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Táctica versus ética

08.09.2011 (2:43 pm)

Ignacio González Orozco, escritor y editor
Ignacio González Orozco, escritor y editor

Hace pocos días, uno de mis contactos en Facebook, simpatizante notorio de la corriente mayoritaria de la izquierda abertzale (en adelante IA, por usar una sigla ya generalizada), me comentaba su rechazo a la violencia de ETA. Recupero sus propias palabras: “Hoy por hoy la lucha armada no sirve para nada”.

Como las interpretaciones son siempre capciosas, intentaré abordar literalmente el anterior aserto. Su análisis semántico alude a un tiempo concreto, el presente, que sugiere una comparación negativa con respecto a un pasado; también acusa de nula utilidad a una actividad determinada, la lucha armada. En sentido estricto, esta oración no incluye ninguna consideración de orden moral sobre dicha actividad. Y añadiría yo, aun entrando en el terreno de la suposición, que la frase se refiere a una conveniencia política e histórica dada. No se cuestiona, colijo, la moralidad de la lucha armada, sino su efectividad en función de resultados. La crítica formulada sólo es de tipo técnico, pues no va más allá –o no parece hacerlo– de un análisis puramente utilitarista.

Aquel breve post de Facebook me llevó de nuevo a meditar sobre el protagonismo que en este proceso de paz está jugando –o no– la reflexión ética y su influencia real, tanto en el caso de los antiguos dirigentes de Batasuna que impulsaron Sortu como de la gran mayoría, identificada con la IA, de los 313.000 votantes que respaldaron a Bildu en las elecciones de mayo de 2011.

En opinión de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE), la estrategia política de Sortu y Bildu obedece a los presupuestos utilitaristas recién sugeridos: una vez derrotada la lucha armada, aseguran, el rechazo a la misma viene obligado por la necesidad de salir de la ilegalidad. A la fuerza ahorcan, dice el refrán, por lo que la corriente mayoritaria de la IA se agarra como puede a su oportunidad de supervivencia, sin abandonar el original respaldo a ETA. Sin embargo, la cuestión parece más compleja a otros espectadores del proceso de paz, quienes sostienen que el viraje político respaldado por la masa social de la IA no carece de planteamientos éticos, dicho sea sin caer en estadísticas ficticias y aun reconociendo que buen número de votantes de este cuerpo electoral sigue anteponiendo las consideraciones coyunturales. Leer toda la entrada

Sortu y el nuevo escenario

08.02.2011 (12:09 pm)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

Ayer por fin se produjo la esperada presentación de los estatutos de Sortu, el nuevo partido que lanza la izquierda abertzale ilegalizada para defender sus ideas por vías exclusivamente democráticas. Después de varias décadas de justificar y amparar las acciones de ETA, nace un nuevo proyecto que da la espalda a esa forma de actuar y cuyos estatutos lo dejan bien claro. En el acto del Euskalduna ayer por fin sonaron las palabras que tanto ha esperado oír la sociedad vasca, hastiada ya de inverosímiles argumentos para justificar una lucha armada que no tiene ya ningún sentido.

A pesar de la claridad con la que Sortu cumple con los requisitos exigidos a la Ley de Partidos al pie de la letra, su legalización tendrá que pasar el filtro de la Justicia española, ya que sus estatutos serán recurridos de oficio por los impulsores de una ley creada expresamente para expulsar a la izquierda abertzale de las instituciones. Tanto PSE como PP continúan exigiendo a Sortu más de lo que la propia Ley de Partidos y la sentencia del Tribunal de Estrasburgo valoran como valores mínimos para un partido político sea legal.

El Lehendakari Patxi López ha valorado positivamente la presentación de Sortu y la percibe como algo novedoso en el contexto de la superación del conflicto y como un paso adelante en la dirección correcta pero, como otros miembros de su partido, considera que Sortu debe pasar el filtro de la justicia. Desde el Gobierno central la reacción ha sido la esperada: no confían en la izquierda abertzale y creen que puede ser una sucesión fraudulenta de Batasuna, por lo que remitirán los estatutos a la fiscalía para que resuelva sobre su inscripción en el Registro de Partidos.

La posición del Partido Popular continua siendo la misma: cualquier partido que presente la Izquierda Abertzale ilegalizada es continuación de los anteriores y, por tanto, debe ser ilegal a pesar de lo que digan sus estatutos. Para el Partido Popular, mientras ETA siga existiendo, no habrá un nuevo escenario y, por tanto, no se debe permitir a ninguna nueva formación que presente la Izquierda Abertzale ilegalizada que pueda concurrir a los comicios.

