bannerbanner



Primeros sentimientos y pensamientos tras la noticia

21.10.2011 (10:01 am)

Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau

Si siempre he agradecido la ventana que me han ofrecido las amigas y amigos de Lokarri para dialogar sobre el qué, el como y el cuándo de un proceso que nos pudiera llevar al fin de la violencia y a la construcción de la paz, la oportunidad que me ofrecen hoy me parece casi terapéutica.

Ayer, al cabo de poco de la noticia de ETA, sentí la necesidad imperiosa de dirigirme a toda la gente que conozco y quiero de este país. Curiosamente, con algunas y algunos había hablado precisamente ayer. Con otras y otros, después del anuncio, nos ‘abrazamos’ por varias vías tecnológicas. Y sentí esa necesidad, y la siento aún hoy por la mañana, por dos razones.

La primera, claro, por amistad y afecto: sé que muchas y muchos de ellos han sufrido. A veces, los zarpazos de la violencia y la intolerancia. Otras, el ostracismo y el vacío. Algunas otras, la invisibilidad y la frustración por no poder defender sus proyectos políticos. También, una represión que se llevaba por delante derechos y libertades. Casi siempre, la desazón y la desesperanza. Pero, aún así, han seguido trabajando, impulsando, perseverando, confiando en que, finalmente, lo que ayer empezó a pasar, era posible. Mi primer pensamiento fue para todas y todos ellos.

La segunda, menos obvia, pero que me apetece especialmente destacar. Los esfuerzos que han hecho posible el inicio de este proceso de paz, son inmensos, diversos y, aunque probablemente no siempre convergentes, todos, al final, han sumado. Pero, como los medios de comunicación destacan principalmente a la clase política e institucional, yo quiero y encuentro necesario destacar a la gente honesta y libre que ha trabajado por la paz durante todos estos años. A veces desde una primera línea. La mayoría de las veces, desde el anonimato. Sobreponiéndose a las risas de desaprobación de los cínicos, superando la desesperanza de los alicaídos, enfrentándose a los embates de la realidad.

Me atrevo a decir que este capital humano es uno de los fundamentos más sólidos y firmes con los que puede contar el futuro de este, vuestro –y un poco mío- país.

Un fuerte abrazo.

Capitalizar la Paz

11.04.2011 (8:44 am)

 

Fabio González, politólogo

Fabio González, politólogo

 

Las amplias y justificadas expectativas de Paz en nuestro país se encuentran actualmente en en una zona de convergencia con el inminente proceso electoral de mayo.

En la medida en que la existencia de expresiones de lucha armada y el desarrollo de limitaciones severas en los derechos de participación política han obstaculizado el establecimiento de condiciones estandarizadas de democracia formal en la CAV y Nafarroa, no debería llamarnos la atención que la pacificación forme parte de la agenda política: La Paz, no nos olvidemos, es una decisión colectiva, una voluntad puesta en práctica, es sin género de dudas, un hecho político.

Raramente las opciones político-electorales tienden a defender un estado permanente de violencia y a favor de la violencia. En todo caso, suelen admitir ciertas dinámicas que incluyen la coacción física, siempre en nombre de un orden determinado de las cosas, bien de uno existente bien de otro que se aspira a construir.

El origen del Estado moderno se sitúa en torno a la formulación weberiana de “aquella comunidad humana que detenta el monopolio de la violencia legítima y la aplica con éxito en un determinado territorio”. Esto es, violencia para la Paz. Ese es el pilar fundamental del actual Estado español y lo será, con toda probabilidad, del futuro Estado vasco, si lo hubiere.

Por lo tanto, toda justificación eventual de la violencia se realiza sobre la base una forma específica de entender la Paz, a sabiendas de que dicho orden pacífico, de ser mantenido o logrado, será defendido violentamente si es necesario. Así, las distintas concepciones al respecto luchan por lograr la hegemonía discursiva en la sociedad.

Admitiendo, en consecuencia, la entidad múltiple de la noción de Paz, las ciudadanas y ciudadanos vascos tiene el derecho a incluir en sus criterios políticos y sus posteriores consecuencias electorales su valoración sobre este trascendental asunto: quién ha hecho qué y en qué dirección, con qué intensidad, con qué intencionalidad, con qué eficiencia y con qué efectividad.

