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Los derechos de las víctimas y la convivencia democrática

09.06.2010 (8:56 pm)

Iñigo Lamarca, Arartekoa/Ararteko
Iñigo Lamarca, Ararteko

Orain urte erdi, abenduaren 15ean hain zuzen, Javier Elzok Eusko Ikaskuntza-Euskadiko Kutxaren 2009ko saria jaso zuen, Donostiako Miramar jauregian izan zen ekitaldi eder batean. Maila handiko epaimahai batek −askotarikoak eta independenteak− aukeratu zuen egunetik egunera ospe handiagoa duen intelektual hori. Goi mailako hitzaldia irakurri zuen, eta hitzaldi hura hedabideen artean nabarmendu ez bazen ere, aretoa bete zuen jendeak eskuak mintzerainoko txalo zaparrada eskaini zion.

Gaurkotasun izpirik galdu ez duen hitzaldi hartan, hizpide izan zituen bakea, bizikidetasuna, zentzuzko elkarrizketa, bidegabekeriei ordaina ematea, egia historikoa eta memoria, biktimak eta biktima-sortzaileak, adiskidetzea eta abar, eta, nire ustez, giltza nagusiak aipatu zituen Euskadin, pixkanaka, gizakien biziak eta oinarri-oinarrizko eskubideak suntsitu dituzten izugarrikeriei ausardiaz eta prestutasunez begiratuko dien gizartea eraikiz joan gaitezen. Neure egin ditut haren azalpenak, eta lehen pertsonan adieraziko ditut, itzal handiko beasaindarraren atzean ezkutatu gabe.

El Parlamento Vasco dio un paso de gigante cuando aprobó en junio de 2003 una Proposición No de Ley, por una abrumadora mayoría, para impulsar una serie de iniciativas dirigidas a las víctimas de los grupos terroristas que han operado en Euskadi. Una de esas iniciativas se plasmó en la ley 4/2008 de reconocimiento y reparación de las víctimas aprobada por PNV, PSE, PP, Aralar, EA y EB, que constituye una formidable herramienta, por su magnífico contenido y por el valor del consenso, para avanzar hacia un escenario en el que las víctimas de todos los grupos terroristas (no hay duda, como lo decíamos en nuestro informe, de que los destinatarios de la ley son todas ellas) vean plenamente reconocidos sus derechos a la verdad, memoria, dignidad, reparación y participación, al tiempo que se profundiza en la deslegitimación de la violencia terrorista y en la asunción de los valores democráticos basados en el respeto a los derechos humanos. Nos urge que ETA desaparezca y con ello la amenaza de muerte que pesa sobre decenas de miles de personas, pero al mismo tiempo debemos hacer un esfuerzo notable por avanzar en el reconocimiento y reparación de las víctimas de los demás grupos terroristas (BVE, GAE, GAL etc.), que han estado –y siguen estándolo- bastante olvidadas.

La convivencia democrática deberá estar basada en Euskadi, para que sea sólida y justa, en el tándem formado por la vigencia plena de los valores democráticos, de una parte, y de otra el reconocimiento de los derechos anteriormente referidos de las víctimas de los terribles episodios de violencia que han asolado nuestra en las últimas décadas. En este sentido, debemos significar que el franquismo no ha saldado aún sus deudas, y las víctimas de la brutal dictadura esperan el turno para que la verdad y la justicia salgan por la puerta grande de la democracia.

Otro colectivo que aguarda su momento es el constituido por las víctimas de las torturas y malos tratos. y de los excesos policiales. La Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco aprobó, justo una semana después del discurso de Elzo, una Proposición No de Ley sobre víctimas de vulneraciones de derechos humanos derivadas de la violencia de motivación política y lo hizo por unanimidad, instando al Gobierno Vasco a que presente un informe en el plazo de seis meses. Hay que recordar que la dirección de derechos humanos del anterior Ejecutivo ya realizó un estudio que recogía las vulneraciones de derechos y las víctimas producidas por la práctica de la tortura, las penas de muerte dictadas por Franco, la acción de grupos parapoliciales y ultras, las desapariciones y las personas muertas y heridas por intervenciones policiales (mención expresa merecen a este respecto los terribles sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz).

