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Cultura, violencia y paz

09.07.2010 (10:10 am)

Pere Ortega, Centre d'Estudis per la Pau
Pere Ortega Centre d’Estudis per la Pau

La cultura se puede definir como un conjunto de tradiciones y formas de vida de una comunidad. Estas formas de convivencia condicionan la manera de pensar y de actuar de sus gentes. Además, estas maneras de vivir son producto de una historia particular que las convierten en únicas. La cultura, en resumen, es una construcción social, cambiante pues evoluciona en el transcurrir del tiempo y que explica cómo somos, cómo pensamos y como actuamos.

Entonces, la violencia forma parte de la construcción cultural de una sociedad ¿Y cómo se sitúa una sociedad frente al tema de la violencia? Pues en general la vemos deambular con total libertad en la mayoría de nuestras sociedades. La vemos a diario en las relaciones domésticas, de género, entre jóvenes; también tiene su espacio en los medios de comunicación, en películas, videojuegos y comics, dónde constantemente se producen actos y situaciones violentas. Violencia que tiene su máxima expresión y perversión en los conflictos armados. Tal es la magnitud y la abundancia de la violencia personal en nuestras vidas que pensamos que ésta, en muchas situaciones, está justificada, (los buenos de las películas por ejemplo); o aquellos otros “buenos” que consideramos están legitimados para ejercerla en defensa propia, según el punto de vista ideológico de cada persona. Por ejemplo, los palestinos, uigures, tamiles, kurdos frente a unos estados que los oprimen; o del Gobierno español que participa en la guerra de Afganistán porqué la considera justa.

Las consecuencias de esta situación, se traduce en que haya colectivos o Estados que consideren justa la participación en luchas armadas y guerras. Ya sean, las FARC en Colombia o Estados Unidos en las numerosas guerras en que ha participado. Y esa decisión de participar en una guerra, obedece a la existencia de una sociedad que legitima el uso de la fuerza para resolver un conflicto determinado.

La cultura es el fruto de siglos de historia y su transformación se produce muy lentamente. Así, cambiar el uso de la violencia, tanto en el ámbito personal como en el colectivo, no es una cuestión fácil. Para que se produzca, hace falta un largo trayecto de educación para la paz, hasta que la mayoría de la sociedad esté convencida de que los medios pacíficos son los únicos legitimados para resolver los conflictos. La paz, como todas las utopías sociales es posible alcanzarla. Solo necesita del impulso, compromiso y convencimiento de un movimiento social en buscar la resolución de los conflictos por otros medios que no sean los violentos. Ese es el camino de la paz.

Los derechos de las víctimas y la convivencia democrática

09.06.2010 (8:56 pm)

Iñigo Lamarca, Arartekoa/Ararteko
Iñigo Lamarca, Ararteko

Orain urte erdi, abenduaren 15ean hain zuzen, Javier Elzok Eusko Ikaskuntza-Euskadiko Kutxaren 2009ko saria jaso zuen, Donostiako Miramar jauregian izan zen ekitaldi eder batean. Maila handiko epaimahai batek −askotarikoak eta independenteak− aukeratu zuen egunetik egunera ospe handiagoa duen intelektual hori. Goi mailako hitzaldia irakurri zuen, eta hitzaldi hura hedabideen artean nabarmendu ez bazen ere, aretoa bete zuen jendeak eskuak mintzerainoko txalo zaparrada eskaini zion.

Gaurkotasun izpirik galdu ez duen hitzaldi hartan, hizpide izan zituen bakea, bizikidetasuna, zentzuzko elkarrizketa, bidegabekeriei ordaina ematea, egia historikoa eta memoria, biktimak eta biktima-sortzaileak, adiskidetzea eta abar, eta, nire ustez, giltza nagusiak aipatu zituen Euskadin, pixkanaka, gizakien biziak eta oinarri-oinarrizko eskubideak suntsitu dituzten izugarrikeriei ausardiaz eta prestutasunez begiratuko dien gizartea eraikiz joan gaitezen. Neure egin ditut haren azalpenak, eta lehen pertsonan adieraziko ditut, itzal handiko beasaindarraren atzean ezkutatu gabe.