Más allá de la crisis económica y de los temas sectoriales, las elecciones forales y municipales tendrán mucho que ver con el devenir de un necesario proceso de disolución unilateral de ETA y del reestablecimiento de todos los derechos humanos, civiles y políticos. Habrá, por tanto quienes, en mayor medida capitalicen las distintas nociones de Paz, quienes lo consigan en menor medida, y quienes fracasen en su legítimo empeño.

Las y los que logren el liderazgo y el refrendo de las urnas no podrán obviar el compromiso que les obligará inexorablemente a lograr un marco de convivencia y a garantizar el cumplimiento de los pasos concretos que avancen en la irreversibilidad del proceso, siendo capaces de lograr puntos comunes inclusivos que constituyan la auténtica Paz Vasca.

Esta, y no otra, ha de ser la prioridad: una vez haya hablado, la sociedad no admitirá menos.

En la nave va

07.04.2011 (8:48 am)

Félix Taberna, portavoz de la plataforma ciudadana “No digas que no se puede”
Félix Taberna, Portavoz de la plataforma ciudadana “No digas que no se puede”

Como tituló Fellini a su gran película, la nave avanza. Muchas son las vicisitudes, los episodios y los obstáculos que desde una y otra parte se ponen al proceso de fin de la violencia política. Basta ir a la hemeroteca para fijarse en la profusión de errores, dudas, desconciertos y algún acierto que surgen en torno a esta importante cuestión. A pesar de ello, considero que el proceso avanza. Como algunos creyentes afirman, Dios escribe recto con reglones torcidos. Seguro que habrá más problemas y probablemente más serios, basta ver los recientes episodios de Irlanda del Norte. Pero considero que la tendencia a la paz es imparable.

En las próximas elecciones forales y municipales habrá un aspecto novedoso, prácticamente inédito. Concurrirá una opción política del soberanismo independentista vasco que apuesta por la renuncia de la violencia y que a su vez representa al espacio sociopolítico de la autodenominada izquierda abertzale. Este es un paso más de normalización. No porque concurran a los comicios, que en más de una ocasión lo han hecho, sino porque concurren con un nítido mensaje de renuncia de la violencia política.

Los resultados electorales no serán traducibles para verificar el avance o retroceso en el proceso de paz, pero cristalizarán en las instituciones un mapa político de opciones exclusivamente democráticas en el sentido de rechazo a la violencia.

Donde aprecio más debilidad, en el momento actual, es en la respuesta social que debe influir positivamente este proceso. Quizás por los muchos años de desengaños; quizás porque la sociedad se desmoviliza por sí misma; quizás porque la demanda ciudadana está en otras preocupaciones… La cuestión es que la civilidad, la red social no presenta la suficiente energía positiva para ayudar en la rehabilitación social hacia la paz. De ahí, que las iniciativas sociales que existen en este campo sean cada día más necesarias y más vigentes.

Por ello, me atrevo a pedir a la ciudadanía que se mueva y que promueva acciones sociales para la paz. El silencio no deja de ser sino el efecto sonoro de la nada. Y en esta ocasión, es conveniente romper el silencio; tomar la palabra para decir que no podemos desaprovechar la oportunidad de acabar con una de las etapas más difíciles, duras y cruentas de la sociedad en nuestro entorno. Se lo tenemos que decir a los agentes políticos, a las instituciones y sobre todo nos lo tenemos que decir a nosotros mismos.

Contextos intempestivos

08.02.2011 (10:08 am)

Iñaki Arzoz, artista de Artamugarriak

Esta tregua de 2011, como cada tregua, aparece en un contexto diferente. Aunque históricamente el conflicto vasco ha sido bastante refractario a influencias externas, poco a poco, la deriva de su propio agotamiento le ha obligado a abrirse al flujo global. En estos momentos, el conflicto vasco, caracterizado por su ensimismamiento, es más poroso que nunca a los conflictos de otro orden político, económico, social y cultural que, aunque todavía no sean directamente determinantes, sí serán factores a tener en cuenta en una solución que veremos como el surgimiento de un nuevo contexto de contextos.

Propongo brevemente algunos de los que me parecen más significativos.

