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Táctica versus ética

08.09.2011 (2:43 pm)

Ignacio González Orozco, escritor y editor
Ignacio González Orozco, escritor y editor

Hace pocos días, uno de mis contactos en Facebook, simpatizante notorio de la corriente mayoritaria de la izquierda abertzale (en adelante IA, por usar una sigla ya generalizada), me comentaba su rechazo a la violencia de ETA. Recupero sus propias palabras: “Hoy por hoy la lucha armada no sirve para nada”.

Como las interpretaciones son siempre capciosas, intentaré abordar literalmente el anterior aserto. Su análisis semántico alude a un tiempo concreto, el presente, que sugiere una comparación negativa con respecto a un pasado; también acusa de nula utilidad a una actividad determinada, la lucha armada. En sentido estricto, esta oración no incluye ninguna consideración de orden moral sobre dicha actividad. Y añadiría yo, aun entrando en el terreno de la suposición, que la frase se refiere a una conveniencia política e histórica dada. No se cuestiona, colijo, la moralidad de la lucha armada, sino su efectividad en función de resultados. La crítica formulada sólo es de tipo técnico, pues no va más allá –o no parece hacerlo– de un análisis puramente utilitarista.

Aquel breve post de Facebook me llevó de nuevo a meditar sobre el protagonismo que en este proceso de paz está jugando –o no– la reflexión ética y su influencia real, tanto en el caso de los antiguos dirigentes de Batasuna que impulsaron Sortu como de la gran mayoría, identificada con la IA, de los 313.000 votantes que respaldaron a Bildu en las elecciones de mayo de 2011.

En opinión de los partidos constitucionalistas (PP, PSOE), la estrategia política de Sortu y Bildu obedece a los presupuestos utilitaristas recién sugeridos: una vez derrotada la lucha armada, aseguran, el rechazo a la misma viene obligado por la necesidad de salir de la ilegalidad. A la fuerza ahorcan, dice el refrán, por lo que la corriente mayoritaria de la IA se agarra como puede a su oportunidad de supervivencia, sin abandonar el original respaldo a ETA. Sin embargo, la cuestión parece más compleja a otros espectadores del proceso de paz, quienes sostienen que el viraje político respaldado por la masa social de la IA no carece de planteamientos éticos, dicho sea sin caer en estadísticas ficticias y aun reconociendo que buen número de votantes de este cuerpo electoral sigue anteponiendo las consideraciones coyunturales. Leer toda la entrada

Este disco suena diferente

10.02.2011 (9:42 am)

Roberto Cacho
Roberto Cacho

¿Alguna vez, escuchando el último disco de vuestro músico favorito, os ha sonado diferente de los discos anteriores? Si no os ha pasado es posible que el disco fuese de Ramoncín. Los grandes artistas tienen estilos muy personales que les identifican frente a otros, pero suelen evolucionar a lo largo de su carrera y pasar por distintas fases en las que pueden llegar a adoptar estilos relativamente diferentes.

Bueno, pues algo de eso me parece que está pasando alrededor de la izquierda abertzale y ETA estos últimos meses: cada cuatro años sacan disco nuevo pero este último me suena distinto. Y en esa percepción hay mucho de sensaciones personales y también algo de datos objetivos.

Empezando por mis sensaciones personales, estoy viviendo todo este proceso con bastante menos ilusión, esperanza y credulidad que las anteriores treguas. Es curioso. Cuando ETA anunció a finales del verano la tregua me enteré por twitter. Entonces estaba en la piscina con mi familia e informé a mi compañera con un lánguido “Nere, que dicen que hay tregua; voy a darme un chapuzón”. El último spot de ETA vendiendo un alto el fuego permanente general y verificable me supo a poco y tampoco me provocó la más mínima exaltación, al contrario de lo que ocurrió con treguas anteriores. Cada vez que sale ETA en la tele, me sabe a poco.

