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El ocaso armado

05.12.2011 (9:56 am)

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

En un artículo anterior para la iniciativa “Proceso de Paz” de Lokarri, reflexioné sobre las limitadas posibilidades contemporáneas de la estrategia armada en nombre de las aspiraciones populares dado el -en apariencia- irreversible avance del axioma del Estado como ostentador del monopolio de la violencia legítima.

Volviendo al tema, sin menospreciar la acción de otras expresiones de África y Asia, y dejando a un lado los- llamémosles- elementos de guerra internacional del islamismo fundamentalista y/o integrista, en los países de occidente y Latinoamérica (es controvertido tanto incluirla como excluirla de dicho modelo civilizatorio) tres han sido los grupos armados populares de bandera: El IRA y su acción en Irlanda y el Reino Unido, ETA y su acción en Euskal Herria, España, Francia (y otros) y las FARC (y el ELN, etc) y su actividad en Colombia.

El tiempo ha querido que las condiciones sociopolíticas en las que estas tres expresiones han acabado, están acabando o van a acabar sean parecidas u homologables. En los tres casos se ha percibido una ruptura del apoyo popular a las estrategias político-militares y una apuesta por la exclusividad de las vías políticas, acompañado de una legitimización en el concierto internacional ascendiente y de facto del Estado instituido contra el que se lucha (ya sea el británico, el español/ francés o el colombiano). Todo ello, además, en una suerte de línea temporal compartida en el ideario colectivo en la cual, y esto es demoledor, las armas como lucha política e ideológica quedaban desfasadas, antiguas, obsoletas. Contra ello ninguno de los grupos mencionados supo o pudo revertir el hilo discursivo hegemónico que cada día que pasaba los arrinconaba en los archivos de la Historia. Y, en las condiciones actuales, ningún otro lo conseguirá. Todo un ocaso armado.

El pasado octubre la organización ETA puso fin a cuatro décadas de actividad, hecho que ha sido celebrado principalmente por la sociedad vasca pero que, a su vez, ha tenido una repercusión internacional considerable. Pareciera, no obstante, que el alivio generalizado que supone dicho anuncio se hubiera diluido en parte por las circunstancias de incipiente penuria económica y por los movimientos políticos y electorales previos que ya vaticinaban la feliz noticia y que, al mismo tiempo, le restaban la espectacularidad mediática tan necesaria para que en el siglo XXI una notica sea eso, una noticia.

Menos de un mes después, y de una forma bastante más abrupta y americana, el estado colombiano eliminaba físicamente a los principales dirigentes de la dirección de las FARC. Escasos días antes un ex-guerrillero del M-19 se hacía con la alcaldía de Bogotá en las elecciones y se fotografiaba con el Presidente en el cargo a las pocas horas. El Estado colombiano ha enviado, así, un mensaje evidente de lo que está dispuesto a aceptar y lo que no.

Con sus particularidades, Colombia quiere dejar de ser la excepción guerrerista de América del Sur y cuenta para ello con un aliado inmejorable, el mismo que ha acompañado a la desmovilización o disolución de las experiencias armadas europeas: El hartazgo de la gente.

Las mayorías de opinión en Colombia no reparan en exceso si lo suyo se trata de una guerra civil o no, si las injusticias originarias de la expresión armada son razonables o no, en Colombia lo que importa es ponerle fin al asunto para pasar página y acoplarse al tren del nuevo progreso latinoamericano, y la tendencia planetaria dice que quienes paran son los grupos armados, no los Estados. Por si fuera poco el pragmatismo invita a pensar que la garantía de los Derechos Humanos por parte del Estado será mejor cuando no existan elementos armados que alimenten su violación. Demasiados contras para tan pocos pros.

Las FARC, el ELN así como ETA o el IRA han fracasado o están fracasando en su intento por la vía de las armas de superar al Estado constituido para instaurar uno nuevo, su principal motto. Por el contrario, sus referentes sociológicos han logrado un notable desempeño en la acción política, auspiciados desde hace unos años por una nueva democratización de la política a través de la universalización de internet y las redes sociales, donde parece estar uno de los espacios de batalla contemporánea, y no escondiéndose en las montañas o la selva.