Y es que a los partidos mayoritarios en el estado no les conviene un nuevo escenario sin ETA. Este escenario en el que no hay asesinatos pero ETA no ha desaparecido, les permite seguir aplicando la Ley de Partidos y deformar así a su favor el mapa electoral vasco. Les permite seguir manteniendo su pose de intransigencia frente al electorado español. Les permite seguir mezclando conflicto armado y conflicto político, desactivando así cualquier iniciativa democrática en favor de la autodeterminación. En definitiva, les permite convertir el nuevo escenario en el escenario anterior.

Así pues, ni tenemos un nuevo escenario ni el viejo acaba de desaparecer. El proceso se alarga y quedan demasiados flecos sueltos para que veamos, ni de lejos, una sociedad en paz y normalizada. Hay partidos y asociaciones de víctimas que no han cambiado un ápice en sus posturas. ETA no se atreve a dar el paso definitivo y la Izquierda Abertzale ilegalizada está pendiente de lo que decidan en instancias judiciales. Incluso el colectivo de presos está dividido. Es, por tanto, prematuro una vez más el pensar que la paz y la normalización están cerca. El escenario va cambiando, eso es indudable, pero lo hace con una lentitud exasperante para los que apostamos desde siempre por una salida del conflicto que no nos convierta en una sociedad fracturada durante las décadas venideras.

Posibles escenarios

03.11.2010 (8:21 pm)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

La situación no es la prevista antes de verano, aunque tampoco resulta muy lejana.

Aunque resulte un poco complejo y algo sofisticado, puede ser útil operar con distintos escenarios a partir de distintas respuestas de ETA. Consideraríamos tres posibles respuestas de ETA y cada una, a su vez y a corto plazo, puede abrir distintos escenarios,  distintas posibilidades:

I. Primera respuesta de ETA y previsible respuesta de la IA
Empezamos por la primera respuesta posible de ETA, la que por otro lado, en los muy últimos días aparece como la más probable. Que no exista respuesta o que la respuesta siga en la linea de la anteriores.  Es decir, que siga más o menos como hasta ahora. De momento, no está nada claro que lo vayamos a dejar. Suspenderemos tácticamente las acciones ofensivas pero mantendremos las defensivas (robos, chantajes económicos, etc.). De momento vamos a esperar a ver qué es lo que ofrece el Estado (algunos compromisos políticos, por ejemplo). Estas serían sus respuestas. En ellas ETA sigue manifestando que no se enteran de cuál es la realidad social y política y siguen actuando como unos ignorantes creyendo que la liberación del país sigue dependiendo de ellos.

Ante esta situación, resulta previsible una declaración de ruptura de la IA. Una declaración de ruptura de la IA que no tiene por qué implicar condenas o repulsas sobre el pasado, pero sería precisa en el sentido de declarar que en adelante la IA no tiene nada que ver con ETA, o mejor dicho, con la ETA que no ha decidido iniciar su proceso de desaparición incondicional. Lo que le conduciría, asimismo, a afirmar que no aprobará y mucho menos apoyará discursivamente la violencia que ETA ejerza en el futuro.

Parece más lógico que la IA haga esta declaración antes de que ETA cometa un atentado; que la haga desde el momento en que la IA sea consciente de que ETA no va a cambiar, algo de lo que quizás (sólo quizás) ya debería de ser consciente. Hasta que se produzca esta declaración de la IA, que obviamente debería ser repetida en caso de atentado, su legalizacion resulta inviable.

Tras la declaracion caben, en principio, dos escenarios:

-Ecenario A

Que el Gobierno de luz verde a la legalización si la IA, además de la declaración de ruptura (antes o después de un atentado), presenta unos estatutos en lo que aparezca una evidente desconexión respecto a las vías violentas.

-Escenario B

Que a pesar de tales rupturas y tales estatutos, el Gobieno no ceda y siga impidiendo la legalizacion.

Parece mas problable la segunda opción. El Gobierno tiene que resolver este asunto dando la imagen de victoria.  Ciertamente su caraterización de la victoria no es tan exigente, tan dura como la que propone el PP. Así, por ejemplo, no parece que el Gobierno exigiría un arrepentimiento y condena pública de la IA y de ETA de todo su pasado, ni va exigir esa majadería de cuarentena -cuatro años de castigo añadido sin poder hacer nada en política- que demanda el PP. Pero no hay que olvidar que muchos votantes del PSOE estarían en contra de cualquier vestigio real o simbólico que pudiera interpretarse como que al final el Gobierno ha sido derrotado por ETA a través de la IA. Resulta muy delgado el filo entre, por un lado, presentar como victorioso el final de ETA en cuanto que la IA ha optado por las vías pacíficas y, por otro lado, ser tenido por la opinión pública española (ojo, toda la opinión pública española) como derrotado, dado que la IA continua la acción de ETA, quien por otro lado, no acaba de desaparecer.

