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25 consideraciones sobre convivencia

14.02.2011 (9:03 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

¿Reconciliación?

1. Cuando se habla de reconciliación no se plantea que las víctimas tengan que reconciliarse con los perpetradores de su dolor. Aquí, como en el resto de las experiencias habidas en el mundo, lo que se persigue fundamentalmente es una reconciliación dirigida al tejido social, a la sociedad que queremos compartir.

2. Se trata de intentar cerrar las heridas y cortocircuitos que se han generado; de encontrar lo que hay de humano en el otro, de respetarnos, no de ser amigos a la fuerza. Por eso no puede haber una reconciliación forzada.

3. No tiene que haber ni olvido ni perdón obligado. El perdón significa cosas distintas para cada cual. En cambio, sí debe fomentarse la cultura del perdón. Pedir perdón y dar el perdón tienen que partir de cada persona. Me quedo con el deseo de Montse Lezaun, madre del guardia civil Diego Salvá, muerto en atentado por ETA en Mallorca, en 2009: “Desde el primer momento, la decisión de perdonar me ha hecho mucho bien. No guardo rencor. Pero es una decisión que tengo que renovar cada mañana” (El Correo, 31/07/2010).

4. La paz interior no llegará con más venganza (“que se pudran en la cárcel”, “que les pase lo mismo que me han hecho”, “leyes más duras”…), conviene transformar el dolor interno construyendo fuera -junto a otros- caminos de paz, justicia y convivencia.

5. Sí se debería exigir un reconocimiento del daño y sufrimiento causado. Lo tendríamos que hacer cada cual a nuestra medida.

6. ETA debería pedir perdón por el daño que ha causado: muertos, heridos, extorsiones, 1.500 huérfanos, personas con invalidez permanente… Según mis cálculos, de las 343 víctimas civiles causadas por las diversas ramas de ETA, Iraultza y los CAA, 151 muertos “colaterales” no eran objetivo directo de atentado, tres de las mujeres muertas estaban embarazadas y 16 eran menores de 15 años. Son miles las personas heridas, algunas con lesiones psíquicas y físicas para toda la vida.

También el IRA se dirigió a su comunidad el 16 de julio de 2002 pidiendo perdón por las víctimas de sus atentados.

7. Pero ETA no es un ente abstracto, por sus siglas ha pasado mucha gente a lo largo de su historia, que hoy están o no en otras siglas. La responsabilidad de toda su trayectoria no sólo salpica al nacionalismo, como una y otra vez se repite interesadamente.

8. El Estado, por su parte, debe asumir su responsabilidad respecto a un conjunto de violaciones de derechos humanos que no son hechos aislados. El Estado debe incluir en su responsabilidad un análisis de la dimensión social y colectiva del daño que ha causado directa (víctimas de motivación política, impunidad, no investigación, condecoraciones…) o indirectamente (grupos parapoliciales, cobertura…). Según fuentes, son entre 6.000 y 10.000 las personas que han denunciado haber sido torturadas. Leer toda la entrada

Pasos

27.01.2011 (8:31 pm)

Mikel Arana, Coordinador general de Ezker Batua-Berdeak
Mikel Arana, Coordinador general de Ezker  Batua-Berdeak

En el momento de escribir este comentario, apenas han transcurrido 15 días desde el comunicado de ETA en el que anunciaba un alto el fuego general, permanente y verificable. Señalo la fecha, porque da la sensación de que ha transcurrido un mundo desde aquel momento, pero no es así. Es además, una sensación compartida con mucha gente con la que he hablado sobre el tema, y todos lo achacamos a lo mismo, no era el comunicado que esperábamos y eso ha enfriado muchísimo el ánimo de la ciudadanía.

No hay más que hacer un poco de memoria para darnos cuenta que esta tregua no ha generado ni el más mínimo entusiasmo popular, si la comparamos, por ejemplo, con la de la época de Lizarra.

Constatada pues, la ausencia de entusiasmo general, es evidente, que para la ciudadanía vasca, el proceso de paz está en sus más incipientes inicios, por lo que parece imprescindible que se den pasos que lo vayan consolidando, al tiempo que ganando la batalla al escepticismo.

Entre estos pasos, creo que cabe destacar tres que, además, están entrelazados entre sí, es decir, que el uno sin el otro no tendría demasiado recorrido.

La exigencia de la izquierda abertzale a que ETA desaparezca, la inscripción de la izquierda abertzale en el registro de partidos políticos como un partido legal y el inicio de los trabajos de verificación internacional de la tregua.

