Cuando las cosas son al revés de lo que parecen
27.03.2011 (10:12 pm)

- Jordi Armadans, director de Fundació per la Pau

Es precisamente ahora, tras la decisión del Tribunal Supremo (TS) de no permitir a Sortu presentarse a las próximas elecciones, cuando vemos más claramente los peligros de la Ley de Partidos. La nueva ley nos fue presentada como una herramienta para proteger a la democracia. Pero, la reiterada insistencia en el discurso de las excepciones, al final, siempre conduce a eso: a reducir y dañar seriamente el juego democrático y la pluralidad social y política. Y, tal como se ve, al final esas decisiones tan importantes se toman más en función de estados de ánimo o voluntades políticas que por un análisis estrictamente jurídico.
Pero, más allá del debate legal y de la reflexión sobre la profundización democrática, hay algo que encuentro paradójico en el debate que hemos vivido estas semanas previas y, ahora, con la noticia de la decisión del TS he vuelto a comprobar. Parece que la gente más distante de la izquierda abertzale y más desconfiada con su apuesta, están contentos por la decisión del TS. En cambio, la gente más cercana se muestra descontenta y apesadumbrada.
Obviamente, en parte es lógico. Pero, en el fondo, es más bien al revés. Porque, a veces las cosas no son lo que parecen. O generan consecuencias contrarias a lo que se pretende. Veamos:
-impidiendo la presencia electoral de Sortu, se transmite la sensación que el problema no es la violencia sino el proyecto o, en este caso, los orígenes del proyecto. Con la ilegalización, los discursos más duros y victimistas de los sectores refractarios al cambio de estrategia podrían verse reforzados y así, poner más dificultades al proceso de desvinculación de la izquierda abertzale respecto a la violencia.
-En cambio, si Sortu hubiera sido legalizado, la presión ciudadana, social, política y mediática sobre todo lo que hubiera dicho o dejado de decir Sortu y, claro está, en el caso que ETA hubiera vuelto a la violencia, hubiera sido brutal. En el fondo, la legalización era la mejor prueba para asegurarse que el viraje de la izquierda abertzale iba en serio y casi un seguro que evitaba su vuelta atrás.