En consecuencia, un situacion en la que ETA sigue activa (o pasiva provisionalmente) dificulta mucho un discurso de victoria aun cuando se haya establecido un nítida distancia política entre ETA y sus anteriores valedores (declaración de deconexión con ETA y estatutos antiviolentos), por lo que la posición más probable del Gobierno sería la de no legalización.

-Escenario C

Tal probalbilidad podría generar un tercer escenario basado en un cambio de posición de la IA. La misma ya no sólo hace un genérica manifestación de desconexión respecto a ETA y eventual reprobación en caso antentado, sino que manifiesta públicamente (más todavía: en un acto público) y oficialmente su condena, su rechazo al pasado y presente tanto de ETA como de ellos mismos. Y además, boicotea todos los actos que puedan percibirse como solidarios con presos o expresos o repreas, etc.

Escenario posible pero poco probable. No parece que la IA está en esta dinámica, en esta cultura de la condena y el arrepentimiento incondicional y perpetuo; desde los orígenes de los tiempos hasta el final de lo días.

II. Segunda respuesta de ETA. Indefinido con reservas

El segundo conjunto de escenarios se abre a partir de una declaración de ETA en la que establece una tregua indefinida y sujeta a verificación; aunque directa o indirectamente no asuma con rotundidad un inmediato cierre incondicional en la medida que aparecen algunas exigencias, como por ejemplo el que en algún momento el Estado negociará cambios políticos con la IA (además, por supuesto, de legalizarla) o/y ciertas garantías de excarcelación rápida de los presos.

Con este supuesto, se abren escenarios algo distintos:

A diferencia del anterior, el Estado no se encuentra con una ETA potencialmente activa, sino con un grupo que con aún con ciertas reservas, quizás mas retóricas que reales (es casi imposible autoliquidar un grupo sin nada a cambio). Esto nos situa en lo siguientes escenarios similares (sólo similares ) al caso anterior:

- Escenario A
La IA sólo tiene que hacer los correspondientes estatutos “pacifistas” para lograr su legalización. No tienen que hacer ninguna declaracion especifica de ruptura con ETA. Habida cuenta que ETA ha decidido -aún con reservas- dejarlo, no parece tener sentido afirmar la desconexión respecto a algo o alguien que prácticamente ha dejado de existir. Con los nuevos estatutos, el Gobierno impulsaría la legalización.

-Escenario B
En un segundo escenario persiste la linea exigente del Gobierno. Ve todavía riesgos en la trayectoria de ETA. Cree que ceder puede ser interpretado como un cierta derrota y en consecuencia exigirá a la IA además de lo estatutos, un adeclaración clara de desconexión con ETA y el correpondiente compromiso de no aprobación ni apoyo en ninguna circuntancia caso de una eventual opcion o acción violenta futura.

Este segundo escenario parece algo más probable. Sin duda no conllevaría, como en el caso anterior, un contrapartida cara a la consistente en una condena radical absoluta (desde siempre, para siempre, pública con boicot, etc.), pero sí una exigencia de declaración de ruptura bastente rigurosa.

III. Respuesta. Indefinido, incondicional, sin reservas

ETA afirma que lo deja. Y lo deja ya. Sin niguna condición, y además admite una verificacion exhaustiva de su desmatelamiento.

En un supuesto así (muy poco probable) parece que el único escenario problable es el de la legalización sin declaración de ruptura , y sólo con estatutos pacifistas.

Bueno, y acabo con un deseo. Es decir, lo que antecede es lo que puede pasar, pero nosotros tenemos que decir que es lo que nos gustaría que pasase, o más exactamente cuáles son los criterios que deberían ser tenidos en cuenta a la hora de resolver este asunt. Para ello reproduzco lo que decía en mi anterior intervención en el Blog:

Pero mañana, en el escenario post-septiembre, la situación va a exigir que pase a primer plano la argumentación basada en principios. Va a ser el momento de afirmar que, al margen de los problemas tácticos que el Gobierno tenga con su coyuntura, lo que está en juego es una cuestión de justicia democrática. Que resultará democráticamente insostenible dejar fuera de la confrontación política y electoral a movimientos u organizaciones que han manifestado de forma indubitada su no conexión -su rechazo- con formas violentas de acción política. A lo mejor estamos adelantando acontecimientos y ciertamente más vale seguir presionando para lograr el primer escenario de noviolencia, pero también auguramos que superar ese segundo reto, el de la Otra exigencia democrática, va a exigir un esfuerzo colectivo superior. Veremos.

Entre todos podemos

20.09.2010 (9:02 am)

José Luis Úriz Iglesias (Portavoz PSN en el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia)

El comunicado del 5 de septiembre de ETA ha activado la capacidad de análisis, debate, opinión, y no habrá ningún portavoz mínimamente cualificado, sea cual sea su ideología, que no haya dado su versión de lo acontecido, e incluso de lo que pueda acontecer.

