser atendido en todo momento por un abogado de confianza, sin derecho a no ser condenado sin más pruebas que las atestados policiales… se han cerrado periódicos, se han ilegalizado partidos o se ha privado de libertad a personas que hacen política. Un incesante recorte de derechos que se enmarca en una preocupante “cultura penal de emergencia” cada vez más fortalecida a nivel internacional, con la que se sigue persiguiendo a una parte de la disidencia.

En uno de los casos que nos ocupa, además, asistimos a la crónica de una redada anunciada. Varios jóvenes se presentaron públicamente hace dos meses denunciando su indefensión ante su aparición en listas negras policiales profusamente difundidas en las campañas criminalizadoras de los mass media. Finalmente, se cumplieron los presagios y no pocos de ellos denunciaron golpes, amenazas, torturas y vejaciones sexuales durante el periodo de incomunicación, esa herramienta que, junto con la presión física, defienden sin complejos la CIA o el Mossad y que ha sido criticado en más de una ocasión por organizaciones garantistas como Amnistía Internacional, entre otras, y también incluso por Martin Scheinin, relator especial de la ONU sobre la Protección y Promoción de los Derechos Humanos en la lucha el Terrorismo. <b>Leer toda la entrada</b>

Una experiencia, mil vivencias

15.12.2010 (3:20 pm)

Santiago de Compostela, tras la experiencia del Foro Mundial de Educación por la paz, es ahora para Lokarri un cálido lugar: salir de las facultades donde se celebraban las actividades del Foro con la cabeza llena de las vivencias y reflexiones, el caminar por las calles del casco viejo encontrándonos con saludos y complicidades de las personas que participábamos o las conversaciones nocturnas y cansadas sobre empatía o derechos humanos han hecho que Santiago nos haya dejado muy buen sabor de boca.

La mañana del domingo comenzaba con la actividad propuesta por Lokarri, a la que llamamos “Construyendo una cultura de paz en el País Vasco. Experiencias prácticas”. Como explicamos en otro post, la gran cantidad de actividades programadas de manera simultánea, hizo que, de inicio, poca gente acudiera a nuestra convocatoria. En la sala de al lado, Fundació per la Pau presentaba su taller “Innovando y educando: concurso de animaciones por la paz”. Al encontrarnos en la misma situación, de forma fluida y resolutiva, las dos organizaciones decidimos sumar nuestras fuerzas y compartir el tiempo del taller y los participantes. Así, la Fundació explicó su trabajo con el concurso de animaciones sobre la temática de la paz y mostró algunos de los vídeos premiados. Después Lokarri compartió sus aportaciones a la construcción de la paz en el contexto vasco, explicando los principios y funcionamiento de Lokarri para luego situarnos en el momento actual y sus oportunidades. Para acabar, propusimos vivenciar brevemente la metodología del ‘Hiru Txandatan’ con la idea de compartir una herramienta para la escucha activa y el diálogo constructivo. Los participantes se mostraron muy interesados en todo lo expuesto durante la actividad y nuestro balance fue muy positivo.

Por la tarde, Adierazi EH con Kepa Landa como ponente explicó el trabajo de esta plataforma por la defensa de los derechos humanos y libertades democráticas en Euskal Herria. Por otro lado y simultáneamente, estuvimos en la actividad propuesta por Bakeola sobre la exposición “Trazos y puntadas para el recuerdo, una ventana de paz en Euskadi” donde explicaron el trabajo pedagógico hecho con el alumnado del País Vasco y las víctimas del 11M. El emotivo testimonio de Isabel, madre de Jorge, que murió en el atentado del 11M, hizo de la actividad un espacio de reconocimiento constructivo del dolor.

Finalmente, el lunes por la mañana participamos en la actividad del Foro de asociaciones de educación en derechos humanos y por la paz titulada “Educar para la paz en el País Vasco”. Tras la introducción hecha por Josu Ugarte de Bakeaz, Maria Oianguren (Gernika Gogoratuz) moderó la mesa redonda con Txema Urkijo de la Oficina de las Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y Edorta Martinez por parte de Gesto por la Paz. La ausencia de Paul Ríos, que no pudo asistir porque su vuelo fue cancelado, hizo que a la mesa redonda le faltase la pluralidad propia de la sociedad vasca en cuanto a puntos de partida y planteamientos.

