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Hagamos presente el futuro

03.05.2011 (1:33 pm)

Bakeaorain
Bakeaorain

Hoy todavía se agolpan sentimientos de rabia e impotencia al ver lo mal que se está gestionando esta oportunidad sin precedentes para lograr una paz duradera en Euskadi. Voy a intentar ordenarlos apoyándome en citas que resumen de alguna manera este sentir. Y es que resuenan palabras y frases de políticos que desgraciadamente distan mucho de los hechos que los acompañan:

La política tiene que ser pedagogía y tiene que ser liderazgo. En parte es hacer presente el futuro, y para eso hay que tener una visión de futuro”, Javier Solana.

La paz no tiene precio político pero la política puede hacer mucho para alcanzar la paz”. Esta es de José Luis Rodríguez Zapatero, ni más ni menos.

Acabo con una cita de Keynes de su obra maestra, las consecuencias económicas de la paz, escrita en 1919 y donde refleja su discrepancia por el Tratado de Versalles que ponía fin a la Primera Guerra Mundial pero que encerraba a su vez el germen de la Segunda, dada la sed de venganza y la humillación a la que se sometió a Alemania. Dice así: “Hay pocos episodios en la Historia, que la posteridad tenga menos motivo para perdonar: una guerra emprendida en defensa de la santidad de los compromisos internacionales, y que acaba con la infracción, por parte de uno de los campeones victoriosos, del más sagrado de esos compromisos”. Basta con cambiar el término “internacionales” por “democráticos” y la cita podría ser tristemente válida para el caso que nos ocupa.

Parece por lo tanto que la paz es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los políticos. Sus cálculos electorales relegan la ética exigible a un segundo plano. La hipocresía y cinismo forman parte de la cultura política. No podemos dejar por lo tanto que esta forma de actuar arruine este momento. Necesitamos pensar la política en mayúsculas, esa que requiere de grandes líderes que hoy brillan por su ausencia. Huérfanos como estamos, no podemos resignarnos a la mediocridad, no nos lo merecemos y en nuestras manos está cambiar las cosas.

No se trata en cualquier caso de caer en la provocación o en el victimismo. Aprendamos a ser prácticos, abramos los ojos, seamos menos dogmáticos y tengamos cintura para driblar al rival. En el rugby, mi deporte, a veces te tienes que sacrificar como jugador, fijar al rival, dar el pase y aguantar el placaje para que el compañero al que le has pasado el balón ensaye. Si el rival quiere atascar el juego porque su delantera es más fuerte, hay que mostrar agilidad para desplegar el juego “hasta el ala”. El 22 de mayo, con los jugadores que el árbitro haya dejado en el terreno de juego, tenemos que ensayar a favor del derecho a decidir, del respeto a todos los derechos fundamentales como clamor para lograr la paz y la normalización política. Simplemente recordemos la frase de Javier Solana de más arriba, “La política tiene que ser pedagogía y tiene que ser liderazgo. En parte es hacer presente el futuro, y para eso hay que tener una visión de futuro”. Y mi visión de futuro es una Euskadi en paz y que decide por sí misma, sin imposiciones ni impedimentos, su papel en esta aldea global. Pues eso, hagamos presente el futuro.

¿Todo el mundo quiere la paz? Pues según quién y cómo

07.07.2010 (10:10 am)

Nynaeve, La Rueda del Tiempo

Esto de la paz es curioso. Hables con quien hables, siempre estarán a favor la paz. Lo que no dicen siempre es el tipo de paz que se quiere tener.

Sin ir más lejos tenemos la paz al estilo Franco. No podemos negar que durante muchos años reinó “la paz”. Eso sí a costa de cepillarse a cualquier disidente. Esa y no otra es la que yo creo que quiere el Sr. Mayor Oreja, por ejemplo, que en unas recientes declaraciones recogidas en La Rueda del Tiempo, por NicKNeuk, deja claro que el mayor peligro de que la vía de resolución de conflictos que está abierta, llegue a buen fin es que ETA pudiera dedicarse a hacer política, con el daño que eso supondría para España, la cual está en peligro.

Así que lo que este señor, no dice, pero que está claro si nos atenemos a los hechos es que una etapa de poca actividad de ETA, es asumible, si con ello no se pone en peligro su sacrosanta unidad. Eso sí, con todas las “garantías” que este Estado de Derecho que tenemos hoy, sigan vigentes, vamos… que no ceje la violencia del Estado.

