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Cada cosa a su tiempo

18.05.2012 (11:27 am)

Gorka Ruiz, Bakeola
Gorka Ruiz, director de Bakeola

Aprovecho este espacio que brinda Lokarri para expresar una necesidad sentida: tiempo. Cada cuestión requiere el tiempo que requiere.

Nos encontramos en el tiempo de las sociedades del bienestar caracterizadas por el vértigo y rapidez del desarrollismo así como la satisfacción inmediata de las necesidades. Por ello, es legítimo y comprensible que partidos políticos e instituciones flanqueados por los medios de comunicación quieran “resolver”  este asunto cuanto antes pero la sociedad requiere tiempo, necesitamos tiempo.

Como sociedad cometeríamos un error de bulto si tuviéramos la pretensión de “cerrar” nuestro pasado más reciente en dos – tres años cuando lo vivido, sufrido y aprendido tiene unas raíces que se extienden más allá de medio siglo.

Tampoco se entendería muy bien que nuestra clase política e instituciones abordaran estas cuestiones de la paz, la convivencia, la reconciliación y la normalización política con carácter urgente y prioritario cuando existen otras necesidades básicas no satisfechas como son el empleo y la vivienda, por poner dos ejemplos.

Además de tiempo, es imprescindible que tengamos en cuenta a las personas, a quienes hemos sido, y somos, las personas protagonistas de todo esta historia.

Quiero destacar la centralidad e importancia de estos aspectos: el tiempo social, el cuidado de los procesos y la centralidad de la persona, bases cimentadoras de una paz justa y duradera.

El papel de la sociedad civil en el proceso de paz o en el impulso de la convivencia

El papel de la sociedad civil viene descrito en su definición: conjunto de ciudadanos organizados para actuar en el campo de lo público en busca del bien común, sin ánimo de lucro personal ni búsqueda de poder político o adhesión a un partido determinado.

Sí bien la propia definición me daría para escribir una reflexión completa, me centraré en compartir el enfoque de algunas cuestiones que, a mi entender, nos corresponde como sociedad civil organizada en este contexto:

  • Estar en contacto con las diferentes realidades sociales para detectar sus necesidades y demandas.
  • Hacer de puente, voz y altavoz, canal y correa de transmisión del sentir social.
  • Ser agente crítico, activo y promotor de transformaciones sociales e institucionales.
  • Tejer redes y alianzas para la consecución del bien común pretendido.

Para desarrollar este papel, es conveniente que nos alejemos de algunos peligros: el ombliguismo y la inadecuada simbiosis con partidos políticos e instituciones mostrada en ocasiones por parte del tejido asociativo.

Un tiempo que necesitamos

Tras el cese de la violencia armada de ETA nos encontramos mirando a nuestro pasado, presente y futuro en un mismo tiempo. Un tiempo que necesitamos para:

Mirar, mirarnos y reconocernos personal y socialmente en lo sucedido.

  • Cuidar los procesos de relación, diálogo y entendimiento entre diferentes.
  • Construir las diferentes paces (la “paz positiva”, la “negativa”, la política, la social, la educativa)
  • Comprometernos para que no vuelvan a repetirse los errores cometidos.
  • Sentar las bases de una futura convivencia social reconciliada.

La realidad social es diversa, plural. Lo vivido por cada persona, familia y colectivo, requiere de una mirada y un proceso único, exclusivo. Necesitamos muchos procesos y espacios de relación para hacer las paces, para sanar heridas. Es tiempo para promoverlos, vivirlos, construirlos y compartirlos.

Confío en que desde la sociedad civil pongamos en marcha estos procesos con las dosis de autenticidad y corazón que el momento actual requiere.

Como dice el Principito “he aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.

Reconstrucción de la Convivencia y deconstrucción de la violencia

16.05.2012 (9:56 am)
Fabián Laespada y Edorta Jiménez, Gesto por la paz
Fabián Laespada y Edorta Jimenez  Gesto por la paz

La reconstrucción de la convivencia es una tarea ardua y compleja que ha de asumir la sociedad vasca. Mayormente, los desperfectos proceden de la actividad brutal de una organización terrorista que ha atacado a personas y colectivos de esta sociedad. Lo grave es que esas “acciones” han contado con la excusa atenuadora, cuando no apoyo expreso, de una parte de la sociedad que ha tratado de hacer bandos.

Ese minoritario pero numeroso grupo, apegado y coadyuvante durante varias décadas a la estrategia violenta, ha decidido virar su bou y tomar un rumbo distinto y acercarse a la democracia. Es una buena noticia; han de completar ese recorrido, y es responsabilidad exclusivamente suya hacerlo cuanto antes y con claridad. Nos gustaría que ese barco llegara al puerto de la revisión crítica de su propio pasado.

