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¿Todo el mundo quiere la paz? Pues según quién y cómo

07.07.2010 (10:10 am)

Nynaeve, La Rueda del Tiempo

Esto de la paz es curioso. Hables con quien hables, siempre estarán a favor la paz. Lo que no dicen siempre es el tipo de paz que se quiere tener.

Sin ir más lejos tenemos la paz al estilo Franco. No podemos negar que durante muchos años reinó “la paz”. Eso sí a costa de cepillarse a cualquier disidente. Esa y no otra es la que yo creo que quiere el Sr. Mayor Oreja, por ejemplo, que en unas recientes declaraciones recogidas en La Rueda del Tiempo, por NicKNeuk, deja claro que el mayor peligro de que la vía de resolución de conflictos que está abierta, llegue a buen fin es que ETA pudiera dedicarse a hacer política, con el daño que eso supondría para España, la cual está en peligro.

Así que lo que este señor, no dice, pero que está claro si nos atenemos a los hechos es que una etapa de poca actividad de ETA, es asumible, si con ello no se pone en peligro su sacrosanta unidad. Eso sí, con todas las “garantías” que este Estado de Derecho que tenemos hoy, sigan vigentes, vamos… que no ceje la violencia del Estado.

Y después de todo, es previsible su actitud, no sólo lo dice, es que estoy segura de que él cree a pies juntillas que la Izquierda Abertzale es etarra. Bueno, digo yo que se refiere a la izquierda abertzale, porque en la misma entrevista, con hablar de la izquierda vasca, le basta y sobra… así que yo me pregunto si para este señor, Aralar y/o EB, o no son izquierda o no son vascos.

Lo que todavía me parece peor es lo que hacen desde el PSOE. Porque yo estoy segura de que una gran mayoría en el PSE no cree que la izquierda abertzale sea ETA, aunque en función de para qué sirva el discurso, en unos casos lo afirman, en no pocos lo matizan y en otros lo rechazan.

Mientras tanto, independientemente de elegir el modelo con el que vestir el santo, por si las moscas, se aseguran lo que al parecer realmente les importa, tener más representatividad intentado quitar de la ecuación electoral a un sector, que les resulta molesto.

Independientemente de lo antidemocrático que es eso, previsible en un partido profranquista como el PP y en principio mucho más cuestionable en un partido como el PSOE –insisto-, la irresponsabilidad que conlleva respecto a que en lugar de favorecer un fin ordenado de la violencia, lo que estén es provocando justo lo contrario, hace plantearse, si también ellos quieren la paz y no su Paz.

Al hilo de esto, no puedo de dejar de repetirme con sorna, las declaraciones de Coalición Canaria tras votar a favor de dichas rebajas democráticas.

En materia antiterrorista hay que estar siempre, siempre con el gobierno, aunque se equivoque.

Pues no, lo siento, si el gobierno se equivoca y callamos lo único que conseguimos es que la injusticia sea todavía mayor. Injusticia de la que nos hacemos cómplices.

Por mucho que se empeñen algunos, si lo que se busca es “su” paz y no “la” paz, lo que pasa por que haya mayor democracia y no lo contrario, no podremos solucionarlo nunca. Más tarde o más temprano, volveremos a lo mismo.

Vuelta de tuerca a la ley de partidos

05.07.2010 (10:18 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

¿Para qué ha servido desde su aprobación hace más de ocho años la Ley de Partidos? Para ilegalizar a un único partido político, nada más. Es decir, la Ley de Partidos es una ley formulada y aplicada con la única intencionalidad de anular derechos civiles de un muy determinado segmento de la población, un segmento de la población independentista, socialista y que se ha resistido a condenar la violencia de ETA, no así otros tipos de violencia.

Tras la aprobación de la Ley de Partidos por el Tribunal Supremo, Batasuna alzó recurso ante el Tribunal Constitucional, optando éste por respaldar la decisión del Tribunal Supremo de ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna, quedando únicamente abierta la posibilidad de recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que, en una sentencia que sorprendió a quienes pensamos que es una ley que vulnera derechos, avaló su contenido.