Aún confiando en la veracidad de la apuesta inequívoca de la izquierda abertzale por las vías exclusivamente políticas, a ese camino emprendido hace meses le falta el último sprint: la exigencia a ETA de su disolución. Más allá de las interpretaciones extensivas de la Izquierda Abertzale con respecto al comunicado de ETA, lo que es innegable, al tiempo que intolerable, es que ETA manifiesta su intención de perdurar en el tiempo.

Si la apuesta es por la política, no cabe permanecer en silencio ante la amenazante existencia de un grupo terrorista.

Ahora bien, si efectivamente, piensan presentar unos estatutos adaptados en su totalidad a la Ley de partidos, no les va a quedar más remedio que exigir esa desaparición.

Y es aquí donde viene el segundo paso para afianzar el proceso de paz y el primero a dar por el Gobierno español, la legalización de la IA.

Guste más o guste menos, se confíe más o se confíe menos, un Estado que se quiera llamar a sí mismo democrático, no puede interpretar las leyes según la conveniencia política de cada momento. Así que con la misma rotundidad con la que se han ilegalizado partidos por no adaptarse, según los tribunales a la Ley, se deben legalizar cuando sí se adaptan. Ni lectura de intenciones, ni cuarentenas, ni elementos extrajurídicos varios.

¿Qué hubiera ocurrido en la transición si a aquellos que venían de apoyar la dictadura se les hubiera aplicado la misma fórmula?

Es difícil adivinarlo, pero desde luego, la transición con sus virtudes y defectos, no hubiera sido como efectivamente fue.

Por último, resuelto el tema de la legalización y el apoyo tácito o explícito de cualquier fuerza política a ETA, resuelta la parte política, por decirlo de alguna manera, queda la parte militar. Como decía antes, tenga ETA más o menos apoyo social, su mera existencia es inaceptable, y es aquí donde entra en juego la verificación de ese alto el fuego, y el segundo paso a dar por el gobierno.

La verificación, debe ser en Euskadi, como lo fue el Irlanda, el primer paso de la desaparición de ETA, y para ello es necesaria la presencia de agentes internacionales, pero también, la implicación del propio gobierno.

Si estos tres procesos empiezan a caminar, creo que entonces sí, sustituiremos el escepticismo por esperanza.

La existencia de ETA

08.12.2010 (9:27 pm)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

La existencia de ETA sigue condicionando la realidad política en Euskadi y en toda Euskal Herría. Pero ETA ha perdido gran parte de su capacidad de “tutoría” sobre el Pueblo Vasco.

Cada vez se hace más evidente para más ciudadan@s vasc@s que la existencia de ETA hoy, aquí y ahora a principios del siglo XXI, es un lastre que dificulta la lucha política del Pueblo Vasco a favor del ejercicio de la libre autodeterminación de su futuro.

Cada vez es más evidente para más ciudadan@s que cuando ETA desaparezca, al Estado le resultará cada vez más difícil justificar la prohibición de consultas y/o referéndums en los que el Pueblo Vasco pueda pronunciarse al respecto de su futuro, y más posibilidades tendrá la lucha política para poner en evidencia esa drástica “tutoría” por parte del gobierno del Estado.

Posibles escenarios

03.11.2010 (8:21 pm)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

La situación no es la prevista antes de verano, aunque tampoco resulta muy lejana.

Aunque resulte un poco complejo y algo sofisticado, puede ser útil operar con distintos escenarios a partir de distintas respuestas de ETA. Consideraríamos tres posibles respuestas de ETA y cada una, a su vez y a corto plazo, puede abrir distintos escenarios,  distintas posibilidades:

I. Primera respuesta de ETA y previsible respuesta de la IA
Empezamos por la primera respuesta posible de ETA, la que por otro lado, en los muy últimos días aparece como la más probable. Que no exista respuesta o que la respuesta siga en la linea de la anteriores.  Es decir, que siga más o menos como hasta ahora. De momento, no está nada claro que lo vayamos a dejar. Suspenderemos tácticamente las acciones ofensivas pero mantendremos las defensivas (robos, chantajes económicos, etc.). De momento vamos a esperar a ver qué es lo que ofrece el Estado (algunos compromisos políticos, por ejemplo). Estas serían sus respuestas. En ellas ETA sigue manifestando que no se enteran de cuál es la realidad social y política y siguen actuando como unos ignorantes creyendo que la liberación del país sigue dependiendo de ellos.

Ante esta situación, resulta previsible una declaración de ruptura de la IA. Una declaración de ruptura de la IA que no tiene por qué implicar condenas o repulsas sobre el pasado, pero sería precisa en el sentido de declarar que en adelante la IA no tiene nada que ver con ETA, o mejor dicho, con la ETA que no ha decidido iniciar su proceso de desaparición incondicional. Lo que le conduciría, asimismo, a afirmar que no aprobará y mucho menos apoyará discursivamente la violencia que ETA ejerza en el futuro.

