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Contextos intempestivos

08.02.2011 (10:08 am)

Iñaki Arzoz, artista de Artamugarriak

Esta tregua de 2011, como cada tregua, aparece en un contexto diferente. Aunque históricamente el conflicto vasco ha sido bastante refractario a influencias externas, poco a poco, la deriva de su propio agotamiento le ha obligado a abrirse al flujo global. En estos momentos, el conflicto vasco, caracterizado por su ensimismamiento, es más poroso que nunca a los conflictos de otro orden político, económico, social y cultural que, aunque todavía no sean directamente determinantes, sí serán factores a tener en cuenta en una solución que veremos como el surgimiento de un nuevo contexto de contextos.

Propongo brevemente algunos de los que me parecen más significativos.

Contexto 1: La violencia en el primer mundo.
Después de la irrupción de Al-Qaeda, del 11-S al 11-M, la violencia política de baja intensidad o a pequeña escala ha perdido todo sentido político. La violencia ‘terrorista’ se ha convertido, como la denomina Sayak Valencia en “Capitalismo gore”, en un gag político-teatral. Su valor político (no su dolor ni sus consecuencias personales, tan reales e intransferibles como siempre) ha quedado reducido a la insignificancia mediática. En este aspecto, cualquier táctica imaginativa y noviolenta resulta más eficaz.

Contexto 2: La cultura de paz como industria cultural.
La candidatura de Donostia como capital europea de la cultura 2016, más allá de si triunfa o no, puede suponer una revolución cultural: trasmutar la violencia de baldón mediático y económico en atractor turístico-cultural. Una apuesta arriesgada que bien llevada puede contribuir a engrasar el proceso de paz y a crear un nuevo imaginario vasco, pero que corre el peligro de morir de éxito y caer en la banalidad, la retórica, el espectáculo y la comercialidad de la marca…

Contexto 3: La crisis redefine el conflicto vasco.
Aunque aparentemente la crisis nos afecte menos a los vascos, sufriremos el impacto de sus consecuencias a medio y largo plazo, como el paro de los jóvenes y la situación de los migrantes y, especialmente, el desmantelamiento del estado del bienestar, como la reciente reforma de las pensiones. Se avecina una época de intensas luchas sociales que va a redefinir este viejo conflicto nacional(ista) en términos económicos.

Contexto 4: La guerra por las redes.
El conflicto vasco nació en la era analógica y ha llegado hasta la era digital. Este es el nuevo escenario de la información y del conocimiento, de la cultura libre y de la reconquista del procomún. Una batalla política encabezada por una retaguardia de airadas ‘multitudes inteligentes’ que se rebelan, como en el Magreb, por twitter y facebook, de Wikileaks y Anonymous contra el Imperio o de los internautas, esa ‘vanguardia leninista de los colegas de Mad Max’ (Savater dixit), contra el liberalismo…

Esta ha sido la primera tregua vivida sin entusiasmo. Después del fiasco del atentado de la T4, cualquier tregua habría de ser recibida, obviamente, con cierto alivio pero sin atisbo de entusiasmo, como el inicio de un largo proceso, lleno de obstáculos y vaivenes, en una sociedad resabiada y reticente a la esperanza. Esto tiene un aspecto positivo: nos ofrece un escenario de trabajo más riguroso, de diálogo y negociación progresiva y profesionalizada, conducida por interlocutores y agentes experimentados. El aspecto negativo sin embargo es que este enfoque supone un mayor repliegue de una sociedad civil que permanece a la expectativa pero que, si se deja dominar por el inmovilismo, puede tardar demasiado en sumarse al proceso social paralelo y tan necesario como el político para culminar una solución válida y duradera.

Y la solución… no va a ser ya la llegada de la paz sino, como señalamos, un nuevo contexto de contextos -contextos intempestivos que giran en torno a nuevos conflictos-, esto es, la transformación del conflicto vasco hacia otro orden glocal, del que esperamos haya desaparecido definitivamente, al menos, el factor anacrónico de la violencia armada.

Una experiencia, mil vivencias

15.12.2010 (3:20 pm)

Santiago de Compostela, tras la experiencia del Foro Mundial de Educación por la paz, es ahora para Lokarri un cálido lugar: salir de las facultades donde se celebraban las actividades del Foro con la cabeza llena de las vivencias y reflexiones, el caminar por las calles del casco viejo encontrándonos con saludos y complicidades de las personas que participábamos o las conversaciones nocturnas y cansadas sobre empatía o derechos humanos han hecho que Santiago nos haya dejado muy buen sabor de boca.