Contexto 1: La violencia en el primer mundo.
Después de la irrupción de Al-Qaeda, del 11-S al 11-M, la violencia política de baja intensidad o a pequeña escala ha perdido todo sentido político. La violencia ‘terrorista’ se ha convertido, como la denomina Sayak Valencia en “Capitalismo gore”, en un gag político-teatral. Su valor político (no su dolor ni sus consecuencias personales, tan reales e intransferibles como siempre) ha quedado reducido a la insignificancia mediática. En este aspecto, cualquier táctica imaginativa y noviolenta resulta más eficaz.

Contexto 2: La cultura de paz como industria cultural.
La candidatura de Donostia como capital europea de la cultura 2016, más allá de si triunfa o no, puede suponer una revolución cultural: trasmutar la violencia de baldón mediático y económico en atractor turístico-cultural. Una apuesta arriesgada que bien llevada puede contribuir a engrasar el proceso de paz y a crear un nuevo imaginario vasco, pero que corre el peligro de morir de éxito y caer en la banalidad, la retórica, el espectáculo y la comercialidad de la marca…

Contexto 3: La crisis redefine el conflicto vasco.
Aunque aparentemente la crisis nos afecte menos a los vascos, sufriremos el impacto de sus consecuencias a medio y largo plazo, como el paro de los jóvenes y la situación de los migrantes y, especialmente, el desmantelamiento del estado del bienestar, como la reciente reforma de las pensiones. Se avecina una época de intensas luchas sociales que va a redefinir este viejo conflicto nacional(ista) en términos económicos.

Contexto 4: La guerra por las redes.
El conflicto vasco nació en la era analógica y ha llegado hasta la era digital. Este es el nuevo escenario de la información y del conocimiento, de la cultura libre y de la reconquista del procomún. Una batalla política encabezada por una retaguardia de airadas ‘multitudes inteligentes’ que se rebelan, como en el Magreb, por twitter y facebook, de Wikileaks y Anonymous contra el Imperio o de los internautas, esa ‘vanguardia leninista de los colegas de Mad Max’ (Savater dixit), contra el liberalismo…

Esta ha sido la primera tregua vivida sin entusiasmo. Después del fiasco del atentado de la T4, cualquier tregua habría de ser recibida, obviamente, con cierto alivio pero sin atisbo de entusiasmo, como el inicio de un largo proceso, lleno de obstáculos y vaivenes, en una sociedad resabiada y reticente a la esperanza. Esto tiene un aspecto positivo: nos ofrece un escenario de trabajo más riguroso, de diálogo y negociación progresiva y profesionalizada, conducida por interlocutores y agentes experimentados. El aspecto negativo sin embargo es que este enfoque supone un mayor repliegue de una sociedad civil que permanece a la expectativa pero que, si se deja dominar por el inmovilismo, puede tardar demasiado en sumarse al proceso social paralelo y tan necesario como el político para culminar una solución válida y duradera.

Y la solución… no va a ser ya la llegada de la paz sino, como señalamos, un nuevo contexto de contextos -contextos intempestivos que giran en torno a nuevos conflictos-, esto es, la transformación del conflicto vasco hacia otro orden glocal, del que esperamos haya desaparecido definitivamente, al menos, el factor anacrónico de la violencia armada.

Antonio Basagoiti es la clave

25.01.2011 (12:28 pm)

José Luis Gómez Llanos
José Luis Gómez Llanos sociólogo y abogado Atalayapolítica.blogstop.com

Estos días, dictado por esa fuerza imparable con la que se propulsan las reacciones políticas, similares a esos reflejos epidérmicos ante una substancia reprobable, Antonio Basagoiti, -en nombre de su partido- condicionado, hasta la exageración, como el resto de las fuerzas políticas en la Euskadi ansiosa de recobrar por fin la paz, ha declarado una serie de cosas, ante el último comunicado de ETA, en la línea de lo que cabía esperar. Y en eso ha sido como todo el mundo: todos han dicho lo que era previsible, ETA incluida.

