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Los derechos de las víctimas y la convivencia democrática

09.06.2010 (8:56 pm)

Iñigo Lamarca, Arartekoa/Ararteko
Iñigo Lamarca, Ararteko

Orain urte erdi, abenduaren 15ean hain zuzen, Javier Elzok Eusko Ikaskuntza-Euskadiko Kutxaren 2009ko saria jaso zuen, Donostiako Miramar jauregian izan zen ekitaldi eder batean. Maila handiko epaimahai batek −askotarikoak eta independenteak− aukeratu zuen egunetik egunera ospe handiagoa duen intelektual hori. Goi mailako hitzaldia irakurri zuen, eta hitzaldi hura hedabideen artean nabarmendu ez bazen ere, aretoa bete zuen jendeak eskuak mintzerainoko txalo zaparrada eskaini zion.

Gaurkotasun izpirik galdu ez duen hitzaldi hartan, hizpide izan zituen bakea, bizikidetasuna, zentzuzko elkarrizketa, bidegabekeriei ordaina ematea, egia historikoa eta memoria, biktimak eta biktima-sortzaileak, adiskidetzea eta abar, eta, nire ustez, giltza nagusiak aipatu zituen Euskadin, pixkanaka, gizakien biziak eta oinarri-oinarrizko eskubideak suntsitu dituzten izugarrikeriei ausardiaz eta prestutasunez begiratuko dien gizartea eraikiz joan gaitezen. Neure egin ditut haren azalpenak, eta lehen pertsonan adieraziko ditut, itzal handiko beasaindarraren atzean ezkutatu gabe.

El Parlamento Vasco dio un paso de gigante cuando aprobó en junio de 2003 una Proposición No de Ley, por una abrumadora mayoría, para impulsar una serie de iniciativas dirigidas a las víctimas de los grupos terroristas que han operado en Euskadi. Una de esas iniciativas se plasmó en la ley 4/2008 de reconocimiento y reparación de las víctimas aprobada por PNV, PSE, PP, Aralar, EA y EB, que constituye una formidable herramienta, por su magnífico contenido y por el valor del consenso, para avanzar hacia un escenario en el que las víctimas de todos los grupos terroristas (no hay duda, como lo decíamos en nuestro informe, de que los destinatarios de la ley son todas ellas) vean plenamente reconocidos sus derechos a la verdad, memoria, dignidad, reparación y participación, al tiempo que se profundiza en la deslegitimación de la violencia terrorista y en la asunción de los valores democráticos basados en el respeto a los derechos humanos. Nos urge que ETA desaparezca y con ello la amenaza de muerte que pesa sobre decenas de miles de personas, pero al mismo tiempo debemos hacer un esfuerzo notable por avanzar en el reconocimiento y reparación de las víctimas de los demás grupos terroristas (BVE, GAE, GAL etc.), que han estado –y siguen estándolo- bastante olvidadas.

La convivencia democrática deberá estar basada en Euskadi, para que sea sólida y justa, en el tándem formado por la vigencia plena de los valores democráticos, de una parte, y de otra el reconocimiento de los derechos anteriormente referidos de las víctimas de los terribles episodios de violencia que han asolado nuestra en las últimas décadas. En este sentido, debemos significar que el franquismo no ha saldado aún sus deudas, y las víctimas de la brutal dictadura esperan el turno para que la verdad y la justicia salgan por la puerta grande de la democracia.

Otro colectivo que aguarda su momento es el constituido por las víctimas de las torturas y malos tratos. y de los excesos policiales. La Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco aprobó, justo una semana después del discurso de Elzo, una Proposición No de Ley sobre víctimas de vulneraciones de derechos humanos derivadas de la violencia de motivación política y lo hizo por unanimidad, instando al Gobierno Vasco a que presente un informe en el plazo de seis meses. Hay que recordar que la dirección de derechos humanos del anterior Ejecutivo ya realizó un estudio que recogía las vulneraciones de derechos y las víctimas producidas por la práctica de la tortura, las penas de muerte dictadas por Franco, la acción de grupos parapoliciales y ultras, las desapariciones y las personas muertas y heridas por intervenciones policiales (mención expresa merecen a este respecto los terribles sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz).

Abordar todas las cuestiones señaladas y conseguir lo antes posible la desaparición de ETA. así como la implantación plena de los derechos de las víctimas de los cuatro grupos referidos, no será tarea fácil, de ninguna de las maneras, y habrá que trabajar con inteligencia, con tesón y procurando consensos políticos y sociales lo más amplios posibles, pero en cualquier caso hay razones fundadas para la esperanza y el optimismo. Con la directriz del imperio de los derechos humanos y con mucha humanidad, como decía Elzo, lo conseguiremos.

