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Les está llegando la hora de la verdad

10.09.2010 (12:04 pm)

Iñaki Anasagasti
Iñaki Anasagasti, le prozac

Tras los últimos escarceos de ETA para ganar tiempo y no dar el campanazo final, la iniciativa ya no la tienen unos estrambóticos encapuchados sino la posible valentía de gentes varias de HB, ANV, ELA y LAB que decidan de verdad hacer política institucional con los elementos que hay a mano y en los marcos en los que nos desenvolvemos todos, a pesar de que no sean los que nos gustan.

Es fácil demostrar que la acción de ETA estos años ha ido consolidando una Navarra autonómica singular muy alejada de la Comunidad Autónoma Vasca. No era ese el caso en el año 1977 cuando era Araba a quien no le gustaba la cercanía política con Bizkaia y Gipuzkoa, Navarra, una de las reivindicaciones más esgrimidas por la llamada Izquierda Abertzale se encuentra mucho más debilitada gracias precisamente a la acción criminal de ETA. La misma presencia de un gobierno frentista español en Ajuria Enea tiene como causa la existencia de un terrorismo que le ha servido de coartada al viejo partido socialista para ir difuminando sus perfiles vasquistas y obreristas y poder pactar con su mortal enemigo en Madrid.

Estamos pues ante tres hechos inconmovibles a la hora de analizar el gran fracaso de la actuación de ETA en treinta años: cientos de familias golpeadas por un asesinato o un acto violento, una Navarra a años luz del escenario vasco, un gobierno frentista español en Ajuria Enea, sin contar el inmenso tiempo perdido, las cientos de baldías manifestaciones, la herida de las cárceles y la pérdida de una mínima cohesión en el abertzalismo.

Estos, para mí, son hechos irrefutables que bien haría ETA y su ETA sociológica en analizar. No fueron ellos los que crearon el nacionalismo vasco en 1895 en lucha contra el agresivo nacionalismo español y el francés. Un mínimo de autocrítica creo que se impone para no volver a caer en los mismos errores. Decía Chesterton del comunismo y del calvinismo: “Agotan sus dogmas y los llevan a la extenuación, hasta convertirlos en pesadilla”. Buena definición de lo que han sido estos treinta años sin querer quitar un ápice de responsabilidad a unas estructuras impuestas y salvaguardadas por una Constitución española que encarga al ejército la defensa de sus fronteras y la unidad de una “patria común e indivisible”. Ya lo sé. No hace falta que me lo recuerden los que se dan con la capucha en el muro. Prefiero utilizar una mínima inteligencia política para tratar de avanzar ante hechos que están ahí. Y la violencia y el terror, salvando consideraciones éticas, se ha demostrado como un inmenso error, una miserable pérdida de tiempo, un envilecimiento en las relaciones atrincheradas, gentes uniformadas en su vestimenta, haber pasado de despreciar la presencia en las instituciones a sufrir las consecuencias de una injusta y rechazable ley de partidos y estar políticamente como locos para poder participar en las siguientes elecciones legislativas municipales y a Juntas Generales y un infantilismo político típico de adolescentes que a mí me espanta y que tiene pocos visos de curarse en pocas semanas.

Estos pasados días hemos visto en la Casa Blanca al Presidente Obama sirviendo de anfitrión al premier israelí, el muy halcón Netanyahu y al presidente de la Autoridad palestina Abu Amas. Saben que tienen que ceder o seguir con esa guerra hasta el fin de los siglos y si bien Israel no quiere cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas, como Marruecos con el Sahara, algo han de hacer si quieren vivir mínimamente con una cierta tranquilidad mientras la acorralada Hamás grita la destrucción total del enemigo judío.

Pero lo que me llama la atención de este hecho es el seguimiento y la simpatía que despierta en Euzkadi los que inconscientemente llevan anudado al cuello el pañuelo palestino, aquel foulard que el insensato de Arafat esgrimía como bandera de su causa a la que no quiso enrumbar por miedo al vacío y por preferir morir de mala manera en su Mukata, antes de negociar absolutamente nada serio para su pueblo. Y sin embargo es Arafat la figura más atractiva para el mundo de HB, lo mismo que el actual líder de Hamás.

Leía sobre estos asuntos un valioso análisis hecho por Marcos Aguinis en el diario La Nación de La Argentina.