La mañana del domingo comenzaba con la actividad propuesta por Lokarri, a la que llamamos “Construyendo una cultura de paz en el País Vasco. Experiencias prácticas”. Como explicamos en otro post, la gran cantidad de actividades programadas de manera simultánea, hizo que, de inicio, poca gente acudiera a nuestra convocatoria. En la sala de al lado, Fundació per la Pau presentaba su taller “Innovando y educando: concurso de animaciones por la paz”. Al encontrarnos en la misma situación, de forma fluida y resolutiva, las dos organizaciones decidimos sumar nuestras fuerzas y compartir el tiempo del taller y los participantes. Así, la Fundació explicó su trabajo con el concurso de animaciones sobre la temática de la paz y mostró algunos de los vídeos premiados. Después Lokarri compartió sus aportaciones a la construcción de la paz en el contexto vasco, explicando los principios y funcionamiento de Lokarri para luego situarnos en el momento actual y sus oportunidades. Para acabar, propusimos vivenciar brevemente la metodología del ‘Hiru Txandatan’ con la idea de compartir una herramienta para la escucha activa y el diálogo constructivo. Los participantes se mostraron muy interesados en todo lo expuesto durante la actividad y nuestro balance fue muy positivo.

Por la tarde, Adierazi EH con Kepa Landa como ponente explicó el trabajo de esta plataforma por la defensa de los derechos humanos y libertades democráticas en Euskal Herria. Por otro lado y simultáneamente, estuvimos en la actividad propuesta por Bakeola sobre la exposición “Trazos y puntadas para el recuerdo, una ventana de paz en Euskadi” donde explicaron el trabajo pedagógico hecho con el alumnado del País Vasco y las víctimas del 11M. El emotivo testimonio de Isabel, madre de Jorge, que murió en el atentado del 11M, hizo de la actividad un espacio de reconocimiento constructivo del dolor.

Finalmente, el lunes por la mañana participamos en la actividad del Foro de asociaciones de educación en derechos humanos y por la paz titulada “Educar para la paz en el País Vasco”. Tras la introducción hecha por Josu Ugarte de Bakeaz, Maria Oianguren (Gernika Gogoratuz) moderó la mesa redonda con Txema Urkijo de la Oficina de las Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y Edorta Martinez por parte de Gesto por la Paz. La ausencia de Paul Ríos, que no pudo asistir porque su vuelo fue cancelado, hizo que a la mesa redonda le faltase la pluralidad propia de la sociedad vasca en cuanto a puntos de partida y planteamientos.

Después de todos esos días de compartir visiones, herramientas y preguntas, parte de la delegación de Lokarri volvió a casa con una valoración positiva del encuentro. Sin embargo, Lokarri sigue siendo representado en Santiago en el Congreso Internacional sobre Memoria, Reconciliación y Cultura de Paz, donde seguro encontraremos interesantes ideas para nuestro contexto que seguiremos compartiendo.

Outro mundo é posíbel

12.12.2010 (9:18 pm)

Tal y como explicamos en un post anterior, Lokarri aterrizó en Galicia el viernes a la noche para enredarse en las actividades del Foro Mundial de Educación.

Entre las actividades autogestionadas, desarrolladas en diferentes facultades de la Universidad de Santiago, el sábado y domingo se han realizado un total de 94 actividades en torno a varios temas: conflictos socio-ecológicos, educación y pedagogía para la paz, derechos de las mujeres e igualdad, diálogo interreligioso, objetivos de desarrollo del milenio, convivencia, expresiones artísticas y paz, antimilitarismo, educación y tecnologías, herramientas metodológicas… Dichas actividades trataban de combinar lo vivencial con lo conceptual.

Este maratón de actividades simultáneas ha permitido dar espacio a una gran diversidad de experiencias en la construcción de una cultura de paz desde diferentes ámbitos y lugares. Por ejemplo, el sábado por la mañana acudimos a tres actividades: “Vivenciando culturas para hacer las paces a través de un taller dialógico participativo” organizado por la Cátedra Unesco de Filosofía para la Paz, la mesa redonda “Paz como cultura: fuentes y recursos para una pedagogía para la paz” por el Seminario Galego de Educación para a paz y “El papel de las mujeres en la construcción de la paz” propuesto por Ceipaz. Vivimos tres experiencias diferentes, y como con todo, en unos casos nuestras expectativas se vieron cumplidas y en otros tuvimos que adaptarnos a los cambios de última hora debidos a la falta de asistencia de participantes y/o ponentes.

La fórmula que el FME ha utilizado para cerrar el día se ha concretado en la llamada plenaria, que en un principio pretendía resumir los contenidos trabajados durante la jornada. Finalmente ha consistido en una interesante mesa redonda, aunque hemos echado en falta una mayor profundización en los conceptos básicos en torno a la cultura de paz.

Tras una primera aproximación al FME, seguiremos contando nuestras experiencias.

Deshaciendo entuertos

08.10.2010 (9:02 am)

Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau

No es algo nuevo, pero últimamente lo percibo con más intensidad. Me refiero a una confusión sobre las estrategias para terminar con la violencia en el País Vasco y la cercanía o no a ETA.