¿Memoria compartida?

06.04.2010 (9:34 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

Víctimas: una de las realidades que con más fuerza ha traspasado éticas, sentimientos, debates, alineamientos y actuaciones políticas y sociales: “mis” víctimas…, “las otras” víctimas, “las” víctimas piensan que…; son víctimas de un conflicto político, son víctimas de una banda de delincuentes asesinos; víctimas hay en todos los lados, no compares unas y otras, víctimas somos todos; víctimas olvidadas y luego homenajeadas, víctimas ignoradas y que así siguen estando; víctimas de primera, víctimas de segunda, las que ni siquiera se las considera como víctimas, las que no se consideran a sí mismas víctimas; víctimas utilizadas políticamente, políticas distintas para el mismo tipo de víctimas…

El nuevo decreto que regula la Educación Primaria y Secundaria, en el que se establece el currículum respecto a las víctimas, tiene como objetivo “garantizar una enseñanza despejada de carga ideológica identitaria”, en palabras de la consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celaá (30 de marzo). Un mes antes, el 21 de febrero, Carlos Urquijo, en nombre del PP, solicitaba que la reciente publicación “Vidas Rotas” (Espasa, 2010) fuera incorporada como material didáctico escolar en centros y bibliotecas. En el preámbulo de este libro, Fernando García de Cortázar escribe que “defender a las víctimas del terrorismo es, en España, defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación” (p. XX).

No todos los sufrimientos son iguales. Ni sus causas. Vale. Pero hay muchos tipos de sufrimientos y muchas víctimas, incluso dentro de cada uno de los lados. Negarlo y no reconocer a los demás no significa que no existan: “Nuestras víctimas tenían nuestras convicciones” (p. XIX) o “(…) la calidad verdadera de nuestras víctimas es haber querido ser españoles” (p. XVII). ¿Se las despeja así de carga ideológica identitaria?

Hagamos memoria, aunque nos duela: en estos momentos hay seis personas desaparecidas: Fernando Quiroga, Jorge García, Jon Humberto Fouz, Eduardo Moreno, Joxe Miguel Etxeberria y Jean Louis Larre. Ninguna de ellas había cumplido los 30 años cuando desaparecieron. Sus familias no saben nada de ellos. Sí aparecieron los cadáveres de José Luis Martínez, Jesús González, José Ignacio Zabala, José Antonio Lasa o Jon Anza… Tampoco me olvido de todos esos miles de cadáveres que están enterrados en cunetas y fosas sin que, más de 70 años después, sus restos hayan sido recuperados y devueltos a sus familias

Según la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo,[1] las distintas ramas de ETA y CAA han matado a 829 personas: (486 miembros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Policiales y 343 civiles) en alrededor de 3.600 atentados, que han causado también 2.400 personas heridas. Entre los dos informes de la DVAT[2] y de DDHH[3] del Gobierno vasco sobre víctimas de vulneraciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, son 175 las personas muertas por la violencia policial y de los grupos parapoliciales o de extrema derecha. También se recogen en el segundo informe 600 casos de personas heridas y ejemplos representativos de las miles de personas que han denunciado haber sido torturadas. Según fuentes, entre 5.500 y 7.000 casos

Contamos además con personas amenazadas de todo tipo, con más de 2.000 personas con guardaespaldas, cientos de niñas y niños huérfanos, personas destrozadas física y psíquicamente por atentados o situaciones violentas de diverso signo, violaciones sexuales con motivación política, secuestros con derivas diferentes, agresiones de índole distinta, muchos casos de impunidad

¿Se puede seguir patrimonializando a unas u otras víctimas? ¿No deberíamos hacer una verdadera revolución cultural y reconocer el sufrimiento de los demás?, ¿reconocer que ya va siendo hora de recomponer nuestro tejido social?, ¿que no se debe permitir ni una víctima más, de ningún tipo, empezando por el derecho a la vida? ¿No debería el Estado reconocer su papel en muchas de las violaciones de derechos humanos y actuar en consecuencia? ¿No ha llegado el momento de recuperar y reformular de nuevo la política pública de víctimas desde una visión integrada en la amplia normativa de derechos humanos existente a nivel internacional y que no sea partidista? ¿No ayuda a la convivencia y a consolidar un proceso de paz una visión integral e inclusiva respecto a todas las víctimas?

[1] http://www.mir.es/DGRIS/Terrorismo_de_ETA/ultimas_victimas/p12b-esp.htm
[2] “Informe sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, de extrema derecha y el GAL” de la Dirección de Víctimas de Atención al Terrorismo (DAVT) del Departamento de Interior del Gobierno Vasco, junio de 2008.
[3] “Informe sobre Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos derivadas de la Violencia de Motivación Política” de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, junio de 2008.

