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Táctica versus ética

08.09.2011 (2:43 pm)

Ignacio González Orozco, escritor y editor
Ignacio González Orozco, escritor y editor

Hace pocos días, uno de mis contactos en Facebook, simpatizante notorio de la corriente mayoritaria de la izquierda abertzale (en adelante IA, por usar una sigla ya generalizada), me comentaba su rechazo a la violencia de ETA. Recupero sus propias palabras: “Hoy por hoy la lucha armada no sirve para nada”.

Como las interpretaciones son siempre capciosas, intentaré abordar literalmente el anterior aserto. Su análisis semántico alude a un tiempo concreto, el presente, que sugiere una comparación negativa con respecto a un pasado; también acusa de nula utilidad a una actividad determinada, la lucha armada. En sentido estricto, esta oración no incluye ninguna consideración de orden moral sobre dicha actividad. Y añadiría yo, aun entrando en el terreno de la suposición, que la frase se refiere a una conveniencia política e histórica dada. No se cuestiona, colijo, la moralidad de la lucha armada, sino su efectividad en función de resultados. La crítica formulada sólo es de tipo técnico, pues no va más allá –o no parece hacerlo– de un análisis puramente utilitarista.

Aquel breve post de Facebook me llevó de nuevo a meditar sobre el protagonismo que en este proceso de paz está jugando –o no– la reflexión ética y su influencia real, tanto en el caso de los antiguos dirigentes de Batasuna que impulsaron Sortu como de la gran mayoría, identificada con la IA, de los 313.000 votantes que respaldaron a Bildu en las elecciones de mayo de 2011.

En opinión de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE), la estrategia política de Sortu y Bildu obedece a los presupuestos utilitaristas recién sugeridos: una vez derrotada la lucha armada, aseguran, el rechazo a la misma viene obligado por la necesidad de salir de la ilegalidad. A la fuerza ahorcan, dice el refrán, por lo que la corriente mayoritaria de la IA se agarra como puede a su oportunidad de supervivencia, sin abandonar el original respaldo a ETA. Sin embargo, la cuestión parece más compleja a otros espectadores del proceso de paz, quienes sostienen que el viraje político respaldado por la masa social de la IA no carece de planteamientos éticos, dicho sea sin caer en estadísticas ficticias y aun reconociendo que buen número de votantes de este cuerpo electoral sigue anteponiendo las consideraciones coyunturales. Leer toda la entrada

La construcción de la hegemonía

30.05.2011 (9:17 am)

Francisco Letamendia, profesor de la UPV-EHU
Paco Letamendia, profesor de la UPV-EHU

El acceso a la hegemonía de la izquierda abertzale pasada la página de ETA o a punto de pasarla ha dejado de ser una cuestión teórica para plantearse en el terreno práctico.

Conviene pues reflexionar sobre la hegemonía. Esta no consiste en la suma de votos, sino en un cierto liderazgo intelectual y moral. No significa imposición, sino capacidad de persuasión sobre ideas y proyectos en la sociedad en su conjunto, incluyendo a quienes defienden intereses y proyectos contrarios: proceso erizado de dificultades que excluye toda autocomplacencia.

Describiré pues los pasos a dar para construir la hegemonía, con la heterodoxia consciente de quien, aunque simpatiza con los proyectos de Bildu y Sortu, no forma parte de ninguna de sus estructuras orgánicas.

Izquierda abertzale, Aralar, Nafarroa: La fórmula feliz de Bildu amplía en el plano simbólico los dos elementos de la izquierda abertzale: el elemento abertzale a través de Eusko Alkartasuna, el de izquierda con Alternativa. Pero queda por reconstruir el tronco central de la izquierda abertale; lo que exige resolver el tema de Aralar, y finalmente, el de la política vasca en Nafarroa.

Tras los pobres resultados de Aralar en la Comunidad Autónoma hay quien juzgará innecesaria tal operación. Pero la hegemonía no es un tema de suma de votos, sino de convergencia de entidades. La fórmula organizativa que se elija para la reconstrucción es lo de menos; lo que importa es el proceso y la imagen de unidad.

Pero en este tema hay factores que van más allá de lo simbólico y que afectan a temas tan centrales como es la dimensión territorial de la política vasca. El problema de Aralar es el problema navarro. Si no se aborda esta cuestión por sectarismos recíprocos, podemos asistir a la bifurcación de dos abertzalismos, uno vascongado bildutarra y otro navarro aralarizado y nabaitarra. ¿Puede ser oportuna la presencia de dos fuerzas abertzales en el territorio navarro, repartiéndose distintas clientelas y alianzas? Tal vez; siempre que sea de común acuerdo, sin luchas fratricidas y con una estrategia previamente acordada.