Por muchas cosas afirmadas, publicadas y difundidas, parece que hubiera dos sectores: uno, crítico con la violencia pero que en el fondo es ‘cercano’ a ETA y, por ello, pide un final pactado de la violencia, y, otro, radicalmente distante de ETA que, obviamente, no apuesta por el diálogo y sólo contempla, simple y llanamente, su derrota.

Como todo tópico tiene su parte de verdad. Evidentemente, gente cercana a ETA preferirá un proceso en el cuál ETA tenga su protagonismo y espacio y, por el contrario, gente que desprecia profundamente a ETA se sentirá más a gusto con una perspectiva de ‘vencerla’.

Pero hay otra gente (es mi caso, y quiero creer que el de mucha otra gente en el País Vasco, en Catalunya y en el conjunto del Estado español) que se mueve en otro parámetro.

Veamos: si ETA y todos los sectores que le dan apoyo moral, técnico o político se dieran cuenta esta misma noche que la violencia política no solo es absurda sino que además inflinge un dolor inaceptable y mañana se dejaran de grandilocuencia vacía y asumieran el grave error de su apuesta violenta, personalmente me sentiría plenamente satisfecho.

El problema es que es altamente improbable que esto suceda. Pero además, sabemos que incluso en el óptimo escenario actual de un incipiente proceso de paz (Declaración de Bruselas, paso adelante y valiente de la izquierda abertzale descartando la violencia, comunicados de ETA dónde se declara abierta a terminar con su actividad, etc.), ni que sea por experiencia comparada con otros procesos y situaciones, hay algunos elementos a tener en cuenta:

1. Que toda ‘institución’ (también, un grupo armado fuera de la legalidad) tiende a perpetuarse y difícilmente se ‘suicidará’ sin alicientes, estímulos y contextos adecuados para que lo haga.

2. Que en todo proceso de paz incipiente, tan importante que lo que ha permitido vislumbrar un final de la violencia es que se pueda completar esa final con éxito, evitando crisis o disidencias que puedan permitir el resurgir de la violencia.

3. Que un final pactado y negociado de un ciclo de violencia política es la mejor base para afrontar con garantías un apasionante pero también durísimo reto: construir unas nuevas bases compartidas para la convivencia con la terrible dificultad de integrar en una misma comunidad a personas que han sufrido la violencia y personas que la han ejercido.

Por todo ello, fuera del tópico debate –‘comprensivos con ETA que apuestan por el diálogo’ versus ‘críticos con la violencia que apuestan por el fin de ETA’- creo que hay una tercera apuesta: los categóricamente convencidos, ética e ideológicamente que la violencia es inaceptable e intolerable pero que tienen claro que la mejor manera de pensar en un futuro sin violencia política es poder conseguir un final pactado, organizado y consensuado de la violencia entre todos los actores que han participado y sufrido esa violencia.

Entre todos podemos

20.09.2010 (9:02 am)

José Luis Úriz Iglesias (Portavoz PSN en el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia)

El comunicado del 5 de septiembre de ETA ha activado la capacidad de análisis, debate, opinión, y no habrá ningún portavoz mínimamente cualificado, sea cual sea su ideología, que no haya dado su versión de lo acontecido, e incluso de lo que pueda acontecer.

Reconozco que he leído, con más atención en algún caso, todo lo que se ha escrito sobre el tema y me siento un poco decepcionado. Falta lo que los expertos denominan “visión de estado”, que viene a significar algo así como que los intereses comunes estén por encima de los meramente partidistas. En definitiva que la consecución de la paz tiene más valor que la hipotética rentabilidad social o electoral.

Pocos, muy pocos se han atrevido a dar una visión transversal al momento histórico que vivimos. Ni los de una orilla ni de la otra. Cada cual ha ido a lo suyo sin intentar escuchar y comprender al contrario. Y así es muy difícil entenderse y como consecuencia imposible solucionar el conflicto.

Pero hay gentes, estamos gentes, en ambas orillas con capacidad de dialogar, de entendernos e incluso de llegar a acuerdos mínimos, de síntesis. Gentes que durante años hemos mantenido una relación personal imprescindible a la hora de resolver conflictos, en los que en un momento concreto es necesaria tenerse la mutua confianza. En definitiva: confiar en el “otro”.

Esas gentes ahora estamos distanciadas y quizás sea éste el momento de juntarnos, de intentar alrededor de una mesa de café buscar esos puntos de encuentro que no han explorado nuestros “mayores”, y trasladárselos como elementos de reflexión. Crear una plataforma transversal en la que convivamos quienes desde el PSOE o desde Batasuna tenemos esa capacidad. Una plataforma que sirva como grupo de presión en ambas orillas, demostrando que quizás es mucho más fácil de lo que se está planteando el llegar a acuerdos. Acuerdos perfectamente asumibles por los más reticentes, por los más duros de cada bando ahora confrontados. Hacerlo públicamente con comparecencias periódicas que vayan demostrando la viabilidad de esa posibilidad.

