bannerbanner



La lucha por la paz

13.04.2010 (8:52 am)

Pere Ortega, investigador de Centre d'Estudis per la Pau
Pere Ortega, investigador de Centre d’Estudis per la Pau

Hanna Arendt nos dejó escrito “de las armas podrá salir el poder, pero nunca saldrá la libertad”. Modestamente me atrevo a añadir, tampoco la democracia.

La historia reciente del siglo XX ha sido profusa en ejemplos que ilustran esa realidad. Hay que observar el fracaso de la violencia armada para aportar igualdad y justicia social a aquellos proyectos políticos que pretendían ser portadores de emancipación. Volvamos la vista a los grupos de liberación nacional o que pretendían una revolución social que llegaron al poder en Argelia, Rusia, China, Camboya y tantos otros lugares mediante la violencia armada; o las múltiples guerrillas que en el planeta intentaron implantar sociedades más igualitarias. En ninguna parte vimos como esos proyectos engendraban democracia o libertad. Quizás alcanzaron algo de justicia social que luego desaparecía por culpa de los errores y horrores cometidos mediante la violencia contra los pueblos que pretendían emancipar.

Y es que la violencia hipoteca el futuro de aquellas sociedades que la utilizan y asienta las bases de una violencia cultural. Una solución impuesta con violencia no acostumbra a ser una solución permanente pues aquellos que pierden los privilegios y son expulsados del poder mediante el uso de la violencia, obtendrán argumentos para rearmarse y convertirse a su vez en contra-violencia perpetuando un ciclo irreversible.

Es decir, si el fin justifica los medios, la violencia, en cualquiera de sus formas podrá ser utilizada por cualquiera de las partes en un conflicto para obtener ese fin. Entonces, y concluyo, no podemos tener la menor duda que la injusticia se encuentra tanto en los medios como en los fines si el uno o el otro están del lado de la violencia.

¿Y de qué democracia o paz estoy hablando? Desde luego no de la democracia formal, pues la democracia como sistema político, a pesar del desarrollo alcanzado, continúa albergando en su seno espacios no democráticos. Espacios donde se ejerce violencia cultural, estructural, social o política. Entonces es una tarea ineludible trabajar a favor de una democracia más profunda, más participativa, que abarque todos los ámbitos sociales y económicos. Sólo entonces conseguiremos una sociedad en paz, es decir, sin ninguna clase de violencia.

Para todos y en todo momento

12.04.2010 (9:16 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 9
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

Declaración Universal de Derechos Humanos

Apelar al cumplimiento de estos artículos de una declaración que fue redactada en su día con más dosis de farsa que empeño en hacerla cumplir puede acarrearme el calificativo de ingenuo. Si la Declaración Universal de Derechos Humanos se viola sistemáticamente en todos los rincones del planeta ¿por qué debiera ser la piedra angular sobre la que construir la paz? Mi respuesta es: porque la interiorización de estos derechos para todas las personas y en todas las circunstancias es la única garantía de una convivencia realmente pacífica. Reivindicar cualquiera de estos derechos cuando favorecen “posturas propias” y obviar estos derechos cuando quienes los perjudicados son “los otros”convierte a quienes así actúan en farsantes. Y en eso precisamente es en lo que se ha convertido la tragedia que vivimos, en una gran farsa, en un gran enredo que sirve para aparentar y engañar. Leer toda la entrada