De todos es sabido que las ideologías no delinquen, delinquen las personas, y para las personas que delinquen, el Código Penal ya está provisto de los mecanismos adecuados para actuar en consecuencia. Se puede, y de hecho se hace con cierta frecuencia, más de la deseable, endurecer las penas que estipula el Código Penal para el castigo de los delitos que cometen las personas, y, en una nueva vuelta de tuerca al despropósito que supone ilegalizar un partido político que no condena un determinado tipo de violencia, en el Reino de España el PSOE y el PP, con el apoyo de Coalición Canaria, hacen posible que el esperpento alcance dimensiones inquisitoriales.

Sorprendente, más teniendo en cuenta que el partido ilegalizado ha comenzado a aplicar los principios que permitirían su legalización a través de la declaración Zutik Euskal Herria (pdf) y con ella dar un paso hacia la normalización política en este país.

O no tan sorprendente.

La verdadera lucha es contra la indiferencia

24.06.2010 (9:38 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Poco a poco se van acercando las elecciones municipales y forales de 2011 y los partidos políticos están ya van tomando posiciones para afrontar una dura pre-campaña electoral. Estas son las primeras elecciones desde que se firmó el pacto PSE-PP que llevó a Patxi López a la Lehendakaritza, dando así un vuelco al panorama político e institucional vasco. Los resultados de estas elecciones nos van a permitir visualizar además como ha aceptado la ciudadanía los recortes, tanto económicos como de derechos sociales y laborales, que hemos tenido que sufrir los ciudadanos para contentar a instituciones como el FMI o la Unión Europea.

En este contexto, los últimos movimientos de la Izquierda Abertzale apostando por una salida democrática al conflicto político son percibidos por la ciudadanía con bastante indiferencia. Y esta indiferencia no es debida a que la sociedad vasca no desee un futuro en paz, sino que se debe a que los partidos que tienen la llave que abre el candado de la legalidad repiten una y otra vez que la única forma de que la Izquierda Abertzale se pueda presentar a las elecciones es que se desvinculen de la violencia de ETA.

¿Qué significa esto en realidad? Hace un par de años que se pedía a la IA que condenase la violencia y que apostase por las vías democráticas. Hoy en día ya esto ya no vale. Mientras ETA no desaparezca, no se va a permitir que la IA se presente a las elecciones. Y el fin de ETA ya no va a ser dialogado, ya que PP y PSOE ven a la organización terrorista ya vencida de facto. O bien ETA se rinde sin condiciones o se termina con ella por la vía policial.

Sea cual sea el fin de ETA, a nadie le conviene que se prolongue en el tiempo, más que a los partidos que se benefician electoralmente de la ilegalización de esta opción de izquierda. Si la lucha armada se prolonga, si ETA no se aparta y sigue sin mover ficha, miles de municipios vascos tendrán gobiernos de partidos neoliberales, la izquierda vasca seguirá atomizada e inoperativa, se perderá una oportunidad más para que se afiancen políticas sociales que respondan al pensamiento único mi puesto por los mercados y por instituciones a las que ningún ciudadano ha elegido, pero que gobiernan nuestras vidas a través de quienes les regalan nuestros votos.

Es la organización terrorista la que tiene que valorar su posición: la lucha armada no va a reportar ningún avance político en el conflicto. La oposición de la sociedad vasca a la violencia es clara. La propia existencia de ETA supone la traba más importante para que sus propias posiciones políticas sean excluidas de cualquier institución, justo cuando más alta hace que la izquierda pueda hacer frente unido frente a los excesos de los que han propiciado la crisis y ahora se benefician de ella.

La desaparición de ETA sería un revulsivo para acabar con la indiferencia y el hastío de esta sociedad. Estoy convencido de que los movimientos políticos que se produzcan en un escenario post-terrorismo pueden ser un buen punto de partida para que la sociedad vasca salga de un letargo que ya dura demasiado tiempo y se centre en solucionar los problemas más urgentes que padecemos. Eso no significa que nadie tenga que renunciar a sus objetivos últimos. Simplemente supondría cambiar de estrategia y abandonar una vía que ya ha demostrado sobradamente que no lleva más que a prolongar el odio y el dolor que nuestra sociedad quiere dejar atrás de una vez por todas.

¿Paz cercana?