Sortu: la izquierda abertzale, y ésta es una cuestión de simple democracia, precisa el pleno acceso a los derechos civiles y políticos de quienes son sus dirigentes ilegalizados. Pero también lo precisan los españoles: aquellos están liderando el movimiento hacia la solución democrática, y como todo el mundo sabe, su presencia es imprescindible para pasar definitivamente la página de ETA. Todos los procesos políticos de calado han tenido por otra parte un interlocutor central; la permanencia en la cárcel Arnaldo Otegi es hoy un escándalo surrealista y sangrante.

PNV: Como la acción armada ha dejado de ser como un elemento de la acumulación de fuerzas (fue siempre así en la práctica, y ahora lo es en el discurso), la acumulación sólo puede extenderse en la dirección del nacionalismo vasco en su conjunto, como un pacto o programa común entre las dos familias, PNV e izquierda abertzale. Es esto lo que ocurrido en procesos de liberación nacional como el de Irlanda del Norte, en forma de acuerdo SDLP-Sinn Fein. Lo que supone finalmente dos procesos de construcción de la hegemonía: el del nacionalismo vasco en su conjunto, y el de cada una de las familias, siendo pues compatible con la competencia entre sí de estas para conseguirla. Leer toda la entrada

Este disco suena diferente

10.02.2011 (9:42 am)

Roberto Cacho
Roberto Cacho

¿Alguna vez, escuchando el último disco de vuestro músico favorito, os ha sonado diferente de los discos anteriores? Si no os ha pasado es posible que el disco fuese de Ramoncín. Los grandes artistas tienen estilos muy personales que les identifican frente a otros, pero suelen evolucionar a lo largo de su carrera y pasar por distintas fases en las que pueden llegar a adoptar estilos relativamente diferentes.

Bueno, pues algo de eso me parece que está pasando alrededor de la izquierda abertzale y ETA estos últimos meses: cada cuatro años sacan disco nuevo pero este último me suena distinto. Y en esa percepción hay mucho de sensaciones personales y también algo de datos objetivos.

Empezando por mis sensaciones personales, estoy viviendo todo este proceso con bastante menos ilusión, esperanza y credulidad que las anteriores treguas. Es curioso. Cuando ETA anunció a finales del verano la tregua me enteré por twitter. Entonces estaba en la piscina con mi familia e informé a mi compañera con un lánguido “Nere, que dicen que hay tregua; voy a darme un chapuzón”. El último spot de ETA vendiendo un alto el fuego permanente general y verificable me supo a poco y tampoco me provocó la más mínima exaltación, al contrario de lo que ocurrió con treguas anteriores. Cada vez que sale ETA en la tele, me sabe a poco.

Un mes antes del primer anuncio de ETA escribía en este blog que lo de siempre no servía, y ahora ya me parece que la canción suena distinta a la de otras ocasiones, y entro ya en los datos objetivos. En concreto, el estribillo que dice la IA “rechaza y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos y eso incluye la violencia de ETA, si la hubiera, en cualquiera de sus manifestaciones”. Cierto es que se pone una condición al rechazo a la violencia de ETA: “si la hubiera”, lo que me hace pensar que no se arrepienten de su apoyo histórico a ETA. Pero creo que por primera vez hay una oposición explícita a la violencia de ETA, lo cual me parece un paso importante y decidido, y como tal lo reconozco.

Claro, que como siempre que un músico cambia un poco de estilo, puede ganar nuevos adeptos pero también perder otros que prefieren la ortodoxia clásica a de la “new age”. Desde ese punto de vista me preocupa que haya seguidores de la IA que opinen como la gente del PP: que esto es solo un truco para presentarse a las elecciones de mayo y que después todo volverá a la normalidad (me refiero a “su” normalidad: la de los asesinatos y la extorsión).

Pero creo que hay algo diferente en este proceso que puede hacer que también cambie el final ya conocido de los discos anteriores. La responsabilidad de la IA es demostrar día a día que sus palabras son sinceras mirando hacia el futuro, pero también hacer algo en relación al pasado porque hay una deuda con muchas víctimas a las que no se puede dejar al margen de este proceso. Y la responsabilidad del gobierno debe ser, como mínimo, no poner zancadillas y dejar que se sigan dando pasos que parece que van a llevarnos, por fin, a una convivencia democrática y pacífica en el País Vasco.

Sortu y el nuevo escenario

08.02.2011 (12:09 pm)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Ayer por fin se produjo la esperada presentación de los estatutos de Sortu, el nuevo partido que lanza la izquierda abertzale ilegalizada para defender sus ideas por vías exclusivamente democráticas. Después de varias décadas de justificar y amparar las acciones de ETA, nace un nuevo proyecto que da la espalda a esa forma de actuar y cuyos estatutos lo dejan bien claro. En el acto del Euskalduna ayer por fin sonaron las palabras que tanto ha esperado oír la sociedad vasca, hastiada ya de inverosímiles argumentos para justificar una lucha armada que no tiene ya ningún sentido.

