bannerbanner



Un futuro compartido a través del caleidoscopio ciudadano

19.12.2011 (2:03 pm)

Aitziber Blanco, Lokarri
Aitziber Blanco, Lokarri

Ignorando completamente el desapacible y lluvioso temporal del exterior, el Auditorio del BEC de Barakaldo rezuma un cálido clima para el diálogo. Calurosos y efusivos saludos entre personas que se conocen y que parece que comparten un trocito, unos más y otros menos, de la historia de sus vidas. Guiños más comedidos entre quienes van a comunicarse y a tratarse por primera vez, pero con el mismo semblante de anhelo que los primeros. De anhelo y satisfacción. Satisfacción porque ha llegado el “por fin”. El “por fin nos podemos sentar a dialogar”. El “por fin podemos acercarnos desenfundados de la venda del recelo y la desconfianza. Sin la obcecación de que nuestros diferentes atuendos ideológicos son el veto que marca la prohibida frontera para el entendimiento. Por fin vamos a poder conocernos, escucharnos, saber qué quiere cada uno de nosotros, qué desea, sueña y opina. Qué sospecha, qué teme, sufre y adolece. Y cuál es nuestra historia, la historia de cada uno y cada una, para poder construir una historia común, compartida”.

¿Qué es y qué hay que hacer para conseguir la reconciliación social? A partir de este interrogante empieza a desplegarse todo el caudal de ideas que se esconde tras el anhelo de cada uno de los más de 200 ciudadanos y ciudadanas que nos hemos acercado a este encuentro organizado por Lokarri. Con una agenda de temas a tratar, 13 círculos de personas dialogantes dibujamos un colorido caleidoscopio humano en el Auditorio. Un surtido abanico de cuestiones se deja asomar a través de la ventana del caleidoscopio. “Sin reconocimiento del daño causado, no es posible una convivencia sana y respetuosa” sugiere un participante de uno de los círculos. “Es indispensable garantizar los derechos políticos si queremos ahondar en una reconciliación social efectiva y real” afirma convencida una señora de otro grupo de debate. Desde un tercero se puede escuchar cómo un joven reivindica una política penitenciaria más justa, que garantice la reinserción y el acercamiento de los presos. “El perdón, el perdón por ambas partes, y aprender a respetarnos” son los ingredientes que aporta una chica de otro grupo para la receta de la reconciliación social.

Y más y más ideas y temas tratándose, como la revisión del pasado, la elaboración de un relato de lo ocurrido, la disolución de ETA, la responsabilidad de los gobiernos o el papel de los medios de comunicación, se pueden escuchar en los círculos de debate a los que uno puede acercarse a participar cuando quiere. Y es que la posibilidad participar en cuantos grupos de debate se desee, transitar libremente de uno a otro, y aportar en todos ellos o simplemente escuchar es una de las características del Open Space o espacio abierto, metodología en la que se ha basado Lokarri para desarrollar este encuentro.

Tras los interesantes debates, y ya cerca de las 14.00 h, llega el momento de evaluar: cada participante escribe en un post it qué se lleva de esta intensa mañana de diálogos y lo coloca en el papelógrafo que preside la plenaria. El contenido de los debates recogido en actas será enviado por mail a todas las personas participantes.

Tras la palabras de agradecimiento del Coordinador de Lokarri, Paul Ríos, por la asistencia al acto a todos los participantes y el anuncio de que con los resultados de los diálogos la Red ciudadana propondrá a la sociedad unas ideas concretas para poder caminar hacia la reconciliación social y la convivencia inclusiva, se cierra la ventana del caleidoscopio y la gente se entretiene en los pasillos comentando lo acontecido en la jornada, compartiendo diferentes impresiones.

Algunas de esas impresiones son recogidas y dadas a conocer poco después en Berria TB. Txaro Arteaga, ex-directora de Emakunde, comenta que “es difícil saber cuál es el camino que debemos seguir, pero este tipo de foros son muy importantes para que entre todos aportemos ideas para ir abriendo el camino de la reconciliación social. Hemos trabajado aspectos muy concretos y mi valoración de la jornada es muy positiva. A través de las conversaciones generadas, hemos confirmado una vez más que somos una sociedad muy plural y que el camino no será sencillo, pero hemos percibido mucha ilusión, esperanza confianza en que se consiga” . La periodista Mirentxu Purroy alude a la violencia del Franquismo y a la de ETA al hacer su valoración: “El Franquismo puso muchos muertos y luego vino ETA y puso más. No se ha hecho justicia ni por unos ni por otros. Hay que levantar el silencio, hacer la luz y abrir caminos de esperanza. No podemos esperar a que los partidos tomen decisiones. Los ciudadanos y ciudadanas somos capaces de abrir el camino del entendimiento. Y éste ha sido un encuentro que ha propiciado tender puentes para el entendimiento”.

Pero además de las valoraciones de de Txaro y Mirentxu, seguramente un considerable número de reflexiones e ideas rondarán este día y los siguientes las mentes de los más de 200 asistentes al “Encuentro por la reconciliación social”. Unas meditaciones que servirán de sólido cimiento para saber cómo mirar al pasado, qué hacer en el presente y cómo construir nuestro futuro.