Parece más lógico que la IA haga esta declaración antes de que ETA cometa un atentado; que la haga desde el momento en que la IA sea consciente de que ETA no va a cambiar, algo de lo que quizás (sólo quizás) ya debería de ser consciente. Hasta que se produzca esta declaración de la IA, que obviamente debería ser repetida en caso de atentado, su legalizacion resulta inviable.

Tras la declaracion caben, en principio, dos escenarios:

-Ecenario A

Que el Gobierno de luz verde a la legalización si la IA, además de la declaración de ruptura (antes o después de un atentado), presenta unos estatutos en lo que aparezca una evidente desconexión respecto a las vías violentas.

-Escenario B

Que a pesar de tales rupturas y tales estatutos, el Gobieno no ceda y siga impidiendo la legalizacion.

Parece mas problable la segunda opción. El Gobierno tiene que resolver este asunto dando la imagen de victoria.  Ciertamente su caraterización de la victoria no es tan exigente, tan dura como la que propone el PP. Así, por ejemplo, no parece que el Gobierno exigiría un arrepentimiento y condena pública de la IA y de ETA de todo su pasado, ni va exigir esa majadería de cuarentena -cuatro años de castigo añadido sin poder hacer nada en política- que demanda el PP. Pero no hay que olvidar que muchos votantes del PSOE estarían en contra de cualquier vestigio real o simbólico que pudiera interpretarse como que al final el Gobierno ha sido derrotado por ETA a través de la IA. Resulta muy delgado el filo entre, por un lado, presentar como victorioso el final de ETA en cuanto que la IA ha optado por las vías pacíficas y, por otro lado, ser tenido por la opinión pública española (ojo, toda la opinión pública española) como derrotado, dado que la IA continua la acción de ETA, quien por otro lado, no acaba de desaparecer.

En consecuencia, un situacion en la que ETA sigue activa (o pasiva provisionalmente) dificulta mucho un discurso de victoria aun cuando se haya establecido un nítida distancia política entre ETA y sus anteriores valedores (declaración de deconexión con ETA y estatutos antiviolentos), por lo que la posición más probable del Gobierno sería la de no legalización.

-Escenario C

Tal probalbilidad podría generar un tercer escenario basado en un cambio de posición de la IA. La misma ya no sólo hace un genérica manifestación de desconexión respecto a ETA y eventual reprobación en caso antentado, sino que manifiesta públicamente (más todavía: en un acto público) y oficialmente su condena, su rechazo al pasado y presente tanto de ETA como de ellos mismos. Y además, boicotea todos los actos que puedan percibirse como solidarios con presos o expresos o repreas, etc.

Escenario posible pero poco probable. No parece que la IA está en esta dinámica, en esta cultura de la condena y el arrepentimiento incondicional y perpetuo; desde los orígenes de los tiempos hasta el final de lo días.

II. Segunda respuesta de ETA. Indefinido con reservas

El segundo conjunto de escenarios se abre a partir de una declaración de ETA en la que establece una tregua indefinida y sujeta a verificación; aunque directa o indirectamente no asuma con rotundidad un inmediato cierre incondicional en la medida que aparecen algunas exigencias, como por ejemplo el que en algún momento el Estado negociará cambios políticos con la IA (además, por supuesto, de legalizarla) o/y ciertas garantías de excarcelación rápida de los presos.

Con este supuesto, se abren escenarios algo distintos:

A diferencia del anterior, el Estado no se encuentra con una ETA potencialmente activa, sino con un grupo que con aún con ciertas reservas, quizás mas retóricas que reales (es casi imposible autoliquidar un grupo sin nada a cambio). Esto nos situa en lo siguientes escenarios similares (sólo similares ) al caso anterior:

- Escenario A
La IA sólo tiene que hacer los correspondientes estatutos “pacifistas” para lograr su legalización. No tienen que hacer ninguna declaracion especifica de ruptura con ETA. Habida cuenta que ETA ha decidido -aún con reservas- dejarlo, no parece tener sentido afirmar la desconexión respecto a algo o alguien que prácticamente ha dejado de existir. Con los nuevos estatutos, el Gobierno impulsaría la legalización.

-Escenario B
En un segundo escenario persiste la linea exigente del Gobierno. Ve todavía riesgos en la trayectoria de ETA. Cree que ceder puede ser interpretado como un cierta derrota y en consecuencia exigirá a la IA además de lo estatutos, un adeclaración clara de desconexión con ETA y el correpondiente compromiso de no aprobación ni apoyo en ninguna circuntancia caso de una eventual opcion o acción violenta futura.