Vale la pena hacer el esfuerzo, intentarlo, con prudencia, sin asumir riesgos irreparables. Nos interesa que nuestra acción no provoque efectos contrarios a los deseados, ni tampoco que nos excluya de nuestros respectivos lugares. Puede ser una experiencia que aporte algo positivo, y además demuestre que podemos hablar no sólo entre diferentes sino también entre muy diferentes, y no solo hablar, también elaborar puntos de encuentro y consenso. Posiblemente nos harán poco caso al inicio, pero quizás en un futuro próximo nuestra presión haga avanzar posiciones ahora irreductibles en ambos bandos.

Me consta que en mi partido hay compañeros y compañeras dispuestos, incluso algunos lo han hecho público, y creo que en el mundo de la Izquierda Abertzale también. Intentémoslo, entre todos podemos, al menos entre los que estamos decididos a dialogar. No perdemos nada por hacerlo.

Aquí me tenéis; dispuesto.

No hay tregua

28.07.2010 (11:35 am)

Ion Andoni del Amo
Ion Andoni del Amo

Está siendo un parto largo, sin duda. El diagnóstico ha sido reiterado: vivimos un periodo intermedio caracterizado por el agotamiento del ciclo político anterior – y sus fenómenos estructuradores, vía autonómica y lucha armada – y las dificultades para la apertura de un nuevo ciclo. Las bases ideológicas fueron dibujadas ya por ELA en aquella comparecencia histórica en Gernika en el 97, y desarrolladas por otros agentes durante estos largos años.

¿Por qué entonces tantas dificultades e intentos fallidos? Pues probablemente porque dar por superados con todas sus consecuencias tales fenómenos requiere un proceso de maduración y, dada su importancia en la estructuración del escenario político de las últimas décadas, produce cierta sensación de vértigo que dibuja caminos de ida y vuelta. Pero es que además, en este cambio de ciclo afloran y se entremezclan tres cuestiones, las dos apuntadas y una derivada: la reconducción del conflicto armado y sus consecuencias, el conflicto político de fondo al que apunta la incomodidad de la mayoría social con el marco jurídico-político actual, y la consiguiente restructuración del mapa político derivada de las anteriores. Las tres cuestiones, aunque en diferentes combinaciones, han aflorado simultáneamente en los dos últimos procesos, Lizarra-Garazi y Loiola. Y la conclusión que podríamos extraer es que el intento de resolución global, aún lógico y loable, lo complica seriamente. Porque aparecen temores y condicionantes cruzados: desconfianzas, disputas por la hegemonía política, temores partidistas, temor a que la resolución del conflicto armado sitúe en primer plano el conflicto político, condicionantes y renuncias fruto de determinados pactos, recelos hacia los negociadores… Todos ellos se combinan de tal forma que acaban siendo más los sectores que se sitúan en una posición pasiva, o activamente hostil, que los partidarios de la resolución.

¿Estamos condenados, entonces, a repetir la historia? Ya hubo quien criticó hace años esas concepciones cíclicas de la Historia, y es que las experiencias pasadas nunca son en vano. Hay, quieran o no verse, elementos nuevos en la pista. El primero es la reflexión más amplia, profunda y compartida sobre la necesidad del cambio de ciclo; especialmente en el seno de la izquierda abertzale, pero también en otros agentes. El segundo, que los acuerdos estratégicos y de reconfiguración del escenario político se plantean básicamente entre quienes comparten esta reflexión sobre la necesidad de cambio de ciclo y sus vías, exclusivamente políticas, institucionales y de lucha de masas; esto debiera, a priori, dotarles de mayor estabilidad. El tercero, pero no menos importante, es la apuesta por la unilateralidad para la superación del ciclo anterior por parte de la izquierda abertzale. Los tres, y especialmente el último, parecen desatascar el escenario y romper el esquema de resolución en bloque y simultaneo que tan problemático se había demostrado. Lo que se dibuja, pues, no parece ser un escenario de resolución y acuerdo global, sino la apertura de un proceso en el que a medio-largo plazo, y por vías exclusivamente políticas y democráticas, se plantee una reconfiguración del espacio político, la superación de las consecuencias del conflicto armado, y el conflicto político de fondo, pero en tiempos, momentos y con alianzas distintas, en función de la relación de fuerzas, de forma dinámica y dialéctica.