Abordar todas las cuestiones señaladas y conseguir lo antes posible la desaparición de ETA. así como la implantación plena de los derechos de las víctimas de los cuatro grupos referidos, no será tarea fácil, de ninguna de las maneras, y habrá que trabajar con inteligencia, con tesón y procurando consensos políticos y sociales lo más amplios posibles, pero en cualquier caso hay razones fundadas para la esperanza y el optimismo. Con la directriz del imperio de los derechos humanos y con mucha humanidad, como decía Elzo, lo conseguiremos.

Preguntas que me hago

01.06.2010 (8:51 am)

Iñaki Anasagasti
Iñaki Anasagasti, senador del PNV en el Congreso

Fui compañero de Joseba Goikoetxea. Estuve detenido con él por preparar el Aberri Eguna de 1976. ETA lo mató en la calle Tívoli. Representé al PNV en el Pacto de Madrid, receptáculo pre natal del Pacto de Ajuria Enea. Desde el EBB organicé en octubre de 1978 la primera manifestación contra ETA con el lema: “Por Una Euzkadi Libre y en Paz”. Denuncié el Gal y me enfrenté duramente a González y Barrionuevo. He estado en decenas de reuniones de todo tipo en relación con la violencia y asimismo en tantas manifestaciones como las organizadas en estos treinta años. También en favor de los condenados en el Juicio de Burgos en Caracas ante el consulado español. Me tocó subir a la tribuna del Congreso aquel infausto mes de agosto en la que el PP y el PSOE, al alimón, aprobaron la ley de partidos. Y lo hice solo. Nadie secundó nuestra protesta. Ningún partido nos avaló.

Seguiría dando este tipo de pinceladas del mucho tiempo, esfuerzo, dolor que nos ha costado ETA, pero lo importante es el hoy y las inmediatas posibilidades de futuro que se nos presentan. Por eso, lecciones, las justas.

Mi primera reflexión es que estamos ante gente extraordinariamente especial, por no decir poco normal. ETA, y la ETA sociológica ¿cree de verdad que con sus acciones armadas pueden cambiar una política o poner contra las cuerdas un estado cada vez más eficiente en su persecución? Detrás de esto ¿qué tipo de ideología hay? ¿Marxista leninista? ¿Abertzalismo ácrata? ¿Empanada mental? ¿Incultura y falta absoluta de valores?  ¿Hay que darles la razón en todo? ¿Son capaces de reconocer algo de lo hecho? ¿Buscan de verdad una solución? Leer toda la entrada

Las víctimas del conflicto vasco

19.05.2010 (10:30 am)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

“El conflicto vasco” abarca una realidad amplia y compleja, cuya percepción varía mucho en función del observador de la misma.

El conflicto vasco entendido como “conflicto político”, asociado al encaje político del País Vasco en el Estado Español, viene de muy atrás en el tiempo histórico y se visualizó bastante bien, por ejemplo, cuando a principios del siglo XXI el Parlamento Vasco presentó en el Parlamento Español una propuesta de “Nuevo Estatuto Político” que fue rechazada.

Relacionado con este “conflicto político” existe otro conflicto; la existencia de ETA y su “estrategia armada”.

Está claro que las víctimas del conflicto vasco existen desde antes de la gestación de ETA a finales de los años 50 del siglo pasado, en plena dictadura militar franquista (fascista) ¿Cuándo empieza el sufrimiento de las víctimas del conflicto vasco? Dependiendo de quién se haga esta pregunta variará la respuesta.

Víctimas del conflicto vasco son, entre otras, las víctimas de ETA.

Víctimas de ETA son en primer y principal lugar las personas asesinadas por ETA. Y sus familiares. Y sus amigos… Y las personas mutiladas y heridas. Y sus familiares. Y sus amigos… Y las personas que viven con miedo. Y sus familiares. Y sus amigos…

Víctimas somos también todos y cada uno de los ciudadanos del País Vasco que llevamos años pidiendo a ETA que cese en su “estrategia armada”.

También son víctimas los propios miembros de ETA que han cometido atentados sangrientos, que a solas consigo mismo tienen que asumir el hecho de haber matado a una persona. También son víctimas sus familiares. Y sus amigos…

Víctimas son también los presos por pertenencia a ETA. Y sus familiares. Y sus amigos…

También es víctima la “lucha política” condicionada y/o limitada y/o perjudicada o directamente imposibilitada en algunos casos por la “estrategia armada” de ETA.