Después de todos esos días de compartir visiones, herramientas y preguntas, parte de la delegación de Lokarri volvió a casa con una valoración positiva del encuentro. Sin embargo, Lokarri sigue siendo representado en Santiago en el Congreso Internacional sobre Memoria, Reconciliación y Cultura de Paz, donde seguro encontraremos interesantes ideas para nuestro contexto que seguiremos compartiendo.

Torturas y terrorismo: las falsas simetrías

01.12.2010 (8:50 am)

Juanjo Alvarez Rubio, Catedrático de Derecho Internacional Privado (UPV)

El juicio por torturas seguido en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa contra los policías que participaron en la detención de los miembros de ETA Portu y Sarasola está a la espera de sentencia, y cabe recordar que la vista oral del juicio se zanjó con el mantenimiento de la petición por parte del Fiscal de penas de cárcel por delito de torturas para cuatro de ellos y para otros seis por un delito de lesiones. El correcto desarrollo del juicio no impidió que su proyección y valoración dependiese, como casi siempre, del medio de comunicación que recogiese noticia sobre el mismo (para algunos medios su celebración no constituyó noticia relevante, y sembraron un elocuente manto de silencio informativo sobre el mismo).

Cabe recordar ahora la sentencia de la Audiencia Nacional en el caso Egunkaria, en la que se estableció un criterio garantista que por desgracia no suele ser seguido por dicho tribunal: en una velada crítica al empleo de malos tratos o torturas señaló claramente que es necesario probar los hechos en los que se basa la eventual culpabilidad con pruebas de cargo suficientes y lícitas: es decir, mediante pruebas obtenidas con corrección y sin violentar derechos fundamentales.

Por encima de otras valoraciones, como la que merece el escándalo político, jurídico y ético derivado de que todas las sentencias condenatorias por delitos de torturas o malos tratos hayan sido “burladas” por el gobierno español de turno mediante el recurso sistemático al indulto de los policías condenados, quisiera llamar la atención sobre otro aspecto, clave para que el reto de la convivencia entre vascos pueda ser realidad en un futuro próximo. Me refiero a las falsas simetrías, que tratan de poner en el mismo plano a agresor y a agredido, y que conducen a veces, tras el repudio, el rechazo y la condena a ETA la “comprensión” ante la reacción y el comportamiento de los policías que recurren a la tortura o a los malos tratos. Las lamentables declaraciones del ex presidente del gobierno español Felipe González se orientaban también en esta penosa dirección.

El fenómeno no es nuevo: en otros contextos, las hemerotecas están llenas de argumentos mediante los cuales, por ejemplo, se “comprende” y justifica la reacción de EEUU tras el 11-S, o la reacción de Israel tras los ataques de Hamás….¡y así se acaba cayendo en el perverso juego de falsas simetrías, justificando flagrantes vulneraciones de derechos individuales o de la legalidad internacional bajo una posmoderna concepción del ojo por ojo y diente por diente!.

Cuando en aras de la seguridad se vulneran Derechos fundamentales se está otorgando a los terroristas una primera victoria. Es inadmisible hablar de tolerancia “cero” para ciertas vulneraciones de derechos y mirar para otro lado ante flagrantes ejemplos de violaciones de otros derechos fundamentales. Y solo si nos rebelamos contra unas y otras vulneraciones legitimaremos la reivindicación de la paz, la superación de “trincheras mentales” que permiten a unos y a otros contemplar con diferente nivel de aceptación moral las violaciones de derechos fundamentales, según de donde provengan. La vida, la integridad física y moral, la dignidad, la ausencia de violencia no admiten gradación en función de la víctima o del agresor.

Ante ETA debemos elevar nuestra dignidad individual y como pueblo, pero debemos renunciar a la ley de talión, y responder con firmeza y cívicamente, sin miedo, sin sed de venganza, sin admitir atajos que conduzcan a un callejón sin salida, porque sin ley no hay justicia, y sin justicia no hay democracia.

La oposición frontal de una inmensa mayoría de vascos que nos negamos a aceptar la irracional y totalitaria deriva de ETA no puede impedir que elevemos la voz ante hechos como los ahora enjuiciados.