Un mes antes del primer anuncio de ETA escribía en este blog que lo de siempre no servía, y ahora ya me parece que la canción suena distinta a la de otras ocasiones, y entro ya en los datos objetivos. En concreto, el estribillo que dice la IA “rechaza y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos y eso incluye la violencia de ETA, si la hubiera, en cualquiera de sus manifestaciones”. Cierto es que se pone una condición al rechazo a la violencia de ETA: “si la hubiera”, lo que me hace pensar que no se arrepienten de su apoyo histórico a ETA. Pero creo que por primera vez hay una oposición explícita a la violencia de ETA, lo cual me parece un paso importante y decidido, y como tal lo reconozco.

Claro, que como siempre que un músico cambia un poco de estilo, puede ganar nuevos adeptos pero también perder otros que prefieren la ortodoxia clásica a de la “new age”. Desde ese punto de vista me preocupa que haya seguidores de la IA que opinen como la gente del PP: que esto es solo un truco para presentarse a las elecciones de mayo y que después todo volverá a la normalidad (me refiero a “su” normalidad: la de los asesinatos y la extorsión).

Pero creo que hay algo diferente en este proceso que puede hacer que también cambie el final ya conocido de los discos anteriores. La responsabilidad de la IA es demostrar día a día que sus palabras son sinceras mirando hacia el futuro, pero también hacer algo en relación al pasado porque hay una deuda con muchas víctimas a las que no se puede dejar al margen de este proceso. Y la responsabilidad del gobierno debe ser, como mínimo, no poner zancadillas y dejar que se sigan dando pasos que parece que van a llevarnos, por fin, a una convivencia democrática y pacífica en el País Vasco.

Contextos intempestivos

08.02.2011 (10:08 am)

Iñaki Arzoz, artista de Artamugarriak

Esta tregua de 2011, como cada tregua, aparece en un contexto diferente. Aunque históricamente el conflicto vasco ha sido bastante refractario a influencias externas, poco a poco, la deriva de su propio agotamiento le ha obligado a abrirse al flujo global. En estos momentos, el conflicto vasco, caracterizado por su ensimismamiento, es más poroso que nunca a los conflictos de otro orden político, económico, social y cultural que, aunque todavía no sean directamente determinantes, sí serán factores a tener en cuenta en una solución que veremos como el surgimiento de un nuevo contexto de contextos.

Propongo brevemente algunos de los que me parecen más significativos.

Contexto 1: La violencia en el primer mundo.
Después de la irrupción de Al-Qaeda, del 11-S al 11-M, la violencia política de baja intensidad o a pequeña escala ha perdido todo sentido político. La violencia ‘terrorista’ se ha convertido, como la denomina Sayak Valencia en “Capitalismo gore”, en un gag político-teatral. Su valor político (no su dolor ni sus consecuencias personales, tan reales e intransferibles como siempre) ha quedado reducido a la insignificancia mediática. En este aspecto, cualquier táctica imaginativa y noviolenta resulta más eficaz.

Contexto 2: La cultura de paz como industria cultural.
La candidatura de Donostia como capital europea de la cultura 2016, más allá de si triunfa o no, puede suponer una revolución cultural: trasmutar la violencia de baldón mediático y económico en atractor turístico-cultural. Una apuesta arriesgada que bien llevada puede contribuir a engrasar el proceso de paz y a crear un nuevo imaginario vasco, pero que corre el peligro de morir de éxito y caer en la banalidad, la retórica, el espectáculo y la comercialidad de la marca…

Contexto 3: La crisis redefine el conflicto vasco.
Aunque aparentemente la crisis nos afecte menos a los vascos, sufriremos el impacto de sus consecuencias a medio y largo plazo, como el paro de los jóvenes y la situación de los migrantes y, especialmente, el desmantelamiento del estado del bienestar, como la reciente reforma de las pensiones. Se avecina una época de intensas luchas sociales que va a redefinir este viejo conflicto nacional(ista) en términos económicos.

