Víctimas: una de las realidades que con más fuerza ha traspasado éticas, sentimientos, debates, alineamientos y actuaciones políticas y sociales: “mis” víctimas…, “las otras” víctimas, “las” víctimas piensan que…; son víctimas de un conflicto político, son víctimas de una banda de delincuentes asesinos; víctimas hay en todos los lados, no compares unas y otras, víctimas somos todos; víctimas olvidadas y luego homenajeadas, víctimas ignoradas y que así siguen estando; víctimas de primera, víctimas de segunda, las que ni siquiera se las considera como víctimas, las que no se consideran a sí mismas víctimas; víctimas utilizadas políticamente, políticas distintas para el mismo tipo de víctimas…
El nuevo decreto que regula la Educación Primaria y Secundaria, en el que se establece el currículum respecto a las víctimas, tiene como objetivo “garantizar una enseñanza despejada de carga ideológica identitaria”, en palabras de la consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celaá (30 de marzo). Un mes antes, el 21 de febrero, Carlos Urquijo, en nombre del PP, solicitaba que la reciente publicación “Vidas Rotas” (Espasa, 2010) fuera incorporada como material didáctico escolar en centros y bibliotecas. En el preámbulo de este libro, Fernando García de Cortázar escribe que “defender a las víctimas del terrorismo es, en España, defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación” (p. XX).
No todos los sufrimientos son iguales. Ni sus causas. Vale. Pero hay muchos tipos de sufrimientos y muchas víctimas, incluso dentro de cada uno de los lados. Negarlo y no reconocer a los demás no significa que no existan: “Nuestras víctimas tenían nuestras convicciones” (p. XIX) o “(…) la calidad verdadera de nuestras víctimas es haber querido ser españoles” (p. XVII). ¿Se las despeja así de carga ideológica identitaria?
Hagamos memoria, aunque nos duela: en estos momentos hay seis personas desaparecidas: Fernando Quiroga, Jorge García, Jon Humberto Fouz, Eduardo Moreno, Joxe Miguel Etxeberria y Jean Louis Larre. Ninguna de ellas había cumplido los 30 años cuando desaparecieron. Sus familias no saben nada de ellos. Sí aparecieron los cadáveres de José Luis Martínez, Jesús González, José Ignacio Zabala, José Antonio Lasa o Jon Anza… Tampoco me olvido de todos esos miles de cadáveres que están enterrados en cunetas y fosas sin que, más de 70 años después, sus restos hayan sido recuperados y devueltos a sus familias
Según la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo,[1] las distintas ramas de ETA y CAA han matado a 829 personas: (486 miembros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Policiales y 343 civiles) en alrededor de 3.600 atentados, que han causado también 2.400 personas heridas. Entre los dos informes de la DVAT[2] y de DDHH[3] del Gobierno vasco sobre víctimas de vulneraciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, son 175 las personas muertas por la violencia policial y de los grupos parapoliciales o de extrema derecha. También se recogen en el segundo informe 600 casos de personas heridas y ejemplos representativos de las miles de personas que han denunciado haber sido torturadas. Según fuentes, entre 5.500 y 7.000 casos
Contamos además con personas amenazadas de todo tipo, con más de 2.000 personas con guardaespaldas, cientos de niñas y niños huérfanos, personas destrozadas física y psíquicamente por atentados o situaciones violentas de diverso signo, violaciones sexuales con motivación política, secuestros con derivas diferentes, agresiones de índole distinta, muchos casos de impunidad
¿Se puede seguir patrimonializando a unas u otras víctimas? ¿No deberíamos hacer una verdadera revolución cultural y reconocer el sufrimiento de los demás?, ¿reconocer que ya va siendo hora de recomponer nuestro tejido social?, ¿que no se debe permitir ni una víctima más, de ningún tipo, empezando por el derecho a la vida? ¿No debería el Estado reconocer su papel en muchas de las violaciones de derechos humanos y actuar en consecuencia? ¿No ha llegado el momento de recuperar y reformular de nuevo la política pública de víctimas desde una visión integrada en la amplia normativa de derechos humanos existente a nivel internacional y que no sea partidista? ¿No ayuda a la convivencia y a consolidar un proceso de paz una visión integral e inclusiva respecto a todas las víctimas?
[1] http://www.mir.es/DGRIS/Terrorismo_de_ETA/ultimas_victimas/p12b-esp.htm
[2] “Informe sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, de extrema derecha y el GAL” de la Dirección de Víctimas de Atención al Terrorismo (DAVT) del Departamento de Interior del Gobierno Vasco, junio de 2008.
[3] “Informe sobre Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos derivadas de la Violencia de Motivación Política” de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, junio de 2008.