Este segundo escenario parece algo más probable. Sin duda no conllevaría, como en el caso anterior, un contrapartida cara a la consistente en una condena radical absoluta (desde siempre, para siempre, pública con boicot, etc.), pero sí una exigencia de declaración de ruptura bastente rigurosa.

III. Respuesta. Indefinido, incondicional, sin reservas

ETA afirma que lo deja. Y lo deja ya. Sin niguna condición, y además admite una verificacion exhaustiva de su desmatelamiento.

En un supuesto así (muy poco probable) parece que el único escenario problable es el de la legalización sin declaración de ruptura , y sólo con estatutos pacifistas.

Bueno, y acabo con un deseo. Es decir, lo que antecede es lo que puede pasar, pero nosotros tenemos que decir que es lo que nos gustaría que pasase, o más exactamente cuáles son los criterios que deberían ser tenidos en cuenta a la hora de resolver este asunt. Para ello reproduzco lo que decía en mi anterior intervención en el Blog:

Pero mañana, en el escenario post-septiembre, la situación va a exigir que pase a primer plano la argumentación basada en principios. Va a ser el momento de afirmar que, al margen de los problemas tácticos que el Gobierno tenga con su coyuntura, lo que está en juego es una cuestión de justicia democrática. Que resultará democráticamente insostenible dejar fuera de la confrontación política y electoral a movimientos u organizaciones que han manifestado de forma indubitada su no conexión -su rechazo- con formas violentas de acción política. A lo mejor estamos adelantando acontecimientos y ciertamente más vale seguir presionando para lograr el primer escenario de noviolencia, pero también auguramos que superar ese segundo reto, el de la Otra exigencia democrática, va a exigir un esfuerzo colectivo superior. Veremos.

Paz y convivencia

08.06.2010 (8:57 am)

Esteban Umerez Argaia
Esteban Umerez Argaia, abogado

Les voy a pedir que lean con atención la cabecera de esta página procesodepaz.org: “el esfuerzo de la sociedad vasca por la paz y la convivencia”.

Define con precisión el sujeto (la sociedad vasca), el medio (el esfuerzo) y el objeto (la paz y la convivencia). Y si hay un objetivo social y colectivo al que deberíamos dedicar nuestros esfuerzos, éste es sin duda el de mayor importancia, clave para cualquier otro proyecto colectivo, sea del color que sea.

Hace unos años asistí a una conferencia de John Hume en el Paraninfo de la Universidad de Deusto. Era a la sazón líder del SDLP irlandés y, si no recuerdo mal, aún no se habían producido los acuerdos de Viernes Santo, estaban en pleno proceso. Haciendo un relato histórico, se refirió al anhelo irlandés de expulsar a los ingleses. Reproduzco la cita de manera aproximada, claro, reconstruyendo lo que mi frágil memoria pudo registrar entonces: “we once realized that they were as Irish as we were, that we were bound to live together in the island” (y nos dimos cuenta de que eran tan irlandeses como nosotros, que estábamos obligados a vivir juntos en la isla).

John Hume resumía así el principal motor del proceso que les llevaría a la paz: la constatación de la necesidad de convivencia. Y, en nuestro caso, creo que son las mismas palabras las que condensan el esfuerzo en el que nos debemos empeñar: paz y convivencia. Aprehender la noción más íntima de que estamos obligados a vivir juntos.

Creo sinceramente que nuestros representantes políticos nos están llevando por el camino equivocado. El leit motif de la “deslegitimación de la violencia” presenta una formulación que se muestra como incontestable, pero que esconde, en mi opinión, una filosofía perversa de revancha, victoria y sometimiento del vencido. Y estoy profundamente convencido de que se trata del camino erróneo, que no nos acerca a la paz y a la convivencia, sino que, muy al contrario, nos aleja.

La sociedad vasca ha deslegitimado la violencia hace ya muchos años. No se le pueden pedir más pruebas. El “ya, pero” de quienes insisten en el planteamiento esconde un plus de deslegitimación: no sólo se trata de la violencia, se trata de deslegitimar también los planteamientos políticos que pudiera haber detrás de la violencia.

Y esa rueda, una vez que se pone en marcha, puede llevarnos al infinito de la perpetua deslegitimación. Porque también hay una violencia institucional y estructurada en el Estado, con una agenda muy clara, igualmente susceptible de deslegitimación. El mero planteamiento de esta realidad conlleva la acusación inmediata de equidistancia, que a su vez contiene por definición la formulación de la existencia de dos extremos irreconciliables. Y así, seguimos sin arreglar nada hasta el infinito.

Por el contrario, creo que la cabecera de esta página web destaca los dos términos que deben marcar el camino a una verdadera solución. Paz y convivencia. Estamos obligados a vivir juntos.