Da la impresión de que la paz y el final de la violencia son cuestiones sin mayor trascendencia, en la apretada agenda de nuestros políticos, y que las evacuan con una preocupante rapidez. A nadie le hubiera sorprendido que los PC de nuestros partidos políticos hubieran tardado algo más de tiempo en actuar, que la reacción hubiera sido algo menos superficial, más guiada por la cabeza que por las tripas. Hubiéramos aceptado un silencio prudencial de varios días, lo que les hubiera dado más tiempo para reunir a sus ejecutivas, para pulsar los ánimos de las instituciones, consultar a los compañeros de ruta, sondear a los votantes y militantes, para hacerse eco de algo que se parezca a una opinión pública, al sentimiento de la calle. Recabar la opinión de parientes en América, qué se yo, reflexionar pausadamente, qué demonios. Igual ese tempo, ese tono exigible a una forma sostenible e innovadora de hacer política, ha sido, también, víctima de ETA y no se puede hacer con normalidad. Lo admito.

El comunicado, dicen los escribas de la cosa, anuncia una tregua general, permanente, verificable. Elementos, ellos, insuficientes para que el libelo sea tratado en la Corte y cobre rango de ser considerado. A toda vista, Antonio Basagoiti ha sido quien con más dureza y contundencia ha descalificado el anuncio etarra, haciendo “hincapié en la importancia de que ETA-Batasuna no esté en las próximas elecciones municipales porque está convencido de que, de esa forma, van a estar abocados a una crisis total y pasarán de comunicados repetitivos a hacer los deberes: entregar las armas o separarse del todo”. Muy bien, más claro imposible. Muchos coincidimos con él y sabemos que para ETA la estrategia militar es históricamente incuestionable. Pero, pregunto al líder del Partido Popular: ¿Está tan seguro que esa crisis, que sería deseable provocar, en la relación ETA/Batasuna desembocaría en que, ésta última, al fin, haría sus deberes? ¿No sería más probable que su presencia, en las instituciones, hiciese más irreversible la vuelta de ETA a las andadas? Leer toda la entrada

La existencia de ETA

08.12.2010 (9:27 pm)

Pedro Eizaguirre Massé
Pedro Eizaguirre Massé

La existencia de ETA sigue condicionando la realidad política en Euskadi y en toda Euskal Herría. Pero ETA ha perdido gran parte de su capacidad de “tutoría” sobre el Pueblo Vasco.

Cada vez se hace más evidente para más ciudadan@s vasc@s que la existencia de ETA hoy, aquí y ahora a principios del siglo XXI, es un lastre que dificulta la lucha política del Pueblo Vasco a favor del ejercicio de la libre autodeterminación de su futuro.

Cada vez es más evidente para más ciudadan@s que cuando ETA desaparezca, al Estado le resultará cada vez más difícil justificar la prohibición de consultas y/o referéndums en los que el Pueblo Vasco pueda pronunciarse al respecto de su futuro, y más posibilidades tendrá la lucha política para poner en evidencia esa drástica “tutoría” por parte del gobierno del Estado.

Tareas de paz pendientes

07.12.2010 (8:57 am)

Foro de Iruña: Iñaki Cabasés, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Conchita Corera, Ioseba Eceolaza, Miguel Izu, Manuel Ledesma, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz y José Luis Úriz.
Foro de Iruña: Iñaki Cabasés, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Conchita Corera, Ioseba Eceolaza, Miguel Izu, Manuel Ledesma, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz y José Luis Úriz.

Desde el nacimiento de este foro hemos tratado tres veces el tema del fin de la violencia y de los procesos y caminos para conseguirla. Siempre nos ha movido la creencia de que la paz es el valor supremo de una sociedad, el resumen del conjunto de bienes que forman una convivencia social plenamente democrática. Partiendo de la creencia de que la paz no cabe a cualquier precio, siempre nuestra defensa de que merece el máximo esfuerzo.

Y hoy nos encontramos, otra vez, ante un momento de inflexión en el proceso de desaparición de ETA. Momento que, aunque no difiere de anteriores treguas en cuanto a las condiciones “marco” en el que se produce, sí observamos nuevas situaciones de los agentes políticos y sociales. Situaciones estas que se traducen principalmente en los últimos comunicados de la banda armada y en la nueva posición de la “izquierda abertzale”.

Por un lado el impulso policial, judicial, legislativo, internacional y mediático y, por otro, la cada vez mayor deslegitimación social y aislamiento de ETA, desde la trágica ruptura de la tregua anterior (que tal vez no solo sesgó unas vidas sino el concepto mismo que teníamos de tregua), han llevado a quienes creían en la violencia como único camino para conseguir fines políticos a darse cuenta de que la vía democrática es más efectiva a la hora de resolver los problemas sociales. Parece que poco a poco los “políticos” se van imponiendo a los “militares”. Estamos ante un nuevo comienzo del proceso de paz pero sería un error creer que la paz se conseguirá simplemente con la llegada del fin del terrorismo, la desaparición de ETA no es más que un paso en un proceso de deberá continuar después.