Reconstruir el tejido social

15.12.2011 (9:43 am)

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de víctimas y reconstrucción del tejido social

-¿Para qué tocar las heridas?
Alguien le responde:
-Para qué va a ser, para curarlas.
Y la mujer añade:
-¿Pero quién se atreve?
Diálogo, en El Silencio Roto.

Para hablar de la reconstrucción del tejido social, la primera cuestión es tomar en cuenta dos puntos de partida: cuáles han sido esas heridas, y cuáles los mecanismos que las han hecho posibles. Las heridas tienen que ver con el impacto del dolor y el sufrimiento. El dolor no puede repararse pero sí reconocerse. Y para ello hay que superar las fracturas de la sensibilidad, las que han llevado a memorias defensivas que justifican el dolor del otro por el sufrimiento propio o invisibilizan el impacto de ciertas violaciones de derechos humanos. Se necesita cruzar al otro lado, y superar las fronteras de la empatía. Dejar de utilizar el dolor para justificar la violencia por un lado, o para evitar confrontarse con cómo se ha usado la tortura por poner dos ejemplos. En palabras de Ignatieff, sin apología, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Sobre todas estas cosas se tiene que decir la verdad. Para retomar esa vieja esperanza que describe John Berger: quizá si le damos nombre a todo lo intolerable, de esa conciencia surja una acción compartida.

Igualar este reconocimiento moral del sufrimiento, y la crítica a las violaciones de derechos humanos, puede ayudar a generar una conciencia común. Y eso no significa igualar los mecanismos de victimización. Sobre esas cosas llevar todo a las divisiones ideológicas pueden seguir poniéndonos en diferentes lados. Hay que centrarse en el lado humano de la experiencia, individual y colectiva, que es donde podemos reconocernos en los otros como iguales. Para ello hay que superar también otras fronteras, las del lenguaje. Demasiadas veces el lenguaje se ha utilizado como arma arrojadiza para justificar acciones (“por la democracia”, “a consecuencia del conflicto”) en lugar de para llegar a consensos básicos sobre la defensa de la vida.

La utilización política o la focalización mediática han estado presentes en este país más que en cualquier otro. En muchas situaciones de violencia la mentira sustituye a la ética. Lo que se considera bueno o malo se juzga en función de quién lo dice o de nuestros objetivos. Por ejemplo, la política que se necesita para con las víctimas es la del reconocimiento y la reparación, no la de la politización de utilizarlas como estandarte. Para ello también hay que dejar atrás el miedo, de lo que no se puede decir o hacer porque nunca es “el momento”. El miedo a expresar la diferencia, la crítica, el desacuerdo. Como Virginia Wolf en sus reflexiones sobre el feminismo contra la guerra, creo que la extrañeza es un valor en estos procesos. No reconocernos en la coacción o la mentira. No dejarnos meter en los tópicos. Atrevernos a salir del marco del grupo de referencia o de lo que se considera políticamente correcto. O de la retórica de la impotencia porque en nuestro país todo parece muy complejo. También aferrarse a las cosas que han dado cohesión a la sociedad vasca, las relaciones familiares y comunitarias aun en un contexto tan politizado. Un recurso positivo puede ser visibilizar las experiencias positivas locales, tanto de convivencia política como social, para evitar la sobrerrepresentación negativa y ejercer un papel pedagógico en la sociedad.

La superación de esas fracturas sociales en lo local no va a llevar al acuerdo directo, ni al olvido o perdón, sino más bien a la aceptación de que se puede coexistir. Una cultura de derechos humanos es el piso común que se necesita. Esta reconstrucción es básica para pasar de un escenario de fin de la violencia, a otro de construcción de la paz, donde son claves las iniciativas de memoria colectiva que genere respeto y aprendizajes, de reconocimiento del dolor producido, medidas de humanización de la situación de los presos de ETA que han estado sometidos a leyes de excepción, y apoyo a los espacios sociales de reconstrucción de la convivencia. La mejora del clima social después del fin de la violencia de ETA ofrece condiciones favorables para hacer un proceso. Pero se necesita sensibilidad, inteligencia y compromiso para hacerlo posible.

El foco y la realidad

09.12.2011 (12:46 pm)

(En los próximos días y peviamente a la celebración del Open Space para la reconciliación  social que tendrá lugar el sábado 17 de diciembre en Barakaldo, Procesodepaz.org publicará varios post sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social de la mano de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan (miembro del Grupo Internacional de Contacto), Carlos Martin Beristain (Especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social, Gabriel Otalora (Licenciado en Derecho) y Mirentxu Purroy (periodista). Esta última abre el turno de publicaciones con el siguiente post:)

Mirentxu Purroy, periodista
Mirentxu Purroy, periodista

Cuando un largo contencioso de una herencia familiar no se resuelve, es porque el foco de la realidad no se pone en el presente. Las transmisiones familiares suelen arrastrar complejos problemas, repletos de historia y emociones, recuerdos y amores, rencores, agravios y desamores. Hermanas y hermanos se enfrentan por entender la propiedad de un mismo bien de manera diametralmente opuesta. Una misma realidad es percibida desde puntos de vista irreconciliables. Los acuerdos se hacen inviables, porque cada cual vive y ha vivido, recuerda y ha recordado, siente y ha sentido que lo que le pertenece, es suyo. Le corresponde.