En este proceso social de reconstrucción de la convivencia debemos dotarnos de referencias comunes hacia el futuro, siendo conscientes de las dificultades que nos condicionan el presente, y trabajar la memoria compartida de la lectura del pasado. Para ello, resulta imprescindible:

1. Reconocer los principios y valores de la convivencia pacífica, la utilización del diálogo y de la política como mecanismos fundamentales de relación. Existe un terreno común pre-partidista que consiste en el necesario respeto a los derechos humanos y a los principios democráticos de convivencia. Además, reparemos en que la sociedad vasca ya lleva años de democracia y que el futuro de nuestra sociedad se deberá definir buscando consensos democráticos.

2. Activar el reconocimiento a las víctimas. La sociedad entera debe compartir el reconocimiento del daño causado, encarnado en personas concretas. Pretendemos incorporar la realidad de las víctimas a nuestra memoria social, y esto implica la elaboración de un relato compartido del pasado, que llegue a afirmar que las agresiones recibidas eran injustas. Del otro lado, dos condiciones:

  • son inaceptables los discursos que exaltan supuestos objetivos logrados mediante la violencia y que acaban justificándola. Este es el relato que incluye ETA en toda su historiografía.
  • tampoco es aceptable que se realicen homenajes a quienes han asesinado o colaborado en hacerlo. Es una aberración. Y no hace falta que lo diga una sentencia judicial.

3. Hemos de asumir la aceptación de la aplicación de la justicia. Agitar la predemocrática amnistía como un objetivo realizable es escaparse de los límites del estado de derecho. Por otra parte, las detenciones de etarras que se están produciendo no dinamitan la situación de final de la violencia, no rompen la paz, sino que son la consecuencia lógica del hecho delictivo: administración de justicia. Se deben continuar investigando todos los delitos ocurridos y, celebrar los procesos judiciales pendientes. La mayoría de los casos del GAL y unos 300 asesinatos de ETA siguen sin resolverse. El juicio supone para muchas víctimas, un reconocimiento público de que han sido objeto de una injusticia, y les ayuda a elaborar el duelo y a enfrentarse a su futuro con mayor esperanza y dignidad.

Una vez que una persona ha sido juzgada y condenada, el sistema penitenciario debe cumplir dos funciones: el punitivo, y por otro lado, la labor de reinserción en la sociedad. Fijar unos criterios objetivos que evalúen el proceso de reinserción de los presos, proponiendo que uno de estos criterios sea el reconocimiento como injusto del daño causado, sería una demostración de un cambio de actitud hacia el delito cometido y hacia la víctima. Estos últimos meses nos han demostrado que es posible que esta vía se utilice con carácter general, lo que supondría de facto el realojo de la persona presa en la sociedad. Creemos que hay que apostar por una visión completa y ambiciosa del proceso de construcción de la convivencia y de la deslegitimación compartida de la violencia. Desde el conjunto de la sociedad debemos acompañar el proceso desde el convencimiento de que es posible, y desde la exigencia de que se den los pasos para completarlo en su máximo contenido

Un futuro compartido a través del caleidoscopio ciudadano

19.12.2011 (2:03 pm)

Aitziber Blanco, Lokarri
Aitziber Blanco, Lokarri

Ignorando completamente el desapacible y lluvioso temporal del exterior, el Auditorio del BEC de Barakaldo rezuma un cálido clima para el diálogo. Calurosos y efusivos saludos entre personas que se conocen y que parece que comparten un trocito, unos más y otros menos, de la historia de sus vidas. Guiños más comedidos entre quienes van a comunicarse y a tratarse por primera vez, pero con el mismo semblante de anhelo que los primeros. De anhelo y satisfacción. Satisfacción porque ha llegado el “por fin”. El “por fin nos podemos sentar a dialogar”. El “por fin podemos acercarnos desenfundados de la venda del recelo y la desconfianza. Sin la obcecación de que nuestros diferentes atuendos ideológicos son el veto que marca la prohibida frontera para el entendimiento. Por fin vamos a poder conocernos, escucharnos, saber qué quiere cada uno de nosotros, qué desea, sueña y opina. Qué sospecha, qué teme, sufre y adolece. Y cuál es nuestra historia, la historia de cada uno y cada una, para poder construir una historia común, compartida”.

