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Los conflictos nacionalistas

16.08.2010 (8:52 am)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

Los conflictos nacionalistas son conflictos entre diferentes realidades identitarias.

Los sistemas identitarios nacionales son similares a los sistemas identitarios familiares, en ambos casos se trata de identidades básicamente emocionales. La nación, del mismo modo que la familia, vive en un mundo dominado por los sentimientos.

“Para ella (Murray Bowen se refiere aquí –“De la familia al individuo”- a la familia, pero igualmente podría referirse a la nación) es difícil, cuando no imposible, tomar decisiones contrarias a sus sentimientos. Las decisiones de importancia vital se toman para aliviar la ansiedad del momento, cuando en realidad, si además de “sentir” pudiese pensar se daría cuenta de que de esas decisiones pueden surgir complicaciones muy graves. La vida de la familia (y/o la de la nación) se convierte en una masa de complicaciones que son el resultado de años de decisiones determinadas por los sentimientos”.

Los sentimientos nacionalistas definen una realidad identitaria que es al mismo tiempo incluyente y excluyente (Lo mismo podemos decir de los sentimientos familiares).

La identidad nacional es asumida por un “nosotros” (los nacionales) que incluye a todos los yos personales que se sienten fusionados en/con el yo-colectivo.

De este “nosotros” o yo-colectivo quedan excluidos “ellos”, que son todos aquellos que no son “nosotros”, es decir todos aquellos que no forman parte del yo-colectivo.

El sentimiento identitario nacionalista de una persona es más o menos intenso según sea el grado de fusión del yo personal con el yo-colectivo-nacional.

Un ejemplo de intensidad máxima de fusión del yo personal en el yo-colectivo-nacional ha sido el éxtasis nacionalista que se ha vivido en España con ocasión del campeonato mundial de fútbol, que ha generado un enorme clamor emocional identitario:  ¡A POR “ELLOS”, OÉ…!

Sentirse parte de la nación española y desear que esta sea una nación grande, fuerte y libre es un sentimiento nacionalista respetable.

Sentirse parte de la nación vasca y desear que esta sea una nación pequeña, fuerte y libre es un sentimiento nacionalista similar al anterior.

La existencia del nacionalismo vasco está asociada al “conflicto vasco”.

La existencia del nacionalismo catalán está asociada al “problema catalán”.

¿La existencia del nacionalismo español está asociada a algún conflicto o problema?

Sería clarificador que en los debates identitarios que se realicen en el Parlamento Español, dejáramos de escuchar referencias a “los nacionalismos” haciendo abstracción del nacionalismo español.

Contra el paradigma de la falta de convivencia en el País Vasco

21.04.2010 (9:14 am)

Mak Makygregor
Mak Makygregor             makgregory.blogspirit.com blogdeblogs.nireblog.com makgregory.wordpress.com

Estos días vengo adentrándome en la pequeña jungla de papel que es el libro “Memoria de Euskadi”, de María Antonia Iglesias. Aparte de recordar, comprender y enterarme de muchas cosas de la Historia contemporánea de mi entorno sociopolítico, creo haberme dado cuenta de una falacia en la que los políticos de todas las siglas nos quieren hacer creer: que en el País Vasco no podemos convivir con quien piensa diferente y por ello hay que hacer una cosa u otra, según quién hable, para llegar a una “normalización”, de modo que esfuerzos que en otras partes dedicarían simplemente a desarrollarse, aquí la clase política los dedica a los diferentes caminos “normalizadores”.

Pero es una falacia, que uno puede observar en cuanto le quita la épica y la mística al verbo convivir, dejándolo en lo que significa en el resto de España, o sea, compartir un espacio y un tiempo.

Si realmente hubiera un problema de convivencia, nadie que se sintiera x sería proclive a amigarse o relacionarse con nadie “y”, pero precisamente los vascos -la mayoría al menos- descubrimos pronto que hay más etiquetas que x e y, y que son las que nos enganchan a compartir experiencias, a convivir por tanto, con mayor o menor intensidad.