Y después de todo, es previsible su actitud, no sólo lo dice, es que estoy segura de que él cree a pies juntillas que la Izquierda Abertzale es etarra. Bueno, digo yo que se refiere a la izquierda abertzale, porque en la misma entrevista, con hablar de la izquierda vasca, le basta y sobra… así que yo me pregunto si para este señor, Aralar y/o EB, o no son izquierda o no son vascos.

Lo que todavía me parece peor es lo que hacen desde el PSOE. Porque yo estoy segura de que una gran mayoría en el PSE no cree que la izquierda abertzale sea ETA, aunque en función de para qué sirva el discurso, en unos casos lo afirman, en no pocos lo matizan y en otros lo rechazan.

Mientras tanto, independientemente de elegir el modelo con el que vestir el santo, por si las moscas, se aseguran lo que al parecer realmente les importa, tener más representatividad intentado quitar de la ecuación electoral a un sector, que les resulta molesto.

Independientemente de lo antidemocrático que es eso, previsible en un partido profranquista como el PP y en principio mucho más cuestionable en un partido como el PSOE –insisto-, la irresponsabilidad que conlleva respecto a que en lugar de favorecer un fin ordenado de la violencia, lo que estén es provocando justo lo contrario, hace plantearse, si también ellos quieren la paz y no su Paz.

Al hilo de esto, no puedo de dejar de repetirme con sorna, las declaraciones de Coalición Canaria tras votar a favor de dichas rebajas democráticas.

En materia antiterrorista hay que estar siempre, siempre con el gobierno, aunque se equivoque.

Pues no, lo siento, si el gobierno se equivoca y callamos lo único que conseguimos es que la injusticia sea todavía mayor. Injusticia de la que nos hacemos cómplices.

Por mucho que se empeñen algunos, si lo que se busca es “su” paz y no “la” paz, lo que pasa por que haya mayor democracia y no lo contrario, no podremos solucionarlo nunca. Más tarde o más temprano, volveremos a lo mismo.

Como el agua y el aceite

15.06.2010 (8:56 am)

Asier Gallastegi
Asier Gallastegi Korapilatzen.com

Vivo junto a una estación de tren de cercanías. Al otro lado de la casa tenemos vistas a una plaza con su iglesia. Antes de ser un espacio peatonalizado y hace ya unos lustros también un lugar dónde llegaban autobuses y camiones cargados de personas y mercancías.

Yo no era muy consciente pero parece que muchas de las personas que llegaban a la capital desde otros pueblos de la provincia y de otros lugares del estado tendían a quedarse en el barrio que les acogía en primer lugar.

Además la historia reciente ha dibujado a esta parte de Bilbao con otras marcas importantes, reaolojos tras las inundaciones, algunas calles con viviendas baratas por destartaladas… El resultado es una comunidad conglomerado.

Imaginaros ahora que ayer se hubiera celebrado en esta parte del mundo algo parecido a su fiesta patronal. En una parte de la plaza un castillo hinchable y algunas mesas con talleres para los más pequeños, en la parte de atrás de la iglesia algunas personas preparando una paella para las personas mayores… La música con todo el hitparade del momento sin ningún tipo de filtro; música para la chavalería. Bajo mi balcón una comida popular convocada en uno de los bares. Txalaparta, alboka, tambor… las personas que se reúnen entorno a la mesa homenajean a un amigo común preso.

Me tocó estar dentro de la organización de esta fiesta durante años. Los cruces, si los había, eran duros y de desencuentro. Como el agua y el aceite. Durante años participé en otras comisiones de fiestas dónde la “tensión política” era una clave fundamental que nos obligaba a posicionarnos.

Es complejo. Entiendo las estrategias políticas que reclaman el espacio, las calles, las plazas y que buscan que las expresiones más populares sirvan de altavoz. (Nunca he aguantado los anagramas de serpientes y hachas y otras expresiones similares).

Sin irme por derroteros que podrían servir para otra decena de posts, quiero llamar la atención sobre algo que me parece clave para el tiempo que nos toca vivir: la construcción de lugares, espacios y actividades que sirva para encontrarnos. La fiesta creo que tiene potencial, y si es en formato reducido y ligado a un territorio de escala humana, más aún.

El dolor esta y tiene un montón de matices, niveles, colores… Nos solemos empeñar en compararlos, medirlos, negarlos… Me gustaría pensar que las pequeñas comunidades y sus celebraciones pudieran ser un lugar donde encontrarnos y tejer primera persona del plural. Comer y beber juntos/as…

Críos de un lado de la plaza vuelven corriendo de la otra con sus caras pintadas. Unos centenares de metros más allá, en otro barrio conglomerado, cientos de personas estaban convocadas a disfrutar de arroces cocinados de mil y un maneras, la lluvia lo impidió esta vez. Confiaremos en que amaine.

