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Aprender de los errores del pasado

06.07.2010 (11:58 am)

El Disidente
El Disidente

Si algo está quedando claro en estos tiempos de velocidad vertiginosa y contradicciones en torno al terrorismo y su posible desenlace, es que el fallido proceso de paz iniciado en 2006, lejos de parecer un proceso inútil que no valió para nada, ha resultado ser una pieza clave para dar el paso definitivo a un proceso que por fín acabe bien, y es que como dijo Otegi, en el pasado proceso, se hicieron muchas cosas mal, se cometieron demasiados errores que fueron minando poco a poco la confianza entre las dos partes negociadoras, pero si hay que sacar algo bueno de ese fracasado proceso, es que nos sirvió a muchos para identificar por fín, cuales deberán ser las piezas del puzle a colocar en el siguiente, las piezas ya han sido puestas sobre la mesa, quedando hecha la tarea dificil, y dando lugar al sencillo trabajo de, con paciencia, ir colocando dichas piezas, y ese sería el objetivo del próximo proceso de paz.

En primer lugar, y desde mi punto de vista, los errores más grandes que se cometieron en el proceso de 2006 fueron, por parte de la izquierda abertzale, la gran inmadurez con la que afrontaron el reto, no estaba nada claro que la mayoría de sus bases estuvieran comprometidas a la vez en un mismo objetivo que fuera el fin de la violencia, todos sus debates y proposiciones se hicieron de manera interna, siendo opacos al espectador, lo que facilitó a los detractores lanzar bulos en forma de alarmas para soliviantar a la sociedad y sacarla a la calle enfurecida. ETA tuvo en ese proceso el estatus de representante político, el mayor de los errores. A este último gran error que menciono, se le unen también los errores del gobierno, al que hay que achacarle un error de cálculo o quiza de falta de perpectiva cuando en esas reuniones de Loyola, Eguiguren y su pizarra, parecieron ofrecerles el oro y el moro a ETA, ese agente político al que se le estaban proponiendo temas de índole política, como la anexión de Navarra a Euskadi, algo que está recogido en la Constitución española, y que poco a poco, parecio que ETA pasó a aceptarlo como una decisión democrática que debía salir de los navarros, a una imposición en la que con una pistola sobre la mesa dijo “Sin Navarra, nada de nada”. Tras estos tropezones tan preocupantes, el gobierno también pecó de la misma opacidad que la izquierda abertzale, ocultando y negando cualquier filtración salida de esas negociaciones, lo que alimentó más la estrategia de la ultraderecha y multiplicó por dos las reacciones de esta en la calle.

Hoy sin embargo las condiciones son distintas, la izquierda abertzale ha contado con la ayuda desinteresada de prestigiosos mediadores internacionales, y con esa ayuda que jamás será debidamente agradecida, ha limado todas las imperfecciones mostradas en el proceso de 2006. Hoy la IA ha tomado la decisión unilateral de ser ella el agente político que lleve la iniciativa, ha iniciado un debate llebado a cabo por la inmensa mayoría de sus bases, hoy la IA sabe a donde va y cómo va. Tal y como les aconsejó Brian Currin, sus propuestas ya no son opacas ni alimentan malintencionadas sospechas sembradas por la ultraderecha, y como afirmó Pello Urizar hace unos días tras la unión política entre EA y Batasuna, ETA ya no va a ser ni parte ni arte, ni se va a sentar a negociar con nadie ni va a proponer reformas políticas con pistolas encima de la mesa como condición para su desarme.

Es aquí donde se puede dar un punto de inflexión a la posición reaccionaria e inamobible del Gobierno. En un proceso entre dos partes, ambas deben de ceder algo para llegar al entendimiento, y para rebajar el nivel de desconfianza del Gobierno español, existe una pieza clave con la que creo, empiezan a estar de acuerdo muchas personas. Se trata de una cuestión que yo no supe ver hasta que se produjo la última reunión entre el Lehendakari Ibarretxe y Zapatero, recuerdo como Zapatero se tapó los oidos ante sus palabras, cómo salió Ibarretxe igual que había entrado, con la negativa del presidente a hablar con un político demócrata, elegido por la mayoría de vascos, de aquellas cosas en las que no había tenido reparo en hablar con una organización terrorista, a quien nadie ha elegido democráticamente y representaba a una cantidad mínima de vascos. Fue ahí cuando me di cuenta de lo tremendamente erroneo que había sido, en primer lugar, considerar a miembros de ETA como agentes políticos, y segundo, tratar con ellos temas políticos que a la postre, se le niegan al presidente electo de los vascos.