“Un ejemplo perfecto de “atrasismo” lo ofrece ahora la Franja de Gaza, decía. Empecemos por reconocer la legitimidad de sus habitantes por conseguir la autodeterminación porque nunca, nunca desde los tiempos de los filisteos, habían gozado de entera libertad. Después del mandato británico cayeron bajo dominio egipcio por dos décadas. En ese período no se les facilitó la autonomía ni el progreso, sino que se los utilizó para hostilizar a las poblaciones civiles de Israel. Aumentó la pobreza y no se permitió que los refugiados de la guerra se integrasen al mercado. Luego cayeron bajo el control israelí. Tras varias décadas de una convivencia aceptable, que incluía trabajo para cientos de miles en la misma Israel y los beneficios de sus hospitales, universidades, provisión de insumos y comercio bilateral, surgieron los antagonismos. Unos diez mil israelíes construyeron en ese territorio varios asentamientos que lograron un despliegue alucinante, porque hasta exportaron flores a Holanda y quesos a Suiza. ¡Desde la Franja de Gaza!. Los reclamos para terminar con la ocupación israelí, sin embargo, hicieron que un duro como Ariel Sharon decidiese retirar todas sus fuerzas e incluso sacar de los pelos y las orejas a los colonos judíos. Gaza se convirtió en un territorio Judenrein (limpio de judíos).

Terminó la ocupación, a la que se le echaba la culpa de todos los males. Sharon tuvo la esperanza que de ahí nacería un significativo avance hacia la paz. Pero Gaza no se convirtió en la piedra basal de un Estado palestino fraterno y progresista, sino en la plataforma de lanzamientos de inclementes misiles. Hace poco visité Sderot, cerca de la frontera, y vi una cantidad impresionante de esos misiles, disparados contra centros comerciales, hospitales y escuelas. Vi también los búnkeres donde huyen a refugiarse cada vez que suena la alarma. Del lado de Gaza, en cambio, no hay refugios porque usan de escudo humano a la población. Si mueren muchos, mayor será su éxito mediático.

Advertí que en Gaza se practica el “atrasismo” en plenitud. No se construyen centros turísticos, ni aprovechan las bellezas del mar, ni los descubrimientos arqueológicos, ni las fértiles huertas y granjas que habían construido los israelíes, ni se marcha hacia una producción que lleve a la prosperidad del pueblo. Al contrario, se gastan millones de dólares en misiles y en demostraciones estériles. En aumentar el atraso. Antes de que Hamas tomase el control, no había “crisis humanitaria”. La crisis fue creada por el gobierno fundamentalista, precisamente, después de rebelarse contra la Autoridad Palestina y asesinar a un centenar y medio de sus funcionarios. No aceptan la solución de dos Estados (uno judío y otro árabe) porque sólo quieren la destrucción del envidiado y exitoso Israel. Su objetivo es destruir, no construir. Echan la culpa al otro e invocan el bloqueo, olvidando por qué nació. Antes de que empezaran a disparar su lluvia de misiles no había bloqueo alguno. Incluso en las actuales circunstancias ingresan a diario en la Franja de Gaza camiones con toneladas de insumos israelíes, que incluyen alimentos, vacunas y artículos medicinales. Muchísimo más de lo que podría aportar la más nutrida flota extranjera. He visto también a numerosos habitantes de Gaza en los hospitales israelíes.

La aún parcialmente ocupada Cisjordania, por el contrario, dejó de enviar criminales suicidas y se dedica a progresar en serio. Por haber disminuido la corrupción y dejar de llamar a la guerra, su crecimiento llegará este año ¡al 10%!. Ahí comienzan a ponerse las bases de un brillante Estado palestino.

Pese a estos datos, el “atrasismo” de Gaza convoca más simpatías. Y estas simpatías sabotean el progreso, eternizan al atraso. Quienes de verdad aman a los palestinos deberían exaltar el modelo de Cisjordania y condenar el de Gaza. No es fácil, sin embargo, desprenderse de la confusión que el “atrasismo” genera. Es una diabólica trampa de la que ni siquiera pueden liberarse muchas mentes lúcidas”.

Me parecieron valientes estas reflexiones aún a pesar de que sería tildado Aguinis de pro israelí y poco menos que de agente del Mossad, algo que, en el cerrado, endogámico y poco oxigenado mundo de la mal llamada izquierda abertzale se usa para anular cualquier análisis que no les dé a ellos la razón absolutamente en todo.

Por eso digo que les ha llegado la hora de la verdad. El seguir actuando con la mentalidad de Hamas o tratar de verdad de hacer política en serio y eso supone aceptar las reglas de la democracia. Y este debate para mí, en este momento, tiene más importancia que saber si ETA ha decidido o no dejar las armas. Porque es la clave.


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