Víctimas son también las formaciones políticas ilegalizadas y los grupos sociales sin representación política en las instituciones.

Victimas del conflicto vasco son también los periódicos clausurados y los periodistas detenidos.

También es víctima la credibilidad democrática de una estrategia de detenciones e incomunicaciones, en algunos casos denunciada por entidades internacionales.

Victimas son también la racionalidad del discurso dialéctico y la propia utilización del lenguaje, que nos confronta con conceptos como “nacional no-nacionalista”…

Víctimas somos también los ciudadanos del País Vasco que creemos en el derecho a decidir libremente nuestro destino como pueblo y/o como comunidad, y que vemos cómo no se nos reconoce dicho derecho por razón de una legalidad, basada en una constitución que mayoritariamente no votamos por considerar que no reconocía dicho derecho.

Víctimas somos todos los que vivimos en una sociedad víctima del victimismo…

Explorando oportunidades para la paz

05.05.2010 (1:39 pm)
Manu Vilabrille
Manu Vilabrille,  Lokarri Bizkaia

Continuando con el ciclo de charlas que bajo el título “¿Cómo consolidar una oportunidad para la paz?” Lokarri está organizando en estas fechas, ayer martes 4 de mayo, tuvo lugar la tercera de estas charlas en La Bolsa de Bilbao. Alrededor de cincuenta personas se dieron cita para escuchar las reflexiones sobre la actualidad del proceso hacia la paz de boca de Paul Ríos, coordinador de Lokarri, y Gabi Otalora, analista social.

Paul Ríos realizó como introducción un somero repaso a los últimos acontecimientos acontecidos desde el pasado verano y a las oportunidades que en este momento se presentan tras el documento “Zutik Euskal Herria” y la Declaración de Bruselas. En su alocución el coordinador de Lokarri argumentó la importancia del apoyo social a esta Declaración: “nos han hecho un regalo, aprovechémoslo”.

Por su parte, Gabi Otalora expuso que la paz parece caminar en una dirección irreversible pero el contexto aun es frágil, pese a ello “todo apunta a que vivimos en un momento con serias opciones de que la paz llegue pronto a nuestro Pueblo. Una paz de mínimos que cuando llegue habrá que completar propiciando la reconciliación”.

Paul Ríos y Gabi Otalora
Paul Ríos y Gabi Otalora

En el turno de preguntas fueron muchas las aportaciones dirigidas a los ponentes haciendo referencia a la posición de Ezker Abertzalea y del Gobierno en el actual proceso, la necesidad de feminizar el conflicto, el concepto de deslegitimación de la violencia, la aportación de las víctimas…

Hoy miércoles, a las 19,30 h., continua este ciclo de charlas. La cita es en el Centro Ernest Lluch de Donostia, con los ponentes Martxelo Otamendi, director de Berria, Xabier Letona, director de Argia y Paul Ríos, coordinador de Lokarri.

El árbol en la semilla

03.05.2010 (10:59 am)

Gorka Ruiz, Bakeola
Gorka Ruiz, director de Bakeola

Decía Gandhi que “el fin está en los medios, como el árbol en la semilla”.

Estos días estamos asistiendo a un intenso debate en los medios de comunicación en torno a la reformulación del Plan Vasco de Educación para la Paz y los Derechos Humanos.

Hablando de Educación para la Paz debemos garantizar una coherencia entre el medio para lograrla y la finalidad que se persigue. De no ser así, podemos caer en una contradicción difícil de sostener y que estaría apoyada sobre pies de barro, pues aquello que se defiende es obviado en sus medios.

Me animo a lanzar algunas propuestas para construir juntos el camino que tenemos por delante…

…definamos un proceso de trabajo cuidado para elaborar el Plan.

…en el que se aborden las cuestiones políticas y pedagógicas de manera complementaria y equilibrada.

…que cuente con una amplia participación de las instituciones, el sistema educativo, las organizaciones sociales y los partidos en las diferentes fases del proceso.

…con los medios de comunicación en un segundo plano (al menos en un inicio).

…que valore el trabajo ya realizado …un proceso que cuide la dignidad de las personas y colectivos antes, durante y después del Plan.