Reconozco que he leído, con más atención en algún caso, todo lo que se ha escrito sobre el tema y me siento un poco decepcionado. Falta lo que los expertos denominan “visión de estado”, que viene a significar algo así como que los intereses comunes estén por encima de los meramente partidistas. En definitiva que la consecución de la paz tiene más valor que la hipotética rentabilidad social o electoral.

Pocos, muy pocos se han atrevido a dar una visión transversal al momento histórico que vivimos. Ni los de una orilla ni de la otra. Cada cual ha ido a lo suyo sin intentar escuchar y comprender al contrario. Y así es muy difícil entenderse y como consecuencia imposible solucionar el conflicto.

Pero hay gentes, estamos gentes, en ambas orillas con capacidad de dialogar, de entendernos e incluso de llegar a acuerdos mínimos, de síntesis. Gentes que durante años hemos mantenido una relación personal imprescindible a la hora de resolver conflictos, en los que en un momento concreto es necesaria tenerse la mutua confianza. En definitiva: confiar en el “otro”.

Esas gentes ahora estamos distanciadas y quizás sea éste el momento de juntarnos, de intentar alrededor de una mesa de café buscar esos puntos de encuentro que no han explorado nuestros “mayores”, y trasladárselos como elementos de reflexión. Crear una plataforma transversal en la que convivamos quienes desde el PSOE o desde Batasuna tenemos esa capacidad. Una plataforma que sirva como grupo de presión en ambas orillas, demostrando que quizás es mucho más fácil de lo que se está planteando el llegar a acuerdos. Acuerdos perfectamente asumibles por los más reticentes, por los más duros de cada bando ahora confrontados. Hacerlo públicamente con comparecencias periódicas que vayan demostrando la viabilidad de esa posibilidad.

Vale la pena hacer el esfuerzo, intentarlo, con prudencia, sin asumir riesgos irreparables. Nos interesa que nuestra acción no provoque efectos contrarios a los deseados, ni tampoco que nos excluya de nuestros respectivos lugares. Puede ser una experiencia que aporte algo positivo, y además demuestre que podemos hablar no sólo entre diferentes sino también entre muy diferentes, y no solo hablar, también elaborar puntos de encuentro y consenso. Posiblemente nos harán poco caso al inicio, pero quizás en un futuro próximo nuestra presión haga avanzar posiciones ahora irreductibles en ambos bandos.

Me consta que en mi partido hay compañeros y compañeras dispuestos, incluso algunos lo han hecho público, y creo que en el mundo de la Izquierda Abertzale también. Intentémoslo, entre todos podemos, al menos entre los que estamos decididos a dialogar. No perdemos nada por hacerlo.

Aquí me tenéis; dispuesto.

Espectadores o actores de la paz

15.09.2010 (11:29 pm)
Hugo Martínez Abarca
Hugo Martínez Abarca

El comunicado de ETA anunciando que desde hace unos meses tomó la decisión de no cometer acciones ofensivas pudo resultar a la vez obvio y revelador, esperanzador e insuficiente. Obvio porque nadie puede ser sincero cuando afirmaba que si ETA no cometía atentados planificados durante más de un año era porque no podía por el acoso policial: la falta de sinceridad se convierte en ridículo cuando los mismos que afirman que ETA no tiene ninguna capacidad operativa aquí dan altavoz a bulos como el de que ETA estuvo ayudando a las FARC para matar a Santos el día de su toma de posesión en Colombia movilizando a 250 efectivos: ¿no puede pegar un tiro en España, pero es verosímil que esté montando un atentado en la toma de posesión de un presidente en Colombia?  A su vez es revelador, porque la propia retórica del comunicado y su ambigüedad muestra que ETA se resiste a dar pasos y que los que da son fruto del liderazgo asumido por la izquierda abertzale, cuya apuesta por una lucha política sin respaldo violento es prácticamente unánime e inesquivable para ETA. Esperanzador para quienes deseamos la paz porque un paso imprescindible y urgente para ella es que ETA renuncie a ejercer la violencia siquiera como posibilidad futura y el comunicado es un paso en esa dirección. E insuficiente porque deja asideros demasiado evidentes a quienes se resistan a mover un dedo: la verificación de un alto el fuego definitivo (o al menos con vocación definitiva) es una necesidad y su retraso sólo facilita a quienes deseen que nada se mueva.