¿Qué es y qué hay que hacer para conseguir la reconciliación social? A partir de este interrogante empieza a desplegarse todo el caudal de ideas que se esconde tras el anhelo de cada uno de los más de 200 ciudadanos y ciudadanas que nos hemos acercado a este encuentro organizado por Lokarri. Con una agenda de temas a tratar, 13 círculos de personas dialogantes dibujamos un colorido caleidoscopio humano en el Auditorio. Un surtido abanico de cuestiones se deja asomar a través de la ventana del caleidoscopio. “Sin reconocimiento del daño causado, no es posible una convivencia sana y respetuosa” sugiere un participante de uno de los círculos. “Es indispensable garantizar los derechos políticos si queremos ahondar en una reconciliación social efectiva y real” afirma convencida una señora de otro grupo de debate. Desde un tercero se puede escuchar cómo un joven reivindica una política penitenciaria más justa, que garantice la reinserción y el acercamiento de los presos. “El perdón, el perdón por ambas partes, y aprender a respetarnos” son los ingredientes que aporta una chica de otro grupo para la receta de la reconciliación social.

Y más y más ideas y temas tratándose, como la revisión del pasado, la elaboración de un relato de lo ocurrido, la disolución de ETA, la responsabilidad de los gobiernos o el papel de los medios de comunicación, se pueden escuchar en los círculos de debate a los que uno puede acercarse a participar cuando quiere. Y es que la posibilidad participar en cuantos grupos de debate se desee, transitar libremente de uno a otro, y aportar en todos ellos o simplemente escuchar es una de las características del Open Space o espacio abierto, metodología en la que se ha basado Lokarri para desarrollar este encuentro.

Tras los interesantes debates, y ya cerca de las 14.00 h, llega el momento de evaluar: cada participante escribe en un post it qué se lleva de esta intensa mañana de diálogos y lo coloca en el papelógrafo que preside la plenaria. El contenido de los debates recogido en actas será enviado por mail a todas las personas participantes.

Tras la palabras de agradecimiento del Coordinador de Lokarri, Paul Ríos, por la asistencia al acto a todos los participantes y el anuncio de que con los resultados de los diálogos la Red ciudadana propondrá a la sociedad unas ideas concretas para poder caminar hacia la reconciliación social y la convivencia inclusiva, se cierra la ventana del caleidoscopio y la gente se entretiene en los pasillos comentando lo acontecido en la jornada, compartiendo diferentes impresiones.

Algunas de esas impresiones son recogidas y dadas a conocer poco después en Berria TB. Txaro Arteaga, ex-directora de Emakunde, comenta que “es difícil saber cuál es el camino que debemos seguir, pero este tipo de foros son muy importantes para que entre todos aportemos ideas para ir abriendo el camino de la reconciliación social. Hemos trabajado aspectos muy concretos y mi valoración de la jornada es muy positiva. A través de las conversaciones generadas, hemos confirmado una vez más que somos una sociedad muy plural y que el camino no será sencillo, pero hemos percibido mucha ilusión, esperanza confianza en que se consiga” . La periodista Mirentxu Purroy alude a la violencia del Franquismo y a la de ETA al hacer su valoración: “El Franquismo puso muchos muertos y luego vino ETA y puso más. No se ha hecho justicia ni por unos ni por otros. Hay que levantar el silencio, hacer la luz y abrir caminos de esperanza. No podemos esperar a que los partidos tomen decisiones. Los ciudadanos y ciudadanas somos capaces de abrir el camino del entendimiento. Y éste ha sido un encuentro que ha propiciado tender puentes para el entendimiento”.

Pero además de las valoraciones de de Txaro y Mirentxu, seguramente un considerable número de reflexiones e ideas rondarán este día y los siguientes las mentes de los más de 200 asistentes al “Encuentro por la reconciliación social”. Unas meditaciones que servirán de sólido cimiento para saber cómo mirar al pasado, qué hacer en el presente y cómo construir nuestro futuro.

Reconstruir el tejido social

15.12.2011 (9:43 am)

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social

Carlos Martín Beristain, especialista en cuestiones de víctimas y reconstrucción del tejido social

-¿Para qué tocar las heridas?
Alguien le responde:
-Para qué va a ser, para curarlas.
Y la mujer añade:
-¿Pero quién se atreve?
Diálogo, en El Silencio Roto.

Para hablar de la reconstrucción del tejido social, la primera cuestión es tomar en cuenta dos puntos de partida: cuáles han sido esas heridas, y cuáles los mecanismos que las han hecho posibles. Las heridas tienen que ver con el impacto del dolor y el sufrimiento. El dolor no puede repararse pero sí reconocerse. Y para ello hay que superar las fracturas de la sensibilidad, las que han llevado a memorias defensivas que justifican el dolor del otro por el sufrimiento propio o invisibilizan el impacto de ciertas violaciones de derechos humanos. Se necesita cruzar al otro lado, y superar las fronteras de la empatía. Dejar de utilizar el dolor para justificar la violencia por un lado, o para evitar confrontarse con cómo se ha usado la tortura por poner dos ejemplos. En palabras de Ignatieff, sin apología, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Sobre todas estas cosas se tiene que decir la verdad. Para retomar esa vieja esperanza que describe John Berger: quizá si le damos nombre a todo lo intolerable, de esa conciencia surja una acción compartida.