…un proceso sereno, sin prisas y tejido con responsabilidad.

La tarea de construir juntos, las políticas de educación para la paz y los derechos humanos, lo requiere.

Hago mía la petición en la que los colectivos de victimas del terrorismo instan al conjunto de los partidos políticos a consensuar el texto del Plan con el mismo espíritu que presidió el debate de la Ley de Reconocimiento y Reparación.

Las victimas, las organizaciones sociales, la comunidad educativa, y el conjunto de la sociedad lo agradeceremos.

Mientras tanto seguimos plantando semillas en un bosque complejo, sin perder la esperanza de que educar para la paz en nuestra tierra es posible.

“The whole picture”

08.04.2010 (9:16 am)

José María Ripalda, catedrático de filosofía
José María Ripalda, catedrático de filosofía

En la cadena de televisión Al Jazzira hay un spot repetido que muestra por ejemplo la cara de un bonito niño sonriendo; en una segunda toma más amplia se le ve empuñando un kalasnikov. O bien aparece primero la cara de un anciano apacible y en una segunda toma se le ve rodeado de cadáveres y ruinas, etc. El spot se llama “la imagen entera”.

En realidad la imagen nunca es entera, siempre será a lo sumo un enfoque que tomamos o que aceptamos. También la verdad admite grados, puede ser mucha o poca, compacta o tenue, y encierra el error como una de sus posibilidades propias.

Las “víctimas” son una imagen real, ¿cuál es su imagen entera? Como imagen esgrimida son un modo de seguir la guerra… con imágenes parciales y contenidos implícitos, cuando no ocultos. Incluso hay una “Asociación de víctimas” que da la impresión de un ‘dejà vu’: “los gloriosos Caídos” que me inculcaron en mi infancia como justificación del Régimen frente a sus inexistentes víctimas. ¿No pertenece esto “to the whole picture”?

Las “víctimas” como arma de guerra; pero también como argumento político: Una vanguardia abertzale podrá esgrimir sus víctimas, agravios, sufrimientos e injusticias –porque son muchas,  graves y de un modo u otro nos afectan a muchos- ; pero eso no justificará por sí mismo su línea política y, en su caso,  militar. Del lado de la fidelidad al Estado español, en cambio, se podrá esgrimir las víctimas, pero tampoco eso vale ni para justificar una política ni para darse buena conciencia. Falta siempre “the whole picture”. Nadie podrá presumir de tener la imagen completa. Pero ¿estamos condenados a que la embestida al trapo sea el símbolo común de la piel de TORO?

Tratar de acercarse a la imagen más grande supone mucha voluntad y alguna inteligencia. Y supone también ciertos acuerdos sociales mínimos; no van en esta dirección los signos que vienen de la parte más poderosa en el conflicto, y la hay; tampoco eso se puede enmascarar bajo las “víctimas”.

Se ha sustituido la política por la ética; y se ha declarado al Estado idéntico con la ética, lo cual no sólo es falso, sino inverosímil y desmentido día a día por los hechos. Es decir, se elimina la disidencia de derecho, no sólo de hecho. Y aquí, tras el telón de las víctimas, empiezo a entrever algo todavía más siniestro. Pues el hecho de que se hable tanto de las víctimas, de que sean una imagen tan potente, me sugiere que estará ocultando tal vez cosas más graves incluso que el conflicto vasco. Por de pronto las “víctimas” no son modelos de consecuencia o de acción, sino que se nos presentan como pasivas, en el comportamiento que se espera de nosotros, con cuya santidad “inocente” debemos identificarnos como una especie de yo ideal. ¿No es así como funciona la formación de opinión mediática? ¿No es necesario que así sea ante la brutalidad de lo que hoy ocurre no sólo en Euskal Herria, sino en el mundo, con nuestra pasividad o nuestra participación?

Porque nada va a salvar ni a Euskal Herria ni a España, ambas condenadas, además de ya asoladas por el cainismo. Porque todos estamos arrojados a no ser más que aquello en que nos está convirtiendo la enorme máquina ciega que desterritorializa y reterritorializa el mundo. Su administrador es el consumo indiscriminado, en el que estamos metidos de hoz y coz, como agentes cada vez más clónicos, más odiosos frente a todo lo que perturbe nuestro letargo político. Nos centramos en la imagen parcialísima de nuestro bienestar privado, protegido con un escudo más bien folklórico-policial, y cerramos la foto sin ni siquiera ser capaces de un signo propio resistente a la imagen vacía en que nos convierten.