Mucho y muy profundamente tendrían que cambiar las cosas para que en los ámbitos geográficos descritos resurgiera el apoyo significativo hacia la lucha armada. Las sociedades modernas, sin entrar a valorar si esto es bueno o malo, suelen estar menos pendientes de lo que les sucedió en el pasado y más de lo que les depara el futuro. Cosas de la mortales.

¡Bien! Pero no va a ser fácil…

25.10.2011 (8:34 am)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

El anuncio de ETA sobre el cese definitivo de “su actividad armada” (…) es una muy buena noticia para la sociedad vasca, una sociedad dividida, pero que en su inmensa mayoría lleva años exigiendo a ETA el cese definitivo de su “actividad armada” (…)

Un largo, difícil y doloroso proceso (excesivamente largo, difícil y doloroso…) nos ha traído hasta aquí, hasta este momento que supone el inicio de otro proceso que también será largo, difícil y doloroso. Pero posible.

Un proceso que debe conducir a una “normalización” de la convivencia en el País Vasco / Euskadi / Euskal Herría, una “normalización “ social y/o política.

La “normalización” de esta convivencia será fruto de la reconciliación…

Para que se produzca la reconciliación, debe practicarse la autocrítica, asumir los errores, arrepentirse del horror/dolor/sufrimiento causado.

También habrá que aguantar el sufrimiento que provocará la necesaria generosidad ante tanto dolor…

Las víctimas no tienen “el deber” de ser generosas con sus verdugos ni de perdonarles. Pero la sociedad en su conjunto sí. Si como sociedad no somos capaces de ser generosos y perdonar, no habrá reconciliación, no seremos capaces de “pasar página”, quedará un poso “cancerígeno” que tarde o temprano generará metástasis en el cuerpo social.

Es necesario ser generosos…

A nivel personal y a nivel colectivo tendremos que echar mano de terapias psicológicas como la “terapia cognitiva”. Tendremos que apoyarnos en el pensamiento de Epicteto: “No nos afecta lo que nos sucede, si no lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.

El sacrificio por Euskal Herria, un camino lleno de sillas

20.06.2011 (9:25 am)

Maider Carrere Souto, Secretaria General de Gazte Abertzaleak
Maider Carrere Souto,  Secretaria General de Gazte Abertzaleak

“Siempre vale la agonía de la prisa

aunque se llene de sillas la verdad.”

(Silvio Rodriguez, La canción de las sillas)

Mi amona, recientemente fallecida, siempre me recordaba que el objetivo de cualquier persona era reconocer la importancia de los sacrificios personales por el colectivo, ya que este reconocimiento sería el que ayudaría a poner los soportes de un mundo más justo. Me admitía que buscar el equilibrio no era sencillo, pero el dejar los intereses personales de un lado, y la lucha por todos los derechos para todas las personas, se convirtió en una constante que le llevó a estar en la primera línea del frente desde Venezuela hasta Lemoiz. Una mujer que no tenía límites en la defensa de la justicia, y sobre todo, con una concepción clara de lo que tenía que ser Euskal Herria.

Silvio Rodriguez en “La canción de las sillas” hace alusión a lo débil que puede ser el ser humano en circunstancias adversas, pero lo gratificante que se hace lograr los objetivos marcados a pesar de todas las barreras que se tienen que flanquear. La idea de que en el camino de todas las personas hay sillas que invitan a sentarse, es una idea bastante recurrente en política. Sin embargo, dentro de esta tentadora elección, en Euskal Herria encontramos también a personas atadas a su pasado, a una ideología, a situaciones difíciles vividas durante muchos años. Emociones contrarias y difíciles de controlar; son muchos años en los que esta sociedad ha estado embriagada de dolor, esperanza e ilusiones fallidas. Aunque si hay algo que caracteriza a los habitantes de este pequeño territorio, es el tesón y ánimo con la que cogen la bandera de la democracia y optan por trabajar por lo que verdaderamente creen: en la justicia social y en la implantación de la democracia en paz.