Ante la posibilidad de un proceso de paz hay tres posiciones: quienes no lo desean en absoluto, quienes lo deseamos profundamente y quienes lo desearían o no, pero su escepticismo es muy superior a tal deseo. Este último grupo es probablemente el más nutrido, lo que supone la principal novedad respecto a intentos anteriores. Al menos la sociedad española, durante el proceso de paz de 2006 se dividió entre quienes deseaban su éxito (la mayoría, según las encuestas de entonces) y quienes temían que el proceso de paz llegara a buen fin. En Euskadi aparentemente era abrumadoramente mayoritaria la voluntad de conseguir la paz y la normalización política. Hoy uno intuye que el escepticismo, sincero o interesado, es mayoritario por culpa del fracaso de otras ocasiones y por la ausencia o lentitud de compromisos de los actores protagonistas. Así, por una parte poquísimos agentes políticos están dispuestos a asumir riesgos y dar pasos sólidos hacia la paz pero por otra los bramidos de Mayor Oreja apenas tienen eco.

Fuera de Euskadi (estas líneas están escritas por un madrileño) sólo hubo movilizaciones populares de la derecha nacionalista española que salió a la calle reiteradamente para intentar bloquear el proceso de paz utilizando para ello un arsenal de mentiras (Zapatero tiene que devolver a ETA el favor del 11-M, el PSOE regala a ETA Navarra -mientras lo que regalaba era a UPN el gobierno foral-,…) para generar una polarización y una crispación a la que los partidarios del proceso de paz no supimos hacer frente. A favor del proceso de paz prácticamente sólo surgió un nuevo actor relevante, el constituido por mujeres vascas de distintas procedencias unidas en Ahotsak. Fuera de Euskadi la primera movilización que hubo protagonizada por quienes estábamos a favor del proceso de paz fue la convocada por los sindicatos mayoritarios tras la bomba de la T-4. Hasta que no vimos que el fracaso era inminente, no nos pusimos a trabajar por la consecución de la paz quizás porque una buena parte de la sociedad española se creyó que el gobierno estaba siendo tan valiente y decidido en el proceso de paz como denunciaba la derecha en las calles. Pero esa manifestación demostró que la ciudadanía era mucho más ambiciosa que sus gobernantes, que dieron por concluido el proceso de paz pese a haber advertido de que éste sería largo, duro y difícil.

La ausencia de movilización a favor de la paz al sur del Ebro fue una de las debilidades de aquel proceso. Es uno de los errores que hoy podríamos rectificar para conseguir activar un nuevo proceso de paz quienes no nos movemos en ministerios ni consejerías ni tenemos otra forma de empujar a pasos más decididos. Pero además es una de las formas de que como está sucediendo en la izquierda abertzale, quienes apostamos por intentar tantas veces como sea necesario la consecución de la paz nos adelantemos a quienes renuncien a correr riesgos o estén decididos a impedir la normalización de la vida política vasca.

Se anuncia que se buscarán apoyos internacionales para un proceso de paz pero nunca se apela a la movilización de la parte de la sociedad española que estaría a favor de un proceso de paz. No se puede aspirar a que los gobernantes españoles den pasos si no sienten la menor presión popular, especialmente si la violencia de ETA es un instrumento electoralista colosal para todos los gobiernos: encuesta tras encuesta, el ministro del Interior es el más valorado del gobierno sea quien sea. Asimismo, contribuiría a la normalización de Euskadi la existencia de tejido social español que mostrase que no hay un conflicto entre dos pueblos, sino entre dos posiciones políticas cuyo ámbito de resolución es fundamentalmente vasco.

Quizás sea el momento de establecer redes plurales por la paz y los derechos humanos que traten de organizar actos, manifiestos, apoyos… a la pacificación y normalización política vascas: posiblemente sólo haya que pedir el respeto definitivo a todos los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, pero también los derechos políticos y civiles tan erosionados por la vigente teoría del entorno. Tales redes constituirían en definitiva una suerte de observatorios democráticos que señalasen y contribuyesen a romper las inercias tan cómodas de las que muy poca gente quiere moverse. Algo, por cierto, parecido a lo que viene haciendo Lokarri en general y esta página en particular.

A los gobernantes hay que exigirles que cumplan su obligación y dejen de ser espectadores y pasen a ser actores de la paz. Pero para ello la propia ciudadanía debe ejercer de actor. Quedarse mirando nunca ha servido de nada.

¿Todo el mundo quiere la paz? Pues según quién y cómo

07.07.2010 (10:10 am)

Nynaeve, La Rueda del Tiempo

Esto de la paz es curioso. Hables con quien hables, siempre estarán a favor la paz. Lo que no dicen siempre es el tipo de paz que se quiere tener.

Sin ir más lejos tenemos la paz al estilo Franco. No podemos negar que durante muchos años reinó “la paz”. Eso sí a costa de cepillarse a cualquier disidente. Esa y no otra es la que yo creo que quiere el Sr. Mayor Oreja, por ejemplo, que en unas recientes declaraciones recogidas en La Rueda del Tiempo, por NicKNeuk, deja claro que el mayor peligro de que la vía de resolución de conflictos que está abierta, llegue a buen fin es que ETA pudiera dedicarse a hacer política, con el daño que eso supondría para España, la cual está en peligro.