A pesar de la claridad con la que Sortu cumple con los requisitos exigidos a la Ley de Partidos al pie de la letra, su legalización tendrá que pasar el filtro de la Justicia española, ya que sus estatutos serán recurridos de oficio por los impulsores de una ley creada expresamente para expulsar a la izquierda abertzale de las instituciones. Tanto PSE como PP continúan exigiendo a Sortu más de lo que la propia Ley de Partidos y la sentencia del Tribunal de Estrasburgo valoran como valores mínimos para un partido político sea legal.

El Lehendakari Patxi López ha valorado positivamente la presentación de Sortu y la percibe como algo novedoso en el contexto de la superación del conflicto y como un paso adelante en la dirección correcta pero, como otros miembros de su partido, considera que Sortu debe pasar el filtro de la justicia. Desde el Gobierno central la reacción ha sido la esperada: no confían en la izquierda abertzale y creen que puede ser una sucesión fraudulenta de Batasuna, por lo que remitirán los estatutos a la fiscalía para que resuelva sobre su inscripción en el Registro de Partidos.

La posición del Partido Popular continua siendo la misma: cualquier partido que presente la Izquierda Abertzale ilegalizada es continuación de los anteriores y, por tanto, debe ser ilegal a pesar de lo que digan sus estatutos. Para el Partido Popular, mientras ETA siga existiendo, no habrá un nuevo escenario y, por tanto, no se debe permitir a ninguna nueva formación que presente la Izquierda Abertzale ilegalizada que pueda concurrir a los comicios.

Y es que a los partidos mayoritarios en el estado no les conviene un nuevo escenario sin ETA. Este escenario en el que no hay asesinatos pero ETA no ha desaparecido, les permite seguir aplicando la Ley de Partidos y deformar así a su favor el mapa electoral vasco. Les permite seguir manteniendo su pose de intransigencia frente al electorado español. Les permite seguir mezclando conflicto armado y conflicto político, desactivando así cualquier iniciativa democrática en favor de la autodeterminación. En definitiva, les permite convertir el nuevo escenario en el escenario anterior.

Así pues, ni tenemos un nuevo escenario ni el viejo acaba de desaparecer. El proceso se alarga y quedan demasiados flecos sueltos para que veamos, ni de lejos, una sociedad en paz y normalizada. Hay partidos y asociaciones de víctimas que no han cambiado un ápice en sus posturas. ETA no se atreve a dar el paso definitivo y la Izquierda Abertzale ilegalizada está pendiente de lo que decidan en instancias judiciales. Incluso el colectivo de presos está dividido. Es, por tanto, prematuro una vez más el pensar que la paz y la normalización están cerca. El escenario va cambiando, eso es indudable, pero lo hace con una lentitud exasperante para los que apostamos desde siempre por una salida del conflicto que no nos convierta en una sociedad fracturada durante las décadas venideras.

Posibles escenarios

03.11.2010 (8:21 pm)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

La situación no es la prevista antes de verano, aunque tampoco resulta muy lejana.

Aunque resulte un poco complejo y algo sofisticado, puede ser útil operar con distintos escenarios a partir de distintas respuestas de ETA. Consideraríamos tres posibles respuestas de ETA y cada una, a su vez y a corto plazo, puede abrir distintos escenarios,  distintas posibilidades:

I. Primera respuesta de ETA y previsible respuesta de la IA
Empezamos por la primera respuesta posible de ETA, la que por otro lado, en los muy últimos días aparece como la más probable. Que no exista respuesta o que la respuesta siga en la linea de la anteriores.  Es decir, que siga más o menos como hasta ahora. De momento, no está nada claro que lo vayamos a dejar. Suspenderemos tácticamente las acciones ofensivas pero mantendremos las defensivas (robos, chantajes económicos, etc.). De momento vamos a esperar a ver qué es lo que ofrece el Estado (algunos compromisos políticos, por ejemplo). Estas serían sus respuestas. En ellas ETA sigue manifestando que no se enteran de cuál es la realidad social y política y siguen actuando como unos ignorantes creyendo que la liberación del país sigue dependiendo de ellos.

Ante esta situación, resulta previsible una declaración de ruptura de la IA. Una declaración de ruptura de la IA que no tiene por qué implicar condenas o repulsas sobre el pasado, pero sería precisa en el sentido de declarar que en adelante la IA no tiene nada que ver con ETA, o mejor dicho, con la ETA que no ha decidido iniciar su proceso de desaparición incondicional. Lo que le conduciría, asimismo, a afirmar que no aprobará y mucho menos apoyará discursivamente la violencia que ETA ejerza en el futuro.