22.06.2010 (1:40 pm)

Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre
Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre

El reciente acuerdo entre EA y la Izquierda Abertzale, junto a otras declaraciones públicas y la aceptación de los principios Mitchel, muestran una cierta voluntad por parte de la IA de avanzar hacia posiciones de “exclusividad de las vías pacíficas y democráticas”.

Sin embargo, es preciso señalar que en estos mismos términos se expresaba Euskal Herritarrok en la tregua del 98, la cual posteriormente se reconoció como tregua táctica, o tregua trampa, según los diferentes analistas y agentes. Hoy como entonces, el principal problema al que hacer frente es el mismo. ¿Está dispuesta ETA a dejar las armas sin un precio político?

En las últimas décadas, el desprestigio social de la violencia ha crecido de manera incontestable tanto en la sociedad vasca como en la española, y una minoría totalmente insuficiente estaría por un final de ETA a cambio de una negociación política.

También ha salido tocada la opción de las dos mesas, ETA-Gobierno por un lado y partidos políticos por otro, pues si se pretende, como lo hizo ETA en la última tregua, que estas tengan vasos comunicantes, se queda en una separación formalista inasumible para la sociedad democrática, que no puede tolerar que se negocie la paz a cambio de concesiones políticas a una organización terrorista.

Por ello, desde mi perspectiva caben pocas opciones. O ETA está dispuesta a dejar las armas a cambio de una salida no revanchista, donde se pueda hablar de que pasa con los presos, las víctimas, etc., y se tiende a un acuerdo “humano” de cierre de heridas, o difícilmente se acabará con la violencia. Ni el Gobierno ni el PP (y tienen que estar de acuerdo pues de lo contrario le podría costar las elecciones generales al PSOE), se van a meter en una aventura de negociación política ni siquiera entre partidos, si persiste la espada de Damocles de “si no hay acuerdo, volvemos a las armas”. Tengo la sensación, pues lo repiten constantemente en sus términos, que Zapatero y Rubalcaba han aprendido esta lección de la última tregua.

Y desde luego, me cuesta ver que relato haría ETA y la IA de 40 años de violencia, con cerca de mil muertos provocados por ETA, y decenas de muertos entre sus filas, las víctimas del GAL, etc., si no pueden vender que su “lucha”, otros diríamos su violencia terrorista, no ha servido para nada político, lo que no quiere decir que no haya influido y mucho en la política vasco-navarra y española de las últimas décadas.

Está por ver que haría, como consecuencia de la negativa de PSOE y PP a una salida negociada, la IA tras su último acuerdo con EA (nosotros ya lo ensayamos y salimos escaldados de Euskal Herritarrok), si ETA vuelve a atentar. La novedad sería si estuviera dispuesta a condenar la violencia y se desmarcara en su mayoría de ETA (cosa que hasta el momento se niega a realizar), lo que podría hacerles volver a las instituciones y aislar de manera muy fuerte a una ETA, que quedaría muy debilitada en sus apoyos sociales y posibilidades de continuidad.

No se si cabe una salida intermedia. Una idea que resulta de interés es la posibilidad de una moratoria durante uno años en algunas de las reivindicaciones políticas legítimas del nacionalismo vasco (derecho de salida, fundamentalmente), en tanto se resuelve el drama humano provocado por 40 años de violencia, de tal manera que se pueda hablar de todo, incluido el derecho de salida, una vez superada dicha violencia, y cerradas sus principales heridas mediante la reparación a las víctimas de todo tipo, reinserción de presos, etc. Sería la única manera de poder hablar de una reivindicación justa, como es la posibilidad de que se respeten las opciones independentistas si un día son mayoritarias en la sociedad vasca, sin que sea consecuencia del chantaje de ETA.