Y, para eso, debemos mirarnos a los ojos y conocernos los unos a los otros, ver quiénes somos y entender qué vidas tenemos, cómo las percibimos y cómo ponemos todo eso junto.

Quizá me equivoque, porque en realidad lo único que estoy haciendo es proyectar a nivel colectivo mi propia necesidad personal. Pero es que yo necesito entender cómo siente una persona dependiendo constantemente de su escolta, mirando por las mañanas debajo del coche, viendo su nombre en una pintada, temiendo que quizá no le pillen a él o ella, sino a alguien de su familia, cogiendo un autobús para visitar a un familiar preso, recibiendo la noticia de su enfermedad crítica, desnudándose para que un funcionario le registre, sabiendo que su hija lleva cuatro días incomunicada en un calabozo, recibiendo la notificación de que no va a salir de la cárcel el sábado que viene, sino que le han alargado diez años más la condena…

En fin, la casuística de la violencia es interminable. Pero creo que debemos aproximarnos a ella para comprender el sufrimiento, no para desear la venganza. Y por lo que hace a la agenda política que cada uno pueda tener, creo que debemos renunciar a la visión consistente en la existencia de un contrario y su derrota. Debemos “convencer”, no tenemos ninguna necesidad de “vencer”.

Por todo ello, creo que debemos huir del “fin de la violencia”, y marcar el objetivo en “la paz y la convivencia”. Este foro, y muchos otros que la sociedad vasca creará en su esfuerzo, son los lugares a los que debemos acudir para andar ese camino.

Cultura para la convivencia

22.04.2010 (9:19 am)

Santiago Eraso

Vivimos tiempos de incertidumbre democrática, desprestigio político y descrédito económico. En el subconsciente colectivo se ha instalado la premisa del triunfo absoluto de la democracia parlamentaria, la consagración de la globalización y el asentamiento definitivo del libre mercado, como única herramienta para la gestión de lo social. En este diagnóstico de la realidad, parafraseando a Tony Judt, sobre el olvidado siglo XX y las ideas que conformaron su tiempo, se impone un nuevo paradigma apolítico, basado en el valor incontestable del presente postmoderno e irrefutable. En una cínica resignación ante la seducción de la actualidad, en un ejercicio de cómoda conveniencia, mostramos el convencimiento -en nuestros cálculos económicos, prácticas políticas, estrategias internacionales e incluso en las prioridades culturales y educativas- de que el pasado no tiene nada de interés que enseñarnos. Todo aquello que el siglo pasado instauró queda convertido en reliquia histórica, monumentalizada, desprovista de las herramientas de análisis y transformación del presente que proporciona la memoria.

Hemos olvidado el verdadero sentido de la guerra, porque la política contraterrorista del consenso internacional nos ciega el juicio y nos amordaza la opinión. Tratamos al Estado como una fuente de ineficacia económica e intromisión social, porque el ejercicio prepotente del individualismo nos produce beneficios particulares más inmediatos y menos fiscalizables, es decir, menos sociales. Hemos olvidado cómo pensar políticamente, porque no concebimos la acción pública más allá de un economicismo estrecho. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante cualquier objetivo político que nos haga pensar más allá de nuestros réditos personales. La democracia, como política de lo común, no nos interesa. Nos olvidamos, con facilidad interesada, que es un sistema de organización política, cuya característica principal es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros que constituyen el grupo gobernado; que es un modo de estructurar lo individual y lo colectivo a través de un sistema de representación regulado por elecciones periódicas, pero también una manera integral de comprender y activar las relaciones humanas particulares y universales. En sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, de construcción comunitaria, entre libres e iguales que luchan por seguir siendo sujetos políticos. Nos olvidamos que se construye desde la memoria, que las cosas son porque, mucho antes, tomaron cuerpo a partir de la acción y la responsabilidad de muchas personas. Leer toda la entrada

“The whole picture”

08.04.2010 (9:16 am)

José María Ripalda, catedrático de filosofía
José María Ripalda, catedrático de filosofía

En la cadena de televisión Al Jazzira hay un spot repetido que muestra por ejemplo la cara de un bonito niño sonriendo; en una segunda toma más amplia se le ve empuñando un kalasnikov. O bien aparece primero la cara de un anciano apacible y en una segunda toma se le ve rodeado de cadáveres y ruinas, etc. El spot se llama “la imagen entera”.

En realidad la imagen nunca es entera, siempre será a lo sumo un enfoque que tomamos o que aceptamos. También la verdad admite grados, puede ser mucha o poca, compacta o tenue, y encierra el error como una de sus posibilidades propias.