Contexto 4: La guerra por las redes.
El conflicto vasco nació en la era analógica y ha llegado hasta la era digital. Este es el nuevo escenario de la información y del conocimiento, de la cultura libre y de la reconquista del procomún. Una batalla política encabezada por una retaguardia de airadas ‘multitudes inteligentes’ que se rebelan, como en el Magreb, por twitter y facebook, de Wikileaks y Anonymous contra el Imperio o de los internautas, esa ‘vanguardia leninista de los colegas de Mad Max’ (Savater dixit), contra el liberalismo…

Esta ha sido la primera tregua vivida sin entusiasmo. Después del fiasco del atentado de la T4, cualquier tregua habría de ser recibida, obviamente, con cierto alivio pero sin atisbo de entusiasmo, como el inicio de un largo proceso, lleno de obstáculos y vaivenes, en una sociedad resabiada y reticente a la esperanza. Esto tiene un aspecto positivo: nos ofrece un escenario de trabajo más riguroso, de diálogo y negociación progresiva y profesionalizada, conducida por interlocutores y agentes experimentados. El aspecto negativo sin embargo es que este enfoque supone un mayor repliegue de una sociedad civil que permanece a la expectativa pero que, si se deja dominar por el inmovilismo, puede tardar demasiado en sumarse al proceso social paralelo y tan necesario como el político para culminar una solución válida y duradera.

Y la solución… no va a ser ya la llegada de la paz sino, como señalamos, un nuevo contexto de contextos -contextos intempestivos que giran en torno a nuevos conflictos-, esto es, la transformación del conflicto vasco hacia otro orden glocal, del que esperamos haya desaparecido definitivamente, al menos, el factor anacrónico de la violencia armada.

Pasos

27.01.2011 (8:31 pm)

Mikel Arana, Coordinador general de Ezker Batua-Berdeak
Mikel Arana, Coordinador general de Ezker  Batua-Berdeak

En el momento de escribir este comentario, apenas han transcurrido 15 días desde el comunicado de ETA en el que anunciaba un alto el fuego general, permanente y verificable. Señalo la fecha, porque da la sensación de que ha transcurrido un mundo desde aquel momento, pero no es así. Es además, una sensación compartida con mucha gente con la que he hablado sobre el tema, y todos lo achacamos a lo mismo, no era el comunicado que esperábamos y eso ha enfriado muchísimo el ánimo de la ciudadanía.

No hay más que hacer un poco de memoria para darnos cuenta que esta tregua no ha generado ni el más mínimo entusiasmo popular, si la comparamos, por ejemplo, con la de la época de Lizarra.

Constatada pues, la ausencia de entusiasmo general, es evidente, que para la ciudadanía vasca, el proceso de paz está en sus más incipientes inicios, por lo que parece imprescindible que se den pasos que lo vayan consolidando, al tiempo que ganando la batalla al escepticismo.

Entre estos pasos, creo que cabe destacar tres que, además, están entrelazados entre sí, es decir, que el uno sin el otro no tendría demasiado recorrido.

La exigencia de la izquierda abertzale a que ETA desaparezca, la inscripción de la izquierda abertzale en el registro de partidos políticos como un partido legal y el inicio de los trabajos de verificación internacional de la tregua.

Aún confiando en la veracidad de la apuesta inequívoca de la izquierda abertzale por las vías exclusivamente políticas, a ese camino emprendido hace meses le falta el último sprint: la exigencia a ETA de su disolución. Más allá de las interpretaciones extensivas de la Izquierda Abertzale con respecto al comunicado de ETA, lo que es innegable, al tiempo que intolerable, es que ETA manifiesta su intención de perdurar en el tiempo.

Si la apuesta es por la política, no cabe permanecer en silencio ante la amenazante existencia de un grupo terrorista.

Ahora bien, si efectivamente, piensan presentar unos estatutos adaptados en su totalidad a la Ley de partidos, no les va a quedar más remedio que exigir esa desaparición.

Y es aquí donde viene el segundo paso para afianzar el proceso de paz y el primero a dar por el Gobierno español, la legalización de la IA.

Guste más o guste menos, se confíe más o se confíe menos, un Estado que se quiera llamar a sí mismo democrático, no puede interpretar las leyes según la conveniencia política de cada momento. Así que con la misma rotundidad con la que se han ilegalizado partidos por no adaptarse, según los tribunales a la Ley, se deben legalizar cuando sí se adaptan. Ni lectura de intenciones, ni cuarentenas, ni elementos extrajurídicos varios.