Igualar este reconocimiento moral del sufrimiento, y la crítica a las violaciones de derechos humanos, puede ayudar a generar una conciencia común. Y eso no significa igualar los mecanismos de victimización. Sobre esas cosas llevar todo a las divisiones ideológicas pueden seguir poniéndonos en diferentes lados. Hay que centrarse en el lado humano de la experiencia, individual y colectiva, que es donde podemos reconocernos en los otros como iguales. Para ello hay que superar también otras fronteras, las del lenguaje. Demasiadas veces el lenguaje se ha utilizado como arma arrojadiza para justificar acciones (“por la democracia”, “a consecuencia del conflicto”) en lugar de para llegar a consensos básicos sobre la defensa de la vida.

La utilización política o la focalización mediática han estado presentes en este país más que en cualquier otro. En muchas situaciones de violencia la mentira sustituye a la ética. Lo que se considera bueno o malo se juzga en función de quién lo dice o de nuestros objetivos. Por ejemplo, la política que se necesita para con las víctimas es la del reconocimiento y la reparación, no la de la politización de utilizarlas como estandarte. Para ello también hay que dejar atrás el miedo, de lo que no se puede decir o hacer porque nunca es “el momento”. El miedo a expresar la diferencia, la crítica, el desacuerdo. Como Virginia Wolf en sus reflexiones sobre el feminismo contra la guerra, creo que la extrañeza es un valor en estos procesos. No reconocernos en la coacción o la mentira. No dejarnos meter en los tópicos. Atrevernos a salir del marco del grupo de referencia o de lo que se considera políticamente correcto. O de la retórica de la impotencia porque en nuestro país todo parece muy complejo. También aferrarse a las cosas que han dado cohesión a la sociedad vasca, las relaciones familiares y comunitarias aun en un contexto tan politizado. Un recurso positivo puede ser visibilizar las experiencias positivas locales, tanto de convivencia política como social, para evitar la sobrerrepresentación negativa y ejercer un papel pedagógico en la sociedad.

La superación de esas fracturas sociales en lo local no va a llevar al acuerdo directo, ni al olvido o perdón, sino más bien a la aceptación de que se puede coexistir. Una cultura de derechos humanos es el piso común que se necesita. Esta reconstrucción es básica para pasar de un escenario de fin de la violencia, a otro de construcción de la paz, donde son claves las iniciativas de memoria colectiva que genere respeto y aprendizajes, de reconocimiento del dolor producido, medidas de humanización de la situación de los presos de ETA que han estado sometidos a leyes de excepción, y apoyo a los espacios sociales de reconstrucción de la convivencia. La mejora del clima social después del fin de la violencia de ETA ofrece condiciones favorables para hacer un proceso. Pero se necesita sensibilidad, inteligencia y compromiso para hacerlo posible.

Definir la reconciliación

13.12.2011 (9:30 am)

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

Pierre Hazan, Miembro del Grupo Internacional de Contacto

El término reconciliación es un concepto cargado de mucha ambigüedad. Por mi parte, defino la reconciliación como un proceso por el cual una sociedad pasa de un pasado dividido a un futuro compartido. Este proceso consiste en encontrar la forma de vivir al lado de antiguos enemigos, sin necesariamente amarles o perdonarles, ni tampoco olvidar el pasado de ninguna manera. La reconciliación apunta por tanto a la coexistencia pacífica con antiguos enemigos desarrollando con ellos el grado de cooperación necesario.

Tradicionalmente, la reconciliación entre ciudadanos enemigos con vistas a restablecer la paz cívica pasaba por la adopción de medidas de amnistía, término cuyo origen proviene del griego amnistia, que significa “olvido”. La amnistía, es decir, el olvido memorístico y judicial, se presentaba como necesario en el nombre de la unidad de la ciudad o de la nación restaurada.

Tras la guerra fría, el término reconciliación toma una importancia mayor en el léxico político. La cada vez mayor importancia de la retórica de los derechos humanos y del liberalismo político conforma una visión moral de las relaciones internacionales que substituye el enfoque pesimista de la Realpolitik dominante hasta entonces. Este cambio de perspectivas se explica también por el desarrollo de conflictos internos –ex- Yugoslavia, Rwanda, Burundi, Sierra Leona, Chechenia,…- marcados por políticas de limpieza étnica y crímenes de masa. Nuevas instituciones judiciales y extrajudiciales se crean a comienzos de los años 90 con el fin de restablecer la reconciliación nacional: los tribunales penales internacionales y las comisiones verdad y reconciliación.

Estos dos tipos de instituciones de justicia, una penal y la otra restauradora, confluyen en un punto fundamental: ya no es el silencio -vía amnistía- sino la expresión de la verdad sobre los crímenes lo que es percibido en adelante como indispensable para restaurar la reconciliación.