Parece más lógico que la IA haga esta declaración antes de que ETA cometa un atentado; que la haga desde el momento en que la IA sea consciente de que ETA no va a cambiar, algo de lo que quizás (sólo quizás) ya debería de ser consciente. Hasta que se produzca esta declaración de la IA, que obviamente debería ser repetida en caso de atentado, su legalizacion resulta inviable.

Tras la declaracion caben, en principio, dos escenarios:

-Ecenario A

Que el Gobierno de luz verde a la legalización si la IA, además de la declaración de ruptura (antes o después de un atentado), presenta unos estatutos en lo que aparezca una evidente desconexión respecto a las vías violentas.

-Escenario B

Que a pesar de tales rupturas y tales estatutos, el Gobieno no ceda y siga impidiendo la legalizacion.

Parece mas problable la segunda opción. El Gobierno tiene que resolver este asunto dando la imagen de victoria.  Ciertamente su caraterización de la victoria no es tan exigente, tan dura como la que propone el PP. Así, por ejemplo, no parece que el Gobierno exigiría un arrepentimiento y condena pública de la IA y de ETA de todo su pasado, ni va exigir esa majadería de cuarentena -cuatro años de castigo añadido sin poder hacer nada en política- que demanda el PP. Pero no hay que olvidar que muchos votantes del PSOE estarían en contra de cualquier vestigio real o simbólico que pudiera interpretarse como que al final el Gobierno ha sido derrotado por ETA a través de la IA. Resulta muy delgado el filo entre, por un lado, presentar como victorioso el final de ETA en cuanto que la IA ha optado por las vías pacíficas y, por otro lado, ser tenido por la opinión pública española (ojo, toda la opinión pública española) como derrotado, dado que la IA continua la acción de ETA, quien por otro lado, no acaba de desaparecer.

En consecuencia, un situacion en la que ETA sigue activa (o pasiva provisionalmente) dificulta mucho un discurso de victoria aun cuando se haya establecido un nítida distancia política entre ETA y sus anteriores valedores (declaración de deconexión con ETA y estatutos antiviolentos), por lo que la posición más probable del Gobierno sería la de no legalización.

-Escenario C

Tal probalbilidad podría generar un tercer escenario basado en un cambio de posición de la IA. La misma ya no sólo hace un genérica manifestación de desconexión respecto a ETA y eventual reprobación en caso antentado, sino que manifiesta públicamente (más todavía: en un acto público) y oficialmente su condena, su rechazo al pasado y presente tanto de ETA como de ellos mismos. Y además, boicotea todos los actos que puedan percibirse como solidarios con presos o expresos o repreas, etc.

Escenario posible pero poco probable. No parece que la IA está en esta dinámica, en esta cultura de la condena y el arrepentimiento incondicional y perpetuo; desde los orígenes de los tiempos hasta el final de lo días.

II. Segunda respuesta de ETA. Indefinido con reservas

El segundo conjunto de escenarios se abre a partir de una declaración de ETA en la que establece una tregua indefinida y sujeta a verificación; aunque directa o indirectamente no asuma con rotundidad un inmediato cierre incondicional en la medida que aparecen algunas exigencias, como por ejemplo el que en algún momento el Estado negociará cambios políticos con la IA (además, por supuesto, de legalizarla) o/y ciertas garantías de excarcelación rápida de los presos.

Con este supuesto, se abren escenarios algo distintos:

A diferencia del anterior, el Estado no se encuentra con una ETA potencialmente activa, sino con un grupo que con aún con ciertas reservas, quizás mas retóricas que reales (es casi imposible autoliquidar un grupo sin nada a cambio). Esto nos situa en lo siguientes escenarios similares (sólo similares ) al caso anterior:

- Escenario A
La IA sólo tiene que hacer los correspondientes estatutos “pacifistas” para lograr su legalización. No tienen que hacer ninguna declaracion especifica de ruptura con ETA. Habida cuenta que ETA ha decidido -aún con reservas- dejarlo, no parece tener sentido afirmar la desconexión respecto a algo o alguien que prácticamente ha dejado de existir. Con los nuevos estatutos, el Gobierno impulsaría la legalización.

-Escenario B
En un segundo escenario persiste la linea exigente del Gobierno. Ve todavía riesgos en la trayectoria de ETA. Cree que ceder puede ser interpretado como un cierta derrota y en consecuencia exigirá a la IA además de lo estatutos, un adeclaración clara de desconexión con ETA y el correpondiente compromiso de no aprobación ni apoyo en ninguna circuntancia caso de una eventual opcion o acción violenta futura.