Deseo, como todos los vascos que creemos en la democracia, que todas las expresiones políticas puedan confrontar sus proyectos ante las urnas. Pero hemos aprendido, algo tarde, que solo cabe dialogar con quienes hayan decidido abandonar la violencia. El pago de un precio a cambio de su abandono es indigno. No cabe incentivar el final de la violencia de ETA con un diálogo previo, sino tras el cese de su barbarie. El concepto de contrapartida política a cambio de o en pago de la ausencia de violencia tiene el alto precio del deshonor como pueblo vasco. Y no pueden robarnos nuestra dignidad, porque ni nos representan ni pertenecen a nuestra nación vasca, la han despreciado y ensuciado con su violencia.

Pero ninguno de los anteriores argumentos frente a ETA, ninguno, debe permitir legitimar, amparar, comprender o justificar el recurso a la tortura o a los malos tratos. Ninguno.

Vender la piel del oso antes de cazarlo

06.10.2010 (9:33 am)

Gorka Santamaría
Gorka Santamaría

Últimamente vengo constatando cómo aquí todo el mundo se apunta a vender la piel del oso antes de cazarlo. Basta con un movimiento mínimamente novedoso de lo que antes era Herri Batasuna, y el gallinero se revoluciona. Usando esa terminología que nos es tan familiar, todos quieren agitar el árbol, por si las nueces: unos, escenificando aquellas alianzas que se morían de ganas por establecer, pero un mero formalismo se lo impedía; otros, dejando claro que harán lo que sea para no perder su protagonismo; los de más allá, dejando entrever que eso que siempre se había reclamado como prioritario, a lo mejor ahora no conviene tanto, máxime cuando la amenaza ya había pasado de asfixiante a letárgica, y va mejor tensar la cuerda y alargar la cosa para seguir sacando réditos; y los de siempre, pues como siempre, sin más ambición que el sufi raspado, “que el profe me tiene manía”… en definitiva, que el escenario no ha cambiado tanto como podemos presuponer.

Sí, es cierto, se ha dado un paso importante. Parece que, poco a poco, muchos de los que faltaban se van poco a poco convenciendo de que es imprescindible que ETA desaparezca. Y es una buena noticia, sin duda novedosa, que debemos celebrar. Pero la violencia es algo más que la violencia armada, y yo sigo echando de menos el conocer cuál es su definición de violencia, más que nada, para saber a qué atenerme. Me gustaría saber si el día de mañana, renunciarán al control absoluto de la calle en sus feudos tradicionales, al control de lo que se dice en público, en la taberna del pueblo, en una clase de primaria, en la parada del autobús. Me gustaría saber si esa reclamación de derechos humanos y civiles también contempla que nadie más siga sintiéndose amedrentado, amenazado o, simplemente, anulado como persona, únicamente por pensar diferente allí donde se impone el pensamiento uniforme. Y me gustaría saberlo, porque no tengo nada claro que esos preceptos básicos sean compartidos por quienes se arrogan los derechos genéricos detrás de una pancarta, pero en lo concreto, en lo individual, no paran de violarlos. Sin ir más lejos, los violan al obviarlos sistemáticamente. O al ignorar su gradación. Porque podemos estar de acuerdo en que cerrar un periódico por su ideología es denunciable. Pero es infinitamente más lesivo para una persona tener que cerrar la boca durante décadas. Creo que no podemos aceptar el discurso de que todas las formas de sufrimiento son iguales, porque no lo son. Si lo aceptamos, terminaremos cayendo en las mismas perversiones que ciertos comunicados traslucen, de modo que tan lesivo es que te amputen la vida como que en tu carnet de identidad figure una bandera que te desagrada.

Si hablamos de construir un nuevo escenario, debemos exigir honestidad y autocrítica a quienes se han afanado en destruirlo durante décadas. Por supuesto, debemos aceptar que se sumen a su construcción, si es que realmente lo desean. Pero qué menos que exigir un diagnóstico mínimamente honesto, y no el mismo refrito de siempre, pero con un poco de jengibre, para poder siquiera confiar un poquito. Y ese paso también les corresponde a ellos, en primer lugar, y sin contraprestaciones ni exigencias alternativas. No tutelarnos es la deuda que nos deben a todos, y a la vez, la mejor manera de hacer honor al “derecho a decidir” que nos otorgan y con el que tanto se les llena la boca.