¿Qué hubiera ocurrido en la transición si a aquellos que venían de apoyar la dictadura se les hubiera aplicado la misma fórmula?

Es difícil adivinarlo, pero desde luego, la transición con sus virtudes y defectos, no hubiera sido como efectivamente fue.

Por último, resuelto el tema de la legalización y el apoyo tácito o explícito de cualquier fuerza política a ETA, resuelta la parte política, por decirlo de alguna manera, queda la parte militar. Como decía antes, tenga ETA más o menos apoyo social, su mera existencia es inaceptable, y es aquí donde entra en juego la verificación de ese alto el fuego, y el segundo paso a dar por el gobierno.

La verificación, debe ser en Euskadi, como lo fue el Irlanda, el primer paso de la desaparición de ETA, y para ello es necesaria la presencia de agentes internacionales, pero también, la implicación del propio gobierno.

Si estos tres procesos empiezan a caminar, creo que entonces sí, sustituiremos el escepticismo por esperanza.

Una paz cada vez más cercana

05.10.2010 (9:06 am)

José Luis Salgado, periodista
José Luis Salgado, periodista

En mi último artículo en este foro, allá por el mes de mayo, me quejaba de la indiferencia de la sociedad vasca ante los primeros pasos de la Izquierda Abertzale por desvincularse de la violencia. Concluía con la premisa de que era necesario un importante paso de ETA hacia su propia desaparición para que la sociedad vasca reaccionase. Las cosas han cambiado mucho desde entonces: afortunadamente, ETA se ha decidido a hacer callar sus armas (al menos momentáneamente), algo que, como muchos predecíamos, ha empezado a cambiar el escenario político de nuestro país.

Una buena muestra del fin de esa indiferencia que nos atenazaba es la manifestación del pasado sábado en Bilbao: casi 50 mil personas movilizadas en favor de los derechos humanos, civiles y políticos. Representantes de todas las fuerzas políticas vascas, excepto PSE y PP, de sindicatos, de organizaciones de todo tipo se manifestaron a favor de lo más básico de la democracia. Ciudadanos cansados de la violencia de ETA, pero también de leyes y de tribunales de excepción. Ya hemos sufrido demasiado tiempo con ambas estrategias, ambas lesivas para la pacífica convivencia que deseamos la mayoría de los vascos.

Tras la declaración de tregua de ETA, su aceptación de la Declaración de Bruselas y la firma del Acuerdo de Gernika, la posición de los partidos mayoritarios en el Estado es la misma que antes del verano: ETA no ha abandonado las armas y por tanto, no hay que modificar la política antiterrorista, entiéndase ésta coma la suma de acciones policiales contra miembros de la organización y acciones judiciales contra lo que han criminalizado como el “entorno de ETA”. No quieren dar a ETA la oportunidad de ir dando pasos hacia el punto de no retorno, la entrega de armas y el abandono definitivo de la lucha armada. Ellos quieren emitir su comunicado modelo “Cautivo y desarmado…”.

Las declaraciones de Rodolfo Ares advirtiendo al PNV sobre la pretensión del “polo soberanista” de sustituirle como fuerza hegemónica del nacionalismo vasco ponen de manifiesto la predilección del PSE por un nacionalismo dividido. El Consejero de Interior reitera que “nada ha cambiado en ETA” y se empeña en no creer en que la Izquierda Abertzale no contemple la violencia dentro de su estrategia política. En cuanto al PP, varios de sus representantes han expresado que la tregua de ETA es sólo una treta para poder concurrir a las próximas elecciones municipales. También apuestan por la continuidad de la política actual para acabar definitivamente con el terrorismo.

A pesar de lo que piensen algunos, la situación está cambiando y la paz se ve cada vez más cercana, aunque en ningún caso, inmediata. Los que se han acostumbrado a barrer y esconder el conflicto político bajo el felpudo de la violencia tendrán que darse cuenta de que ya no lo pueden seguir haciendo. Muchos estamos deseando ver qué sucede en una Euskadi sin violencia, incluso aquellos que no somos nacionalistas, pero que pensamos que el derecho a decidir es uno de los pilares de la democracia real. El día que ETA desaparezca, la única imposición por las armas será el Artículo 8 del Título Preliminar de la Constitución de 1978.