Preguntas que me hago

01.06.2010 (8:51 am)

Iñaki Anasagasti
Iñaki Anasagasti, senador del PNV en el Congreso

Fui compañero de Joseba Goikoetxea. Estuve detenido con él por preparar el Aberri Eguna de 1976. ETA lo mató en la calle Tívoli. Representé al PNV en el Pacto de Madrid, receptáculo pre natal del Pacto de Ajuria Enea. Desde el EBB organicé en octubre de 1978 la primera manifestación contra ETA con el lema: “Por Una Euzkadi Libre y en Paz”. Denuncié el Gal y me enfrenté duramente a González y Barrionuevo. He estado en decenas de reuniones de todo tipo en relación con la violencia y asimismo en tantas manifestaciones como las organizadas en estos treinta años. También en favor de los condenados en el Juicio de Burgos en Caracas ante el consulado español. Me tocó subir a la tribuna del Congreso aquel infausto mes de agosto en la que el PP y el PSOE, al alimón, aprobaron la ley de partidos. Y lo hice solo. Nadie secundó nuestra protesta. Ningún partido nos avaló.

Seguiría dando este tipo de pinceladas del mucho tiempo, esfuerzo, dolor que nos ha costado ETA, pero lo importante es el hoy y las inmediatas posibilidades de futuro que se nos presentan. Por eso, lecciones, las justas.

Mi primera reflexión es que estamos ante gente extraordinariamente especial, por no decir poco normal. ETA, y la ETA sociológica ¿cree de verdad que con sus acciones armadas pueden cambiar una política o poner contra las cuerdas un estado cada vez más eficiente en su persecución? Detrás de esto ¿qué tipo de ideología hay? ¿Marxista leninista? ¿Abertzalismo ácrata? ¿Empanada mental? ¿Incultura y falta absoluta de valores?  ¿Hay que darles la razón en todo? ¿Son capaces de reconocer algo de lo hecho? ¿Buscan de verdad una solución? Leer toda la entrada

Engaños

09.04.2010 (7:34 am)

Roberto Cacho
Roberto Cacho

Entre las primeras cosas que aprendí que eran buenas, en el ámbito de la política, no se encuentra que la única solución posible al terrorismo de ETA pasaba por un acuerdo. Me costó llegar a esa conclusión de la que ahora soy un firme convencido. Una paz alcanzada mediante un acuerdo será una paz duradera, sin vencedores ni vencidos; un éxito compartido. En cambio, una paz impuesta sería extremadamente frágil, rodeada de desconfianza, con vencedores y vencidos enfrentados entre sí. Ese enfrentamiento, latente al principio, no permitiría que esa paz lograda artificialmente durase mucho. También reconozco que soy humano y que cuando ETA actúa pienso que el inventor de la Ley del Talión fue una gran persona. Pero no me dura mucho. De hecho, tenía pensado escribir esto hace unos días, y preferí dejarlo “en barbecho”, porque la cercanía del asesinato de Jean-Serge Nérin me haría escribir más con la emoción que con la razón. Y en este proceso la emoción no es un buen camino.

Esas dudas por las que se pasa en los peores momentos, son lógicas en cualquier persona: no podemos abstraernos de la carga emocional de un asesinato. En cambio, los políticos que tienen que llevarnos hasta una paz estable y definitiva deben dejar a un lado esas emociones y actuar exclusivamente en base a la razón. A pesar de ello, son quienes más cambian de mensaje y no mantienen una postura clara y duradera sobre cuál debe ser la mejor solución, decidiendo más con el corazón que con el cerebro. Aznar estuvo a favor del diálogo con ETA, y ahora se retracta de lo que dijo. Lo mismo pasó con Zapatero, quien se mostró dispuesto a hablar con ETA, y ahora se opone a cualquier acuerdo. En el otro lado, Batasuna tampoco ha ayudado mucho a llegar a ese acuerdo. A diferencia de los anteriores, su postura parece firme. Y ese es precisamente su problema (y el nuestro). En manos de Batasuna está la posibilidad de que buena parte de la población que apoya el terrorismo, deje de hacerlo. Pero sigue hablando de proceso democrático sin desmarcarse definitivamente de ETA.