Este segundo escenario parece algo más probable. Sin duda no conllevaría, como en el caso anterior, un contrapartida cara a la consistente en una condena radical absoluta (desde siempre, para siempre, pública con boicot, etc.), pero sí una exigencia de declaración de ruptura bastente rigurosa.

III. Respuesta. Indefinido, incondicional, sin reservas

ETA afirma que lo deja. Y lo deja ya. Sin niguna condición, y además admite una verificacion exhaustiva de su desmatelamiento.

En un supuesto así (muy poco probable) parece que el único escenario problable es el de la legalización sin declaración de ruptura , y sólo con estatutos pacifistas.

Bueno, y acabo con un deseo. Es decir, lo que antecede es lo que puede pasar, pero nosotros tenemos que decir que es lo que nos gustaría que pasase, o más exactamente cuáles son los criterios que deberían ser tenidos en cuenta a la hora de resolver este asunt. Para ello reproduzco lo que decía en mi anterior intervención en el Blog:

Pero mañana, en el escenario post-septiembre, la situación va a exigir que pase a primer plano la argumentación basada en principios. Va a ser el momento de afirmar que, al margen de los problemas tácticos que el Gobierno tenga con su coyuntura, lo que está en juego es una cuestión de justicia democrática. Que resultará democráticamente insostenible dejar fuera de la confrontación política y electoral a movimientos u organizaciones que han manifestado de forma indubitada su no conexión -su rechazo- con formas violentas de acción política. A lo mejor estamos adelantando acontecimientos y ciertamente más vale seguir presionando para lograr el primer escenario de noviolencia, pero también auguramos que superar ese segundo reto, el de la Otra exigencia democrática, va a exigir un esfuerzo colectivo superior. Veremos.

Una enseñanza para no repetir errores

29.10.2010 (11:42 am)

Bakeaorain
Bakeaorain

“Hay pocos episodios en la Historia, que la posteridad tenga menos motivo para perdonar: una guerra emprendida en defensa de la santidad de los compromisos internacionales, y que acaba con la infracción, por parte de uno de los campeones victoriosos, del más sagrado de esos compromisos”, Así se pronunciaba en 1919 J.M. Keynes, en su libro: “Las consecuencias económicas de la paz,” tras ser testigo directo del Tratado de Paz con el que se dio punto final (¿o seguido?) a la primera Guerra Mundial. Se trata de un libro muy recomendable, especialmente para quienes tienen el papel de evitar que se frustre una paz que ahora tenemos tan cerca. En este libro J.M. Keynes critica la actitud vengativa de Francia y la falta de coraje de países como Estados Unidos que no supieron frenar esas ansias de venganza. El resultado fue un tratado que humillaba a Alemania, una paz cartaginesa impulsada por Clemenceau que nada tenía que ver con la paz magnánima que defendía el Presidente Wilson. Había que aplastar a Alemania para que no tuviese la tentación en el futuro de repetir nuevas invasiones. Hoy ya conocemos el resultado de aquella apuesta. Una enseñanza que nos debería servir para no repetir errores similares en la búsqueda de la PAZ, nuestra PAZ. Las recientes declaraciones de dirigentes del PP exigiendo purgatorios de cuatro años para que la IA no se pueda presentar a las próximas elecciones va más allá de lo que la ley exige y supone una dosis de humillación que en nada beneficia la búsqueda de la paz. Si Rajoy, Basagoiti y compañía asumen el papel de Clemenceau es necesario que Zapatero, Rubalcaba y compañía ejerzan, con más éxito eso sí, el papel que desempeñó Wilson, para imponer una paz magnánima y duradera. La venganza nunca traerá la paz, ésta sólo se podrá asentar con justicia y generosidad.

Todos ellos se apresuran estos días para, en menor o mayor medida, ofrecernos discursos de vencedores y vencidos. Destacan el papel que la ley de partidos o la presión policial han jugado para precipitar esta posición cuando a mi modo de ver, la ley de partidos ahora o los GAL en la década de los 80, han retrasado el proceso de maduración de Batasuna y prolongado su subordinación a ETA. También manifiestan las dudas, razonables en cierto modo, sobre el carácter estratégico o táctico de los movimientos actuales de la IA dada la proximidad de las elecciones municipales. Claro que, la actitud escéptica o pasiva de PSOE y PP también genera dudas sobre su carácter interesado de cara a esas elecciones, especialmente en Euskadi.

Por todo ello, a ambos les ruego que no jueguen al corto plazo, que tengan altura de miras, sean generosos, no se enzarcen en disputas para salir en la foto y catalicen esta oportunidad. Que los errores que apunta J.M. Keynes no se reproduzcan en esta ocasión. De lo contrario, sus palabras con las que arranco este post tendrán tristemente plena vigencia.