Estamos en un momento clave de nuestra historia y creo que es buen momento para reconocer el trabajo de gente como los miembros de Lokarri, que nunca han desesperado y siempre han trabajado, incluso en los momentos más negros del conflicto, por ver una Euskadi en paz. Me enorgullece haber compartido mesa de debate con ellos, una mesa siempre abierta a todas las opiniones e ideas y me entristece que sean atacados desde ciertos medios de comunicación, fieles a su estrategia de criminalizar todo lo que no comulgue con sus ideas inamovibles. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero sé que van a estar ahí hasta el final, hasta que todos los habitantes de este país nos podamos mirar a la cara sin odio en la mirada.

No hay tregua

28.07.2010 (11:35 am)

Ion Andoni del Amo
Ion Andoni del Amo

Está siendo un parto largo, sin duda. El diagnóstico ha sido reiterado: vivimos un periodo intermedio caracterizado por el agotamiento del ciclo político anterior – y sus fenómenos estructuradores, vía autonómica y lucha armada – y las dificultades para la apertura de un nuevo ciclo. Las bases ideológicas fueron dibujadas ya por ELA en aquella comparecencia histórica en Gernika en el 97, y desarrolladas por otros agentes durante estos largos años.

¿Por qué entonces tantas dificultades e intentos fallidos? Pues probablemente porque dar por superados con todas sus consecuencias tales fenómenos requiere un proceso de maduración y, dada su importancia en la estructuración del escenario político de las últimas décadas, produce cierta sensación de vértigo que dibuja caminos de ida y vuelta. Pero es que además, en este cambio de ciclo afloran y se entremezclan tres cuestiones, las dos apuntadas y una derivada: la reconducción del conflicto armado y sus consecuencias, el conflicto político de fondo al que apunta la incomodidad de la mayoría social con el marco jurídico-político actual, y la consiguiente restructuración del mapa político derivada de las anteriores. Las tres cuestiones, aunque en diferentes combinaciones, han aflorado simultáneamente en los dos últimos procesos, Lizarra-Garazi y Loiola. Y la conclusión que podríamos extraer es que el intento de resolución global, aún lógico y loable, lo complica seriamente. Porque aparecen temores y condicionantes cruzados: desconfianzas, disputas por la hegemonía política, temores partidistas, temor a que la resolución del conflicto armado sitúe en primer plano el conflicto político, condicionantes y renuncias fruto de determinados pactos, recelos hacia los negociadores… Todos ellos se combinan de tal forma que acaban siendo más los sectores que se sitúan en una posición pasiva, o activamente hostil, que los partidarios de la resolución.

¿Estamos condenados, entonces, a repetir la historia? Ya hubo quien criticó hace años esas concepciones cíclicas de la Historia, y es que las experiencias pasadas nunca son en vano. Hay, quieran o no verse, elementos nuevos en la pista. El primero es la reflexión más amplia, profunda y compartida sobre la necesidad del cambio de ciclo; especialmente en el seno de la izquierda abertzale, pero también en otros agentes. El segundo, que los acuerdos estratégicos y de reconfiguración del escenario político se plantean básicamente entre quienes comparten esta reflexión sobre la necesidad de cambio de ciclo y sus vías, exclusivamente políticas, institucionales y de lucha de masas; esto debiera, a priori, dotarles de mayor estabilidad. El tercero, pero no menos importante, es la apuesta por la unilateralidad para la superación del ciclo anterior por parte de la izquierda abertzale. Los tres, y especialmente el último, parecen desatascar el escenario y romper el esquema de resolución en bloque y simultaneo que tan problemático se había demostrado. Lo que se dibuja, pues, no parece ser un escenario de resolución y acuerdo global, sino la apertura de un proceso en el que a medio-largo plazo, y por vías exclusivamente políticas y democráticas, se plantee una reconfiguración del espacio político, la superación de las consecuencias del conflicto armado, y el conflicto político de fondo, pero en tiempos, momentos y con alianzas distintas, en función de la relación de fuerzas, de forma dinámica y dialéctica.