El Parlamento Vasco dio un paso de gigante cuando aprobó en junio de 2003 una Proposición No de Ley, por una abrumadora mayoría, para impulsar una serie de iniciativas dirigidas a las víctimas de los grupos terroristas que han operado en Euskadi. Una de esas iniciativas se plasmó en la ley 4/2008 de reconocimiento y reparación de las víctimas aprobada por PNV, PSE, PP, Aralar, EA y EB, que constituye una formidable herramienta, por su magnífico contenido y por el valor del consenso, para avanzar hacia un escenario en el que las víctimas de todos los grupos terroristas (no hay duda, como lo decíamos en nuestro informe, de que los destinatarios de la ley son todas ellas) vean plenamente reconocidos sus derechos a la verdad, memoria, dignidad, reparación y participación, al tiempo que se profundiza en la deslegitimación de la violencia terrorista y en la asunción de los valores democráticos basados en el respeto a los derechos humanos. Nos urge que ETA desaparezca y con ello la amenaza de muerte que pesa sobre decenas de miles de personas, pero al mismo tiempo debemos hacer un esfuerzo notable por avanzar en el reconocimiento y reparación de las víctimas de los demás grupos terroristas (BVE, GAE, GAL etc.), que han estado –y siguen estándolo- bastante olvidadas.

La convivencia democrática deberá estar basada en Euskadi, para que sea sólida y justa, en el tándem formado por la vigencia plena de los valores democráticos, de una parte, y de otra el reconocimiento de los derechos anteriormente referidos de las víctimas de los terribles episodios de violencia que han asolado nuestra en las últimas décadas. En este sentido, debemos significar que el franquismo no ha saldado aún sus deudas, y las víctimas de la brutal dictadura esperan el turno para que la verdad y la justicia salgan por la puerta grande de la democracia.

Otro colectivo que aguarda su momento es el constituido por las víctimas de las torturas y malos tratos. y de los excesos policiales. La Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco aprobó, justo una semana después del discurso de Elzo, una Proposición No de Ley sobre víctimas de vulneraciones de derechos humanos derivadas de la violencia de motivación política y lo hizo por unanimidad, instando al Gobierno Vasco a que presente un informe en el plazo de seis meses. Hay que recordar que la dirección de derechos humanos del anterior Ejecutivo ya realizó un estudio que recogía las vulneraciones de derechos y las víctimas producidas por la práctica de la tortura, las penas de muerte dictadas por Franco, la acción de grupos parapoliciales y ultras, las desapariciones y las personas muertas y heridas por intervenciones policiales (mención expresa merecen a este respecto los terribles sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz).

Abordar todas las cuestiones señaladas y conseguir lo antes posible la desaparición de ETA. así como la implantación plena de los derechos de las víctimas de los cuatro grupos referidos, no será tarea fácil, de ninguna de las maneras, y habrá que trabajar con inteligencia, con tesón y procurando consensos políticos y sociales lo más amplios posibles, pero en cualquier caso hay razones fundadas para la esperanza y el optimismo. Con la directriz del imperio de los derechos humanos y con mucha humanidad, como decía Elzo, lo conseguiremos.

Paz y convivencia

08.06.2010 (8:57 am)

Esteban Umerez Argaia
Esteban Umerez Argaia, abogado

Les voy a pedir que lean con atención la cabecera de esta página procesodepaz.org: “el esfuerzo de la sociedad vasca por la paz y la convivencia”.

Define con precisión el sujeto (la sociedad vasca), el medio (el esfuerzo) y el objeto (la paz y la convivencia). Y si hay un objetivo social y colectivo al que deberíamos dedicar nuestros esfuerzos, éste es sin duda el de mayor importancia, clave para cualquier otro proyecto colectivo, sea del color que sea.

Hace unos años asistí a una conferencia de John Hume en el Paraninfo de la Universidad de Deusto. Era a la sazón líder del SDLP irlandés y, si no recuerdo mal, aún no se habían producido los acuerdos de Viernes Santo, estaban en pleno proceso. Haciendo un relato histórico, se refirió al anhelo irlandés de expulsar a los ingleses. Reproduzco la cita de manera aproximada, claro, reconstruyendo lo que mi frágil memoria pudo registrar entonces: “we once realized that they were as Irish as we were, that we were bound to live together in the island” (y nos dimos cuenta de que eran tan irlandeses como nosotros, que estábamos obligados a vivir juntos en la isla).