El escenario ya está en movimiento y son numerosas las señales, más allá de las declaraciones de la izquierda abertzale o la importantísima Declaración de Bruselas: el nerviosismo de algunos, la progresiva configuración de un bloque de izquierda soberanista, las reflexiones de Jesús Eguiguren… O cierto cambio perceptible en la actitud del Ministerio de Interior, que ha pasado de torpedear abiertamente el proceso de la izquierda abertzale a, parece, dejar hacer. Conviene detenerse en este aspecto. Porque la estrategia actual parece ser la de jugar a dos bandas: dejar hacer por si pudieran obtenerse réditos político-electorales, o volver a la mano dura en el último momento en caso contrario. Y esto puede enredar el proceso, porque puede abrir expectativas negociadoras que luego acaben en frustración si las encuestas en España ‘piden’ mano dura.

¿Y ETA? La decisión parece dilatarse y ha habido ya un par de ocasiones de intensos rumores que se han quedado en nada y que ahora apuntan a septiembre. Es evidente que hay diferente percepción de tiempos, y que lo que desde fuera parece lento, desde dentro puede parecer rápido. La decisión requiere un periodo de maduración que es importante, porque lo esencial y novedoso es que la izquierda abertzale arrastre a ETA en su decisión. Por eso es hay que ayudar en lo posible, aunque es cierto que un proceso que no se alimenta es un proceso que se muere. En cualquier caso, la cuestión de la unilateralidad es central, por encima de expectativas negociadoras, porque es la que permite mantener la dirección del proceso de cambio, sin condicionarla en exceso a la dinámica electoral española. En este sentido, una eventual decisión de ETA no supondría una tregua en lo político, sino que puede incluso abrir un camino de confrontación democrática, a favor de los derechos políticos y civiles o del propio derecho a decidir, que habrá que pelear mediante movilización social. Y probablemente es bueno que así sea, porque evita los problemas de la solución global. Abriría no un proceso con fases, etapas o escalones definidos, sino un proceso dinámico, complejo y múltiple en el que estén sucediendo muchas cosas a la vez, con un grado de contradicción sostenible y eficaz, que no suponga una nueva frustración para la masa social movilizada.

Aprender de los errores del pasado

06.07.2010 (11:58 am)

El Disidente
El Disidente

Si algo está quedando claro en estos tiempos de velocidad vertiginosa y contradicciones en torno al terrorismo y su posible desenlace, es que el fallido proceso de paz iniciado en 2006, lejos de parecer un proceso inútil que no valió para nada, ha resultado ser una pieza clave para dar el paso definitivo a un proceso que por fín acabe bien, y es que como dijo Otegi, en el pasado proceso, se hicieron muchas cosas mal, se cometieron demasiados errores que fueron minando poco a poco la confianza entre las dos partes negociadoras, pero si hay que sacar algo bueno de ese fracasado proceso, es que nos sirvió a muchos para identificar por fín, cuales deberán ser las piezas del puzle a colocar en el siguiente, las piezas ya han sido puestas sobre la mesa, quedando hecha la tarea dificil, y dando lugar al sencillo trabajo de, con paciencia, ir colocando dichas piezas, y ese sería el objetivo del próximo proceso de paz.

En primer lugar, y desde mi punto de vista, los errores más grandes que se cometieron en el proceso de 2006 fueron, por parte de la izquierda abertzale, la gran inmadurez con la que afrontaron el reto, no estaba nada claro que la mayoría de sus bases estuvieran comprometidas a la vez en un mismo objetivo que fuera el fin de la violencia, todos sus debates y proposiciones se hicieron de manera interna, siendo opacos al espectador, lo que facilitó a los detractores lanzar bulos en forma de alarmas para soliviantar a la sociedad y sacarla a la calle enfurecida. ETA tuvo en ese proceso el estatus de representante político, el mayor de los errores. A este último gran error que menciono, se le unen también los errores del gobierno, al que hay que achacarle un error de cálculo o quiza de falta de perpectiva cuando en esas reuniones de Loyola, Eguiguren y su pizarra, parecieron ofrecerles el oro y el moro a ETA, ese agente político al que se le estaban proponiendo temas de índole política, como la anexión de Navarra a Euskadi, algo que está recogido en la Constitución española, y que poco a poco, parecio que ETA pasó a aceptarlo como una decisión democrática que debía salir de los navarros, a una imposición en la que con una pistola sobre la mesa dijo “Sin Navarra, nada de nada”. Tras estos tropezones tan preocupantes, el gobierno también pecó de la misma opacidad que la izquierda abertzale, ocultando y negando cualquier filtración salida de esas negociaciones, lo que alimentó más la estrategia de la ultraderecha y multiplicó por dos las reacciones de esta en la calle.