La reconciliación no es un mero estado sin contenido, es el espíritu que nos deberá llevar a la normalización más allá de un mero respeto a la Ley, supone la creación de un entorno donde todos puedan defender sus ideas desde el respeto a los derechos de los demás con la exigencia común de la defensa sin resquicios de los derechos humanos. Supondrá reconstruir estructuras sociales y relacionales hoy rotas, haciendo desaparecer culturas de cerrazón y de imposición, supondrá la forja de nuevos pactos de convivencia.

Tras la entrega de las armas habrá que deslegitimar las conductas de los violentos para evitar que se reproduzcan. Crear cimientos sólidos que eviten el retroceso que pudiera generar situaciones de violencia residual. Evitar que nadie saque ventaja partidista del “post-terrorismo”. Mucha es la tarea.

Tema fundamental en este proceso es el papel de todas las víctimas directas de la violencia. Es un reto para el proceso de paz eliminar la desconexión moral que ha supuesto para ellas la deshumanización implícita creada al sustituir su rostro por el de jueces, policías o políticos. Tendremos que dotarles del papel ético que tienen y reconocer lo que representan, oírlas en sus necesidades y conseguir su reparación, pagando así la deuda moral que nosotros como sociedad tenemos con ellas, pero no dotarles de un papel político o instrumental en el proceso que pudiera mediatizarlo o ralentizarlo.

Todos hemos sufrido en mayor o menor medida, si no la violencia directa del asesinato, sí la violencia estructural generada en nuestra sociedad, en nuestras familias o en nuestros trabajos. Esta violencia también es parte del proceso y se mantendrá después del fin de ETA. Y será esta violencia, instaurada en nuestra experiencia vital, la que nos lleve a un proceso duro, largo y difícil y en el que tendremos que emplear, como herramientas fundamentales, el diálogo, la imaginación y el manejo de la confianza mutua. Durante setenta años hemos pasado una guerra civil, la violencia de una dictadura militar y cientos de asesinatos sin sentido, imponiendo valores políticos sobre el derecho a la vida, olvidándonos que como seres humanos siempre será más lo que nos une que lo que nos separa. Necesitamos una cultura de paz que eduque una generación de ciudadanos, calificados como se quiera, españoles, vascos o navarros, para que crecidos en una sociedad sin violencia sean capaces de crear una sociedad más justa y democrática.

Y en un proceso de paz todos tenemos algo que hacer. Primero mantener la ilusión en lograrla, que después de tanto dolor y asesinato no es poco. Demostrar, en nuestro espacio personal, con nuestra actitud responsable y cívica que la paz es posible. Exigir a todos los agentes los pasos necesarios. Pero sobre todo luchar contra el miedo real o ficticio que nos rodea y presiona; el futuro puede ser incierto pero también es esperanzador.

El fin de la violencia

11.11.2010 (8:50 am)

Pere Ortega, investigador de Centre d'Estudis per la Pau
Pere Ortega, investigador de Centre d’Estudis per la Pau

Sabido es que hay tres grandes tipos de violencia, estructural, cultural y física, y que sin erradicar las tres no conseguiremos la paz. Estas tres violencias son de igual importancia y no se debe minusvalorar una en favor de la otra, pues golpean con igual dureza a todos aquellos que las padecen. Sin olvidar, que en muchas ocasiones, las violencias estructural y cultural acaban conduciendo a la violencia armada. Pero cierto es, que en determinadas circunstancias y lugares una es mucho más dura que las otras y, por lo tanto, se ponga mayor esfuerzo en eliminar aquella que mayor sufrimiento produce. Por ejemplo, en Haití o en Zimbabue es más urgente reducir la violencia estructural; en India y Pakistán eliminar la cultural; y en Irak, Afganistán o Euskadi acabar con la violencia física. En Euskadi, pues, se trata de empezar por eliminar aquella de las tres violencias que más sufrimiento produce. Y ésta es sin duda la violencia física ejercida contra personas.