John Hume resumía así el principal motor del proceso que les llevaría a la paz: la constatación de la necesidad de convivencia. Y, en nuestro caso, creo que son las mismas palabras las que condensan el esfuerzo en el que nos debemos empeñar: paz y convivencia. Aprehender la noción más íntima de que estamos obligados a vivir juntos.

Creo sinceramente que nuestros representantes políticos nos están llevando por el camino equivocado. El leit motif de la “deslegitimación de la violencia” presenta una formulación que se muestra como incontestable, pero que esconde, en mi opinión, una filosofía perversa de revancha, victoria y sometimiento del vencido. Y estoy profundamente convencido de que se trata del camino erróneo, que no nos acerca a la paz y a la convivencia, sino que, muy al contrario, nos aleja.

La sociedad vasca ha deslegitimado la violencia hace ya muchos años. No se le pueden pedir más pruebas. El “ya, pero” de quienes insisten en el planteamiento esconde un plus de deslegitimación: no sólo se trata de la violencia, se trata de deslegitimar también los planteamientos políticos que pudiera haber detrás de la violencia.

Y esa rueda, una vez que se pone en marcha, puede llevarnos al infinito de la perpetua deslegitimación. Porque también hay una violencia institucional y estructurada en el Estado, con una agenda muy clara, igualmente susceptible de deslegitimación. El mero planteamiento de esta realidad conlleva la acusación inmediata de equidistancia, que a su vez contiene por definición la formulación de la existencia de dos extremos irreconciliables. Y así, seguimos sin arreglar nada hasta el infinito.

Por el contrario, creo que la cabecera de esta página web destaca los dos términos que deben marcar el camino a una verdadera solución. Paz y convivencia. Estamos obligados a vivir juntos.

Y, para eso, debemos mirarnos a los ojos y conocernos los unos a los otros, ver quiénes somos y entender qué vidas tenemos, cómo las percibimos y cómo ponemos todo eso junto.

Quizá me equivoque, porque en realidad lo único que estoy haciendo es proyectar a nivel colectivo mi propia necesidad personal. Pero es que yo necesito entender cómo siente una persona dependiendo constantemente de su escolta, mirando por las mañanas debajo del coche, viendo su nombre en una pintada, temiendo que quizá no le pillen a él o ella, sino a alguien de su familia, cogiendo un autobús para visitar a un familiar preso, recibiendo la noticia de su enfermedad crítica, desnudándose para que un funcionario le registre, sabiendo que su hija lleva cuatro días incomunicada en un calabozo, recibiendo la notificación de que no va a salir de la cárcel el sábado que viene, sino que le han alargado diez años más la condena…

En fin, la casuística de la violencia es interminable. Pero creo que debemos aproximarnos a ella para comprender el sufrimiento, no para desear la venganza. Y por lo que hace a la agenda política que cada uno pueda tener, creo que debemos renunciar a la visión consistente en la existencia de un contrario y su derrota. Debemos “convencer”, no tenemos ninguna necesidad de “vencer”.

Por todo ello, creo que debemos huir del “fin de la violencia”, y marcar el objetivo en “la paz y la convivencia”. Este foro, y muchos otros que la sociedad vasca creará en su esfuerzo, son los lugares a los que debemos acudir para andar ese camino.

Preguntas que me hago

01.06.2010 (8:51 am)

Iñaki Anasagasti
Iñaki Anasagasti, senador del PNV en el Congreso

Fui compañero de Joseba Goikoetxea. Estuve detenido con él por preparar el Aberri Eguna de 1976. ETA lo mató en la calle Tívoli. Representé al PNV en el Pacto de Madrid, receptáculo pre natal del Pacto de Ajuria Enea. Desde el EBB organicé en octubre de 1978 la primera manifestación contra ETA con el lema: “Por Una Euzkadi Libre y en Paz”. Denuncié el Gal y me enfrenté duramente a González y Barrionuevo. He estado en decenas de reuniones de todo tipo en relación con la violencia y asimismo en tantas manifestaciones como las organizadas en estos treinta años. También en favor de los condenados en el Juicio de Burgos en Caracas ante el consulado español. Me tocó subir a la tribuna del Congreso aquel infausto mes de agosto en la que el PP y el PSOE, al alimón, aprobaron la ley de partidos. Y lo hice solo. Nadie secundó nuestra protesta. Ningún partido nos avaló.