Las víctimas del conflicto vasco

19.05.2010 (10:30 am)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

“El conflicto vasco” abarca una realidad amplia y compleja, cuya percepción varía mucho en función del observador de la misma.

El conflicto vasco entendido como “conflicto político”, asociado al encaje político del País Vasco en el Estado Español, viene de muy atrás en el tiempo histórico y se visualizó bastante bien, por ejemplo, cuando a principios del siglo XXI el Parlamento Vasco presentó en el Parlamento Español una propuesta de “Nuevo Estatuto Político” que fue rechazada.

Relacionado con este “conflicto político” existe otro conflicto; la existencia de ETA y su “estrategia armada”.

Está claro que las víctimas del conflicto vasco existen desde antes de la gestación de ETA a finales de los años 50 del siglo pasado, en plena dictadura militar franquista (fascista) ¿Cuándo empieza el sufrimiento de las víctimas del conflicto vasco? Dependiendo de quién se haga esta pregunta variará la respuesta.

Víctimas del conflicto vasco son, entre otras, las víctimas de ETA.

Víctimas de ETA son en primer y principal lugar las personas asesinadas por ETA. Y sus familiares. Y sus amigos… Y las personas mutiladas y heridas. Y sus familiares. Y sus amigos… Y las personas que viven con miedo. Y sus familiares. Y sus amigos…

Víctimas somos también todos y cada uno de los ciudadanos del País Vasco que llevamos años pidiendo a ETA que cese en su “estrategia armada”.

También son víctimas los propios miembros de ETA que han cometido atentados sangrientos, que a solas consigo mismo tienen que asumir el hecho de haber matado a una persona. También son víctimas sus familiares. Y sus amigos…

Víctimas son también los presos por pertenencia a ETA. Y sus familiares. Y sus amigos…

También es víctima la “lucha política” condicionada y/o limitada y/o perjudicada o directamente imposibilitada en algunos casos por la “estrategia armada” de ETA.

Víctimas son también las formaciones políticas ilegalizadas y los grupos sociales sin representación política en las instituciones.

Victimas del conflicto vasco son también los periódicos clausurados y los periodistas detenidos.

También es víctima la credibilidad democrática de una estrategia de detenciones e incomunicaciones, en algunos casos denunciada por entidades internacionales.

Victimas son también la racionalidad del discurso dialéctico y la propia utilización del lenguaje, que nos confronta con conceptos como “nacional no-nacionalista”…

Víctimas somos también los ciudadanos del País Vasco que creemos en el derecho a decidir libremente nuestro destino como pueblo y/o como comunidad, y que vemos cómo no se nos reconoce dicho derecho por razón de una legalidad, basada en una constitución que mayoritariamente no votamos por considerar que no reconocía dicho derecho.

Víctimas somos todos los que vivimos en una sociedad víctima del victimismo…

RIP

14.05.2010 (10:03 am)

Pedro Urquijo Aguirre, educador

Cuando éramos niños en mi pueblo no debíamos de tener mucha conciencia política. Los mayores puede que la tuvieran, qué sé yo, pero los críos estábamos en otra honda. Lo digo porque en aquella época lo que más nos hinchaba del orgullo de ser vascos era el saber que Urtain también lo era. Se decía de él que en su caserío había matado a un burro de un puñetazo. Eso del burro casi nos entusiasmaba más que el campeonato de Europa de los pesos pesados que le ganó a Peter Weilland en 1970.

Por aquella época estaban ocurriendo otras cosas más importantes, ya lo sé. En diciembre de ese año, por ejemplo, comenzaba el proceso de Burgos. Las manifestaciones que se hicieron en apoyo a los procesados son las primeras que yo presencié. Tenía ocho años y de aquellos días guardo una sensación de miedo. Cuando la gente recorría en procesión las calles gritando frases que nunca habíamos oído me recuerdo a mí mismo refugiado en casa, temeroso de que lo que pudiera suceder.