Desgraciadamente, y ojalá me equivoque, no hay de momento motivos para la confianza. Me temo que “el fin de la violencia”, como mucho, se quedará en nada más que un oso enfermo terminal con la piel llena de ronchas, que morirá por inanición. Todos se apuntarán a vender su piel, pero de baratillo. Y el “nuevo escenario”, por lo que se ve y se pudo constatar el mismo sábado pasado, está dinamitado y segmentado antes de comenzarse a construir.

La verdad es que cuesta asumir que ese escenario que tanto anhelábamos, ahora que se ve más cerca que nunca, se torne tan poco ilusionante…

“No a la prohibición de manifestaciones. Ninguna imposición, ninguna violencia. Sí a los derechos humanos, civiles y políticos”

03.10.2010 (10:22 pm)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

Ayer acudí a la manifestación de Bilbao convocada bajo el lema “No a la prohibición de manifestaciones. Ninguna imposición, ninguna violencia. Sí a los derechos humanos, civiles y políticos”. Mi valoración general sobre el desarrollo de la misma es muy positiva, exceptuando los momentos en los que un numeroso grupo de personas aprovechó el momento para proferir consignas con las que podía estar de acuerdo o no, pero que estaban totalmente fuera de lugar. Si hay que reclamar la independencia y una amnistía se convoca un acto explícitamente para ello y se grita lo que haya que gritar. Eso en el caso de que la autoridad pertinente “tenga a bien” permitir el desarrollo de una manifestación que reivindique tales pretensiones.

No a la prohibición de manifestaciones. Los ejemplos que podía utilizar para justificar la necesidad de convocar una manifestación que reclame el derecho legítimo de la ciudadanía a manifestarse son varios, y no hace falta ir muy atrás en el tiempo. Ayer, una nutrida representación de esa ciudadanía volvió a dar ejemplo de que es posible manifestarse sin causar grandes inconvenientes, siempre que las autoridades públicas renuncien a la coacción y la prohibición y siempre que la policía se limite a realizar funciones que no vayan más allá de garantizar los mínimos transtornos posibles en la jornada para las personas ajenas a las manifestaciones. Y no olvidemos que las distintas policías son un cuerpo al servicio de las autoridades públicas, por lo que la responsabilidad máxima siempre corresponde a estas.

Ninguna imposición, ninguna violencia. No soy ningún experto en anális políticos y sociales, y no quiere perderme en fundamentos filosóficos, que tampoco domino, sobre la pregunta “¿que es imposición? y ¿qué es violencia”? Considero que la mayoría de la población debiera saber discernir entre estos aspectos, y saber, aunque solo fuera de manera intuitiva, cuando se producen cualquiera de estos hechos. Algunas situaciones de este tipo las tenemos todos claras: matar a un ser humano es violencia, torturar a un ser humano es violencia; querer mantener determinado status político es imposición, negarse a desaparecer de la escena contraviniendo los deseos de la mayoría de la ciudadanía es imposición. Ayer decenas de miles de personas se manifestaron en contra. Que tomen nota quienes están obligados a hacerlo.

Sí a los derechos humanos, civiles y políticos. Para que una sociedad pueda desarrollarse libremente es fundamental que esté amparada por unos mínimos que, de forma paradójica, raramente se dan de manera conjunta en las llamadas “sociedades libres”. Toda sociedad que no respete y ampare al individuo de manera particular, y a la propia sociedad de forma conjunta, es una sociedad enferma. Atajar una enfermedad requiere de un tratamiento específico, y la primera premisa de este tratamiento pasa por la educación. Dificilmente respetaremos al adversario como ser digno de respeto si no tenemos asumido que este principio es válido para tod@s y en todo momento. Dificilmente podremos pedir respeto a nuestros derechos si previamente no respetamos los derechos de los demás. Dejemos de buscar causas para “defendernos de los ataques del adversario” y empecemos a buscar causas para “convivir de forma pacífica con el adversario”.

 Foto: Gara