En esos juegos de negocio/no negocio, me desmarco de ETA pero no mucho…, hay determinadas expresiones con las que los políticos tratan de convencernos (creo que buscando el engaño) de que lo que hacen es lo correcto. El PP y el PSOE hablan de “no negociar”, pero jamás les he oido hablar de “no llegar a un acuerdo”. Lo de no negociar con terroristas tiene, para ellos, fácil defensa, pero otra cosa muy distinta es negar la posibilidad de llegar a un acuerdo. ¿Serían capaces de decir con esa claridad que no es bueno llegar a un acuerdo de paz? El lenguaje tiene sus trampas y para estos partidos es más fácil vender lo malo de un difícil camino (las búsqueda del acuerdo o, como dicen ellos, la negociación) que lo bueno de un final feliz (la paz). Batasuna, como decía, está en el mismo juego. En la Declaración de Anoeta encontramos expresiones como “acuerdo”, “diálogo”, “resolución del conflicto”, “proceso de paz”, “resolución democrática”. ¡Qué bien suenan! Si hasta casi dan ganas de votarles (si se pudiera). Pero son palabras que, cuatro años después de haber sido puestas negro sobre blanco, suenan vacías, sin ninguna credibilidad. ¿Cómo es posible recorrer un proceso de paz sin rechazar la violencia?

Este juego de unos y otros es una tremenda irresponsabilidad. Me siento engañado por ambas partes. El PSOE y el PP deben aclarar si creen o creyeron alguna vez en un acuerdo de paz; si nos engañan ahora o nos engañaron antes. Batasuna debe aclarar lo que para ellos es una solución democrática, a qué conflicto se refiere, y cómo entienden la paz, porque a veces me da la impresión de que su democracia no es mi Democracia. En la mía ni se mata ni se tolera que se mate. Esta irresponsabilidad nos puede llevar, como mucho, a una “pax romana”, un periodo relativamente tranquilo, pero con la imposición de una de las partes, la que tiene el poder. Entonces fue Roma la que impuso “su paz” al resto de territorios conquistados. Y no me gusta esa paz artificial. Prefiero una Paz con mayúsculas, duradera, confiable, en libertad. Podríamos llamarle la Pax Bascorum.

¿Memoria compartida?

06.04.2010 (9:34 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

Víctimas: una de las realidades que con más fuerza ha traspasado éticas, sentimientos, debates, alineamientos y actuaciones políticas y sociales: “mis” víctimas…, “las otras” víctimas, “las” víctimas piensan que…; son víctimas de un conflicto político, son víctimas de una banda de delincuentes asesinos; víctimas hay en todos los lados, no compares unas y otras, víctimas somos todos; víctimas olvidadas y luego homenajeadas, víctimas ignoradas y que así siguen estando; víctimas de primera, víctimas de segunda, las que ni siquiera se las considera como víctimas, las que no se consideran a sí mismas víctimas; víctimas utilizadas políticamente, políticas distintas para el mismo tipo de víctimas…

El nuevo decreto que regula la Educación Primaria y Secundaria, en el que se establece el currículum respecto a las víctimas, tiene como objetivo “garantizar una enseñanza despejada de carga ideológica identitaria”, en palabras de la consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celaá (30 de marzo). Un mes antes, el 21 de febrero, Carlos Urquijo, en nombre del PP, solicitaba que la reciente publicación “Vidas Rotas” (Espasa, 2010) fuera incorporada como material didáctico escolar en centros y bibliotecas. En el preámbulo de este libro, Fernando García de Cortázar escribe que “defender a las víctimas del terrorismo es, en España, defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación” (p. XX).

No todos los sufrimientos son iguales. Ni sus causas. Vale. Pero hay muchos tipos de sufrimientos y muchas víctimas, incluso dentro de cada uno de los lados. Negarlo y no reconocer a los demás no significa que no existan: “Nuestras víctimas tenían nuestras convicciones” (p. XIX) o “(…) la calidad verdadera de nuestras víctimas es haber querido ser españoles” (p. XVII). ¿Se las despeja así de carga ideológica identitaria?

Hagamos memoria, aunque nos duela: en estos momentos hay seis personas desaparecidas: Fernando Quiroga, Jorge García, Jon Humberto Fouz, Eduardo Moreno, Joxe Miguel Etxeberria y Jean Louis Larre. Ninguna de ellas había cumplido los 30 años cuando desaparecieron. Sus familias no saben nada de ellos. Sí aparecieron los cadáveres de José Luis Martínez, Jesús González, José Ignacio Zabala, José Antonio Lasa o Jon Anza… Tampoco me olvido de todos esos miles de cadáveres que están enterrados en cunetas y fosas sin que, más de 70 años después, sus restos hayan sido recuperados y devueltos a sus familias