Espectadores o actores de la paz

15.09.2010 (11:29 pm)
Hugo Martínez Abarca
Hugo Martínez Abarca

El comunicado de ETA anunciando que desde hace unos meses tomó la decisión de no cometer acciones ofensivas pudo resultar a la vez obvio y revelador, esperanzador e insuficiente. Obvio porque nadie puede ser sincero cuando afirmaba que si ETA no cometía atentados planificados durante más de un año era porque no podía por el acoso policial: la falta de sinceridad se convierte en ridículo cuando los mismos que afirman que ETA no tiene ninguna capacidad operativa aquí dan altavoz a bulos como el de que ETA estuvo ayudando a las FARC para matar a Santos el día de su toma de posesión en Colombia movilizando a 250 efectivos: ¿no puede pegar un tiro en España, pero es verosímil que esté montando un atentado en la toma de posesión de un presidente en Colombia?  A su vez es revelador, porque la propia retórica del comunicado y su ambigüedad muestra que ETA se resiste a dar pasos y que los que da son fruto del liderazgo asumido por la izquierda abertzale, cuya apuesta por una lucha política sin respaldo violento es prácticamente unánime e inesquivable para ETA. Esperanzador para quienes deseamos la paz porque un paso imprescindible y urgente para ella es que ETA renuncie a ejercer la violencia siquiera como posibilidad futura y el comunicado es un paso en esa dirección. E insuficiente porque deja asideros demasiado evidentes a quienes se resistan a mover un dedo: la verificación de un alto el fuego definitivo (o al menos con vocación definitiva) es una necesidad y su retraso sólo facilita a quienes deseen que nada se mueva.

Ante la posibilidad de un proceso de paz hay tres posiciones: quienes no lo desean en absoluto, quienes lo deseamos profundamente y quienes lo desearían o no, pero su escepticismo es muy superior a tal deseo. Este último grupo es probablemente el más nutrido, lo que supone la principal novedad respecto a intentos anteriores. Al menos la sociedad española, durante el proceso de paz de 2006 se dividió entre quienes deseaban su éxito (la mayoría, según las encuestas de entonces) y quienes temían que el proceso de paz llegara a buen fin. En Euskadi aparentemente era abrumadoramente mayoritaria la voluntad de conseguir la paz y la normalización política. Hoy uno intuye que el escepticismo, sincero o interesado, es mayoritario por culpa del fracaso de otras ocasiones y por la ausencia o lentitud de compromisos de los actores protagonistas. Así, por una parte poquísimos agentes políticos están dispuestos a asumir riesgos y dar pasos sólidos hacia la paz pero por otra los bramidos de Mayor Oreja apenas tienen eco.

Fuera de Euskadi (estas líneas están escritas por un madrileño) sólo hubo movilizaciones populares de la derecha nacionalista española que salió a la calle reiteradamente para intentar bloquear el proceso de paz utilizando para ello un arsenal de mentiras (Zapatero tiene que devolver a ETA el favor del 11-M, el PSOE regala a ETA Navarra -mientras lo que regalaba era a UPN el gobierno foral-,…) para generar una polarización y una crispación a la que los partidarios del proceso de paz no supimos hacer frente. A favor del proceso de paz prácticamente sólo surgió un nuevo actor relevante, el constituido por mujeres vascas de distintas procedencias unidas en Ahotsak. Fuera de Euskadi la primera movilización que hubo protagonizada por quienes estábamos a favor del proceso de paz fue la convocada por los sindicatos mayoritarios tras la bomba de la T-4. Hasta que no vimos que el fracaso era inminente, no nos pusimos a trabajar por la consecución de la paz quizás porque una buena parte de la sociedad española se creyó que el gobierno estaba siendo tan valiente y decidido en el proceso de paz como denunciaba la derecha en las calles. Pero esa manifestación demostró que la ciudadanía era mucho más ambiciosa que sus gobernantes, que dieron por concluido el proceso de paz pese a haber advertido de que éste sería largo, duro y difícil.

La ausencia de movilización a favor de la paz al sur del Ebro fue una de las debilidades de aquel proceso. Es uno de los errores que hoy podríamos rectificar para conseguir activar un nuevo proceso de paz quienes no nos movemos en ministerios ni consejerías ni tenemos otra forma de empujar a pasos más decididos. Pero además es una de las formas de que como está sucediendo en la izquierda abertzale, quienes apostamos por intentar tantas veces como sea necesario la consecución de la paz nos adelantemos a quienes renuncien a correr riesgos o estén decididos a impedir la normalización de la vida política vasca.