Pero la realidad es divisible, troceable, parcelable, y se puede administrar con equidad, benevolencia y generosidad. Solo es necesario saber que hay solución, buscarla, poner el foco, iluminar bien y acertar en la diana. De manera que nadie se quedará con todo. Se administrará con justicia el lote a todas las partes.

Aunque el paisaje cotidiano vasco muestra casas solariegas, en pueblos y ciudades, casi en ruinas porque sus herederos no han llegado a un acuerdo para reconstruirlas, la mayoría hace mucho tiempo que no solo reparó los daños, sino que creó nuevos edificios.

Pero el dolor, la intensidad del sufrimiento inflingido, la profundidad de la injusticia, la prolongación del daño y la perpetuación humilladora de la violencia y el terror, tiene millares de herederos con nombres y apellidos. Unas y otros tienen su propia cronología.

Para muchos, librarse de la guerra civil y su dictadura que acumuló montones de muertos, miles, centenares de millares de víctimas aniquiladas por pensar diferente al franquismo, les costó casi toda su vida. Sin mediar justicia, memoria, ni reparación, se superpusieron sobre los montones de las anteriores muertes, las víctimas de ETA. En el horizonte terror y muerte, que junto con métodos igual de expeditivos del estado, dejaron casi sin oxígeno a la población. Ninguna buena herencia a repartir.

En cambio ahora ya se puede poner el punto de luz sobre la realidad que descubre muchos universos. Cada uno tiene su propio lenguaje. Pero un principio general se ha hecho camino: “no hay guerras justas, y si tierra abundante para vivirla en paz”. Es un momento conciliador.

Como todo bien que se desea repartir, resulta clave encomendar su administración a manos expertas en mediación, ajenas totalmente a los habitantes de Euskal Herria, territorio dolorido.

Lisa y llanamente tienen que estar libres de ataduras y prejuicios para escuchar la voz de todos y todas.

Resulta esencial que obtengan versiones personales de los hechos y las narraciones de las propias vidas. Sin interferencias. Así, quedará en manos de expertos la actualización de la justicia, la reparación, el reconocimiento y los derechos de todas las víctimas, sin quedar al albur de jurisdicciones obsoletas.

Así se irá haciendo difícil provocar demoras en las excarcelaciones, ó interceptar las travesías de auto reconocimiento de daños y sufrimientos causados a las víctimas. El reparto de salvoconductos de buena, mala o regular víctima, según el tamiz de los obstructores de libertades ajenas, resultará inviable.

Mientras, las veladuras que han tapado y silenciado muchos contornos y formas de pensamiento vasco, lentamente van emergiendo para ocupar el sitio que les correspondía. Son las víctimas sin dibujo ni retrato. Tampoco estaban en la paleta de los grandes grupos que se reparten los colores y los méritos en la reparación de daños. Son gentes que forman parte del paisaje que siempre han estado ahí. Ahora, ellas y ellos con total sencillez están haciendo natural el encuentro hacia el entendimiento. Con el más común de los sentidos, sin que se note, hacen presente. El gran lugar de acogida para todas las generaciones.

———————————————————————————————————————————-

¿Quieres colaborar en el proceso de reconciliación social?

¿Te interesa la reconciliación social? ¿Tienes ideas que aportar, propuestas o dudas, o deseos de escuchar  la voz de otras personas en relación a este tema? Lokarri te propone dos iniciativas para ello:

  • Espacio abierto para la reconciliación. Barakaldo, sábado 17 de diciembre

Acércate al BEC de Barakaldo el sábado 17 de diciembre, de 10.00h. a 14.00 h., y participa en el encuentro abierto organizado para reflexionar sobre las claves para abordar un proceso de reconciliación. Queremos escuchar y dialogar con tantas personas y sectores sociopolíticos como sea posible. Infórmate e inscríbete

A través del blog de Lokarri tienes la oportunidad de participar en el diálogo que se está generando entre personas interesadas en la reconciliación social debatiendo y aportardo tus ideas, construyendo conocimientos conjuntamente. Entra y participa en la conversación

El ocaso armado

05.12.2011 (9:56 am)

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

En un artículo anterior para la iniciativa “Proceso de Paz” de Lokarri, reflexioné sobre las limitadas posibilidades contemporáneas de la estrategia armada en nombre de las aspiraciones populares dado el -en apariencia- irreversible avance del axioma del Estado como ostentador del monopolio de la violencia legítima.

Volviendo al tema, sin menospreciar la acción de otras expresiones de África y Asia, y dejando a un lado los- llamémosles- elementos de guerra internacional del islamismo fundamentalista y/o integrista, en los países de occidente y Latinoamérica (es controvertido tanto incluirla como excluirla de dicho modelo civilizatorio) tres han sido los grupos armados populares de bandera: El IRA y su acción en Irlanda y el Reino Unido, ETA y su acción en Euskal Herria, España, Francia (y otros) y las FARC (y el ELN, etc) y su actividad en Colombia.