Mujeres y hombres que cada año saltan al panorama político, buscando sumar su granito de arena a lo que creen que es justo. Sin embargo, ya llevamos un par de lustros en que la sociedad de Euskal Herria no ha podido contribuir libremente a la construcción de una democracia, fallida ya desde sus inicios, tras el franquismo. Hoy, aun estando celebrando el triunfo de Bildu, seguimos con organizaciones políticas y sociales ilegalizadas, en un momento donde queda cada vez más lejana la violencia de ETA, y por el contrario, más latente la cerrazón del gobierno español en dar pasos hacia lo que los firmantes de Acuerdo de Gernika consideramos como base para un acuerdo de normalización y cumplimiento de todos los derechos para todas las personas.

Siguiendo lo que Silvio dice al final de esta canción, y ante otro ejemplo de la afirmación que el camino está lleno de sillas, debemos ser capaces de darnos cuenta que la rapiña está esperando a que nos cansemos, a que finalmente ocupemos nuestros sitios y no sigamos en nuestro empeño.

Sin embargo, tengo más claro que nunca que después del camino andado y valorando los grandes hitos que estamos viviendo en las últimas épocas, el que nos rodeen tormentas, el sentimiento de soledad que irrumpe algunas veces o que muchas veces nos inviten a parar, resulta tranquilizador, ya que son indicios indiscutibles que tenemos una buena canción, que estamos rodeados de amigos y amigas, y que vamos en buen sentido.

Hoy BILDU no es simplemente un proyecto a tres, BILDU debe ser considerado un proyecto de más de 300.000 personas que han depositado su confianza. Fuera de cualquier sigla de partido, hay una bolsa de personas que hoy son factores imprescindibles de BILDU, y a ésas es a las que hay que responder directamente, sin más dilación, para que el proyecto se consolide, la madeja siga sumando y sea por fin la que abra, por voluntad de Euskal Herria, las puertas de la normalización y pacificación de este país.

A pesar de que la generación de mi difunta amona va desapareciendo, las siguientes tenemos que ser herederas de su fortaleza y su tesón, y tener presentes que el sacrificio por el colectivo será el que forjará una Euskal Herria libre, unida y más justa. Tan sólo ya por lo que esas personas trabajaron, se merecen que su trabajo tenga una continuación hasta la resolución y reparación para la ciudadanía de este país.

La existencia de ETA

08.12.2010 (9:27 pm)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

La existencia de ETA sigue condicionando la realidad política en Euskadi y en toda Euskal Herría. Pero ETA ha perdido gran parte de su capacidad de “tutoría” sobre el Pueblo Vasco.

Cada vez se hace más evidente para más ciudadan@s vasc@s que la existencia de ETA hoy, aquí y ahora a principios del siglo XXI, es un lastre que dificulta la lucha política del Pueblo Vasco a favor del ejercicio de la libre autodeterminación de su futuro.

Cada vez es más evidente para más ciudadan@s que cuando ETA desaparezca, al Estado le resultará cada vez más difícil justificar la prohibición de consultas y/o referéndums en los que el Pueblo Vasco pueda pronunciarse al respecto de su futuro, y más posibilidades tendrá la lucha política para poner en evidencia esa drástica “tutoría” por parte del gobierno del Estado.

“No a la prohibición de manifestaciones. Ninguna imposición, ninguna violencia. Sí a los derechos humanos, civiles y políticos”

03.10.2010 (10:22 pm)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

Ayer acudí a la manifestación de Bilbao convocada bajo el lema “No a la prohibición de manifestaciones. Ninguna imposición, ninguna violencia. Sí a los derechos humanos, civiles y políticos”. Mi valoración general sobre el desarrollo de la misma es muy positiva, exceptuando los momentos en los que un numeroso grupo de personas aprovechó el momento para proferir consignas con las que podía estar de acuerdo o no, pero que estaban totalmente fuera de lugar. Si hay que reclamar la independencia y una amnistía se convoca un acto explícitamente para ello y se grita lo que haya que gritar. Eso en el caso de que la autoridad pertinente “tenga a bien” permitir el desarrollo de una manifestación que reivindique tales pretensiones.