Seguiría dando este tipo de pinceladas del mucho tiempo, esfuerzo, dolor que nos ha costado ETA, pero lo importante es el hoy y las inmediatas posibilidades de futuro que se nos presentan. Por eso, lecciones, las justas.

Mi primera reflexión es que estamos ante gente extraordinariamente especial, por no decir poco normal. ETA, y la ETA sociológica ¿cree de verdad que con sus acciones armadas pueden cambiar una política o poner contra las cuerdas un estado cada vez más eficiente en su persecución? Detrás de esto ¿qué tipo de ideología hay? ¿Marxista leninista? ¿Abertzalismo ácrata? ¿Empanada mental? ¿Incultura y falta absoluta de valores?  ¿Hay que darles la razón en todo? ¿Son capaces de reconocer algo de lo hecho? ¿Buscan de verdad una solución? Leer toda la entrada

Un paso necesario

26.04.2010 (9:21 am)

Urtzi Jauregibeitia

Entra un tipo en una librería y le dice al tendero: Oye, Hijo de Puta. ¿Tienes el libro de cómo hacer amigos? Lo que puede parecer un mal chiste y un pésimo ejemplo para comenzar un post que hable sobre un proceso de paz encierra, a mi modo de ver, una realidad que experimentamos a diario en nuestro país. Llevamos años, décadas, viendo cómo algunos tratan de enfrentarse a un importante problema sin asumir que todos somos parte del mismo. Es decir, sin autocrítica y sin admitir un papel protagonista en el conflicto.

Para mi, es decepcionante ver como la estrategia política y social de algunos agentes de nuestro país se centra en taparse los ojos ante la raíz del problema. Y en esa estrategia siguen, desgraciadamente, algunos. No reconociendo el conflicto y tomando, por ejemplo, la violencia como una lacra aislada de fondo político alguno y siempre infringida de manera unidireccional. Pero no es así. Claro que no. Quien conoce mínimamente nuestro pequeño país sabe que el verdadero problema radica en que la sociedad está dividida en diferentes maneras de entender cuál debería ser nuestro ordenamiento. Por lo que este argumentario debe ser entendido como un pretexto, una excusa para que los ciudadanos no seamos libres para decidir. Postura a la que además han tenido que añadírsele parches que la sostengan: ilegalizaciones de fuerzas políticas, cierres de medios de comunicación, desacreditación ante denuncias de torturas, y suma y sigue.

Pero no podemos, quienes sí asumimos el problema como político, quedarnos inmóviles también. Ante esa situación de bloqueo creo que hay una fácil y necesaria respuesta. Deshacer el argumentario eliminando su base, lo que se traduce en eliminar la expresión violenta que en este momento se está generando por parte de un pequeño grupo. Es decir, solicitándole a ETA que deje las armas. Algo totalmente necesario para crear un proceso con unos cimientos sólidos. Y en esa solicitud ya estamos muchos, espero que pronto se sumen muchos más. Entonces, el proceso de paz será imparable.

La lucha por la paz

13.04.2010 (8:52 am)

Pere Ortega, investigador de Centre d'Estudis per la Pau
Pere Ortega, investigador de Centre d’Estudis per la Pau

Hanna Arendt nos dejó escrito “de las armas podrá salir el poder, pero nunca saldrá la libertad”. Modestamente me atrevo a añadir, tampoco la democracia.

La historia reciente del siglo XX ha sido profusa en ejemplos que ilustran esa realidad. Hay que observar el fracaso de la violencia armada para aportar igualdad y justicia social a aquellos proyectos políticos que pretendían ser portadores de emancipación. Volvamos la vista a los grupos de liberación nacional o que pretendían una revolución social que llegaron al poder en Argelia, Rusia, China, Camboya y tantos otros lugares mediante la violencia armada; o las múltiples guerrillas que en el planeta intentaron implantar sociedades más igualitarias. En ninguna parte vimos como esos proyectos engendraban democracia o libertad. Quizás alcanzaron algo de justicia social que luego desaparecía por culpa de los errores y horrores cometidos mediante la violencia contra los pueblos que pretendían emancipar.