El escenario ya está en movimiento y son numerosas las señales, más allá de las declaraciones de la izquierda abertzale o la importantísima Declaración de Bruselas: el nerviosismo de algunos, la progresiva configuración de un bloque de izquierda soberanista, las reflexiones de Jesús Eguiguren… O cierto cambio perceptible en la actitud del Ministerio de Interior, que ha pasado de torpedear abiertamente el proceso de la izquierda abertzale a, parece, dejar hacer. Conviene detenerse en este aspecto. Porque la estrategia actual parece ser la de jugar a dos bandas: dejar hacer por si pudieran obtenerse réditos político-electorales, o volver a la mano dura en el último momento en caso contrario. Y esto puede enredar el proceso, porque puede abrir expectativas negociadoras que luego acaben en frustración si las encuestas en España ‘piden’ mano dura.

¿Y ETA? La decisión parece dilatarse y ha habido ya un par de ocasiones de intensos rumores que se han quedado en nada y que ahora apuntan a septiembre. Es evidente que hay diferente percepción de tiempos, y que lo que desde fuera parece lento, desde dentro puede parecer rápido. La decisión requiere un periodo de maduración que es importante, porque lo esencial y novedoso es que la izquierda abertzale arrastre a ETA en su decisión. Por eso es hay que ayudar en lo posible, aunque es cierto que un proceso que no se alimenta es un proceso que se muere. En cualquier caso, la cuestión de la unilateralidad es central, por encima de expectativas negociadoras, porque es la que permite mantener la dirección del proceso de cambio, sin condicionarla en exceso a la dinámica electoral española. En este sentido, una eventual decisión de ETA no supondría una tregua en lo político, sino que puede incluso abrir un camino de confrontación democrática, a favor de los derechos políticos y civiles o del propio derecho a decidir, que habrá que pelear mediante movilización social. Y probablemente es bueno que así sea, porque evita los problemas de la solución global. Abriría no un proceso con fases, etapas o escalones definidos, sino un proceso dinámico, complejo y múltiple en el que estén sucediendo muchas cosas a la vez, con un grado de contradicción sostenible y eficaz, que no suponga una nueva frustración para la masa social movilizada.

Atajos

13.04.2010 (11:10 pm)

Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de  Fundació per la Pau

Tenía previsto enviar un post sobre otra cuestión pero me parece imposible no dedicarlo a la absolución por parte de la Audiencia Nacional de los cinco responsables de Egunkaria. Y no solo por la importancia de la noticia en si misma, sino porque nos permite abordar una cuestión clave: la de los límites en la lucha contra el terrorismo o, más aún, la tensión entre libertad y seguridad.

Después del atentado del 11 S se impuso a nivel global un análisis que alertaba de la debilidad, en términos de defensa, que suponía para las sociedades un amplio abanico de derechos y libertades. Por ello, se concluía, había que redimensionarlos a la baja para fortalecer nuestra seguridad. Los medios de comunicación y la ciudadanía, atemorizada por todo lo que parecía venirse encima, accedieron sumisamente al nuevo planteamiento.

Esa nueva perspectiva, impulsada por Bush y sus jinetes ‘apocalípticos’, conectó fácilmente con muchos otros dirigentes necesitados de una buena coartada para meter en orden sus respectivos flecos de disidencia (sin ir más lejos, fue interesante constatar como Rusia y China, siempre proclives a desmarcarse del liderazgo norte-americano, bendijeron esta vez sin mayores problemas los nuevos rumbos).

Sin duda, uno de estos dirigentes fue Aznar. Después de intentar un proceso de paz, el fracaso de la tregua y el recrudecimiento de la violencia por parte de ETA, le impulsaron hacia una intransigencia total, no ya con el mundo de ETA sino con buena parte del mundo abertzale e, incluso, con todo aquel que simplemente disintiera o se apartara de la línea oficial de la lucha antiterrorista. Con gran irresponsabilidad un amplio sector político, jurídico y ‘mediático’ jalearon esa deriva en vez de contrastarla con una visión más sensata y racional.