El tiempo ha querido que las condiciones sociopolíticas en las que estas tres expresiones han acabado, están acabando o van a acabar sean parecidas u homologables. En los tres casos se ha percibido una ruptura del apoyo popular a las estrategias político-militares y una apuesta por la exclusividad de las vías políticas, acompañado de una legitimización en el concierto internacional ascendiente y de facto del Estado instituido contra el que se lucha (ya sea el británico, el español/ francés o el colombiano). Todo ello, además, en una suerte de línea temporal compartida en el ideario colectivo en la cual, y esto es demoledor, las armas como lucha política e ideológica quedaban desfasadas, antiguas, obsoletas. Contra ello ninguno de los grupos mencionados supo o pudo revertir el hilo discursivo hegemónico que cada día que pasaba los arrinconaba en los archivos de la Historia. Y, en las condiciones actuales, ningún otro lo conseguirá. Todo un ocaso armado.

El pasado octubre la organización ETA puso fin a cuatro décadas de actividad, hecho que ha sido celebrado principalmente por la sociedad vasca pero que, a su vez, ha tenido una repercusión internacional considerable. Pareciera, no obstante, que el alivio generalizado que supone dicho anuncio se hubiera diluido en parte por las circunstancias de incipiente penuria económica y por los movimientos políticos y electorales previos que ya vaticinaban la feliz noticia y que, al mismo tiempo, le restaban la espectacularidad mediática tan necesaria para que en el siglo XXI una notica sea eso, una noticia.

Menos de un mes después, y de una forma bastante más abrupta y americana, el estado colombiano eliminaba físicamente a los principales dirigentes de la dirección de las FARC. Escasos días antes un ex-guerrillero del M-19 se hacía con la alcaldía de Bogotá en las elecciones y se fotografiaba con el Presidente en el cargo a las pocas horas. El Estado colombiano ha enviado, así, un mensaje evidente de lo que está dispuesto a aceptar y lo que no.

Con sus particularidades, Colombia quiere dejar de ser la excepción guerrerista de América del Sur y cuenta para ello con un aliado inmejorable, el mismo que ha acompañado a la desmovilización o disolución de las experiencias armadas europeas: El hartazgo de la gente.

Las mayorías de opinión en Colombia no reparan en exceso si lo suyo se trata de una guerra civil o no, si las injusticias originarias de la expresión armada son razonables o no, en Colombia lo que importa es ponerle fin al asunto para pasar página y acoplarse al tren del nuevo progreso latinoamericano, y la tendencia planetaria dice que quienes paran son los grupos armados, no los Estados. Por si fuera poco el pragmatismo invita a pensar que la garantía de los Derechos Humanos por parte del Estado será mejor cuando no existan elementos armados que alimenten su violación. Demasiados contras para tan pocos pros.

Las FARC, el ELN así como ETA o el IRA han fracasado o están fracasando en su intento por la vía de las armas de superar al Estado constituido para instaurar uno nuevo, su principal motto. Por el contrario, sus referentes sociológicos han logrado un notable desempeño en la acción política, auspiciados desde hace unos años por una nueva democratización de la política a través de la universalización de internet y las redes sociales, donde parece estar uno de los espacios de batalla contemporánea, y no escondiéndose en las montañas o la selva.

Mucho y muy profundamente tendrían que cambiar las cosas para que en los ámbitos geográficos descritos resurgiera el apoyo significativo hacia la lucha armada. Las sociedades modernas, sin entrar a valorar si esto es bueno o malo, suelen estar menos pendientes de lo que les sucedió en el pasado y más de lo que les depara el futuro. Cosas de la mortales.

El nuevo informe del Observatorio Social desvela que se ha reavivado la esperanza y la ilusión en relación al proceso de paz

01.12.2011 (4:12 pm)

Observatorio Social del Proceso de pazAnalizadas las respuestas de las 1.170 personas que han respondido al cuestionario que ha servido como base para la elaboración del nuevo informe del Observatorio Social del Proceso de paz impulsado por Lokarri,  el documento de análisis concluye que la nota media de la situación del proceso hacia la paz en otoño de 2011 es de 7.76. A ello hay que sumar que nueve de cada diez personas valora de forma positiva la situación del proceso de paz y considera que estamos mejor que hace un año.

Tras la sensación de parón vivida tras el verano y reflejada en el informe anterior, la declaración de cese de la actividad armada de ETA ha reavivado la esperanza y la ilusión de las personas que han respondido al cuestionario. Esta declaración unilateral es percibida como definitiva y las garantías de ello residen en tres aspectos: en primer lugar el apoyo internacional a un escenario sin violencia escenificado en la Conferencia Internacional de Aiete, en segundo lugar el rechazo de la sociedad vasca al uso de la violencia y por último la apuesta firme de la izquierda abertzale ilegalizada por las vías exclusivamente pacíficas.