No a la prohibición de manifestaciones. Los ejemplos que podía utilizar para justificar la necesidad de convocar una manifestación que reclame el derecho legítimo de la ciudadanía a manifestarse son varios, y no hace falta ir muy atrás en el tiempo. Ayer, una nutrida representación de esa ciudadanía volvió a dar ejemplo de que es posible manifestarse sin causar grandes inconvenientes, siempre que las autoridades públicas renuncien a la coacción y la prohibición y siempre que la policía se limite a realizar funciones que no vayan más allá de garantizar los mínimos transtornos posibles en la jornada para las personas ajenas a las manifestaciones. Y no olvidemos que las distintas policías son un cuerpo al servicio de las autoridades públicas, por lo que la responsabilidad máxima siempre corresponde a estas.

Ninguna imposición, ninguna violencia. No soy ningún experto en anális políticos y sociales, y no quiere perderme en fundamentos filosóficos, que tampoco domino, sobre la pregunta “¿que es imposición? y ¿qué es violencia”? Considero que la mayoría de la población debiera saber discernir entre estos aspectos, y saber, aunque solo fuera de manera intuitiva, cuando se producen cualquiera de estos hechos. Algunas situaciones de este tipo las tenemos todos claras: matar a un ser humano es violencia, torturar a un ser humano es violencia; querer mantener determinado status político es imposición, negarse a desaparecer de la escena contraviniendo los deseos de la mayoría de la ciudadanía es imposición. Ayer decenas de miles de personas se manifestaron en contra. Que tomen nota quienes están obligados a hacerlo.

Sí a los derechos humanos, civiles y políticos. Para que una sociedad pueda desarrollarse libremente es fundamental que esté amparada por unos mínimos que, de forma paradójica, raramente se dan de manera conjunta en las llamadas “sociedades libres”. Toda sociedad que no respete y ampare al individuo de manera particular, y a la propia sociedad de forma conjunta, es una sociedad enferma. Atajar una enfermedad requiere de un tratamiento específico, y la primera premisa de este tratamiento pasa por la educación. Dificilmente respetaremos al adversario como ser digno de respeto si no tenemos asumido que este principio es válido para tod@s y en todo momento. Dificilmente podremos pedir respeto a nuestros derechos si previamente no respetamos los derechos de los demás. Dejemos de buscar causas para “defendernos de los ataques del adversario” y empecemos a buscar causas para “convivir de forma pacífica con el adversario”.

 Foto: Gara

El problema español

16.07.2010 (10:30 am)
Joxerra Bustillo Kastexana
Joxerra Bustillo Kastrexana

El reciente triunfo de la selección hispana de fútbol vuelve a poner sobre el tapete el conflicto político existente: el denominado problema español. Después de siglos de dominación sobre pueblos diferentes, como el vasco y el catalán, Castilla/España no ha logrado asimilar dentro de su concepción identitaria, unívoca y poco atrayente, a las mayorías ciudadanas de estas dos naciones sin Estado. Por muchas vueltas que se le quiera dar, por muchas portadas grandilocuentes en los diarios capitalinos, por muchas narraciones al estilo No-Do en emisoras de radio y televisión, vuelve a demostrarse que en Euskal Herria y Catalunya los corazones laten con otro diapasón. Es este y no otro el dilema a resolver.

Además, después de recorrer laberintos jurídicos, propuestas y contrapropuestas, proyectos y remodelaciones, enmiendas y cepillados varios, el Estatut catalán ha sido estoqueado por el Tribunal Constitucional español como si de un Miura se tratara. Aquí sólo hay una nación, la sola nación española, y los demás es adorno, perifollo, en resumen, coros y danzas interpretando sardanas en la Plaza Mayor.

