Una propuesta para nuestra reconciliación
La perspectiva real de una normalidad en paz bien merece reflexionar sobre cómo hay que gestionar esta nueva realidad que, en el mejor de los casos, debe culminar en un proceso de reconciliación como el restablecimiento de la convivencia desde el corazón (“concordia” viene de “cor, cordis”, que significa corazón). Una reconciliación que no debe quedar postergada hasta el final, aunque su logro no pueda verse en los primeros estadios, más centrados en las víctimas.
Elementos clave:
En primer lugar, es preciso el abandono total de la violencia. No es posible avanzar mientras ETA no se ha disuelto ni desarmado. La amenaza latente existe. En segundo lugar, el reconocimiento de los daños causados por ETA y por el terrorismo paralelo de Estado en forma del GAL, BVE, etc. En tercer lugar, reconocimiento a todas las víctimas, sin distinciones mezquinas, pues todas merecen la misma consideración; y reparar, en lo posible, el daño causado. Por último, el acercamiento de presos y la excarcelación de enfermos graves.
Este sería el primer paquete de medidas básicas que espero se produzca cuanto antes como el estadio más básico de justicia.
Pero “la justicia sin la reconciliación es inhumana” (J. Maritain). Y cualquier proceso de paz que pretende una mínima reconciliación, siempre tendrá al perdón llamando a la puerta. Perdonar y aceptar el perdón del otro (no sé qué resulta más difícil) es un signo necesario de humanidad cuya ausencia dejaría coja nuestra convivencia: “Pedir perdón te reconcilia contigo mismo, te permite aceptarte como eres… Perdonar te libera de las cadenas del rencor y te desbloquea para iniciar un nuevo camino” (Jonan Fernández). Sólo podemos avanzar hacia un nuevo escenario en el que el dolor y el perdón deben ser parte de la nueva realidad, aunque no pueda borrarse el pasado. Perdonar no significa olvidar, sino recordar de otra manera desde un escenario diferente que propicie espacios de paz y reconciliación entre víctimas y victimarios.
Relato común. La reconciliación también debe ahondar en todas las causas, no solo en los efectos. Y Euskadi (Hegoalde) quiere su propio relato compartido y veraz. Es preciso superar la desmemoria histórica empezando con las víctimas y acabando con la asimilación de los hechos, o al menos de una buena parte de los mismos. La reconciliación supone un ejercicio de sinceridad al solicitar el perdón -que es una acción individual, mientras que la reconciliación es cosa de dos- y de trabajo por la justicia: las tres son dimensiones esenciales en el discurso de la reconciliación, que siempre estarán en peligro, ya que resulta más fácil aceptar medias verdades, soluciones de compromiso y encubrir la venganza con una aparente justicia.
Y todo ello adobado con mucho diálogo, más allá de un mero intercambio de posiciones que, al final, no deberá excluir medidas de gracia, sobre todo en forma de indultos. Un camino espinoso que requerirá de tiempo, inteligencia y tacto para generar un nuevo escenario ético de mínimos que nos encarrile a los vascos pensando en las generaciones futuras. Para ello se requiere la involucración de los victimarios y las víctimas, los políticos que representan a la sociedad, pero también de personas de prestigio ético y experiencia en este tipo de procesos, incluida la Iglesia católica, por su vocación exigente en todo lo que huela a consolidar el amor fraterno.

















Me ha gustado el comentario que ha hecho, perdonar no es olvidar, pero merece la pena dar ese paso, porque abriría las puertas de la reconciliación. Es un camino abierto el de la Paz, pero la llave no admite reservas. La apuesta por la Paz se inicia en el perdón, no otra cosa.jose
18.12.2011(18:08)Estamos ante un problema sobre todo de actitud. Es el orgullo y cosas así las que impiden a unos y otros reconocer lo que sería obvio en el ojo ajeno. Se puede perdonar y olvidar, pero es “para nota”… No es tampoco necesario, pues perdonar y aceptar el perdón es un paso del corazón humano básico para abrir la puerta a la reconciliación. Eskerrik asko, Jose María.
18.12.2011(18:49)Gracias Gabriel por tu respuesta creo que aportaciones como la tuya pueden ayudar mucho en este proceso por la Paz, que se hará necesariamente largo. Leo a menudo a un psicólogo americano Martin H. Padovani, que dice que para poder perdonar a los demás hay que empezar por perdonarse a sí mismo, y quizás en eso alguien tenga que hacer un ejercicio colectivo de redención personal,
26.12.2011(16:56)porque en ello está esencialmente el perdón sincero, y necesario.
eskerrik asko eta urte berri on. Gorantziak Gabriel.
La reflexión de Pandovani me recuerda mucho a lo que dijo Cristo de “amaros unos a otros como a tí mismo”… No más que a tí mismo -ni menos- haciendo evidente que el egoista, al primero que no se quiere, es a él mismo. Humanizar las relaciones, amar, perdonar, comenzar una y mil veces. Ppr eso creo que entre los actores de la reconciliación, deben estar expertos en personas, no solo en política, que actúen desde la ética.
Feliz año lleno de retos y claroscuros, pero también abierto más que nunca a la esperanza.
26.12.2011(17:25)Bakea eta urte berri on danorik!