Así que lo que este señor, no dice, pero que está claro si nos atenemos a los hechos es que una etapa de poca actividad de ETA, es asumible, si con ello no se pone en peligro su sacrosanta unidad. Eso sí, con todas las “garantías” que este Estado de Derecho que tenemos hoy, sigan vigentes, vamos… que no ceje la violencia del Estado.

Y después de todo, es previsible su actitud, no sólo lo dice, es que estoy segura de que él cree a pies juntillas que la Izquierda Abertzale es etarra. Bueno, digo yo que se refiere a la izquierda abertzale, porque en la misma entrevista, con hablar de la izquierda vasca, le basta y sobra… así que yo me pregunto si para este señor, Aralar y/o EB, o no son izquierda o no son vascos.

Lo que todavía me parece peor es lo que hacen desde el PSOE. Porque yo estoy segura de que una gran mayoría en el PSE no cree que la izquierda abertzale sea ETA, aunque en función de para qué sirva el discurso, en unos casos lo afirman, en no pocos lo matizan y en otros lo rechazan.

Mientras tanto, independientemente de elegir el modelo con el que vestir el santo, por si las moscas, se aseguran lo que al parecer realmente les importa, tener más representatividad intentado quitar de la ecuación electoral a un sector, que les resulta molesto.

Independientemente de lo antidemocrático que es eso, previsible en un partido profranquista como el PP y en principio mucho más cuestionable en un partido como el PSOE –insisto-, la irresponsabilidad que conlleva respecto a que en lugar de favorecer un fin ordenado de la violencia, lo que estén es provocando justo lo contrario, hace plantearse, si también ellos quieren la paz y no su Paz.

Al hilo de esto, no puedo de dejar de repetirme con sorna, las declaraciones de Coalición Canaria tras votar a favor de dichas rebajas democráticas.

En materia antiterrorista hay que estar siempre, siempre con el gobierno, aunque se equivoque.

Pues no, lo siento, si el gobierno se equivoca y callamos lo único que conseguimos es que la injusticia sea todavía mayor. Injusticia de la que nos hacemos cómplices.

Por mucho que se empeñen algunos, si lo que se busca es “su” paz y no “la” paz, lo que pasa por que haya mayor democracia y no lo contrario, no podremos solucionarlo nunca. Más tarde o más temprano, volveremos a lo mismo.

Vuelta de tuerca a la ley de partidos

05.07.2010 (10:18 am)

José Manuel de Pablos
José Manuel de Pablos

¿Para qué ha servido desde su aprobación hace más de ocho años la Ley de Partidos? Para ilegalizar a un único partido político, nada más. Es decir, la Ley de Partidos es una ley formulada y aplicada con la única intencionalidad de anular derechos civiles de un muy determinado segmento de la población, un segmento de la población independentista, socialista y que se ha resistido a condenar la violencia de ETA, no así otros tipos de violencia.

Tras la aprobación de la Ley de Partidos por el Tribunal Supremo, Batasuna alzó recurso ante el Tribunal Constitucional, optando éste por respaldar la decisión del Tribunal Supremo de ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna, quedando únicamente abierta la posibilidad de recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que, en una sentencia que sorprendió a quienes pensamos que es una ley que vulnera derechos, avaló su contenido.

De todos es sabido que las ideologías no delinquen, delinquen las personas, y para las personas que delinquen, el Código Penal ya está provisto de los mecanismos adecuados para actuar en consecuencia. Se puede, y de hecho se hace con cierta frecuencia, más de la deseable, endurecer las penas que estipula el Código Penal para el castigo de los delitos que cometen las personas, y, en una nueva vuelta de tuerca al despropósito que supone ilegalizar un partido político que no condena un determinado tipo de violencia, en el Reino de España el PSOE y el PP, con el apoyo de Coalición Canaria, hacen posible que el esperpento alcance dimensiones inquisitoriales.

Sorprendente, más teniendo en cuenta que el partido ilegalizado ha comenzado a aplicar los principios que permitirían su legalización a través de la declaración Zutik Euskal Herria (pdf) y con ella dar un paso hacia la normalización política en este país.

O no tan sorprendente.

¿Paz cercana?

22.06.2010 (1:40 pm)

Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre
Txema Mauleón, Concejal de Iruña y miembro de Batzarre

El reciente acuerdo entre EA y la Izquierda Abertzale, junto a otras declaraciones públicas y la aceptación de los principios Mitchel, muestran una cierta voluntad por parte de la IA de avanzar hacia posiciones de “exclusividad de las vías pacíficas y democráticas”.