No creo pecar de futurólogo si afirmo que el desencuentro España-Catalunya y el desencuentro España-Euskal Herria tan sólo se pueden solventar por medio del diálogo entre las partes. Pero de un diálogo con contenidos, no en el basado en cuatro frases hechas en las que Madrid mantenga que la Constitución es capaz de albergar en su pluralidad a diferentes naciones y bla, bla, bla. Es más evidente que nunca que no es así, que esas fórmulas inventadas por Suárez están ya caducadas. En su empecinamiento centralista, los integrantes del TC le han dado la puntilla al Estatut y con él han dejado a los pies de los caballos a los sectores posibilistas de PSC y CiU que soñaban con un entendimiento en torno a una especie de España federal.

El problema es que en España no hay federalistas, sino uniformizadores de derechas y de izquierdas, que no son capaces de reconocer de una vez la realidad plurinacional del Estado. Su cerrazón no hace sino expandir las ansias independentistas de catalanes y vascos. Voluntades que, hoy por hoy, no pueden ser expresadas democráticamente en un ejercicio responsable de soberanía en las urnas. Los intentos posibilistas del Plan Ibarretxe y el Estatut, han sido cercenados sin remisión y no se vislumbra en el horizonte ningún líder español capaz de dar un giro copernicano al actual estado de cosas.

La historia nos dice que la paz es el periodo comprendido entre dos guerras. Y nos añade que la violencia ha sido, es y será utilizada como principal arma política por Estados e insurgentes. Por suerte, en Euskal Herria se puede abrir ahora un periodo de paz, por la conjunción de una serie de factores que no tengo aquí espacio para describir. Aprovechemos esta oportunidad con inteligencia. Pero sabiendo que si no se encauza debidamente el problema generador del conflicto, del que ETA no deja de ser un fenómeno derivado, nos esperará una nueva guerra (en el amplio sentido de conflicto), de mayor o menor dimensión, pero de nuevo enquistada en la violencia.

Vuelta de tuerca a la ley de partidos

05.07.2010 (10:18 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

¿Para qué ha servido desde su aprobación hace más de ocho años la Ley de Partidos? Para ilegalizar a un único partido político, nada más. Es decir, la Ley de Partidos es una ley formulada y aplicada con la única intencionalidad de anular derechos civiles de un muy determinado segmento de la población, un segmento de la población independentista, socialista y que se ha resistido a condenar la violencia de ETA, no así otros tipos de violencia.

Tras la aprobación de la Ley de Partidos por el Tribunal Supremo, Batasuna alzó recurso ante el Tribunal Constitucional, optando éste por respaldar la decisión del Tribunal Supremo de ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna, quedando únicamente abierta la posibilidad de recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que, en una sentencia que sorprendió a quienes pensamos que es una ley que vulnera derechos, avaló su contenido.

De todos es sabido que las ideologías no delinquen, delinquen las personas, y para las personas que delinquen, el Código Penal ya está provisto de los mecanismos adecuados para actuar en consecuencia. Se puede, y de hecho se hace con cierta frecuencia, más de la deseable, endurecer las penas que estipula el Código Penal para el castigo de los delitos que cometen las personas, y, en una nueva vuelta de tuerca al despropósito que supone ilegalizar un partido político que no condena un determinado tipo de violencia, en el Reino de España el PSOE y el PP, con el apoyo de Coalición Canaria, hacen posible que el esperpento alcance dimensiones inquisitoriales.

Sorprendente, más teniendo en cuenta que el partido ilegalizado ha comenzado a aplicar los principios que permitirían su legalización a través de la declaración Zutik Euskal Herria (pdf) y con ella dar un paso hacia la normalización política en este país.

O no tan sorprendente.

By any means necessary…

27.06.2010 (7:42 pm)

Galder González Larrañaga
Galder González, internauta

El 2 de abril de 1948 Jean-Paul Sartre estrenaba en el teatro parisino Antoine su obra “Les Mains sales”. En esta obra habla sobre el asesinato de un lider político y toda la trama consiste en saber si el asesinato es por motivos políticos o personales. En esta obra aparece una frase que se hizo conocida en su versión inglesa (Dirty Hands): “By any means necessary”. Por cualquier medio que sea necesario. Jean-Paul Sartre se refería en esta frase a la lucha de clases, que habría que derrocar, según decía su personaje, fuera cual fuera el medio usado para ello.