Se anuncia que se buscarán apoyos internacionales para un proceso de paz pero nunca se apela a la movilización de la parte de la sociedad española que estaría a favor de un proceso de paz. No se puede aspirar a que los gobernantes españoles den pasos si no sienten la menor presión popular, especialmente si la violencia de ETA es un instrumento electoralista colosal para todos los gobiernos: encuesta tras encuesta, el ministro del Interior es el más valorado del gobierno sea quien sea. Asimismo, contribuiría a la normalización de Euskadi la existencia de tejido social español que mostrase que no hay un conflicto entre dos pueblos, sino entre dos posiciones políticas cuyo ámbito de resolución es fundamentalmente vasco.

Quizás sea el momento de establecer redes plurales por la paz y los derechos humanos que traten de organizar actos, manifiestos, apoyos… a la pacificación y normalización política vascas: posiblemente sólo haya que pedir el respeto definitivo a todos los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, pero también los derechos políticos y civiles tan erosionados por la vigente teoría del entorno. Tales redes constituirían en definitiva una suerte de observatorios democráticos que señalasen y contribuyesen a romper las inercias tan cómodas de las que muy poca gente quiere moverse. Algo, por cierto, parecido a lo que viene haciendo Lokarri en general y esta página en particular.

A los gobernantes hay que exigirles que cumplan su obligación y dejen de ser espectadores y pasen a ser actores de la paz. Pero para ello la propia ciudadanía debe ejercer de actor. Quedarse mirando nunca ha servido de nada.

¿Todo el mundo quiere la paz? Pues según quién y cómo

07.07.2010 (10:10 am)

Nynaeve, La Rueda del Tiempo

Esto de la paz es curioso. Hables con quien hables, siempre estarán a favor la paz. Lo que no dicen siempre es el tipo de paz que se quiere tener.

Sin ir más lejos tenemos la paz al estilo Franco. No podemos negar que durante muchos años reinó “la paz”. Eso sí a costa de cepillarse a cualquier disidente. Esa y no otra es la que yo creo que quiere el Sr. Mayor Oreja, por ejemplo, que en unas recientes declaraciones recogidas en La Rueda del Tiempo, por NicKNeuk, deja claro que el mayor peligro de que la vía de resolución de conflictos que está abierta, llegue a buen fin es que ETA pudiera dedicarse a hacer política, con el daño que eso supondría para España, la cual está en peligro.

Así que lo que este señor, no dice, pero que está claro si nos atenemos a los hechos es que una etapa de poca actividad de ETA, es asumible, si con ello no se pone en peligro su sacrosanta unidad. Eso sí, con todas las “garantías” que este Estado de Derecho que tenemos hoy, sigan vigentes, vamos… que no ceje la violencia del Estado.

Y después de todo, es previsible su actitud, no sólo lo dice, es que estoy segura de que él cree a pies juntillas que la Izquierda Abertzale es etarra. Bueno, digo yo que se refiere a la izquierda abertzale, porque en la misma entrevista, con hablar de la izquierda vasca, le basta y sobra… así que yo me pregunto si para este señor, Aralar y/o EB, o no son izquierda o no son vascos.

Lo que todavía me parece peor es lo que hacen desde el PSOE. Porque yo estoy segura de que una gran mayoría en el PSE no cree que la izquierda abertzale sea ETA, aunque en función de para qué sirva el discurso, en unos casos lo afirman, en no pocos lo matizan y en otros lo rechazan.

Mientras tanto, independientemente de elegir el modelo con el que vestir el santo, por si las moscas, se aseguran lo que al parecer realmente les importa, tener más representatividad intentado quitar de la ecuación electoral a un sector, que les resulta molesto.

Independientemente de lo antidemocrático que es eso, previsible en un partido profranquista como el PP y en principio mucho más cuestionable en un partido como el PSOE –insisto-, la irresponsabilidad que conlleva respecto a que en lugar de favorecer un fin ordenado de la violencia, lo que estén es provocando justo lo contrario, hace plantearse, si también ellos quieren la paz y no su Paz.

Al hilo de esto, no puedo de dejar de repetirme con sorna, las declaraciones de Coalición Canaria tras votar a favor de dichas rebajas democráticas.

En materia antiterrorista hay que estar siempre, siempre con el gobierno, aunque se equivoque.

Pues no, lo siento, si el gobierno se equivoca y callamos lo único que conseguimos es que la injusticia sea todavía mayor. Injusticia de la que nos hacemos cómplices.

Por mucho que se empeñen algunos, si lo que se busca es “su” paz y no “la” paz, lo que pasa por que haya mayor democracia y no lo contrario, no podremos solucionarlo nunca. Más tarde o más temprano, volveremos a lo mismo.

Vuelta de tuerca a la ley de partidos

05.07.2010 (10:18 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

¿Para qué ha servido desde su aprobación hace más de ocho años la Ley de Partidos? Para ilegalizar a un único partido político, nada más. Es decir, la Ley de Partidos es una ley formulada y aplicada con la única intencionalidad de anular derechos civiles de un muy determinado segmento de la población, un segmento de la población independentista, socialista y que se ha resistido a condenar la violencia de ETA, no así otros tipos de violencia.