Según la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo,[1] las distintas ramas de ETA y CAA han matado a 829 personas: (486 miembros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Policiales y 343 civiles) en alrededor de 3.600 atentados, que han causado también 2.400 personas heridas. Entre los dos informes de la DVAT[2] y de DDHH[3] del Gobierno vasco sobre víctimas de vulneraciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, son 175 las personas muertas por la violencia policial y de los grupos parapoliciales o de extrema derecha. También se recogen en el segundo informe 600 casos de personas heridas y ejemplos representativos de las miles de personas que han denunciado haber sido torturadas. Según fuentes, entre 5.500 y 7.000 casos

Contamos además con personas amenazadas de todo tipo, con más de 2.000 personas con guardaespaldas, cientos de niñas y niños huérfanos, personas destrozadas física y psíquicamente por atentados o situaciones violentas de diverso signo, violaciones sexuales con motivación política, secuestros con derivas diferentes, agresiones de índole distinta, muchos casos de impunidad

¿Se puede seguir patrimonializando a unas u otras víctimas? ¿No deberíamos hacer una verdadera revolución cultural y reconocer el sufrimiento de los demás?, ¿reconocer que ya va siendo hora de recomponer nuestro tejido social?, ¿que no se debe permitir ni una víctima más, de ningún tipo, empezando por el derecho a la vida? ¿No debería el Estado reconocer su papel en muchas de las violaciones de derechos humanos y actuar en consecuencia? ¿No ha llegado el momento de recuperar y reformular de nuevo la política pública de víctimas desde una visión integrada en la amplia normativa de derechos humanos existente a nivel internacional y que no sea partidista? ¿No ayuda a la convivencia y a consolidar un proceso de paz una visión integral e inclusiva respecto a todas las víctimas?

[1] http://www.mir.es/DGRIS/Terrorismo_de_ETA/ultimas_victimas/p12b-esp.htm
[2] “Informe sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, de extrema derecha y el GAL” de la Dirección de Víctimas de Atención al Terrorismo (DAVT) del Departamento de Interior del Gobierno Vasco, junio de 2008.
[3] “Informe sobre Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos derivadas de la Violencia de Motivación Política” de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, junio de 2008.

Salir del laberinto

18.03.2010 (12:49 pm)

Iñigo Herce, periodista
Iñigo Herce, periodista

El único elemento con capacidad de transformar realmente el enquistado panorama político vasco es el abandono unilateral e incondicional de la actividad terrorista de ETA. Ni los debates en el seno de la izquierda abertzale que no condena la violencia, ni los documentos resultantes de esos debates anunciando la asunción futura de los principios democráticos son, por sí sólos, suficientes a estas alturas de la película. Ha sido la propia ETA, y quienes desde el ámbito político han unido su suerte a ella, quien durante muchos años ha tejido una madeja que ahora resulta imposible de deshacer. Han construido su propio laberinto del que muchos quieren escapar urgentemente, antes de que sea demasiado tarde.

La soledad con la que han tenido que hacer frente a la presentación en sociedad del documento Zutik Euskal Herria es reveladora. Tan sólo un partido y algunas voces, más a título personal que formal, han tomado con interés y han dado por buenos los postulados que en él se recogen. El resto, ha mirado con escepticismo, desconfianza, desinterés o incredulidad. Fiel reflejo de una sociedad hastiada de anuncios de procesos que luego malogran los de siempre.

Los responsables de la izquierda abertzale no han sido conscientes del cambio que ha vivido la sociedad vasca para con el denominado conflicto. Un cambio del que la propia izquierda abertzale, con los dos procesos de paz abortados en la última década, ha sido agente activo. No hace falta ser un avezado observador para medir la ilusión que generó, por imprevisto, el proceso de Lizarra, o el interés y la expectativa que surgieron tras Anoeta en el proceso labrado mano a mano con el PSE-EE y Zapatero y al que luego se sumó el PNV. Esta vez, el efecto pretendido por la izquierda abertzale con su debate y posterior documento ha tenido un efecto similar al de quien ha construido una habitación insonorizada y luego pretende hacer oír su voz más allá del habitáculo. Puedes gritar todo lo que quieras, pero no sirve de mucho.