Sólo en zonas marginales –geográfica o/y socialmente- veo la posibilidad de que se generen nudos de resistencia activa. España fue uno de esos lugares antes de ser exterminada por quienes han configurado la de ahora; sólo existe ya su simulacro, rabioso cuando se siente llamado por su nombre, pero también rabioso con los muchos brotes en él que ni el fuego consiguió eliminar. Y Euskal Herria me parece ese lugar de resistencia mucho menos de lo que tendemos a creernos los vascos, si se me permite hablar así.

Nos van a ofrecer de  nuevo LA democracia, SU democracia, la democracia MUNDIAL, que no podemos aceptar. Hará falta inteligencia para ir encontrando  caminos que no podemos prever, pero en los que algunos sabemos lo que no vamos a aceptar nunca y en los que sabemos cada vez con más precisión dónde está el  enemigo, sin situarlo cerca en la casa de al lado, sino siempre también más cerca, incluso en la propia.

La construcción de la paz no puede ser una lucha por conseguir o afianzar poder(es): mujeres en procesos de paz

07.04.2010 (9:54 am)

Idoia Llano

Ante las diferentes intervenciones e iniciativas en la construcción de la paz, la ciudadanía, cada uno de nosotros/as, tiene que “poder” sentir, no digo que lo vaya a hacer, pero “tiene” que poder hacerlo, que el alturismo de miras, el intento por conseguir un beneficio para la sociedad es incuestionable.  No se puede dudar de la intención de las personas que negocian o intentan resolver  el conflicto.

Si por casualidad una sombra de duda empaña los objetivos en la negociación, esta nacerá lastrada y con pocas garantías democráticas, y puede que tarde mucho más en convertirse en beneficio social.

La paz y su construcción en situaciones como las que vivimos en Euskadi, son una cuestión socialmente tan crucial, que tocan directamente a los derechos más fundamentales como la vida, en las que intuir que pueden ser puestas al servicio de una agenda (personal o de partidos) de poder, de ambición y protagonismo puede servir para generar desconfianzas difíciles de arraigar.

Creo que algunas mujeres familiares de víctimas del terrorismo desean ante todo olvidar lo que han sufrido, muchas desearán poder perdonar y lo lograrán o …no , otras ni lo uno ni lo otro y otras harán de su condición reivindicación justa y causa social. Leer toda la entrada

¿Memoria compartida?

06.04.2010 (9:34 am)

Sabino Ormazabal, periodista
Sabino Ormazabal, periodista

Víctimas: una de las realidades que con más fuerza ha traspasado éticas, sentimientos, debates, alineamientos y actuaciones políticas y sociales: “mis” víctimas…, “las otras” víctimas, “las” víctimas piensan que…; son víctimas de un conflicto político, son víctimas de una banda de delincuentes asesinos; víctimas hay en todos los lados, no compares unas y otras, víctimas somos todos; víctimas olvidadas y luego homenajeadas, víctimas ignoradas y que así siguen estando; víctimas de primera, víctimas de segunda, las que ni siquiera se las considera como víctimas, las que no se consideran a sí mismas víctimas; víctimas utilizadas políticamente, políticas distintas para el mismo tipo de víctimas…

El nuevo decreto que regula la Educación Primaria y Secundaria, en el que se establece el currículum respecto a las víctimas, tiene como objetivo “garantizar una enseñanza despejada de carga ideológica identitaria”, en palabras de la consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celaá (30 de marzo). Un mes antes, el 21 de febrero, Carlos Urquijo, en nombre del PP, solicitaba que la reciente publicación “Vidas Rotas” (Espasa, 2010) fuera incorporada como material didáctico escolar en centros y bibliotecas. En el preámbulo de este libro, Fernando García de Cortázar escribe que “defender a las víctimas del terrorismo es, en España, defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación” (p. XX).