Las “víctimas” son una imagen real, ¿cuál es su imagen entera? Como imagen esgrimida son un modo de seguir la guerra… con imágenes parciales y contenidos implícitos, cuando no ocultos. Incluso hay una “Asociación de víctimas” que da la impresión de un ‘dejà vu’: “los gloriosos Caídos” que me inculcaron en mi infancia como justificación del Régimen frente a sus inexistentes víctimas. ¿No pertenece esto “to the whole picture”?

Las “víctimas” como arma de guerra; pero también como argumento político: Una vanguardia abertzale podrá esgrimir sus víctimas, agravios, sufrimientos e injusticias –porque son muchas,  graves y de un modo u otro nos afectan a muchos- ; pero eso no justificará por sí mismo su línea política y, en su caso,  militar. Del lado de la fidelidad al Estado español, en cambio, se podrá esgrimir las víctimas, pero tampoco eso vale ni para justificar una política ni para darse buena conciencia. Falta siempre “the whole picture”. Nadie podrá presumir de tener la imagen completa. Pero ¿estamos condenados a que la embestida al trapo sea el símbolo común de la piel de TORO?

Tratar de acercarse a la imagen más grande supone mucha voluntad y alguna inteligencia. Y supone también ciertos acuerdos sociales mínimos; no van en esta dirección los signos que vienen de la parte más poderosa en el conflicto, y la hay; tampoco eso se puede enmascarar bajo las “víctimas”.

Se ha sustituido la política por la ética; y se ha declarado al Estado idéntico con la ética, lo cual no sólo es falso, sino inverosímil y desmentido día a día por los hechos. Es decir, se elimina la disidencia de derecho, no sólo de hecho. Y aquí, tras el telón de las víctimas, empiezo a entrever algo todavía más siniestro. Pues el hecho de que se hable tanto de las víctimas, de que sean una imagen tan potente, me sugiere que estará ocultando tal vez cosas más graves incluso que el conflicto vasco. Por de pronto las “víctimas” no son modelos de consecuencia o de acción, sino que se nos presentan como pasivas, en el comportamiento que se espera de nosotros, con cuya santidad “inocente” debemos identificarnos como una especie de yo ideal. ¿No es así como funciona la formación de opinión mediática? ¿No es necesario que así sea ante la brutalidad de lo que hoy ocurre no sólo en Euskal Herria, sino en el mundo, con nuestra pasividad o nuestra participación?

Porque nada va a salvar ni a Euskal Herria ni a España, ambas condenadas, además de ya asoladas por el cainismo. Porque todos estamos arrojados a no ser más que aquello en que nos está convirtiendo la enorme máquina ciega que desterritorializa y reterritorializa el mundo. Su administrador es el consumo indiscriminado, en el que estamos metidos de hoz y coz, como agentes cada vez más clónicos, más odiosos frente a todo lo que perturbe nuestro letargo político. Nos centramos en la imagen parcialísima de nuestro bienestar privado, protegido con un escudo más bien folklórico-policial, y cerramos la foto sin ni siquiera ser capaces de un signo propio resistente a la imagen vacía en que nos convierten.

Sólo en zonas marginales –geográfica o/y socialmente- veo la posibilidad de que se generen nudos de resistencia activa. España fue uno de esos lugares antes de ser exterminada por quienes han configurado la de ahora; sólo existe ya su simulacro, rabioso cuando se siente llamado por su nombre, pero también rabioso con los muchos brotes en él que ni el fuego consiguió eliminar. Y Euskal Herria me parece ese lugar de resistencia mucho menos de lo que tendemos a creernos los vascos, si se me permite hablar así.

Nos van a ofrecer de  nuevo LA democracia, SU democracia, la democracia MUNDIAL, que no podemos aceptar. Hará falta inteligencia para ir encontrando  caminos que no podemos prever, pero en los que algunos sabemos lo que no vamos a aceptar nunca y en los que sabemos cada vez con más precisión dónde está el  enemigo, sin situarlo cerca en la casa de al lado, sino siempre también más cerca, incluso en la propia.

Zona de sombras

30.03.2010 (9:18 am)
Santiago Eraso

Los seres humanos renunciamos a parte de nuestra libertad para conseguir mayor seguridad. El control del uso atemperado de la violencia que el Estado ejerce para garantizar nuestros derechos y deberes es una cuestión central del ethos democrático. Tanto es así que, para que un régimen político pueda considerase democrático, las prerrogativas que concedemos al Estado para el ejercicio de la fuerza, siempre deben pasar por el estricto cumplimiento de la ley, porque su justa aplicación impide cualquier deriva autoritaria y modera las formas de coerción.

