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Gravedad, ¿por qué no “saudade”?

03.03.2010 (9:03 am)
Asier Gallastegi, Korapilatzen.com

Hace unas semanas estuvo visitándonos un amigo. Nació en Madrid pero vive en Cádiz hace años. Allí era tiempo de chirigotas y colores, en Bilbao los coros salían a cantar en la víspera de Santa Águeda.

Fernando, mi amigo, me llamaba la atención sobre lo que estaba viendo y escuchando. Tenía sensación de algo casi religioso; profundo y denso. Yo, que desde pequeño lo he asociado con un rito lleno de encuentros, amigos y disfrute, le escuchaba sorprendido.

El último de estos versos lo escuchábamos desde el ZubiZuri cuando cruzó ouna trainera por debajo de nosotros. Sí, yo también pensaba que sólo nos faltaba encontrarnos con un harrijasotzaile al cruzar al otro lado, pero la verdad es que eso ocurrió así, como os lo describo, y sólo hace unos días.

En la oscuridad y el silencio, el sonido de los remos rozando la embarcación sonaba grave. Volvieron a llamarle la atención el ritmo y el tono. Parecía la misma música. Esta vez yo también me había dado cuenta.

Hay algo debajo de todo esto. Producto de tantas y tantas acciones e inacciones hay un fondo de tristeza, de melancolía. Si en vez de asomarnos desde Artxanda al Nervión y tantas cosas que nos rodean, lo hiciéramos desde el mirador de Santa Catalina al Tajo, lo llamaríamos “saudade”.

¿Y qué hacemos con estas emociones sin nombre?

¿Nos revolvemos hasta expandir el dolor?, ¿lo acentuamos?, ¿lo envolvemos de nuevos dolores y emociones hasta hacerlo irreconocible?… ¿Planificamos una estrategia llena de color para tapar los dolores con alegrías fingidas?…

Esta parte del mundo necesita alguien que le abrace mientras tararea una canción de cuna, y tendrá que ser en euskera para que nos llegue dentro y le permita llorar todo lo que necesita para seguir siendo.
Mi amigo suele repetir una idea y yo la he hecho mía; “el futuro es mestiza”.