En ese contexto, muchos fueron los desmanes. Imposible nombrarlos todos. Pero no puedo dejar de recordar la persecución que sufrió Julio Medem por un documental plural y reflexivo. O la absurda imputación a Sabino Ormazábal y otros miembros de la Fundación Joxemi Zumalabe. Así, el cierre de este caso o el de Egunkaria suponen una cierta enmienda a esa deriva loca.

También es verdad, y aquellos que somos críticos con la estrategia de la ilegalización de partidos no podemos obviarlo, que la izquierda abertzale oficial parece querer darle la razón al modelo ilegalizador: incapaz de autodeterminarse de la tutela armada, sólo parece mover ficha cuándo su proceso de invisibilización política e institucional le ha debilitado profundamente.

En fin, viendo la facilidad con que algunas barbaridades se han podido cometer y la poca crítica que han generado, hay que repetir hasta la saciedad una obviedad: no hay atajos, nunca la ampliación de los espacios de derechos y libertad debilita la democracia, y nunca, ni en el País Vasco ni en ningún otro lugar, la disminución de esos espacios va a acercarnos más a la paz.

Brian Currin condena el asesinato y pide un alto el fuego a ETA

18.03.2010 (5:25 pm)

Reproducimos el contenido del comunicado hecho público hoy por Brian Currin:

Condeno incondicionalmente el asesinato ilegítimo de un policía francés inocente que cumplía con su deber de mantener la ley y el orden en la ciudad de Dammarie-les-Lys cometido por miembros de ETA. La violencia en cualquier forma, independientemente de quien la comete, no traerá la resolución del conflicto vasco.

Estoy esperanzado por la petición de la Izquierda Abertzale dirigida a ETA para que ratifique el apoyo a los medios no violentos y exclusivamente democráticos, como figura en su declaración política “Zutik Euskal Herria”. Mi petición a ETA es que vaya un paso más allá y declare un alto el fuego inmediato e incondicional. Si ETA hiciera eso sería responsabilidad del Gobierno español liderar el camino con medidas que fomenten la confianza, para crear un escenario en el que un proceso de paz pueda tener éxito.

En la encrucijada del camino hacia la paz

11.03.2010 (9:04 am)
José Luis Uriz (Portavoz PSN en el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia)

Desde que Batasuna presentó en sociedad el resultado de su debate en forma de un texto que había levantado mucha expectación: “Zutik Euskal Herria” que viene a significar algo así como “Euskal Herria en pie”, no dejan de haber análisis sobre cómo afectará éste a la búsqueda de la paz.

En ese debate interno ha habido de todo, desde momentos confusos al filtrarse documentos diferentes, incluso contradictorios, quizás uno que provenía de la línea política y el otro de la militar, hasta inconcebibles vetos de ETA a representantes de Batasuna, sólo porque les llevaba la contraria en una mesa creada para ser controlada por los militares. Incluso se comenta que ha habido “reconversiones” sobre la marcha y que algunos duros se han cambiado de bando en el transcurso de los debates fruto del convencimiento dialéctico de gentes como Otegi.

Pero lo que sí parece contrastado es que por primera vez en la historia de este ya largo y doloroso conflicto, una parte importante de los políticos de la izquierda abertzale se han rebelado ante el poder militar, y quizás el documento sea producto de esa rebelión. Este dato debe ser considerado con más cuidado, por el resto de las fuerzas políticas, especialmente las de ámbito estatal, y más concretamente por el PSOE y el Gobierno de Zapatero. No parece lo mismo lo ocurrido en esta ocasión que en otras anteriores, aunque no debe extrañar el recelo que provoca después de tantos fiascos, de tantos engaños, especialmente a consecuencia del impacto que produjo la ruptura de la anterior tregua con el terrible atentado de la T4. Ahora probablemente los que seguimos defendiendo la vía dialogada para la resolución de este conflicto, incluidos los autores intelectuales del documento sufriremos las consecuencias de ese gravísimo error, y las reacciones que ha provocado caminan en esa dirección. Leer toda la entrada