Así pues, tras más de dos años en los que tanto la sociedad como diferentes sectores políticos han contribuido a generar las condiciones necesarias para hacer posible el proceso de paz, este otoño por fin se empiezan a ver los frutos de tanto esfuerzo y compromiso. Y todo ello ha quedado reflejado en las respuestas y el análisis contenido en este informe.

Incluso las personas que se muestran más prudentes reconocen que nos hallamos en el principio del fin, en un momento nunca antes vivido, en un proceso de paz que, aunque complicado, es ya irreversible. Entre los paso que deben darse en el corto plazo se mencionan el diálogo entre ETA y el Gobierno para dirimir las cuestiones relacionadas con los presos y el diálogo político para impulsar acuerdos sobre la convivencia, sobre las heridas causadas y las víctimas.

Entre las recomendaciones que propone Lokarri en el informe para impulsar un proceso de paz, considera que el lehendakari, Patxi López, debe concretar su plan e intentar aunar esfuerzos desde las instituciones para llegar a consensos sobre la convivencia deseada y sobre los pasos que deben darse para alcanzarla, además de ofrecer a los ciudadanos cauces para trabajar la reconciliación y la convivencia a nivel local. También propone al Gobierno Vasco que lidere un proceso de diálogo y acuerdo, en cuyo marco tengan cabida todas las fuerzas políticas y que cuente con la participación activa de la ciudadanía. Además, recomienda tanto a Gobiernos como a partidos políticos que tomen en cuenta la declaración final de la Conferencia Internacional de Aiete, ya que  describe un camino transitable por todos los partidos políticos que siendo atendida podría contribuir al avance del proceso de paz.

Como  requisitos para que la paz sea irreversible deben darse dos condiciones, según destaca el documento: el cese definitivo de la violencia de ETA, que ya se ha producido, y la legalización de Sortu.

Reflexiones con nombre propio

Además, este informe recoge las aportaciones de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan, Carlos Martín Beristain, Gabriel Otalora y Mirentxu Purroy. Mediante sus reflexiones, todos ellos  han contribuido a arrojar algo más de luz sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social.

Relato: distinguir tres conceptos

17.11.2011 (1:27 pm)

Jonan Fernández, director de Baketik
Jonan Fernández, director de Baketik

El relato sobre el pasado es afrontamiento compart i d o de lo sucedido e implica dos tareas. Primera, desvelar los hechos, lo que conlleva el conocimiento y reconocimiento del daño injusto provocado a todas las víctimas; y segunda, valorar estos hechos; es decir, realizar una revisión crítica, ética y prepolítica de lo sucedido. Todo ello toma forma en los procesos de reconciliación de lo que se conoce como informes de «La verdad» o de «Nunca más». Documentos cuya elaboración debe ser coordinada por una personalidad o institución de consenso y que sirve de base a un proceso de reparación integral. El relato, la reconstrucción de una nueva mirada al pasado es la más delicada porque revive el dolor de las heridas producidas. Conviene hacer, al menos, tres precisiones que establezcan las diferencias que existen entre hechos, diagnósticos y valoración.

· Hechos. Deben integrarse todos los sufrimientos, víctimas y violaciones de derechos humanos. El conocimiento y reconocimiento del daño provocado se refiere a todas las víctimas y no solo a las que sentimos más próximas. En este punto se juega definitivamente la viabilidad o fracaso de un proceso de reconciliación. Es su línea roja. Si se traspasa no solo no es posible la reconciliación sino que mediante la exclusión se crean condiciones objetivas para nuevos conflictos. En este sentido, la revisión crítica del pasado lo es de todo el pasado y no solo del que resulta más conveniente.

En el caso vasco y desde los años 60, ETA y sus distintas ramas han causado el mayor número de víctimas m o rtales. Esto merece una valoración propia y específica destacada. No obstante, no todas las víctimas han sido provocadas por ETA. También estas y su sufrimiento deben ser integrados con pleno derecho en el relato y en el proceso de reconciliación. Necesariamente, junto al de ETA, deben afrontarse otros fenómenos como el terrorismo paraestatal o de extrema derecha, la tortura, las víctimas de excesos policiales y otras vulneraciones de derechos humanos.

· Diagnósticos. Debe aceptarse que habrá difere n t e s formas de interpretar lo sucedido. No es posible un diagnóstico político compartido sobre las causas o la génesis de los hechos que componen nuestra historia reciente. Curiosamente, el diagnóstico más compartido es que no hay un diagnóstico compartido.

· Valoración. No obstante, tenemos la obligación moral de compartir una valoración ética y prepolítica (una ortoversión). Se puede y debe alcanzar un acuerdo sobre lo que no debe volver a repetirse, el «nunca más». Existe un mínimo para un consenso posible: «Lo sucedido ocurrió porque hubo quienes antepusieron el valor de su causa u objetivo al valor de la dignidad humana. Ni una sola causa política o partidaria, ni ninguna razón de estado tienen un valor absoluto que pueda situarse por encima del respeto a la persona y a la vida».