Y es que la violencia hipoteca el futuro de aquellas sociedades que la utilizan y asienta las bases de una violencia cultural. Una solución impuesta con violencia no acostumbra a ser una solución permanente pues aquellos que pierden los privilegios y son expulsados del poder mediante el uso de la violencia, obtendrán argumentos para rearmarse y convertirse a su vez en contra-violencia perpetuando un ciclo irreversible.

Es decir, si el fin justifica los medios, la violencia, en cualquiera de sus formas podrá ser utilizada por cualquiera de las partes en un conflicto para obtener ese fin. Entonces, y concluyo, no podemos tener la menor duda que la injusticia se encuentra tanto en los medios como en los fines si el uno o el otro están del lado de la violencia.

¿Y de qué democracia o paz estoy hablando? Desde luego no de la democracia formal, pues la democracia como sistema político, a pesar del desarrollo alcanzado, continúa albergando en su seno espacios no democráticos. Espacios donde se ejerce violencia cultural, estructural, social o política. Entonces es una tarea ineludible trabajar a favor de una democracia más profunda, más participativa, que abarque todos los ámbitos sociales y económicos. Sólo entonces conseguiremos una sociedad en paz, es decir, sin ninguna clase de violencia.

Engaños

09.04.2010 (7:34 am)

Roberto Cacho
Roberto Cacho

Entre las primeras cosas que aprendí que eran buenas, en el ámbito de la política, no se encuentra que la única solución posible al terrorismo de ETA pasaba por un acuerdo. Me costó llegar a esa conclusión de la que ahora soy un firme convencido. Una paz alcanzada mediante un acuerdo será una paz duradera, sin vencedores ni vencidos; un éxito compartido. En cambio, una paz impuesta sería extremadamente frágil, rodeada de desconfianza, con vencedores y vencidos enfrentados entre sí. Ese enfrentamiento, latente al principio, no permitiría que esa paz lograda artificialmente durase mucho. También reconozco que soy humano y que cuando ETA actúa pienso que el inventor de la Ley del Talión fue una gran persona. Pero no me dura mucho. De hecho, tenía pensado escribir esto hace unos días, y preferí dejarlo “en barbecho”, porque la cercanía del asesinato de Jean-Serge Nérin me haría escribir más con la emoción que con la razón. Y en este proceso la emoción no es un buen camino.

Esas dudas por las que se pasa en los peores momentos, son lógicas en cualquier persona: no podemos abstraernos de la carga emocional de un asesinato. En cambio, los políticos que tienen que llevarnos hasta una paz estable y definitiva deben dejar a un lado esas emociones y actuar exclusivamente en base a la razón. A pesar de ello, son quienes más cambian de mensaje y no mantienen una postura clara y duradera sobre cuál debe ser la mejor solución, decidiendo más con el corazón que con el cerebro. Aznar estuvo a favor del diálogo con ETA, y ahora se retracta de lo que dijo. Lo mismo pasó con Zapatero, quien se mostró dispuesto a hablar con ETA, y ahora se opone a cualquier acuerdo. En el otro lado, Batasuna tampoco ha ayudado mucho a llegar a ese acuerdo. A diferencia de los anteriores, su postura parece firme. Y ese es precisamente su problema (y el nuestro). En manos de Batasuna está la posibilidad de que buena parte de la población que apoya el terrorismo, deje de hacerlo. Pero sigue hablando de proceso democrático sin desmarcarse definitivamente de ETA.