Por tanto, teniendo claro que ese error no debe cometerse otra vez, el factor clave que puede hacerle al Gobierno bajar del monte es, dejar claro con la misma transparencia que se ha llevado hasta ahora, que, en primer lugar, ETA ya no va a llevar la batuta en la negociación y solamente va a ser un espectador que deberá asumir la decisión tomada por toda la base de Batasuna, y en segundo lugar, que en el próximo proceso de paz, no se tratarán temas políticos, como el derecho a decidir, o la anexión de Navarra, se debería dejar bien claro que los parámetros de la negociación no se iban a mover más allá del ámbito de lo que sería organizar el desarme de ETA, el desmantelamiento de todas sus estructuras militares, después la cuestión de los presos, el cómo llevar a cabo el acercamiento de todos ellos y su liberación una vez producido el desarme, y después tratar la reinserción de todos ellos en la sociedad. Sería desde mi punto de vista el mejor paso para acabar con el conflicto, cerrar heridas, cicatrizarlas y hacer borrón y cuenta nueva para iniciar el exitoso camino que está llevando el independentismo en Cataluña.

Puede que a muchos les parezca ceder demasiado por parte de la IA y nada por parte del Gobierno, y que los resultados una vez terminado el conflicto, comiencen con una clara desventaja para la IA, pero a partir de ahí, el movimiento popular sin ilegalizar y sin el continuo estigma de la violencia que el Gobierno explota para beneficiarse electoralmente, irá subiendo como la espuma, y esa subida y esa coyuntura será la que poco a poco, obligue al Estado central a ceder y a tratar temas políticos que de ninguna manera se habrían conseguido en 2006, planteados por una organización terrorista.

Yo también soy insistencialista!

03.06.2010 (9:11 am)

Oskar Matute, portavoz de Alternatiba
Oskar Matute, portavoz de Alternatiba

Hace ya algunos años, los amigos y amigas de Elkarri acuñaron un término que les definía a ellos y ellas y su propio papel en el conocido conflicto vasco. Se definían como insistencialistas. Hacían pues de la necesidad de insistir, una y otra vez, caída tras caída uno de los motores necesarios para que algún día fuese posible alcanzar la paz en Euskal Herria.

Yo comparto con ellos esta visión, y si me lo permiten esa denominación. Creo que en momentos como estos, con perspectivas de resolución más claras que en épocas anteriores, sigue siendo necesario insistir.

Insistir en la necesidad de una paz justa. Una paz que pueda ser presentada por todas las partes involucradas en el mismo como un escenario de ventaja sobre el mantenimiento de la actual situación.

Insistir en el valor de la palabra. El diálogo y la negociación son el camino para la resolución de este y cualquier otro conflicto. Es el uso de estas herramientas para desbloquear situaciones enquistadas la que nos confiere hondura democrática. Aun cuando en este país la alusión a la testosterona tenga más adeptos que el empleo de las neuronas.

Insistir en la posibilidad de que esta vez si sea la definitiva. Son muchos los procesos vividos con final amargo. Hacernos los resabiados para negar las potencialidades del momento presente, desatadas de manera importante, y no hay que negarlo, tras los pasos dados por la izquierda abertzale ilegalizada, no ayuda. Tan solo sirve para investirnos con la triste vitola de videntes del caos.

Insistir en la democratización de la toma de decisión. Los amigos y amigas de Lokarri son un claro ejemplo de cómo es necesario articular una respuesta civil que parta de la misma sociedad civil y que permita al pueblo tomar las riendas del proceso y convertirse en protagonista principal. Esto es más importante si cabe si uno ve cómo los anteriores procesos, bastante opacos, han tenido el resultado que han tenido.

Por eso quiero reclamarme como insistencialista. No me importa que alguien pueda pensar que nuestra buena intención es utilizada por terceros para favoreces estrategias que nada tienen que ver con la paz. Yo insisto en la búsqueda de la paz, del diálogo y la negociación, del derecho a decidir de la sociedad vasca. Y si de esta no lo logramos, no será porque hayamos puesto palos en la rueda.

Me consta que también hay insistencialistas de signo contrario. Aquellos que instalados en el poder,niegan la posibilidad de que se puedan dar avances, los sacan de la ley, los obstaculizan o directamente los niegan. Claro que para muchos políticos, que no todos, el cambio de chaqueta es una práctica inoculada en su ADN. Eso sí a la hora de ponerse medallas los primeros.