Sin embargo, es preciso señalar que en estos mismos términos se expresaba Euskal Herritarrok en la tregua del 98, la cual posteriormente se reconoció como tregua táctica, o tregua trampa, según los diferentes analistas y agentes. Hoy como entonces, el principal problema al que hacer frente es el mismo. ¿Está dispuesta ETA a dejar las armas sin un precio político?

En las últimas décadas, el desprestigio social de la violencia ha crecido de manera incontestable tanto en la sociedad vasca como en la española, y una minoría totalmente insuficiente estaría por un final de ETA a cambio de una negociación política.

También ha salido tocada la opción de las dos mesas, ETA-Gobierno por un lado y partidos políticos por otro, pues si se pretende, como lo hizo ETA en la última tregua, que estas tengan vasos comunicantes, se queda en una separación formalista inasumible para la sociedad democrática, que no puede tolerar que se negocie la paz a cambio de concesiones políticas a una organización terrorista.

Por ello, desde mi perspectiva caben pocas opciones. O ETA está dispuesta a dejar las armas a cambio de una salida no revanchista, donde se pueda hablar de que pasa con los presos, las víctimas, etc., y se tiende a un acuerdo “humano” de cierre de heridas, o difícilmente se acabará con la violencia. Ni el Gobierno ni el PP (y tienen que estar de acuerdo pues de lo contrario le podría costar las elecciones generales al PSOE), se van a meter en una aventura de negociación política ni siquiera entre partidos, si persiste la espada de Damocles de “si no hay acuerdo, volvemos a las armas”. Tengo la sensación, pues lo repiten constantemente en sus términos, que Zapatero y Rubalcaba han aprendido esta lección de la última tregua.

Y desde luego, me cuesta ver que relato haría ETA y la IA de 40 años de violencia, con cerca de mil muertos provocados por ETA, y decenas de muertos entre sus filas, las víctimas del GAL, etc., si no pueden vender que su “lucha”, otros diríamos su violencia terrorista, no ha servido para nada político, lo que no quiere decir que no haya influido y mucho en la política vasco-navarra y española de las últimas décadas.

Está por ver que haría, como consecuencia de la negativa de PSOE y PP a una salida negociada, la IA tras su último acuerdo con EA (nosotros ya lo ensayamos y salimos escaldados de Euskal Herritarrok), si ETA vuelve a atentar. La novedad sería si estuviera dispuesta a condenar la violencia y se desmarcara en su mayoría de ETA (cosa que hasta el momento se niega a realizar), lo que podría hacerles volver a las instituciones y aislar de manera muy fuerte a una ETA, que quedaría muy debilitada en sus apoyos sociales y posibilidades de continuidad.

No se si cabe una salida intermedia. Una idea que resulta de interés es la posibilidad de una moratoria durante uno años en algunas de las reivindicaciones políticas legítimas del nacionalismo vasco (derecho de salida, fundamentalmente), en tanto se resuelve el drama humano provocado por 40 años de violencia, de tal manera que se pueda hablar de todo, incluido el derecho de salida, una vez superada dicha violencia, y cerradas sus principales heridas mediante la reparación a las víctimas de todo tipo, reinserción de presos, etc. Sería la única manera de poder hablar de una reivindicación justa, como es la posibilidad de que se respeten las opciones independentistas si un día son mayoritarias en la sociedad vasca, sin que sea consecuencia del chantaje de ETA.

Preguntas que me hago

01.06.2010 (8:51 am)

Iñaki Anasagasti
Iñaki Anasagasti, senador del PNV en el Congreso

Fui compañero de Joseba Goikoetxea. Estuve detenido con él por preparar el Aberri Eguna de 1976. ETA lo mató en la calle Tívoli. Representé al PNV en el Pacto de Madrid, receptáculo pre natal del Pacto de Ajuria Enea. Desde el EBB organicé en octubre de 1978 la primera manifestación contra ETA con el lema: “Por Una Euzkadi Libre y en Paz”. Denuncié el Gal y me enfrenté duramente a González y Barrionuevo. He estado en decenas de reuniones de todo tipo en relación con la violencia y asimismo en tantas manifestaciones como las organizadas en estos treinta años. También en favor de los condenados en el Juicio de Burgos en Caracas ante el consulado español. Me tocó subir a la tribuna del Congreso aquel infausto mes de agosto en la que el PP y el PSOE, al alimón, aprobaron la ley de partidos. Y lo hice solo. Nadie secundó nuestra protesta. Ningún partido nos avaló.

Seguiría dando este tipo de pinceladas del mucho tiempo, esfuerzo, dolor que nos ha costado ETA, pero lo importante es el hoy y las inmediatas posibilidades de futuro que se nos presentan. Por eso, lecciones, las justas.