El resultante de todo ese cambio silencioso es una sociedad que sólo espera ya el día en el que un portavoz autorizado anuncie el fin a tantos años de muerte, destrucción y dolor inútil. Sin más. El resto –el cambio político– , si tiene que ser, será. Y si no, no será. Pero nadie se rasgará las vestiduras ni en un caso ni en el otro. Eso sí: el nivel de exigencia con todo lo referido a los derechos humanos tiene ya un umbral que muy pocos están dispuestos a rebajar. La sociedad vasca no funciona con ETA en su sistema operativo. En el día a día, se ha hecho real el escenario “post-ETA”.

Nadie, o muy pocos, admiten ya salidas ventajistas. No se acepta un proceso en metamorfosis, que empiece de una manera y devenga en otra muy distinta para acabar siendo algo que no estaba en el guión. Si alguien espera todavía que el árbitro mire para otro lado en el minuto noventa para no pitar un fuera de fuego clamoroso y poder marcar así un gol por la escuadra, está equivocado. El Estado –léase PSOE, PP más todos los poderes que lo integran—se siente seguro y ganador, y sólo podrá aceptar ofrecer alguna contrapartida menor –en ningún caso del calado político que estuvo a punto de fraguarse en Loyola—cuando tenga la cabeza de ETA en una bandeja. Los partidos vascos, la mayoría, no están dispuestos a enredarse en un proceso para salvar la vida a una izquierda abertzale que, si consigue ser rehabilitada, aspirará a recuperar su propio espacio político.

A la izquierda abertzale sólo le queda un camino: o convence a ETA, o corta definitivamente la soga que les ata a la piedra que les hunde hasta el fondo. Como lo segundo es harto improbable –el acto trágico de matar al padre no suele ocurrir muchas veces en la historia–, sólo queda la opción de hacer ver a ETA lo positivo de esta salida. O, más que lo positivo, la probable desaparición paulatina del sangrante costo que su actividad está acarreando a lo largo de los últimos años a su mundo: incremento incesante de presos, algunos con condenas cercanas a la cadena perpetua; sufrimiento para cientos de familiares; detención de sus principales referentes civiles; expulsión de la arena política e institucional, con la merma de poder y dinero, y su inoperancia en la toma de decisiones; extensión de los juicios a ámbitos no directamente relacionados con su propia actividad pero que afectan a muchos ciudadanos.

Y todo ello, con una sociedad vasca que no sólo no se moviliza en solidaridad –salvo por cuestiones puntuales–, sino que incluso legitima con su participación las citas electorales en las que se ejecuta el denostado apartheid.

Llegados a este punto, ¿cómo puede la izquierda abertzale terminar de una forma más o menos ordenada con todo esto? Planteo varios puntos, aunque soy consciente de que se necesitarán muchos más:

-Hacer ver a ETA que se ha terminado. Que si quiere seguir en su camino de lucha armada tendrá que hacerlo en solitario.

-Convencer al Gobierno de que esta vez sí, va en serio, y otorgarle a través de los agentes internacionales que tanto se están esforzando por proclamar la sinceridad de la apuesta, firmes garantías de que la izquierda abertzale no va a apoyar ni amparar la violencia dentro de su acción política.

-Trasladar a los partidos vascos un compromiso para entrar en una mesa multipartita donde cada representante ostentará el poder que le otorguen los ciudadanos, pero donde ninguna organización militar puede tener ningún papel de tutelaje. Ello supone abandonar cualquier intento de enmascaramiento para hacer ver lo que no es. El esfuerzo para recuperar credibilidad tiene que ser importante.

-Ir desactivando poco a poco la frustración política que todo este escenario puede ir acarreando en una base que ha vivido demasiado tiempo en el delirio de quienes pensaron que podrían trastocar el orden de las cosas sólo porque alguien decidía quién podía vivir y quién no.

El poder transformador al que aludía al principio de este artículo es real. Sólo la desaparición de un elemento que ha estado presente en la vida de varias generaciones de vascos durante los últimos cincuenta años tendría la auténtica capacidad de cambiar las cosas. Ese cambio, incluso, podría ir en el sentido que dice propugnar ETA: una acumulación de fuerzas real en pos de un cambio de marco político. Veremos qué ocurre.