Cuanto mejor le iría a este país si todos, repito todos y todas, en todas las facetas de la vida, entendiéramos que la vida y la historia de este país estaba antes de que naciéramos y seguirá después de que nos vayamos. De mientras yo seguiré insistiendo, aunque solo sea por quebrar el pensamiento único.

La construcción de la paz no puede ser una lucha por conseguir o afianzar poder(es): mujeres en procesos de paz

07.04.2010 (9:54 am)

Idoia Llano

Ante las diferentes intervenciones e iniciativas en la construcción de la paz, la ciudadanía, cada uno de nosotros/as, tiene que “poder” sentir, no digo que lo vaya a hacer, pero “tiene” que poder hacerlo, que el alturismo de miras, el intento por conseguir un beneficio para la sociedad es incuestionable.  No se puede dudar de la intención de las personas que negocian o intentan resolver  el conflicto.

Si por casualidad una sombra de duda empaña los objetivos en la negociación, esta nacerá lastrada y con pocas garantías democráticas, y puede que tarde mucho más en convertirse en beneficio social.

La paz y su construcción en situaciones como las que vivimos en Euskadi, son una cuestión socialmente tan crucial, que tocan directamente a los derechos más fundamentales como la vida, en las que intuir que pueden ser puestas al servicio de una agenda (personal o de partidos) de poder, de ambición y protagonismo puede servir para generar desconfianzas difíciles de arraigar.

Creo que algunas mujeres familiares de víctimas del terrorismo desean ante todo olvidar lo que han sufrido, muchas desearán poder perdonar y lo lograrán o …no , otras ni lo uno ni lo otro y otras harán de su condición reivindicación justa y causa social. Leer toda la entrada

Proceso de paz

31.03.2010 (3:38 pm)
Pedro Casas, miembro de Lokarri
Pedro Casas, colaborador de Lokarri

Dice el refrán que “dos no riñen si uno no quiere”. Podríamos aplicar esta filosofía popular a la situación, que ya se prolonga demasiado tiempo, de que “dos no acuerdan si uno no quiere”. Realmente esto ha sido así en las ocasiones anteriores, y no está muy claro que la situación esté cambiando hacia un proceso de paz duradero.

Entre las circunstancias que dificultan el avance hacia un acuerdo podríamos citar:

- El no reconocimiento de la “contra-parte” en el acuerdo.
- La minusvaloración del adversario, o la sobrevaloración propia.
- El peso del sufrimiento pasado, y el temor a defraudar el sacrificio realizado.
- La desmedida ambición que no permite conformarse con los términos de un posible acuerdo.

Para superar estas dificultades, tanto objetivas como subjetivas (en estos procesos a veces las subjetivas tienen más peso que las otras), y que se encuentran presentes en la mesa de negociación, lo aconsejable es mirar adelante y ser capaces de valorar los beneficios futuros que podrán compensar las hipotéticas pérdidas de un posible acuerdo.

El gobierno central parece crecido en su ofensiva, en la que no repara en detalles, ni en consecuencias, ni en los daños colaterales que su proceder pueda tener (o a lo mejor todo esto está bien calculado). Y en estas circunstancias es fácil interpretar esta actuación como provocación, con el riesgo de desencadenar reacciones de imprevisibles consecuencias.

Frente a este escenario delicado, hay que saludar las tentativas por buscar una alternativa política alejada de la violencia y vulneración de los derechos humanos, y que esperemos se abra camino a pesar de las minas que está encontrando a su paso.

No estamos precisamente en el mejor momento para un entendimiento entre las partes, lo que parece abocarnos a un nuevo período de incertidumbre y prolongación del sufrimiento. Por ello hace falta un nuevo protagonismo de otros agentes que puedan contribuir al clima favorable de un necesario proceso de paz, que ayude a superar las desconfianzas y ponga el punto de mira hacia el futuro.

Buenas nuevas para un proceso de paz

16.02.2010 (2:25 pm)

Presidenta de la Sala de lo Social del TSJPV

Me había comprometido a escribir para hoy alguna aportación acerca del proceso de paz en este blog de Lokarri. Conociendo algo el país, acostumbro a posponer el cierre de mis reflexiones hasta el último momento, pues no sería la primera vez que lo escrito carecería de valor y podría resultar, incluso, algo ridículo. La realidad es cambiante, aunque tengo la sensación de vivir una y otra vez la misma película (cortometraje, más bien).