Este comentario viene a cuento del anunció de los dos comunicados de ETA del mes de septiembre pasado en que anunciaba, primero un alto al fuego, y después su disposición a reunirse con mediadores internacionales para buscar una salida al conflicto. Estos comunicados, no pueden desligarse del proceso iniciado unos meses antes por la izquierda aberzale, fruto de un debate interno que la llevó a desvincularse de la lucha armada de ETA.

Tanto los comunicados de la izquierda aberzale como los de ETA se pueden interpretar de maneras diversas y contrapuestas. Des de los que niegan toda credibilidad a estos comunicados debido a las experiencias fracasadas del pasado, como de los que indican que no cubren las expectativas de paz necesarias por no tratarse de una declaración definitiva e irreversible de la violencia armada. Pero también los hay que indican que en esas declaraciones existe un elemento decisivo: la oportunidad de abrir un nuevo proceso de pacificación al conflicto que quizás haga posible el final de la violencia armada. Y añaden, que despreciarlo, inhibirse o no aprovecharlo es, cuando menos, irresponsable.

Des de mi compromiso con el pacifismo como proyecto político. Ante cualquier conflicto violento no tengo la menor duda en afirmar que lo prioritario es “’ir a hacer las paces”. Así en Euskadi, de momento, se deben poner todos los esfuerzos en acabar con la violencia armada contra las personas. Y solo después de conseguir esta, se debe proseguir el trabajo para acabar con el resto de violencias, la cultural que discrimina según el origen, religión o sexo; y la violencia estructural que impide el acceso a satisfacer las necesidades de los desfavorecidos por el sistema en que vivimos.

Posibles escenarios

03.11.2010 (8:21 pm)

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política
Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política

La situación no es la prevista antes de verano, aunque tampoco resulta muy lejana.

Aunque resulte un poco complejo y algo sofisticado, puede ser útil operar con distintos escenarios a partir de distintas respuestas de ETA. Consideraríamos tres posibles respuestas de ETA y cada una, a su vez y a corto plazo, puede abrir distintos escenarios,  distintas posibilidades:

I. Primera respuesta de ETA y previsible respuesta de la IA
Empezamos por la primera respuesta posible de ETA, la que por otro lado, en los muy últimos días aparece como la más probable. Que no exista respuesta o que la respuesta siga en la linea de la anteriores.  Es decir, que siga más o menos como hasta ahora. De momento, no está nada claro que lo vayamos a dejar. Suspenderemos tácticamente las acciones ofensivas pero mantendremos las defensivas (robos, chantajes económicos, etc.). De momento vamos a esperar a ver qué es lo que ofrece el Estado (algunos compromisos políticos, por ejemplo). Estas serían sus respuestas. En ellas ETA sigue manifestando que no se enteran de cuál es la realidad social y política y siguen actuando como unos ignorantes creyendo que la liberación del país sigue dependiendo de ellos.

Ante esta situación, resulta previsible una declaración de ruptura de la IA. Una declaración de ruptura de la IA que no tiene por qué implicar condenas o repulsas sobre el pasado, pero sería precisa en el sentido de declarar que en adelante la IA no tiene nada que ver con ETA, o mejor dicho, con la ETA que no ha decidido iniciar su proceso de desaparición incondicional. Lo que le conduciría, asimismo, a afirmar que no aprobará y mucho menos apoyará discursivamente la violencia que ETA ejerza en el futuro.

Parece más lógico que la IA haga esta declaración antes de que ETA cometa un atentado; que la haga desde el momento en que la IA sea consciente de que ETA no va a cambiar, algo de lo que quizás (sólo quizás) ya debería de ser consciente. Hasta que se produzca esta declaración de la IA, que obviamente debería ser repetida en caso de atentado, su legalizacion resulta inviable.

Tras la declaracion caben, en principio, dos escenarios:

-Ecenario A

Que el Gobierno de luz verde a la legalización si la IA, además de la declaración de ruptura (antes o después de un atentado), presenta unos estatutos en lo que aparezca una evidente desconexión respecto a las vías violentas.

-Escenario B

Que a pesar de tales rupturas y tales estatutos, el Gobieno no ceda y siga impidiendo la legalizacion.