Hoy sin embargo las condiciones son distintas, la izquierda abertzale ha contado con la ayuda desinteresada de prestigiosos mediadores internacionales, y con esa ayuda que jamás será debidamente agradecida, ha limado todas las imperfecciones mostradas en el proceso de 2006. Hoy la IA ha tomado la decisión unilateral de ser ella el agente político que lleve la iniciativa, ha iniciado un debate llebado a cabo por la inmensa mayoría de sus bases, hoy la IA sabe a donde va y cómo va. Tal y como les aconsejó Brian Currin, sus propuestas ya no son opacas ni alimentan malintencionadas sospechas sembradas por la ultraderecha, y como afirmó Pello Urizar hace unos días tras la unión política entre EA y Batasuna, ETA ya no va a ser ni parte ni arte, ni se va a sentar a negociar con nadie ni va a proponer reformas políticas con pistolas encima de la mesa como condición para su desarme.

Es aquí donde se puede dar un punto de inflexión a la posición reaccionaria e inamobible del Gobierno. En un proceso entre dos partes, ambas deben de ceder algo para llegar al entendimiento, y para rebajar el nivel de desconfianza del Gobierno español, existe una pieza clave con la que creo, empiezan a estar de acuerdo muchas personas. Se trata de una cuestión que yo no supe ver hasta que se produjo la última reunión entre el Lehendakari Ibarretxe y Zapatero, recuerdo como Zapatero se tapó los oidos ante sus palabras, cómo salió Ibarretxe igual que había entrado, con la negativa del presidente a hablar con un político demócrata, elegido por la mayoría de vascos, de aquellas cosas en las que no había tenido reparo en hablar con una organización terrorista, a quien nadie ha elegido democráticamente y representaba a una cantidad mínima de vascos. Fue ahí cuando me di cuenta de lo tremendamente erroneo que había sido, en primer lugar, considerar a miembros de ETA como agentes políticos, y segundo, tratar con ellos temas políticos que a la postre, se le niegan al presidente electo de los vascos.

Por tanto, teniendo claro que ese error no debe cometerse otra vez, el factor clave que puede hacerle al Gobierno bajar del monte es, dejar claro con la misma transparencia que se ha llevado hasta ahora, que, en primer lugar, ETA ya no va a llevar la batuta en la negociación y solamente va a ser un espectador que deberá asumir la decisión tomada por toda la base de Batasuna, y en segundo lugar, que en el próximo proceso de paz, no se tratarán temas políticos, como el derecho a decidir, o la anexión de Navarra, se debería dejar bien claro que los parámetros de la negociación no se iban a mover más allá del ámbito de lo que sería organizar el desarme de ETA, el desmantelamiento de todas sus estructuras militares, después la cuestión de los presos, el cómo llevar a cabo el acercamiento de todos ellos y su liberación una vez producido el desarme, y después tratar la reinserción de todos ellos en la sociedad. Sería desde mi punto de vista el mejor paso para acabar con el conflicto, cerrar heridas, cicatrizarlas y hacer borrón y cuenta nueva para iniciar el exitoso camino que está llevando el independentismo en Cataluña.

Puede que a muchos les parezca ceder demasiado por parte de la IA y nada por parte del Gobierno, y que los resultados una vez terminado el conflicto, comiencen con una clara desventaja para la IA, pero a partir de ahí, el movimiento popular sin ilegalizar y sin el continuo estigma de la violencia que el Gobierno explota para beneficiarse electoralmente, irá subiendo como la espuma, y esa subida y esa coyuntura será la que poco a poco, obligue al Estado central a ceder y a tratar temas políticos que de ninguna manera se habrían conseguido en 2006, planteados por una organización terrorista.

La que viene

08.06.2010 (10:01 pm)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

Tendríamos que dar por supuesto que para septiembre el escenario será sustancialmente distinto. O bien ETA ha declarado una tregua indefinida y la Izquierda Abertzale declara que tal tregua implica la confirmación definitiva su exclusivo liderazgo no violento. O bien, ante la no declaración (con o sin atentados) la IA declara de forma clara e incondicional su desconexión respecto ETA.

El supuesto es bastante probable en cuanto que obedece a una autoevaluación de la relación costes/beneficios de resultados contundentes. La IA sabe hoy que ya no existe ningún beneficio en el mantenimiento del apoyo o tolerancia respecto a ETA. Su desconexión sólo genera beneficios y, además, en todas las dimensiones: fortalecimiento organizativo, legalización, posibilidades de iniciarse un proceso dialogado hacia la autodeterminación, etc. En el caso de ETA una evaluación racional debería llevarles inevitablemente a la tregua. El problema es que ETA a la hora de evaluar tiende a regirse por limitados e irracionales criterios militares, lo que le conduce sistemáticamente al error. En todo caso lo que resulta muy probable es que la IA en septiembre haya tomado la decisión irreversible de la desconexión con ETA (se halle, o no, esta activa).