En esta ocasión he acertado al esperar para escribir estas líneas. No tendrían todo su sentido si prescindiera de la declaración “Zutik Euskal Herria” que la Izquierda Abertzale vinculada a Batasuna ha presentado después de un proceso de reflexión interna. Acabo de leer en su integridad la declaración y quisiera destacar algunos aspectos, unos de avance y otros no tanto.

La declaración reconoce que ha sido a través del debate como han descubierto lo que deben hacer, así como sus aciertos y equivocaciones. Es bueno apreciar el valor del contraste de opiniones en libertad.

La declaración manifiesta reafirmarse en el proyecto y en las raíces de la trayectoria de esta Izquierda Abertzale, y dice haber realizado una profunda autocrítica. No es bueno no reflejar sinceramente el resultado de este ejercicio crítico interno. No solamente no es bueno, sino que resta calado a su declaración de intenciones.

La declaración se jacta de que, gracias a la lucha, se ha recorrido el trayecto hasta abrir la opción de la constitución del Estado Vasco y se refiere a avances y victorias parciales y a la respuesta a las embestidas de los Estados. Se refiere al sufrimiento como “la terrible consecuencia de este largo ciclo de conflicto político y confrontación armada”. ¿Es soportable seguir escuchando esta terminología? ¿Es todavía tan difícil identificar a todos los causantes de la injusticia, y no sólo a algunos? ¿Era tan difícil aportar sentimiento a la declaración y plasmar la autocrítica, si es que la ha habido en este terreno?

La declaración apuesta por el cambio, por un proceso democrático, de negociación, acuerdo político y participación popular. Yo me alegro y me sumo a la apuesta.

Y también acudo a algunas de mis raíces, no tan lejanas, en las que, cuando ETA asesinó a dos personas el 30 de diciembre de 2006 y rompió el último proceso de paz, LOKARRI presentó el 28 de marzo de 2007 el Primer Informe de Observatorio Social del Proceso de Paz y Normalización. En aquel Informe se concluía, entre otras afirmaciones, que el proceso de paz tiene prioridad sobre cualquier otra consideración y que ETA debe manifestar con claridad su disposición de poner fin a la violencia para crear las condiciones que hagan posible reconstruir el proceso de paz.

Pues eso, proceso de paz sin violencia, con política y con valentía ante quienes vulneran derechos. La valentía que todavía no permite a esta Izquierda Abertzale levantarse frente a todas las injusticias.

Ah, y prometo, no ponerme, sino mantenerme en pie, zutik, como gran parte de la ciudadanía vasca se ha mantenido gracias a la lucha honesta por los derechos de todas las personas.

Las Condiciones para un proceso de paz

16.02.2010 (11:00 am)

Nynaeve, La Rueda del Tiempo

Frente al proceso de paz hay varias posiciones. Pero la que me interesa analizar hoy es la persona que estando de acuerdo con la existencia de un Proceso de Paz, pone como condición que ETA entregue las armas antes de sentarse a negociar.

Me resulta totalmente irreal que alguien crea o considere que “esto” sea una posibilidad. Ponerle esa condición a ETA es cómo decirle al gobierno que su condición previa es que suelte a todos los presos políticos sin delitos de sangre, legalice a Batasuna y deje en suspenso el resto de ilegalizaciones.

Porque son las bazas que tienen ambos. Pedirle a ETA que deje las armas previamente, es pedirle que se rinda. Ahí no hay negociación que valga, sólo esperar clemencia dado su gesto.

Soy consciente de que en muchos casos “esa condición” viene porque nos la han metido hasta en la sopa. Es más, de primeras uno piensa, que es hasta razonable, y si es tan razonable, ¿por qué no lo iba a aceptar ETA si de verdad tiene interés en un proceso de paz?

Se puede pedir un cese de las hostilidades, de hecho más o menos es lo que pasó en el anterior. Y ninguno lo cumplió.

Creo que en todo proceso de paz se ha aprendido algo que sirve para el siguiente. Espero que tras todos los intentos hasta la fecha, empecemos a estar maduros para que el siguiente sea el definitivo, por eso me parece importante señalar, el poco recorrido que tiene dicha condición.

También es cierto que entre los que piensan que esa condición es indispensable hay dos tipos de personas. Las que lo hacen para rechazar de plano un proceso de paz (saben que no es posible) y las que preferirían que fuera así, pero que si luego se sientan y no se ha dado esa condición, aún aceptarán lo positivo que tiene el que por fin, estén tras una mesa y no parapetados cada uno en su trinchera.