Debate y conclusiones en Batasuna: reflexiones desde el pesimismo constructivo
14.07.2010 (10:05 am)
Resulta inevitable compartir una sensación de escepticismo y de prevención ante las expectativas que la nueva etapa parece ofrecer. Es cierto que la decepción y el hartazgo acumulado entre todos nosotros tras tantas frustradas tentativas en la búsqueda de la paz rotas por la inercia totalitaria de ETA impone una lectura con sordina de algunas grandilocuentes afirmaciones que se contienen en el documento. Es cierto que hay un exceso de retórica y de abstracción en el discurso…pero, pese a todo, quiero lanzar un mensaje de esperanza y de ánimo hacia quienes desde ese mundo inician una tímida pero importante emancipación frente al yugo militar y totalitario de ETA.
Las críticas de algunas fuerzas políticas y de algunos medios de comunicación se basan en prácticas discursivas a las que estamos acostumbrados en el día a día de nuestra política vasca: quien no haya recurrido a la retórica hueca que tire la primera piedra. Y recordar el pasado es necesario, de acuerdo, pero no puede servir para bloquear el futuro. Debemos dar una nueva (y definitiva) oportunidad a la paz.
Prefiero adoptar, emulando a Norberto Bobbio, una actitud pesimistamente constructiva: el optimismo desbordado que mostramos muchos ante los anuncios de treguas de ETA implica excesivas dosis de entusiasmo, que nubla la reflexión.
Esta declaración de pesimismo constructivo no es un gesto de renuncia: al contrario, es reflejo de sana austeridad emocional, es el deseo de mostrar un prudente rechazo a participar en el séquito mediático de quienes parecen ansiar o desear el inmovilismo absoluto de ese mundo abertzale, su ostracismo social y político… ¡que parecen desear, en realidad, que nada avance, o que parezca moverse para acabar en el mismo sitio!
El pesimismo que reivindico no frena la laboriosidad, las ganas de trabajar a favor de la convivencia entre vascos y por la paz. El optimista pensará que no es necesario hacer nada, que todo se arreglará tarde o temprano; el pesimista “cerrado” defenderá que se haga lo que se haga todo irá de mal en peor.
Y entre ambos planteamientos vitales y emocionales propongo actuar bien, de manera leal a nuestros principios….¡sin pedir garantías absolutas de que finalmente el barco de nuestra sociedad en paz llegue al buen puerto que todos deseamos!
Por primera vez, por ejemplo, aprecio en la reflexión del mundo abertzale radical la necesidad de tocar “suelo”, respecto a la distinción entre tener proyectos, tener ilusiones, tener expectativas políticas… y tener derecho a su materialización por encima de la voluntad mayoritaria del pueblo vasco. Reconocer que todo proyecto conlleva frustraciones, y que no cabe la imposición de proyectos mediante el macabro atajo de la violencia es subir el listón ético del debate hasta el piso en el que toca debatir sobre y de política: para convivir, para criticar, para construir, para debatir, para vivir.
Necesito creer en la sinceridad de las afirmaciones que se contiene en el documento. La credibilidad de su mensaje es anulada de raíz por parte de muchos observadores externos. Yo prefiero apostar por ser un ingenuo perpetuador de la esperanza de una Euskadi en paz, sin equidistancias ni falsas simetrías. La violencia anacrónica, la ideología totalitaria de ETA ha tratado durante demasiado tiempo de usurpar a través del terror nuestra soberanía y nuestra voluntad como nación vasca. Que nadie nos robe nuestra identidad. Es el momento de la política.