Echo algo de menos en el relato del fin de ETA

11.11.2011 (3:43 pm)

Esteban Umerez Argaia
Esteban Umerez Argaia, abogado

NOTA: Escribí el post que reproduzco a continuación, atendiendo a la amable invitación de procesodepaz.org, este pasado 6 de octubre, y lo envié en esos días. La vorágine posterior de la Conferencia de Aiete y la declaración histórica de 20 de octubre de cese definitivo por parte de ETA impidieron entonces su publicación, pues bastante trabajo tuvieron esos días los y las administradoras de esta web, y ahora procesodepaz.org me ha ofrecido la posibilidad de revisarlo tras los últimos acontecimientos.

Tras releerlo, he decidido dejarlo tal cual. Quiero seguir diciendo lo que decía entonces. Hablaba ya de relato y la palabrita se ha puesto de moda, pero la mantengo. Si acaso, añadiría alguna reflexión más, pues escribo esto en fecha de 11 de noviembre de 2011, siguiente al Día de la Memoria por las Víctimas, y en el que se publica una entrevista extensa a ETA en el diario Gara.

Una de las claves para construir un futuro decente (DRAE: Honesto, justo, debido), es que sepamos reconocer el sufrimiento padecido por tantas y tantas personas, golpeadas injustamente por actos violentos que durante demasiado tiempo han sido justificados de una u otra forma, por unos u otros agentes, por acción o por reacción, por ekintza o castigo merecido, por lo que sea. Esconder a parte de esas víctimas, separarlas para evitar equiparaciones o diluirlas en un reconocimiento genérico impide cerrar esas heridas, evita admitir completa y honestamente que también sufrieron daño y puede llegar a parecer, incluso, que aún oculta algún tipo de justificación. En cualquier caso, añade injusticia a la injusticia ya causada.

Por eso, en lugar del reconocimiento a todas las víctimas, propondría el reconocimiento a cada una de las víctimas. Cada una tiene una historia que debemos escuchar, a la que nos debemos enfrentar incluso cuando no nos gusta, y que debe recibir la reparación que merece.

Por lo demás, en el post de 6 de octubre me refería concretamente al fin de ETA, y quisiera mantenerlo en sus propios términos. Lo tenéis a continuación:

A octubre de 2011, estamos donde, hasta hace poco, éramos incapaces de imaginar que íbamos a estar. Leo el post que escribí para este mismo espacio en junio de 2010 y, aunque sigo sintiendo como propio aquello que decía, me doy cuenta de cuán lejos estaba entonces de imaginar los avances que se iban a producir en el siguiente año y medio.

Estamos cerca de presenciar el desmantelamiento definitivo de ETA. Todo lleva a pensar que, en efecto, la renuncia tajante de la Izquierda Abertzale al uso de la violencia y a la amenaza de su uso, y la apuesta firme por las vías exclusivamente políticas, nos sitúan en puertas de ese final. Sin cobertura social, empezamos a creer que es cierto que ETA ya está liquidada, y que sólo hace falta escenificar la disolución de lo que quede de la estructura militar de la organización armada.

Son muchos los análisis e innumerables las declaraciones políticas al respecto, cada vez más claras y positivas, pero, aprovechando que procesodepaz.org me vuelve a brindar la oportunidad de pronunciarme aquí, diré que echo de menos un punto que considero importante en el relato del final de ETA

El final de ETA se tiene que producir con el reconocimiento colectivo de que la lucha armada no ha servido para nada. Sólo para provocar dolor, sufrimiento y odio. No ha servido para la consecución de, ni para la aproximación a, ninguno de los objetivos políticos que pudiera pretender.

En 1959, un grupo de jóvenes agrupados en una formación llamada Ekin decidió pasar a la confrontación armada con España, a la vista de la represión padecida por su actividad, fundamentalmente cultural, de reivindicación de la identidad y la aspiración nacional vascas. En 1968 llegaron las primeras muertes con el Sargento Pardines y Txabi Etxebarrieta, y la primera acción directa, con Melitón Manzanas. Cientos de muertes más en los siguientes 40 años, de los que 10 fueron en dictadura y transición, y los 30 siguientes de enfrentamiento a un régimen democrático que, de forma más o menos contestable, ha demostrado tener capacidad para superar la amenaza.

En mi opinión, es importante que quede para la Historia el relato de que el pueblo vasco intentó la confrontación armada con España, y que ese mismo pueblo rechazó esa confrontación armada después, mucho antes de que ésta demostrara que no había servido para nada.

Creo que no podemos negar que ETA tuvo un importante apoyo social en la década de los 70 y comienzos de los 80, que fue menguando después y que ha sido definitivamente rechazada y condenada desde la década de los 90 hasta hoy. Por eso digo que nuestro pueblo intentó, y nuestro pueblo rechazó.

Pero es importante que quede destacado también, en ese relato, que el intento de confrontación armada no sirvió para nada. Aún escucho alguna voz que defiende que “sin ETA no estaríamos donde estamos”. Eso es una obviedad, sin ETA la Historia de Euskal Herria sería muy distinta, pero quienes eso afirman nunca explican dónde estamos, ni dónde estaríamos.