Mi primera reflexión es que estamos ante gente extraordinariamente especial, por no decir poco normal. ETA, y la ETA sociológica ¿cree de verdad que con sus acciones armadas pueden cambiar una política o poner contra las cuerdas un estado cada vez más eficiente en su persecución? Detrás de esto ¿qué tipo de ideología hay? ¿Marxista leninista? ¿Abertzalismo ácrata? ¿Empanada mental? ¿Incultura y falta absoluta de valores?  ¿Hay que darles la razón en todo? ¿Son capaces de reconocer algo de lo hecho? ¿Buscan de verdad una solución? Leer toda la entrada

Engaños

09.04.2010 (7:34 am)

Roberto Cacho
Roberto Cacho

Entre las primeras cosas que aprendí que eran buenas, en el ámbito de la política, no se encuentra que la única solución posible al terrorismo de ETA pasaba por un acuerdo. Me costó llegar a esa conclusión de la que ahora soy un firme convencido. Una paz alcanzada mediante un acuerdo será una paz duradera, sin vencedores ni vencidos; un éxito compartido. En cambio, una paz impuesta sería extremadamente frágil, rodeada de desconfianza, con vencedores y vencidos enfrentados entre sí. Ese enfrentamiento, latente al principio, no permitiría que esa paz lograda artificialmente durase mucho. También reconozco que soy humano y que cuando ETA actúa pienso que el inventor de la Ley del Talión fue una gran persona. Pero no me dura mucho. De hecho, tenía pensado escribir esto hace unos días, y preferí dejarlo “en barbecho”, porque la cercanía del asesinato de Jean-Serge Nérin me haría escribir más con la emoción que con la razón. Y en este proceso la emoción no es un buen camino.

Esas dudas por las que se pasa en los peores momentos, son lógicas en cualquier persona: no podemos abstraernos de la carga emocional de un asesinato. En cambio, los políticos que tienen que llevarnos hasta una paz estable y definitiva deben dejar a un lado esas emociones y actuar exclusivamente en base a la razón. A pesar de ello, son quienes más cambian de mensaje y no mantienen una postura clara y duradera sobre cuál debe ser la mejor solución, decidiendo más con el corazón que con el cerebro. Aznar estuvo a favor del diálogo con ETA, y ahora se retracta de lo que dijo. Lo mismo pasó con Zapatero, quien se mostró dispuesto a hablar con ETA, y ahora se opone a cualquier acuerdo. En el otro lado, Batasuna tampoco ha ayudado mucho a llegar a ese acuerdo. A diferencia de los anteriores, su postura parece firme. Y ese es precisamente su problema (y el nuestro). En manos de Batasuna está la posibilidad de que buena parte de la población que apoya el terrorismo, deje de hacerlo. Pero sigue hablando de proceso democrático sin desmarcarse definitivamente de ETA.

En esos juegos de negocio/no negocio, me desmarco de ETA pero no mucho…, hay determinadas expresiones con las que los políticos tratan de convencernos (creo que buscando el engaño) de que lo que hacen es lo correcto. El PP y el PSOE hablan de “no negociar”, pero jamás les he oido hablar de “no llegar a un acuerdo”. Lo de no negociar con terroristas tiene, para ellos, fácil defensa, pero otra cosa muy distinta es negar la posibilidad de llegar a un acuerdo. ¿Serían capaces de decir con esa claridad que no es bueno llegar a un acuerdo de paz? El lenguaje tiene sus trampas y para estos partidos es más fácil vender lo malo de un difícil camino (las búsqueda del acuerdo o, como dicen ellos, la negociación) que lo bueno de un final feliz (la paz). Batasuna, como decía, está en el mismo juego. En la Declaración de Anoeta encontramos expresiones como “acuerdo”, “diálogo”, “resolución del conflicto”, “proceso de paz”, “resolución democrática”. ¡Qué bien suenan! Si hasta casi dan ganas de votarles (si se pudiera). Pero son palabras que, cuatro años después de haber sido puestas negro sobre blanco, suenan vacías, sin ninguna credibilidad. ¿Cómo es posible recorrer un proceso de paz sin rechazar la violencia?

Este juego de unos y otros es una tremenda irresponsabilidad. Me siento engañado por ambas partes. El PSOE y el PP deben aclarar si creen o creyeron alguna vez en un acuerdo de paz; si nos engañan ahora o nos engañaron antes. Batasuna debe aclarar lo que para ellos es una solución democrática, a qué conflicto se refiere, y cómo entienden la paz, porque a veces me da la impresión de que su democracia no es mi Democracia. En la mía ni se mata ni se tolera que se mate. Esta irresponsabilidad nos puede llevar, como mucho, a una “pax romana”, un periodo relativamente tranquilo, pero con la imposición de una de las partes, la que tiene el poder. Entonces fue Roma la que impuso “su paz” al resto de territorios conquistados. Y no me gusta esa paz artificial. Prefiero una Paz con mayúsculas, duradera, confiable, en libertad. Podríamos llamarle la Pax Bascorum.