Vergangenheitsbewältigung
04.05.2010 (9:08 am)
Debo reconocer, ante todo, que me aburre sobremanera opinar sobre eso que, acertadamente o no, hemos dado a llamar “conflicto vasco”. Me aburre cada vez más. Y me aburre, sobre todo, porque es un debate viciado de raíz, plagado de tabúes y superestructuras argumentales, de discriminadores semánticos y dogmas de obligada aceptación, y por supuesto, de opiniones e injerencias gratuitas, siempre excesivas y exasperantes. Es por todo esto que, cuando me ofrecieron colaborar en este espacio, invitación que acepté gustosamente, no pude evitar preguntarme: “¿Qué demonios puedo aportar yo sobre esto?”
La verdad es que hace tiempo que estoy mentalmente ubicado en el escenario post-conflicto, aún cuando no tengo del todo claro siquiera que tal escenario interese. Ni a unos ni a otros. Y soy consciente de que, al sugerir tal cosa, caigo en la primera trampa semántica, la de la sospecha de equidistancia. Da igual. Ese juego de palabras, que yo mismo he utilizado en ocasiones (ante posturas con connotaciones muy diferentes, eso sí), también pertenece al pasado. No siento la necesidad de templar gaitas, ni tampoco de explicar quiénes son los “unos” y quiénes los “otros”, en esta comedia de papeles cambiantes, porque ni yo mismo lo sé. Así que me permitiré la licencia de caer en estas trampas tantas veces como me apetezca.
Como decía, mi mente está en el escenario post-conflicto. Tengo múltiples razones para pensar así, y posiblemente me llevaría decenas de páginas expresarlas, pero como no son más que conjeturas, las dejaré estar. Sí considero interesante, en cambio, expresar mi moderado optimismo, no ante la posibilidad del fin del conflicto en su vertiente bélica, que es algo que doy por hecho, sino ante las oportunidades que se abren de cara al futuro. No es casual que la palabra china “wei-ji” (危机), que podríamos traducir como “crisis”, no sea sino la conjunción de dos ideogramas que expresan “peligro” (Wēi) y “oportunidad” (Jī). ¿Acaso no ha sido siempre así?
Yo creo que tenemos la enorme oportunidad de reconciliarnos con nuestro pasado para poder así evolucionar hacia una sociedad mejor. Los alemanes también tienen un término para definir este proceso: Vergangenheitsbewältigung. Posiblemente esto explique las altas cotas de bienestar y de conciencia social alcanzadas por un país devastado en múltiples ocasiones por las guerras y los fantasmas del pasado. Pero que nadie se equivoque, vergangenheitsbewältigungno puede limitarse a discernir entre buenos y malos y entrar en la subsiguiente rueda de estigmatizaciones y reparaciones. No es, al menos, la oportunidad que yo veo en todo esto. Creo que la verdadera oportunidad radica en que todos asumamos nuestras responsabilidades desapasionadamente. Tanta responsabilidad tiene quien ha de enseñar a sus hijos abstraerse de la sanguineidad a la hora de mirar con vergüenza el pasado, como quien ha de enseñar a sus hijos a abstraerse de la sanguineidad a la hora de condenarlo. Sin olvidar que es objetivo de todos mirarlo con vergüenza y condenarlo a la vez. No cabría mayor error que proyectar venganzas y frustraciones en quienes han de reconstruir ese escenario en el futuro. Ahí es donde veo el Wēi, el peligro. Por eso creo que un testimonio de una víctima no debería pisar un aula hasta que no hubiéramos hecho todos nuestros deberes, hasta que ningún alumno pudiera interpretarlo como un juicio a su propia sangre. Hoy por hoy, esas circunstancias no se dan, y lo que se está planteado es, a todas luces, precipitado. Significaría cerrar en falso y, honestamente, creo que no nos podemos permitir enterrar esta oportunidad. Ya ha habido demasiados entierros…