No todos los sufrimientos son iguales. Ni sus causas. Vale. Pero hay muchos tipos de sufrimientos y muchas víctimas, incluso dentro de cada uno de los lados. Negarlo y no reconocer a los demás no significa que no existan: “Nuestras víctimas tenían nuestras convicciones” (p. XIX) o “(…) la calidad verdadera de nuestras víctimas es haber querido ser españoles” (p. XVII). ¿Se las despeja así de carga ideológica identitaria?

Hagamos memoria, aunque nos duela: en estos momentos hay seis personas desaparecidas: Fernando Quiroga, Jorge García, Jon Humberto Fouz, Eduardo Moreno, Joxe Miguel Etxeberria y Jean Louis Larre. Ninguna de ellas había cumplido los 30 años cuando desaparecieron. Sus familias no saben nada de ellos. Sí aparecieron los cadáveres de José Luis Martínez, Jesús González, José Ignacio Zabala, José Antonio Lasa o Jon Anza… Tampoco me olvido de todos esos miles de cadáveres que están enterrados en cunetas y fosas sin que, más de 70 años después, sus restos hayan sido recuperados y devueltos a sus familias

Según la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo,[1] las distintas ramas de ETA y CAA han matado a 829 personas: (486 miembros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Policiales y 343 civiles) en alrededor de 3.600 atentados, que han causado también 2.400 personas heridas. Entre los dos informes de la DVAT[2] y de DDHH[3] del Gobierno vasco sobre víctimas de vulneraciones del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica, son 175 las personas muertas por la violencia policial y de los grupos parapoliciales o de extrema derecha. También se recogen en el segundo informe 600 casos de personas heridas y ejemplos representativos de las miles de personas que han denunciado haber sido torturadas. Según fuentes, entre 5.500 y 7.000 casos

Contamos además con personas amenazadas de todo tipo, con más de 2.000 personas con guardaespaldas, cientos de niñas y niños huérfanos, personas destrozadas física y psíquicamente por atentados o situaciones violentas de diverso signo, violaciones sexuales con motivación política, secuestros con derivas diferentes, agresiones de índole distinta, muchos casos de impunidad

¿Se puede seguir patrimonializando a unas u otras víctimas? ¿No deberíamos hacer una verdadera revolución cultural y reconocer el sufrimiento de los demás?, ¿reconocer que ya va siendo hora de recomponer nuestro tejido social?, ¿que no se debe permitir ni una víctima más, de ningún tipo, empezando por el derecho a la vida? ¿No debería el Estado reconocer su papel en muchas de las violaciones de derechos humanos y actuar en consecuencia? ¿No ha llegado el momento de recuperar y reformular de nuevo la política pública de víctimas desde una visión integrada en la amplia normativa de derechos humanos existente a nivel internacional y que no sea partidista? ¿No ayuda a la convivencia y a consolidar un proceso de paz una visión integral e inclusiva respecto a todas las víctimas?

[1] http://www.mir.es/DGRIS/Terrorismo_de_ETA/ultimas_victimas/p12b-esp.htm
[2] “Informe sobre víctimas del terrorismo practicado por grupos de incontrolados, de extrema derecha y el GAL” de la Dirección de Víctimas de Atención al Terrorismo (DAVT) del Departamento de Interior del Gobierno Vasco, junio de 2008.
[3] “Informe sobre Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos derivadas de la Violencia de Motivación Política” de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, junio de 2008.

Conflicto, ¿qué conflicto?

17.03.2010 (10:17 am)

Iker Merodio
Iker Merodio

Los conflictos, por definición, son complejos. No sólo en su manifestación o acotación, también en su origen y, por supuesto, también es complicado dibujar escenarios futuros y, por supuesto, abordarlos en el presente. Por eso es importante buscar los puntos que todas las partes identifican y destacar estas coincidencias como nudos que no pueden deshacerse.

No obstante, el conflicto vasco es aún más complicado porque una parte ni siquiera reconoce la existencia del mismo más allá de la violencia directa de ETA hacia sus víctimas. Y quienes reconocen que puede haber una motivación política, por desgracia, no la explicitan por un simple cálculo político y comunicativo. Pero además, hay un elemento que un arco completo de actores de este conflicto no reconoce: el origen del conflicto vasco.