En 1965 el luchador por los derechos civiles y políticos Malcolm X, cuyo nombre tras convertirse al islamismo era El-Hajj Malik El-Shabazz, pronunció esta misma frase en un discurso que luego se hizo famoso. El discurso terminaba así: “Declaramos el derecho en esta tierra a ser un hombre, a ser una persona, a ser respetado como un ser humano, a obtener los derechos que le corresponden a un ser humano en esta sociedad, en esta tierra, en este día, que intentamos traer a la existencia por cualquier medio que sea necesario”.

En 1992 Spike-Lee dirigió una película sobre la vida de Malcolm X llamada así (Malcolm X, no “así”). En esta película hace un cameo Nelson Mandela, que había sido recientemente liberado tras 27 años de presidio. Mandela interpreta a un profesor de Soweto que obliga a los niños a decir “Yo soy Malcolm X”. Se supone que Nelson Mandela debía decir la frase del propio Malcolm X, pero se negó. No porque no estuviera de acuerdo, sino porque los políticos del apartheid podían usarla contra él. Así la película se acaba cuando tiene que decir esa frase y Spike-Lee mete un video en el que es el propio Malcolm X el que dice la dice: por cualquier medio que sea necesario. Nos puede parecer extraño que una persona que practicara la lucha armada aparezca haciendo un cameo en una película. No lo es tanto: Leon Trotsky también lo hizo 75 años antes, en la película “My official wife”. Desconozco si Ernesto “Che” Guevara aparece en alguna película no destinada a la propaganda cubana.

Años antes el propio Nelson Mandela defendía que había que conseguir la liberación, que había que derrocar el apartheid, por cualquier medio que fuera necesario. Lo dejó claro en su defensa de la lucha armada y en la organización del Umkhonto we Sizwe, una organización designada como terrorista por los gobiernos amigos del apartheid y que asesinó a decenas de civiles en su lucha por lo que creían justo.

Malcolm X y Nelson Mandela no eran los únicos líderes en la lucha de los derechos civiles y políticos que creían en la lucha armada. También lo creía el ejemplo del pacifismo Martin Luther King. Dejando de lado el argumento tipo Godwin de que King decía que habría luchado gustosamente contra Hitler si hubiera podido, nos dejó otras frases interesantes para esta argumentación. En su obra “Where we go” dice: “El debate sobre la cuestión de la auto defensa es innecesario, ya que muy poca gente sugiere que los Negros (sic) no deban defenderse a si mismos como individuos cuando son atacados. La cuestión no es si alguien debería usar su pistola cuando su casa es atacada, sino si es tácticamente deseable usar una pistola cuando se está participando en una manifestación organizada”. Martin Luther King apoyaba las luchas armadas de emancipación en África y, para ello, solía usar una frase de John Fitzgerald Kennedy: “aquellos que hacen imposible la revolución pacífica, harán la revolución violenta inevitable”. En Noviembre de 1962 en una conferencia del American Negro Leadership Conference on Africa (ANLCA), organización que colideraba, habló de que los países africanos que habían conseguido adherirse a la liga de naciones libres (Marruecos, Argelia y Tunez en aquel momento) lo habían hecho gracias a una insurrección armada. Por cierto, que también defendió en esa misma conferencia las luchas de liberación armadas en Angola y Mozambique, y llamó a las armas a todas las colonias africanas de los portugueses.