Esta nueva situación plantea nuevos retos. A partir de ese momento el protagonismo en el proceso pasa a manos del Estado. El debe legalizar o facilitar la legalización de la IA, para así legitimar una nueva situación en la que, en un contexto estable de no violencia, todas la fuerzas políticas entran en la confrontación electoral y eventualmente en un diálogo dirigido al cambio del marco jurídico-político. Sin embargo, en este caso la evaluación del coste/beneficio no conduce a resultados tan claros como en el caso anterior. El actual Gobierno perdería aún más en credibilidad y en perspectivas -¡y en resultados !- electorales, caso de apoyar un proceso de legalización sólo a partir de declaraciones de paz de ETA, o de la IA, o de los dos. La afirmación no merece excesiva discusión. A aquellos que dicen que el Gobierno podría ganar presentándose como aquel que pacificó el País Vasco deberíamos decirles que el mensaje que recibirán, con desagrado, gran parte de sus potenciales votantes será que el Gobierno ha cedido a la presión de los malvados nacionalistas vascos a cambio de una “increíble y falsa” promesa de paz (hablamos del Gobierno… de España ). A tal argumento se añadirá que lo que debe hacer el Gobierno no es legalizar, ni dialogar, ni hablar. Lo que debe hacer es detener y encarcelar para siempre a todos los terroristas y sus amigos. Y el argumento será bien entendido por sus potenciales votantes (insisto: hablamos del Gobierno de…. España) a quienes les importe muy poco la Paz en Euskadi; a quienes lo único que les interesa (y además, comparativamente, no demasiado) es la liquidación del terrorismo. Y punto.

Un panorama así lleva al Gobierno a una evaluación negativa, en cuanto que aparecen como sensiblemente superiores y, sobre todo, mucho mas ciertos, los costes respecto lo beneficios. La situación podría invertirse si se superase el nivel de declaración. Si, por ejemplo, ETA -con o sin acuerdo previo con el Gobierno- iniciase un proceso material y verificable de desmantelamiento.

Esta nueva y previsible situación asimismo conducirá a otras exigencias y sobre todo a otras dimensiones argumentativas a aquellos ciudadanos comprometidos en la lucha por la Paz en Euskadi. A aquellos ciudadanos o grupos sociales que reclamamos un paz permanente, una -a largo plazo- nueva situación política que consolide un escenario de no violencia. Más concreto a aquellos ciudadanos que recibimos el titulo oficial de “bienintencionados que hacen el juego a los violentos”; titulo otorgado por ilustrados políticos y astutos analistas mediáticos.

En ese nuevo y futuro escenario nuestra reivindicación principal debería ser la de la legalización y los argumentos a emplear deberían ser, sobre todo, de carácter principista. En la situación actual -en este escenario que podríamos definir como de pre-septiembre- en la exigimos el cese definitivo del violencia, nuestra demanda va dirigida -y así debe ser- prioritariamente hacia ETA y la IA, y utilizamos argumentos asentados en principios como el derecho a la vida sin exclusiones, la exclusión de la violencia en la confrontación democrática, etc. Pero debemos reconocer que el protagonismo en tales demandas está asumido precisamente por el actor al que va dirigida nuestra reivindicación: la IA. Y en esta organización o movimiento, la argumentación dominante (no la única) tiene carácter estratégico. La evidencia, incluído el muy largo plazo, de la superioridad de los beneficios sobre los costes en el caso del fin de la violencia. Ello implica que hoy nuestro discurso de principios suene como un telón de fondo, como un apoyo ético a una, por otro lado irreversible, opción política estratégica.

Pero mañana, en el escenario post-septiembre, la situación va a exigir que pase a primer plano la argumentación basada en principios. Va a ser el momento de afirmar que, al margen de los problemas tácticos que el Gobierno tenga con su coyuntura, lo que está en juego es una cuestión de justicia democrática. Que resultará democráticamente insostenible dejar fuera de la confrontación política y electoral a movimientos u organizaciones que han manifestado de forma indubitada su no conexión -su rechazo- con formas violentas de acción política. A lo mejor estamos adelantando acontecimientos y ciertamente mas vale seguir presionando para lograr el primer escenario de noviolencia, pero también auguramos que superar ese segundo reto, el de la Otra exigencia democrática, va a exigir un esfuerzo colectivo superior. Veremos.

Yo también soy insistencialista!

03.06.2010 (9:11 am)

Oskar Matute, portavoz de Alternatiba
Oskar Matute, portavoz de Alternatiba

Hace ya algunos años, los amigos y amigas de Elkarri acuñaron un término que les definía a ellos y ellas y su propio papel en el conocido conflicto vasco. Se definían como insistencialistas. Hacían pues de la necesidad de insistir, una y otra vez, caída tras caída uno de los motores necesarios para que algún día fuese posible alcanzar la paz en Euskal Herria.