No es materia de este blog exponer cuál es el inicio histórico de este enfrentamiento que se extiende hasta nuestros días, pues tampoco es necesario: el reconocimiento del pasado es, en sí mismo, un conflicto. Y uno de los peores si se tiene en cuenta quiénes defienden este tipo de posturas negacionistas en otros entornos como Israel, Turquía e incluso Irlanda del Norte (donde la invasión británica de la isla es aceptada por todos los bandos): los sectores más extremos o más ignorantes.

Sorprendentemente, en Euskadi, España y Francia, incluso algunos actores moderados no reconocen un origen histórico lo que, de facto y como ya se ha señalado, implica no aceptar, siquiera, el propio conflicto. No obstante, más rocambolesca puede ser la situación contraria: reconocer un enfrentamiento político (aunque no se haga de un modo explícito) que carece de origen.

La existencia de un hecho histórico y de un hecho político por parte de todos los actores darían un vuelco tanto al propio conflicto como a las posibilidades de resolución. Y dos son las cuestiones que habría que abordar para conseguirlo: (1) aceptar la existencia de un punto de inicio previo a la existencia de la propia ETA, reconociendo, cuando menos, un hecho diferencial sociológico. Y (2) admitir que la violencia de ETA, directa, no es el único problema, que los estados han ejercido violencia estructural a lo largo del proceso motivada por el mantenimiento de la unidad del territorio, un objetivo legítimo si se cuidan los medios.

Pero la aceptación de estas cuestiones conllevaría un riesgo político para los estados que, sin embargo, socialmente podrían conseguir un éxito: vaciar de contenido las reivindicaciones de ETA que, sin el soporte ideológico (que le brindan quienes niegan motivos para su existencia), podría disolverse.

Correr riesgos, en definitiva, puede ser la clave de un proceso de paz indiscutiblemente necesario. Pues sólo la existencia de este proceso puede asegurar el reconocimiento y la reparación de las víctimas y un futuro sin miedo a que la violencia se reproduzca.

¡Tú eres mi opresor!

12.02.2010 (8:28 am)
Maialen Lizarralde Altuna, responsable de participación de Lokarri

El novio de Oihana está detenido por ser militante de un movimiento político, incomunicado y sin abogado ni médico. Javi vive con guardaespaldas, amenazado y atemorizado. Son vecinos. Cuando se cruzan, se disparan miradas de desprecio. Javi no puede soportar ver las fotos de la pareja de Oihana en la calle, no lo quiere entender, no es justo y punto. Oihana se siente silenciada e insultada, ya sabe que para Javi la situación de su pareja es legítima, y le duele, le da rabia. Ambos oprimidos… ¿y opresores del otro?

La definición de los patrones opresor/oprimido se la debemos al pedagogo brasileño Paulo Freire, quien creó una propuesta de educación liberadora para que los oprimidos superen esa dualidad. Claro que en sus tiempos era bastante obvio: campesino/terrateniente, estudiante/policía, obrero/patrón… ¿Pero aquí y ahora? Fue Augusto Boal, llevando esta pedagogía al teatro, quien respondió a esa pregunta: aquí (en Europa se podría decir), llevamos al opresor dentro. Le llamó “el poli en la cabeza”. Nos dice que estamos gordas, que no nos fiemos de nadie, que nos harán daño, que hay que ser egoísta para que no ser engullida, nos mete miedo…

¿Es Oihana la opresora de Javi y viceversa? ¿O es ese “poli en la cabeza”? ¿El que nos pone tapones en los oídos, el que nos congela el corazón y nos ciega? En dos palabras, ¿quién es realmente el enemigo?

Las personas no son el problema, sino esos opresores que llevamos dentro. Tenemos que superar el discurso de “¡Tú eres mi problema!” y empezar a decir “mi problema es eso que te oprime”. Es más, tendríamos que expresar “superemos juntos eso que te oprime, porque a mí también me oprime”. ¿Utópico? Utópico sería pretender seguir así, alimentando eternamente el dolor y la rabia, vagando y tropezando en este callejón oscuro sin salida.

El Lehendakari, el torturador, la militante, el panadero, la periodista, Oihana, Javi… todos tenemos a nuestro opresor dentro, bien arraigado. Y somos responsables de lo que nos hace hacer mientras no destruyamos ese “poli en la cabeza”. Liberémonos, de una vez, de esas cadenas que nos hacen ver al otro como enemigo.