Parece mas problable la segunda opción. El Gobierno tiene que resolver este asunto dando la imagen de victoria.  Ciertamente su caraterización de la victoria no es tan exigente, tan dura como la que propone el PP. Así, por ejemplo, no parece que el Gobierno exigiría un arrepentimiento y condena pública de la IA y de ETA de todo su pasado, ni va exigir esa majadería de cuarentena -cuatro años de castigo añadido sin poder hacer nada en política- que demanda el PP. Pero no hay que olvidar que muchos votantes del PSOE estarían en contra de cualquier vestigio real o simbólico que pudiera interpretarse como que al final el Gobierno ha sido derrotado por ETA a través de la IA. Resulta muy delgado el filo entre, por un lado, presentar como victorioso el final de ETA en cuanto que la IA ha optado por las vías pacíficas y, por otro lado, ser tenido por la opinión pública española (ojo, toda la opinión pública española) como derrotado, dado que la IA continua la acción de ETA, quien por otro lado, no acaba de desaparecer.

En consecuencia, un situacion en la que ETA sigue activa (o pasiva provisionalmente) dificulta mucho un discurso de victoria aun cuando se haya establecido un nítida distancia política entre ETA y sus anteriores valedores (declaración de deconexión con ETA y estatutos antiviolentos), por lo que la posición más probable del Gobierno sería la de no legalización.

-Escenario C

Tal probalbilidad podría generar un tercer escenario basado en un cambio de posición de la IA. La misma ya no sólo hace un genérica manifestación de desconexión respecto a ETA y eventual reprobación en caso antentado, sino que manifiesta públicamente (más todavía: en un acto público) y oficialmente su condena, su rechazo al pasado y presente tanto de ETA como de ellos mismos. Y además, boicotea todos los actos que puedan percibirse como solidarios con presos o expresos o repreas, etc.

Escenario posible pero poco probable. No parece que la IA está en esta dinámica, en esta cultura de la condena y el arrepentimiento incondicional y perpetuo; desde los orígenes de los tiempos hasta el final de lo días.

II. Segunda respuesta de ETA. Indefinido con reservas

El segundo conjunto de escenarios se abre a partir de una declaración de ETA en la que establece una tregua indefinida y sujeta a verificación; aunque directa o indirectamente no asuma con rotundidad un inmediato cierre incondicional en la medida que aparecen algunas exigencias, como por ejemplo el que en algún momento el Estado negociará cambios políticos con la IA (además, por supuesto, de legalizarla) o/y ciertas garantías de excarcelación rápida de los presos.

Con este supuesto, se abren escenarios algo distintos:

A diferencia del anterior, el Estado no se encuentra con una ETA potencialmente activa, sino con un grupo que con aún con ciertas reservas, quizás mas retóricas que reales (es casi imposible autoliquidar un grupo sin nada a cambio). Esto nos situa en lo siguientes escenarios similares (sólo similares ) al caso anterior:

- Escenario A
La IA sólo tiene que hacer los correspondientes estatutos “pacifistas” para lograr su legalización. No tienen que hacer ninguna declaracion especifica de ruptura con ETA. Habida cuenta que ETA ha decidido -aún con reservas- dejarlo, no parece tener sentido afirmar la desconexión respecto a algo o alguien que prácticamente ha dejado de existir. Con los nuevos estatutos, el Gobierno impulsaría la legalización.

-Escenario B
En un segundo escenario persiste la linea exigente del Gobierno. Ve todavía riesgos en la trayectoria de ETA. Cree que ceder puede ser interpretado como un cierta derrota y en consecuencia exigirá a la IA además de lo estatutos, un adeclaración clara de desconexión con ETA y el correpondiente compromiso de no aprobación ni apoyo en ninguna circuntancia caso de una eventual opcion o acción violenta futura.

Este segundo escenario parece algo más probable. Sin duda no conllevaría, como en el caso anterior, un contrapartida cara a la consistente en una condena radical absoluta (desde siempre, para siempre, pública con boicot, etc.), pero sí una exigencia de declaración de ruptura bastente rigurosa.

III. Respuesta. Indefinido, incondicional, sin reservas

ETA afirma que lo deja. Y lo deja ya. Sin niguna condición, y además admite una verificacion exhaustiva de su desmatelamiento.

En un supuesto así (muy poco probable) parece que el único escenario problable es el de la legalización sin declaración de ruptura , y sólo con estatutos pacifistas.