La reconciliación es concebida como un pilar esencial del proceso de paz en la salida de un conflicto. En teoría, la reconciliación va a la par con el regreso de la democracia, el establecimiento de un Estado de Derecho, la organización de elecciones libres y regulares, el desarme, desmovilización y reintegración (DDR) de los combatientes, el reconocimiento de las víctimas y la protección de los derechos humanos.

Estas medidas contribuyen en sí mismas a reforzar una nueva dinámica social. La reconciliación busca proceder a un cambio de creencias, de valores y de actitudes entre las poblaciones afectadas y a redefinir las relaciones entre grupos anteriormente divididos, para rehumanizar los miembros del ex grupo enemigo. El desafío de las políticas de reconciliación es por tanto elaborar las estrategias sociales, políticas y memorísticas que modifiquen las identidades personales y colectivas y, con ellas, las representaciones de uno mismo y del otro. Y ello con el objetivo de pasar de una lógica de exclusión y de violencia a una lógica de integración y de reconocimiento. Este proceso de elaboración progresiva de una nueva identidad colectiva participa en la consolidación de la paz, sabiendo que el proceso de reconciliación tiene que ser adaptado a la especificidad de cada sociedad.

El foco y la realidad

09.12.2011 (12:46 pm)

(En los próximos días y peviamente a la celebración del Open Space para la reconciliación  social que tendrá lugar el sábado 17 de diciembre en Barakaldo, Procesodepaz.org publicará varios post sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social de la mano de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan (miembro del Grupo Internacional de Contacto), Carlos Martin Beristain (Especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social, Gabriel Otalora (Licenciado en Derecho) y Mirentxu Purroy (periodista). Esta última abre el turno de publicaciones con el siguiente post:)

Mirentxu Purroy, periodista
Mirentxu Purroy, periodista

Cuando un largo contencioso de una herencia familiar no se resuelve, es porque el foco de la realidad no se pone en el presente. Las transmisiones familiares suelen arrastrar complejos problemas, repletos de historia y emociones, recuerdos y amores, rencores, agravios y desamores. Hermanas y hermanos se enfrentan por entender la propiedad de un mismo bien de manera diametralmente opuesta. Una misma realidad es percibida desde puntos de vista irreconciliables. Los acuerdos se hacen inviables, porque cada cual vive y ha vivido, recuerda y ha recordado, siente y ha sentido que lo que le pertenece, es suyo. Le corresponde.

Pero la realidad es divisible, troceable, parcelable, y se puede administrar con equidad, benevolencia y generosidad. Solo es necesario saber que hay solución, buscarla, poner el foco, iluminar bien y acertar en la diana. De manera que nadie se quedará con todo. Se administrará con justicia el lote a todas las partes.

Aunque el paisaje cotidiano vasco muestra casas solariegas, en pueblos y ciudades, casi en ruinas porque sus herederos no han llegado a un acuerdo para reconstruirlas, la mayoría hace mucho tiempo que no solo reparó los daños, sino que creó nuevos edificios.

Pero el dolor, la intensidad del sufrimiento inflingido, la profundidad de la injusticia, la prolongación del daño y la perpetuación humilladora de la violencia y el terror, tiene millares de herederos con nombres y apellidos. Unas y otros tienen su propia cronología.

Para muchos, librarse de la guerra civil y su dictadura que acumuló montones de muertos, miles, centenares de millares de víctimas aniquiladas por pensar diferente al franquismo, les costó casi toda su vida. Sin mediar justicia, memoria, ni reparación, se superpusieron sobre los montones de las anteriores muertes, las víctimas de ETA. En el horizonte terror y muerte, que junto con métodos igual de expeditivos del estado, dejaron casi sin oxígeno a la población. Ninguna buena herencia a repartir.

En cambio ahora ya se puede poner el punto de luz sobre la realidad que descubre muchos universos. Cada uno tiene su propio lenguaje. Pero un principio general se ha hecho camino: “no hay guerras justas, y si tierra abundante para vivirla en paz”. Es un momento conciliador.

Como todo bien que se desea repartir, resulta clave encomendar su administración a manos expertas en mediación, ajenas totalmente a los habitantes de Euskal Herria, territorio dolorido.

Lisa y llanamente tienen que estar libres de ataduras y prejuicios para escuchar la voz de todos y todas.

Resulta esencial que obtengan versiones personales de los hechos y las narraciones de las propias vidas. Sin interferencias. Así, quedará en manos de expertos la actualización de la justicia, la reparación, el reconocimiento y los derechos de todas las víctimas, sin quedar al albur de jurisdicciones obsoletas.