Todos estos líderes históricos de la no-violencia suelen mamar de Mohandas Karamchand Gandhi, el lider espiritual de la resistencia no violenta. Pues bien, Gandhi luchó en 3 guerras. Y no porque fuera llamado a filas, sino porque era su manera de defender que si quería tener los mismos derechos que un británico también tenía que tener las mismas obligaciones. Participó en la Guerra de los Boer y consiguió que le admitieran a él y a otros ciudadanos de origen indio que vivían en Sudáfrica en el cuerpo de ambulancias. También luchó contra los Zulú en la rebelión liderada por Bambatha kaMancinza de 1906 y a favor de los ingleses en la Primera Guerra Mundial (entonces “La Gran Guerra”). Aunque Gandhi sea tomado como una persona que desterró completamente la necesidad del uso de la violencia, esto no es así. En su libro “No violencia en la Paz y en la Guerra” escribió:

“Creo que donde haya que elegir entre cobardía y violencia sólo hay una opción, yo aconsejaría la violencia… Tomé parte en la Guerra de los Boer, en la llamada Rebelión Zulú y en la [Primera Guerra Mundial]. Así que aconsejo entrenarse en el uso de armas para todo aquel que quiera seguir los métodos violentos. Preferiría haber recurrido a las armas para defender la dignidad de la India que permanecer, de una manera cobarde, siendo un testigo desesperado de su propio deshonor”.

Varias décadas después, en Euskal Herria, un nuevo tiempo político parece estar abriéndose. Un tiempo político en el que la confrontación política, democrática y pacífica es la vía preferida por una de las partes del conflicto. La otra, mientras tanto, prefiere seguir ejerciendo el monopolio de la violencia, encarcelando dirigentes políticos y cebándose con los presos políticos. Es hora de analizar, en esta situación actual, la frase de Sartre: por cualquier medio que sea necesario. Leer toda la entrada

“The whole picture”

08.04.2010 (9:16 am)

José María Ripalda, catedrático de filosofía
José María Ripalda, catedrático de filosofía

En la cadena de televisión Al Jazzira hay un spot repetido que muestra por ejemplo la cara de un bonito niño sonriendo; en una segunda toma más amplia se le ve empuñando un kalasnikov. O bien aparece primero la cara de un anciano apacible y en una segunda toma se le ve rodeado de cadáveres y ruinas, etc. El spot se llama “la imagen entera”.

En realidad la imagen nunca es entera, siempre será a lo sumo un enfoque que tomamos o que aceptamos. También la verdad admite grados, puede ser mucha o poca, compacta o tenue, y encierra el error como una de sus posibilidades propias.

Las “víctimas” son una imagen real, ¿cuál es su imagen entera? Como imagen esgrimida son un modo de seguir la guerra… con imágenes parciales y contenidos implícitos, cuando no ocultos. Incluso hay una “Asociación de víctimas” que da la impresión de un ‘dejà vu’: “los gloriosos Caídos” que me inculcaron en mi infancia como justificación del Régimen frente a sus inexistentes víctimas. ¿No pertenece esto “to the whole picture”?

Las “víctimas” como arma de guerra; pero también como argumento político: Una vanguardia abertzale podrá esgrimir sus víctimas, agravios, sufrimientos e injusticias –porque son muchas,  graves y de un modo u otro nos afectan a muchos- ; pero eso no justificará por sí mismo su línea política y, en su caso,  militar. Del lado de la fidelidad al Estado español, en cambio, se podrá esgrimir las víctimas, pero tampoco eso vale ni para justificar una política ni para darse buena conciencia. Falta siempre “the whole picture”. Nadie podrá presumir de tener la imagen completa. Pero ¿estamos condenados a que la embestida al trapo sea el símbolo común de la piel de TORO?

Tratar de acercarse a la imagen más grande supone mucha voluntad y alguna inteligencia. Y supone también ciertos acuerdos sociales mínimos; no van en esta dirección los signos que vienen de la parte más poderosa en el conflicto, y la hay; tampoco eso se puede enmascarar bajo las “víctimas”.

Se ha sustituido la política por la ética; y se ha declarado al Estado idéntico con la ética, lo cual no sólo es falso, sino inverosímil y desmentido día a día por los hechos. Es decir, se elimina la disidencia de derecho, no sólo de hecho. Y aquí, tras el telón de las víctimas, empiezo a entrever algo todavía más siniestro. Pues el hecho de que se hable tanto de las víctimas, de que sean una imagen tan potente, me sugiere que estará ocultando tal vez cosas más graves incluso que el conflicto vasco. Por de pronto las “víctimas” no son modelos de consecuencia o de acción, sino que se nos presentan como pasivas, en el comportamiento que se espera de nosotros, con cuya santidad “inocente” debemos identificarnos como una especie de yo ideal. ¿No es así como funciona la formación de opinión mediática? ¿No es necesario que así sea ante la brutalidad de lo que hoy ocurre no sólo en Euskal Herria, sino en el mundo, con nuestra pasividad o nuestra participación?