El equilibrio entre la utilización de la violencia legítima que ejerce el Estado y el respeto a todos los derechos de los ciudadanos es el pilar fundamental por el que se demuestra la verdadera esencia democrática de cualquier sistema político.

Biopoder es un concepto acuñado por Michel Foucault para referirse a un conjunto de tecnologías de dominación y control de la población que los Estados modernos aplican para la regulación y normativización de sus ciudadanos. En su libro Vigilar y castigar, el filósofo francés analiza las relaciones entre el poder y las personas y nos muestra como el Estado pretende convertir la vida humana en objeto administrable en todos los ámbitos donde la ley pueda ser aplicada.

Con anterioridad, el sociólogo norteamericano Erving Goffman, en su libro Internados, ya había desarrollado el concepto “institución total”, término acuñado para describir las condiciones de vida en las cárceles, psiquiátricos, internados escolares y otros espacios de reclusión. En la actualidad, por extensión del significado, también se emplea para describir centros de internamiento para extranjeros, centros de acogida para niños o menores y otras variantes más imprecisas, pero igual de reguladoras de la vida de algunas personas. Del mismo modo, otras medidas coercitivas como la ampliación del tiempo de estancia en comisaría, malos tratos físicos y psicológicos están siendo motivo de análisis y denuncia de diferentes organismos internacionales, vinculados a los Derechos Humanos.

Más allá de estas tecnologías de internamiento, otros sutiles mecanismos de invasión y vigilancia permiten que el biopoder alcance los rincones más privados de nuestra vida personal. Estamos entrando en sociedades de control, que ya no funcionan tan sólo mediante el encierro sino ejerciendo una vigilancia continua y una comunicación instantánea. Siempre y en todo lugar, estamos cada vez más “protegidos” y, por tanto, en nombre de nuestra seguridad, somos conminados a ceder al Estado nuestra libertad. Asistimos impávidos a que las zonas de sombras que rodean la democracia se extiendan a los umbrales de nuestros cuerpos. Vivimos cada vez más expuestos, sin que nuestra capacidad de reacción permita poner en cuestión la autoridad sobrevenida que actúa por encima y, demasiadas veces, por debajo de la ley.

En su trilogía “Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida”, Giorgio Agamben intenta demostrar que toda la historia jurídica de occidente constituye un intento de gestionar la vida humana, reduciéndola a nuda vida. La mayor y última consecuencia de considerar al hombre como mera vida, es que ésta puede ser aniquilada sin que el delito entre en la esfera de lo punible. Los campos de concentración de exterminio serían el paradigma de esta impunidad. Esta circunstancia límite somete a una dura prueba todos los referentes éticos válidos hasta el momento. El filósofo italiano intenta mostrar que los remedios humanistas -Declaración de Derechos Humanos, Declaraciones Internacionales por la Paz, etc.- son impotentes ante el extremo gesto de la biopolítica, y que sólo encarando ésta como realidad mundial, como cumplimiento paradójico de la promesa del desarrollo social y político de occidente, puede plantearse resistencia a cualquier deriva autoritaria.

Queda tanto por hacer

24.03.2010 (9:00 am)

IME
IME

A veces echo un vistazo a todo lo que rodea a este gran esfuerzo por un nuevo proceso de paz, y a pesar de los datos esperanzadores que nos suceden, no puedo evitar dejar de ser pesimista, pesimista por la terrible desproporción que hay entre lo conseguido hasta hoy y lo que queda por conseguir. No se habrá conseguido nada si antes no se consigue cambiar la mentadidad de la sociedad en la que vivimos.  Me explico.

Como salmantino de nacimiento y descendiente de familia navarra, me considero con capacidad suficiente como para analizar de primera mano las grandes diferencias que existen de percibir la realidad en uno y otro lado del Ebro, ambas partes del estado son como el alfa y el omega, como el blanco y el negro, y el hecho de que todo el aparato del estado, tanto a nivel político como periodístico controle de lleno uno de esos dos lados me preocupa. La sociedad vasca sin lugar a dudas tiene sus imperfecciones y aspectos a mejorar, pero en la sociedad española en sí, cuanto más en esta España profunda de la meseta que me ha tocado vivir, existe una percepción de la realidad que choca frontalmente con los principios básicos sobre los que se sujeta este nuevo proceso de paz que deseamos, se confunden términos, el etnocentrismo que se respira es brutal, no existe tolerancia a la diversidad y es el propio aparato del estado del que hablaba antes quien da fuelle a ese pensamiento, desde el Rey, al presidente del gobierno, pasando por sus distintos ministros y demás instituciones. Lo que opine la sociedad vasca siempre será deleznable e intolerable siempre que sea una opinión diametralmente opuesta a la del otro lado de la orilla ¿por qué?