Así se irá haciendo difícil provocar demoras en las excarcelaciones, ó interceptar las travesías de auto reconocimiento de daños y sufrimientos causados a las víctimas. El reparto de salvoconductos de buena, mala o regular víctima, según el tamiz de los obstructores de libertades ajenas, resultará inviable.

Mientras, las veladuras que han tapado y silenciado muchos contornos y formas de pensamiento vasco, lentamente van emergiendo para ocupar el sitio que les correspondía. Son las víctimas sin dibujo ni retrato. Tampoco estaban en la paleta de los grandes grupos que se reparten los colores y los méritos en la reparación de daños. Son gentes que forman parte del paisaje que siempre han estado ahí. Ahora, ellas y ellos con total sencillez están haciendo natural el encuentro hacia el entendimiento. Con el más común de los sentidos, sin que se note, hacen presente. El gran lugar de acogida para todas las generaciones.

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¿Quieres colaborar en el proceso de reconciliación social?

¿Te interesa la reconciliación social? ¿Tienes ideas que aportar, propuestas o dudas, o deseos de escuchar  la voz de otras personas en relación a este tema? Lokarri te propone dos iniciativas para ello:

  • Espacio abierto para la reconciliación. Barakaldo, sábado 17 de diciembre

Acércate al BEC de Barakaldo el sábado 17 de diciembre, de 10.00h. a 14.00 h., y participa en el encuentro abierto organizado para reflexionar sobre las claves para abordar un proceso de reconciliación. Queremos escuchar y dialogar con tantas personas y sectores sociopolíticos como sea posible. Infórmate e inscríbete

A través del blog de Lokarri tienes la oportunidad de participar en el diálogo que se está generando entre personas interesadas en la reconciliación social debatiendo y aportardo tus ideas, construyendo conocimientos conjuntamente. Entra y participa en la conversación

Juventud y víctimas en Irlanda del Norte

03.12.2011 (6:03 pm)

El segundo día de la visita a Belfast comenzó con una recepción del Alcalde de Belfast. Es un jóven de solo 25 años que destacó que la juventud no tiene que verse como juventud, sino como ciudadanos, siendo su opinión importante. Fue muy clarificador cuando subrayó que la situación ha cambiado mucho para la juventud. Ahora pueden hacer política porque todas las ideas son legítimas y tenidas en cuenta mientras que antes podían terminar en la cárcel o muertos en una esquina.

Después llegó uno de los momentos más emocionantes de la visita. Nos reunimos con Alan, el director de Wave. Su mujer fue asesinada y desde entonces ha hecho su propio camino en relación a la paz. No tenía contacto con la comunidad católica pero puso en marcha Wave como una inciativa capaz de integrar a víctimas de ambas comunidades. Su idea es que las víctimas son víctimas independientemente de quien las haya causado. Para compartir esta iniciativa han decidido “dejar la maleta en la puerta”. Han compartido la sangre y el dolor y ahora quieren compartir el futuro.

Alan se mostró crítico con los Acuerdos de Viernes Santo porque no fueron capaces de abordar el pasado y con la puesta en libertad de los presos pero entendió que era algo necesario para comenzar juntos de nuevo. Sus críticas también llegaron al proceso de desarme aunque lo apoyaron desde la convicción de que “un arma menos, una víctima menos”.

Ahora su asociación está impulsando una campaña para el reconocimiento y reparación a los heridos. Todos firmamos la petición justo antes de que Alan rompiera a llorar al contar que su suegra le crítico cuando decidió entrevistarse con Gerry Adams.

El día terminó con un paseo por algunos de los barrios protestantes y católicos donde aún permanencen los grandes murales que recuerdan a los años del conflito en Irlanda del Norte. Justo antes tuvimos la oportunidad de estar con el director de Relatives for Justice, una organización que atiende a las víctimas de la policia y el ejército. Reivindican su derecho a la verdad, a que se sepa todo lo que sucedió. Considera que la juventud está cambiando porque no ha vivido los años del conflicto. Ahora bien, nos alertó del gran peligro de la paz: “hombres jóvenes desempleados”. Por ello, insistió en lo importante que es implicar a la juventud en el proceso de paz.

El nuevo informe del Observatorio Social desvela que se ha reavivado la esperanza y la ilusión en relación al proceso de paz

01.12.2011 (4:12 pm)

Observatorio Social del Proceso de pazAnalizadas las respuestas de las 1.170 personas que han respondido al cuestionario que ha servido como base para la elaboración del nuevo informe del Observatorio Social del Proceso de paz impulsado por Lokarri,  el documento de análisis concluye que la nota media de la situación del proceso hacia la paz en otoño de 2011 es de 7.76. A ello hay que sumar que nueve de cada diez personas valora de forma positiva la situación del proceso de paz y considera que estamos mejor que hace un año.