Sólo a un gropúsculo diminuto le molesta tanto que haya quien no sea como ellos como para ir matando. Incluso las decenas de miles que les apoyan no matan ellos mismos y toleran que hayamos quienes no estemos con ellos.

Pensemos en todos los contactos sociales que hacemos con quienes se sienten diferentes de nosotros por alguna etiqueta concreta a pesar de esa etiqueta y en lo que perderíamos sin ellos, y presionemos a los políticos que nos representan para que no vuelvan a tensar en exceso la cuerda que une cada posible par de etiquetas a las que nos adscribimos consciente o inconscientemente.

“The whole picture”

08.04.2010 (9:16 am)

José María Ripalda, catedrático de filosofía
José María Ripalda, catedrático de filosofía

En la cadena de televisión Al Jazzira hay un spot repetido que muestra por ejemplo la cara de un bonito niño sonriendo; en una segunda toma más amplia se le ve empuñando un kalasnikov. O bien aparece primero la cara de un anciano apacible y en una segunda toma se le ve rodeado de cadáveres y ruinas, etc. El spot se llama “la imagen entera”.

En realidad la imagen nunca es entera, siempre será a lo sumo un enfoque que tomamos o que aceptamos. También la verdad admite grados, puede ser mucha o poca, compacta o tenue, y encierra el error como una de sus posibilidades propias.

Las “víctimas” son una imagen real, ¿cuál es su imagen entera? Como imagen esgrimida son un modo de seguir la guerra… con imágenes parciales y contenidos implícitos, cuando no ocultos. Incluso hay una “Asociación de víctimas” que da la impresión de un ‘dejà vu’: “los gloriosos Caídos” que me inculcaron en mi infancia como justificación del Régimen frente a sus inexistentes víctimas. ¿No pertenece esto “to the whole picture”?

Las “víctimas” como arma de guerra; pero también como argumento político: Una vanguardia abertzale podrá esgrimir sus víctimas, agravios, sufrimientos e injusticias –porque son muchas,  graves y de un modo u otro nos afectan a muchos- ; pero eso no justificará por sí mismo su línea política y, en su caso,  militar. Del lado de la fidelidad al Estado español, en cambio, se podrá esgrimir las víctimas, pero tampoco eso vale ni para justificar una política ni para darse buena conciencia. Falta siempre “the whole picture”. Nadie podrá presumir de tener la imagen completa. Pero ¿estamos condenados a que la embestida al trapo sea el símbolo común de la piel de TORO?

Tratar de acercarse a la imagen más grande supone mucha voluntad y alguna inteligencia. Y supone también ciertos acuerdos sociales mínimos; no van en esta dirección los signos que vienen de la parte más poderosa en el conflicto, y la hay; tampoco eso se puede enmascarar bajo las “víctimas”.

Se ha sustituido la política por la ética; y se ha declarado al Estado idéntico con la ética, lo cual no sólo es falso, sino inverosímil y desmentido día a día por los hechos. Es decir, se elimina la disidencia de derecho, no sólo de hecho. Y aquí, tras el telón de las víctimas, empiezo a entrever algo todavía más siniestro. Pues el hecho de que se hable tanto de las víctimas, de que sean una imagen tan potente, me sugiere que estará ocultando tal vez cosas más graves incluso que el conflicto vasco. Por de pronto las “víctimas” no son modelos de consecuencia o de acción, sino que se nos presentan como pasivas, en el comportamiento que se espera de nosotros, con cuya santidad “inocente” debemos identificarnos como una especie de yo ideal. ¿No es así como funciona la formación de opinión mediática? ¿No es necesario que así sea ante la brutalidad de lo que hoy ocurre no sólo en Euskal Herria, sino en el mundo, con nuestra pasividad o nuestra participación?

Porque nada va a salvar ni a Euskal Herria ni a España, ambas condenadas, además de ya asoladas por el cainismo. Porque todos estamos arrojados a no ser más que aquello en que nos está convirtiendo la enorme máquina ciega que desterritorializa y reterritorializa el mundo. Su administrador es el consumo indiscriminado, en el que estamos metidos de hoz y coz, como agentes cada vez más clónicos, más odiosos frente a todo lo que perturbe nuestro letargo político. Nos centramos en la imagen parcialísima de nuestro bienestar privado, protegido con un escudo más bien folklórico-policial, y cerramos la foto sin ni siquiera ser capaces de un signo propio resistente a la imagen vacía en que nos convierten.