Bueno, y acabo con un deseo. Es decir, lo que antecede es lo que puede pasar, pero nosotros tenemos que decir que es lo que nos gustaría que pasase, o más exactamente cuáles son los criterios que deberían ser tenidos en cuenta a la hora de resolver este asunt. Para ello reproduzco lo que decía en mi anterior intervención en el Blog:

Pero mañana, en el escenario post-septiembre, la situación va a exigir que pase a primer plano la argumentación basada en principios. Va a ser el momento de afirmar que, al margen de los problemas tácticos que el Gobierno tenga con su coyuntura, lo que está en juego es una cuestión de justicia democrática. Que resultará democráticamente insostenible dejar fuera de la confrontación política y electoral a movimientos u organizaciones que han manifestado de forma indubitada su no conexión -su rechazo- con formas violentas de acción política. A lo mejor estamos adelantando acontecimientos y ciertamente más vale seguir presionando para lograr el primer escenario de noviolencia, pero también auguramos que superar ese segundo reto, el de la Otra exigencia democrática, va a exigir un esfuerzo colectivo superior. Veremos.

Deshaciendo entuertos

08.10.2010 (9:02 am)

Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau
Jordi Armadans, director de la Fundació per la Pau

No es algo nuevo, pero últimamente lo percibo con más intensidad. Me refiero a una confusión sobre las estrategias para terminar con la violencia en el País Vasco y la cercanía o no a ETA.

Por muchas cosas afirmadas, publicadas y difundidas, parece que hubiera dos sectores: uno, crítico con la violencia pero que en el fondo es ‘cercano’ a ETA y, por ello, pide un final pactado de la violencia, y, otro, radicalmente distante de ETA que, obviamente, no apuesta por el diálogo y sólo contempla, simple y llanamente, su derrota.

Como todo tópico tiene su parte de verdad. Evidentemente, gente cercana a ETA preferirá un proceso en el cuál ETA tenga su protagonismo y espacio y, por el contrario, gente que desprecia profundamente a ETA se sentirá más a gusto con una perspectiva de ‘vencerla’.

Pero hay otra gente (es mi caso, y quiero creer que el de mucha otra gente en el País Vasco, en Catalunya y en el conjunto del Estado español) que se mueve en otro parámetro.

Veamos: si ETA y todos los sectores que le dan apoyo moral, técnico o político se dieran cuenta esta misma noche que la violencia política no solo es absurda sino que además inflinge un dolor inaceptable y mañana se dejaran de grandilocuencia vacía y asumieran el grave error de su apuesta violenta, personalmente me sentiría plenamente satisfecho.

El problema es que es altamente improbable que esto suceda. Pero además, sabemos que incluso en el óptimo escenario actual de un incipiente proceso de paz (Declaración de Bruselas, paso adelante y valiente de la izquierda abertzale descartando la violencia, comunicados de ETA dónde se declara abierta a terminar con su actividad, etc.), ni que sea por experiencia comparada con otros procesos y situaciones, hay algunos elementos a tener en cuenta:

1. Que toda ‘institución’ (también, un grupo armado fuera de la legalidad) tiende a perpetuarse y difícilmente se ‘suicidará’ sin alicientes, estímulos y contextos adecuados para que lo haga.

2. Que en todo proceso de paz incipiente, tan importante que lo que ha permitido vislumbrar un final de la violencia es que se pueda completar esa final con éxito, evitando crisis o disidencias que puedan permitir el resurgir de la violencia.

3. Que un final pactado y negociado de un ciclo de violencia política es la mejor base para afrontar con garantías un apasionante pero también durísimo reto: construir unas nuevas bases compartidas para la convivencia con la terrible dificultad de integrar en una misma comunidad a personas que han sufrido la violencia y personas que la han ejercido.

Por todo ello, fuera del tópico debate –‘comprensivos con ETA que apuestan por el diálogo’ versus ‘críticos con la violencia que apuestan por el fin de ETA’- creo que hay una tercera apuesta: los categóricamente convencidos, ética e ideológicamente que la violencia es inaceptable e intolerable pero que tienen claro que la mejor manera de pensar en un futuro sin violencia política es poder conseguir un final pactado, organizado y consensuado de la violencia entre todos los actores que han participado y sufrido esa violencia.