En esos juegos de negocio/no negocio, me desmarco de ETA pero no mucho…, hay determinadas expresiones con las que los políticos tratan de convencernos (creo que buscando el engaño) de que lo que hacen es lo correcto. El PP y el PSOE hablan de “no negociar”, pero jamás les he oido hablar de “no llegar a un acuerdo”. Lo de no negociar con terroristas tiene, para ellos, fácil defensa, pero otra cosa muy distinta es negar la posibilidad de llegar a un acuerdo. ¿Serían capaces de decir con esa claridad que no es bueno llegar a un acuerdo de paz? El lenguaje tiene sus trampas y para estos partidos es más fácil vender lo malo de un difícil camino (las búsqueda del acuerdo o, como dicen ellos, la negociación) que lo bueno de un final feliz (la paz). Batasuna, como decía, está en el mismo juego. En la Declaración de Anoeta encontramos expresiones como “acuerdo”, “diálogo”, “resolución del conflicto”, “proceso de paz”, “resolución democrática”. ¡Qué bien suenan! Si hasta casi dan ganas de votarles (si se pudiera). Pero son palabras que, cuatro años después de haber sido puestas negro sobre blanco, suenan vacías, sin ninguna credibilidad. ¿Cómo es posible recorrer un proceso de paz sin rechazar la violencia?

Este juego de unos y otros es una tremenda irresponsabilidad. Me siento engañado por ambas partes. El PSOE y el PP deben aclarar si creen o creyeron alguna vez en un acuerdo de paz; si nos engañan ahora o nos engañaron antes. Batasuna debe aclarar lo que para ellos es una solución democrática, a qué conflicto se refiere, y cómo entienden la paz, porque a veces me da la impresión de que su democracia no es mi Democracia. En la mía ni se mata ni se tolera que se mate. Esta irresponsabilidad nos puede llevar, como mucho, a una “pax romana”, un periodo relativamente tranquilo, pero con la imposición de una de las partes, la que tiene el poder. Entonces fue Roma la que impuso “su paz” al resto de territorios conquistados. Y no me gusta esa paz artificial. Prefiero una Paz con mayúsculas, duradera, confiable, en libertad. Podríamos llamarle la Pax Bascorum.

Proceso de paz

31.03.2010 (3:38 pm)
Pedro Casas, miembro de Lokarri
Pedro Casas, colaborador de Lokarri

Dice el refrán que “dos no riñen si uno no quiere”. Podríamos aplicar esta filosofía popular a la situación, que ya se prolonga demasiado tiempo, de que “dos no acuerdan si uno no quiere”. Realmente esto ha sido así en las ocasiones anteriores, y no está muy claro que la situación esté cambiando hacia un proceso de paz duradero.

Entre las circunstancias que dificultan el avance hacia un acuerdo podríamos citar:

- El no reconocimiento de la “contra-parte” en el acuerdo.
- La minusvaloración del adversario, o la sobrevaloración propia.
- El peso del sufrimiento pasado, y el temor a defraudar el sacrificio realizado.
- La desmedida ambición que no permite conformarse con los términos de un posible acuerdo.

Para superar estas dificultades, tanto objetivas como subjetivas (en estos procesos a veces las subjetivas tienen más peso que las otras), y que se encuentran presentes en la mesa de negociación, lo aconsejable es mirar adelante y ser capaces de valorar los beneficios futuros que podrán compensar las hipotéticas pérdidas de un posible acuerdo.

El gobierno central parece crecido en su ofensiva, en la que no repara en detalles, ni en consecuencias, ni en los daños colaterales que su proceder pueda tener (o a lo mejor todo esto está bien calculado). Y en estas circunstancias es fácil interpretar esta actuación como provocación, con el riesgo de desencadenar reacciones de imprevisibles consecuencias.

Frente a este escenario delicado, hay que saludar las tentativas por buscar una alternativa política alejada de la violencia y vulneración de los derechos humanos, y que esperemos se abra camino a pesar de las minas que está encontrando a su paso.

No estamos precisamente en el mejor momento para un entendimiento entre las partes, lo que parece abocarnos a un nuevo período de incertidumbre y prolongación del sufrimiento. Por ello hace falta un nuevo protagonismo de otros agentes que puedan contribuir al clima favorable de un necesario proceso de paz, que ayude a superar las desconfianzas y ponga el punto de mira hacia el futuro.

Zona de sombras

30.03.2010 (9:18 am)
Santiago Eraso

Los seres humanos renunciamos a parte de nuestra libertad para conseguir mayor seguridad. El control del uso atemperado de la violencia que el Estado ejerce para garantizar nuestros derechos y deberes es una cuestión central del ethos democrático. Tanto es así que, para que un régimen político pueda considerase democrático, las prerrogativas que concedemos al Estado para el ejercicio de la fuerza, siempre deben pasar por el estricto cumplimiento de la ley, porque su justa aplicación impide cualquier deriva autoritaria y modera las formas de coerción.