Sólo en zonas marginales –geográfica o/y socialmente- veo la posibilidad de que se generen nudos de resistencia activa. España fue uno de esos lugares antes de ser exterminada por quienes han configurado la de ahora; sólo existe ya su simulacro, rabioso cuando se siente llamado por su nombre, pero también rabioso con los muchos brotes en él que ni el fuego consiguió eliminar. Y Euskal Herria me parece ese lugar de resistencia mucho menos de lo que tendemos a creernos los vascos, si se me permite hablar así.

Nos van a ofrecer de  nuevo LA democracia, SU democracia, la democracia MUNDIAL, que no podemos aceptar. Hará falta inteligencia para ir encontrando  caminos que no podemos prever, pero en los que algunos sabemos lo que no vamos a aceptar nunca y en los que sabemos cada vez con más precisión dónde está el  enemigo, sin situarlo cerca en la casa de al lado, sino siempre también más cerca, incluso en la propia.

Queda tanto por hacer

24.03.2010 (9:00 am)

IME
IME

A veces echo un vistazo a todo lo que rodea a este gran esfuerzo por un nuevo proceso de paz, y a pesar de los datos esperanzadores que nos suceden, no puedo evitar dejar de ser pesimista, pesimista por la terrible desproporción que hay entre lo conseguido hasta hoy y lo que queda por conseguir. No se habrá conseguido nada si antes no se consigue cambiar la mentadidad de la sociedad en la que vivimos.  Me explico.

Como salmantino de nacimiento y descendiente de familia navarra, me considero con capacidad suficiente como para analizar de primera mano las grandes diferencias que existen de percibir la realidad en uno y otro lado del Ebro, ambas partes del estado son como el alfa y el omega, como el blanco y el negro, y el hecho de que todo el aparato del estado, tanto a nivel político como periodístico controle de lleno uno de esos dos lados me preocupa. La sociedad vasca sin lugar a dudas tiene sus imperfecciones y aspectos a mejorar, pero en la sociedad española en sí, cuanto más en esta España profunda de la meseta que me ha tocado vivir, existe una percepción de la realidad que choca frontalmente con los principios básicos sobre los que se sujeta este nuevo proceso de paz que deseamos, se confunden términos, el etnocentrismo que se respira es brutal, no existe tolerancia a la diversidad y es el propio aparato del estado del que hablaba antes quien da fuelle a ese pensamiento, desde el Rey, al presidente del gobierno, pasando por sus distintos ministros y demás instituciones. Lo que opine la sociedad vasca siempre será deleznable e intolerable siempre que sea una opinión diametralmente opuesta a la del otro lado de la orilla ¿por qué?

La sociedad española debe ser democratizada, no es normal que mi familia tras treinta años viviendo aquí celebre que un presunto de “algo” sea torturado, antes no pensaban así, ¿quién les ha contaminado? no es normal que esa postura sea la mayoritaria aquí, en esta sociedad en la que vivo, no existe el nacionalismo español, los nacionalistas son los demás, hablan de unidad e igualdad cuando quieren decir uniformidad y homogeneidad (todos somos iguales mientras todos los demás seais como yo), hablan de integrar las demás culturas en España cuando se refieren a la más clara descripción de etnocidio, para ellos, imponer el catalán es excluir, imponer el español como lengua única es “normalizar”, para ellos no existe el conflicto vasco, solo existen cuatro asesinos que un día decidieron existir como ETA porque odiaban a España y son muy malos, para ellos no existen naciones en españa, solo existe la nación española, en fín, como diría el poema de Eduardo Galeano, ellos hacen arte, los demás artesanía, ellos hablan idiomas, los demás dialectos, ellos tienen cultura, los demás folklore, y así hasta un largo etcétera. Y por supuesto, y al hilo del primer ejemplo, aquí lo único que vale es la unidad de España, lo demás es herejía. Leer toda la entrada