Bienvenida sea la apuesta por la utilización exclusiva de vías políticas para la consecución de objetivos políticos. Bienvenido sea el activismo pacífico. Y que sea así para siempre en nuestro pueblo. Nuestros hijos y nietas, en la Euskal Herria de dentro de unas décadas, harán lo que quieran, lo que crean conveniente hacer en la época que les toque vivir, pero al menos querría desearles que no repitan nuestra Historia, que sepan no repetirla. Y que alguien les cuente que la lucha armada no sirvió.

Para eso es para lo que creo que debemos ser honestos en el relato de este final de ETA

Me salen sarpullidos cuando oigo términos como “vencedores y vencidos”. Son ganas de perpetuar la confrontación en vano. ETA no ha doblegado a España, pero tampoco España ha conseguido en todo este tiempo asimilar cultural, social, política o afectivamente a Euskal Herria. Me atrevería a decir que ni siquiera España ha conseguido asimilarse política o afectivamente a sí misma. España también debería ser honesta con el relato de su propia Historia.

Pero ahora pienso en nosotros y nosotras, en la Euskal Herria que vamos a poder disfrutar los que no imaginábamos que íbamos a ver esto en nuestra vida, y la Euskal Herria que queremos dejar para nuestros descendientes. Si nos decimos a nosotros mismos la verdad, vamos a ser capaces de hacer bien las cosas. Ahora, y para el futuro.

Queremos más ceses de actividades armadas

08.11.2011 (11:13 am)

MOC-Alternativa Antimilitarista
MOC-Alternativa Antimillitarista

Tras el anuncio de ETA en el que señala el cese definitivo de su actividad armada, Alternativa Antimilitarista–MOC quiere hacer públicas una serie de reflexiones que espera puedan ser de interés de cara a avanzar en la desmilitarización social:

1. En primer lugar, queremos dejar clara nuestra satisfacción y alegría ante una decisión que pone fin a una de las expresiones armadas de un largo conflicto en el que han sido asesinadas centenares de personas, principalmente por parte de ETA, y también por parte de los aparatos armados del Estado. Este largo conflicto armado, nacido durante una dictadura militar, ha dejado tras de sí atentados mortales, secuestros, amenazas… así como diferentes vulneraciones de derechos humanos: torturas, dispersión carcelaria, cierre de medios de comunicación, ilegalización de fuerzas políticas… que han afectado no sólo a las víctimas directas, sino también a su entorno familiar y social, en más de una ocasión bajo la macabra lógica de “los daños colaterales”. Tras el cese de la actividad de ETA, esperamos que también el gobierno asuma algo que debería haber hecho hace ya tiempo: el respeto de los derechos individuales y colectivos de todas las personas involucradas de una u otra manera en el conflicto.

2. En consecuencia, esperamos que el fin de esta confrontación armada contribuya no sólo a poner fin a esas vulneraciones, sino también a crear un clima social más propicio para nuevas iniciativas de trabajo y lucha por la transformación social a través de la movilización social, la autogestión, la acción directa noviolenta y la desobediencia civil. Esto es algo más necesario que nunca ante el progresivo recorte de derechos laborales y sociales que estamos sufriendo al amparo de una crisis económica que no es más que un fruto de la dinámica capitalista de las últimas décadas, una dinámica que ha ido acompañada así mismo de un recorte de libertades políticas y un aumento de la militarización, no solo dentro del Estado español (desorbitado gasto militar, aumento de la población carcelaria, ilegalización de inmigrantes, represión policial sobre las movilizaciones sociales…) sino también fuera, en un clima de guerra global en diferentes puntos del planeta (Irak, Afganistán, Somalia, Libia…).

3. Así pues, queremos emplazar al conjunto de cuerpos armados que hoy en día actúan en el Estado español y a sus responsables políticos a anunciar el cese inmediato de sus acciones armadas, como un primer paso hacia la desmilitarización social y la desaparición de los ejércitos. En ese sentido, creemos que son medidas urgentes el cese de toda intervención armada en el exterior (como la reciente guerra de Libia o la de Afganistán), el desmantelamiento de unos dispositivos de control fronterizos que han causado la muerte de miles de personas al intentar entrar en el estado español, la suspensión de la exportación de armamento, así como el respeto de los derechos de todas las personas presas y detenidas en cárceles, comisarías, centros de internamiento de extranjeros y centros de menores.

En conclusión, desde nuestra apuesta por la desobediencia civil y la noviolencia como herramientas de lucha social, queremos expresar nuestra alegría por la desactivación de un conflicto armado, desactivación que, sin embargo, debería ir seguida por un progresivo desarme de otros cuerpos armados que no dejan de provocar muerte y dolor, al tiempo que se mantienen como garantes de un sistema injusto basado en la pobreza de la mayor parte de las personas que habitamos el planeta.

El cese de ETA

26.10.2011 (9:05 am)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

Tiempo de evaluaciones. Por qué lo han dejado. Qué es lo que ha supuesto ETA en los últimos 50 años. Qué puede pasar de ahora en adelante.

