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Juventud y víctimas en Irlanda del Norte

03.12.2011 (6:03 pm)

El segundo día de la visita a Belfast comenzó con una recepción del Alcalde de Belfast. Es un jóven de solo 25 años que destacó que la juventud no tiene que verse como juventud, sino como ciudadanos, siendo su opinión importante. Fue muy clarificador cuando subrayó que la situación ha cambiado mucho para la juventud. Ahora pueden hacer política porque todas las ideas son legítimas y tenidas en cuenta mientras que antes podían terminar en la cárcel o muertos en una esquina.

Después llegó uno de los momentos más emocionantes de la visita. Nos reunimos con Alan, el director de Wave. Su mujer fue asesinada y desde entonces ha hecho su propio camino en relación a la paz. No tenía contacto con la comunidad católica pero puso en marcha Wave como una inciativa capaz de integrar a víctimas de ambas comunidades. Su idea es que las víctimas son víctimas independientemente de quien las haya causado. Para compartir esta iniciativa han decidido “dejar la maleta en la puerta”. Han compartido la sangre y el dolor y ahora quieren compartir el futuro.

Alan se mostró crítico con los Acuerdos de Viernes Santo porque no fueron capaces de abordar el pasado y con la puesta en libertad de los presos pero entendió que era algo necesario para comenzar juntos de nuevo. Sus críticas también llegaron al proceso de desarme aunque lo apoyaron desde la convicción de que “un arma menos, una víctima menos”.

Ahora su asociación está impulsando una campaña para el reconocimiento y reparación a los heridos. Todos firmamos la petición justo antes de que Alan rompiera a llorar al contar que su suegra le crítico cuando decidió entrevistarse con Gerry Adams.

El día terminó con un paseo por algunos de los barrios protestantes y católicos donde aún permanencen los grandes murales que recuerdan a los años del conflito en Irlanda del Norte. Justo antes tuvimos la oportunidad de estar con el director de Relatives for Justice, una organización que atiende a las víctimas de la policia y el ejército. Reivindican su derecho a la verdad, a que se sepa todo lo que sucedió. Considera que la juventud está cambiando porque no ha vivido los años del conflicto. Ahora bien, nos alertó del gran peligro de la paz: “hombres jóvenes desempleados”. Por ello, insistió en lo importante que es implicar a la juventud en el proceso de paz.

A nuevos tiempos, nuevas soluciones

22.03.2010 (9:06 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Es evidente que la sociedad vasca ha cambiado como de la noche al día desde aquellos oscuros años 70 del siglo pasado en los que se desarrolló ETA como un movimiento anticapitalista y de liberación nacional. En aquellos años, vivamos en un mundo bipolar y en las democracias occidentales se gestaron grupos que tomaron las armas contra el capitalismo, como los Baader-Meinhof en Alemania o las Brigadas Rojas en Italia. Aquí en Euskadi, aún bajo el yugo franquista, este movimiento se definió más como independentista que como anticapitalista, más al estilo del IRA irlandés.

Ese mundo ya ha desaparecido, los equilibrios de poder en el planeta han cambiado radicalmente, la economía se ha globalizado, Internet hace que la información sea accesible e inmediata para una gran parte de la población mundial. Y la sociedad vasca no ha sido ajena a esos cambios de modelo y de pensamiento. Y en relación al fenómeno del terrorismo, se ha ido pasando de la aceptación de un primer momento, al desprecio e incluso, y lo que es más grave en mi opinión, a la más absoluta indiferencia.

Los repetidos fracasos de lograr una paz dialogada en Euskadi han dejado a ETA como un raro espécimen en el panorama político europeo. La indiferencia de la sociedad vasca han permitido al Estado implementar herramientas legales de carácter extraordinario para aislar aún más a los que continúan apostando por una vía que hace mucho tiempo que dejó de tener las más mínima posibilidad de cambiar las cosas. Si bien parece que en los últimos meses se están dando pasos para que la política sustituya a la armas definitivamente, el desenlace aún no está muy claro. Faltan actitudes claras y contundentes que rechacen una vía ya obsoleta y que lo único que puede aportar a nuestra sociedad es más muerte y más dolor, perpetuando el círculo vicioso del odio.

La sociedad vasca quiere la paz y parece que ya le es indiferente que el fin de ETA llegue por vías policiales y judiciales, en lugar de en una negociación para la cual ya queda muy poco margen. Si bien en los últimos comunicados de ETA se habla de superar el conflicto y de compromisos con la democracia, se sigue transmitiendo la imagen de una Euskalherria unidimensional e idealizada, donde solamente tienen cabida los principios por los que han luchado durante tantos años.

Mientras esa parte de la sociedad vasca que continua apoyando, o por lo menos justificando, a ETA no acepte que la realidad vasca es plural, que la mayoría de navarros y de los ciudadanos de Iparralde no quieren formar parte de esa Euskalherria mítica que defienden, la salida democrática al conflicto va a ser imposible.

Da la sensación que el abandono de las armas y la apuesta por vías políticas realistas es percibida por ETA como un fracaso después de tantas décadas de lucha. Pero debería ser el principio de una nueva vía, una oportunidad de oro para agrupar a todo el independentismo vasco para lograr avances con la fuerza de la razón y no de las armas. Esta apuesta por la democracia permitiría superar la vieja visión del conflicto limitado a un tira y afloja Madrid-Euskadi. El bacalao ahora se corta en Bruselas y, como no, en Washington, ámbitos a los que es imposible acudir con una pistola en el cinto. Aquí solo vale el respaldo de la ciudadanía en forma de votos.

En definitiva, los nuevos tiempos requieren nuevas soluciones, nuevas vías que superen los conflictos estancados que ya no pueden ir más allá de donde han llegado a día de hoy. Creo que es el momento crucial en que la que tiene que hablar es la sociedad. Ya basta de que todos hablen en su nombre, y mucho menos que maten en su nombre. Que de una vez se nos pregunte a los vascos que es lo que queremos, cual es el modelo que deseamos desarrollar y que se actúe en consecuencia. Nuestro futuro lo tenemos que definir como sociedad madura que somos. No queremos paternalismos ni tutelas. Queremos una sociedad democrática, una sociedad en la que nosotros seamos los que llevamos las riendas. Y, por encima de todo, queremos la PAZ.