Cuestión de confianza (e intereses)

16.03.2010 (9:40 am)

Ion Andoni del Amo
Ion Andoni del Amo

Desconfianza. Y uno en estos días de revival ochenteno asocia la palabra directamente a ‘versiones oficiales’. Pues no, no vamos a ir por ahí, porque esa asociación ofrece pocas dudas, en proporción inversa a las que rodean las versiones oficiales, que son muchas y profundas. Pero hablaremos de otra desconfianza, la aludida en algunas de las valoraciones acerca de la nueva situación que puede abrirse tras la apuesta de Ezker Abertzalea por la apertura de un proceso democrático. A ello le suele seguir una enumeración de ‘pruebas del algodón’ y una conclusión de que en tanto no se cumplan, lo más conveniente resulta esperar y no desatar expectativas de paz que pueden resultar frustradas.

La experiencia de procesos pasados, que parecían los definitivos y acabaron frustrados, puede llamar, en efecto, a la prudencia, cuando no desconfianza. Sin embargo, también es igualmente cierto que tales procesos no pasaron en vano y todos hemos sacado (o deberíamos) las lecciones pertinentes. Y por eso mismo, hemos de desconfiar también de algunos de los discursos de la desconfianza: ¿todas las dudas actuales son tales, o algunas esconden detrás determinados intereses?

Resulta innegable que sobre la mesa está también en juego desde hace un tiempo cómo se reconfigura ese escenario de proceso democrático post lucha armada. Si posibilita la articulación de un movimiento independentista potente (estrategia planteada por Zutik Euskal Herria), o bien deviene en una desarticulación del mismo (la estrategia de la ‘deslegitimación de las ideas que lo sustentan’, en la versión fuerte de Mayor Oreja o más suave del actual Gobierno Vasco). Esos intereses políticos – y otros más partidistas – también están en juego, como no podía ser de otra forma en un conflicto de trasfondo político. Por eso no todas las alusiones a la falta de confianza son desinteresadas, y eso hay que tenerlo también en cuenta. En juego está el éxito social del relato, y las organizaciones, sobre los que se asiente la apertura de un nuevo ciclo. En el mismo sentido pudieran situarse las recientes operaciones policiales y el relato de Rubalcaba al respecto: anticipar una eventual decisión de ETA como producto de una derrota policial antes que como fruto de la decisión unilateral de la izquierda abertzale.

La voluntad expresada en ‘Zutik Euskal Herria’ parece sincera y, en cómo se ha producido el debate y su profundidad, diferente de procesos anteriores. Aún respaldada por ETA con una eventual decisión en el mismo sentido, tampoco supondría la paz por sí misma. Pero abriría un camino, un proceso, que podría ser impulsado por la sociedad vasca. ¿Significa esto que todas las desconfianzas son interesadas e infundadas? No, pero sí que las hay. Aún así, ¿resulta más prudente esperar entonces a que todo esté ‘atado’ y claro? Si algo puede afirmarse característico de las acciones humanas son sus consecuencias no esperadas. Nunca vamos a tener una certeza completa de que las cosas van a ir en el sentido que se pretende, aunque éste sea claro y sincero. Pero esto no debe ser un impedimento para la acción, sino todo lo contrario. Porque también es algo determinante el carácter preformativo de las definiciones que los sujetos hacen sobre la realidad: crean al mismo tiempo esa realidad. De ahí que el juego de intereses dispute las lecturas de la realidad y juegue con las desconfianzas. Porque si creemos, aun con cautelas, que hay elementos para abrir una nueva etapa, y actuamos en consecuencia, estaremos al tiempo favoreciendo que se produzca.

Libertad para los líderes de la Izquierda Abertzale tradicional

15.02.2010 (1:13 pm)

El pasado 13 de octubre el juez Baltasar Garzón ordenó la detención de destacados líderes de la Izquierda Abertzale tradicional como Arnaldo Otegi y Rafa Diez. Recientemente les ha comunicado su procesamiento. Al mismo tiempo, dirigentes de Batasuna encarcelados hace más de dos años han sido puestos en libertad bajo fianza con la expresa prohibición de participar en actividades políticas.

En estas circunstancias, Lokarri puesto en marcha una campaña para pedir su libertad con un doble objetivo: 1) exigir el respeto a las libertades democráticas básicas de los líderes de la Izquierda Abertzale tradicional y de este sector político en su conjunto y 2) reivindicar que cesen los obstáculos para que puedan definir una nueva estrategia política.

El texto de la petición dirigida a la Audiencia Nacional y a los Gobiernos Vasco y Central puede firmarse en la página de Lokarri.

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