Tras la sensación de parón vivida tras el verano y reflejada en el informe anterior, la declaración de cese de la actividad armada de ETA ha reavivado la esperanza y la ilusión de las personas que han respondido al cuestionario. Esta declaración unilateral es percibida como definitiva y las garantías de ello residen en tres aspectos: en primer lugar el apoyo internacional a un escenario sin violencia escenificado en la Conferencia Internacional de Aiete, en segundo lugar el rechazo de la sociedad vasca al uso de la violencia y por último la apuesta firme de la izquierda abertzale ilegalizada por las vías exclusivamente pacíficas.

Así pues, tras más de dos años en los que tanto la sociedad como diferentes sectores políticos han contribuido a generar las condiciones necesarias para hacer posible el proceso de paz, este otoño por fin se empiezan a ver los frutos de tanto esfuerzo y compromiso. Y todo ello ha quedado reflejado en las respuestas y el análisis contenido en este informe.

Incluso las personas que se muestran más prudentes reconocen que nos hallamos en el principio del fin, en un momento nunca antes vivido, en un proceso de paz que, aunque complicado, es ya irreversible. Entre los paso que deben darse en el corto plazo se mencionan el diálogo entre ETA y el Gobierno para dirimir las cuestiones relacionadas con los presos y el diálogo político para impulsar acuerdos sobre la convivencia, sobre las heridas causadas y las víctimas.

Entre las recomendaciones que propone Lokarri en el informe para impulsar un proceso de paz, considera que el lehendakari, Patxi López, debe concretar su plan e intentar aunar esfuerzos desde las instituciones para llegar a consensos sobre la convivencia deseada y sobre los pasos que deben darse para alcanzarla, además de ofrecer a los ciudadanos cauces para trabajar la reconciliación y la convivencia a nivel local. También propone al Gobierno Vasco que lidere un proceso de diálogo y acuerdo, en cuyo marco tengan cabida todas las fuerzas políticas y que cuente con la participación activa de la ciudadanía. Además, recomienda tanto a Gobiernos como a partidos políticos que tomen en cuenta la declaración final de la Conferencia Internacional de Aiete, ya que  describe un camino transitable por todos los partidos políticos que siendo atendida podría contribuir al avance del proceso de paz.

Como  requisitos para que la paz sea irreversible deben darse dos condiciones, según destaca el documento: el cese definitivo de la violencia de ETA, que ya se ha producido, y la legalización de Sortu.

Reflexiones con nombre propio

Además, este informe recoge las aportaciones de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan, Carlos Martín Beristain, Gabriel Otalora y Mirentxu Purroy. Mediante sus reflexiones, todos ellos  han contribuido a arrojar algo más de luz sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social.

Debate virtual sobre la reconciliación / Berradiskidetzeari buruzko eztabaida

23.11.2011 (11:40 am)

La sociedad vasca se encuentra en un momento importante de cara a asentar las bases de una futura convivencia inclusiva. En el logro de este objetivo, debemos ser capaces de poner en marcha un proceso de reconciliación social de carácter inclusivo, capaz de unir tanto social como políticamente.

Lokarri quiere contribuir a este objetivo, por lo que, a partir de hoy y durante cuatro semanas, pone en marcha a través de este blog una iniciativa de debate virtual que posibilite el diálogo y la escucha entre personas interesadas en la reconciliación social. El objetivo es que fluya el intercambio de ideas, propuestas e incluso preocupaciones sobre los temas a tratar a la hora de abordar un proceso de reconciliación.

Como punto de partida a la conversación os proponemos dos preguntas a las que os pedimos que respondáis o aportéis sugerencias en el apartado para comentarios que figura bajo este post, donde se irá generando la conversación:

-¿Cómo definirías brevemente la reconciliación?

-¿Qué temas crees que deberían tratarse para abordarla?

Además, en la Plaza de la Reconciliación de este blog, Lokarri os proporciona interesante documentación para poder informaros sobre este tema para el debate.

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Euskal gizartea une interesgarria ari da bizitzen etorkizunean elkarbizitza eraikitzaile baten oinarriak finkatzeari begira. Helburu hau lortzeko, barneratzailea izango den berradiskidetze prozesu bat abian jartzeko gai izan behar dugu, bai sozialki bai politikoki batzeko ahalmena izango duen prozesu bat.

Lokarrik helburu horretan lagundu nahi du eta, horregatik, gaur hasita eta lau astean zehar, gizartearen berradiskidetzean interesaturik dauden pertsonen artean elkarrizketa eta entzutea ahalbidetuko duen elkarrizketa birtual bat jartzen du abian blog honen bidez. Berradiskidetze prozesu bat ekiteko orduan landu beharreko gaiei buruz ideien, proposamenen eta baita kezken inguruan ere hartu-eman jarioa sortzea da helburua.