Porque nada va a salvar ni a Euskal Herria ni a España, ambas condenadas, además de ya asoladas por el cainismo. Porque todos estamos arrojados a no ser más que aquello en que nos está convirtiendo la enorme máquina ciega que desterritorializa y reterritorializa el mundo. Su administrador es el consumo indiscriminado, en el que estamos metidos de hoz y coz, como agentes cada vez más clónicos, más odiosos frente a todo lo que perturbe nuestro letargo político. Nos centramos en la imagen parcialísima de nuestro bienestar privado, protegido con un escudo más bien folklórico-policial, y cerramos la foto sin ni siquiera ser capaces de un signo propio resistente a la imagen vacía en que nos convierten.

Sólo en zonas marginales –geográfica o/y socialmente- veo la posibilidad de que se generen nudos de resistencia activa. España fue uno de esos lugares antes de ser exterminada por quienes han configurado la de ahora; sólo existe ya su simulacro, rabioso cuando se siente llamado por su nombre, pero también rabioso con los muchos brotes en él que ni el fuego consiguió eliminar. Y Euskal Herria me parece ese lugar de resistencia mucho menos de lo que tendemos a creernos los vascos, si se me permite hablar así.

Nos van a ofrecer de  nuevo LA democracia, SU democracia, la democracia MUNDIAL, que no podemos aceptar. Hará falta inteligencia para ir encontrando  caminos que no podemos prever, pero en los que algunos sabemos lo que no vamos a aceptar nunca y en los que sabemos cada vez con más precisión dónde está el  enemigo, sin situarlo cerca en la casa de al lado, sino siempre también más cerca, incluso en la propia.

Modos de encuentro

04.03.2010 (11:41 pm)
Javier Sádaba, filósofo

Diálogo, convivencia, reconciliación, etc., son conceptos densos, con una larga tradición. El hecho de que estén muy usados corre el peligro de que o bien se degraden o  formen parte de una manera de hablar sin contenido. De ahí que en determinados momentos sea bueno pararse y pensar si no es mejor dejar descansar los argumentos que utilizamos con frecuencia o las palabras que, repetidas una y otra vez, pueden llegar a saturar los oídos de muchos que esperan algo nuevo, menos manido; y es que  machaconamente repetidas se convierten en palabrería. Porque pierden su contorno, señalan de modo cansado a los hechos y se van vaciando poco a poco de su significado original. No quiere esto decir que haya que encogerse de hombros, escudarse en un mutismo indiferente o renunciar a señalar aquello que nos parece de interés. Se trataría , más bien, de un silencio pleno del que, en su momento, saldrán las palabras adecuadas, de seleccionar éstas de forma que, diciendo lo menos, obtengamos el máximo de comprensión.

El lenguaje, sin embargo, es ciego si no está atado a las actitudes de quienes hablan. En este sentido, y en Euskal Herria, además del silencio aludido o de la frase oportuna, lo que habría que hacer es modificar nuestras actitudes. Sin perder los principios que uno cree justos y apoyándolos una y otra vez en razones, la cuestión es actuar sabiendo que raramente se logrará dar con verdades rotundas, que nos confundimos con frecuencia o que nuestros mejores ideales están teñidos de prejuicios. De ahí la conveniencia de unir, artísticamente, la firmeza en lo que se defienda (en este caso, unos derechos que no se ve por qué haya que renunciar a ellos) con la oposición a cualquier dogmatismo. El dogmatismo, provenga de donde provenga, seca las relaciones humanas. Peor aún, las envenena y rompe todo camino a los acuerdos que, no tenemos más remedio, hemos de lograr los humanos para convivir. <b>Leer toda la entrada</b>