Cada cosa a su tiempo
18.05.2012 (11:27 am)

- Gorka Ruiz, director de Bakeola

Aprovecho este espacio que brinda Lokarri para expresar una necesidad sentida: tiempo. Cada cuestión requiere el tiempo que requiere.
Nos encontramos en el tiempo de las sociedades del bienestar caracterizadas por el vértigo y rapidez del desarrollismo así como la satisfacción inmediata de las necesidades. Por ello, es legítimo y comprensible que partidos políticos e instituciones flanqueados por los medios de comunicación quieran “resolver” este asunto cuanto antes pero la sociedad requiere tiempo, necesitamos tiempo.
Como sociedad cometeríamos un error de bulto si tuviéramos la pretensión de “cerrar” nuestro pasado más reciente en dos – tres años cuando lo vivido, sufrido y aprendido tiene unas raíces que se extienden más allá de medio siglo.
Tampoco se entendería muy bien que nuestra clase política e instituciones abordaran estas cuestiones de la paz, la convivencia, la reconciliación y la normalización política con carácter urgente y prioritario cuando existen otras necesidades básicas no satisfechas como son el empleo y la vivienda, por poner dos ejemplos.
Además de tiempo, es imprescindible que tengamos en cuenta a las personas, a quienes hemos sido, y somos, las personas protagonistas de todo esta historia.
Quiero destacar la centralidad e importancia de estos aspectos: el tiempo social, el cuidado de los procesos y la centralidad de la persona, bases cimentadoras de una paz justa y duradera.
El papel de la sociedad civil en el proceso de paz o en el impulso de la convivencia
El papel de la sociedad civil viene descrito en su definición: conjunto de ciudadanos organizados para actuar en el campo de lo público en busca del bien común, sin ánimo de lucro personal ni búsqueda de poder político o adhesión a un partido determinado.
Sí bien la propia definición me daría para escribir una reflexión completa, me centraré en compartir el enfoque de algunas cuestiones que, a mi entender, nos corresponde como sociedad civil organizada en este contexto:
- Estar en contacto con las diferentes realidades sociales para detectar sus necesidades y demandas.
- Hacer de puente, voz y altavoz, canal y correa de transmisión del sentir social.
- Ser agente crítico, activo y promotor de transformaciones sociales e institucionales.
- Tejer redes y alianzas para la consecución del bien común pretendido.
Para desarrollar este papel, es conveniente que nos alejemos de algunos peligros: el ombliguismo y la inadecuada simbiosis con partidos políticos e instituciones mostrada en ocasiones por parte del tejido asociativo.
Un tiempo que necesitamos
Tras el cese de la violencia armada de ETA nos encontramos mirando a nuestro pasado, presente y futuro en un mismo tiempo. Un tiempo que necesitamos para:
Mirar, mirarnos y reconocernos personal y socialmente en lo sucedido.
- Cuidar los procesos de relación, diálogo y entendimiento entre diferentes.
- Construir las diferentes paces (la “paz positiva”, la “negativa”, la política, la social, la educativa)
- Comprometernos para que no vuelvan a repetirse los errores cometidos.
- Sentar las bases de una futura convivencia social reconciliada.
La realidad social es diversa, plural. Lo vivido por cada persona, familia y colectivo, requiere de una mirada y un proceso único, exclusivo. Necesitamos muchos procesos y espacios de relación para hacer las paces, para sanar heridas. Es tiempo para promoverlos, vivirlos, construirlos y compartirlos.
Confío en que desde la sociedad civil pongamos en marcha estos procesos con las dosis de autenticidad y corazón que el momento actual requiere.
Como dice el Principito “he aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.


