Algunos han señalado que el régimen franquista utilizó a la figura de Urtain precisamente para distraer la atención de la gente de lo que realmente estaba pasando y proyectar una imagen del pueblo vasco distinta a la realidad y conforme a los tópicos del folclore popular. Es posible. Con los críos de mi pueblo desde luego lo consiguió. Cuando queríamos molestar a los maketos (éramos bastante racistas, y lo éramos sin complejos, esto formaba parte del estereotipo popular de vasquitos y neskitas del tardofranquismo) les pasábamos por las narices las hazañas de Urtain y la disputa quedaba zanjada. No debíamos de tener mucha conciencia política, pues no nos percatábamos de estar siendo víctimas de una manipulación.

En todo caso, fue una pena ver la decadencia de Urtain. Primero empezó a perder combates. Luego se metió a la lucha libre circense bajo el sobrenombre de El Tigre de Cestona, y por último estrellado contra el asfalto de una calle de Madrid. Deseamos que descanse en paz.

Contra el paradigma de la falta de convivencia en el País Vasco

21.04.2010 (9:14 am)

Mak Makygregor
Mak Makygregor             makgregory.blogspirit.com blogdeblogs.nireblog.com makgregory.wordpress.com

Estos días vengo adentrándome en la pequeña jungla de papel que es el libro “Memoria de Euskadi”, de María Antonia Iglesias. Aparte de recordar, comprender y enterarme de muchas cosas de la Historia contemporánea de mi entorno sociopolítico, creo haberme dado cuenta de una falacia en la que los políticos de todas las siglas nos quieren hacer creer: que en el País Vasco no podemos convivir con quien piensa diferente y por ello hay que hacer una cosa u otra, según quién hable, para llegar a una “normalización”, de modo que esfuerzos que en otras partes dedicarían simplemente a desarrollarse, aquí la clase política los dedica a los diferentes caminos “normalizadores”.

Pero es una falacia, que uno puede observar en cuanto le quita la épica y la mística al verbo convivir, dejándolo en lo que significa en el resto de España, o sea, compartir un espacio y un tiempo.

Si realmente hubiera un problema de convivencia, nadie que se sintiera x sería proclive a amigarse o relacionarse con nadie “y”, pero precisamente los vascos -la mayoría al menos- descubrimos pronto que hay más etiquetas que x e y, y que son las que nos enganchan a compartir experiencias, a convivir por tanto, con mayor o menor intensidad.

Sólo a un gropúsculo diminuto le molesta tanto que haya quien no sea como ellos como para ir matando. Incluso las decenas de miles que les apoyan no matan ellos mismos y toleran que hayamos quienes no estemos con ellos.

Pensemos en todos los contactos sociales que hacemos con quienes se sienten diferentes de nosotros por alguna etiqueta concreta a pesar de esa etiqueta y en lo que perderíamos sin ellos, y presionemos a los políticos que nos representan para que no vuelvan a tensar en exceso la cuerda que une cada posible par de etiquetas a las que nos adscribimos consciente o inconscientemente.

Sanar heridas

19.02.2010 (12:19 am)

Mikel Ruiz, director de Cáritas Bizkaia

Para que comiencen a sanar las heridas abiertas en tanta gente de nuestro país, de una vez por todas, es preciso que iniciemos procesos que generen espacios de relación, más temprano que tarde.

En los que antepongamos la humanidad de la persona con la que nos encontramos, a la diferencia ideológica, política, cultural… En los que vivamos el dolor del otro con la misma intensidad que el nuestro.

En los que el objetivo no sea causar más dolor que el nuestro, si no evitarlo a todas las personas. En los que busquemos el con-vencer y el com-padecer.

Cierto que antes es preciso normalizar la situación, pero no es suficiente. Entoces comenzará la reconciliación, tras el perdón que se pide, se da, se recibe y se comparte. Esto es lo necesario.

Derechos humanos y pobreza

15.02.2010 (11:10 am)

 

Santiago Eraso

En la actualidad, más de mil millones de personas viven en la pobreza extrema: aquella que considera que se puede vivir con menos de un dólar al día. El 70 % de las que sobreviven a las puertas de la muerte son mujeres.

Haití se encuentra entra los países más pobres del mundo, junto a Angola, Burundi, Chad, Franja de Gaza y Cisjordania, Guatemala, Liberia, Moldavia, Montenegro, Mozambique, Sierra Leona, Zambia. Una larga lista de naciones y pueblos, gran parte de ellos africanos, que muestra el rostro oculto de las políticas económicas internacionales y los aspectos más sórdidos de las ambiciones humanas locales.

La pobreza no es una fatalidad ni un fenómeno natural, es el resultado de decisiones que toman gobiernos, empresas y otros actores, que obligan a millones de personas a vivir sin agua potable, alimentos básicos, atención médica, vivienda o seguridad.