El equilibrio entre la utilización de la violencia legítima que ejerce el Estado y el respeto a todos los derechos de los ciudadanos es el pilar fundamental por el que se demuestra la verdadera esencia democrática de cualquier sistema político.

Biopoder es un concepto acuñado por Michel Foucault para referirse a un conjunto de tecnologías de dominación y control de la población que los Estados modernos aplican para la regulación y normativización de sus ciudadanos. En su libro Vigilar y castigar, el filósofo francés analiza las relaciones entre el poder y las personas y nos muestra como el Estado pretende convertir la vida humana en objeto administrable en todos los ámbitos donde la ley pueda ser aplicada.

Con anterioridad, el sociólogo norteamericano Erving Goffman, en su libro Internados, ya había desarrollado el concepto “institución total”, término acuñado para describir las condiciones de vida en las cárceles, psiquiátricos, internados escolares y otros espacios de reclusión. En la actualidad, por extensión del significado, también se emplea para describir centros de internamiento para extranjeros, centros de acogida para niños o menores y otras variantes más imprecisas, pero igual de reguladoras de la vida de algunas personas. Del mismo modo, otras medidas coercitivas como la ampliación del tiempo de estancia en comisaría, malos tratos físicos y psicológicos están siendo motivo de análisis y denuncia de diferentes organismos internacionales, vinculados a los Derechos Humanos.

Más allá de estas tecnologías de internamiento, otros sutiles mecanismos de invasión y vigilancia permiten que el biopoder alcance los rincones más privados de nuestra vida personal. Estamos entrando en sociedades de control, que ya no funcionan tan sólo mediante el encierro sino ejerciendo una vigilancia continua y una comunicación instantánea. Siempre y en todo lugar, estamos cada vez más “protegidos” y, por tanto, en nombre de nuestra seguridad, somos conminados a ceder al Estado nuestra libertad. Asistimos impávidos a que las zonas de sombras que rodean la democracia se extiendan a los umbrales de nuestros cuerpos. Vivimos cada vez más expuestos, sin que nuestra capacidad de reacción permita poner en cuestión la autoridad sobrevenida que actúa por encima y, demasiadas veces, por debajo de la ley.

En su trilogía “Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida”, Giorgio Agamben intenta demostrar que toda la historia jurídica de occidente constituye un intento de gestionar la vida humana, reduciéndola a nuda vida. La mayor y última consecuencia de considerar al hombre como mera vida, es que ésta puede ser aniquilada sin que el delito entre en la esfera de lo punible. Los campos de concentración de exterminio serían el paradigma de esta impunidad. Esta circunstancia límite somete a una dura prueba todos los referentes éticos válidos hasta el momento. El filósofo italiano intenta mostrar que los remedios humanistas -Declaración de Derechos Humanos, Declaraciones Internacionales por la Paz, etc.- son impotentes ante el extremo gesto de la biopolítica, y que sólo encarando ésta como realidad mundial, como cumplimiento paradójico de la promesa del desarrollo social y político de occidente, puede plantearse resistencia a cualquier deriva autoritaria.

Brian Currin condena el asesinato y pide un alto el fuego a ETA

18.03.2010 (5:25 pm)

Reproducimos el contenido del comunicado hecho público hoy por Brian Currin:

Condeno incondicionalmente el asesinato ilegítimo de un policía francés inocente que cumplía con su deber de mantener la ley y el orden en la ciudad de Dammarie-les-Lys cometido por miembros de ETA. La violencia en cualquier forma, independientemente de quien la comete, no traerá la resolución del conflicto vasco.

Estoy esperanzado por la petición de la Izquierda Abertzale dirigida a ETA para que ratifique el apoyo a los medios no violentos y exclusivamente democráticos, como figura en su declaración política “Zutik Euskal Herria”. Mi petición a ETA es que vaya un paso más allá y declare un alto el fuego inmediato e incondicional. Si ETA hiciera eso sería responsabilidad del Gobierno español liderar el camino con medidas que fomenten la confianza, para crear un escenario en el que un proceso de paz pueda tener éxito.