Yo comparto con ellos esta visión, y si me lo permiten esa denominación. Creo que en momentos como estos, con perspectivas de resolución más claras que en épocas anteriores, sigue siendo necesario insistir.

Insistir en la necesidad de una paz justa. Una paz que pueda ser presentada por todas las partes involucradas en el mismo como un escenario de ventaja sobre el mantenimiento de la actual situación.

Insistir en el valor de la palabra. El diálogo y la negociación son el camino para la resolución de este y cualquier otro conflicto. Es el uso de estas herramientas para desbloquear situaciones enquistadas la que nos confiere hondura democrática. Aun cuando en este país la alusión a la testosterona tenga más adeptos que el empleo de las neuronas.

Insistir en la posibilidad de que esta vez si sea la definitiva. Son muchos los procesos vividos con final amargo. Hacernos los resabiados para negar las potencialidades del momento presente, desatadas de manera importante, y no hay que negarlo, tras los pasos dados por la izquierda abertzale ilegalizada, no ayuda. Tan solo sirve para investirnos con la triste vitola de videntes del caos.

Insistir en la democratización de la toma de decisión. Los amigos y amigas de Lokarri son un claro ejemplo de cómo es necesario articular una respuesta civil que parta de la misma sociedad civil y que permita al pueblo tomar las riendas del proceso y convertirse en protagonista principal. Esto es más importante si cabe si uno ve cómo los anteriores procesos, bastante opacos, han tenido el resultado que han tenido.

Por eso quiero reclamarme como insistencialista. No me importa que alguien pueda pensar que nuestra buena intención es utilizada por terceros para favoreces estrategias que nada tienen que ver con la paz. Yo insisto en la búsqueda de la paz, del diálogo y la negociación, del derecho a decidir de la sociedad vasca. Y si de esta no lo logramos, no será porque hayamos puesto palos en la rueda.

Me consta que también hay insistencialistas de signo contrario. Aquellos que instalados en el poder,niegan la posibilidad de que se puedan dar avances, los sacan de la ley, los obstaculizan o directamente los niegan. Claro que para muchos políticos, que no todos, el cambio de chaqueta es una práctica inoculada en su ADN. Eso sí a la hora de ponerse medallas los primeros.

Cuanto mejor le iría a este país si todos, repito todos y todas, en todas las facetas de la vida, entendiéramos que la vida y la historia de este país estaba antes de que naciéramos y seguirá después de que nos vayamos. De mientras yo seguiré insistiendo, aunque solo sea por quebrar el pensamiento único.

Cultura para la convivencia

22.04.2010 (9:19 am)

Santiago Eraso

Vivimos tiempos de incertidumbre democrática, desprestigio político y descrédito económico. En el subconsciente colectivo se ha instalado la premisa del triunfo absoluto de la democracia parlamentaria, la consagración de la globalización y el asentamiento definitivo del libre mercado, como única herramienta para la gestión de lo social. En este diagnóstico de la realidad, parafraseando a Tony Judt, sobre el olvidado siglo XX y las ideas que conformaron su tiempo, se impone un nuevo paradigma apolítico, basado en el valor incontestable del presente postmoderno e irrefutable. En una cínica resignación ante la seducción de la actualidad, en un ejercicio de cómoda conveniencia, mostramos el convencimiento -en nuestros cálculos económicos, prácticas políticas, estrategias internacionales e incluso en las prioridades culturales y educativas- de que el pasado no tiene nada de interés que enseñarnos. Todo aquello que el siglo pasado instauró queda convertido en reliquia histórica, monumentalizada, desprovista de las herramientas de análisis y transformación del presente que proporciona la memoria.

Hemos olvidado el verdadero sentido de la guerra, porque la política contraterrorista del consenso internacional nos ciega el juicio y nos amordaza la opinión. Tratamos al Estado como una fuente de ineficacia económica e intromisión social, porque el ejercicio prepotente del individualismo nos produce beneficios particulares más inmediatos y menos fiscalizables, es decir, menos sociales. Hemos olvidado cómo pensar políticamente, porque no concebimos la acción pública más allá de un economicismo estrecho. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante cualquier objetivo político que nos haga pensar más allá de nuestros réditos personales. La democracia, como política de lo común, no nos interesa. Nos olvidamos, con facilidad interesada, que es un sistema de organización política, cuya característica principal es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros que constituyen el grupo gobernado; que es un modo de estructurar lo individual y lo colectivo a través de un sistema de representación regulado por elecciones periódicas, pero también una manera integral de comprender y activar las relaciones humanas particulares y universales. En sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, de construcción comunitaria, entre libres e iguales que luchan por seguir siendo sujetos políticos. Nos olvidamos que se construye desde la memoria, que las cosas son porque, mucho antes, tomaron cuerpo a partir de la acción y la responsabilidad de muchas personas. Leer toda la entrada