La estación abandonada
25.02.2010 (12:39 pm)

- Pablo Aretxabala, Hontza

Ahí sigue, a sus 51 años, sentada en un desvencijado banco del andeń nº 2 de la estación de Canfranc, esperando un tren que ya no llegará, un tren victorioso de banderas rojas revolucionarias e ikurriñas liberadas.
Ahí sigue esperando, en esa especie de cápsula detenida en el tiempo con forma de estación de la que ya no sale ni llega ningún tren porque sus vías ya no encajan con las que utilizan los trenes modernos, y porque ya nadie quiere pasar por Canfranc.
En el pasado unos pocos trenes pasaron por la estación, pero ninguno era el de la victoria y ella los dejó pasar todos y cada uno, esperando que el siguiente fuera el deseado, pero no, no era; y ahora se pregunta a escondidas de sí misma si no habrá tirado por la borda todo este tiempo, sino será cierto que fuera de la estación la vida sigue y que ya nadie la espera.
Son pensamientos dolorosos que tiene que acallar con firmeza; ahora no puede flaquear, después de tanto tiempo, pero… ¿y por qué no rendirse a la evidencia? ¿para qué seguir esperando un tren que en el fondo sabe que no llegará?… aún tiene vida por vivir y podría empezar de nuevo, intentar ser feliz otra vez, volver a su pueblo y tener compañía, amigos, quizá incluso una familia… quizá…
Hoy no, hoy seguirá esperando que llegue su tren soñado, pero quizá mañana reúna las fuerzas para hacerse cargo de su vida, salir a pie de la estación y… sí, quizá mañana.