De momento, algunas muy breves reflexiones sobre el primer tema. ¿Por qué lo ha dejado? Relaciono un conjunto de causas desordenadas. Porque la represión policial y judicial hacían muy difícil -casi imposible- su continuidad como organización violenta. Porque lograron interiorizar (les costó su tiempo) que la sociedad vasca, o el pueblo vasco, o los vascos sin más, consideraban insoportable su existencia, el mantenimiento de su violencia. Porque su “frente” civil, la Izquierda Abertzale les hizo saber con respeto y cariño, pero también con contundencia, que tenían que dejarlo, porque ellos habían optado políticamente por la desconexión estratégica con la violencia. Habían elegido el rechazo al apoyo de las vías violentas en general y en particular –muy en particular– a las lideradas por ETA. Que por tanto, el apoyo político de la IA había desaparecido. Y porque comprendieron (también les costó su tiempo) que precisamente la única forma de que el proyecto independentista tuviese fuerza, presencia social y política y futuro era que ellos -ETA- desapareciesen.

Se trataría ahora de ordenar estas causas. Sólo es posible especular. Quizás podríamos operar con el esquema de causas necesarias pero no suficientes. Y meter en la primera categoría -necesidad de cese- la represión y la desconexión y en la segunda -suficiencia- la convicción política, pero probablemente el proceso es mucho mas circular e interactivo. Cada uno que lo interprete y califique como quiera y pueda, pero con un convicción clara. El conjunto de todas las causas o procesos causales cristalizan en una decisión casi objetivamente irreversible.

Ahora deberíamos decir algo sobre el cómo se ha orientado, facilitado, la ejecución de esta decisión. Merece dedicar algunas líneas al asunto porque pueden aparecer -están apareciendo- mezclados el cómo, el por qué y el contenido del cese definitivo. Todo el proceso que se abre en el último año -declaraciones de tregua, nacimiento de Sortu, declaración de Gernika, más comunicados etc- y, sobre todo, las recomendaciones de la Conferencia Internacional de la Paz y la posterior declaración ratificadora del IA tenían como objetivo hacer creíble (hacer creíble no quiere decir que sea creíble) que la decisión de cese definitivo e incondicional de ETA era una libre decisión política asentada en su convicción de que el momento político -el porvenir del proyecto independentista- así lo exigía. En este sentido, la reciente declaración de la Conferencia Internacional, aun cuando lo único evidente en su texto, lo único que aparece como no dependiente de circunstancias externas o eventuales concursos de diversas e imprecisas voluntades es la exigencia de cese definitivo e incondicional de la violencia de ETA, transmite sin embargo, a través de un lenguaje neutral y deliberadamente frío, la sensación de estar valorando y proponiendo soluciones políticas a un conflicto político.

ETA, como estaba previsto, se apoya en estos “aires” (sólo aires) políticos del texto para justificar su cese. No es cuestión de analizar ahora la veracidad de la exclusividad de esa argumentación política. Tan sólo recordar que la verdad está mucho allá de las declaraciones retóricas. Esta se apoya en los hechos y ahí -sólo ahí- debemos buscar las certezas. Pero sí es momento de decir que todos estos discursos y declaraciones de Conferencias han facilitado la decisión de ETA. La decisión con la que se acabó la historia. La decisión que le ha relegado a la historia.

Hablando de historia, deberíamos valorar también qué ha supuesto ETA en la caracterización, evolución y eventual transformación del conflicto político nacional vasco desde el que -y en el que- nace y frente al que más tarde se autonomiza. Y qué ha supuesto en la sociedad vasca su práctica y cultura de muerte. Pero esto -y el futuro previsible- es otra historia. Otras historias.

¡Bien! Pero no va a ser fácil…

25.10.2011 (8:34 am)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

El anuncio de ETA sobre el cese definitivo de “su actividad armada” (…) es una muy buena noticia para la sociedad vasca, una sociedad dividida, pero que en su inmensa mayoría lleva años exigiendo a ETA el cese definitivo de su “actividad armada” (…)

Un largo, difícil y doloroso proceso (excesivamente largo, difícil y doloroso…) nos ha traído hasta aquí, hasta este momento que supone el inicio de otro proceso que también será largo, difícil y doloroso. Pero posible.

Un proceso que debe conducir a una “normalización” de la convivencia en el País Vasco / Euskadi / Euskal Herría, una “normalización “ social y/o política.

La “normalización” de esta convivencia será fruto de la reconciliación…

Para que se produzca la reconciliación, debe practicarse la autocrítica, asumir los errores, arrepentirse del horror/dolor/sufrimiento causado.

También habrá que aguantar el sufrimiento que provocará la necesaria generosidad ante tanto dolor…

Las víctimas no tienen “el deber” de ser generosas con sus verdugos ni de perdonarles. Pero la sociedad en su conjunto sí. Si como sociedad no somos capaces de ser generosos y perdonar, no habrá reconciliación, no seremos capaces de “pasar página”, quedará un poso “cancerígeno” que tarde o temprano generará metástasis en el cuerpo social.

Es necesario ser generosos…

A nivel personal y a nivel colectivo tendremos que echar mano de terapias psicológicas como la “terapia cognitiva”. Tendremos que apoyarnos en el pensamiento de Epicteto: “No nos afecta lo que nos sucede, si no lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.