Tras la aprobación de la Ley de Partidos por el Tribunal Supremo, Batasuna alzó recurso ante el Tribunal Constitucional, optando éste por respaldar la decisión del Tribunal Supremo de ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna, quedando únicamente abierta la posibilidad de recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que, en una sentencia que sorprendió a quienes pensamos que es una ley que vulnera derechos, avaló su contenido.

De todos es sabido que las ideologías no delinquen, delinquen las personas, y para las personas que delinquen, el Código Penal ya está provisto de los mecanismos adecuados para actuar en consecuencia. Se puede, y de hecho se hace con cierta frecuencia, más de la deseable, endurecer las penas que estipula el Código Penal para el castigo de los delitos que cometen las personas, y, en una nueva vuelta de tuerca al despropósito que supone ilegalizar un partido político que no condena un determinado tipo de violencia, en el Reino de España el PSOE y el PP, con el apoyo de Coalición Canaria, hacen posible que el esperpento alcance dimensiones inquisitoriales.

Sorprendente, más teniendo en cuenta que el partido ilegalizado ha comenzado a aplicar los principios que permitirían su legalización a través de la declaración Zutik Euskal Herria (pdf) y con ella dar un paso hacia la normalización política en este país.

O no tan sorprendente.

La verdadera lucha es contra la indiferencia

24.06.2010 (9:38 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Poco a poco se van acercando las elecciones municipales y forales de 2011 y los partidos políticos están ya van tomando posiciones para afrontar una dura pre-campaña electoral. Estas son las primeras elecciones desde que se firmó el pacto PSE-PP que llevó a Patxi López a la Lehendakaritza, dando así un vuelco al panorama político e institucional vasco. Los resultados de estas elecciones nos van a permitir visualizar además como ha aceptado la ciudadanía los recortes, tanto económicos como de derechos sociales y laborales, que hemos tenido que sufrir los ciudadanos para contentar a instituciones como el FMI o la Unión Europea.

En este contexto, los últimos movimientos de la Izquierda Abertzale apostando por una salida democrática al conflicto político son percibidos por la ciudadanía con bastante indiferencia. Y esta indiferencia no es debida a que la sociedad vasca no desee un futuro en paz, sino que se debe a que los partidos que tienen la llave que abre el candado de la legalidad repiten una y otra vez que la única forma de que la Izquierda Abertzale se pueda presentar a las elecciones es que se desvinculen de la violencia de ETA.

¿Qué significa esto en realidad? Hace un par de años que se pedía a la IA que condenase la violencia y que apostase por las vías democráticas. Hoy en día ya esto ya no vale. Mientras ETA no desaparezca, no se va a permitir que la IA se presente a las elecciones. Y el fin de ETA ya no va a ser dialogado, ya que PP y PSOE ven a la organización terrorista ya vencida de facto. O bien ETA se rinde sin condiciones o se termina con ella por la vía policial.

Sea cual sea el fin de ETA, a nadie le conviene que se prolongue en el tiempo, más que a los partidos que se benefician electoralmente de la ilegalización de esta opción de izquierda. Si la lucha armada se prolonga, si ETA no se aparta y sigue sin mover ficha, miles de municipios vascos tendrán gobiernos de partidos neoliberales, la izquierda vasca seguirá atomizada e inoperativa, se perderá una oportunidad más para que se afiancen políticas sociales que respondan al pensamiento único mi puesto por los mercados y por instituciones a las que ningún ciudadano ha elegido, pero que gobiernan nuestras vidas a través de quienes les regalan nuestros votos.

Es la organización terrorista la que tiene que valorar su posición: la lucha armada no va a reportar ningún avance político en el conflicto. La oposición de la sociedad vasca a la violencia es clara. La propia existencia de ETA supone la traba más importante para que sus propias posiciones políticas sean excluidas de cualquier institución, justo cuando más alta hace que la izquierda pueda hacer frente unido frente a los excesos de los que han propiciado la crisis y ahora se benefician de ella.

La desaparición de ETA sería un revulsivo para acabar con la indiferencia y el hastío de esta sociedad. Estoy convencido de que los movimientos políticos que se produzcan en un escenario post-terrorismo pueden ser un buen punto de partida para que la sociedad vasca salga de un letargo que ya dura demasiado tiempo y se centre en solucionar los problemas más urgentes que padecemos. Eso no significa que nadie tenga que renunciar a sus objetivos últimos. Simplemente supondría cambiar de estrategia y abandonar una vía que ya ha demostrado sobradamente que no lleva más que a prolongar el odio y el dolor que nuestra sociedad quiere dejar atrás de una vez por todas.