La sociedad española debe ser democratizada, no es normal que mi familia tras treinta años viviendo aquí celebre que un presunto de “algo” sea torturado, antes no pensaban así, ¿quién les ha contaminado? no es normal que esa postura sea la mayoritaria aquí, en esta sociedad en la que vivo, no existe el nacionalismo español, los nacionalistas son los demás, hablan de unidad e igualdad cuando quieren decir uniformidad y homogeneidad (todos somos iguales mientras todos los demás seais como yo), hablan de integrar las demás culturas en España cuando se refieren a la más clara descripción de etnocidio, para ellos, imponer el catalán es excluir, imponer el español como lengua única es “normalizar”, para ellos no existe el conflicto vasco, solo existen cuatro asesinos que un día decidieron existir como ETA porque odiaban a España y son muy malos, para ellos no existen naciones en españa, solo existe la nación española, en fín, como diría el poema de Eduardo Galeano, ellos hacen arte, los demás artesanía, ellos hablan idiomas, los demás dialectos, ellos tienen cultura, los demás folklore, y así hasta un largo etcétera. Y por supuesto, y al hilo del primer ejemplo, aquí lo único que vale es la unidad de España, lo demás es herejía. Leer toda la entrada

El sexto continente

10.03.2010 (9:29 am)

Manuel Domínguez Moreno, periodista, escritor y poeta

La historia de algunos pueblos no es más que el relato continuo de un Exodo permanente a la búsqueda de unas señas de identidad, de un territorio, de una cultura o, si me apuran, de un Estado que le otorgue carta de naturaleza a sus legítimas aspiraciones en el panorama internacional y en el devenir del resto de las naciones del planeta. Su bien más preciado es la libertad y, casi en el mismo plano, la independencia. Tener la capacidad de decidir su futuro por sí mismo. Poder soñar con lo que quiere ser porque de esta manera comienza a hacer realidad sus pretensiones, a dibujar sus designios, a construir un proyecto, a concretar un propósito, a pergeñar una ambición, compartir un anhelo y mantener viva una esperanza cierta. La historia de la humanidad la protagonizan aquellos pueblos que han logrado que su legado perdure y se transmita de generación en generación.

Es la crónica de una supervivencia en la que han sobrevivido aquellos que nunca se sometieron a los elementos ni a las circunstancias, que no doblaron la cabeza y mantuvieron la frente alta ante los condicionantes de su Epoca y destrozaron paradigmas y modelos para crear otros nuevos, todos los hombres que nunca fueron esclavos de otros hombres ni renunciaron jamás a su memoria en la búsqueda inútil del tiempo perdido, en el intento vano de romper las cadenas que aprisionan el alma, amordazan el verbo y someten la conciencia. Nos podrán despojar de todo, pero seguiremos vivos incluso cuando no reste nada por hacer porque aún conservamos la palabra. Por más que se repita la historia, el futuro sólo pertenece a los que no pierden la esperanza y creen en el cambio entendido como una revolución. La globalización, ese cáncer que avanza conquistando territorios y destruyendo conciencias, propagando la enfermedad incurable de la intransigencia y convirtiendo la insolidaridad y la injusticia en pandemia, profundizando en la brecha moral y en el abismo que separa a ricos y pobres, sólo acerca a los poderosos de este mundo y si rompe algunas barreras es para que el dinero pueda circular libremente, no para que se construyan hospitales y escuelas. Una multinacional siempre optará por patentar la anhelada vacuna contra el sida antes que distribuir gratuitamente un genérico que acabe con la enfermedad.

Hombre rico y hombre pobre. Dictaduras públicas y dictaduras privadas. El fenómeno de la deslocalización salvaje que permite trasladar la producción Integra de fábricas rentables a países en los que la mano de obra es más barata. Niños explotados en talleres hasta la extenuación, cosiendo a mano el calzado deportivo y la camiseta que lucirán las estrellas galácticas del deporte en el circo romano de la televisión. Menores violados en paraísos de la prostitución donde acaudalados turistas del sexo viajan en primera clase y gozan humillando a personas que han sido despojadas de su condición humana pero que contribuyen con su sucia y lúbrica actividad a equilibrar la balanza de pagos e incrementar el Producto Interior Bruto de sus depauperados países de origen. Su nación es su estómago y su hambre es personal e intransferible. Prefieren arriesgar y perder la vida en el desesperado intento de alcanzar a cualquier precio el paraíso capitalista antes que sucumbir a una realidad que a fuerza de ser brutal y cruel se ha convertido en el infierno cotidiano. Prefieren la muerte antes que seguir alimentando un sistema que les niega el pan y la sal. Leer toda la entrada


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