La riqueza y la pobreza son las dos caras de la misma moneda. Parece mentira pero, pocos días después de que ocurriera el fatal terremoto de Haití, el crucero turístico “Independence of the Seas”, de la Royal Caribbean, fondeaba en la playa de Labadee a 100 kilómetros del epicentro del seísmo para que 3.100 pasajeros disfrutaran de las playas y el paisaje de la isla. La vida sigue su camino.

Recientemente se ha celebrado en Suiza, uno de los países más ricos del mundo, el cuadragésimo Foro Económico Mundial, más conocido como Cumbre de Davos. Su fundador y presidente ejecutivo, Klaus Schwab, anunciaba días antes de que comenzara el Foro que Latinoamérica tendría una presencia importante en el encuentro de este año y que Haití merecería un capítulo especial.

Paradójicamente, estas buenas palabras contradicen los hechos reales de la política internacional. Muchas organizaciones llevan años reclamando medidas estructurales para paliar el hambre del mundo y sus esfuerzos se los lleva el viento, una y otra vez. Cualquier decisión fiscal que suponga una restricción de los privilegios económicos, por mínimos que sean, se pospone por inconveniente.

En la reciente cumbre de Copenhague se propuso instaurar un impuesto general sobre el flujo de capitales, tal y como ya indicó el Premio Nobel de Economía James Tobin en 1971. Los movimientos por una globalización alternativa, que se han reunido también en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, opinan que estos impuestos, u otros semejantes, podrían ser una importante fuente de financiación para combatir la pobreza en el mundo. Sin embargo, los sectores más neoliberales lo consideran una medida intervencionista especialmente perniciosa, porque obstaculiza el libre comercio y la soberanía de las naciones. Aluden también, cómo no, a las enormes dificultades de recaudación, gestión y utilización de los fondos. Argumentos que, curiosamente, se imponen una y otra vez, frente a los que reclaman la intervención legítima de organismos internacionales.

Nos ponemos en pie, todos a una como Fuenteovejuna, empujados por una fiebre de solidaridad, con las catástrofes extraordinarias y nos quedamos tan panchos con los desastres ordinarios. Una doble moral que no tiene la menor duda en reclamar caridad internacional cuando se produce alguno de estos acontecimientos y, sin embargo, mira hacia el otro lado cuando se reclaman intervenciones que afecten a la organización de la economía mundial.

Más allá del oportunismo y la demagogia, si toda la ayuda bienintencionada destinada a Haití se hubiera sumado a políticas de apoyo más estructurales, no se hubiera impedido el terremoto, catástrofe natural inevitable, pero se hubiese contribuido a que las consecuencias no hubieran sido tan nefastas.

Democracia, política y participación

04.02.2010 (3:34 pm)

Alicia Suso   Parte Hartuz


No es nueva para casi nadie idea de crisis de la democracia, de la política y de la participación en nuestra sociedad. La actitud general de una gran parte de la ciudadanía hacia la política y las instituciones es negativa, oscila entre la indiferencia y el escepticismo, entre la ausencia de posicionamiento o confrontación, el aburrimiento, y la desconfianza, el recelo, la frustración.

Podríamos pensar entonces que es el tiempo de la sociedad civil organizada, de los movimientos sociales, de las asociaciones… y de las personas que están dispuestas a decir, proponer, construir algo distinto, de manera colectiva. Pero el asociacionismo y las formas tradicionales de participación no encuentran entre la gente una gran aceptación. Los motivos, muchos y diversos: un modelo de sociedad individualista, una política de fomento del asociacionismo prácticamente inexistente o poco adecuada, falta de autonomía económica en las propias asociaciones, problemas de democracia interna en las entidades, ausencia de sensación de excepcionalidad e algunos aspectos (violencia, imposibilidad de acceso a un empleo y a una vivienda digna…),… seguro que la lista podría ampliarse.

Podría ocurrir, que el supuesto rechazo a la política y la participación por parte de las personas jóvenes en particular y de la ciudadanía en general no sea tal, sino, más bien, un rechazo a un tipo de política y un tipo de participación poco adaptado a los nuevos tiempos. Podría ser, un rechazo que abriese el camino a nuevas formas de participación más abiertas, más flexibles, más transformadoras. Frente a la visión de decrecimiento, la de cambios en el modelo de participación.

Sería interesante indagar en esta idea (muchas personas ya lo están haciendo), impulsar formas de participación diferentes… sin renunciar a la capacidad transformadora, tan necesaria en los tiempos que corren. ¿Alguna idea?