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La verdadera lucha es contra la indiferencia

24.06.2010 (9:38 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Poco a poco se van acercando las elecciones municipales y forales de 2011 y los partidos políticos están ya van tomando posiciones para afrontar una dura pre-campaña electoral. Estas son las primeras elecciones desde que se firmó el pacto PSE-PP que llevó a Patxi López a la Lehendakaritza, dando así un vuelco al panorama político e institucional vasco. Los resultados de estas elecciones nos van a permitir visualizar además como ha aceptado la ciudadanía los recortes, tanto económicos como de derechos sociales y laborales, que hemos tenido que sufrir los ciudadanos para contentar a instituciones como el FMI o la Unión Europea.

En este contexto, los últimos movimientos de la Izquierda Abertzale apostando por una salida democrática al conflicto político son percibidos por la ciudadanía con bastante indiferencia. Y esta indiferencia no es debida a que la sociedad vasca no desee un futuro en paz, sino que se debe a que los partidos que tienen la llave que abre el candado de la legalidad repiten una y otra vez que la única forma de que la Izquierda Abertzale se pueda presentar a las elecciones es que se desvinculen de la violencia de ETA.

¿Qué significa esto en realidad? Hace un par de años que se pedía a la IA que condenase la violencia y que apostase por las vías democráticas. Hoy en día ya esto ya no vale. Mientras ETA no desaparezca, no se va a permitir que la IA se presente a las elecciones. Y el fin de ETA ya no va a ser dialogado, ya que PP y PSOE ven a la organización terrorista ya vencida de facto. O bien ETA se rinde sin condiciones o se termina con ella por la vía policial.

Sea cual sea el fin de ETA, a nadie le conviene que se prolongue en el tiempo, más que a los partidos que se benefician electoralmente de la ilegalización de esta opción de izquierda. Si la lucha armada se prolonga, si ETA no se aparta y sigue sin mover ficha, miles de municipios vascos tendrán gobiernos de partidos neoliberales, la izquierda vasca seguirá atomizada e inoperativa, se perderá una oportunidad más para que se afiancen políticas sociales que respondan al pensamiento único mi puesto por los mercados y por instituciones a las que ningún ciudadano ha elegido, pero que gobiernan nuestras vidas a través de quienes les regalan nuestros votos.

Es la organización terrorista la que tiene que valorar su posición: la lucha armada no va a reportar ningún avance político en el conflicto. La oposición de la sociedad vasca a la violencia es clara. La propia existencia de ETA supone la traba más importante para que sus propias posiciones políticas sean excluidas de cualquier institución, justo cuando más alta hace que la izquierda pueda hacer frente unido frente a los excesos de los que han propiciado la crisis y ahora se benefician de ella.

La desaparición de ETA sería un revulsivo para acabar con la indiferencia y el hastío de esta sociedad. Estoy convencido de que los movimientos políticos que se produzcan en un escenario post-terrorismo pueden ser un buen punto de partida para que la sociedad vasca salga de un letargo que ya dura demasiado tiempo y se centre en solucionar los problemas más urgentes que padecemos. Eso no significa que nadie tenga que renunciar a sus objetivos últimos. Simplemente supondría cambiar de estrategia y abandonar una vía que ya ha demostrado sobradamente que no lleva más que a prolongar el odio y el dolor que nuestra sociedad quiere dejar atrás de una vez por todas.