(En los próximos días y peviamente a la celebración del Open Space para la reconciliación social que tendrá lugar el sábado 17 de diciembre en Barakaldo, Procesodepaz.org publicará varios post sobre el debate existente en torno a cómo abordar un proceso transitable de reconciliación social de la mano de cuatro personas de referencia en cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia, como son Pierre Hazan (miembro del Grupo Internacional de Contacto), Carlos Martin Beristain (Especialista en cuestiones de vícrtimas y reconstrucción del tejido social, Gabriel Otalora (Licenciado en Derecho) y Mirentxu Purroy (periodista). Esta última abre el turno de publicaciones con el siguiente post:)

- Mirentxu Purroy, periodista
Cuando un largo contencioso de una herencia familiar no se resuelve, es porque el foco de la realidad no se pone en el presente. Las transmisiones familiares suelen arrastrar complejos problemas, repletos de historia y emociones, recuerdos y amores, rencores, agravios y desamores. Hermanas y hermanos se enfrentan por entender la propiedad de un mismo bien de manera diametralmente opuesta. Una misma realidad es percibida desde puntos de vista irreconciliables. Los acuerdos se hacen inviables, porque cada cual vive y ha vivido, recuerda y ha recordado, siente y ha sentido que lo que le pertenece, es suyo. Le corresponde.
Pero la realidad es divisible, troceable, parcelable, y se puede administrar con equidad, benevolencia y generosidad. Solo es necesario saber que hay solución, buscarla, poner el foco, iluminar bien y acertar en la diana. De manera que nadie se quedará con todo. Se administrará con justicia el lote a todas las partes.
Aunque el paisaje cotidiano vasco muestra casas solariegas, en pueblos y ciudades, casi en ruinas porque sus herederos no han llegado a un acuerdo para reconstruirlas, la mayoría hace mucho tiempo que no solo reparó los daños, sino que creó nuevos edificios.
Pero el dolor, la intensidad del sufrimiento inflingido, la profundidad de la injusticia, la prolongación del daño y la perpetuación humilladora de la violencia y el terror, tiene millares de herederos con nombres y apellidos. Unas y otros tienen su propia cronología.
Para muchos, librarse de la guerra civil y su dictadura que acumuló montones de muertos, miles, centenares de millares de víctimas aniquiladas por pensar diferente al franquismo, les costó casi toda su vida. Sin mediar justicia, memoria, ni reparación, se superpusieron sobre los montones de las anteriores muertes, las víctimas de ETA. En el horizonte terror y muerte, que junto con métodos igual de expeditivos del estado, dejaron casi sin oxígeno a la población. Ninguna buena herencia a repartir.
En cambio ahora ya se puede poner el punto de luz sobre la realidad que descubre muchos universos. Cada uno tiene su propio lenguaje. Pero un principio general se ha hecho camino: “no hay guerras justas, y si tierra abundante para vivirla en paz”. Es un momento conciliador.
Como todo bien que se desea repartir, resulta clave encomendar su administración a manos expertas en mediación, ajenas totalmente a los habitantes de Euskal Herria, territorio dolorido.
Lisa y llanamente tienen que estar libres de ataduras y prejuicios para escuchar la voz de todos y todas.
Resulta esencial que obtengan versiones personales de los hechos y las narraciones de las propias vidas. Sin interferencias. Así, quedará en manos de expertos la actualización de la justicia, la reparación, el reconocimiento y los derechos de todas las víctimas, sin quedar al albur de jurisdicciones obsoletas.
Así se irá haciendo difícil provocar demoras en las excarcelaciones, ó interceptar las travesías de auto reconocimiento de daños y sufrimientos causados a las víctimas. El reparto de salvoconductos de buena, mala o regular víctima, según el tamiz de los obstructores de libertades ajenas, resultará inviable.
Mientras, las veladuras que han tapado y silenciado muchos contornos y formas de pensamiento vasco, lentamente van emergiendo para ocupar el sitio que les correspondía. Son las víctimas sin dibujo ni retrato. Tampoco estaban en la paleta de los grandes grupos que se reparten los colores y los méritos en la reparación de daños. Son gentes que forman parte del paisaje que siempre han estado ahí. Ahora, ellas y ellos con total sencillez están haciendo natural el encuentro hacia el entendimiento. Con el más común de los sentidos, sin que se note, hacen presente. El gran lugar de acogida para todas las generaciones.
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