Bi galdera proposatzen dizkizuegu elkarrizketarako abiapuntu bezala. Horiei erantzutea edo iradokizunak egitea eskatzen dizuegu post honen azpiko aldean iruzkinetarako dagoen laukian, elkarrizketa garatuz joango den tokian hain zuzen:

-Nola definituko zenuke laburrean berradiskidetzea?

-Zure ustez, zer gai landu beharko lirateke berradiskidetzeari ekiteko?

Gainera, blog honetako Berradiskidetze Plazan, eztabaidarako gai honi buruzko dokumentazio interesgarria jarri dizue eskuragarri Lokarrik.

Parte har ezazu eztabaida edo elkarrizketa birtual honetan eta eman ezagutzera eta berradiskidetzearen zimenduak ahalik eta pertsona gehienen artean eraikitzea lortuko dugu.


¿Cómo se contará esta historia?

18.11.2011 (12:25 pm)

Catedrático de Filosofía política y social, investigador “Ikerbasque” en la UPV/EHU y director del Instituto de Gobernanza Democrática)
Daniel Innerarity, Catedrático de Filosofía política y social, investigador “Ikerbasque” en la UPV/EHU y director del Instituto de Gobernanza Democrática)

La relación con el propio pasado es uno de los p roblemas más complejos e inquietantes con el que diversas comunidades políticas han tenido que enfrentarse en la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo se relacionan con su pasado sociedades que acaban de librarse de una extrema re p resión o salen de periodos de violencia? ¿Cómo formulan el cierre de ese pasado para que sea irreversible y, al mismo tiempo, no legitime la violencia? La resolución de los conflictos políticos violentos da lugar a una serie de discusiones acerca de la reconstrucción del pasado que son a veces tan intensas como el conflicto mismo. Parece que una vez resuelto el asunto principal queda todavía por hacer lo más difícil: todo aquello que tiene que ver con la reconstrucción del pasado.

Cuando hablamos del tema de la memoria no p odemos olvidar que existe una libertad para contar, que la memoria es plural. Está libertad se re f i e re tanto al trabajo de los historiadores como al relato común y popular. Las personas y los grupos sociales ord e n a m o s los acontecimientos complejos y que han tenido una gran carga emocional de manera muy diversa, a menudo contradictoria, de modo que en una misma sociedad coexisten interpretaciones dispares de idénticos acontecimientos.

Hay ocasiones en que las políticas de la memoria están hechas como si los pod e res públicos quisieran fijar definitivamente el sentido de los acontecimientos, olvidando que el pasado es siempre contro v e rtido. En una democracia la escritura de la historia sólo puede hacerse en un marco de pluralismo, bajo la mirada vigilante y crítica de diversas memorias paralelas que discuten. No corresponde al legislador fijar de manera autoritaria una regla para la interpretación del pasado.

Nuestra lectura de la historia es un trabajo nunca acabado y siempre problemático. El deber de la memoria ha de acompañarse de una aceptación de la complejidad histórica. No es lo mismo la verdad judicial que la verdad política o la verdad de los historiadores. De entrada, parece conveniente partir de lo que nos enseña la experiencia acerca del modo como los humanos combatimos y dejamos de hacerlo. No es p revisible, ni deseable, que las sociedades que han vivido un conflicto largo y profundo concluyan la paz con un relato común. En el caso del País Vasco, pienso que nadie ha formulado mejor que el llamado “Plan A rdanza” (1998) en qué podría consistir una salida viable y digna. No podemos olvidar que estamos intentando resolver un problema generado por quienes no han sido capaces de aceptar la voluntad mayoritaria de los vascos, desde la legitimidad democrática de las instituciones y sin que nuestras decisiones tuvieran como finalidad corregir una supuesta carencia de legitimidad. Aquel documento lo formulaba así: “no nos p reguntamos qué debe hacer la democracia para corregir sus supuestos déficits, sino qué puede y quiere hacer para superar la falta de integración que de hecho sufre la sociedad vasca. La legitimidad democrática del sistema no está en cuestión”.

Ahora bien, el relato oficial, público y, sobre todo, los principios sobre los que se asiente nuestro marco político y sus procedimientos de modificación no pueden legitimar el recurso a la violencia. El relato justo del pasado, por difícil que sea, nunca es un punto medio entre víctimas y verdugos. No se trata de imponer una “ v e rdad oficial” sino de establecer que la discusión acerca de nuestro pasado se lleve a cabo en el marco de los principios democráticos, de respeto, pluralidad, ilegitimidad de la violencia y reconocimiento de las víctimas. Siempre habrá historiadores que discutan y n a rraciones populares de todo tipo, hasta la extravagancia, pero el relato a partir del que se configuran nuestras instituciones debe recoger los principios éticos y políticos que son imprescindibles para la convivencia democrática.